El PSOE elimina la referencia a la abolición de la prostitución

El borrador de la ponencia hace una mínima alusión a los vientres de alquiler

 

Mariola Lourido

Madrid

16/06/2017

 

 

http://cadenaser.com/ser/2017/06/16/sociedad/1497568117_321385.html

 

 

La erradicación de la prostitución desaparece del borrador del dictamen del PSOE, que constituye el proyecto político que los socialistas aprobarán este fin de semana en su Congreso Federal. Ni siquiera se cita la palabra prostitución. En la ponencia original, elaborada por Eduardo Madina, el PSOE se declaraba abolicionista y afirmaba que la prostitución es uno de los rostros más crueles de la feminización de la pobreza y una de las peores formas de violencia contra las mujeres.

En el nuevo texto todo esto se suprime y no hay absolutamente nada sobre la prostitución cuando en el programa electoral de 2015 los socialistas prometían cerrar los prostíbulos y multar a los clientes.

También llama poderosamente la atención lo mucho que se ha rebajado la postura frente a los vientres de alquiler. La ponencia original le dedicaba al asunto un párrafo específico de diez líneas. Era una declaración ideológica, una declaración de principios y valores contra esta práctica ilegal en España.

Ahora, el nuevo texto pasa de puntillas sobre el polémico tema, que también divide al PSOE. Únicamente se dice de refilón que “los vientres de alquiler suponen una mercantilización de las mujeres” y aparece mezclado con la ley del aborto y la reproducción asistida para las lesbianas:

  1.       La Ley de Salud Sexual y Reproductiva de 2010 fue alterada por el PP suprimiendo el derecho a decidir de las mujeres de 16 y 17 años y suspendiendo el desarrollo de los derechos sexuales y reproductivos de las personas. Se restablecerá a las mujeres mayores de 16 y menores de 18 años su capacidad de decidir. Se proporcionará educación sexual y reproductiva a mujeres con discapacidad o perteneciente a colectivos con especial dificultad, como mujeres emigrantes o prostituidas. Se restablecerá la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud para tratamientos de reproducción asistida con carácter universal, dejando sin efecto las limitaciones acordadas por el Gobierno del PP. Los vientres de alquiler suponen una mercantilización de las mujeres. Se deberán promover y facilitar los mecanismos de adopción.

 

No es país para mujeres jóvenes: crímenes de honor e infanticidio en Irlanda

Publicado el 3 de junio de 2014 por Stephanie Lord

https://feministire.com/2014/06/03/no-country-for-young-women-honour-crimes-and-infanticide-in-ireland/

 

magdalene

 

Cuando yo estaba en primer año en la escuela secundaria en 1997, una chica del año superior al mío se quedó embarazada. Tenía 14 años. Las únicas personas a las que oí decir algo negativo sobre ella fueron un grupo de chicas mayores que llevaban con orgullo sus diminutos pines “pro-vida” en sus uniformes. Le llamaron puta a sus espaldas y dijeron que sería una mala madre. Se posicionaron como las moralmente superiores que cuidaban al bebé, pero no a la madre soltera. Son los restos de una Irlanda —un Estado fascista cuasiclerical— que nos gustaría creer que pertenece al pasado, pero que aún perdura.

La semana pasada se dio a conocer la noticia de una fosa séptica llena con los restos de 796 niños y bebés en Galway. Los restos se acumularon desde los años 1925 a 1961 y una causa común de muerte fue la desnutrición y la enfermedad prevenible. El “Hogar del Buen Socorro” había alojado a miles de madres solteras y sus hijos a través de los años. Estas mujeres habían violado el honor de sus comunidades, llevando la vergüenza a sus familias a través del embarazo “ilegítimo” y por lo tanto tuvieron que ser escondidas a toda costa y castigadas por sus transgresiones. Los niños murieron mientras vivían desechados como la basura de la sociedad que la Iglesia los consideraba, a ellos y a las madres que los dieron a luz. La mayoría de los niños que sobrevivieron fueron puestos a trabajar en escuelas industriales bajo la supervisión de pervertidos y sádicos.

Miles de los niños sanos fueron vendidos en el extranjero —en su mayoría a los Estados Unidos— para “adopción”. Para los que se quedaron, el panorama era pobre. Las tasas de mortalidad del 50% o 60% eran comunes en estos “hogares”. En el caso de los que murieron, o bien la Iglesia no sintió que fueran lo suficientemente valiosos como para alimentarles y cuidarles, o trabajó activamente para procurar su muerte. El riesgo que planteaban al orden social en virtud de las circunstancias de su concepción y nacimiento era demasiado grande para dejarlo ir sin control. Estos niños ciertamente no morían por falta de dinero o recursos por parte de la Iglesia (tenían un ingreso de los niños que vendían), y cuantos menos niños de este tipo hubiera, menos amenaza habría para el control de la Iglesia sobre la sociedad.

Si la Iglesia les hubiera permitido crecer como adultos funcionales en la sociedad irlandesa, habría corrido el riesgo de demostrar que la institución del matrimonio no era absolutamente necesaria para el bienestar moral de una persona. A las mujeres no se les permitía mantener a sus hijos porque la vergüenza que su existencia traería a la comunidad sería demasiado grande. Fueron encarceladas dentro de las lavanderías de Magdalena para expiar sus pecados de honor, y sus bebés fueron apartados de ellas como parte de su castigo: las mujeres que deshonraron a la comunidad fueron consideradas incapaces de ser madres.

La Irlanda contemporánea fingió un shock cuando surgieron las historias de las lavanderías y de las instituciones residenciales. Tal vez el choque de aquellos que eran demasiado jóvenes para haber sufrido la amenaza de ser encerrados en una de esas instituciones por “mal comportamiento” era genuino, porque las instituciones comenzaron a cerrar a medida que pasaban los años. Pero la gente de cincuenta y sesenta años recordará cómo los “niños de los hogares” vinieron a veces a las escuelas, y fueron aislados de otros niños (legítimos), y luego a veces nunca volvieron. Si bien esos escolares quizá no hayan comprendido plenamente lo que sucedió, sus padres y maestros y la comunidad de adultos que los rodeaban sí lo sabían.

Irlanda en su conjunto fue cómplice en la muerte de estos niños, y en los crímenes de honor contra las mujeres. Eran los “bebés ilegítimos” nacidos de las “mujeres descarriadas” que literalmente desaparecieron de las aldeas y pueblos de Irlanda en las lavanderías de Magdalena. Todo el mundo lo sabía, pero nadie dijo nada: “El honor debe ser restaurado. Debemos mantener el buen nombre de la familia”.

Las propias mujeres cumplían un doble propósito en las lavanderías. Eran una advertencia a las demás de lo que sucedía cuando se violaba el gobierno de la Iglesia, y eran activos financieros dedicados al trabajo duro en nombre de la Iglesia. No eran trabajadoras asalariadas; no recibieron paga. No podían irse por voluntad propia, y sus familias, en su mayor parte, no venían por ellas; la vergüenza de la familia sería demasiado grande. Irlanda tenía una estructura que usaba para encarcelar a mujeres por ser seres sexuales, por ser víctimas de violación, por no ser la incubadora idolatrada pura para el patriarcado, por no tener suficiente integridad femenina, o por ser simplemente demasiado bonitas para el gusto del sacerdote local. Irlanda tiene una larga tradición de patologizar la diferencia.

La gente sabía lo que pasaba en esas instituciones. Esa amenaza se apoderó de las mujeres de Irlanda durante décadas. En raras ocasiones, cuando la gente intentaba hablar, eran silenciados, porque la restauración del honor requiere la complicidad de la comunidad. El miedo a lo que la gente piense de la familia está incrustado en la cultura irlandesa.

El concepto de honor significa diferentes cosas en diferentes culturas, pero un hilo común es que si se rompe se puede restaurar a través de castigar a quienes lo rompen. Estamos familiarizados con los conceptos hegemónicos de “homicidio por honor” y “delitos de honor” como una forma de violencia contra las mujeres en otras culturas distintas a la nuestra. Los periódicos nos dicen que no es algo que la gente hace en Occidente. Los asesinatos de honor y los crímenes de honor son perpetuamente traídos siguiendo líneas racializadas y los medios de comunicación irlandeses y británicos los presentan felizmente en el contexto de un mito de superioridad moral.

Los crímenes de honor son actos de violencia doméstica, actos de castigo llevados a cabo por otros individuos —a veces familiares, a veces autoridades— por transgresiones reales o percibidas contra el código de honor de la comunidad. Sin embargo, sólo cuando hay una mujer que lleva un hijaab o una mujer es una persona de color, o étnica, se nombra el “honor” como una motivación para el acto de violencia. Es un término que ha sido exotizado, pero no es el acto en sí mismo o la ubicación en la que ocurre, sino la motivación que hay detrás de él, lo que es importante para definirlo.

Las mujeres de color, y las mujeres musulmanas, se construyen como el “otro”; Se nos dice que estas mujeres son dadas en matrimonio a una edad temprana por padres controladores que pasan la responsabilidad de controlarlas a los maridos. La “protección” de las mujeres se mantiene a través de un rígido sistema de control de su sexualidad en un marco de honor y vergüenza. Cuando estas mujeres transgreden los límites de la feminidad aceptable son abusadas y rechazadas por su comunidad. Los castigos van desde latigazos hasta la muerte, pero incluyen golpes físicos, secuestros y prisión.

La prisión de mujeres en las lavanderías de Magdalena merece ser nombrada como un crimen de honor debido a una obsesión cultural que creía que el buen nombre de la familia descansaba en la actividad sexual (percibida) de una mujer de la que su padre o su esposo o su hermano mayor era el cuidador. Su condena a la lavandería era para restaurar el honor familiar.

