Una fanática en el poder: Las 10 frases definitivas de Carmen Calvo contra la prostitución

 

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Javier Lizon Agencia EFE

 

  • La vicepresidenta compara el lenocinio con el asesinato y el narcotráfico y propone castigar a los clientes de una infamia “que protege el patriarcado”.

 

Por Claudia Marqués  @claudiamarlor

10 de julio de 2018

https://www.elespanol.com/espana/20180710/frases-carmen-calvo-prostitucion-junta-pago-prostibulo/321468249_0.html

 

La ministra de Igualdad y vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, es muy crítica con la prostitución, y ha manifestado que el objetivo del PSOE es “ilegalizarla”. Desde hace un mes, cuando Pedro Sánchez accedió a la Moncloa, Calvo ha insistido en ese discurso.

 

La vicepresidenta y ministra de Igualdad tiene frases muy duras contra la prostitución, actividad que llega a comparar con el asesinato o el narcotráfico. Hemos seleccionado 10. 

  1. “Los prostíbulos son Guantánamos de cercanía”.
  1. “La prostitución no es el oficio más antiguo del mundo, sino la esclavitud más antigua y grande de la historia”.
  1. “No me vale que me digan que existe desde el principio de los tiempos, porque lo mismo ocurre con el asesinato, y no por ello alguien pide que se deje de castigar”.
  1. “La prostitución es el tercer negocio ilegal del planeta. No le vamos a llamar profesión, como tampoco se lo llamamos al narcotráfico“.
  1. “Que cada hombre que diga que la prostitución es una profesión que hay que regular, que apunte a su hija a una academia”.
  1. “La prostitución es una gran esclavitud con cifras inaceptables en España”.
  1. “La prostitución no es una actividad digna ni una profesión”.
  1. “En nuestro cuerpo sigue habiendo una batalla campal que la consiente el patriarcado”.
  1. “Trabajo para que la prostitución desaparezca. Hay que penalizar, castigar yperseguir a los llamados clientes“.
  1. Banalizamos la sexualidad como si fuese ocioy no una energía preciosa de la que disponemos para relacionarnos, ser felices y reproducirnos”.

Carmen Calvo se enorgullece de que el PSOE es el “único partido abolicionista” en relación a la prostitución. En la jornada “La cultura de la igualdad” organizada en el Senado en mayo de este año, cuando todavía era secretaria de Igualdad del PSOE, dijo que era “muy importante” empezar a tomar decisiones “legales y contundentes” para castigar a los proxenetas y a los hombres que van a la prostitución.

Los socialistas madrileños, por ejemplo, propusieron hace dos meses una ordenanza contra la prostitución y la explotación sexual que preveía unas sanciones para los clientes que oscilaban entre los 500 y los 3.000 euros.

 

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Una olvidada guerra contra las mujeres – Estados Unidos

 

 

El libro de Scott W. Stern documenta un programa de décadas destinado a encarcelar a mujeres “promiscuas”.

Por KIM KELLY

22 de mayo de 2018

https://newrepublic.com/article/148493/forgotten-war-women?utm_source=social&utm_medium=facebook&utm_campaign=sharebtn

 

En 1917, mientras la Primera Guerra Mundial azotaba el Atlántico, los funcionarios del gobierno estadounidense lanzaron un programa destinado a proteger a los reclutas recién llegados del ejército de contraer infecciones de transmisión sexual. Se asumió en ese punto que las trabajadoras sexuales y otras mujeres “promiscuas” eran las principales portadoras de ITS, y que la única manera de mantener a las tropas estadounidenses a salvo de los flagelos gemelos de la gonorrea y la sífilis era limitar su contacto potencial con estas mujeres . Con este fin, la policía y los agentes de salud obtuvieron el poder de detener y realizar rudos exámenes físicos a cualquier persona (aunque las personas que detuvieron fueron casi siempre mujeres) de la que “sospecharan razonablemente” de podía portar una ITS. A los funcionarios federales, estatales y locales se les dio rienda suelta para hacer cumplir las leyes estatales y nacionales aprobadas a raíz del programa, la principal de las cuales fue la Ley Chamberlain-Kahn de 1918.

Como Scott Wasserman Stern detalla en su nuevo libro Los juicios de Nina McCall: Sexo, vigilancia y el plan de décadas del gobierno para encarcelar a las mujeres “promiscuas”, si se descubría que una mujer estaba enferma, la enviaban a un “hospital de detención” (o a la cárcel) hasta que fuera considerada curada o” reformada “. Algunas de las mujeres que resultaron negativas a la enfermedad fueron encarceladas de todos modos, porque su supuesta promiscuidad se consideró una amenaza para la higiene moral de los soldados. Un número desproporcionado de detenidas fueron mujeres de color y mujeres de clase trabajadora; las mujeres negras a menudo se mantuvieron segregadas de las mujeres blancas y encarceladas en instalaciones insalubres, y, junto con otras mujeres de color, fueron objeto de violencia racista además de víctimas de agresiones sexuales. Algunas fueron esterilizadas contra su voluntad, o sin su conocimiento.

Las trabajadoras sexuales eran los principales objetivos, pero también lo era cualquier mujer considerada “sospechosa”, lo que en aquel momento podía significar cualquier cosa, desde ser vista en compañía de un soldado hasta comer sola en un restaurante. A medida que el programa arraigó más firmemente dentro del sistema legal, con agentes encubiertos de la ASHA (American Social Hygiene Association) actuando como sus ejecutores, se hizo evidente una cruda realidad: cualquier mujer, en cualquier momento, podría ser legalmente detenida, agredida sexualmente y llevada a la cárcel sin juicio, sin abogado, y sin idea de cuándo sería liberada. Aquéllas que fueron encarcelados en hospitales de detención fueron sometidas a exámenes médicos involuntarios, condiciones de vida inhumanas y tratamientos para la gonorrea y la sífilis. Lamentablemente, en aquel momento, la “cura” más común para estas enfermedades era un régimen estricto de dosis continuadas de mercurio y arsénico, sustancias químicas tóxicas que envenenaron los cuerpos de estas mujeres sin hacer absolutamente nada para curar sus enfermedades.

En 1918, 1.121 personas en Michigan fueron “hospitalizadas a expensas del Estado” porque las autoridades creían que tenían ITS. 49 eran hombres; 1.072 eran mujeres, y una de ellas era una mujer blanca empobrecida de 19 años llamada Nina McCall. Fue detenida, examinada a la fuerza por un oficial de salud local llamado Dr. Carney, que la consideró infectada con gonorrea y luego sífilis, inyectada hasta arriba de arsénico y encarcelada en el destartalado Hospital de Detención de Bay City durante tres meses. Como tantas otras, ella encontró el coraje para defenderse. Pero en lugar de organizar un motín en la prisión o incendiar los “reformatorios”, como hicieron algunas de sus hermanas encarceladas, Nina hizo algo quizás aún más audaz para una mujer de clase trabajadora de su tiempo. Ella llevó a sus torturadores ante los tribunales.

En The Trials of Nina McCall, Stern sitúa las pruebas de Nina en el momento de la génesis de este programa, y lo sigue desde los primeros días de la Primera Guerra Mundial hasta el progresismo de la posguerra, su revigorización al estallar la Segunda Guerra Mundial y durante toda la era de los derechos civiles. ya que estas leyes siguieron siendo aplicadas en algunos localidades hasta bien entrada la década de 1970. En última instancia, se convirtió en una de las cuarentenas masivas a mayor escala y de más larga duración en la historia de los Estados Unidos, aunque permanece olvidada hasta un extremo sorprendente. Fue llamado “el Plan Americano” (que es, confusamente, también el nombre de un plan que los empleadores formularon en la década de 1930 para explotar el “Primer Susto Rojo”, considerando que los sindicatos eran “antiamericanos”).

Hay sobrevivientes de la violencia sexual patrocinada por el Estado con este Plan que siguen vivas hoy en día, y varias formas de estas leyes originales permanecen en los libros en múltiples Estados, y nunca han sido completamente derogadas. La historia de Nina McCall podría haber permanecido enterrada si Stern se hubiera saltado la clase el día de 2011 en que uno de sus profesores en Yale dijo sin rodeos que “incluso había en este país campos de concentración para prostitutas”. Esa frase resonó en la mente de Stern, y decidió averiguar más. El resultado final es un trabajo meticulosamente investigado y absolutamente condenatorio que establece qué medidas tomó el gobierno de los Estados Unidos para controlar la sexualidad y la autonomía de las mujeres, y cuán perfectamente felices estaban con él los funcionarios locales y la policía.

En su apogeo, el Plan encontró partidarios no solo entre los conservadores, sino también entre una serie de luminarias liberales, desde la Primera Dama Eleanor Roosevelt y John D. Rockefeller Jr. (quien financió el programa durante décadas) hasta el gobernador de California Pat Brown, un demócrata recordado con cariño que se curtió persiguiendo a la “reina del aborto” de San Francisco Inez Burns. Ellos y otros partidarios del Plan adoptaron una postura pseudo-progresista, enfatizando sobre la importancia de la educación sexual, los servicios comunitarios y la transparencia sobre las ITS; se veían a sí mismos como protectores de las jóvenes en situación de riesgo, y elogiaban la destrucción de los distritos rojos mientras guardaban silencio sobre la difícil situación de las mujeres encarceladas en todo el país. Muchos de los miembros de la comunidad médica que se opusieron lo hicieron únicamente porque rechazaron la idea de asociar el cuidado de la salud con el gobierno federal; para ellos, el Plan apestaba a socialismo.

Hubo mujeres, como la sufragista radical Edith Houghton Hooker y la activista Katharine Bushnell, que hicieron campaña contra el Plan, abogando por su abolición sobre la base de su sexismo y de su gran injusticia. Encontraron que sus esfuerzos eran contrarrestados por los reformistas que estaban de acuerdo con la idea de encerrar a las trabajadoras sexuales y las “chicas malas”, pero que querían asegurarse de que ninguna inocente fuera detenida por error. Incluso la ACLU elogió el Plan, cambiando sólo su tono en 1944 después de que un director de la ACLU del norte de California llamado Ernest Besig se opusiera a la política de San Francisco de detener a todas las mujeres sospechosas durante 72 horas mientras eran examinadas.

El caso de Nina McCall no fue particularmente especial, e incluso su lucha por obtener justicia no fue del todo desconocida. Nina destacó ante Stern, tanto por su gran audacia como porque los archivos del Estado de Michigan guardaban registros detallados de su caso. En 1921, pleiteó contra aquellos que la habían perjudicado hasta llegar a la Corte Suprema de Michigan y ganó. El tribunal decidió que Carney se había equivocado al tratarla, porque no tenía motivos razonables para sospechar que había sido infectada; pero si los hubiera tenido, sus acciones habrían sido perfectamente aceptables. Su victoria resultó agridulce: la sentencia —conocido como Rock v. Carney— pasó a proporcionar la justificación de décadas de más abusos. La ASHA lo usó para reforzar el derecho “del funcionario de salud a poner en cuarentena a las personas que padecen la enfermedad venérea en un estado infeccioso que constituye una amenaza para la salud pública”.

Después de que Nina se desvaneciera de la vista pública, su reputación se restableció, se casó con un joven llamado Norman, se instaló en Saginaw (Michigan), y trató de seguir con sus cosas. En 1949, ella y Norman se mudaron a Bay City, el lugar de su encarcelamiento y tortura; no hay registros que iluminen sus sentimientos sobre el asunto, pero allí se quedaron, hasta que enfermó con un tumor cerebral y se mudó a un hogar de ancianos en 1957. Sus tres hijos habían muerto todos jóvenes; finalmente, a la edad de 56 años, ella también falleció.

Después de sufrir décadas de confusión política y cambios en el sentimiento público, el Plan Americano finalmente perdió impulso en su forma más pública. La evolución de las actitudes hacia el sexo, las enfermedades venéreas y los derechos de las mujeres marcaron una especie de toque de difuntos para esta cruel redada y varios casos de renombre —incluida la escritora feminista Andrea Dworkin, que fue detenida a los 18 años cuando participaba en una manifestación contra la guerra frente al edificio de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York— ayudaron a acelerar su retirada. Después de ser desnudada y examinada a la fuerza por dos médicos varones, sangró durante días después. Por la misma época, las activistas de derechos civiles en Birmingham temían ser sometidas a los mismos tipos de exámenes a manos de la policía, y las Panteras Negras en Sacramento corrían el riesgo de ser forzadas a “exámenes V.D.” como parte de una campaña de acoso policial.

