Francia: ¿Tres años de ley y cuántas falsas promesas?

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

17 de abril de 2019

http://MA.LUMIERE.ROUGE.BLOGS.LIBERATION.FR/2019/04/17/3-ANS-DE-LOI-ET-COMBIEN-DE-FAUSSES-PROMESSES/

 

 

Cuando una ideología lleva a un callejón sin salida y destruye vidas.

 

El aniversario de los tres años de la ley del 13 de abril de 2016 transcurrió sin mucho ruido. El tema del trabajo sexual permite que las personas se entretengan durante los debates televisados, pero a pocos les importa lo que realmente está sucediendo a las personas involucradas, incluidos aquellos que defienden la ley en nombre de “ayudar a las prostitutas” sin nunca intentar evaluar o verificar las consecuencias de su política.

Promesa de evaluación

La ley prevé una evaluación del gobierno después de dos años y esto no se ha hecho. Los defensores dicen que es demasiado pronto para evaluar, que se necesita tiempo para sentir los efectos positivos. Y, de hecho, los efectos positivos todavía no están allí. Sería culpa de los decretos de aplicación que tardaron en publicarse. La penalización de los clientes, de hecho, la medida emblemática de la ley y el interés principal de sus defensores, se aplicó desde el primer día porque no requiere ningún decreto de aplicación.

Esta penalización es denunciada regularmente por las trabajadoras sexuales y las organizaciones de salud. A menudo lo hablamos en este blog, así que lo remito al estudio de LeBail / Giametta para más detalles; esta nota está destinada más a verificar el contenido de las promesas que se han hecho.

Promesa de desaparición gradual de la “prostitución”.

La apuesta de esta ley era que la pérdida de ingresos relacionada con el trabajo sexual llevaría a las trabajadoras sexuales a hacer otra cosa. Esta visión ya era en sí misma una forma de confesión, ya que si el trabajo sexual fuera realmente una “violencia contra las mujeres”, no habría necesidad de alentar a las personas que lo practican a detenerlo buscando destruir o reducir su fuente de ingresos. Por lo tanto, se trata de castigar a las recalcitrantes que se niegan a someterse a la ideología abolicionista mediante el corte de sus suministros de alimentos.

Las feministas abolicionistas a favor de la ley, sin embargo, habían previsto que la presión sobre las trabajadoras sexuales tendría que ejercerse después de la introducción de “ayudas” para “salir de la prostitución”. Se suponía que la penalización de los clientes se aplicaría solo varios meses después de dicho “componente social” para garantizar un período de “reintegración” sin pérdida de ingresos netos. De hecho, sucedió exactamente lo contrario, ya que la penalización de los clientes se aplicó de inmediato y las “ayudas” famosas de la llamada “ruta de salida” no comenzaron a aplicarse más que año y medio después para los primeros departamentos interesados.

Promesa de lucha contra la trata de personas, la explotación y la violencia.

Por lo tanto, es en gran parte por esta razón que, por el momento, no hay una evaluación positiva de estos primeros años durante los cuales solo se aplicó el componente represivo, mientras que se suponía que éste también traería beneficios, entre otras cosas, la progresiva desaparición del trabajo sexual y la trata de seres humanos. Tres años después, no hay indicios de tal desaparición, y el número de víctimas de la trata puede incluso estar batiendo récords.

Cuando las trabajadoras sexuales denuncian precarización y asaltos más frecuentes desde la aplicación de la ley, sus partidarios explican que la violencia ya existía antes, que no fue culpa suya y que las “personas en situación de prostitución” siempre se han quejado de su precariedad. Cuando nos quejamos por el aumento de infecciones, se nos dice que el VIH y las ITS no son lo único que hay en la vida y que se debe tener en cuenta la salud de manera global, ya que la práctica del trabajo sexual sería una forma de deterioro de su salud mental (teoría rechazada por la Haute Autorité en Santé por falta de evidencia). En el peor de los casos, se nos acusa de mentir o no saber lo que decimos debido a nuestra negación psicológica unida a nuestro estrés postraumático, los síndromes de Estocolmo y otras formas de patologización. En todo caso, nadie afirma que la ley haya mejorado nuestras condiciones de trabajo, y los abolicionistas admiten que el propósito de la ley no es mejorar nuestras condiciones de vida, sino animarnos a “salir de la prostitución”. .

Promesa de despenalización de las “prostitutas”.

Se nos dice que la ley ya no penaliza a las “personas prostituidas” o que ha “invertido la carga penal” sobre los clientes. En la práctica, las trabajadoras sexuales siguen siendo penalizadas por las ordenanzas municipales, las leyes de proxenetismo, las políticas contra la migración o la gentrificación de las ciudades. De hecho, a menudo a los clientes les preocupa menos la policía que a las trabajadoras sexuales. Esta tiene órdenes contradictorias y está lejos de haberse vuelto feminista con la ley.

Por ejemplo, en el bosque de Sénart, la policía acosa a las trabajadoras sexuales desde hace más de un año, destruyendo sus chozas, confiscando sus propiedades, insultándolas, mientras que el delito de solicitación ya no existe y no hay ordenanza municipal para explicar estas conductas. Justifican su presencia por la ley de penalización de los clientes, que no aplican, ya que su objetivo es echar a las trabajadoras sexuales cuya visibilidad perturba, contrariamente a los clientes cuyo pasaje es furtivo y similar al de otros caminantes, que extrañamente en este lugar del bosque son solo hombres adultos…

Cuando se aplica, la penalización de los clientes es de hecho principalmente contra las trabajadoras sexuales, para que salgan de un espacio determinado, sabiendo que la mejor manera de perseguirlas es evitar que ganen. dinero haciendo que pierdan su tiempo. Así que tenemos en muchos lugares de Francia policías a los que se les paga por quedarse todo el día o toda la noche frente a las trabajadoras sexuales, sus chozas y sus camionetas, solo para asustar a los clientes y asegurarse de que no pueden trabajar, por lo que terminan abandonando el lugar. Estamos muy lejos de los debates y de la ideología abolicionista que dice “proteger a las víctimas”.

Promesa de mayor poder para las “prostitutas”.

Los defensores de la ley explicaron que permitiría a las “personas prostituidas” tener más poder sobre los clientes al permitirles amenazar con demandarlos. Este punto de vista es un poco estúpido porque cualquiera que amenace a sus clientes con denunciarlos se arriesga a no trabajar muy bien. De hecho, las trabajadoras sexuales diferencian entre un abusador, que no es un cliente, sino posiblemente una persona que se hace pasar por un cliente para agredir, y un cliente que cumple con las condiciones presentadas. Es como llamar a un ladrón de bancos un cliente del banco, y que para combatir los robos de bancos se decidiera que todos los clientes de los bancos deberían ser penalizados, en lugar de detener a los ladrones en cuestión.

El poder de negociación con los clientes en realidad se ha debilitado. Si, antes de la ley, tenías diez clientes que se presentaban durante el día y solo querías hacer tres, podrías elegir a los tres mejores que estuvieran de acuerdo con tus condiciones. Hoy, con la penalización de los clientes y el temor de ser detenidos por la policía, si solo tres clientes acuden a ti en el día, es más probable que los aceptes a todos para mantener tu nivel de ingresos, incluso si son los tres peores clientes que siempre rechazaste, los que negocian los precios o el preservativo. Hay mayor riesgo de que termines por ceder y, a diferencia de lo que se dijo, la ley ha otorgado más poder a los clientes, quienes, aunque pueden tener que pagar una multa, no se arriesgan como las trabajadoras sexuales a perder todos sus ingresos y volver a encontrarse en la calle porque ya no pueden pagar su renta o habitación de hotel.

Promesa de “ayudas” para las personas que quieren dejar el trabajo sexual

Las mayores promesas obviamente se referían a la llamada “ruta de salida de la prostitución”. Tres años después de la ley, unas 150 personas se habrían “beneficiado”, mientras que los defensores de la ley imaginaron ayudar de 500 a 1000 personas por año, con un presupuesto asignado de aproximadamente 5 millones de euros al año, incluidos los primeros años de la ley durante los cuales no hubo “ruta de salida”. Este dinero se utiliza principalmente para “formar” a las autoridades y “sensibilizar” al público sobre las “realidades de la prostitución” tal como lo definen los activistas abolicionistas.

La ruta de salida no funciona muy bien, lo que era predecible desde el principio, ya que se cree que es una forma de control para garantizar que las trabajadoras sexuales, muchas de ellas inmigrantes, no abusen del sistema solo para tener papeles. De hecho, esta ruta es virtualmente irrelevante para las trabajadoras sexuales francesas, o que ya tienen un permiso de residencia, y que, por lo tanto, ya pueden beneficiarse de los derechos sociales previstos en el derecho común. Como recordatorio, la RSA para una persona soltera es de unos 550 euros por mes, o sea mitad más que la asignación proporcionada durante el “recorrido”.

Los parlamentarios y el gobierno anterior tuvieron la generosa idea de que las trabajadoras sexuales podían vivir con 330 euros al mes, pero tenían que sospechar que muchas personas mentirían y continuarían el trabajo sexual en secreto (lo que realmente sucede). y, por lo tanto, habían planeado comisiones departamentales para “acompañar” a las personas y asegurarse de que estuvieran bien comprometidas en este recorrido. Desde que se crearon las comisiones, la mayoría no se reúnen o como mucho lo hacen una vez al año, la mayoría de los departamentos casi no tienen solicitudes, y la mayoría de los recorridos se realizan principalmente en los departamentos de Ile de France.

Los criterios de rechazo y aceptación varían considerablemente de un departamento a otro según la buena voluntad de los prefectos. Varios departamentos son muy claros acerca de su negativa a crear “efecto llamada” al regularizar a las inmigrantes indocumentadas. Por ejemplo, el departamento de Alpes Marítimos rechazó casi todos los casos de mujeres nigerianas que se habían presentado bajo la promesa de obtener documentos y que se encontraban en centros de detención.

Otros departamentos dicen que rechazan a las personas que ya han solicitado asilo o se han visto obligadas a abandonar el territorio francés, como es el caso de la mayoría de las trabajadoras sexuales inmigrantes que son controladas regularmente por la policía. A veces se les pide que tengan un buen dominio del francés, que ya hayan parado el trabajo sexual durante varios meses para demostrar su compromiso, como si el trabajo sexual no se ejerciera principalmente, como cualquier otro trabajo, para ganar dinero en ausencia de otras fuentes de ingresos, y que las personas pudieran dejar de trabajar de un día para otro durante varios meses, esperando la respuesta de una comisión que se reune de manera muy aleatoria y cuya respuesta llega después de varios meses.

Las personas que son más fácilmente aceptadas son aquellas que ya han logrado detener el trabajo sexual por algún tiempo y han logrado valerse por sí mismas sin la ayuda del Estado. Es necesario creer que las condiciones son tales debido al temor de una reanudación del trabajo sexual que probaría la inutilidad de dicho recorrido o, en todo caso, su ineficiencia. Así que se ha creado un enorme rompecabezas muy costoso en dinero y energía, agotando los recursos asociados que serían más efectivos si ayudaran directamente a las personas sin pasar por el montaje de registros, reuniones y rechazos de la administración.