Recientemente un amigo mío twiteó cuando salió el veredicto en el juicio por asesinato de Robert Corbet. Corbet fue condenado por el asesinato de Aoife Phelan, una mujer de Laois a la que había estado viendo, quien le dijo que estaba embarazada. La golpeó y la estranguló, y luego, temiendo que no estuviera realmente muerta, le puso una bolsa negra sobre la cabeza, la cerró con dos abrazaderas y la enterró en un barril en la casa familiar. Al día siguiente subió a un avión rumbo a Nueva York para reunirse con su ex novia para intentar reparar su relación. Mi amigo había seguido el caso y en twitter se refería a Robert Corbet como tratando de pasar un “fin de semana caliente” en Nueva York.

Después de esto, mi amigo recibió correo no solicitado a su cuenta de Facebook, de una persona que dice ser el primo de la ex-novia de Robert Corbet diciendo: “… ¿Cómo te atreves a decir un fin de semana caliente en Nueva York y hablar de mi prima, que es su ex novia, de esa manera. No sabes lo que pasó cuando se fue o por qué se fue y además no conoces a mi prima, así que ¿cómo te atreves a decir que fue un fin de semana caliente. ”

La razón de mencionar esto no es, sin duda, hacer nigún tipo de juicio sobre el carácter o las acciones de la ex-novia de Robert Corbet, sino poner de manifiesto las intenciones de éste después de haber matado a una mujer, así como la mentalidad de la persona que envió este correo. Ese mensaje es un síntoma de la obsesión crónica de la Irlanda rural con la vergüenza y el mantenimiento del “buen nombre” de una persona a toda costa; Un desconocido hizo un post en Internet sobre las probables intenciones de un hombre después de asesinar a una mujer, y la reacción inmediata de otra persona no es leer lo que dijo acerca del asesinato de una mujer, sino dar fe de la pureza moral de su prima. Hay algo de malo en esto.

Había algo mal en Listowel cuando un párroco hizo una semblanza de Danny Foley, un hombre condenado por agresión sexual, cuya víctima fue rechazada después en bares y tiendas. Cuando el veredicto se hizo público, cincuenta personas (en su mayoría hombres de mediana edad) formaron una cola en el juzgado para estrechar la mano de Danny Foley. Los periodistas tomaron alegremente citas de los lugareños diciendo que era una lástima, ya que éste no era su carácter; era un buen hombre, de buena familia. La víctima no importaba. El sacerdote dijo de ella: “Bueno, ella tiene un hijo ¿sabes?, y eso no se ve bien.” John B. Keane no habría parpadeado.

No estamos tan lejos de las lavanderías de Magdalena. Robert Corbet mintió inicialmente a los guardias sobre dónde había enterrado a Aoife Phelan porque él “quiso proteger el lugar de la casa de la familia.” La necesidad de mantener el apellido intacto está incrustado en Irlanda tanto que hay incluso otras mujeres felices de ser cómplices del patriarcado y beneficiarse del mismo. Están las chicas de mi escuela que llevaban sus pines “pro-vida” (una de ellas es ahora médico,   me dicen). Están las mujeres que estrecharon la mano de Danny Foley. Están las mujeres que condenan a otras mujeres por hacer cosas que las hubieran llevado a una lavandería de Magdalena unas décadas antes. Que nadie cuestione su honor.

La cultura irlandesa se ha centrado tradicionalmente en erradicar a las mujeres problemáticas y a sus hijos. Durante años las mujeres embarazadas solteras fueron castigadas y escondidas en los reformatorios. Las mujeres que necesitan abortos viajan en silencio para tenerlos en secreto en Inglaterra, o tienen aquí abortos secretos en casa. Los ministros del gobierno participan activamente en políticas que hacen más difícil la vida a una madre soltera, y hablar en contra de ello se considera inmoral y carente de valor para la comunidad. Una persona que envía correos electrónicos no solicitados a otra persona con respecto a la pureza moral de un tercero y luego tuitea públicamente en relación a ello demuestra su propio valor para la comunidad al posicionar la importancia del papel de la mujer en la moral pública por encima del asesinato de una mujer individual; una mujer que fue enterrada en un barril para proteger la casa de la familia.

Se nos dice que guardemos silencio y no hablemos de estas cosas. En Irlanda, la diferencia y nombrar la diferencia está patologizados. Incluso aquellos que se supone que son los buenos no están exentos del efecto cultural de esto. A las mujeres, cuando son abusadas en el activismo o en internet, se les dice que no tomen represalias. Nos llaman “tóxicas y hostiles” por tener la audacia de nombrar el abuso misógino en donde lo vemos. Tenemos amenazas de muerte por hablar sobre el aborto. Pero se nos dice que “seamos amables” a toda costa. Cuando hay personas que abusan en internet de las víctimas de violencia doméstica, se nos dice que dejemos a sus abusadores solos. Las mujeres nunca deben parecer enojadas. Debemos ser amables con los que abusan de nosotras. Debemos ser siempre agradables no importa el coste que suponga para nosotras; no debemos traer vergüenza sobre la comunidad.

Esto no está tan lejos de la mentalidad que encerró a las mujeres en los reformatorios y arrojó a los niños en fosas sépticas para ser olvidados. Eso dependió absolutamente de la complicidad de toda la sociedad. No podría haber existido sin la colaboración de toda la comunidad; los maestros; los sacerdotes; las monjas; la gente que dirigía a los enterradores; los concejales locales; las personas que llevaban la ropa a las monjas; tal vez tu abuela que te arropó por la noche al ir a dormir.

Nos dicen que era un momento diferente y que las cosas son diferentes ahora.

La Defensa de la Juventud todavía vende sus pines por internet. Joan Burton continúa su cruzada para pintar a madres solteras como perezosas y sin valor. Los periódicos nacionales imprimirán libremente los artículos de opinión que las denigran. 796 niños muertos recibirán un monumento conmemorativo, pero nadie será responsable de sus muertes. A los que piden responsabilidades se les dirá que sean amables. Las órdenes religiosas que los pusieron en una fosa séptica seguirán incuestionables. Aquellos que encerraron a las mujeres en las lavanderías de Magdalena seguirán trabajando por las “mujeres descarriadas”. A las mujeres se les negará el control sobre sus propios cuerpos. Morirán por falta de atención médica.

Debe ser así. Hacer lo contrario, traería vergüenza sobre la familia. Pero cuando miramos hacia otro lado y permitimos que siga respirando la mentira de que vivimos en una democracia progresista moderna, permitimos que nuestro autoritario pasado católico continúe proyectando su sombra.

MARCHA DE MUJERES SOBRE WASHINGTON: Visión guía y definición de principios

http://bit.ly/2jgAc3N

marcha

DESCRIPCIÓN GENERAL Y FINALIDAD

La Marcha de Mujeres sobre Washington es un movimiento liderado por mujeres que reúne a personas de todos los géneros, edades, razas, culturas, afiliaciones políticas y antecedentes en la capital de nuestra nación el 21 de enero de 2017 para afirmar nuestra humanidad compartida y pronunciar nuestro valiente mensaje de resistencia y autodeterminación.

Reconociendo que las mujeres tienen identidades que se cruzan y por lo tanto son impactadas por una multitud de temas de justicia social y derechos humanos, hemos esbozado una visión representativa de un gobierno que se base en los principios de libertad y justicia para todos. Como dijo el Dr. King, “No podemos caminar solos. Y mientras caminamos, debemos hacer el compromiso de que siempre marcharemos adelante. No podemos volver atrás.

Nuestra liberación está unida entre nosotras. La Marcha de Mujeres sobre Washington incluye líderes de organizaciones y comunidades que han estado construyendo las bases para el progreso social por generaciones. Damos la bienvenida a la vibrante colaboración y honramos el legado de los movimientos que nos han precedido —las sufragistas y abolicionistas, el Movimiento por los Derechos Civiles, el Movimiento Feminista, el Movimiento Indígena Americano, Ocupar Wall Street, Igualdad Matrimonial, Black Lives Matter y otros—empleando una estructura descentralizada con un liderazgo completo, y centrándonos en una agenda ambiciosa, fundamental y global.

#WHYWEMWEMARCH

Estamos legitimados por las legiones de líderes revolucionarios que allanaron el camino para marchar y reconocemos a aquellos alrededor del mundo que luchan por nuestras libertades. Honramos a estas mujeres y muchas más. Son #WHYWEMARCH.