Al igual que Nina, Dworkin contraatacó y atrajo considerable atención de los medios, lo que condujo a una mayor atención sobre las condiciones a las que se enfrentaban las prisioneras en las cárceles de la ciudad de Nueva York y al eventual cierre de la clínica en la que había sido agredida. La organización pionera de derechos de las trabajadoras sexuales COYOTE —dirigida por la activista local y ex trabajadora sexual Margo St. James— dio la batalla en San Francisco, y sus esfuerzos, junto con los de la abogada de la ACLU, Deborah Hinkley, dieron como resultado que un Tribunal de Apelaciones de California dictaminara que la policía de Oakland tendría que aplicar la cuarentena a todas las personas detenidas por igual, independientemente de su género, lo que provocó un fuerte retroceso en las detenciones por prostitución. Batallas similares se desarrollaron en todo el país, y para mediados de los años 70, el Plan, aunque no totalmente derrotado, estaba hecho trizas. En 1972, ASHA dejó de vigilar encubiertamente y hostigar a las trabajadoras del sexo, y pivotó en lugar de ello hacia campañas de concienciación más públicas y centrándose en el herpes, en lugar de la sífilis o la gonorrea.

Sin embargo, las ideas centrales del programa han demostrado ser extraordinariamente resilientes. Sus zarcillos de influencia se infiltraron en el estudio de la sífilis de Tuskegee, los campos de internamiento japoneses y las respuestas a la epidemia del SIDA, y ayudaron a sentar las bases para la actual crisis de encarcelamiento masivo. Como Stern descubrió, los mismos campos de Civilian Conservation Corps (CCC) que luego fueron utilizados para encarcelar a estadounidenses de ascendencia japonesa y alemana, prisioneros de guerra y objetores de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial funcionaron originalmente como “campos de concentración” para mujeres encarceladas bajo el Plan Americano.

Las mujeres siguen siendo detenidas con pretextos falsos, simplemente por su aspecto o presencia, o por llevar condones en sus bolsos.

Ninguna de las tres leyes federales aprobadas en 1917, 1918 y 1919 ha sido anulada alguna vez en un tribunal de apelaciones o derogada; permanecen en los libros de varias formas hoy en día, y las actitudes tóxicas que permitieron siguen afectando a las mujeres en los Estados Unidos hoy en día. Todavía en 1976, las autoridades en Salt Lake City (Utah) amenazaron con la detención y “el tratamiento forzado de los sospechosos de ser portadores de una cepa de enfermedades venéreas resistente al tratamiento con penicilina”, mientras que la policía en el condado de Monterey de California exigió que las trabajadoras sexuales se sometieran a exámenes obligatorios de ITS, bajo amenaza de encarcelamiento y examen forzado. En 1982, el alcalde de Atlantic City expresó la idea de poner en cuarentena a las trabajadoras sexuales en nombre de “limpiar” el paseo marítimo. Cuando los funcionarios públicos detuvieron a una cantidad de personas seropositivas en los años ochenta y noventa (muchas de ellas trabajadoras sexuales), el fantasma del Plan Americano volvió a aparecer una vez más; Una decisión judicial de 1990 citó directamente un caso de 1919 que declaró la cuarentena de una mujer infectada con gonorrea como una medida “razonable y adecuada”. Todo lo viejo vuelve a ser nuevo.

Las verdades reveladas en este libro son realmente impactantes, y más aún porque son muy poco conocidas. La cultura del silencio que ha golpeado a las trabajadoras sexuales durante tanto tiempo finalmente ha comenzado a disiparse, pero persisten peligros potentes. Más de 200.000 mujeres están actualmente encarceladas, y representan el segmento de más rápido crecimiento de la población carcelaria; hasta el 70 por ciento de las mujeres tras las rejas están o han estado involucradas en la industria del sexo comercial. Las mujeres siguen siendo detenidas con pretextos falsos, simplemente por su aspecto o presencia, o por llevar condones en sus bolsos; las trabajadoras del sexo —particularmente las que son mujeres trans de color— son extremadamente vulnerables a la brutalidad policial y a los abusos de la justicia penal. Mujeres como Nina McCall, Margo St. James e Inez Burns lucharon contra un sistema que las consideraba menos que humanas. Uno espera que el hecho de que haya ahora más autores trabajando para contar esas historias signifique que habrá más personas que se defenderán.

La construcción mediática del estigma de prostituta en España

 

https://bit.ly/2LMmMsb

 

Ana Belén Puñal Rama* e Ana Tamarit**

 

Resumen

Los medios construyen un discurso que simplifica la realidad de la prostitución y estigmatiza a quien la ejerce. Este artículo parte de un análisis del discurso de la representación de la prostitución en los periódicos El País y ABC, desde la Transición española al 2012. A pesar de ser ideológicamente opuestos (conservador y católico el ABC, e identificado con la ideología de centroizquierda próxima al PSOE El País), en ambos está presente el estigma. Es un estigma construido de forma diferente, ya que la imagen de la prostituta está articulada en torno a la moral en ABC y alrededor del ideario progresista en El País, pero que cuenta con un mismo punto de partida y una confluencia final. En ambos, la mujer que se prostituye es prostituta antes que mujer y persona y ambos acabarán coincidiendo en reducir la representación de la prostituta a la «hipervíctima» desde una perspectiva abolicionista.

 

* Universidad Estatal de Milagro, Ecuador/Universidad de Santiago de Compostela, España.

Dirección postal: Universidad Estatal de Milagro. Cdla. Universitaria Km. 1.5 vía Milagro Km.

  1. Edificio de Postgrado. Milagro. Ecuador.

Correo electrónico: belenpunhal@gmail.com

** Universidad Estatal de Milagro, Ecuador

Dirección postal: Universidad Estatal de Milagro. Cdla. Universitaria Km. 1.5 vía Milagro Km.

  1. Edificio de Postgrado. Milagro. Ecuador.

Correo electrónico: tamarit03@gmail.com

 

 

Introducción. Las prostitutas como las Otras

El estigma es la marca con la que identificamos y excluimos al Otro, a quien es o está en el mundo de forma diferente a Nosotros/as, a quien no forma partedel colectivo en el que nos integramos. Las mujeres han sido y son marginadas en una sociedad marcada por el patriarcado y el sexismo. Esta discriminación se incrementa en el caso de las mujeres prostitutas que, en las últimas décadas, han sido mayoritariamente inmigrantes en España. Sufren la interseccionalidad de discriminaciones marcadas no sólo por el género, sino también por su clase social, su condición de inmigrante, su origen étnico o nacional y el estigma que, históricamente, ha marcado a las mujeres que trabajan en la prostitución. Los medios de comunicación, como veremos en este artículo, han jugado un papel clave en la construcción de este estigma. De ahí que, en la investigación que ha servido de base para el mismo, se haya decidido analizar la representación de las mujeres en dos de los principales periódicos españoles.

El de las mujeres que ejercen la prostitución es uno de los colectivos sobre los que recae mayor censura moral (Oselin 2009), una censura que sirve como grillete para el ejercicio del control de la sexualidad femenina. El estigma de «puta», de hecho, se aplica no sólo a las mujeres que trabajan en la prostitución sino a todas aquellas que no se ciñen a los patrones convencionales patriarcales en las relaciones sexuales y de pareja. En las sociedades patriarcales, una «puta» representa no sólo a la mujer que vende sus servicios sexuales, sino también a todas aquellas

que evidencian su deseo erótico y ejercen activamente su sexualidad, a todas las que incumplen el contrato sexual previo al contrato social del que nos hablan los pensadores ilustrados. Tal y como explica Caruncho, siguiendo a Pateman, «el contrato sexual, el que firman los hombres entre sí para excluir a las mujeres, es previo al contrato social y garantiza la exclusión de las mujeres de la convención de lo social […], de la esfera de lo público» (Caruncho 2010, 21).1 Los hombres no hubiesen podido dominar y dedicarse en exclusiva al espacio público (contrato social) si no hubiese quien cumpliese con las funciones de sustento y cuidado en el hogar (contrato sexual).

El estigma es estratégico para la construcción identitaria del «Nosotros», en oposición al «Otro». Las mujeres, tal y como señalan autoras como Juana Gallego (2010), son representadas en los medios de comunicación como «las Otras» frente al «Nosotros», como protagonista mayoritario masculino en los medios. Si las mujeres son las Otras, las prostitutas son las «Otras de las Otras». En el imaginario social y mediático sobre la prostitución, la construcción de la prostituta como la Otra no sólo se basa en la oposición entre la mujer que sigue el ideario patriarcal en

el comportamiento sexual y la que no, sino también en oposiciones de clase social (Rosembergv y Andrade 1999; Andrade 2004),2 étnicas o de procedencia nacional (Pitman 2002; Janzen et al. 2013; Fong, Holroyd y Wong 2013; Stenvoll 2002; van San y Bovenkerk 2013; Ribeiro et al. 2007).3

Esto nos lleva a una reflexión sobre el propio concepto de estigma y su naturaleza interseccional. El estigma es, para Goffman (2006), un atributo profundamente desacreditado que relega a la persona al ostracismo social. Esta concepción, que se nutre del interaccionismo simbólico, se basa en la interacción entre los individuos y la interpretación de estos procesos de comunicación y ha sido criticada por no tener en cuenta las estructuras sociales que son causa de que las interacciones se desenvuelvan de determinado modo (Rizo 2011). Scambler (2007), en consecuencia, insiste en las relaciones de clase, estatus, orden, género y étnicas tras la configuración del estigma. En esta interseccionalidad de las estructuras presentes tras el estigma pone el foco Juliano (2005), quien señala que en la gran estigmatización que padecen las trabajadoras sexuales confluyen prejuicios de base religiosa, étnicos y condicionamientos de clase.

El estigma va, así mismo, de la mano del concepto de «pánico moral», entendido este como el miedo a una persona o grupo considerado como amenaza (Treviño 2009). Este miedo, como apunta Treviño (2009), tiene un carácter irracional, es decir, responde a ansiedades generalizadas que son desplazadas a un grupo social determinado, dejando así a un lado sus causas reales (Soderlund 2002). En el caso de la prostitución, este pánico nace del sentimiento de amenaza al «Nosotros/as», tanto a los preceptos morales que fundamentan ese «Nosotros/as» como a la construcción subjectiva de nuestro «yo» en oposición a lo que se considera abyecto. Janzen y compañeras (2013) indican, al respecto, que el rechazo al Otro nace, en realidad, del desprecio a lo que consideramos abyecto en nosotros/as mismos, aquello que, desde pequeños/as, nos enseñan a rechazar de nosotros/as, paraconstruir nuestra identidad normalizada.

El pánico moral es, por lo tanto, construido y se alimenta de la gran distancia entre la realidad y las exageraciones mediáticas que se produce en la representación de la prostitución.4 De este alejamiento entre la realidad y la construcción mediática surge la aplicación, a este contexto, del concepto de mito, que entendemos aquí según lo comprende Barthes (1957), como un habla, un sistema de comunicación y un mensaje despolitizado, que no surge de la naturaleza de las cosas sino de su reconstrucción histórica. O´Neill et al. (2008) indican la existencia de tres mitos dominantes en los que se basan las respuestas jurídicas contemporáneas a la prostitución. Mitos que están estrechamente relacionados con la estigmatización de la prostitución como desviación social (Benoit y Hallgrinsdottir 2011) surgida del choque entre actores inscritos en distintas perspectivas morales (Sacramento y Ribeiro 2014).

1) La expansión de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Que las personas que ejercen la prostitución estén bien informadas sobre las ETS no disipa ese temor. Es más, el mito construye a la prostituta como amenaza para la salud, pero no al cliente, que es quien demanda dichas prácticas sexuales de riesgo.5

2) La identificación del trabajo sexual como un comportamiento antisocial que rompe con las normas más básicas del civismo en el espacio público (ruidos, basura, relaciones sexuales en público, profilácticos en la calle…). En este caso, la sanción social recae de nuevo en la prostituta pero no en quien compra sus servicios y alimenta el comercio sexual.

3) La prostitución como violencia de género, en el que intervienen agentes (proxenetas, traficantes, compradores de sexo…) que infringen a las prostitutas daños físicos y psicológicos. Sin embargo, este discurso se contradice con la existencia de otras prácticas de control que las criminalizan (en algunos municipios españoles, multas que castigan el ejercicio de la prostitución en la calle).