El Permiso de Residencia Temporal Provisional de 6 meses ni siquiera permite registrarse en la mayoría de los centros de trabajo o encontrar un empleo con un empleador que no quiera correr el riesgo de contratar a alguien que se encuentre de nuevo rápidamente sin papeles. La promesa de asistencia para la vivienda tampoco se mantiene porque los lugares de alojamiento están saturados. El resultado está pues muy mitigado. Bastaría, sin embargo, simplemente regularizar a las indocumentadas para permitirles el acceso al derecho común en lugar de crear un sistema completo de chantaje y control social para controlar que las personas merecen “ayuda” condicionada al buen comportamiento que se espera de ellas, incluso cuando ese trabajo sexual es una actividad perfectamente legal y sujeta a impuestos.

Promesa de hacer una ley para la gran mayoría de las “víctimas”

Nos explicaron que las trabajadoras sexuales que protestaban contra la penalización de los clientes eran una minoría privilegiada no representativa y que la ley defendería a la gran mayoría de las “víctimas”. En realidad, casi todas las trabajadoras sexuales en Francia se oponen a la penalización de clientes y sufren, pero poco importa a los defensores de la ley, ya que solo las personas “salidas de la prostitución” pueden entender y analizar lo que han vivido una vez que experimenten la revelación y la comprensión de que en realidad era violencia.

Las estimaciones oficiales (falsas y probablemente subestimadas) del número de trabajadoras sexuales en Francia varían entre 30.000 y 40.000 personas. Sin embargo, solo un poco más de 150 personas se han beneficiado de la ley a través de la “ruta de salida de la prostitución”. Esto representa, después de tres años, el 0,5% de la población total de trabajadoras sexuales en Francia. A este ritmo, y si ninguna persona nueva decide comenzar el trabajo sexual mientras tanto, podemos estimar que la “abolición de la prostitución” puede ser efectiva, si todo va bien, en 600 años.

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María José Barrera: “Las putas no pedimos permiso; pedimos paso”

 

Por Anna Solé Sans

Barcelona. Viernes, 8 de marzo de 2019

https://www.elnacional.cat/es/sociedad/huelga-feminista-maria-jose-barrera-putas-pedimos-paso_361374_102.html

 

Foto: Sergi Alcàzar

 

 

“A las putas nos quieren sacar del movimiento feminista porque políticamente no interesamos”. Así se expresa la exprostituta y fundadora del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Maria José Barrera. “El movimiento feminista no quiere que las trabajadoras sexuales formemos parte de él”.

Barrera explica que no las dejan participar y opina que el 8-M es abolicionista. “Estamos diciendo que el 8-M haremos huelga de consumo, de educación, pero nadie dice nada de las putas”. Cuenta que el año pasado, fueron a la manifestación de Sevilla con sus hijos con las caras tapadas: “No éramos bienvenidas. Nos hacían fotos como si fuésemos algo raro, nos mapeaban en las redes sociales. El día del orgullo salimos con una pancarta y vinieron en busca de nosotras. Las abolicionistas parecían paparazzis”.

Así, reclama que “no somos un colectivo vulnerable porque tenemos unos ovarios como dos carretas. Somos un colectivo marginado por la sociedad. Por los políticos, por los colectivos feministas, estamos olvidadas por los sindicatos…”.

Los estudios indican que hasta el 90% de las prostitutas que ejercen esta actividad lo hacen de manera forzada. Pero Barrera no está de acuerdo. “¿Estos datos de dónde los sacan? Los da la policía. ¿Y cómo cuentan? 1, 2, 3, 4 y 45 son víctimas de trata. Cuando lo seríamos todas. Las ‘víctimas de trata’ son inmigrantes no documentadas. Nosotras no hablamos. Entran y te separan”. Y expone que “cuando llegan, no sé si te habrás dado cuenta, pero en las redadas las mujeres salen menos difuminadas. Al hombre y a la mujer les tapan la cara, pero a las mujeres menos. Y cuando las enseñan apuntan a la ropa, tetas y culo. ¿Eso no cosifica el cuerpo?”.

Barrera cuenta que el ejercicio libre y consentido de la prostitución no es delito y que quiénes la trabajan no son víctimas. Resalta que simplificar y confundir la trata de seres humanos o la violencia de género con la prostitución, no contribuye a proteger a las verdaderas víctimas de estos delitos.

“¿A mí sólo me invaden mi cuerpo cuando soy puta?”, se pregunta. “Mira, no. También cuando mi novio me obliga a follar. También cuando vives con un maltratador y estás aguantando sabiendo que es un maltratador y tienes que mantener relaciones sexuales con él. No lo dejas porque no tienes alternativa laboral. Cuando decidimos que con nuestro cuerpo hacemos lo que nos da la gana es porque tenemos derechos. Las putas pedimos derechos”.

“Nos hacen las pruebas del sida en guetos”

Barrera comenta que las prostitutas evitan ir a los servicios sociales por miedo a que les quiten sus hijos. Aun así, remarca que se pueden organizar “como cualquier mujer monoparental. Un niño va al cole a tomar las clases lectivas, pero ¿cuántas hacemos uso de la guardería, del comedor o alguna extraescolar para ganar más tiempo?”.

“Y no he terminado”, subraya. Porque tomar la decisión de ir a los servicios sociales o no, no es para Barrera lo más difícil. Una de las otras cosas que preocupa a las trabajadoras sociales es el hecho de ir al médico. “Tú llegas allí y le dices que eres puta. A partir de entonces,todo lo que tu tengas está relacionado con el coño. Te duele una muela y está relacionado con eso. ¿Te duele la garganta? Pues también. ¿Tienes problemas psicológicos? Eso es porque eres puta. A ti, te joden en tu trabajo, vienes con problemas laborales y te dan la baja por ansiedad. A mí se me señala”.

No vamos a los servicios sociales porque tenemos miedo de que nos quiten a nuestros hijos

“Nos hacen las pruebas del sida en guetos” y destaca que ir a hacerse un análisis es complicado. Ir al médico, para ellas, “no sólo tiene que ver con el sida o las enfermedades de transmisión sexual. Quizá estaría bien una revisión ginecológica”, reclama.

Barrera también echa de menos educación y pedagogía en los clientes y en los clubes. Asegura que no ha “visto jamás un cartel en las puertas de los clubes diciendo que el condón no se negocia”, y se queja que “nadie educa al cliente, pero a nosotras nos enseñan a poner condones con la boca”. Aunque éste no es el único problema con el que se encuentran las trabajadoras sexuales en los clubes donde trabajan. Según explica, las comidas son un problema. “Tenemos una alimentación de mierda. He visto los huevos cambiar tres veces de color”. “Si trabajamos hasta las 5 de la mañana, ¿quién baja a desayunar a las 7 o las 8?”, demanda.

“No he visto jamás un cartel en las puertas de los clubes diciendo que el condón no se negocia”

El estigma social que recae sobre las trabajadoras sexuales llega, sin embargo, a todos los niveles. Así, explica que no reciben el mismo trato que otras chicas. “Cuando te violan, no es lo mismo si eres puta. La gente no sale a protestar por ello”. “Hay un estigma muy fuerte”, remarca. “Hay víctimas de primera y víctimas de segunda. Y las putas somos víctimas de segunda”. Precisamente por eso, la consigna y la petición que resalta Barrera es bien clara: “Las putas no pedimos permiso, pedimos paso”.

Ni Ámsterdam ni Alemania

“No lo queremos. Ninguna quiere Ámsterdam. Las putas no queremos Alemania. Nosotras estamos de acuerdo con el derecho de las putas”. Según su opinión, en Ámsterdam se ha regulado la prostitución para terceros, es decir, para empresarios. “Las putas de ahí no están ni organizadas ni representadas. Están en asociaciones y en clubes”.

“En Ámsterdam te dan un carné como puta y hay clientes que le han hecho fotos”. “Ámsterdam es una vergüenza. Eso no es prostitución. Eso no es trabajo sexual. Eso es ocio y libertinaje y gente riéndose de las putas”, sentencia

 

‘Me encanta el sexo. Me gusta ganar dinero’: lo que realmente quieren las trabajadoras sexuales

 

Por Meera Senthilingam, CNN

Fotografías de Ilvy Njiokiktjien para CNN.

8 de febrero de 2019

https://edition.cnn.com/2019/02/08/health/sex-workers-human-rights-netherlands-global-laws-intl/index.html

 

Foxxy Angel alquila una ventana en el burdel My Red Light en Amsterdam.

 

 (CNN) Las cortinas rojas y la habitación está a oscuras. El negocio está cerrado.

Las paredes oscuras, con patrones vibrantes en ciertos lugares, y un techo oscuro rodean una cama oscura cubierta con una sábana protectora. En la pared adyacente, un espejo del tamaño de la cama se alinea junto a ésta

.Un gran baño se encuentra en el centro de la habitación, con un lavabo cerca, y una silla roja alta se asienta prominentemente en la esquina.

La habitación se parece a muchas otras en la zona de De Wallen, en el centro de Ámsterdam, sede del barrio rojo de la ciudad, y es alquilada regularmente por una mujer que usa el nombre profesional de Foxxy Angel.

Alquila la habitación, a menudo conocida como “ventana”, propiedad del colectivo holandés de trabajadoras sexuales My Red Light.

El trabajo sexual ha sido legal de alguna forma en los Países Bajos desde 1830, pero fue reconocido como una profesión legal en 1988

La trabajadora sexual, de 37 años, se puede encontrar aquí durante el día, lista para clientes, generalmente turistas.

Un tirón del cordón de la cortina es todo lo que se necesita para revelar la multitud aglomerada en las calles y para indicar que la habitación está abierta para el negocio.

“Me encanta el sexo. Me gusta ganar dinero”, dice Angel, que ha estado en el negocio por más de 15 años. “He tenido muchos trabajos diferentes antes, y este es el único que realmente me gustó”. 

El alquiler de la ventana cuesta 80 € por día, explica, y ella suele ver cinco o seis clientes por día, haciendo al menos 50 € por cliente. Cuando termina su turno, ella también ve clientes en bares o clubes y sale para experiencias con grupos más grandes.

Sus horas son suyas, y solo tiene que rendir cuentas a sí misma.

“Después de 15 años, todavía lo disfruto todos los días”, dice. Pero ha establecido un límite de edad de 45 años para pasar después a centrarse más en su trabajo de activismo, luchando por los derechos de las trabajadoras sexuales; ella es una integrante fervorosa de la Unión Holandesa de Trabajadores Sexuales, también conocida como PROUD.

Está peleando porque Amsterdam, dice, no es tan liberal para las trabajadoras sexuales como muchos creen.

‘Pagamos los mismos impuestos’

El trabajo sexual ha sido legal de alguna forma en los Países Bajos desde 1830, pero fue reconocido como una profesión legal en 1988. En 2000, una ley hizo que el trabajo estuviera sujeto a las regulaciones municipales, requiriendo una licencia para operar y siguiendo ciertas reglas establecidas por un municipio.

Ser una trabajadora sexual es legal en áreas con licencia, explicó Ángel. “Tenemos que seguir todas estas reglas, y estas reglas no garantizan nuestra seguridad”, dijo, dando un ejemplo de cómo el aumento de la regulación y la legalización traen los controles de la policía y de los municipios, que a menudo impiden que los clientes vengan.