Bella Abzug • Corazon Aquino • Ella Baker • Grace Lee Boggs

Berta Cáceres • Rachel Carson • Shirley Chisholm

Angela Davis • Griffin Gracy • LaDonna Harris

Dorothy I. Height • bell hooks • Dolores Huerta • Marsha P. Johnson

Barbara Jordan • Yuri Kochiyama • Winona LaDuke

Audre Lorde • Wilma Mankiller • Diane Nash • Sylvia Rivera

Barbara Smith • Gloria Steinem • Hannah G. Solomon

Harriet Tubman • Edith Windsor • Malala Yousafzai

VALORES Y PRINCIPIOS

  • Creemos que los Derechos de la Mujer son Derechos Humanos y Derechos Humanos son Derechos de la Mujer. Este es el principio básico y original del cual surgen todos nuestros valores.
  • Creemos que Justicia de Género es Justicia Racial es Justicia Económica. Debemos crear una sociedad en la que las mujeres, en particular las mujeres, en particular las negras, las nativas, las pobres, las inmigrantes, las musulmanas y las mujeres queer y trans, sean libres y puedan cuidar a sus familias, cualquiera que sea su forma, en ambientes seguros y saludables libres de impedimentos estructurales.
  • Las mujeres merecen vivir una vida plena y saludable, libre de violencia contra nuestros cuerpos. Una de cada tres mujeres ha sido víctima de alguna forma de violencia física por parte de una pareja íntima durante su vida; y una de cada cinco mujeres ha sido violada. Además, cada año, miles de mujeres y niñas, en particular las negras, las indígenas y las mujeres y niñas transgénero, son secuestradas, traficadas o asesinadas. Honramos la vida de aquellas mujeres que fueron llevadas antes de tiempo y afirmamos que trabajamos por un día en que se eliminan todas las formas de violencia contra las mujeres.
  • Creemos en la rendición de cuentas y en la justicia por la brutalidad policial y la eliminación del perfil racial y la selección de comunidades de color. Las mujeres de color son asesinadas en custodia policial a tasas más altas que las mujeres blancas y son más propensas a ser agredidas sexualmente por la policía. También pedimos el fin inmediato de armar a la policía con armas de grado militar y tácticas militares que están causando estragos en las comunidades de color. Ninguna mujer o madre debe tener que temer que sus seres queridos sean dañados a manos de quienes armamos para que los protejan.
  • Creemos que es nuestro imperativo moral desmantelar las desigualdades de género y raciales dentro del sistema de justicia penal. La tasa de encarcelamiento ha crecido más rápido para las mujeres que para los hombres, aumentando en un 700% desde 1980 y la mayoría de las mujeres en prisión tienen un hijo menor de 18 años. Las mujeres encarceladas también enfrentan una alta tasa de violencia y agresión sexual. Nos comprometemos a garantizar el acceso a una programación que tenga en cuenta las cuestiones de género y una atención sanitaria específica, incluido el tratamiento del abuso de sustancias, y los servicios de salud mental y materna para las mujeres encarceladas. Creemos en la promesa de justicia restaurativa y alternativas al encarcelamiento. También estamos comprometidos a interrumpir el oleoducto de la escuela a la prisión que prioriza el encarcelamiento sobre la educación al canalizar sistemáticamente a nuestros niños —particularmente a los niños de color, los jóvenes queer y trans, los niños de crianza temporal y las niñas— al sistema de justicia.
  • Creemos en la Libertad Reproductiva. No aceptamos retrocesos, cortes o restricciones federales, estatales o locales sobre nuestra capacidad de acceder a servicios de salud reproductiva de calidad, control de la natalidad, atención y prevención del VIH / SIDA, o educación sobre sexualidad adecuada médicamente. Esto significa acceso abierto a un aborto seguro, legal y asequible y control de la natalidad para todas las personas, independientemente de sus ingresos, ubicación o educación. Entendemos que sólo podemos tener justicia reproductiva cuando la atención de la salud reproductiva sea accesible a todas las personas independientemente de su ingreso, ubicación o educación.
  • Creemos en la Justicia de Género. Debemos tener el poder de controlar nuestros cuerpos y estar libres de las normas, expectativas y estereotipos de género. Debemos liberarnos a nosotras mismas y a nuestra sociedad de la institución de otorgar poder, agencia y recursos desproporcionadamente a la masculinidad, con exclusión de otros.
  • Declaramos firmemente que los Derechos de LGBTQIA son Derechos Humanos y que nuestra obligación es elevar, expandir y proteger los derechos de nuestros hermanos y hermanas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros o de género no conforme. Esto incluye el acceso a servicios de salud integral, sin excepciones ni limitaciones; acceso a cambios de nombre y género en los documentos de identidad; completa protección contra la discriminación; acceso a la educación, empleo, vivienda y prestaciones sociales; y el fin de la violencia policial y estatal.
  • Creemos en una economía impulsada por la transparencia, la rendición de cuentas, la seguridad y la equidad. Creemos que la creación de oportunidades de trabajo que reduzcan la discriminación contra las mujeres y las madres permite que las economías prosperen. Las naciones y las industrias que apoyan e invierten en el cuidado y las protecciones básicas del lugar de trabajo —incluyendo beneficios como el permiso familiar pagado, acceso asequible a cuidado de niños, días de enfermedad, asistencia sanitaria, pago justo, tiempo de vacaciones y ambientes de trabajo saludables— han mostrado crecimiento y mayor capacidad.
  • Creemos en la igualdad de remuneración por el mismo trabajo y el derecho de todas las mujeres a ser pagadas equitativamente. Debemos poner fin a la discriminación de pago y contratación que las mujeres, particularmente las madres, las mujeres de color, las lesbianas, las queer y las mujeres trans siguen enfrentando cada día en nuestra nación. Muchas madres siempre han trabajado y en nuestra fuerza de trabajo moderna; y las mujeres son ahora el 50% de todos los que llevan el pan a la familia. Estamos porque el 82% de las mujeres que se convierten en madres, en particular las madres de color, sean pagadas, juzgadas y tratadas de manera justa. La igualdad de remuneración por un trabajo igual sacará a las familias de la pobreza y aumentará la economía de nuestra nación.
  • Reconocemos que las mujeres de color tienen la carga más pesada en el panorama económico global y doméstico, particularmente en la economía del cuidado. Afirmamos además que todo el trabajo de cuidado —cuidar a los ancianos, cuidar a los enfermos crónicos, cuidar a los niños y apoyar la independencia de las personas con discapacidad— es trabajo y que la carga de la atención recae desproporcionadamente sobre los hombros de las mujeres, en particular mujeres de color. Defendemos los derechos, la dignidad y el trato justo de todas las cuidadoras no remuneradas y pagadas. Debemos reparar y reemplazar las disparidades sistémicas que permean el cuidado en todos los niveles de la sociedad.
  • Creemos que todas las trabajadoras —incluidas las trabajadoras domésticas y las trabajadoras agrícolas— deben tener el derecho de organizarse y luchar por un salario mínimo vital, y que los sindicatos y otras asociaciones sindicales son fundamentales para una economía sana y próspera para todos. Las trabajadoras indocumentadas y migrantes deben ser incluidas en nuestras protecciones laborales, y nos solidarizamos con los movimientos de derechos de las trabajadoras sexuales.
  • Creemos que los Derechos Civiles son nuestro derecho de nacimiento. Nuestro gobierno constitucional establece un marco para proveer y expandir los derechos y las libertades, no restringirlas. Para ello, debemos proteger y restituir todos los derechos consagrados por la Constitución a todos nuestros ciudadanos, incluidos los derechos de voto, la libertad de adorar sin temor a intimidación o hostigamiento, la libertad de expresión y la protección de todos los ciudadanos sin distinción de raza, sexo o edad o discapacidad.
  • Creemos que es hora de una enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. La mayoría de los estadounidenses creen que la Constitución garantiza la igualdad de derechos, pero no es así. La 14 ª Enmienda ha sido socavada por los tribunales y no puede garantizar la equidad real sobre la base de la raza y / o el sexo. Y en una verdadera democracia, el voto de cada ciudadano debe contar igualmente. Todos los estadounidenses merecen garantías de igualdad en la Constitución que no pueden ser eliminadas o ignoradas, reconociendo la realidad de que las desigualdades se cruzan, se interconectan y se superponen.
  • Enraizados en la promesa de la llamada de América a las masas anhelantes de respirar libremente, creemos en los derechos de inmigrantes y refugiados sin importar su estatus o país de origen. Es nuestro deber moral mantener a las familias unidas y capacitar a todos los aspirantes a estadounidenses a participar plenamente en, y contribuir a, nuestra economía y la sociedad. Rechazamos la deportación en masa, la detención familiar, las violaciones del debido proceso y la violencia contra migrantes queer y trans. La reforma migratoria debe establecer un camino a la ciudadanía, y proveer oportunidades iguales y protecciones de trabajo para todos. Reconocemos que el llamado a la acción para amar a nuestro prójimo no se limita a los Estados Unidos, porque hay una crisis migratoria global. Creemos que la migración es un derecho humano y que ningún ser humano es ilegal.
  • Creemos que cada persona y cada comunidad en nuestra nación tiene el derecho a agua limpia, aire limpio y acceso y disfrute de las tierras públicas. Creemos que nuestro medio ambiente y nuestro clima deben ser protegidos y que nuestras tierras y recursos naturales no pueden ser explotados para ganancia o avaricia corporativas , especialmente si se pone en riesgo de la seguridad y salud pública.

ACERCA DE ESTE DOCUMENTO

La visión orientadora y la definición de principios fueron preparadas por un amplio y diverso grupo de líderes. La Marcha de la Mujer sobre Washington agradece a todos las contribuyentes, que figuran y no figuran, por su dedicación en la elaboración de esta agenda.

Monifa Bandele, Vicepresidenta, MomsRising

Zahra Billoo, Consejo de Relaciones Islámicas Estadounidenses – Área de la Bahía de San Francisco

Gaylynn Burroughs, Directora de Política e Investigación, Fundación de la Mayoría Feminista

Melanie L. Campbell, Coordinadora, Mesa Redonda de Mujeres Negras, Presidente y CEO de NCBCP

Sung Yeon Choimorrow, Directora Ejecutiva Interina, Foro Nacional de Mujeres de Asia y el Pacífico

Alida Garcia, Defensora de Derechos y Diversidad de los Inmigrantes

Alicia Garza, Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos

Carol Jenkins, Junta de Directores, Coalición ERA

Dr. Avis Jones-DeWeever, Presidente Incite Unlimited, LLC

Carol Janet Mock, activista y autora de Redefinir la realidad y sobrepasar la certeza

Jessica Neuwirth, Presidenta de la Coalición ERA

Terry O’Neill, Presidenta de la Organización Nacional para la Mujer (NOW)

Carmen Perez, Directora de Proyecto de Trabajo para Familias Trabajadoras, Valores Familiares @ Directora Ejecutiva, Reunión para la Justicia

Jody Rabhan, Directora de Operaciones de Washington, Coordinadora Nacional de Mujeres Judías

Kelley Robinson, Directora Nacional Organizadora de la Federación de Planificación de la Familia

Kristin Rowe-Finkbeiner, Directora Ejecutiva y Fundadora, MomsRising

Linda Sarsour, Fundadora , MPower Change

Heidi L. Sieck, Co-Fundadora / CEO, #VOTEPROCHOICE

Emily Tisch Sussman, Directora de Campaña, Centro de Progreso Americano

Jennifer Tucker, Asesora Principal de Política, Mesa Redonda de Mujeres Negras

Winnie Wong, Activista, Organizadora y Cofundadora, People for Bernie

Georgina Orellano, prostituta y feminista argentina: “El feminismo prohibicionista nos victimiza y criminaliza”