Los medios de comunicación son, pues, poderosos agentes en la construcción de los mitos que refuerzan algunos de los principales estigmas que pesan sobre quien ejerce la prostitución. La investigación de la que nace este artículo se elabora desde el ámbito disciplinario de las Ciencias de la Comunicación y surge precisamente de la consideración de los medios como importantes agentes de socialización y de la confluencia de las teorías feministas y de género y las teorías de la comunicación. Más en concreto, de aquellas teorías de la comunicación que nacen de la consideración de los medios como activos constructores de la realidad social y sustento de las relaciones de poder en las que se basa dicha construcción, además de transmisores de ideología, también de ideología sexista.

Los medios, siguiendo la metáfora con la que Gaye Tuchman (1983)6 introduce en las Ciencias de la Comunicación las teorías del framing surgidas del interaccionismo simbólico de Goffman, son hoy en día las ventanas a través de las cuales construimos nuestra visión del mundo. Una construcción que no es ajena al poder en una sociedad en la que, según Teun A. van Dijk (2009), éste es fundamentalmente persuasivo y está en buena parte basado en el acceso preferencial al control del discurso público por parte de las élites7. Élites representadas por lo que Amparo Moreno denomina como «el arquetipo viril masculino», «varones adultos de los grupos dominantes que representan papeles sociales vinculados al ejercicio del poder» (Moreno 1998, 32). Las prostitutas quedan, en los medios, relegadas a los márgenes despoderados, márgenes en los que se encasilla en general a las mujeres como las Otras, y de forma especialmente incisiva, a las prostitutas como «las Otras de las Otras».

 

El contexto español

En las últimas cuatro décadas, la prostitución ha cambiado varias veces de cara en España. De ser ejercida por mujeres mayoritariamente autóctonas, en la década de los 1970, se asienta en la década de los 1980 el perfil de la mujer drogodependiente y, ya en la de los 1990, se introducen de modo mayoritario las mujeres inmigrantes. En los últimos años, sin embargo, a raíz de la crisis económica, se ha incrementado el número de mujeres españolas que buscan una salida en la prostitución (Puñal 2015).

La prostitución, por lo tanto, aparece siempre cruzada en España por la interseccionalidad de márgenes varios como el género, la pobreza, las drogodependencias, la orientación sexual o la inmigración. Encontrar datos fiables es complejo, porque el ejercicio de la prostitución no está legalizado como trabajo y, además, la condición de inmigrantes en situación irregular ha hecho que una parte importante de las mujeres que trabajan en el sector lo hagan en la clandestinidad y huyendo de los controles policiales.

En el II Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual (2015-2018) se recogen datos aproximativos procedentes de varias fuentes (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad 2015). La prostitución supone en España el 0,35% del PIB, lo que equivale a unos 3700 millones de euros, según cifras publicadas por la prensa española (El País 2014), apoyándose en datos del Instituto Nacional de Estadística. El número de mujeres que trabajan en la prostitución varía, así mismo, de modo notable según la fuente: desde las 45 000 que estima el Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado hasta las 400 000 que se calculan en el Informe sobre la situación de la prostitución en España, del 2007, o las 600 000 de las que ha informado, en sus emisiones radiofónicas,la cadena SER (Brufao 2011). De prostitución masculina y prostitución transgénero, se sabe aún menos (Puñal 2015).

Dispares, hasta niveles extremos, son también los datos sobre el porcentaje de mujeres víctimas de trata. Para la exdirectora del Instituto de la Mujer de España, Laura Seara, lo son el 90% de las mujeres que se prostituyen (Puñal 2010). Estudios realizados desde posturas pro legalización reducen notablemente este porcentaje. En una investigación elaborada por la socióloga Laura Oso (2004), de las 45 mujeres que se habían entrevistado, sólo dos habían llegado a España engañadas.

Los cambios en el rostro de la prostitución española están estrechamente unidos a los flujos económicos y poblacionales neoliberales. La prostitución se convierte en el destino de una parte de las mujeres que emigran a España huyendo de la situación de empobrecimiento de sus países de origen. El Informe de la Ponencia sobre prostitución en España expone que «la oferta es de mujeres extranjeras muchas de ellas en situación de inmigración ilegal» (Cortes Generales de Estado 2007, 41). En el II Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Niñas con fines de Explotación Sexual (2015-2018), se reconoce que la feminización de la pobreza y la explotación del deseo de migrar convierten a las mujeres en víctimas más vulnerables (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad 2015). Clara Pérez (2003) habla, así mismo, de la feminización de los flujos migratorios y contrasta la invisibilización de las mujeres inmigrantes en España, a la que vincula fundamentalmente al sector de los servicios domésticos y del cuidado, con la hipervisibilización mediática de aquellas inmigrantes que se dedican al trabajosexual. Y es que, en este flujo norte-sur, a las mujeres se les han adjudicado, en el territorio español, los trabajos más precarios (como el servicio doméstico o la agricultura) y más estigmatizados, como es el caso de la prostitución.8

 

Estado de la cuestión

Los estudios sobre Comunicación y Género han experimentado un importante auge en España desde el inicio del nuevo milenio. Sin embargo, un análisis del estado de la cuestión de lo realizado en este campo muestra que falta ahondar en la interseccionalidad de la discriminación de género con otros rostros de la discriminación. De ese vacío, dada la escasez de estudios en esta línea, nace la investigación de la que parte este artículo (Puñal 2015).

Las reflexiones sobre el tratamiento mediático de la prostitución que localizamos en la fase exploratoria de esta investigación se caracterizaban por ser secundarias en estudios con otros objetivos prioritarios de análisis, como por ejemplo, la inmigración.

Así mismo, la reflexión sobre los medios apareció de manera tangencial en trabajos de carácter abolicionista y pro-legalización. Desde una perspectiva abolicionista, los medios de comunicación son criticados por transmitir la cultura de la prostitución como realidad inevitable por hacer uso de conceptos como autodeterminación y libertad sexual y promocionar a través de ellos la industria del sexo (Alba 2006) y por actitudes como la publicación, en la prensa española, de anuncios de sexo de pago, mientras en sus contenidos informativos se critica la explotación sexual y la trata y el tráfico de mujeres.9 Desde las posiciones a favor de la legalización, se considera que los medios presentan a la prostitución como mayoritariamente forzada y, desde preceptos abolicionistas (Solana Ruiz y Riopedre 2012), se denuncia de ellos el sensacionalismo con el que se insiste en construcción de la prostituta como víctima tratada y sin agencia (Oso 2000) y se les critica por invisibilizar la prostitución que se ejerce de manera voluntaria, así como la magnificación del engaño de las mafias y redes a las mujeres que llegan a España a prostituirse. Desde esta posición, se valoran de modo negativo los intentos que, desde el Gobierno español, se realizaron para la desaparición de los anuncios de sexo de pago de la prensa, pues se considera que la prostitución de piso (aquella que se anuncia en la prensa) es precisamente la que se ejerce en condiciones menos precarias y más autónomas.

 

Metodología

La investigación que da origen a este artículo está basada en la combinación de las técnicas de análisis de contenido – en concreto, el análisis hemerográfico diacrónico diseñado por Amparo Moreno (1998)10 y de análisis del discurso, con base en las teorías de van Dijk (1990). Optamos, por lo tanto, por una estrategia metodológica que se asienta en los métodos mixtos de investigación. De esta forma, con su uso conjunto, quisimos sumar las fortalezas del análisis del contenido y del análisis del discurso y contrarrestar sus debilidades.11 Del análisis de contenido obtuvimos datos cuantitativamente representativos que del análisis del discurso en sí no podríamos conseguir. Por su parte, el análisis del discurso hizo posible llegar a una profundización en el contenido, y en el discurso e ideología ocultos tras ese contenido, que no nos permitía el análisis de contenido. Fue, precisamente, el análisis del discurso el que nos abrió el camino para el estudio enprofundidad de la construcción mediática del estigma.

Los datos y reflexiones que, a continuación, se aportan, son resultado de un trabajo de campo en el que se analizaron todos los contenidos periodísticos – informativos, interpretativos y de opinión –, con la prostitución como tema central, publicados por El País y ABC en los años 1977, 1987, 1997, 2007 y 2012. Nos interesaba analizar la evolución del tratamiento de la prostitución desde el final de la dictadura franquista. Es por ello que escogimos el año 1977, en los inicios de la Transición democrática española y, a partir de ahí, decidimos analizar un año por década hasta el momento en que finalizamos esta investigación, el 2012. Fueron en total, casi un millar las unidades redaccionales estudiadas. En concreto, 957, de las cuales 544 fueron publicadas por ABC y 413 en El País. A todas ellas se les aplicó, conjuntamente, el análisis de contenido y el análisis del discurso.

 

La construcción del estigma en la prensa española: El País y ABC

El País y el ABC siguen caminos distintos para la construcción del estigma, pero coinciden: a) en un punto de partida (el considerar a la mujer que se prostituyeantes prostituta que mujer o persona, en tanto que esa es la condición de ella quese destaca en primer lugar), y b) una confluencia final, evidenciada en los últimosaños analizados: la construcción mediática del estigma de la «víctima perfecta».

El estigma se pega a la piel, como lo hacían, en la antigua Grecia, las marcas con las que se grababan a los esclavos y esclavas, y de las que procede la palabra. Y eso se observa en los medios, y en concreto, en los dos periódicos analizados, cuando se refieren a la persona que se prostituye destacando en primer lugar su condición laboral. Si una mujer es detenida o asesinada, el análisis del discurso realizado nos muestra que es muy probable que sea identificada en los titulares antes como prostituta que como mujer o persona con nombre y apellidos. Así lo muestran ejemplos como los siguientes.

«Detenido el presunto asesino de una prostituta» (El País, 15 de octubre de 1977);

«Una prostituta, detenida en relación con la muerte de un joven sacerdote jesuita» (El País, 23 de septiembre de 1987);

«Identifican a una prostituta heroinómana como la decapitada de San Fernando de Henares» (ABC, 28 de agosto de 1987);

«Intenta matar a una prostituta a causa de su impotencia» (ABC, 1987);

«Detenido el presunto asesino de una prostituta que se anunciaba en Internet» (El País, 7 de febrero de 1997);

«Arranca el juicio por el asesinato de una prostituta en El Cerro» (ABC, 20 de febrero de 2012);

Más allá de ese punto de partida común, la construcción del estigma en ABC y El País, como se ha dicho en un inicio, está determinada por la línea ideológicadel medio. Para el conservador ABC, la prostitución y las prostitutas serán un mal y una amenaza para un Nosotros identificado con los principios conservadores y católicos. El estigma, desde la perspectiva presente en ABC y de la que El País marca distancias, se construye pues como amenaza a: a) los preceptos morales que consideran a las mujeres y el sexo como tentación y pecado; b) a las y los ciudadanos pertenecientes a clases sociales no desfavorecidas, por la delincuencia que se asocia en el periódico a la prostitución y la disrupción en las normas de convivencia cívica en el espacio público; c) a la salud de las y los ciudadanos que forman parte de ese «Nosotros» con el que el periódico se identifica (la insistencia en la vinculación de la prostitución con enfermedades de transmisión sexual, y más concreto con el SIDA); y d) a la población española por parte de «males» asociados a la población inmigrante.

 

La prostitución como vicio y comportamiento inmoral

La estigmatización de la prostituta como vicio y mal moral está presente fundamentalmente en el discurso del periódico conservador (no en el de El País) delas décadas de los 1970 y 1980. Su identificación como tal llega a ser explícita en el propio discurso de la persona que elabora la información:

El tema que hoy trata el magistrado juez de Peligrosidad Social, don Manuel Rico Lara, es el de la prostitución, así como el de la actuación, condenada por todos, de los que explotan este vicio («La prostitución está ante nosotros», en ABC del 21 de mayo de 1977).

La prostitución es identificada con anormalidad. Así ocurre en una de las cartas al director publicada en 1987. «Lo anormal seguirá siendo siempre anormal», dice la lectora, quien considera que las prostitutas están siendo un modelo para la juventud, lo que de fondo encierra la estigmatización también de la idea de libertad sexual y la identificación como «putas» de las mujeres que viven libremente su sexualidad.