Foxxy Angel muestra sus nudillos tatuados.

Pero ella también quiere la flexibilidad otorgada a otras profesiones, dijo, como la opción de trabajar desde casa.

“Cualquier barbero y tenedor de libros puede trabajar desde su casa, pero nosotras no podemos porque somos trabajadoras sexuales”, dijo. “Pagamos los mismos impuestos. Necesitamos tener los mismos derechos”.

Otro problema, agregó Velvet December, coordinadora de activismo de PROUD, es que los municipios de los Países Bajos tienen el derecho de hacer su propia legislación, por lo que cada uno puede diferir. Por ejemplo, pueden decidir cuántas licencias dar, dijo.

La legalización ofrece cierta protección, cree December. “Hay lugares en los que es mucho más peligroso hacer trabajo sexual”, reconoció. “Podemos confiar en que estamos protegidas por la policía. Tenemos algunos derechos, pero aún no hemos conseguido todos”.

Angel no está de acuerdo y dice que obtiene una protección limitada de su profesión al estar legalizada.

Según Amnistía Internacional, donde los trabajadores sexuales son ilegales, están criminalizados o ambas cosas, las trabajadoras son obligadas a permanecer en la clandestinidad y con frecuencia son objeto de hostigamiento por parte de la policía.

Tanto December como Angel quieren llegar al punto en que se despenalice el trabajo sexual: los cargos penales por trabajo sexual se eliminen por completo, el trabajo sexual entre personas se trate como cualquier otro trabajo, y se incluya en las leyes laborales regulares, como dice la Sex Workers Education and Advocacy Taskforce.

Velvet December, coordinadora de activismo de la Unión Holandesa de Trabajadoras Sexuales, o PROUD.

Los únicos lugares que han despenalizado el trabajo sexual son Nueva Zelanda y el estado de Nueva Gales del Sur en Australia. En ambos lugares, el trabajo sexual no está penalizado a través de leyes punitivas, y las regulaciones se basan en la salud y seguridad de las trabajadoras, como en cualquier otra profesión.

“El trabajo sexual es realmente visto como trabajo y tratado como tal”, dijo December.

Se cree que la reforma en Nueva Zelanda redujo la violencia contra las trabajadoras sexuales, aumentó su facilidad para denunciar los abusos a la policía y mejoró las actitudes de la policía hacia las trabajadoras sexuales, según el Ministerio de Justicia del país.

La investigación también mostró que la despenalización en Nueva Zelanda dio como resultado que las trabajadoras sexuales pudieran rechazar a los clientes e insistir en el uso de condones. Un estudio demostró que la despenalización tiene el potencial de reducir la discriminación, así como las denegaciones de justicia, la denigración y el abuso verbal.

¿Pero está el resto del mundo listo para ponerse al día?

‘Las licencias no han funcionado’

El trabajo sexual en entornos como Amsterdam a menudo es “demasiado restrictivo en formas no respaldadas por evidencia”, dijo Sally Shackleton, que trabaja con poblaciones clave, como las trabajadoras sexuales, en la Alianza Internacional contra el VIH / SIDA.

Botones de trabajadora sexual decoran el bolso de Foxxy Angel.

“Las trabajadoras sexuales de todo el mundo están exigiendo menos control y más posibilidad de decidir por sí mismas” con el apoyo de la ley, dijo.

CNN habló con seis trabajadores sexuales, con edades comprendidas entre los 36 y los 76 años, en cinco países, incluidos Brasil, Francia, Ucrania y México. Todas ellas resaltan cómo disfrutan con lo que hacen y dicen que la profesión, para ellas, “es una elección”. Explicaron que la industria del trabajo sexual ha cambiado con el tiempo, desplazándose a internet y, a menudo, desde casa, lo que requiere leyes que lo reconozcan.

Para limitar aún más el modelo en los Países Bajos, explicó Shackleton, está el hecho de que las trabajadoras sexuales deben trabajar en un espacio definido, y con el tiempo, estos espacios han sido cada vez más pequeños y menos numerosos, lo que hace que la competencia sea “muy alta”, sin que exista la opción de trabajar desde casa.

Cree que la legalización ha ayudado a eliminar cierta discriminación y ha mejorado algunas relaciones con la policía, pero no en la medida en que lo ha hecho en otros lugares.

“La despenalización es coherente con un enfoque basado en los derechos”, dijo Liesl Gerntholtz, subdirectora ejecutiva de programas de Human Rights Watch. La investigación realizada por su organización ha demostrado que las trabajadoras sexuales se enfrentan a la extorsión y el abuso por parte de la policía, incluido el sexo forzado, así como al abuso de los trabajadores de la salud y las fuerzas militares, en entornos donde la práctica está completamente criminalizada. “Vemos mucho estigma”, dijo.

Un estudio reciente descubrió que las trabajadoras sexuales en 33 países que enfrentan medidas policiales represivas (identificadas como detención, encarcelamiento, confiscación de agujas, jeringas, condones, desplazamiento a nuevas áreas o violencia física o sexual por parte de los agentes) tienen tres veces más posibilidades de experimentar violencia física o sexual que la población general.

Pero la legalización tampoco ha funcionado, dijo Gerntholtz.

En el núcleo de la reforma legal y de normativas se encuentra un “tema muy controvertido”, agregó: el hecho de que “algunas personas creen que el trabajo sexual es ofensivo para las mujeres”.

Esto lleva a objeciones morales en lugar de a las basadas en evidencia que, a su vez, empeoran las leyes, agregó Shackleton.

“Me gustaría vivir en un mundo donde las mujeres no tuvieran que vender sexo”, dijo Gerntholtz, donde el trabajo no fuera una opción. “Pero aquellas mujeres que lo hacen necesitan poder hacerlo de manera segura y con acceso a la atención médica y proteger sus derechos”. 

‘La primera línea de la violencia’

En última instancia, los expertos dicen que la prioridad para las trabajadoras sexuales, los activistas, los sindicatos y los legisladores es permitir la seguridad en una profesión que de otra manera sería de riesgo. “Las trabajadoras sexuales a menudo están en la primera línea de la violencia”, dijo Shackleton.

Además, tienen 14 veces más probabilidades de ser VIH-positivas, se inhiben de reportar crímenes contra ellas y están sujetas a la explotación por parte de las autoridades policiales, agregó.

Un botón de pánico en una habitación en el burdel My Red Light.

Shackleton cree que adoptar un enfoque laboral de la profesión puede garantizar sus derechos y luchar contra la explotación, pero agregó que “no existe una legislación que se adapte a todos”.

“Los detalles deben personalizarse para el contexto de cada país concreto”, dijo, pero destaca que el objetivo de cualquier cambio o reforma de la ley no debería ser reducir el número de trabajadoras sexuales. “Eso no funciona”.

Gerntholtz está de acuerdo en que un simple cambio de ley no es la solución. “Si simplemente cambia la ley mañana, no va a haber diferencia”, dijo, y agregó que se necesitan campañas de concienciación pública, leyes contra la discriminación y talleres con la policía y las escuelas para cambiar las percepciones y opiniones del público.

Cuando Angel experimentó una violación por primera vez en sus primeros días de trabajo, no se lo reportó a la policía. “Sólo dicen, ‘eres una trabajadora sexual’. ”

Esta es la actitud que ella y las trabajadoras sexuales de todo el mundo están luchando por cambiar, junto con sus derechos.

“El trabajo sexual se ha convertido en una cuestión de moralidad y en asegurar que las mujeres se comporten de la manera esperada”, dijo Shackleton. “Ese es el problema fundamental”.

 

Fotos: Por qué están luchando las trabajadoras sexuales

 

Fany Lilian Torrez Rodriguez, de 37 años, de Nicaragua, ha sido trabajadora sexual durante 18 años. Dice que el trabajo le ha dado buen dinero y es “el mejor trabajo que podría haber hecho”.

 

Thierry Shaffauser, de 36 años, muestra su tatuaje de paraguas rojo, un símbolo de los derechos de las trabajadoras sexuales.

 

Maria De Lourdes Araujo, 76, de Barreto, Brasil, muestra su tatuaje de “Soy una puta”. La industria del trabajo sexual solía estar llena de pasión y glamour, dice, con el baile a menudo utilizado como un medio de seducción. Hoy en día, la bisabuela sigue viendo clientes habituales.

 

Cynthia Navarrete, de 52 años, sostiene un cartel que dice “Libertad para Alejandra Gil”, su madre, quien cree que fue detenida injustamente por trata de personas. Trabaja como trabajadora sexual en las calles de la Ciudad de México y dice que le gusta porque puede elegir cuándo trabajar.

 

Natalia Isaieva, de 40 años, nació en Rusia y ahora vive en Ucrania. Comenzó como trabajadoras sexual a la edad de 16 años y se detuvo hace cuatro años. Ahora hace campaña por mejores derechos.

 

María Benta Melo Dos Santos, de 45 años, de Brasil, ha sido trabajadora sexual durante más de 26 años. La profesión fue una elección, dice, y ella hace campaña para que sea reconocida como tal.

 

La penalización del trabajo sexual normaliza la violencia, según una revisión

 

Según los datos, las trabajadoras sexuales tienen tres veces más probabilidades de experimentar violencia por parte del cliente cuando se penaliza el comercio.

 

Insignias que promueven la despenalización del trabajo sexual de Scarlet Alliance, la organización de trabajadoras sexuales en Australia. Fotografía: Michael Wickham para The Guardian.

 

Por Sarah Boseley editora de salud

11 de diciembre de 2018

https://www.theguardian.com/society/2018/dec/11/criminalisation-of-sex-work-normalises-violence-review-finds?CMP=twt_gu

 

Una revisión de primera importancia ha encontrado que las trabajadoras sexuales son más propensas a sufrir problemas de salud, violencia y abuso en los países donde su comercio está penalizado.

La revisión, realizada por investigadores de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, encontró que las trabajadoras sexuales que sufrían represión policial, incluidos la detención, el encarcelamiento y la extorsión por parte de los agentes, tenían tres veces más probabilidades de experimentar violencia sexual o física por parte de un cliente y era dos veces más probable que tuvieran VIH u otra infección de transmisión sexual que aquellas que vivían en países donde se toleraba el trabajo sexual.

Las trabajadoras sexuales que temen que la policía las detenga, a ellas o a sus clientes, es más probable que participen en encuentros arriesgados, que no pueden tomarse el tiempo necesario para hablar con un cliente antes de subir a un automóvil o negociar los términos con anticipación, según encontraron los investigadores.

Su salud y seguridad corrían peligro, no solo en los países donde se penalizaba el trabajo sexual, sino también en Canadá, que introdujo el “modelo nórdico” iniciado por Suecia, en el que el cliente puede ser detenido acusado de un delito pero no la trabajadora sexual.

Publicado en la revista PLOS Medicine, el artículo de Lucy Platt, profesora asociada en epidemiología de la salud pública, y Pippa Grenfell, profesora asistente de sociología de la salud pública, es una revisión de los datos de 33 países. Incluyeron comentarios de trabajadoras sexuales que participaron en algunos de los estudios.