 

Daniel Hopenhayn 03 Enero, 2017

http://www.theclinic.cl/2017/01/03/georgina-orellano-prostituta-y-feminista-argentina-el-feminismo-prohibicionista-nos-victimiza-y-criminaliza/

 

Se define como “puta, feminista, peronista y anticapitalista”. Hace once años ejerce el trabajo sexual en Buenos Aires y desde 2014 lidera AMMAR, Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, que cuenta con 6500 afiliadas y una creciente visibilidad en su país. Reclaman al Estado que reconozca lo suyo como un trabajo para poder salir de la clandestinidad, evitar los abusos policiales, acceder a derechos laborales y enfrentar el estigma cultural. Y aunque enmarcan su discurso en un feminismo militante, el enemigo que les ha salido al paso no usa sotana ni corbata. Se trata del “feminismo abolicionista”, con el cual sostienen una lucha de poder de alto voltaje que a diario saca chispas en seminarios de género, redes sociales y hasta en el Congreso. Georgina (30) y sus compañeras las acusan de patriarcales y moralistas, de querer pensar por ellas y “salvarlas” mientras impulsan leyes que las reprimen y cosifican. Aquí desmenuza las contradicciones de esas “feministas de escritorio” a las que esperan arrebatar el dominio de las políticas públicas que incumben a su sector.

 georgina-orellano

 

AMMAR ha acuñado el eslogan “Puta y Feminista”. ¿Cómo se llevan hoy la prostitución y el feminismo?
–Mirá, hubo todo un proceso por el cual las trabajadoras sexuales hemos pasado a ver con buenos ojos el feminismo. Al principio, cuando comenzamos a pedir la palabra en espacios donde está muy tensa la discusión sobre prostitución, nosotras contábamos los problemas que nos genera trabajar en la clandestinidad y presentábamos nuestra reivindicación principal: que el Estado reconozca el trabajo sexual y nos dé un marco legal, con acceso a derechos laborales básicos. Pero al plantear esto nos veíamos enfrentadas al feminismo abolicionista, que hoy ocupa muchísimos lugares de poder en las instituciones del Estado que ven políticas de género. Ese abolicionismo ya tiene poder en la toma de decisiones, incluida la decisión de que la prostitución no pueda ser considerada un trabajo, y de arrojarnos encima el derecho penal, apelando al sistema punitivista para combatir la trata de personas sin importar que esa política nos termine criminalizando a nosotras. Entonces, cuando veíamos ese feminismo, la verdad es que sentíamos que eran nuestras enemigas. Esa fue la primera impresión que tuvimos, decíamos “si eso es el feminismo, nosotras no somos feministas”. Porque además, en las discusiones usaban argumentos súper violentos.

¿Por qué violentos?
–Porque no sólo traían el discurso teórico abolicionista, sino que descreían de nuestros testimonios. Cuando contábamos por qué habíamos elegido el trabajo sexual frente a otros trabajos por los cuales hemos pasado, se producía una fuerte discusión en la que nuestros testimonios todo el tiempo eran deslegitimados. Eso nos llevaba a comparar a ese feminismo con el aparato represivo de las fuerzas de seguridad, que también deslegitiman nuestros testimonios y así nos cobran una coima para dejarnos trabajar. Ellas hacían un poco eso: querer “policiar” el cuerpo de las demás y decirnos qué deberíamos hacer o no hacer. Y todo el tiempo hablándonos de un mundo ideal, nunca hablaban de la realidad. Yo comparto que una tiene que luchar por esa utopía de vivir en una sociedad justa, libre e igualitaria, pero creo que esa transformación pasa por darle derechos a las minorías para que no sean aplastadas por las mayorías dominantes. Y no veíamos que esa fuera la propuesta de ese feminismo.

Es que el sentido común de cierto feminismo ve en la prostitución la esencia misma del patriarcado y de la explotación de la mujer. ¿Qué respondes tú a eso?
–Yo creo que el propio feminismo abolicionista es un poco patriarcal, aunque con cara de mujer. Porque todo el tiempo nos quiere aleccionar desde un lugar superior, cómodo y muchas veces privilegiado. Sin siquiera antes sentarse a escuchar lo que la otra compañera tiene para decir, o lo que el otro sujeto político que está organizado tiene para contar de su propia experiencia. En el país hay un montón de mercados laborales en los que se explota, cosifica y mercantiliza a la mujer –también al hombre–, y muchos no eligieron libremente esos trabajos, sino coaccionados por la necesidad económica. Entonces, ¿por qué poner el foco en abolir la prostitución? En una sociedad donde las mujeres ganamos menos que los hombres, accedemos menos a lugares de poder y las de sectores populares sólo podemos realizar trabajos domésticos o manuales mal pagados, el trabajo sexual a nosotras nos remunera más y es más liberador, porque trabajamos menos horas y con mucha más autonomía. Por eso lo elegimos. Pero el feminismo abolicionista todo el tiempo está pensando por nosotras, con argumentos hasta un poco morales.

¿Crees que se enfocan en la prostitución por moralismo?
–Sí, es una cuestión moral. El empleo doméstico, por ejemplo, también es ejercido por mujeres que vienen de los sectores populares. Sin embargo, la política del Estado argentino no fue abolir ese trabajo, sino reglamentarlo y mejorar sus condiciones, reconocer derechos como las vacaciones, los días por enfermedad, la jubilación. Ahí las abolicionistas no pusieron ningún tipo de objeción, todas estuvieron a favor. Pero esas mujeres, que también están a favor de despenalizar el aborto porque cada mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, son las mismas que se oponen rotundamente a que las trabajadoras sexuales tengamos acceso a derechos.

Quieres decir que, para ellas, todas las mujeres son dueñas de su cuerpo mientras no sean putas.
–Exactamente, sí, mientras no cobren por sexo. Y creo que ese quiebre en su discurso se explica por cuestiones morales, por tabúes socioculturales todavía muy arraigados respecto del rol de la mujer en la sexualidad.

¿Cómo así?
–Históricamente la sexualidad fue un campo de batalla donde la mujer tenía que ceder. El que podía disfrutar y desear era el hombre. Y que algunas mujeres decidan ofrecer servicio sexual a cambio de una remuneración económica, desafía esos patrones al proponer que cada mujer decide qué hace con su sexualidad y qué provecho le saca. En cambio, pretender que haya una única sexualidad femenina, pura y legítima, me parece es partir de un discurso moralista que hace una división entre las mujeres buenas y las malas, entre un sexo puro y un sexo indigno.

Tienes una frase muy citada: “Mientras creamos que la concha es sagrada difícilmente combatiremos al patriarcado”.
–Sí. Lo que sostengo es que la fuerte oposición a que seamos reconocidas como trabajadoras proviene de la parte del cuerpo con la cual trabajamos. Nadie está cuestionando por qué un albañil decide poner en riesgo su integridad física y su salud, ni que el sistema capitalista se quede con la ganancia que su fuerza de trabajo produce. No hay tensión ahí. Toda la tensión aparece cuando nosotras decimos que ponerle un precio a tu sexualidad puede ser una salida laboral que te genere muchísima más independencia que otros trabajos destinados a la mujer. Ahí nos dicen “no, no se puede comercializar el sexo”. ¿Y por qué sí las manos, las piernas, la espalda? Porque se piensa que esa parte del cuerpo de la mujer es sagrada. Por eso no se le puede poner un precio. Y creo que pensar que la sacralidad de la mujer y su dignidad solamente están en su sexualidad, es seguir obedeciendo un poco al patriarcado.

Quizás ellas te contestarían que es al revés: si bien otros empleos también explotan el cuerpo, la cosificación sexual de la mujer es, en la guerra contra el patriarcado, la madre de las batallas.
–Pero hay un montón de otros trabajos en los cuales la mujer termina explotando su capital erótico. Acá en Argentina, la mayoría de los puestos laborales que una puede agarrar en los avisos clasificados te piden buena presencia y no pasar de los 35 años. La moza explota su capital erótico, las promotoras, las secretarias, las modelos, las vedettes… Y si ellas deciden hacer eso conscientemente, porque saben que así pueden ganar muchísimo más, hay que respetar la decisión de esa mujer. Cuando nosotras empezamos a formarnos un poco más en el feminismo, vimos que el abolicionismo teórico te dice que la prostitución es producto de la desigualdad de género. Pero las políticas que ellas impulsan no parten de romper con esa brecha. Acá en nuestro país se pensaron trabajos para sacarnos de la prostitución, pero eran talleres para ser peluqueras, para que hagamos carteras, toallones, bisutería… ¿Esos son los trabajos que tenemos que hacer para dejar de ser funcionales al patriarcado?

Lo que objetan algunas teóricas del feminismo es que la mujer que explota sus atributos físicos perjudica a todas las que no los tienen, porque perpetúa la figura de la mujer objeto que vale por eso.
–Sí, pero yo creo que la mujer tiene que valer por el valor que ella se pone. Algunas explotan su valor erótico, otras su valor intelectual, y lo que eso viene a reflejar es que todas somos diferentes. Si pretendemos un mundo con un solo tipo de mujer socialmente aceptado, vamos por un camino claramente incorrecto. Hay un montón de mujeres y cada una potencia su cuerpo y su placer a su manera, vende su capital erótico y sus otras capacidades a su manera. Creo que todas tienen que ser respetadas y legitimadas.