Me ha llamado mucho la atención el programa de TV «En familia». En él se trató esta vez el tema de la prostitución. Me hizo reflexionar sobre esta realidad tan vieja como la vida misma. Estas señoras hablaron desde su frustración ellas que son lo que hoy se presenta a la juventud como prototipo de libertad, no expresaban realmente alegría, ni descaro y no lo hacían porque lo anormal seguirá siendo siempre anormal, porque no se puede decir que comerciar con el cuerpo es la felicidad («En familia», ABC, 1 de junio de 1987).

El considerar que la prostitución está fuera de la normalidad lleva a defender la «reinserción social» como solución para recuperar dicha normalidad:

Askabide, camino de libertad, es el nombre que un grupo de religiosas ha dado al centro de acogida creado por ellas para acoger a las prostitutas bilbaínas que quieran intentar reinsertarse normalmente en la sociedad («Religiosas abren un centro de acogida para prostitutas», publicada en ABC el 3 de agosto de 1987).

El País, que nace en 1976, recién finalizada la dictadura franquista, se aleja de este estigma. No lo encontramos en sus páginas. Al contrario, introduce, tanto en sus contenidos informativos como en los de opinión, un discurso que condena la doble moral de la sociedad española respecto a la prostitución y da entrada a la voz de las prostitutas y a la defensa de sus derechos. En sus contenidos de opinión, condena la hipocresía de una sociedad que estigmatiza a la prostituta y censura la libertad sexual aun siendo la prostitución una práctica de consumo masculino generalizada. Porque, tal y como expresa en el periódico una de sus más prestigiosas firmas, Paco Umbral, «un sistema cerradamente puritano necesita la cloaca de la prostitución como la belleza de Venecia necesita la podredumbre de sus canales» («Las respetuosas», El País, 12 de marzo de 1977). En su discurso informativo, les dará voz a las prostitutas cuando se manifiestan frente a la Ley de Peligrosidad Social, aprobada en las postrimerías del franquismo, que hace que sobre ellas penda permanentemente la amenaza de la cárcel. Un ejemplo claro es esta información sobre una manifestación de prostitutas bilbaínas, en noviembre de 1977, que no será cubierta por el ABC.

Más de cincuenta prostitutas se encerraron ayer por la tarde en un pabellón del Hospital Civil de la capital vizcaína para pedir la abolición de la ley de Peligrosidad Social y exigir que se aclaren las circunstancias que rodearon la muerte de su compañera María Isabel Gutiérrez, que se prendió fuego a lo bonzo, la noche del pasado martes, en su celda de la cárcel de Basauri (Vizcaya) («Manifestación de prostitutas bilbaínas contra la ley de Peligrosidad Social», El País, 12 de noviembre de 1977).

Las divergencias con ABC en lo que respecta a moral sexual son notorias y se ponen de manifiesto cuando, en 1997, el gobierno del PP incorpora de nuevo el delito de corrupción de menores en el Código Penal, que había sido eliminado en su reforma del año 1995, en los últimos meses de la etapa del PSOE en el poder, con Felipe González al frente. Mientras en ABC se defiende la medida, El País la critica, argumentando que ya existen instrumentos normativos para castigar los abusos sexuales a menores y que la recuperación de tal tipo penal podría servir de excusa jurídica para censurar la libertad sexual. Así se pronuncia en uno de sus editoriales:

La corrupción de menores, un delito indefinido que se ha utilizado en ocasiones para sancionar prácticas sexuales que no atentaban contra la libertad sexual, no es el mejor mecanismo para sancionar las conductas de unos adultos que, si se confirman los indicios, han abusado sexualmente de niños de 12 años o menos, y los han prostituido y utilizado para producir pornografía (editorial «Corrupción de mayores», El País, 1 de agosto de 1997).

Las diferencias entre ambos se seguirán manifestando, también en años posteriores, en la cobertura de los conflictos vecinales con la prostitución de barrio. ABC, posicionado del lado de las voces vecinales, recogerá los argumentos de los vecinos relativos a la moral y el incivismo de las prácticas sexuales en la calle. El País no insistirá en dichos argumentos y contrarrestará las voces de las vecinas y vecinos de los barrios afectados con el testimonio de las personas que allí se prostituyen.

En los últimos años, como ya hemos adelantado, estas aristas se liman para construir la confluencia de ambos periódicos alrededor del discurso abolicionista y de la victimización de las mujeres que ejercen la prostitución. Esta confluencia tiene su correlato con la que se produce, en el ámbito político, entre el discurso de derechas y de izquierdas. El discurso de derechas alrededor de la prostitución y su condena desde una perspectiva moral acabará encontrándose en parte con el discurso de izquierdas que promueve la abolición de la prostitución por considerarla una manifestación más del sexismo y de la violencia contra las mujeres.

 

La prostitución como delincuencia y disrupción de la convivencia cívica

Este perfil estigmatizador está muy en relación con una de las constantes de la representación de la prostitución en la prensa española, su tratamiento como suceso. El abordaje como suceso está presente, en ABC, en el 34% de los contenidos analizados, y en el 34% en El País. La representación de la prostituta como delincuente se asocia no sólo a su criminalización como tal prostituta sino también a la criminalización que se hace en general de la población que subsiste en los márgenes de la sociedad, tal es el caso de la inmigración y de las personas afectadas por drogodependencias o enfermedades como el SIDA.

Al centro le puede el cáncer de la desesperanza. Prostitutas, travestidos, carteristas, tironeros, «cogoteros», asaltadores, traficantes, chulos gamberros, vándalos,«inmigrantes-ilegales-profesionales-del-delito». Y miedo […] Con la Ley en la mano, la Policía no puede hacer nada para evitar la prostitución y las fulanas ni se inmutan ante su presencia. Todos señalan al submundo que se mueve en torno a este tráfico como el gran mal. Chulos, como el que aparece en esta imagen con «su» prostituta, sobre estas líneas reparten heroína y cocaína entre las protegidas («La delincuencia mata la esperanza en el centro», en ABC del 19 de diciembre de 1997).

La presencia de las personas que ejercen la prostitución como fuente de conflicto con las y los otros vecinos del barrio será una constante en el ABC a lo largo del período analizado. En dicho conflicto, el ABC se sitúa sistemáticamente del lado del vecindario, a quienes con frecuencia da voz, frente a las prostitutas, de las que desconocemos su experiencia, su testimonio y su mirada. Lo dicho se comprueba en esta investigación no solo mediante el análisis cualitativo del discurso sino también a través de los datos cuantitativos obtenidos del análisis de contenido. El marco interpretativo asociado a la prostitución como fuente de conflicto en la convivencia ciudadana está presente en el 23,4% de los contenidos en el ABC y se reduce a más de la mitad en El País, que presenta dicho marco interpretativo en el 10,4% de las unidades redaccionales analizadas, y se diferencia del ABC en que nos permite saber cuál es el punto de vista de las personas que se prostituyen.

En cuanto al discurso, mientras en ABC el vecindario aparece asociado a verbos que muestran su acción en positivo y a actos de habla, todo lo contrario ocurre con quienes ejercen la prostitución: «Los vecinos de Marconi logran que las prostitutas dejen la zona de viviendas» (ABC, 6 de septiembre de 2007), «Los vecinos de Marconi se mostraron satisfechos por el resultado de la reunión» (ABC, 7 de septiembre de 2007), «La barriada Paz y Amistad, cercada por grupos de gamberros y por prostitutas» (ABC, 16 de junio de 2007). Observamos, en el discurso mediático, una contradicción no menor, sobre todo en los últimos años de la muestra, en los que se extiende el discurso de la trata de mujeres. Y esta contradicción se reflejará tanto en los contenidos informativos de El País como en el ABC. Por una parte, se las trata como víctimas de las mafias. Por otra, se las criminaliza al presentarlas como elemento disruptor de la convivencia cívica en la calle y fuente de tensión con el vecindario de los barrios en los que ejercen.

Esta contradicción entre la victimización y, al mismo tiempo, la criminalización de la prostituta llega a manifestarse incluso en discursos divergentes entre lo que el texto de la noticia dice sobre la prostituta y el modo en el que la fotografía la representa, lo que podemos ver en este ejemplo extraído del ABC. El texto representa a las jóvenes como víctimas. La imagen las muestra según parámetros icónicos propios de la representación del criminal que huye de su identificación. Sus rostros aparecen ocultos, como si fuesen criminales protegiendo su identidad.

Imagen 1

Ejemplo de criminalización en la imagen

Fuente: «Seis mafias se repartían los 14 millones del negocio de la prostitución china», ABC, 23 de febrero de 2007

Este discurso, del que la prensa se hace eco, tiene su origen en el discurso político español vigente en ese momento y que se extiende hasta la actualidad. Existe una contraposición entre la legislación y las políticas estatales y las normativas autonómicas y locales. El Código Penal español castiga a quien se beneficia de la prostitución ajena, aunque ésta sea consentida, pero no a quien se prostituye. Así mismo, las políticas estatales, con marco en el Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual, inciden en la prostitución como mayoritariamente forzada y en la prostituta como víctima de las redes de trata y tráfico, y contemplan medidas para que puedan denunciar a las mafias que las explotan. Sin embargo, las políticas locales que se pusieron en marcha en varios ayuntamientos y comunidades autónomas, como Cataluña, van en sentido contrario y, en ciertos casos, llegan a multar a quien se prostituye y/o a quien compra servicios sexuales en la calle.

 

La prostitución como amenaza a la salud

Ya habíamos visto en O´Neill et al. (2008) como, a la construcción del estigma, contribuye la vinculación de la prostitución a las enfermedades de transmisión sexual. Esta relación fue muy fuerte en el discurso mediático de la década de los 1980, en plena crisis del SIDA. Los datos cuantitativos así nos lo muestran. Tanto en ABC como en El País, 1987 es el año en que publican más contenidos en los que se relaciona prostitución con problemas de salud. Llegan a suponer hasta el 10,2% de los analizados ese año en ABC, y el 14% en El País. Nunca, ni en los años anteriormente estudiados, ni en los posteriores, este vínculo fue tan fuerte.

No obstante, una cosa es la información sobre prostitución y enfermedades de transmisión sexual, básicamente el VIH, y otra es la construcción del estigma. Este estigma está muy presente en ABC, en el año 1987, en plena crisis del SIDA, pero no en El País, que adopta una línea editorial por completo contraria. Mientras el ABC insiste en informaciones en las que la persona que se prostituye es condenada como amenaza social por ser considerada agente transmisor de SIDA, El País intenta desmontar este estigma e incluye contenidos en los que se pone de manifiesto que no solo la persona que se prostituye, sino también, el cliente, es responsable.

En ABC, la prostituta, sobre todo si es mujer transgénero, es considerada una amenaza para la sociedad por su potencial de contagio (por ejemplo, en informaciones como «La prostitución de travestidos, un peligro sanitario, según los vecinos de Vitruvio. En la zona existen un instituto y varias guarderías», ABC, 27 de febrero de 1987). No se alude en ningún momento a base científica alguna para que el VIH se ligue sobre todo a las, en aquel momento, etiquetadas como «travestis», de lo que se deduce una estigmatización implícita de toda sexualidad no heteronormativa basada en la construcción del mito. Es decir, en el alejamiento entre la realidad y el discurso mediático que se construye. Nada se dice, en todo caso, de la responsabilidad de los compradores de sexo en la transmisión de enfermedades venéreas.

El discurso político parece ir, en ese momento, por detrás del discurso mediático. Ante la alarma social a la que contribuyen los medios, se anuncian medidas políticas desde partidos e instituciones gubernamentales con propuestas como el confinar a las personas que ejercen la prostitución en zonas específicas.

La persona que se prostituye y ha sido contagiada por VIH es, incluso, animalizada en los contenidos: «Una prostituta con SIDA podría estar suelta en la ciudad, ya que se marchó del hospital después de haberse realizado el diagnóstico» («Veinte extranjeros, expulsados de la República Federal de Alemania por tener el virus del SIDA, ABC, 29 de marzo de 1987). Puede, además, ser presentada como un ser macabro y alintencionado: «Cadena perpetua a un enfermo de SIDA que estranguló a tres compañeros de orgía. Se vengaba del mal dando muerte a sus clientes homosexuales» (ABC, 12 de julio de 1987).