“No podrían haber diseñado mejor una ley para hacerla menos segura”, dijo una trabajadora sexual. “Es como si tuvieras que ocultarte, no puedes hablar con un chico, y no hay discusión sobre lo que estás dispuesta a hacer y por cuánto. La negociación tiene que tener lugar después, lo que siempre es mucho más aterrador. Está diseñada para hacer peligroso el trabajo sexual. No creo que fuera la intención original, pero eso es lo que hace “.

Otra mujer que trabajaba en las calles de Canadá dijo que ya no podía hablar a través de la ventanilla de los coches para asegurarse de que los clientes parecían seguros. “Debido a que tengo tanto frío y me sentía acosada, me subí a un coche al que normalmente no me habría subido. El chico no me miró a la cara de frente. Y me limité a entrar porque tenía frío y estaba cansada de estar parada allí. Y ¿sabes? puso algo en mi garganta. Y tuve que hacerlo por nada”.

Francia, Islandia, Irlanda del Norte, Noruega, la República de Irlanda y Suecia también penalizan al cliente. Guatemala, México, Turquía y el estado estadounidense de Nevada han regulado el trabajo sexual, lo que permite mejores condiciones para algunas, pero peor para las muchas que operan fuera de los acuerdos regulados.

Un hombre en el Reino Unido dijo que la situación ideal era trabajar en locales compartidos, donde todos tenían compañerismo y mayor seguridad. Pero, aunque la compra y venta de servicios sexuales es legal, eso puede infringir la ley. “Debido a la situación legal, tienes que ser muy, muy cuidadoso. Porque obviamente eso es operar un burdel, lo que tiene … consecuencias realmente peligrosas en estos días “, dijo.

Nueva Zelanda es el único país que ha despenalizado el trabajo sexual, en 2003, aunque no es legal para las inmigrantes. Las trabajadoras sexuales dijeron que eran más capaces de rechazar clientes e insistir en el uso del condón, mientras que las relaciones con la policía eran mejores. “Siempre tenemos policías que suben y bajan por la calle cada noche”, dijo una mujer. “Incluso los hacemos venir para asegurarnos de que estamos bien y seguras… de que contamos con personal de atención y que están tomando placas de registro y la identidad de los clientes”. Así que … eso cambió totalmente la calle, lo cambió todo “.

Grenfell dijo: “De nuestra revisión se desprende que la penalización del trabajo sexual normaliza la violencia y refuerza las desigualdades de género, raciales, económicas y otras. Se necesita urgentemente la despenalización del trabajo sexual, pero también se deben abordar otras áreas.

“Se requiere una acción política más amplia para abordar las desigualdades, el estigma y la exclusión que enfrentan las trabajadoras sexuales, no solo en los sistemas de justicia penal, sino también en los sectores de salud, violencia doméstica, vivienda, bienestar, empleo, educación e inmigración”.

Un estudio encuentra más violencia e infecciones sexuales cuando se penaliza el trabajo sexual

 

 

Por Nina Avramova, CNN

11 de diciembre de 2018

https://edition.cnn.com/2018/12/11/health/criminalizing-sex-work-more-violence-stds-intl/index.html?no-st=1544563446

 

Las trabajadoras sexuales experimentan una probabilidad tres veces mayor de violencia sexual o física en ambientes de represión policial.

 

 

(CNN) Las trabajadoras sexuales en 33 países que tienen que hacer frente a actuaciones policiales represivas (identificadas como detención, encarcelamiento, confiscación de agujas, jeringas o condones, desplazamiento a nuevas áreas o violencia física o sexual por parte de los agentes) tienen una probabilidad tres veces mayor de experimentar una enfermedad física. o violencia sexual, según un nuevo estudio.

Tenían el doble de probabilidades de tener VIH y otras enfermedades de transmisión sexual que las trabajadoras sexuales que no estaban expuestas a la violencia policial represiva y al abuso de poder. El grupo que tiene que hacer frente a la represión policial también tenía más probabilidades de tener peor salud mental, informa el estudio, publicado el martes en la revista PLOS Medicine.

Lucy Platt, investigadora principal y profesora asociada en epidemiología de salud pública de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, dijo que las “prácticas represivas de la policía aumentan los daños” para las trabajadoras sexuales. El documento también afirma que la reforma de las leyes es necesaria para mejorar la seguridad de las trabajadoras sexuales.

Peter Greenhouse, portavoz y consultor de salud sexual de la Asociación Británica para la Salud Sexual y el VIH, estuvo de acuerdo. “Esta nueva investigación exhaustiva demuestra definitivamente lo que hemos sabido durante muchos años”, escribió Greenhouse, que no participó en el estudio, en un correo electrónico. “Que la represión policial contra las trabajadoras sexuales aumenta la violencia contra las mujeres y reduce el acceso a la atención de salud sexual”.

Las trabajadoras sexuales, en promedio, tienen 13 veces más riesgo de contraer VIH que la población general, según la organización benéfica Avert, con sede en el Reino Unido, que brinda educación sobre el VIH. Esto se debe a que son económicamente vulnerables, no pueden negociar el uso del condón todas las veces y experimentan violencia, criminalización y marginación, dice Avert.

El estudio examinó artículos de investigación revisados ​​por pares entre 1990 y 2018 sobre trabajo sexual, legislación, actuación policial y salud. Los datos de 33 países, incluido el Reino Unido, se utilizaron para estimar los efectos promedio de la actuación policial represiva, en comparación con los efectos que las trabajadoras sexuales experimentaron en ausencia de ésta.

Las trabajadoras sexuales que no estuvieron expuestas a la represión policial tenían un 30% menos de probabilidades de tener relaciones sexuales sin condón que sus compañeras en ambientes represivos. El riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual se duplicó y el riesgo de sufrir violencia física o sexual se triplicó en las trabajadoras sexuales en entornos represivos.

El colectivo activista británico SWARM, que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales, conectó a CNN con una de sus miembros, una trabajadora sexual que solicitó ser mencionada por el seudónimo Katy Caradonna. “Es obvio para las trabajadoras sexuales que cuando tenemos menos derechos en el trabajo —y cualquier penalización del trabajo sexual reduce nuestros derechos en el trabajo— somos menos capaces de protegernos de la violencia o de buscar remedio, y los depredadores saben que somos objetivos más fáciles”, escribió en un correo electrónico.

En su análisis, el estudio descubrió muchas formas de violencia policial y abusos de poder, como la detención arbitraria, la extorsión, la violencia física y sexual y la falta de acceso a la justicia.

El estudio explicó que el temor a la detención o la detención de hecho llevó a las trabajadoras sexuales a acelerar las negociaciones con los clientes o a trabajar en lugares aislados que aumentan los peligros.

La denuncia de delitos también es un problema. “Con frecuencia, la policía no actuó tras la denuncia de tales delitos por parte de las trabajadoras sexuales, o culpó y detuvo a las trabajadoras sexuales, lo que significa que los delincuentes pueden actuar con impunidad y las trabajadoras sexuales se mostraron reacias a informar a la policía en el futuro”, dijo Platt.

El estudio también identificó que las desigualdades dentro de la comunidad de trabajadoras sexuales se veían agravadas por la represión policial, porque la policía a menudo se dirige a poblaciones o entornos específicos, como las trabajadoras sexuales en la calle o las personas trans. Esto “marginó aún más a estos grupos vulnerables”, explicó Platt.

Del mismo modo, la represión policial en los lugares de trabajo sexual restringe el acceso a los servicios de salud, lo que dificulta que los programas de ayuda encuentren a las trabajadoras sexuales.

Investigaciones anteriores demostraron que la despenalización en Nueva Zelanda dio como resultado que las trabajadoras sexuales pudieran rechazar a los clientes e insistir en el uso de condones. Otro estudio mostró que la despenalización tiene el potencial de reducir la discriminación, así como las denegaciones de justicia, la denigración y el abuso verbal.

Los investigadores esperan que haya cambios en las leyes de trabajo sexual. Mientras tanto, abogan por la necesidad de aumentar la financiación de los servicios especializados en sexo y los servicios dirigidos por trabajadoras sexuales para abordar las diversas necesidades de asistencia médica y bienestar de las personas que venden sexo.

Una de los investigadores, Pippa Grenfell, profesora asistente de sociología de salud pública en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, agregó que “los cambios en las leyes de trabajo sexual por sí solos no son suficientes”. Explicó que existe la necesidad de una acción política más amplia para hacer frente al estigma y la discriminación de las trabajadoras sexuales abordando también las desigualdades en otros asuntos, como la vivienda o el bienestar social.

El estudio tiene algunas limitaciones. Solo se incluyó un pequeño número de artículos centrados en la despenalización del trabajo sexual y en la penalización de la compra de sexo. Del mismo modo, pocos estudios incluyeron datos sobre trabajadoras sexuales trans femeninas y cis masculinos.

Catherine Murphy, asesora de género de Amnistía Internacional, que no participó en el estudio, señaló en un correo electrónico que “la penalización perjudica a las trabajadoras sexuales y este estudio muestra que tenemos casi tres décadas de investigaciones que lo confirman”.

Deborah Gold, directora ejecutiva del National AIDS Trust del Reino Unido, que no participó en el estudio, dijo en un correo electrónico que la revisión presenta “pruebas convincentes que respaldan la alegación que las trabajadoras sexuales han estado haciendo sobre el VIH durante una generación: que las leyes penales represivas contra el trabajo sexual aumentan el riesgo de contraer el VIH y son la causa de muchas otras desigualdades. Esto tiene que terminar “.

Petición a las autoridades municipales de Tuxtla Gutiérrez Chiapas y a la CEDH de Chiapas, de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”, A.C.

 

Comunicado de Caye: Nosotras somos las OTRAS PUTAS

 

COMUNICADO DE CAYE

 

Sábado 1ro de septiembre de 2018, por Caye 

http://www.colectivocaye.org/DailyCaye/spip.php?article15

 

 

 

 

Tras un día como el de ayer, que se ha conseguido un hito muy importante para todo el colectivo de trabajadoras y trabajadores del sexo, queremos declarar la alegría que nos produce este hecho, además de desearles prospera y larga vida.

Queremos así mismo decir que este colectivo no forma parte de OTRAS pero que algunas personas que lo forman estarán afiliadas ahora o en el futuro. Que el derecho de las personas que ejercen trabajo sexual – no solo personas que ejercen la prostitución- es de defender y de luchar por mejorar las condiciones laborales de todas esas personas.

Tenemos muy claro que, apoyamos al mismo y entendemos que sin movilización, la negociación con los empresarios no lleva a ninguna parte.

Que, tanto dentro como fuera del sindicato, debe ser los afectados por los problemas, los que decidan cómo, cuándo y dónde se debe organizar la lucha y llevarla a cabo. Nuestra fuerza nos la dan quienes nos apoyan.

No dependemos ni del Estado, ni de ninguna patronal, ni de partido político alguno, así como de ningún otro tipo de institución o poder.

No pedimos subvenciones, ni participamos en campañas, planes de formación o similares, financiados por gobiernos o patronal.

Al mismo tiempo, luchamos por alcanzar, día a día, mejoras inmediatas en las condiciones de vida y trabajo.

Sabemos que es algo muy controvertido, pero el trabajo sexual además de un sector amplio en este país, lleva con una patronal organizada desde el 2002 y sin embargo ningún sindicato cogió la iniciativa de defender a las personas trabajadoras de este sector, por lo que algunas de las personas que son trabajadoras sexuales en alguno de los múltiples campos han decidido unirse para luchar por sus derechos tales como su jubilación digna, su derecho a convenio colectivo y otros muchos que otros sectores tienen reconocidos.