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Entre feministas jóvenes, un tema de mucho debate ha sido el reggaetón. Unas acusan a otras de obedecer al deseo masculino que las denigra o las reduce.
–Mirá, la mujer sigue obedeciendo a un montón de presiones socioculturales: mantenerse joven, ser madre, asumir ella la educación y la crianza de sus hijos, mantener todo el sistema de la limpieza y la responsabilidad de la casa. Esos puntos habría que tratar, antes que caerles a las mujeres que bailan reggaetón o les gusta perrear. Me parece que a veces el movimiento feminista se desvía en querer castigar a otras mujeres, haciendo esta división entre las buenas y las malas que recae sobre nosotras porque, supuestamente, cobramos por algo que no tiene precio. En cambio, nosotras decimos que hay un montón de situaciones en que la mujer le pone un precio a sus relaciones. El matrimonio es una de ellas, y no vemos que estén pidiendo abolir la institución matrimonial, dentro de la cual son violentadas y abusadas muchísimas más mujeres que en el trabajo sexual. En Argentina cada 36 horas muere una mujer asesinada dentro de sus entornos familiares. Y sin embargo la política de ellas no es abolir la institución matrimonial.

A propósito de eso, leí que tú antes les cobrabas más a las mujeres, por ser un servicio menos habitual, pero después decidiste hacer lo contrario.
–Sí, porque entendí que al cobrar más a las mujeres seguía fomentando esa desigualdad: que a la mujer siempre le va a costar más disfrutar su sexualidad. Y eso fue darme cuenta de un montón de cosas. Por ejemplo, de por qué la mayoría de clientes que tenemos son varones. No es porque nosotras estemos haciendo funcionar el patriarcado, sino porque el varón está mucho más legitimado para disfrutar su sexualidad. Muchas mujeres me dicen, o me escriben, que a ellas les encantaría pagar un servicio sexual, pero la culpa se los impide, se sienten haciendo algo malo al pensar sólo en su propio disfrute. Y hay más clientes varones por otra razón: en muchas familias, la mujer no gana su propio dinero. En los últimos años comenzó toda una avanzada para que la mujer salga de la casa y se inserte en el trabajo, pero va a llevar un tiempo bastante largo invertir esa cuestión y que las mujeres también se animen a pagar.

POLICÍAS Y PSICÓLOGAS

Para buena parte de la sociedad, ayudar a las prostitutas significa ofrecerles “un trabajo digno”. ¿Qué tan difícil ha sido instalar una voz que dice “nosotras queremos hacer esto”?
–Muy difícil, sobre todo por una razón: durante siglos se ha hablado y se ha escrito sobre la prostitución, pero las que tomaron la voz nunca fueron las prostitutas. Nosotras estamos organizadas hace 21 años y fue toda una lucha no sólo ser reconocidas como un sujeto político válido, sino ser escuchadas en las mismas mesas donde se discutían políticas públicas para nuestro sector. Se habían sentado ONGs, movimientos de mujeres, gente de la academia, pero a nosotras nunca nos convocaron. Tuvimos que partir por algo tan básico como conquistar una voz en nuestros espacios. Cuando los docentes o los metalúrgicos piden mejorar sus condiciones, el Estado se sienta a negociar con ellos, no con otra gente que viene a pensar por ellos. Y eso refleja lo que venimos hablando: esa actitud maternalista por parte de algunas, cercana al patriarcado, de decidir por nosotras como una especie de salvadoras, creyendo que somos mujeres no pensantes…

Sino explotadas…
–Claro, tomarnos por víctimas: lo que decimos no es legítimo porque no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Es súper violento tener que escuchar esos argumentos. Es tratarnos como mujeres incapaces, infantilizar nuestras voces. Y me parece que eso, aunque provenga de un sector que se reconoce como feminista, es una actitud claramente machista.

Y que, según reclaman ustedes, favorece al principal enemigo que tienen, la policía.
–Sí. Porque el abolicionismo te dice “no perseguimos a las mujeres”, pero una vez que institucionalizan sus posiciones, despliegan un montón de legislaciones que les entregan muchísimo más poder a las fuerzas policiales para que hostiguen a nuestras compañeras, las coimeen, las violenten, realicen detenciones arbitrarias, les allanen los departamentos, les roben el dinero y sus pertenencias, en fin.

En 2012 se modificó en Argentina la ley que penaliza la trata de personas, y ahora ustedes no pueden decir que sus servicios sexuales son consentidos. Lo que digan al respecto vale cero, ¿no?
–Exactamente. La ley anterior, del año 2008, diferenciaba trata de personas de explotación laboral y de trabajo sexual autónomo. Y la modificación que sufrimos en 2012 fue producto de un juicio muy emblemático que hubo en el país, por el caso de Marita Verón, una joven tucumana que todavía no ha sido encontrada. Los tres imputados quedaron sobreseídos y eso generó un clamor social que se tomó las calles. Entonces, un poco para apaciguar ese reclamo, un 18 de diciembre la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner llamó a sesiones extraordinarias para modificar la ley sobre trata de personas. Esa ley ya se venía trabajando en el Congreso, donde nosotras ya habíamos planteado que eliminar el consentimiento de la mujer nos sería muy perjudicial. Y como no había acuerdo sobre ese punto, siempre quedaba encajonado. Pero bueno, ahí en sesiones extraordinarias se aprobó. Y la consecuencia es que hoy, para el Estado, todo es trata de personas. Muchos diputados y diputadas, a los cuales les hicimos ver que se estaba legislando sin la maduración en el debate político que merecía ese proyecto, hoy reconocen que no sabían las consecuencias de lo que estaban votando.

¿Cuáles han sido esas consecuencias?
–Bueno, a partir de esa ley se cerraron la mayoría de los lugares donde nuestras compañeras ejercían el trabajo puertas adentro, en sus domicilios particulares o en departamentos que compartían con otras compañeras.

¿Por qué?
–Porque muchos fueron allanados sin orden judicial, que es otro de los poderes que se otorgó a la policía. Y nadie es veedor de lo que la policía hace. Allanan sin orden judicial, les roban a nuestras compañeras el dinero recaudado y sus objetos de valor. Y en muchos casos, no sólo se clausuró el lugar y ellas quedaron en la calle, sino que también alguna quedó procesada como la supuesta regentora del lugar, la que explotaba a las otras.

¿Con qué pruebas?
–Simplemente por haber sido la que abrió la puerta en el allanamiento, la consideraban dueña del lugar. O en otros casos, por ser la más veterana, la justicia entendía “bueno, vos sos la mayor, vos explotás a las otras”. Nos encontramos con situaciones de muchísimo abuso y muchísima arbitrariedad. En la mayoría de los casos fuimos litigando, aunque muchas compañeras desistían de seguir con el proceso judicial, que acá es muy largo. Pero bueno, una de ellas llegó hasta el final y marcó el precedente de demostrar a la justicia que ella era trabajadora sexual autónoma y que era perseguida por los agentes del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los operadores judiciales. Y una jueza obligó al gobierno de la Ciudad a que deje de perseguirla, que deje de allanarle su vivienda que es también su lugar de trabajo. Y que si el gobierno quiere ser el ente regulador de la prostitución, debe primero regularla como lo que es. Ese primer fallo demostró, justamente, que las políticas antitrata no diferenciaban entre trata y trabajo sexual, que se llevaban puesto todo. Criminalizaron el trabajo sexual y empujaron a una cantidad de compañeras a terminar trabajando en la clandestinidad.

Las precarizaron al máximo.
–Así es. La que antes tenía un departamentito y lo compartía con una compañera, ahora se quedó en la calle y tiene un perfil de Facebook. Ahí se contacta con los clientes y directamente pasa al encuentro en la casa del cliente o en un hotel, pero no tiene un lugar físico. Y eso también dificultó a la organización con el alcance hacia nuestras compañeras. Antes podíamos visitarlas en el departamento, hablar con ellas, ver cómo ejercían su trabajo. Hoy por hoy, muchas de ellas no sabemos dónde están.

Aparte de estas prerrogativas que tiene ahora la policía, entiendo que la ley también creó unas brigadas de psicólogas que se llaman “rescatistas”.
–Sí, la Oficina Nacional de Víctimas de Trata. Son un grupo de psicólogas y trabajadoras sociales que ingresan en el allanamiento para, en teoría, asistir a las víctimas. Por lo que nos han contado la mayoría de nuestras compañeras que pasaron por la entrevista con la psicóloga, son preguntas inquisidoras todo el tiempo. Y son ellas las que elaboran el informe que llega al juez o al fiscal, y ese informe desestima totalmente que la decisión de las mujeres de ejercer la prostitución sea voluntaria. Siempre ven que está coaccionada, que no elige por sí misma sino víctima de una situación de vulnerabilidad. Y mientras la psicóloga las entrevista, ellas ven cómo los policías y los operadores judiciales se están llevando su dinero, sus celulares, y nadie les responde. Y también, muchas veces, cuando su lugar quedó clausurado, ellas le decían a la psicóloga que no tenían dónde más ir, que por favor las dejaran quedarse ahí, y ellas les dijeron “no, te venís conmigo al refugio o te quedás en la calle”. Nosotras decimos que ellas son las policías de la moral. Las compañeras pueden negarse a hacer la entrevista, pero ellas nunca les dicen que existe esa posibilidad, directamente las sientan y les comienzan a hacer esas preguntas que les imponen la figura de la víctima. Y después hablamos de cosificación, ¿no?

Algunos pensarán, cuando lean esta entrevista, que al negar la condición de víctima generalizas una situación tuya que para otras sí puede ser más dramática. ¿Qué les contestarías?
–Primero, que si ha habido un “discurso único” alrededor de las trabajadoras sexuales, ha sido el discurso victimizante que reduce nuestra capacidad de decisión. Y si decidimos salir a hablar es, en parte, justamente para mostrar que no todo en el mercado sexual es igual, que hay otras historias posibles, de mujeres que decidimos hacer trabajo sexual como un proyecto laboral emancipatorio. Todas las voces deben escucharse, pero hasta acá, las voces desacreditadas han sido las nuestras. Y siempre remarco que nunca presentaría mi historia como representativa de todo un colectivo. Cada una tiene su historia, su recorrido. Lo que nos une a todas son las consecuencias de trabajar en la clandestinidad y la lucha por mejorar nuestras condiciones laborales y acceder a derechos.