El periódico traslada y amplía la alarma social por la transmisión del VIH no sólo a su discurso informativo, sino también a contenidos de opinión de carácter editorializante, tal es el caso de ZigZag, que incluye pequeños textos de opinión sin firma (sueltos) que muestran la línea editorial del periódico:

A mediados de febrero, representantes de la Asociación Popular de Vecinos Altos del Hipódromo de Madrid fueron recibidos por el doctor Nájera. Estos padres de familia le expusieron la preocupación por el contagio de SIDA y hepatitis B que corre la población infantil en la zona de la calle Vitruvio, debido al posible contagio infantil con jeringuillas, preservativos y otros detritus que habitualmente deja la prostitución de travestidos en aquella zona y en el interior de determinados colegios allí ubicados. Después de escucharlos atentamente, el doctor Nájera fue breve y lacónico en su respuesta: «Los niños – argumentó – no corren ningún peligro, ya que no son tan tontos como para coger y jugar con jeringuillas del suelo.» Recientemente – y esto convendría que lo supiese el doctor Nájera –, en el colegio público Maestro José Regidor, de Huelva, varios niños se contagiaron de hepatitis B por jugar, precisamente, con jeringuillas usadas que se habían encontrado en la calle (ABC, «Rafael Nájera», 17 de abril de 1987).

El País muestra, en el mismo año, un discurso por completo opuesto. Se alude a las responsabilidades de los compradores de sexo en la transmisión del SIDA, se defiende a las prostitutas transgénero frente a su estigmatización y se adopta el discurso de la defensa de los derechos de las mujeres que realizan trabajo sexual, lo que se muestra, por ejemplo, en la entrevista que realizan a Pía Covre como representante de las prostitutas italianas (había fundado, en 1982, el Comitato per i diritti civili delle prostitute). El periódico da, así mismo, amplia cobertura a las jornadas sobre prostitución que promueve ese año el ayuntamiento de Madrid, gobernado por el PSOE, y que en el ABC llegan a ser ridiculizadas. Los ejemplos siguientes evidencian la distancia entre los discursos opuestos de ABC y de El País en la cobertura de dichas jornadas y, más en concreto, en la postura que en ellas se adopta acerca de la importancia del compromiso del cliente en el uso del preservativo para evitar la extensión del VIH.

«Las prostitutas», dijo, «deberían exigir el uso de preservativos a los clientes, puesto que ellas, al menos las que no se drogan, no tienen la enfermedad» (palabras de Pilar Estébanez, directora del Centro de Promoción de la Salud del distrito de Centro (CPS) a propósito de las jornadas sobre prostitución. «Mejorar la situación de las prostitutas, objetivo del debate que se inicia hoy», El País, 7 de abril de 1987).12

Sobre este asunto de la prostitución, en este caso femenina, parece que se había dicho casi todo; pero no es así. Ahora de lo que se trata es de realizar una campaña de solidaridad, según la doctora Pilar Estébanez […]. «Que no se quede una prostituta sin usuario porque no lleve preservativo», dijo («Piden solidaridad para que los clientes de las prostitutas usen preservativos. Juez Navarro: «Piden que dar la mano a estas hermanas»», ABC, 4 de agosto de 1987).

El País mantiene una postura activa en la desestigmatización de quien ejerce la prostitución como transmisor del VIH, hasta el punto de afirmar en un editorial, en el que se manifiesta en contra de las propuestas de recluir a las prostitutas en guetos, que «la presencia de portadores de anticuerpos del SIDA – si lo son – en las calles no representa ningún riesgo» («Las prostitutas condenadas», El País, 14 de agosto de 1987). La afirmación será puesta en cuestión en la carta al director escrita días después por un médico adjunto de medicina interna.

En ambos casos, pues, tanto el afán estigmatizador como desestigmatizador, en relación con la persona que se prostituye como agente de transmisión de VIH, lleva a informaciones alejadas de la realidad.

 

La inmigración como amenaza a la población nacional

La prostitución ejercida por personas inmigrantes se estigmatiza como amenaza para el «Nosotros» como colectivo nacional español, y se hace siguiendo un esquema triangular en las representaciones mediáticas: 1) el hombre inmigrante vinculado a la delincuencia; 2) la mujer inmigrante que ejerce la prostitución y víctima del hombre inmigrante como proxeneta o parte de redes de trata, y 3) la policía, que actúa de salvadora de la mujer inmigrante explotada y tratada. En los últimos años analizados se incorpora, en los dos medios, el uso del verbo «liberar» para referirse a la acción de la Policía.

Liberada en Almería una joven secuestrada en Rumanía y obligada a ejercer la prostitución (El País, 15 de julio de 2007).

Liberación de mujeres. El objetivo, según Amato, es «combatir los grupos criminales que organizan el tráfico y devolver la libertad a estas muchachas» («Más de 700 detenidos en Italia por tráfico de personas y prostitución», ABC, 25 de enero de 2007).

La representación mediática ofrece así una imagen en blancos y negros que no tiene en cuenta los matices. Las operaciones policiales pueden no ser una «liberación» para aquellas mujeres que se encuentran en el país en situación administrativa irregular y/o que han normalizado la explotación en la que viven y, en cierto modo, han construido en ella su círculo de seguridad en un país que desconocen.

Este triángulo se consolida a lo largo del período analizado tanto en ABC como en El País y cristaliza, en los últimos años objeto de estudio, en la creación de un nuevo estigma: el de la «víctima perfecta», del que hablaremos de manera más pormenorizada en el siguiente apartado.

No sólo a través de la victimización se produce la objetualización de la prostituta inmigrante (como objeto de la acción de otros, que no tiene agencia, es decir que no tiene capacidad de actuación) sino también por medio de otra estrategia, en este caso gramatical: la substantivación del gentilicio, lo que, de manera subyacente, lleva a considerarlas antes inmigrantes que personas, y produce en el lector o lectora una sensación de alejamiento que obstaculiza la empatía. Tal ocurre en los siguientes ejemplos, que son sólo una pequeña muestra de las varias expresiones de construcción similar localizadas a lo largo del período analizado:

El motivo ha radicado en la competencia desleal que, a juicio de las españolas, practican las portuguesas («Prostitutas madrileñas protestan por competencia desleal de las portuguesas», El País, 1977)

Las búlgaras, que se alojaban en un piso de la calle de Camarena, entregaban todo el dinero que recaudaban («Detenida una red que forzaba a mujeres búlgaras a prostituirse », El País, 1 de junio de 1997).

 

La prostituta como la víctima perfecta

Sin embargo, las divergencias alrededor de la construcción del estigma menguarán en los últimos años analizados. Ambos medios acabarán por coincidir en representar a la prostitución fundamentalmente como forzada, dejando a un margen la de carácter voluntario. En ABC, los estigmas que identifican a la mujer que se prostituye como amenaza se suavizan: la prostituta deja de ser representada fundamentalmente como amenaza para ser presentada como víctima. No hay términos medios. La única forma de no ser una «mala mujer» trabajando en la prostituciónes que te fuercen a ejercerla.

Alrededor de las narrativas de la trata de personas con fines de explotación sexual, se extiende el estigma de la «víctima perfecta». Pérez Freire y Casado Neira identifican la «víctima perfecta» con «la hipervíctima tratada, mujer vulnerable y vulnerada en sus derechos humanos de forma extrema (violentada) y rescatada por parte de la sociedad personificada preferentemente por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado (Guardia Civil y/o policía)» (Pérez Freire y Casado Neira 2015, 35). El discurso de la «víctima perfecta» se extiende con el asentamiento en la prensa española del discurso abolicionista hegemónico en el discurso político vigente en ese momento y aún ahora, en el momento de elaboración de este artículo, y en el que coinciden los dos partidos políticos mayoritarios. Este discurso se basa, precisamente, en la narrativa de la trata de mujeres y en la explotación forzada.

Tanto el análisis cualitativo como el cuantitativo muestran la confluencia de ambos medios en el estigma de la «víctima perfecta» en los últimos años analizados. En el caso de ABC, esta construcción, localizada en el 11% de las unidades redaccionales analizadas en 1977, se incrementa hasta el 32% en el último año observado, el 2012. En El País, el estigma de la víctima perfecta pasa de estarpresente en un 5,2% en el 1977 a un 42% en el 2012. El dato es coherente con la elevada presencia de informaciones sobre trata de seres humanos con fines de explotación sexual en los últimos años de la muestra. En ambos periódicos, la trata apenas es abordada en las décadas de los 1970 y 1980. Sin embargo, su presencia se incrementa notablemente a partir de la década de los 1990 y sobre todo con la entrada del nuevo milenio, coincidiendo con la globalización de los flujos de la prostitución (del sur empobrecido al norte rico) y la conversión de España en país de recepción de prostitución. En el caso de ABC, los contenidos sobre trata llegan al 9% en 2007 y al 18% en 2012. En cuanto a El País, supone un 19% en 2007 y un 12% en 2012.

La construcción del estigma de la «víctima perfecta» se refuerza cuando va acompañado del estereotipo de «madre sufriente», como ocurre con la cobertura de la lucha de la considerada «madre coraje», la argentina Susana Trimarco, tanto por localizar a su hija, Marita Verón, secuestrada y prostituida, como por hacer justicia con sus captores. O cuando, en el abordaje del juicio a Ioan Camplaru, conocido como «Cabeza de Cerdo» y reconocido mediáticamente como uno de los mayores capos en la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, alguna de sus víctimas narra cómo fue obligada a abortar («Yo no quería abortar pero Ioan me obligó a hacerlo» (El País, 1 de febrero de 2012).

Argentina, una vez más, está conmocionada. María de los Ángeles Verón, más conocida como Marita, fue secuestrada, esclavizada y obligada a prostituirse hace diez años. Desde entonces, su madre, Susana Trimarco, la busca y demanda justicia pero no logra ninguna de las dos cosas («Sin justicia para la madre coraje argentina», ABC, 14 de diciembre de 2012)

Susana Trimarco reunió a sus 47 años el arrojo suficiente y buscar a su hija María de los Ángeles, Marita, Verón en los prostíbulos de Argentina. Cruzando testimonios por aquí y por allá fue informándose de que la chica había sido golpeada con la culata de una pistola en las calles de San Miguel de Tucumán, introducida en un coche rojo, vendida a una red de trata de blancas, drogada, violada, apuñalada y forzada a tener un hijo en cautiverio con su proxeneta, José Fernando Gómez, alias el Chenga. («Susana Trimarco, .madre coraje argentina’: «Así como yo no tengo paz, tampoco ellos la van a tener» (El País, 18 de marzo de 2012)13

Es decir, la prostituta se representa como víctima sin ambages, sin tener en cuenta que la realidad de la prostitución está llena de grises, que no toda la prostitución es forzada, que no todas las prostitutas se consideran a sí mismas víctimas y que, aún en casos de trata, puede haber un grado de agencia y capacidad de decisión de las mujeres, como ocurre cuando son engañadas sólo en parte: saben que su destino en España es la prostitución pero ignoran las condiciones de precariedad, violencia o incluso vulneración de los derechos humanos y laborales en las que van a trabajar. O cuando, a pesar de las condiciones de explotación, encuentran en esas rejas un cierto espacio de seguridad, en el que tejen sus relaciones personales y afectivas y en el que encuentran un sustento económico, en un país que desconocen y que no les ofrece mayores alternativas.

En esta evolución hacia el estigma de la víctima perfecta, el ABC llega a cambiarde modo radical su discurso acerca de la prostitución de calle y las protestas queésta genera en el vecindario de las zonas en las que se ejerce. A lo largo de todo elperíodo analizado, excepto en el 2012, el periódico se pone sistemáticamente del ladodel vecindario y del argumentario por él utilizado (inseguridad, inmoralidad, malaimagen…), ofreciendo así una representación culpabilizadora y criminalizadora dela prostituta, a la que acostumbra no darle voz. Sin embargo, en el último año analizado, aunque ABC sigue defendiendo la eliminación de la prostitución en la calle, los argumentos que recoge son totalmente distintos: es preciso acabar con la prostitución en la calle para luchar contra la explotación sexual de las mujeres. De estemodo, el estigma de la «víctima perfecta» se usa para reforzar los argumentos a favor de la desaparición de las prostitutas del espacio público, en una actitud paternalista, según la cual se decide por ellas lo que es mejor para ellas pero sin consultarlas.

 

Conclusiones

El estigma se refuerza en el desconocimiento del «Otro», en este caso, de la «Otra». En una sociedad en la que el acceso a la realidad está ampliamente mediatizado, el estigma que rodea a la prostitución, y que se expande en la intersección de las discriminaciones de género, étnicas, nacionales, de orientación sexual y de clase social, encuentra aliado y refuerzo en los contenidos difundidos por la prensa y por los medios de comunicación en general, tal y como nos permiten concluir los datos de esta investigación.