El Sindicato de trabajadores sexuales, nace desde la más pequeña representación de la clase obrera, “el trabajador sexual”. Emerge desde las Asambleas de trabajadores sexuales que se realizan en los distintos sectores, tajos, localidades, etc., desde abajo hacia arriba, hasta que por fin, llega a su constitución el 4 de Agosto de 2018 a nivel estatal.

Una de las asambleas de trabajadores fundamentales para el movimiento obrero, fue la celebrada en Barcelona, a mediados de Abril de 2017, cuando todavía las reuniones de trabajadores y movimientos políticos y sindicales dentro del trabajo sexual eran clandestinas; ésta fue fundamental para la preparación de las grandes movilizaciones de ese año y a principios del 2018, teniendo su punto álgido de las manifestaciones de Barcelona en la Plaza Cataluña, en la participaron más de 1.000 trabajadores sexuales y aliadas, a pesar de que corrían tiempos de fuerte represión ya que las organizaciones sindicales y el derecho a la huelga para el trabajo sexual no estaban reconocidos.

Antes de su constitución, el germen del Sindicato de trabajadores sexuales, estuvo presente en dicha asamblea al igual que otras entidades de trabajadoras y trabajadores sexuales donde quedó constatado el resurgir y revitalización del movimiento obrero dentro del trabajo sexual que crece parejo al fortalecimiento de un movimiento sindical revolucionario: el más combativo y organizado de Europa.

Este movimiento surge en cada sector de la industria sexual y en cada centro de trabajo donde haya trabajadores sexuales, donde la asamblea de trabajadores era el órgano fundamental para la toma de decisiones.

OTRAS es un Sindicato de Clase obrera constituido y dirigido por trabajadores sexuales, conscientes de que sus intereses son contrarios a los del Capital y trabajan activamente contra la explotación de seres humanos.

Nos gustaría recordar y no olvidar que un sindicato -por la propia ley de sindicatos-no está formado por asociaciones, partidos políticos u otras personas jurídicas, sino por personas físicas que creen que tienen que unirse por un bien colectivo.

Queremos recordar que el derecho a sindicarse es un Derecho Fundamental recogido en la Constitución: “Sección 1.ª De los derechos fundamentales y de las libertades públicas: Artículo 28. 1., que dice así:

Todos tienen derecho a sindicarse libremente. La ley podrá limitar o exceptuar el ejercicio de este derecho a las Fuerzas o Institutos armados o a los demás Cuerpos sometidos a disciplina militar y regulará las peculiaridades de su ejercicio para los funcionarios públicos. La libertad sindical comprende el derecho a fundar sindicatos y a afiliarse al de su elección, así como el derecho de los sindicatos a formar confederaciones y a formar organizaciones sindicales internacionales o a afiliarse a las mismas. Nadie podrá ser obligado a afiliarse a un sindicato.
2.Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad. 

Recordar también las labores que desde la Comunidad Europea se están realizando, de la mano de entidades como la OIT (La Organización Internacional del Trabajo) y el Programa de Trabajo Decente; siendo la agencia de las Naciones Unidas la que promueve los derechos de los trabajadores mediante el establecimiento de normas internacionales de trabajo y la emisión de directrices normativas.

Nos basamos en los Principios y Derechos Fundamentales del Trabajo, adoptados en 1998, que comprometen a los Estados miembros a respetar tres Derechos Universales, independientemente del nivel de desarrollo económico: La libertad de asociación, el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.

La posición de la OIT en cuanto al Trabajo Sexual se ve reflejada en la recomendación 200 de la OIT, adoptada en 2010, que aborda el VIH/SIDA en el mundo del trabajo; dicha recomendación establece principios y normas para que los derechos de los trabajadores estén libres de estigma y discriminación relacionados con el VIH para su seguridad y salud en el trabajo, y para acceder a pruebas de detección del VIH, prevención, tratamiento, atención y apoyo.

También aborda las obligaciones del empleador y del gobierno de desarrollar políticas y programas que protejan esos derechos; si bien no se menciona específicamente el trabajo sexual, dicha recomendación se aplica a todos los trabajadores en cualquier ocupación y en todo lugar de trabajo, incluidas las personas que trabajen en “todos los sectores de la actividad económica, incluyendo el sector público y privado, y las economías formal e informal”.

Así mismo, aunque en la redacción del texto de la recomendación 200 no menciona explícitamente el trabajo sexual, si se hace en las actas del comité donde se afirma expresamente que el trabajo sexual queda cubierto por dicha recomendación.

Asimismo, documentos subsiguientes de la OIT, como los procedentes de la campaña Getting to Zero at Work (ILOAIDS) refuerzan y amplían el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo:

-* Reaching out to Sex Workers and their Clients [Acercamiento a las Personas que Ejercen el Trabajo Sexual y a sus Clientes]: Enfatiza que las intervenciones de prevención del VIH con las personas que ejercen el trabajo sexual también deben abordar los factores estructurales – como la falta de protecciones sociales, el estigma, la discriminación, la marginación y la violencia – que vuelven a las personas que ejercen el trabajo sexual vulnerables al VIH.

-* Leaving no one behind: [No Dejar a Nadie Atrás]: Acercarse a las Poblaciones Clave a través de la acción en el lugar de trabajo sobre el VIH y el SIDA] documenta las buenas prácticas de las intervenciones en el lugar de trabajo para abordar el VIH entre poblaciones clave, incluyendo a las personas que ejercen el trabajo sexual.

Colectivo Caye

 

Las leyes contra la trata están perjudicando, no ayudando, pero las trabajadoras sexuales están contraatacando

 

 


LAUREN WALKER / TRUTHOUT

 

Por Victoria Law

24 de agosto de 2018

https://truthout.org/articles/anti-trafficking-laws-are-hurting-more-than-helping-say-sex-workers/

 

 

Hace tres años, Kristen DiAngelo encontró a una madre en una situación desesperada. La madre estaba siendo forzada por padre de su bebé a hacer trabajo sexual. Había amenazado su vida y la de sus familares y recientemente había pateado la puerta de la casa de su madre.

“No puedo dejarte ahí fuera”, recuerda que pensó DiAngelo, cofundadora y directora ejecutiva de SWOP (Programa de Ayuda de Trabajadoras Sexuales) de Sacramento.

Pagó para que la madre se quedara en la habitación de un hotel por una noche. Más tarde, se la llevó a su casa. DiAngelo también la llevó al refugio local de violencia doméstica, que le exigió que presentara un informe policial. A partir de sus propias experiencias con la aplicación de la ley local, DiAngelo sabía que la policía local haría poco para proteger a la madre, que había sufrido numerosas detenciones por trabajo sexual. Por el contrario, el hombre que la explotaba no tenía registro de detenciones ni educación universitaria.

Las dos mujeres se acercaron al FBI para presentar cargos de trata contra el explotador de la madre. Compartieron correos electrónicos y mensajes de voz en los que la amenazaba. Pero, aunque los agentes con los que hablaron se mostraron comprensivos, relató DiAngelo, dijeron que, debido a que la mujer tenía más de 18 años, el FBI no investigaría sus quejas.

Ese fue el comienzo de la casa segura de SWOP Sacramento, una casa de seis camas donde las trabajadoras sexuales podrían vivir y encontrar servicios de apoyo. Desde entonces, la casa de seguridad ha proporcionado alojamiento seguro para docenas de trabajadoras sexuales. Algunas huyen de situaciones de explotación y abuso. Otras necesitaban un entorno seguro y de apoyo para abordar las adicciones a las drogas o los problemas de salud mental. Las trabajadoras sexuales se enteraban de la existencia de la casa segura a través del sitio web de la organización.

Luego, en abril de 2018, el Congreso aprobó la Ley de Lucha contra la Trata Sexual en Internet (FOSTA) y la Ley para Detener la Trata Sexual (SESTA). Estas leyes enmiendan la Sección 230 de la Communications Decency Act, convirtiendo en delito federal operar un sitio web “con la intención de promover y facilitar la prostitución de otra persona”. Las leyes también permiten a los procuradores generales llevar acciones civiles contra los operadores de sitios web . Aunque FOSTA se dirige a los operadores de sitios web, no a las trabajadoras sexuales, todavía tienen un efecto de enfriamiento en las opciones de seguridad y supervivencia de las trabajadoras sexuales.

“Muchas personas nos encuentran [a nosotras y a la casa segura] a través de nuestro sitio web”, explicó DiAngelo. Pero con FOSTA, anunciar una casa segura para las trabajadoras sexuales podría significar una sentencia de prisión de 10 años. “¿En qué consiste la facilitación de la prostitución?”, preguntó DiAngelo. “¿Es dar a una chica alojamiento por tres a seis meses en una casa [segura] para que se desintoxique y se recupere?” Ninguno de los abogados o defensores legales a los que consultaron pudo decirle a SWOP Sacramento sobre qué constituía la promoción y facilitación de la prostitución. Los voluntarios y el personal comenzaron a buscar camas en otros lugares para las residentes de la casa. Menos de dos meses después de que FOSTA se convirtiera en ley, SWOP Sacramento cerró su casa de seguridad.

 

Sin Internet, ella podría haber seguido atrapada

Fue internet y la capacidad de hacer publicidad en línea lo que permitió a Cecilia Gentili escapar de su explotador. Gentili, una mujer trans originaria de Argentina, conoció a un hombre que la convenció de participar en el trabajo sexual callejero. “Dijo que era para nosotros, pero realmente fue para él”, dijo Gentili a Truthout. “No había mucha opción [de no trabajar]”, continuó. “Me habría puesto en una situación peligrosa”. No solo amenazó su explotador con llamar a las autoridades de inmigración, sino que también jugó con sus inseguridades como una mujer trans. “Sentí que necesitaba una figura masculina que me validara y cuidara de mí”, explicó antes de agregar: “tampoco entendí la definición de trata”.

Al cabo de un año de estar en lo que ella describe como “la situación”, Gentili se dio cuenta de que podía hacer publicidad en línea y, con la capacidad de detectar clientes potenciales, no necesitaba depender de alguien que la protegiera físicamente. “Pude salir de esa situación debido a la publicidad en línea”, dijo. “Pude conseguir mis propios clientes sin tener a otra persona que me cuidara”, y con “cuídame” me refiero a tomar todo mi dinero “. Pero, si FOSTA hubiera existido en ese momento, habría cerrado muchos de los sitios. donde podía publicitar sus servicios y Gentili podría haber quedado atrapada.

 

Aumento de los informes de agresiones contra las trabajadoras sexuales

Los sitios web han sido una herramienta inestimable para que las trabajadoras sexuales no solo examinen a los clientes, sino que también compartan información entre ellas sobre clientes violentos o peligrosos. “Antes, podías acceder a una base de datos [en línea] para ver si esta persona había sido denunciada por violencia”, explicó Ceyenne Doroshow, fundadora y directora ejecutiva de GLITS (Gays y lesbianas que viven en una sociedad transgénero). “Esa base de datos ya es historia”. Doroshow tiene una larga historia de trabajo con trabajadoras sexuales trans, una población que ya estaba particularmente marginada, criminalizada y vulnerable a la violencia antes de que SESTA y FOSTA se convirtieran en ley.