LA BATALLA CULTURAL

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En algún discurso decías que la gran batalla cultural, para ustedes, es ser aceptadas por sus propias familias. Y que algunas le tienen más miedo a que sus familias sepan en qué trabajan que a irse presas.
–Sí. El principal problema nuestro no es lo que la gente piensa: la violencia de nuestros clientes, o haber tenido que hacer esto como la única opción y vivirlo con mucho drama. Nosotras decimos “no, mirá, yo no tengo problemas con mis clientes ni me siento víctima por hacer esto”. El gran problema nuestro es el estigma. Todos esos prejuicios de personas que juzgan, que señalan, que discriminan, se convierten en el estigma de ser puta, de hacer un trabajo que unos denigran y otros victimizan. Se convierten en vivir muchos años de manera clandestina, mintiéndoles a las propias familias, creando un montón de barreras de ocultamiento: tener dos teléfonos, salir vestida de tu casa con una ropa y después ponerte una minifalda o un pantalón ajustado y unos zapatos en la casa de alguna amiga para poder pararte en la esquina, esconder el dinero, vivir con el temor de que algún conocido te vea en la calle y le vaya a contar a tu familia. Y el miedo a que tu propia familia, tu propio entorno te excluya, no te acepte. Porque nuestra familia también es parte de esa sociedad, ¿no?

¿Y han logrado torcerle la mano a eso, abrir el tema y que la familia apoye?
–Mirá, en el último tiempo sí. También eso se debe a que hubo muchas compañeras que hicieron camino al andar, y nos demostraron que no hay nada más liberador que poder contarle a tu alrededor verdaderamente quién sos, a qué te dedicás, y dejar de vivir todo eso con la culpa. Sacarte esa mochila súper pesada que llevás sobre la espalda porque te creés lo que la sociedad deposita sobre nosotras. Contar tu historia y que tu familia, tus hijos, tus amigos, te acepten… eso no se compara con nada. Yo lo viví en carne propia. Y también lo veo cuando mis compañeras vienen y me cuentan que se lo contaron a su novio, a sus amigas, que se lo pudieron contar a su madre, a sus hijos, y lo cuentan tan emocionadas… Porque es eso, ¿no? Es sacarnos lo que durante mucho tiempo llevábamos a escondidas, como salir del clóset.

Además, me imagino que el comentario “qué va a pensar tu hijo cuando sepa” debe ser la zona más sensible de ese estigma.
–Bueno, y si hay un actor que trabaja arduamente para potenciar ese estigma, es el abolicionismo. Porque justamente su argumento es: “si tanto defendés el trabajo sexual, ¿se lo recomendarías a tu hijo?”. Como diciéndome que si yo soy puta, quiero que mi hija sea puta, y después vengo por las sobrinas y las nietas. O decir sobre nosotras “son sólo diez, y además andan con caretas”. Y no entendés que esa mujer tiene que usar una careta porque hay discursos como el tuyo que predominan en un montón de espacios, y que recaen de tal manera sobre la vida de esa mujer que, en vez de poder contar quién es y mostrar la cara, tiene que taparse. Porque ahí está el abolicionismo diciendo todo el tiempo que nosotras no elegimos esto, que estamos mintiendo… Y ya eso de meter a nuestros hijos en el medio de un debate demuestra una actitud muy controladora, ¿no? Se supone que si vos sos feminista y querés destruir el patriarcado, no vas a defender la carga moral que se le puso durante siglos a la maternidad. Pero nos dicen “ustedes son madres que no piensan en sus hijos”.

Para sus hijos, al mismo tiempo, también debe ser todo un tema cargar con ese discurso social: “tu mamá es tal cosa”.
–Claro, ese es uno de los temores que tenemos, por lo menos las que somos mamás y jefas de hogar. Una cosa es que tus hijos sepan que sos trabajadora sexual y te acepten, y otra cosa es cómo nuestros hijos van a poder defenderse en sus ámbitos –la escuela, el club de amigos– y generar herramientas para deconstruir prejuicios. Para mí, la raíz de todo lo que recae sobre la trabajadora sexual tiene que ver con lo moral, con los prejuicios sexuales y también sociales que hay. Y después, con el enorme desconocimiento de personas que dan cosas por hecho sin siquiera ponerse a pensar.

Tu movimiento ha tenido llegada en algunos sectores del feminismo, pero la pelea con las abolicionistas ha subido mucho de tono. Ustedes denuncian que ellas les boicotean las cuentas de Facebook, convocan a quemar sus volantes publicitarios y cosas por el estilo. ¿Qué explica tanta tensión?
–El problema del sector abolicionista es que ha conquistado un montón de políticas públicas –no sólo la ley nacional sino muchas ordenanzas municipales y decretos presidenciales, como la prohibición de los avisos clasificados en los diarios– pero ya no sabe cómo mantener lo conquistado. Porque desde el otro lado se alzan cada vez más voces de mujeres que, además de reconocerse como trabajadoras sexuales, cuentan las consecuencias de las políticas que ellas han impulsado desde un feminismo de línea prohibicionista que nos victimiza y criminaliza. Y creo que al no saber cómo enfrentar la avanzada de las trabajadoras, apelan, desde la bronca, desde la impotencia, a esas acciones, como denunciar las cuentas de Facebook para que no podamos visibilizar más lo que venimos haciendo. O decir que las dirigentes de la organización no somos trabajadoras sexuales, sino que tenemos todo un discurso armado que está financiado por el proxenetismo internacional…

¿Les dicen eso?
–Nos dicen eso. A mí me dicen que no soy trabajadora sexual y que fui formada por el proxenetismo internacional. Pero todos esos argumentos reflejan, justamente, la situación incómoda en que están ellas con su discurso de la mujer víctima que no eligió y que ellas están salvando. Ahora esas mujeres están diciendo “yo no soy víctima y no quiero que nadie me salve, sino que el Estado me reconozca mi trabajo y mis derechos”. Entonces hay, por un lado, trabajadoras hablando en primera persona, y por el otro, algunas feministas institucionalizadas hablando detrás del escritorio, donde no hay nadie que pueda respaldar ese discurso.

Tú dices que están más preocupadas de construirse a sí mismas como activistas.
–Sí, y por eso están siempre preocupadas de lo que genera la organización. Porque en todos los espacios donde ellas van a hablar, hablan de nosotras. Hablan de nuestras actividades, hablan del “Puta y Feminista”, que según ellas es una movida que generamos para atraer a chicas desde una mirada más cool. Muchas veces vienen periodistas y nos preguntan “mirá, fui a una charla y dijeron que ustedes eran proxenetas, que son un invento…”. Ante su situación incómoda, lo único que surge es desacreditar a una organización social que, como todas, pasa por procesos de maduración, de debates internos, de pensar estrategias para incidir políticamente y comunicacionalmente… Y ahora que, para peor, tenemos un gobierno de derecha, ha quedado a la vista que ellas dejaron ahí un montón de dispositivos judiciales para quienes quieran perseguir a la mujer que ejerce el trabajo sexual.

Vi un cartel que decía “Te lo decimos las putas: Macri no es hijo nuestro”.
–Sí, Macri y tantos otros.

Un doble reclamo: no le digan “hijo de puta” que nos ofende.
–Claro. Durante mucho tiempo nosotras nos corríamos de la palabra puta. No queríamos ni que nos fuera mencionada. Decíamos “no, nosotras somos trabajadoras y queremos que la sociedad nos comience a respetar como clase obrera”. Pero también vimos que al dejar que la palabra puta se siga usando para estigmatizar a las mujeres y sus cuerpos, le regalamos cosas al patriarcado. Esta fue toda una discusión interna que tuvimos. Y decidimos que no queremos regalar más nada, que durante muchos años le habíamos regalado casi todo a muchísima gente que se ha aprovechado del estigma nuestro, y de nuestra clandestinidad, para hablar por nosotras, para escribir libros por nosotras y hablar desde la academia por nosotras. Y que la puja de la organización sindical también recuperar esos espacios que ganó la mirada prohibicionista. Así que resolvimos reapropiarnos colectivamente de la palabra puta para quitarle el estigma y que algún día deje de ser un insulto a la mujer. Porque incluso para insultar al hombre se sigue insultando a la mujer que hay detrás del hombre. Y la raíz de eso es que hay un colectivo de trabajadoras sexuales, de putas, que está estigmatizado. Entonces, el día que nos reconozcan como trabajadoras, y el día en que demos entre todos y todas una gran batalla cultural, seguramente la palabra puta no tendrá el tinte peyorativo y discriminatorio que hoy tiene.

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Si nunca te han llamado puta

 

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¿Que eres feminista, dices?

 

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Conoce a Ángela Villón, la primera prostituta candidata al Congreso en Perú

Viernes, 22 de enero de 2016

Por EFE.

http://informe21.com/politica/conoce-a-angela-villon-la-primera-prostituta-candidata-al-congreso-en-peru

 

Villón, de 51 años, ha ejercido la prostitución desde los 16 y fue elegida esta semana en las primarias del partido de izquierdas Frente Amplio para ir en la lista al Congreso por Lima en las elecciones generales del 10 de abril.

 

 Ángela Villón (imagen: EFE)

                                                   Ángela Villón
                                                    (imagen: EFE)

 
Lima, Perú.- Ni “oportunista”, ni “improvisada”, la prostituta y activista por los derechos de la mujer, Ángela Villón, quiere llegar al Congreso de Perú porque el Estado “ha ignorado a las minorías por años y ya nos hemos cansado”, dijo hoy en una entrevista con Efe.

 
Su primera incursión en el asociacionismo fue en 2002 cuando se interesó en crear una agrupación para defender los derechos de las trabajadores sexuales y la idea se materializó en 2004, con la organización “Miluska, vida y dignidad”, que fue pionera en el país y que recibió este nombre como homenaje a una compañera que fue asesinada por un cliente en 1998.