En ABC y en El País, la construcción del estigma es divergente, porque el «Nosotros» del que parten es distinto y está definido por líneas ideológicas diferentes y, sólo hasta cierto punto, opuestas. El ABC traslada a la prostitución los miedos y preconceptos que nacen del ideario conservador y católico del que bebe. En ABC, la mujer que se prostituye es una amenaza para los principios morales del catolicismo, y se concibe así mismo como amenaza para la propia integridad (identitaria, nacional, sanitaria, física y de la propiedad). El País, sin embargo, se aleja conscientemente de esta postura conservadora y moralista en lo sexual.

No obstante, aunque ese «Nosotros» del que parten ambos periódicos es divergente tiene una característica común: la mirada heteropatriarcal. Para ambos, la mujer que se prostituye es la «Otra», sea ésta más o menos estereotipada, y es, por lo tanto, antes prostituta que mujer o persona. En ambos está presente una mirada simplificadora que impide ver todas las aristas que rodean a la realidad de la prostitución. Esa simplificación, unida al predominio del discurso abolicionista en la política española de la última década (presente en los dos partidos mayoritarios en el período analizado, el PP y el PSOE), hace que ambos medios confluyan en el estigma de la víctima perfecta.

 


Notas 

1 Carole Pateman se incluye ideológicamente en el feminismo radical, que considera la prostitución como una manifestación de la violencia de género. Frente a esta concepción, surgen desde el feminismo posiciones contrarias al ideario abolicionista y que defienden la legalización de la prostitución (Ribeiro et al. 2007).

2 De su análisis de la cobertura mediática realizada por la Folha de São Paulo sobre la prostitución infanto-juvenil en la década de los 1990, Andrade (2004) y Rosemberg y Andrade (1999) concluyen que se esconde un discurso estigmatizador que marca a las niñas y adolescentes de la calle con la prostitución, al igual que graba a los niños y adolescentes de la calle con la criminalización.

3 Pitman (2002) y Janzen et al. (2013) hacen referencia a la estigmatización de la prostituta en la prensa canadiense, no sólo por el ejercicio del trabajo sexual sino por su origen étnico, en el casode las mujeres indígenas que ejercen la prostitución. Fong, Holroyd y Wong (2013) detectan también estigmatización en Hong Kong con las mujeres que se prostituyen procedentes de la China continental. Stenvoll (2002) observa el refuerzo de la estigmatización, en función del origen étnico,en la cobertura mediática de la prostitución de mujeres rusas en el norte de Noruega desde 1990 a 2001. Por su parte, van San y Bovenkerk (2013) aluden a la percepción del proxeneta hijo de familias migradas como un peligro para la sociedad holandesa. Sacramento y Ribeiro (2014), enreferencia a la investigación en la que participan sobre la estigmatización de las mujeres que se prostituyen en las regiones transfronterizas entre Portugal y España, mayoritariamente de América del Sur y más en concreto de Brasil (Ribeiro et al. 2007), señalan que en la construcción deatributos estigmatizantes es evidente la interseccionalidad de las categorías de género, «raza» y nacionalidad

4 De la ruptura de la distancia con la que se mira surge un importante instrumento para la quiebra de los estereotipos. Alexandra Oliveira (2011) intenta romper con los estereotipos que minan la prostitución de calle mediante una investigación en la que ella misma convivirá, desde octubre de 2002 hasta noviembre de 2007, con las personas que ejercen la prostitución en este espacio. Y de la investigación extraerá conclusiones que se alejan de algunos de los mitos mediáticos con los que se estigmatiza la prostitución, como la victimización o el presentarlas en exclusiva como personas sin capacidad de agencia, de actuación.

5 Se indica en el artículo de O’Neill et al. (2008), contextualizado en el ejercicio de la prostitución de calle en las ciudades británicas, que el hecho de que las trabajadoras sexuales acostumbren a estar bien informadas sobre su salud, incluso con tasas relativamente bajas de ETS, no amortigua las representaciones de los medios que las relacionan a ellas, y no a los clientes, con la realización de prácticas sexuales de riesgo

6 Gaye Tuchman (1983) compara los contenidos que los medios elaboran con aquella imagen que vislumbramos a través de una ventana. Lo que vemos por la ventana estará determinado por el cristal, el propio marco que limita y delimita lo que conseguimos observar del exterior, e incluso la posición de quien esté mirando.

7 Teun A. van Dijk (1990), no obstante, se aleja de una concepción omnímoda del poder y de la ideología. Considera que su efecto en las personas, el efecto, por ejemplo, del discurso transmitido por los grandes medios de comunicación, se ve matizado por los esquemas cognitivos previos presentes en el receptor o receptora.

8 En el Estudio sobre la situación laboral de la mujer inmigrante en España (Iglesias et al. 2015), se afirma la existencia de un amplio bloque social de precariedad, formado por el 88% de lapoblación femenina inmigrante, y caracterizado por el ejercicio de trabajos de cuidados y de ocupaciones manuales de cualificación básica, con salarios inferiores a los mil euros mensuales.No se hace referencia, en este estudio, a las mujeres que se dedican a la prostitución, pues ésta no está reconocida como trabajo en España.

9 . Es preciso diferenciar la prostitución de la trata y el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual. Según la definición de la ONU, adoptada en el Plan Integral de Lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, aprobado en 2008 en España, trata (en inglés, trafficking in human beings) es el «reclutamiento, transporte, embarque o recepción de personas, por medio de amenaza, uso de la fuerza, coacción, fraude, engaño, abuso de poder o de situaciones de vulnerabilidad, o mediando pago o beneficio económico en la obtención del consentimiento de una persona para que ceda el control sobre otra con el propósito de su explotación. La explotación incluye, como mínimo, la derivada de la prostitución y de otras formas de explotación sexual, trabajos o servicios forzados, esclavitud o prácticas similares, servidumbre y extracción de órganos». El tráfico (en inglés, smuggling of migrants) se entiende, también según la ONU, como «el procedimiento para obtener, directa o indirectamente un beneficio económico de entrada ilegal de una persona en un país del que no es nacional ni residente permanente».

10 Nos inspiramos en la variante de análisis de contenido propuesta por Moreno por dos motivos clave. Por un lado, la propuesta metodológica pone el foco en las personas que protagonizan la información, a través de la respuesta a cinco preguntas claves: ¿Quién enfoca? ¿A qué protagonistas? ¿Haciendo qué? ¿En qué escenarios? ¿Con qué fuentes? Esto le permite constatar la presencia mayoritaria en la prensa de lo que denomina como «arquetipo viril masculino» (Moreno 1998, 32). Por otro lado, el hecho de que los datos sean recogidos en su literalidad (es decir, se transcriben tal y como son mencionados en la unidad redaccional analizada) facilita, además, una lectura cualitativa. Pongamos un ejemplo: no sólo contabilizamos el número de mujeres prostitutas que protagonizan la información sino que, además, recogemos cómo el medio las nombra y las describe, así como los actos y las palabras que se les atribuyen.

11 Vicente Mariño (2009) defiende, para las Ciencias de la Comunicación, la integración de estas dos técnicas profusamente empleadas por las y los investigadores de este ámbito disciplinar, aunque casi siempre por separado. Las razones argumentadas por Mariño coinciden en gran medida con los motivos que basaron nuestra propuesta metodológica: la incapacidad del análisis del contenido para abordar el sustrato ideológico que esconde el texto. Sin embargo, mientras que para Mariño el análisis del discurso es un complemento a las debilidades del análisis del contenido, este trabajo parte de la consideración de las dos técnicas al mismo nivel.

12 Disponible en http://elpais.com/diario/1987/04/07/madrid/544793063_850215.html

13 Disponible en http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/16/actualidad/1329419719_ 938148. html

 

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Ana Belén Puñal Rama. Profesora titular en Comunicación Social en la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) en Ecuador y doctora por la Universidad de Santiago de Compostela. Investigadora en Comunicación y Género, forma parte del grupo de investigación «Comunicación, Ciudadanía y Cambio Social» de la UNEMI y dirige el Observatorio de Comunicación Ciudadana de dicha universidad. Es integrante, así mismo, de la Red Europa-América Latina de Comunicación y Desarrollo.

Ana Tamarit. Profesora titular de la Universidad Estatal de Milagro (Ecuador) y doctora por la Universidad de Salamanca. Investigadora en medios comunitarios,dirige el grupo de investigación «Comunicación, Ciudadanía y Cambio Social» y el Máster en Comunicación, con mención en Medios Comunitarios, de la UNEMI. Codirige, así mismo, el Observatorio de Comunicación Ciudadana de dicha universidad. Forma parte de la Red Europa-América Latina de Comunicación y Desarrollo.

 

Artículo recibido el 16 de enero de 2017 y aceptado para publicación el 22 de febrero de 2017.

 

 

Los burdeles de Nevada afrontan el último intento por prohibir la prostitución en el Oeste de EEUU

Por Dan Hernandez – Pahrump

27 de mayo de 2018

https://www.eldiario.es/theguardian/cuestion-cruzada-cerrar-prostibulos-Nevada_0_774473415.html

 

Mientras activistas y líderes religiosos organizan peticiones para cerrar los establecimientos legales, las trabajadoras advierten del posible riesgo que se trasladaría a las calles

 

Situado a unos noventa kilómetros de Las Vegas, en el condado de Nye, se encuentra El Rancho de Sheri

 

En Pahrump, Nevada —un lugar en el desierto famoso por su espíritu de “vive y deja vivir”—, cualquier persona puede llevar abiertamente un arma, un coche de carreras deportivo, comprar marihuana, tener leones, apostar y contratar servicios sexuales. Sin embargo, existe un movimiento que busca restringir las libertades de las que goza este pueblo fronterizo.

Abogados, activistas y reverendos cristianos están organizando una petición para que se prohíban los prostíbulos en dos condados de Nevada, Nye y Lyon. Si la iniciativa triunfa, casi la mitad de los burdeles de todo el Estado tendrá que cerrar.

Reliquia del viejo Oeste, la industria de los burdeles se remonta a los orígenes del “Estado Plateado” como territorio minero, y ha quedado retratado en películas y programas de televisión, donde los locales aparecían como parte fundamental del paisaje de Nevada.

Hace tiempo que algunos políticos del Estado, como el exsenador Harry Reid, plantean que se debería prohibir la prostitución, argumentando que la actividad impide que Nevada atraiga a industrias más importantes. (El trabajo sexual ya es ilegal en los condados donde están Las Vegas y Reno). Sin embargo, los prostíbulos legales han hecho conocidos a pueblos como Pahrump y hasta ahora han sido tolerados silenciosamente.

Los últimos esfuerzos por lograr la prohibición apuntan a dejar que la población decida la suerte de los prostíbulos en una votación, y ambos lados lo plantean como una lucha por la esencia del Oeste.

En una carretera entre la iglesia Heritage Bible y dos burdeles, Sheri’s Ranch (Rancho de Sheri) y Chicken Ranch (Rancho de los Pollos), un cartel recuerda a los conductores: “Pagar por el pecado es la muerte”.

“Como lo vemos nosotros, ésta es una cuestión estrictamente moral”, dijo el pastor Budd Hawk, uno de los defensores principales de la campaña, a su congregación en la iglesia de Pahrump durante un sermón dominical. “No voy a entrar en el aspecto político de la cuestión”.

Madam Sonja, gerente del Rancho del Amor, asegura que prohibir los prostíbulos perjudicaría a las trabajadoras sexuales, obligando a algunas a ejercer su profesión ilegalmente en sitios como Las Vegas, donde la prostitución callejera y las escorts (acompañantes sexuales) son vulnerables a las redes de trata, a violaciones y abusos de proxenetas.

¿Qué pasa con la seguridad?

Sonja remarca que en los burdeles legales las mujeres tienen la libertad de trabajar según los horarios y precios que elijan, en un clima seguro y controlado que incluye cámaras de seguridad, botones del pánico y la capacidad de vetar la entrada a clientes que hayan reservado el servicio a través de internet.

El profesor de sociología de la Universidad de Nevada, Barb Brents, le da la razón. “Las personas con menos recursos acabarán en las calles porque tienen que seguir trabajando para pagar el alquiler y comer. Es triste ver que los prostíbulos de Nevada pueden cerrar justamente cuando el movimiento #MeToo ha hecho que las mujeres alcen sus voces y digan: ‘Tenemos derecho a trabajar sin ser acosadas, sin importar cuál sea mi trabajo'”.