Incluso antes de que SESTA / FOSTA entrara en vigencia, los sitios web comenzaron a eliminar contenido de las trabajadoras sexuales, mientras que otros cerraron por completo. En 2014, el FBI cerró MyRedBook.com y SFRedBook.com, dos sitios donde las trabajadoras sexuales intercambiaban información sobre seguridad y comunidad, además de poder anunciar de forma gratuita. En octubre de 2017, el sitio de crowdfunding Patreon cambió sus directrices para prohibir la recaudación de fondos “para producir material pornográfico, tal como mantener un sitio web, financiar la producción de películas o proporcionar una sesión de webcam privada”, lo que resultó en suspensiones y prohibiciones de muchos creadores de contenido para adultos que habían confiado en la plataforma para obtener ingresos regulares.

El 6 de abril de 2018, incluso antes de que el presidente firmara FOSTA y la convirtiera en ley, el Departamento de Justicia incautó y cerró Backpage, donde muchas trabajadoras sexuales anunciaban. FOSTA es la última eliminación de opciones en línea para las trabajadoras sexuales, pero los efectos han sido inmediatos y, según las palabras de los grupos de derechos de las trabajadoras sexuales, son alarmantes.

Coyote (Call of Your Old Cired Ethics) RI, una organización de derechos de trabajadoras sexuales, realizó una encuesta de 262 trabajadoras sexuales entre el 14 de abril y el 25 de mayo de 2018. Setenta por ciento (o 188 personas) informaron que el trabajo sexual había sido su fuente principal de el ingreso antes de FOSTA y el 77 por ciento (o 207 personas) fueron las únicas proveedoras de sus familias. Una semana después de la aprobación de las leyes, el 70 por ciento notó una caída en sus ingresos, lo que les impidió pagar el alquiler, los alimentos, los servicios públicos o el teléfono. En un caso, Doroshow le dijo a Truthout, la disminución del trabajo forzó a una de sus clientes a renunciar a su automóvil, disminuyendo así su movilidad y seguridad, y también a renunciar a la atención médica para su enfermedad crónica, que, sin tratamiento, ahora está empeorando.

Esta disminución ha forzado a muchas a comprometer la seguridad y los límites, ya sea aceptando clientes que de lo contrario podrían rechazar, o acordar actos, incluyendo sexo más riesgoso y tomar drogas, que hubieran evitado anteriormente. Sesenta por ciento (o 157) de las personas encuestadas por Coyote RI dijeron que ahora aceptan clientes menos seguros para poder llegar a fin de mes. Sesenta y cinco por ciento (o 170) informaron que alguien había intentado amenazar, explotar u obtener servicios gratuitos de parte de ellas.

Ahora, con los sitios web cerrados, cada vez más trabajadoras sexuales con las que trabaja informan haber sido empujadas a situaciones peligrosas. Doroshow le dijo a Truthout sobre una mujer que fue violada, estrangulada y golpeada “y estuvo a una pulgada de perder su vida”. Sobrevivió, pero sigue obsesionada por el ataque.

Los cierres de sitios web también han afectado la organización por los derechos laborales. En la ciudad de Nueva York, una bailarina, que habló con Truthout de forma anónima, dijo que incluso antes de FOSTA, el miedo a ser despedida y puesta en la lista negra hizo que muchas strippers y bailarinas vacilaran en unirse a los esfuerzos organizativos para mejorar las condiciones laborales. En el club donde ella trabajaba, las bailarinas comenzaron a hablar sobre la necesidad de más seguridad para evitar que las bailarinas fueran atacadas sexualmente. También querían condiciones de club más limpias. “Nunca hablamos sobre huelgas o un sindicato”, aclaró. Aun así, el miedo a ser despedidas —y puestas en la lista negra entre los dueños de los clubes de la ciudad— hizo que muchas dudaran en presionar por sus demandas. Con la aprobación de FOSTA y la existencia de menos sitios web, las bailarinas ven menos opciones de trabajo si son incluidos en listas negras en represalia por organizarse. “Si no puedes bailar, ya no puedes simplemente poner un anuncio en línea”, dijo.

El cierre de los sitios web y la censura del contenido de las trabajadoras sexuales también significa que muchas recurren al trabajo sexual callejero. En Sacramento, DiAngelo señala que ha aumentado el número de trabajadoras sexuales en los tres paseos de la ciudad (áreas para el trabajo sexual callejero), incluidas las personas que tienen poca o ninguna experiencia trabajando en la calle. Participar en el trabajo sexual en la calle las obliga a hacer un juicio rápido sobre el peligro potencial de un posible cliente.

También aumenta la vulnerabilidad a los depredadores, incluido el acoso policial, la detención y la violencia. Muchas ciudades tienen ordenanzas contra el vagabundeo que se usan contra las trabajadoras sexuales de la calle, particularmente las mujeres de color. “A medida que se empuja a las personas para que salgan de Internet, las ciudades continúan aplicando ordenanzas contra el merodeo”, explicó Andrea Ritchie, abogada especializada en brutalidad policial y autora de Invisible No More: Police Violence Against Black Women and Women of Color. “Las trabajadoras sexuales están siendo detenidas y multadas a pesar de que la razón por la que hacen este trabajo es porque necesitan dinero. Esto solo las lleva al punto de mira del sistema legal penal y el ciclo rotativo de comisiones y multas”.

El trabajo sexual en la calle, con los riesgos que conlleva de detención y procesamiento judicial, también aumenta los riesgos de VIH e ITS. En algunas ciudades, la policía y los fiscales usan condones como prueba de prostitución, explicó Gentili, ahora subdirectora de asuntos públicos en GMHC (Gay Men’s Health Crisis). Aunque algunas ciudades, como Nueva York y San Francisco, han eliminado los condones como evidencia de la prostitución, Gentili señaló que las trabajadoras sexuales nuevas en la ciudad —o en el trabajo sexual callejero en la ciudad— pueden desconocer el cambio. “No saben que las leyes cambian y siguen saliendo sin condones”.

Al mismo tiempo, los servicios de apoyo y defensa se están desconectando y, por lo tanto, son cada vez menos accesibles para quienes más los necesitan. Gentili, que trabajó en organizaciones de prevención del VIH, explicó que ella y otros proveedores de servicios a menudo identificaban a las trabajadoras sexuales a través de sus anuncios en línea. A continuación, les enviaban correos electrónicos con información sobre la prevención del VIH, las pruebas y los servicios sociales y de salud. Además, señaló, “la mayoría de los sitios [con anuncios de trabajadoras sexuales] tenían muchos anuncios sobre la prevención de las ITS y el VIH”. Con estos sitios ya desaparecidos, quienes trabajan en torno a la prevención y el tratamiento del VIH deben encontrar otras formas de llegar a las personas que contituyen su objetivo.

La Alianza Desiree, que alberga la conferencia anual más grande del país para las trabajadoras sexuales, anunció la cancelación de su conferencia de 2019. La página de la conferencia explica: “Debido a la aprobación de SESTA / FOSTA, nuestras líderes decidieron que no podemos poner en riesgo a nuestra organización y a nuestras asistentes. ¡Esperamos que comprendáis nuestras graves preocupaciones y continuéis ofreciendo resistencia a todas las leyes que existen para dañar a las trabajadoras sexuales! ¡Seguid luchando!”

 

“Nueva Zelanda es un modelo importante”

En 2003, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó la Ley de Reforma de la Prostitución, que despenalizó el trabajo sexual y eliminó las detenciones y condenas anteriores por actos relacionados con el trabajo sexual. “Bajo este modelo, puede hacer trabajo sexual en cualquier entorno y no está penalizado”, explicó Sienna Baskin, ex codirectora del Proyecto de Trabajadoras Sexuales en el Urban Justice Center y ahora directora del NEO Anti-Trafficking Fund. Esto significa que las trabajadoras sexuales pueden trabajar legalmente desde sus hogares, en la calle, en un entorno colectivo o en Internet. La trata, sin embargo, sigue siendo un delito. Lo mismo ocurre con la promoción en la prostitución de un menor de edad, aunque si una persona menor de 18 años realiza trabajo sexual, no es detenida ni procesada. Básicamente, explicó Baskin, quien recibió una beca Fulbright para estudiar los resultados del modelo de despenalización de Nueva Zelanda, “uno no puede dañar a los demás y salirse con la suya”.

Baskin señala que es difícil decir si la despenalización resultó en una disminución de la violencia contra las trabajadoras sexuales, en gran parte debido a la falta de datos sobre las agresiones antes de la ley de 2003. Sin embargo, señaló, “la relación entre las trabajadoras sexuales y la policía se transformó por completo. La policía pasó de ser un enemigo potencial a convertirse en una fuente potencial de apoyo y seguridad.” Las trabajadoras sexuales pudieron denunciar incidentes de violencia sin temor a ser detenidas y sabiendo que sus denuncias serían investigadas.

“Nueva Zelanda es un modelo importante que deben entender todos en todo el mundo”, afirmó Baskin. “No resuelve los problemas de todos todo el tiempo, pero ha eliminado una fuente de daño y estigma”.

Sin embargo, advierte, la estructura política de los EE.UU. significa que la despenalización tendría que ocurrir Estado por Estado, del mismo modo que han entrado en vigencia el matrimonio homosexual o la legalización de la marihuana.

 

Las trabajadoras sexuales siguen luchando

Si bien las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados han luchado durante mucho tiempo por sus derechos y seguridad, la ley federal ha galvanizado a más personas. “FOSTA politizó a mucha gente”, señaló Lola Balcon, una organizadora comunitaria para los derechos de las trabajadoras sexuales. Esa politización ha tomado muchas formas, desde mítines hasta activistas que informan puerta por puerta.

El 1 de junio, docenas de trabajadoras sexuales tomaron los pasillos del Congreso para hablar con sus representantes sobre el impacto de FOSTA en sus vidas y seguridad. “Hablamos sobre cómo estas leyes estaban impactando directamente a las comunidades marginadas, cómo las trabajadoras sexuales usaban Internet para mantenerse a salvo”, escribió más tarde Phoenix Calida en Motherboard / Vice. “Hablamos sobre cómo las trabajadoras sexuales usaban los sitios web para detectar clientes, y ahora no solo se había perdido esa opción, sino que era ilegal compartir nuestras listas de malas citas entre nosotras debido a cuán amplia e imprecisa es esta ley. Incluso los congresistas que sabían sobre el proyecto de ley parecieron sorprendidos al enterarse de que las prácticas de reducción de daños como repartir condones o enviar por correo electrónico los nombres de clientes peligrosos a otras trabajadoras sexuales pueden considerarse como delictivas “.

Al día siguiente, cientos de trabajadoras sexuales se trasladaron a las calles de la ciudad de Nueva York para conmemorar el Día Internacional de las Putas, el aniversario de la ocupación de las iglesias en Francia por las trabajadoras sexuales en 1975 y denunciar a SESTA / FOSTA.