 
En la actualidad, Villón preside el movimiento de trabajadoras sexuales en Perú y en 2009, después de celebrar su primer congreso, se plantearon cuestiones políticas, así como la recuperación de la autoestima, “porque hemos sido violadas, humilladas y esto afecta a nuestra personalidad”.

 
“Desde que nacemos, a las mujeres nos inyectan la culpa y la vergüenza y esas cuestiones de género no nos dejan desarrollarnos en una sociedad tan machista y tradicional como la peruana”, lamenta.

 
En sus planes como congresista, Villón propondrá un “tratamiento de fondo” donde se tengan en cuenta “políticas públicas en educación combatiendo el sexismo, el machismo y la misoginia en las primeras etapas y evaluar dentro de 30 años cómo hemos evolucionado como país”.

 
Se define como “una puta decente” que hará de este órgano representativo un lugar “respetable” porque en el Congreso “se han prostituido los ideales, la ética, la moral y se ha negociado la esperanza del pueblo”.

 
Insiste, sobre todo, en que sus bases buscan hacer “un trabajo digno” en el que se “humanicen” las autoridades porque “indistintamente de nuestro trabajo somos personas”.

 
Villón dice que “nos deshumaniza” no reconocer derechos a personas de diferente identidad sexual o de género, no reconocer el aborto en casos de violación y no cuidar los derechos de las trabajadoras sexuales.

 
“Tenemos una influencia muy grande de la iglesia católica que no está respetando que vivimos en un estado laico y dentro del Congreso hay autoridades muy conservadoras que no nos dejan avanzar en cuestiones de derechos humanos”, subraya.

 
Para la candidata es “difícil” calcular cuántas personas ejercen la prostitución en Perú porque no existe un censo pero su percepción a nivel nacional es que el 90 % lo hace de manera autónoma y no niega que existan la explotación y la trata.

 
Denuncia el “discurso victimizante” sobre la prostitución porque asegura que las trabajadoras ven este trabajo como su modo de vida.
“Como todo el mundo, necesitamos trabajar y esta es la profesión que hemos elegido”, explica.

 
Por otra parte, critica la labor del ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) porque “lo único que nos facilita es una revisión periódica más no una salud integral”.

 
También reprocha a las autoridades policiales porque “son cómplices”, ya que las “amedrentan” y “el 99 por ciento” de las intervenciones que se hacen en su centro de trabajo y en otros es para “robar, violar y hacernos escarmentar”.

 
En Perú es legal ejercer la prostitución, pero no está permitido el proxenetismo.

 
Villón asegura que si llega al Congreso no solo se preocupará por las condiciones de las trabajadoras sexuales, sino también está interesada en “las políticas contra la violencia machista, en definitiva, la solidaridad de género”. EFE

Día internacional por los derechos de las trabajadoras sexuales

3 de marzo de 2013, por Maggie McNeill
https://maggiemcneill.wordpress.com/2013/03/03/international-sex-worker-rights-day/

Los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos y nunca puede haber demasiadas voces reclamándolos, ni demasiadas ocasiones en las que hacerlo.
– Maggie McNeill

Tres veces al año hay días señalados para que la comunidad de trabajadoras sexuales haga un esfuerzo concertado para llamar la atención del público sobre la sistemática denegación de nuestros derechos por parte de los gobiernos, implementada por una policía a menudo brutal y apoyada por prohibicionistas que quieren ver nuestro comercio erradicado sin tener en cuenta cuántas de nosotras resultemos dañadas o incluso asesinadas durante el proceso. Aunque muchos de ellos niegan esto e insisten en que realmente quieren “ayudarnos”, las tácticas que han escogido (y que incluyen el acoso, la infantilización, la patologización, el empobrecimiento, el secuestro, el confinamiento, la deportación y el lavado de cerebro, por mencionar solo unas pocas) revelan la verdad a cualquiera cuyo pensamiento no esté ofuscado por el dogma. Así, incluso aunque activistas como yo misma llamen día a día la atención sobre esta marginación y maltrato, es bueno tener varias ocasiones anuales en las que nuestras voces unificadas puedan sonar al unísono para perforar la niebla de la ignorancia, la desinformación y el desinterés. Estas ocasiones son: el Día por el fin de la violencia contra las trabajadoras sexuales (17 de diciembre, aniversario de la sentencia en 2003 del asesino de Green River); el Día de las putas (2 de junio, aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon); y hoy, el Día por los derechos de las trabajadoras sexuales (aniversario de un festival en Calcuta en 2001 al que asistieron más de 25.000 trabajadoras sexuales indias a pesar de los esfuerzos de los grupos prohibicionistas que intentaron impedirlo presionando al gobierno para que revocara su permiso). El símbolo de los derechos de las trabajadoras sexuales usado en todos estos días (y en la protesta de las trabajadoras sexuales, en general), la sombrilla roja, se originó en otro acto de protesta en 2001, esta vez en Venecia (Italia); fue adoptado como el emblema oficial del movimiento de derechos de las trabajadoras sexuales por el Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa  (ICRSE) en 2005.

Además de todos estos días, yo he añadido el mío; cada viernes 13 pido a todos mis lectores que no son trabajadoras sexuales que hablen a favor de nosotras, para mostrar a los prohibicionistas y a los que se burlan de nosotras que tenemos muchos aliados fuera de nuestro propio movimiento. Ahora bien, soy bien consciente de que esto es a menudo difícil; muchos que sienten realmente que el trabajo sexual debería ser despenalizado y las trabajadoras sexuales liberadas de la persecución, tienen miedo sin embargo de hablar porque tienen miedo a ser estigmatizadas como prostitutas (si son mujeres) o como clientes (si son hombres). Varios lectores que han comprado o vendido sexo me han pedido que sugiera argumentos a favor de la despenalización que no traicionen su interés personal, y el último viernes 13 he hecho algunas sugerencias; ya que me lo han vuelto a pedir otra vez últimamente, me gustaría aprovechar esta oportunidad para repetir algunas sugerencias.

 
Si en tu actividad política estás en general orientado hacia la defensa de los derechos civiles, lo tienes fácil; todo lo que tienes que hacer es argumentar a favor de la despenalización desde una perspectiva de “la gente tiene el derecho a hacer lo que quiera con su propio cuerpo”. Como he señalado en el pasado, cada decisión judicial que defiende el derecho al aborto defiende también el derecho al sexo en las condiciones que cada una quiera, incluso si hay dinero por medio (el aborto no es gratis, al fin y al cabo); lo mismo pasa con las decisiones judiciales que derogan las leyes contra la sodomía… Y, obviamente, los argumentos a favor de la despenalización de las drogas también se aplican a la prostitución. Si eres ateo o escéptico, también lo tienes fácil; además de los anteriores argumentos, puedes hacer afirmaciones tales como “las leyes contra la prostitución están basadas en la religión y la xenofobia, no en hechos” y “la histeria hacia la trata sexual es un pánico moral, como el pánico satánico y el peligro rojo”.

 
La perspectiva de reducción del daño es también buena, y es el enfoque preferido generalmente por los activistas que tienen un trasfondo de defensa de los derechos humanos o una fuerte afiliación religiosa (incluyendo a algunos miembros del clero católico): la prostitución ha estado siempre entre nosotros y no podemos eliminarla con leyes, de la misma forma que la “guerra contra las drogas” no ha conseguido eliminarlas. Todo lo que la guerra contra las drogas ha conseguido es someter a gente inocente a una invasión de su privacidad y hacer a los consumidores de drogas vulnerables a drogas adulteradas, por no mencionar a aquellos atrapados en la violencia relacionada con las drogas; de la misma forma, las leyes antiprostitución no ayudan a nadie y fuerzan a las prostitutas a pasar a la clandestinidad, donde pueden ser maltratadas y explotadas. Más aún, muchos gobiernos (incluídos los de Nueva Zelanda, Nueva Gales del Sur y Brasil) han reconocido que la prostitución ilegal lleva invariablemente a la corrupción policial, exactamente igual que hizo la prohibición del alcohol y hace todavía la prohibición de las drogas.

Finalmente, está el enfoque feminista: ¿por qué tiene la sociedad el derecho a decir a las mujeres que no se pueden ganar la vida con sus atributos sexuales naturales cuando permite hacerlo a los hombres con el boxeo, el trabajo de guardaespaldas, etc.? Más aún, las leyes contra la prostitución invariablemente someten el vestido y los gestos de las mujeres al escrutinio policial; las mujeres son acusadas de prostitución por vestir de forma sexy, actuar de forma sexy, llevar condones en los bolsos, estar en ciertas zonas, no llevar ropa interior, etc. Esto es avergonzar a las mujeres llamándolas putas con consecuencias penales.

Aunque las mujeres han sufrido tradicionalmente el embate de los abusos wood-splitting-wedge de los derechos civiles resultantes de las leyes contra la prostitución, esto ha cambiado en los últimos años; la retórica de “terminar con la demanda” ha tenido como resultado que los hombres sean perseguidos con tanta intensidad como las mujeres (aunque no con más intensidad, a pesar de lo que dicen quienes apoyan tales campañas). Más aún, las leyes antiprostitución (especialmente cuando son renombradas como “lucha contra la trata sexual”) son usadas como pretexto para detenciones en masa de tanto hombres como mujeres, confiscación de sus propiedades, recogida y conservación de su DNA y vigilancia intrusiva. Esta es la razón por la que deberías preocuparte por los derechos de las trabajadoras sexuales incluso si tú no lo eres, no conoces a ninguna y no tienes intención de contratar nunca a ninguna: las leyes que oprimen a los grupos minoritarios marginados son sólo la fina punta de una cuña que va clavándose invariablemente más y más profunda, golpe a golpe, hasta que es detenida a la fuerza.

El vínculo entre el debate sobre la prostitución y el debate sobre el aborto

 

¿Cuál es la diferencia entre ambos?