Las mujeres que trabajan en el Rancho del Amor temen más que nada la posibilidad de perder ingresos.

“Esta es una forma en que una madre soltera puede hacer igual o más dinero que un hombre para mantener su hogar”, dice Madam Sonja. “Tenemos derecho a usar nuestros cuerpos para ganarnos la vida. Es ridículo que alguien con una creencia particular pretenda decidir qué puedo y qué no puedo usar yo de mí misma para trabajar”.

La industria de la prostitución de Nevada ya se está reduciendo en parte por la competencia que representan los servicios de escorts que se anuncian por internet. En los años 80, 35 prostíbulos recibían a mineros, camioneros, residentes locales y turistas. Ahora, sólo quedan 18, de los cuales 12 son propiedad de Dennis Hof, el “Trump de Pahrump” –un hombre protagonista de su propio programa de reality y candidato a la asamblea del Estado.

 

 

“Esto es un movimiento totalmente político”, dice Hof, con un arma en la cintura y hablando desde el salón de su Rancho del Amor: “Esta es la mafia de los mormones que utilizan el sistema político para perjudicarme cuando estoy presentándome a las elecciones”.

Relata que un sábado por la noche apareció un inspector y clausuró un burdel a las 2 de la madrugada porque supuestamente incumplía un código de la normativa. Al momento de la entrevista, faltaban dos semanas para la cita para recuperar la licencia de ese burdel.

“Soy un tío antiestablishment, a mí no me pueden comprar, así que quieren arruinarme”, explica.

Las campañas Ciudadanos contra los Prostíbulos en el Condado de Nye y Ninguna Niña, un esfuerzo similar en Lyon, han conseguido la mitad de las firmas que necesitan para cumplir con las metas propuestas, y la fecha límite para poder presentar el proyecto de prohibición de los prostíbulos en las elecciones de noviembre es en pocas semanas, el 15 de junio.

El Pahrump Valley Times ha informado que sus lectores en las redes sociales “rechazan abrumadoramente la propuesta”. Salli Kerr, portavoz del grupo de Nye, afirma que están haciendo campaña puerta por puerta. Bajo el implacable sol del desierto, las calles pavimentadas desaparecen en el horizonte, añadiéndole una atmósfera casi de espejismo al esfuerzo.

Lo importante deberían ser las mujeres

“La cuestión aquí es la victimización de las mujeres”, dice Kerr, que dirige un centro para mujeres víctimas de violencia machista en Pahrump. Kerr cita un estudio que concluyó que la mayoría de las trabajadoras sexuales han sido víctimas de abusos durante su infancia. “Las prostitutas basan sus decisiones en experiencias traumáticas previas. Ese trauma literalmente afecta a las respuestas psicológicas del cerebro. Es difícil establecer si han tomado la decisión de prostituirse por sí mismas, cuando hemos permitido que la victimización en la infancia impacte en las decisiones que ha tomado esa mujer luego a lo largo de su vida”.

Admitiendo que para muchas mujeres sería difícil pasar de ingresos de seis cifras a un salario mínimo como camarera en un restaurante, Hawk, el pastor, confiesa que “desde un punto de vista estrictamente económico, la prostitución tiene sentido. Pero desde el punto de vista humano y moral, por supuesto que no. Yo confío 100% en el Señor. Todo lo que tengo es por voluntad de Dios. No me preocupa que se paguen las facturas a fin de mes porque sé que se pagarán”.

Hawk remarca que hay 44 iglesias en Pahrump, sin contar a los mormones ni las iglesias católicas, lo que sugiere que la población de 40.000 personas es muy religiosa. Pero también están los casinos, las tabernas con apuestas las 24 horas del día y las tiendas de marihuana.

“Quieren que todos encajemos en el modelo judeocristiano y eso no es así,” afirma Madam Sonja, una exmaestra de escuela y maestra de reiki, además de estrella de porno. “Yo tengo mi sentido de la moralidad bien sintonizado. Solo que no encaja en una iglesia”.

Traducido por Lucía Balducci

 

Tres de cada cuatro canarios no quieren prohibir la prostitución

 

El Día, S/C de Tenerife 

 

22 de mayo de 2018 

http://eldia.es/canarias/2018-05-22/24-Tres-cada-cuatro-canarios-quieren-prohibir-prostitucion.htm

 

Tres de cada cuatro personas en Canarias creen que la prostitución no debería prohibirse, según un estudio del Instituto Canario de Igualdad elaborado por un equipo de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL). El informe, que se ha nutrido de las opiniones de 1.500 canarios —hombres y mujeres— mayores de edad, advierte del proceso de “normalización de la violencia sexual (1) contra las mujeres”.

Uno de los datos más llamativos del informe que ha coordinado la socióloga Esther Torrado es que se confirma que hay una relación directa entre el consumo temprano de pornografía y la demanda prostitucional. “El consumo de pornografía es anterior al prostitucional y constituye la antesala del sexo de pago”, señala el documento.

Así, el medio más habitual de acceso a la pornografía son los vídeos gratuitos a través de la red y solo una minoría accede a través de televisiones locales y fotos en revistas.

El proceso de normalización de la prostitución no ocurre solo en Canarias, sino que se repite en el resto del país. El ICI ha creído conveniente acometer esta investigación para conocer la percepción de los ciudadanos ante los crecientes reclutamientos de mujeres y el aumento de la demanda de prostitución, que supone “una amenaza respecto a los principios de igualdad (1)”.

El estudio, además de la encuesta, incluye entrevistas en profundidad a una treintena de clientes. Estos varones son, en su mayoría, consumidores de prostitución y pornografía de forma habitual y simultánea. Son, por lo general, favorables a la regulación de la actividad.

Entre los usuarios hay casados y solteros. Se dividen en dos grupos. El primero es el de los “mercantilistas misóginos” y engloba a aquellos que consideran que “la prostitución es una actividad fácil donde las mujeres se mueven por el vicio y el dinero”. El segundo es el de los “mercantilistas dominantes”, aquellos que ven la prostitución como “un servicio necesario o una actividad de ocio”. Por último, hay un grupo minoritario de hombres que ha abandonado el consumo de prostitución y es favorable a su prohibición u abolición, ya que ve esta práctica como “una actividad violenta contra las mujeres”.

Iniciación sexual y forma de “ocio masculino”

El informe advierte de que para un sector de los hombres la prostitución constituye un ritual iniciático a la sexualidad iniciado con el grupo de iguales y que continúa como práctica habitual colectiva. También forma parte de las actividades de ocio masculino -como “festejos, celebraciones, despedidas de solteros, finalización de estudios, cumplimiento de la mayoría de edad”- o negocio – “cierre de negocios, comidas de empresas”.

El estudio confirma que la tolerancia hacia el fenómeno de la prostitución está avanzando entre los más jóvenes. Según los investigadores, “hay una posición de indiferencia ante la prostitución cuanto menos edad tenga la persona encuestada”. En concreto, el 32% de los menores de 30 frente al 11% de las mayores de 61.

También se observa que las mujeres casadas tienden a considerar la prostitución como una cuestión privada en mayor medida que las solteras (44% frente al 38%). Ocurre lo mismo entre los varones: los casados tienden a pensar que es un tema íntimo en mayor medida que los que viven solos.

Llama la atención que casi la mitad -el 42%- lo considera un asunto privado y “no actuaría de ningún modo” si conociera a alguna persona que acuda a la prostitución.

Además, un porcentaje elevado, casi la mitad de los encuestados, cree que las mujeres “se prostituyen por placer”, un dato que es “llamativo y contradictorio” con el resto de las respuestas.

Más del 90% de los encuestados cree que las mujeres venden su cuerpo por necesidad; el 86% considera que se hace para ganar dinero; el 71% por falta de empleo; y el 48%, porque le gusta.

En cualquier caso, las razones que encuentran las personas que han participado en el estudio están relacionadas con motivaciones “no estrictamente voluntarias (1)”.

 


1.- Comentario de la Citi:

Estas expresiones revelan el sesgo ideológico de las encuestadoras, introduciendo sus dogmas no demostrados en una encuesta que pretende precisamente, mediante su diseño científico, separar los hechos probados de las fantasías. Hablar de “normalización de la violencia sexual” es insultar a los encuestados y diluir la diferencia entre lo que es violencia y lo que no lo es, lo que favorece precisamente la impunidad de la violencia. Lo mismo ocurre al hablar de “una amenaza respecto a los principios de igualdad”. Decir que la pornografía es “la antesala del sexo de pago” en ese contexto es decir que la pornografía también es violencia contra las mujeres y debería ser prohibida. Y hablar de motivaciones “no estrictamente voluntarias” es apoyarse en la falacia de que existen los trabajos “estrictamente voluntarios”.

El abolicionismo es violencia contra las mujeres, el patriarcado de nuestros días y, en definitiva, una secta criminal.

 

Obituario de Laura Lee en The Times

 

 Licenciada en derecho y trabajadora sexual que disfrutó de su ocupación y se convirtió en una incansable defensora de los derechos de las prostitutas

 

26 de abril de 2018, The Times

 

https://www.thetimes.co.uk/article/laura-lee-obituary-k268vjvrx

 

Laura Lee en 2016. Comenzó a trabajar en un salón de masajes de Dublín a la edad de 19 años CHARLES MCQUILLAN / GETTY IMAGES

 

Laura Lee sentó un día a su hija de siete años sobre sus rodillas y le dijo que era trabajadora sexual. “Dije: ‘Mami tiene este trabajo. Hago compañía a los hombres solitarios si no tienen una mujer con ellos. No es ilegal y no es inmoral, pero probablemente será mejor que no lo mencionemos en la reunión de padres del colegio”, recordó Lee, una importante defensora de la profesión más antigua y la primera trabajadora sexual activa en prestar testimonio en una investigación gubernamental sobre prostitución.

Fue una mujer con una personalidad tan brillante como su largo cabello rizado negro azabache, que había amado su trabajo desde sus primeros turnos en un salón de masajes de Dublín, donde podía ganar £ 200 por noche.

“Iba a la universidad en Dublín y me resultaba cada vez más difícil cubrir los costos”, dijo. “La mayoría de mis amigos trabajaban tres o cuatro noches a la semana en restaurantes. Siendo inherentemente perezosa, tomé la decisión poco ortodoxa de convertirme en la chica del sábado en la sala de masajes local “.

Se inspiró viendo la película de 1987 Personal Services sobre la madam de suburbio Cynthia Payne (obituario, 17 de noviembre de 2015). Al igual que su heroína, Lee era una dominadora experta, pero también se deleitaba hablando con sus clientes sobre sus problemas matrimoniales y pasaba tiempo con personas con discapacidades físicas que nunca antes habían tenido relaciones sexuales. Su título de trabajo declarado a Inland Revenue era “terapeuta corporativa”.

“A veces la esposa está enferma o en un hogar de ancianos o se casaron jóvenes. Todavía adoran a sus esposas, pero falta el lado físico. El sexo es probablemente alrededor del 25 por ciento de lo que hacemos. Tuve un cliente que falleció de cáncer de hígado el año pasado y lo abracé fuertemente y le pregunté: ‘¿Tienes miedo?’ Cuando dijo ‘sí’, ambos nos abrazamos y lloramos. Para estos hombres se trata de recordar cómo abrazar a una mujer, cómo olemos y cómo somos de blandas “.

Habiendo sido puesta al descubierto varias veces, Lee decidió “dar la cara con orgullo” e hizo campaña contra una legislación que podría llevar la prostitución aún más a la clandestinidad. Luchó contra un proyecto de ley presentado en 2015 por el miembro del Partido Unionista Democrático Lord Morrow que hizo que pagar por sexo en Irlanda del Norte sea un delito criminal. Laura afirmó que el riesgo de sufrir abusos era mucho mayor después de la promulgación de la ley. “La gente no está dispuesta a usar formularios de reserva en línea ni divulgar sus detalles. Todos de repente se convirtieron en ‘puteros’. No ha habido una reducción en la demanda, pero es mucho más difícil mantenernos seguras “, dijo Lee, quien solicitó una revisión judicial y recibió un” tsunami de informes de abusos” en las redes sociales. “Están usando teléfonos de hoteles, por ejemplo, para contactar con trabajadoras sexuales en Belfast en lugar de dejar sus móviles. Esto significa que si uno de ellos se vuelve violento, ya no hay una trazabilidad real “.