Menos de dos semanas después, en una soleada tarde de sábado, 200 trabajadoras sexuales, defensoras y aliadas se saltaron el Desfile de Sirenas anual de la ciudad para reunirse en Dreamland, un lugar DIY de artes queer en Queens, en un ayuntamiento donde transmitieron sus preocupaciones al candidato al Congreso. Suraj Patel, quien estaba desafiando a la titular (y patrocinadora de FOSTA) Carolyn Maloney en las primarias demócratas. (Patel perdió por un 11 por ciento o aproximadamente 7.200 votos).

Sin desanimarse por la derrota de Patel y galvanizadas por la idea de que las trabajadoras sexuales pudieran actuar como una fuerza en las elecciones locales, muchas han desplazado sus energías para hacer campaña en favor de Julia Salazar, candidata por los Socialistas Democráticos de América (DSA) para el Senado del Estado de Nueva York. “El Senado estatal es donde partes de la despenalización del trabajo sexual a menudo se estancan”, reflexionó Balcon, quien ayudó a organizar a las trabajadoras sexuales para apoyar a Patel. El 1 de agosto, las organizadoras de las trabajadoras sexuales convocaron a una pizza party en la que Salazar se reunió con 150 trabajadoras sexuales y las escuchó. Más de la mitad de las asistentes se inscribieron para llamar a las puertas y hacer campaña por la candidata en su distrito norte de Brooklyn.

A nivel federal, FOSTA enfrenta su primer desafío legal. El 28 de junio, Woodhull Freedom Foundation, Human Rights Watch y el Internet Archive, junto con defensoras individuales de los derechos de las trabajadoras sexuales, presentaron una demanda federal que acusaba a FOSTA de violar las Enmiendas Primera y Quinta y solicitaba un mandato preliminar para evitar que la ley entre en efecto hasta que se decida la demanda. En una audiencia de amparo al mes siguiente, el juez federal Richard Leon no tomó ninguna decisión sobre la solicitud ni tampoco estableció una fecha sobre cuándo emitiría un fallo.

A medida que la demanda avanza por el tribunal federal, las trabajadoras sexuales y sus aliadas continúan organizándose y creando sus propias redes de seguridad financiera. Las trabajadoras sexuales y sus aliadas han organizado actividades de recaudación de fondos de emergencia para las más afectados por FOSTA. Una recaudación de fondos recaudó $ 17.000 en una noche. Pero, señaló Balcon, “no es un nuevo trabajo. No es una nueva oportunidad económica. Incluso si tuvieras diez veces el alivio que tienes ahora, no sería suficiente “.

Explicado de otra manera, dijo: “Digamos que el 90 por ciento de los trabajos mineros fueran eliminados mañana. ¿Serían suficientes donaciones de cinco cifras para compensar los trabajos perdidos?

A pesar de los estragos de la ley, Gentili sigue siendo optimista. “Veo a las trabajadoras sexuales totalmente comprometidas con organizarse”, reflexionó. “El trabajo sexual siempre ha estado bajo la sombra del estigma y la vergüenza. Entonces, ver a las trabajadoras sexuales uniéndose para encontrar soluciones en lugar de tener senadores que tomen decisiones por ellas es realmente importante “.

 

Implementación de programas integrales de VIH/ITS con personas trabajadoras del sexo: enfoques prácticos basados en intervenciones colaborativas

 

http://www.who.int/hiv/pub/sti/sex_worker_implementation/es/

 

Autores:

OMS; UNFPA; ONUSIDA; Global Network of Sex Work Projects (NSWP); Banco Mundial; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Detalles de la publicación

Número de páginas: 196
Fecha de publicación: junio de 2015
ISBN: 978 92 4 350618 0

 

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Presentación

Tras la publicación de las Recomendaciones 2012, algunas partes interesadas solicitaron indicaciones sobre cómo aplicarlas. Esta publicación responde a esa necesidad, ofreciendo consejos prácticos sobre la aplicación de los programas de respuesta al VIH y las infecciones de transmisión sexual (ITS) para los diferentes colectivos en el trabajo sexual. Contiene ejemplos de buenas prácticas del mundo entero, con la finalidad de apoyar los esfuerzos en la planificación de programas y servicios; también describe los asuntos que deben ser tomados en consideración y cómo superar las dificultades.

Esta herramienta es el fruto de la colaboración estrecha entre personas trabajadoras del sexo, profesionales de la salud, investigadores, funcionarios gubernamentales y organizaciones no gubernamentales (ONG) provenientes del mundo entero, y de la colaboración de Naciones Unidas y algunos socios para el desarrollo de los Estados Unidos.

La herramienta sigue los lineamientos de las Recomendaciones 2012. También incluye un dictamen mundial llevado a cabo con personas trabajadoras del sexo por la NSWP como parte de la elaboración de las Recomendaciones 2012.

 

Índice

  • Capítulo 1: Empoderamiento comunitario
    pdf, 668kb

    Elementos clave del empoderamiento comunitario, Trabajando con las comunidades de personas trabajadoras del sexo, Fomentar la participación dirigida por las propias personas trabajadoras del sexo, Capacitación del colectivo de personas trabajadoras del sexo, Adaptarse a las necesidades y a los contextos locales, Promover un entorno basado en los derechos humanos, Fortalecer los sistemas comunitarios (fortalecer el colectivo), Adaptar las políticas y crear entornos propicios, La sostenibilidad de los movimientos, Dar seguimiento al progreso realizado
  • Capítulo 2: Abordar la violencia contra las personas trabajadoras del sexo
    pdf, 907kb

    Contextos de la violencia, Valores y principios para dar respuesta a la violencia contra las personas trabajadoras del sexo, Valores fundamentales, Principios que deben regir los programas, Intervenciones y estrategias alentadoras, Empoderar a las comunidades, Fortalecer la las capacidades de las personas trabajadoras del sexo, Promover reformas, Fomentar la responsabilidad de las fuerzas policiales, Promover la protección y la seguridad de las personas trabajadoras del sexo, Proporcionar servicios de salud a las personas trabajadoras del sexo que son víctimas de la violencia, Proporcionar servicios de apoyo psicosocial, jurídico y otros, Gestión, seguimiento y evaluación
  • Capítulo 3: Servicios dirigidos por la comunidad
    pdf, 519kb

    La sensibilización dirigida por la comunidad, ¿Qué hacen los trabajadores de sensibilización comunitaria?, Pasos para la implementación de la sensibilización dirigida por la comunidad, Espacios seguros (centros de acogida), Establecer espacios seguros, Configuración del local, Manejo del espacio, Otras actividades realizadas en el espacio seguro, Mejoramiento de la calidad dirigido por la comunidad, Comités comunitarios, Otros enfoques dirigidos por la comunidad que refuerzan la calidad de los servicios clínicos, Aseguramiento de la calidad comunitaria en el seguimiento y la evaluación, Seguimiento de la calidad de la implementación de los servicios comunitarios, Seguimiento del acceso comunitario a servicios y de la autonomía comunitaria
  • Capítulo 4: Promoción del uso del condón y de lubricantes
    pdf, 398kb

    Pasos efectivos para programas del uso del condón, Establecer el abastecimiento de condones y lubricantes masculinos y femeninos accesible a las personas trabajadoras del sexo, Promoción a varios niveles de los condones y lubricantes masculinos y femeninos, Promoción del uso del condón dirigida por la comunidad, Desestigmatizar el uso del condón entre la sociedad en general, Crear un entorno propicio para los programas del uso del condón, Aspectos específicos a tener en cuenta en los programas del uso del condón Gestión de programas de promoción del uso del condón, Roles y responsabilidades en los programas del uso del condón, Seguimiento de programas, Evaluación
  • Capítulo 5: Servicios clínicos y de apoyo
    pdf, 1.03Mb

    Principios operativos para los servicios clínicos y de apoyo, Asesoramiento y pruebas voluntarias de VIH, Tratamiento antirretrovírico, La tuberculosis y las personas trabajadoras del sexo, Servicios complementarios para las personas trabajadoras del sexo que consumen drogas inyectables, Servicios de ITS, Satisfacer las necesidades de salud sexual y reproductiva de las personas trabajadoras del sexo, Salud mental
  • Capítulo 6: Gestión de programas y fortalecimiento de la capacidad organizativa
    pdf, 685kb

    Parte I: Gestión del programa: La planificación e implementación de un programa de VIH/ITS con personas trabajadoras del sexo, Fortalecimiento de las capacidades y conocimiento del programa, Formación y fortalecimiento del personal, Parte II: Fortalecimiento de las capacidades de las organizaciones de personas trabajadoras del sexo, Crear una organización registrada, Fortalecimiento de las capacidades organizativas

 

 

Karina Nuñez: El Estado es nuestro peor proxeneta

 

 

 

Artículo autoría de Magdalena Herrera. Extraído de ecos.la

17 de septiembre de 2016

http://www.inforio.com.uy/noticia.php?id=5119

 

A los 12 años cambió sexo por un yogurt. Desde entonces Karina Núñez es trabajadora sexual y una activista solidaria sin proponérselo. 

 

No la dejan entrar en las whiskerías porque denunció explotación, tráfico y abuso en esos recintos del Uruguay profundo. Karina Núñez (52 años) dice que al Estado lo único que le preocupa es que ella y sus compañeras no transmitan enfermedades a los consumidores de sexo. Que los gobernantes deberían salir de sus \”empolvados escritorios\” y embarrarse los pies para ver la situación en los quilombos del interior del país.

-¿Cómo era tu familia?

-Yo nací en Fray Bentos y soy hija biológica de una trabajadora sexual y un proxeneta. Mi abuela fue explotada sexualmente, mi madre también y luego vine yo. Por suerte logré que con mis hermanas e hijos se cortara una cadena donde la dignidad era una palabra inalcanzable. Fui educada por un referente local muy fuerte que sembró en mí esa semilla de la dignidad.

-¿Desde qué edad sos trabajadora sexual?

-En realidad fui explotada desde los 12 y soy trabajadora desde los 18. Siempre viene de antes. No es que cumplís 18 y te preguntás: ¿qué voy a ser: princesa o prostituta? No, lleva un proceso mucho más largo. Tengo compañeras que comenzaron en su niñez.

-También comenzaste en la niñez. ¿Eras consciente?

-No, pero no fue traumático en el momento sino después, cuando me enteré que lo que me había pasado no debería haber sucedido. A los 12 años era comer algo con mis hermanas o no comer.

-¿Lo hiciste por dinero para comer?

-La primera vez fue por un yogurt. Por cinco pesos para comprar un yogurt. Ni lo pensé. Cuando tenés las tripas pegadas en el espinazo no pensás. Nadie que tenga la panza vacía puede decir que decide algo.

-Después de los 18, ¿te cuestionaste sobre hacer otro trabajo?

-No. Ahí era sobrevivir y criar a mis cuatro hermanas mujeres. Me dicen mama. Mi madre pasaba un proceso bastante complicado de consumo de alcohol y no podía hacerlo.

-Sos una persona muy fuerte.

-Somos muchas. Yo siempre le digo a la gente: si ustedes salieran al interior profundo y pudieran conversar con cada una de las trabajadoras se enterarían de terribles historias de resignación, de luchas internas y externas, de resiliencia.

Yo tuve el bonus que me enseñaron sobre lo que era la dignidad, a no agachar la cabeza y luchar por lo que pienso. Pero muchas de mis compañeras tienen el virus de la autodiscriminación en sus huesos y eso no les permite salir de los lugares que les dan seguridad, que son donde más sumidas están.