Por Choice Joyce

6 de enero de 2007

http://choice-joyce.blogspot.com.es/2007/01/linking-prostitution-and-abortion.html

1) La prostitucion siempre es violencia contra las mujeres. Es físicamente peligrosa, las convierte en víctimas, les roba su sexualidad y las inflige un daño psicológico duradero. Las mujeres nunca eligen realmente ejercer la prostitución: se ven forzadas a ello por los hombres, la pobreza, la desesperación, etc. Debemos dar a las mujeres mejores opciones aboliendo la prostitución y ayudándolas a salir de ella.

2) El aborto siempre es violencia contra las mujeres. Es físicamente peligroso, las convierte en víctimas, les roba su función maternal, y las inflige un daño psicológico duradero. Las mujeres nunca eligen realmente el aborto: se ven forzadas a ello por los hombres, la pobreza, la desesperación, etc. Debemos dar a las mujeres mejores opciones prohibiendo el aborto y ayudándolas a mantener a sus criaturas.

Desde luego, ninguna analogía es perfecta: esa es la naturaleza de las analogías. Por ejemplo, el argumento antiabortista mencionado es de hecho un sofisma que los “provida” usan para enmascarar su defensa del feto, y la postura “abolicionista de la prostitución” puede ser un poco simplista. El denominador común, sin embargo, es el tema de la elección: los abolicionistas no reconocen la autonomía de la elección de las mujeres en el trabajo sexual, exactamente igual que los antiabortistas no se la reconocen en el aborto. O, cuando lo hacen, etiquetan a la mujer como lujuriosa e inmoral o, en último término, como “una mujer descarriada”, que es como sospecho que algunos abolicionistas ven a una prostituta por libre elección.

Algunos podrían objetar que una analogía mejor sería la que relacionara la prostitución forzada con el aborto forzado. Pero la circunstancia del forzamiento solo permite la analogía en el caso de las mujeres forzadas a practicar la prostitución (o forzadas a abandonarla) y en el de aquellas forzadas a abortar o a parir. La cuestión real es que las mujeres no deberían ser forzadas a nada: deben tener libertad de elección. Esto incluye decidir entre tener un hijo o abortar y entre vender servicios sexuales o hacer algún otro tipo de trabajo.

Por supuesto que no son gente distinta los que hacen unas y otras argumentaciones. Las feministas abolicionistas están alineadas políticamente con los cristianos conservadores en el tema de la prostitución. (Ver este artículo, por ejemplo: “Por qué el comercio de la fe está interesado en el comercio del sexo”). Ambas argumentaciones perpetúan la doble moral sexual para las mujeres, y ambas niegan la libertad de las mujeres y su autonomía sexual. Existe incluso un grupo de “Feministas por la vida” que emplea la mayor parte de su tiempo a echar a los hombres la culpa del aborto, de la misma forma que las abolicionistas echan a los hombres la culpa de la prostitución.

El elemento común entre el debate sobre el aborto y el debate sobre la prostitución, así como también entre el debate sobre los derechos de los homosexuales, es la sexualidad. Muchas personas sienten una intensa necesidad de controlar la sexualidad de los demás, en particular cuando no está confinada al sagrado lecho conyugal y a la procreación. Cualquier cosa fuera de esto es “sexo ilícito”. El aborto se ve como una prueba de sexo ilícito, la prostitución ES sexo ilícito y el sexo homosexual es… bueno, una abominación. Si los homosexuales han conseguido cierto respeto y tolerancia en nuestro sociedad, es probablemente porque son hombres y, para empezar, para ellos el sexo ocasional es más aceptable socialmente (hay menos lesbianas que hombres homosexuales y las lesbianas están, sin duda, más marginadas). Las prostitutas y las mujeres que abortan, por otra parte, violan el orden natural de las cosas porque no están teniendo sexo para tener hijos, que es el propósito redentor de las mujeres en la vida, según los de derechas. En consecuencia, tanto unas como otras son estigmatizadas y avergonzadas.

Esto pone de relieve el vínculo crítico entre la anticoncepción y el aborto legal y la necesaria desestigmatización del trabajo sexual (y de la promiscuidad femenina, en general). Una de las razones más obvias por la que los hombres compran sexo es porque no hay bastantes mujeres que quieran tener sexo sin compromisos. Pero la anticoncepción y el aborto legal dan a las mujeres auténtica libertad sexual por primera vez en la historia; esto es, la libertad de tener sexo por diversión sin consecuencias. ¿Por qué no hay más mujeres aprovechándose de esta libertad? Dejemos de practicar la doble moral: es una forma de represión social antifeminista y antihumanista que yace en la raíz tanto de la postura abolicionista de la prostitución como de la postura antiabortista.

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Choice Joycees una activista política a favor del derecho al aborto y de los derechos de las mujeres.

Ha escrito numerosos artículos y ensayos sobre aborto, feminismo, trabajo sexual, evolución y ateísmo. La mayor parte de ellos están en su sitio web.

Como escritora técnica profesional, ha escrito más de 150 manuales y otras publicaciones para la industria y los negocios.

 

#enmicoñomandoyo

 

El hombre que creó a las Femen: una nueva película saca a la luz a Victor Svyatski como el autor intelectual del grupo protesta y sus acciones sorpresa a pechos descubiertos

GEOFFREY MACNAB   Martes 3 de septiembre de 2013

http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/films/news/the-man-who-made-femen-new-film-outs-victor-svyatski-as-the-mastermind-behind-the-protest-group-and-its-breastbaring-stunts-8797042.html

Ucrania

 

Es el grupo feminista ucraniano que puso nervioso al Presidente Putin. Sus activistas han realizado muchas protestas contra la represión sexual y política desnudándose de cintura para arriba en acciones sorpresa cuidadosamente coreografiadas ante los medios.

“Nuestra misión es protestar, nuestras armas son los pechos desnudos”, reza su eslogan. Ahora, un nuevo documental proyectado en el Festival de Cine de Venecia ha revelado que las Femen han sido fundadas y son controladas por un hombre.

Ucrania no es un burdel, dirigida por la cineasta australiana de 28 años de edad Kitty Green, ha “sacado a la luz” a Victor Svyatski como la mente dirigente que está tras el grupo. El Sr. Svyatski es conocido como “asesor” del movimiento. Según la página web de las Femen, fue duramente golpeado por los servicios secretos de Ucrania a comienzos del verano a causa de sus actividades en el grupo.

Sin embargo, la Sra. Green revela que Svyatski no es tan sólo un colaborador de Femen, sino que es su fundador y su eminencia gris. “Es su movimiento y es él el que selecciona a las chicas. Seleccionó a las chicas más bonitas porque son las que venden más periódicos. Las chicas más bonitas salen en primera página… eso se convirtió en su imagen, esa fue la forma como vendió la marca”, dice.

Hoy, varias de las primeras integrantes de las Femen —entre ellas su activista más conocida, Inna Shevchenko— son esperadas en Venecia para el estreno del documental de la Sra. Green. En los últimos días, varias de ellas han viajado al extranjero para escapar de la persecución en su patria, denunciando que han sido “acosadas sistemáticamente, duramente golpeadas, raptadas y amenazadas repetidamente° por las autoridades, mientras que en junio dos francesas y una alemana fueron encarceladas a raíz de una protesta en topless en Túnez.

Hasta ahora, no se había sabido hasta dónde llegaba la influencia del Sr. Svyatski. La película dice que fue él el que envió a las activistas de Femen a Bielorrusia, en una de sus misiones más terribles, donde fueron (según se testimonia en la película) detenidas por los agentes del servicio secreto, desnudadas, humilladas y abandonadas en un bosque cerca de la frontera con Ucrania.

La Sra. Green las acompañó durante su viaje. Dijo a The Independent que su rodaje fue robado por la KGB y que fue secuestrada, “incomunicada durante unas ocho horas”, y luego deportada a Lituania.

En el documental, la Sra. Green alaba la capacidad organizativa y el carisma del Sr. Svyatski, pero cuestiona su influencia sobre el grupo.

“Puede ser realmente horrible, pero es ferozmente inteligente”, dijo del Sr. Svyatski, que es entrevistado ante la cámara en su película. La Sra. Green vivió durante un año en un pequeño apartamento en Kiev con cuatro de las integrantes de Femen y filmó sus acciones. “El trato era que yo filmaría sus protestas y ellas subirían las grabaciones a su página web”, dijo.

Sólo poco a poco se dio cuenta de que era el Sr. Svyatski el que movía los hilos tras bambalinas. “Hasta que no llegué al círculo interior no pude conocerle. Él es Femen”.

Al comienzo, el Sr. Svyatski se negó a que la Sra. Green le filmara, pero ella estaba decidida a que él saliera en la película. “Para mí era una importante cuestión moral, porque me di cuenta de cómo funcionaba esta organización. Él era totalmente horrible con las chicas. Las gritaba y las llamaba putas”.

Cuando el fundador de Femen habló finalmente con la Sra. Green, intentó justificar su papel dentro de la organización y reconoció la paradoja de ser un “patriarca” que dirigía un grupo protesta feminista. “Estas chicas son débiles”, dice en la película.

“No tienen fuerza de carácter. Ni siquiera tienen el deseo de ser fuertes. Por el contrario, demuestran sumisión, ñoñería, impuntualidad y muchos otros factores que las impiden convertirse en activistas políticas. Era esencial enseñarles estas cualidades.

El Sr. Svyatski insiste a la Sra. Green en que su influencia en el grupo es positiva. Sin embargo, cuando es directamente preguntado si creó las Femen “para conseguir chicas”, replica: “Quizá sí, en alguna parte de mi subconsciente profundo”.

Una de las activistas de Femen dice de la relación entre las mujeres y el fundador del movimiento que es similar al “síndrome de Estocolmo”, en el que los rehenes sienten simpatía por sus captores.

“Somos psicológicamente dependientes de él, y aunque sabemos y comprendemos que nosotras deberíamos hacer esto sin su ayuda, hay una dependencia psicológica”, dice.