Si la institucionalidad se tomara la molestia de salir de sus empolvados escritorios, tocar tierra y cruzarse con esas realidades, verían que lo mío es una papa comparado con otras historias.

-¿Te parece una papa?

-Comparado con otras vidas sí. Tengo compañeras que con 7 u 8 años fueron violadas y abusadas por sus hermanos y después vendidas por sus propios padres o hermanos. Fueron obligadas a parir hijos y venderlos o comerciarlos frente a sus ojos. Parece de película mexicana pero pasa en Uruguay.

Esas compañeras han sobrevivido a eso. Ojo, sus saludes mentales no están bien. Pero como para Uruguay lo único que importa es que no tengas bacterias que infecten a ningún consumidor de sexo, lo que pase por el resto del cuerpo de la trabajadora es incumbencia de ella. Y no del Estado que debe garantizar los derechos a todos sus pobladores.

El gobierno se ocupa de la parte epidemiológica pero no del ser humano integral que está en ejercicio de la prostitución. Al Estado solo le interesa que las trabajadoras sexuales no transmitamos cosas.

-En los últimos gobiernos, se han instalado comisiones y el tema está sobre la mesa. ¿No has notado cambios?

-No ha cambiado mucho. He visto discursos más humanizados pero solo discursos. O discursos que en la práctica llegan hasta el Santa Lucía. Hacia afuera, que es donde trabajo, no se ven cambios. He visto crear comisiones, institutos, ministros hablar, pero las trabajadoras sexuales seguimos siendo una cosa que pulula dentro del caldo de cultivo de las vulnerabilidades del Estado, que es el mayor proxeneta que tenemos.

-No entiendo, ¿por qué?

-Si el Estado no te dignifica, te vulnera. Como ciudadanas somos vulneradas. Nosotros pagamos la luz, el agua, cada cosa que consumimos. Nosotros estamos nutriendo al Estado más allá que no nos reconozca.

-En este momento, ¿estás trabajando?

-Sí. Trabajo en calle porque me han echado de todas las whiskerías.

-¿Por qué?

-Por las denuncias que he hecho sobre explotación y abuso a compañeras. Si tenés un poquitito de amor el prójimo no podés permitir situaciones de esclavitud, y no denunciarlas. No podés permitir que se lleven a personas en jaulas de ganado de una parte a otra del país y no denunciarlo. No podés. Logré que más de 70 personas fueran procesadas vinculadas a las whiskerías, a redes, por explotación, violencia, tráfico, venta de droga.

-Decidiste transformarte en una activista.

-No, lo mío fue al revés. Me enteré que era activista cuando vine a Montevideo con una compañera con sida y estuve muchos días con ella en el Maciel, hasta que murió. Allí se acercaron desde diferentes asociaciones de trabajadoras sexuales, meretrices y trans.

Antes lo hacía porque me salía así. Siempre iba con mis compañeras a protestar si no eran bien atendidas, a hacer denuncias o a sacarlas de la comisaría. Me pasaba jodiendo al sistema. Para mí era solidaridad, y joder al sistema. Después me enteré que era militancia.

-Has logrado mejorar la situación de muchas compañeras. ¿Cómo te acercás y lo conversás con ellas?

-Mucha gente me ayudó a capacitarme primero en el tema sida ya que vi morir a muchas compañeras y luego en otras áreas.

Primero hay que estudiar a la persona. Si está muy inmersa, no podés, porque te manda al frente y te hace matar a palos por el marido. Si ves que está tocando fondo, ahí se puede conversar algo. Pero como tiene tan dañada la confianza en el otro es difícil.

Con las que más conversás son con las mayores de 40 años y mayoritariamente se acercan porque están celosas de las mujeres nuevas de su fiolo. Conversan contigo por celos pero no porque se visibilicen como víctimas. Ahí le vas entrando.

Pero tengo compañeras que se han muerto sufriendo porque su proxeneta las cambió por otra. Y ese hombre les había quebrado todos los huesos. Las había hecho trabajar toda la vida, abortar, y ellas hasta el día de su muerte enamoradísimas. Muy en el fondo las trabajadoras sexuales todavía piensan que existe el príncipe azul y que esa persona que les está haciendo tanto mal es ese príncipe. Sueñan que lo van a poder transformar solo con su amor.

-¿Tuviste proxeneta?

-No, yo el único proxeneta que tuve fue mi madre y me libró de todo el resto. Por lo que vi después, mejor que fuera mamá y no otro.

-¿Cómo es la relación con tu madre?

-Mi mamá es mi mamá y la quiero. Me dio la vida. Me costó muchísimo tiempo darme cuenta que no soy quien tiene la potestad de juzgarla. Ella hizo lo que pudo, lo que le enseñaron a hacer. La caja de herramientas con la que largaron a mi mamá a la vida fue una vagina destrozada. Más nada. Desde esa vagina destrozada llegué yo. Por eso mi libro se llama “El ser detrás de una vagina productiva”.

-Vive contigo, ¿la mantenés?

-Y ella me mantiene a mi. Me mantiene vivo el recuerdo de lo que no quiero ser cuando llegue a vieja.

-¿Cómo fue tu relación con tus hijos?

-Fue bastante complicada porque fueron hijos del trabajo sexual. Pero son lo mejor que me pasó en la vida. Si no hubiese tenido hijos habría caído en manos de alguna red. Una cosa que no hacen los tratantes es llevarse madres. Solo agarran a aquellas con la que ellos mismos tienen hijos. Porque después de que las mujeres entran en la red y se hacen resistentes a las palizas, la única forma que tienen para opacar su rebeldía es apropiándose de los hijos. Es la manera de mantenerlas.

Ahora mis hijos están grandes, están criados. Igual de todas formas, debí alejarme de ellos para que no tuvieran que pelear por mi. Porque la sociedad, aunque te consume no te perdona. Y te cobra con las cosas más dolorosas que son tus entornos.

Si bien no te dicen puta de frente, porque de noche te dicen mi amor, sí lo comentan con otros. Y esos otros son los que terminan dañando a tu entorno.

-¿Cómo te alejaste de tus hijos?

-No trabajo en la ciudad donde vivo y eso me lleva a estar alejada mucho tiempo, a veces 15 días, un mes o más. Pero una de las cosas que me enseñó la recorrida por el país y un trabajo que hice entre 2009 y 2011 con 313 trabajadoras sexuales es que más del 70% de aquellas que no tenían estudios parían trabajadoras sexuales y proxenetas, y ejercían el trabajo hasta los últimos días de su vida. Sin embargo las mujeres que habían tenido algún grado de estudio, sus hijos o hijas no tenían nexo y su trabajo era acotado a 10 o 15 años. No morían changando. El único factor liberador era la educación.

Nosotras somos nómades, como gitanas. Si te vas de un pueblo y te llevás a tus hijos, pasan contigo todo el día en la whiskería y se mezclan en tu círculo. Entonces, pensando que sos buena madre porque los pariste y no los dejás tirados, no te das cuenta que los estás naturalizando en ese entorno. Es muy normal que se diga ‘mirá está todo el día changando y deja a los hijos tirados’. Para que no digan eso, te los llevás contigo. Y es al revés.

Cargamos con ese estigma. Te puedo dar fe que he hecho mil cosas y en mi pueblo no dejan de verme más que como una prostituta. Tuve que darme cuenta que lo importante es como me veo yo y mi entorno.

En la escuela, me tocó defender a trompadas a mi madre que para todos era la puta del barrio. Pero para mí era mi mamá. Y que veía la maestra: la hija de una prostituta peleando con el hijo de un decente que lo único que hizo fue decir la verdad. Entonces, ¿que pasaba? El círculo de la escuela se cerraba, tenías malas notas y abandonabas a los 11 o 12 años. El sistema educativo era el primero que te echaba por ser hija de.

-¿Hoy sucede eso?

-Sí, más solapado pero sucede. Te discrimina más la maestra que los alumnos. Me pasó con mis hijos. Tuve que cambiarlos de clase para que no supieran que yo era su madre.

Cuando mi hijo mayor –hoy tienen 25- iba al jardín nunca lo invitaban a los cumpleaños o paseos. Cuando fue su cumpleaños, un 4 de diciembre, invitó a todos a una fiestita. No vino ninguno. Cumplía 6 añitos.

Mi madre había ido a la playa y estaba con fiebre. Y entonces le dije: ‘sabés lo que pasa, tus compañeritos fueron a la playa que fue la abuela y están todos en cama, mi vida. Por eso no pudieron venir’. ¿Sabes lo que me respondió? ‘Ay mami, y si cortamos torta y les llevamos pobrecitos’. Como le iba a decir que la culpable era yo.

-¿Cómo es la vida de una trabajadora sexual en el interior?

-Está dada por las edades. La vida de 18 a 25 es una, de 30 a 50 es otra, y de 50 en adelante cambia también. La diferencia está en los grados de estigmatización. Y cuanto más profundo es el lugar del interior, más dolorosos son los sistemas de esclavitud que se ven.

-Por ejemplo?

-Tener una persona con 72 años dentro de una whiskería que, si no entra a trabajar a las 7 de la tarde cuando la patrona abre y no se va con el último borracho que queda en la barra al otro día, no se le presta plata para comer. Aunque le hayas atendido clientes toda la noche.

Después están los otros que no te dan de comer pero si de tomar, entonces te embriagan y sos el muñequito de atracción porque sexo contigo no tienen porque sos una vieja. Te ven borracha, cayéndote y ellos se divierten con tu desgracia, mientras la patrona hace plata. Pero al otro día no te dan ni un mendrugo de pan. Eso para mi es esclavitud.

O aquellas que para ganarse un plato de comida después de los 60 años, tienen que limpiar todo el lugar a las 9 de la mañana cuando trabajaron hasta las 7 entreteniendo parroquianos.

Eso se da en los pueblos más chicos. Los mecanismos de sumisión en los más grandes corren por otro lado: consumo de alguna sustancia, mecanismo de manipulación psicológica, son más pulidos pero están.

Pasa en Uruguay. Lo que sucede es que las instituciones no lo quieren ver. Prefieren mil veces dar 5.000 dólares para que se haga folletería que no la lee nadie que salir de los escritorios y embarrarse las patas en los pueblos.

Siempre dicen que nos incluyen pero no veo ninguna titulada conversando con nosotros adentro del quilombo.

-¿Cómo realizás la militancia ahora que no te dejan entrar en las whiskerías?

-Voy a las policlínicas del interior profundo que es donde las compañeras pasan.

No es fácil porque han cambiado mucho los mecanismo de tráfico. Antes se captaban por comida. Ahora es por consumo, por un iPhone, ropa nueva, paseos. Es mucho más difícil romper esa cadena de consumo que la del hambre. Se da más que nada entre los 15 y los 17 años.

-¿Con un iPhone se compra una adolescente?

-Con un porro de 50 pesos te las llevas de solapa. El tráfico interno es algo que no está visualizado por la sociedad. Lo toman como algo común que se consiga un noviecito y la lleve de paseo a Punta del Este. Y bueno, que la haga salir con una o dos personas, porque bueno, la llevó a Punta del Este. Imaginete, la sacó del pueblo.

 


Apéndice

Ley de Trabajo Sexual de Uruguay:

https://t.co/T3HDVr5dlk