Ella era una de las pocas prostitutas activas que hablaba públicamente sobre sus propios rasguños. “Un chico llegó a mi casa claramente perturbado. Comenzó con horribles abusos verbales, basados ​​en el sectarismo y su odio hacia las trabajadoras sexuales, un odio hacia los católicos. . . Mi objetivo principal era sacarlo de la habitación, lo cual finalmente hice “.

Con su agradable acento de Dublín, Lee llevó adelante su misión de desestigmatizar el trabajo sexual. En las entrevistas, hablaba sobre su vida doméstica como madre soltera y revelaba que el 70 por ciento de las trabajadoras sexuales eran madres que cuidaban de sus hijos.

Rechazó la estimación de la policía de que el 50% de las mujeres que trabajaban en los 2.000 burdeles de Londres habían sido víctimas de la trata. Lee afirmó que la definición legal del trata sexual era nebulosa y bromeó diciendo que si un amigo la llevara a dar un paseo, técnicamente la estaría sometiendo a trata.

Se rió de los “fanáticos” religiosos que condenaron su trabajo por inmoral y reservó todo su desprecio para actrices como Anne Hathaway y Meryl Streep y sus pronunciamientos sobre la prostitución. “Las hemos pedido en varias ocasiones que dejen de hablar de nosotras sin contar con nosotras. Es subestimarnos. Es: ‘Shh, shh, sabemos lo que es mejor para ti, vamos a sacarte de esta industria porque te estás lastimando a ti misma y ni siquiera lo sabes.’ Creo que si estuviera siendo lastimada lo sabría”.

De hecho, Lee disfrutó tanto del trabajo que dijo: “Temo el día que cuelgue mis botas altas. Extrañaré a mis clientes, la emoción y el aspecto salaz de eso “.

Antoinette Cosgrave nació en Dublín en 1973 en una familia católica de clase trabajadora y asistió a una escuela dirigida por monjas. Era una rebelde natural y exasperaba al personal con sus travesuras. Sin embargo, era una niña inteligente y se metió en el University College de Dublín para estudiar leyes. Al mismo tiempo, trabajó en un salón de masajes de Dublín hasta que un periódico local publicó una historia sobre ella. Se lo contó a sus padres. Aunque resultaron profundamente conmocionados, lo tomaron bien, dijo ella.

Después de graduarse, Lee dio pasos para convertirse en abogada, pero sus planes cambiaron después de quedar embarazada durante una relación de corta duración y verse necesitada de un trabajo para mantener a su hija. Se mudó a Oban en la costa oeste de Escocia, donde trabajaba en un banco de día y atendía clientes por las noches.

Los negocios fueron viento en popa porque no había otras escorts en la zona. Se corrió la voz y las sensibilidades tradicionales presbiterianas se inflamaron. Los transeúntes la gritaban y le decían a su hija: “Tu mamá se va a morir de SIDA”. El banco recibió quejas de sus clientes y trató de despedirla. Lee luchó contra su despido alegando que estaba siendo discriminada, pero el caso nunca llegó a los tribunales. “Me hice trabajadora sexual para deshacerme del estigma de trabajar en la banca”, dijo.

Lee se mudó a Kilmarnock en Ayrshire y creó una lista de clientes en todo el país, anunciando “recorridos” en su sitio web. Originalmente usó el nombre Anna, pero hace unos diez años adoptó el seudónimo de Laura Lee.

Dio conferencias a las fuerzas policiales sobre el trabajo sexual y uno de sus logros de los que estaba más orgullosa fue persuadir al Servicio de Policía de Irlanda del Norte para que introdujera “oficiales de enlace de trabajo sexual” en 2014. Un año antes había comenzado un título de Psicología en la Universidad Abierta.

Lee prestó testimonio en la investigación de asuntos de interior de 2016 sobre la prostitución y, a menudo, se la llamó como testigo experta en juicios que involucraban a trabajadoras sexuales. A menudo era reconocida en público. “La gente se acerca a mí y me dice: ‘Oh, he oído que tienes un sitio web’ y tú sencillamente los miras y dices ‘sí, ¿y qué?’ No hay nada que negar; si no es un secreto, no puede hacerte daño “.

Tras su valentía, Lee fue profundamente herida por el abuso en línea. Sus amigos también dijeron que sufrió daños psicológicos por una agresión sexual hace tres años.

Trató de encontrar una relación romántica propia. Le decía a las amigas, tomando una taza de té o algo más fuerte, lo nerviosa que estaba ante una cita. Después de salir con varios hombres en los últimos años, todavía estaba buscando amor.

A Lee le sobrevive su hija Cat, de 17 años, que es estudiante. Vivían en una casa llena de hámsters con un gato llamado Pebbles y una gatita llamado Luna. Traía golosinas tales como salchichas frescas para las mascotas de sus clientes.

Estaba orgullosa de su hija, quien, dijo, “me defenderá hasta el último aliento”. Lo que hacen adultos mentalmente capacitados a puerta cerrada no es asunto de nadie “.

 

Laura Lee, trabajadora sexual y defensora de los derechos de las trabajadoras sexuales, nació el 25 de abril de 1973. Murió de causas no reveladas el 7 de febrero de 2018, a la edad de 44 años.

¡¡¡ Derogar / detener FOSTA AHORA !!!

 

 

Creado por J.O. el 27 de marzo de 2018

 

Firma esta peticion aquí:

https://petitions.whitehouse.gov/petition/repealstop-fosta-now

 

Revocar FOSTA o detener la firma de FOSTA inmediatamente: internet NECESITA ser abierto. Esta ley socava por completo la importancia de un internet abierto que es sobre lo que se construyó todo internet. Inconsecuentemente viola la primera enmienda simplemente al hacer que los sitios sean responsables de las acciones de sus usuarios. Esto impide la libre expresión y restringe lo que un sitio puede hacer en general. Los foros se cerrarán, los mercados se cerrarán. Hacer que sitios como Twitter, Facebook y Craigslist sean responsables de las acciones de sus usuarios es algo completamente descabellado. Son foros y mercados públicos , no harías que un centro comercial o un hotel fuera penalmente responsable de que haya una prostituta en la esquina, ¿verdad?

La libertad sexual está en riesgo por estos nuevos y condenatorios proyectos de ley aprobados por el Congreso

Steven W Thrasher 

 

 

 

Craigslist cerró sus anuncios personales debido al intento patriarcal y homofóbico del Congreso de controlar a las trabajadoras sexuales. No se detendrá ahí.

@thrasherxy

29 de marzo de 2018

https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/mar/29/sexual-freedom-fosta-sosta?CMP=share_btn_fb

 

“El Congreso de los EE. UU. quiere regular aún más el sexo a través de internet, y la vida sexual moderna de la mayoría de las personas interactúa con internet”. Fotografía: Andrew Bret Wallis / Getty Images

 

Craigslist cerró completamente su sección de anuncios personales la semana pasada. Esto me dejó conmocionado: por lo que augura sobre mi propia historia sexual con los personales “M4M” de Craiglist, sobre la seguridad de las trabajadoras sexuales y sobre la creciente vigilancia de las libertades sexuales en los EE. UU.

¿El motivo del cierre? El Congreso de los EE. UU. Acaba de aprobar la Ley de Lucha contra la Trata Sexual en Línea (FOSTA) y la Ley para Detener la Facilitación de la Trata Sexual (SESTA). Parece probable que Donald Trump firme estos proyectos de ley antisexuales y los convierta en ley firme, incluso cuando el país oye todo acerca de él supuestamente siendo azotado por la estrella de cine adulto Stormy Daniels.

Como Craigslist explicó en su sitio, FOSTA busca “someter a los sitios web a responsabilidad penal y civil cuando terceros (usuarios) hacen un uso indebido ilegal de los contactos personales en línea”. Si ocurre algún trabajo sexual en su sitio, Craigslist podría ser demandado.

“No podemos asumir ese riesgo sin poner en peligro todos nuestros otros servicios, por lo que estamos lamentablemente sacando los contactos de Craigslist fuera de línea”, escribió la siempre simple cartelera de Internet. “Esperamos poder traerlos de vuelta algún día. Para los millones de cónyuges, parejas y compañeros que se conocieron a través de Craigslist, ¡les deseamos toda la felicidad! ”

Si crees que nada de esto te afecta a ti porque no eres queer o te gusta el trabajo sexual, vuelve a pensarlo.

Ese sentimiento amable me golpeó duro. Una gélida noche de febrero de 2007, unas semanas después de la muerte de mi madre, en el invierno más oscuro de mi vida, respondí a un anuncio de Craigslist en la categoría de “hombres que buscan hombres”. Nos encontramos esa noche y tuvimos sexo.

Después, hablamos un poco de esa encantadora manera post-orgásmica como los hombres homosexuales a veces hacemos, en ese espacio de conexión en el que Craigslist M4M me ha permitido conocer a otros hombres gay en los confines del mundo. Él era un hombre inteligente y encantador. No vivíamos en la misma ciudad, pero luego cuando lo hicimos, salimos juntos por varios años. Excepto en casos muy raros, la vergüenza y el bochorno evitaron que le dijera a nadie que había conocido a este novio de esta manera. Pero se convirtió en uno de los grandes amores de mi vida y sigue siendo un querido amigo.


“Es una tragedia que otras personas no tendrán ya la libertad de explorar como yo lo hice de esta manera”. Fotografía: Tetra Images / Getty Images

Es triste que nadie más llegue a conocer a sus novios o pueda establecer contactos en Craigslist, pero mi tristeza no es solo por la pérdida de contactos “respetables”. Lloro por todos los contactos que la gente tuvo a través de Craigslist que fueron significativas para ellos, incluido el trabajo sexual.

Craiglist M4M fue fundamental para explorar mi sexualidad en ciernes, y me conecté con muchachos durante mis 20 años. No tengo el tipo de rostro o cuerpo que generaba mucho interés en Match.com cuando tenía veintitantos años, y todavía no tengo el aspecto adecuado para generar interés en Grindr o Tinder.

Pero a veces, en el intercambio de coqueteo de correos electrónicos generados por anuncios de Craiglist, encontré hombres con quienes explorar, a veces sexualmente, a veces no. Es una tragedia que otras personas no tendrán ya la libertad de explorar como yo lo hice de esta manera.

Pero obstaculizar actos sexuales como los míos ni siquiera era la intención principal de SESTA o FOSTA. El objetivo principal de estos proyectos de ley es amalgamar el rastreo del sexo forzado con el trabajo sexual voluntario, así como castigar mejor a cualquier persona que se dedique voluntariamente al trabajo sexual (y cualquier sitio web que lo facilite). Este es un asalto económico particular contra las personas que son queer, trans y / o anteriormente encarceladas que han sido excluidas de otras formas de obtener ingresos.

Como la reportera principal de In Justice Today, Melissa Gira Grant ha estado escribiendo durante un tiempo, estos proyectos de ley son rechazados por los sobrevivientes de trata sexual y pondrán en riesgo la vida de las trabajadoras sexuales. La respuesta ahora es hacer que el trabajo sexual sea legal y facilitar las formas en que se puede hacer de manera más segura, no para conducirlo a mayor clandestinidad.

Más personas deberían preocuparse por los derechos de las trabajadoras sexuales. Pero si crees que nada de esto se aplica a ti porque no eres queer o te gusta el trabajo sexual, piensa de nuevo: el Congreso de EE. UU. quiere regular aún más el sexo a través de Internet, y las vidas sexual moderna de la mayoría de las personas interactúa con internet.

Craigslist cerró toda su sección personal debido al deseo excesivo del Congreso de controlar el trabajo sexual. Y no hay ninguna razón para que el Congreso no pueda intimidar de manera similar a Tinder o Grindr para que te retiren o cierren por completo, igual que Craigslist: y entonces ¿dónde irías?

Ha habido preocupación porque el movimiento #MeToo pudiera llevar a un pánico sexual. Pero el verdadero pánico sexual no se debe al feminismo enloquecido, sino al deseo patriarcal, homofóbico, antitrans y teocrático del Congreso de EE. UU. de controlar a las trabajadoras sexuales y, por extensión, sofocar los deseos sexuales de cualquiera de nosotros que no quiera conformarme a sus formas puritanas.

  • Steven W Thrasher es el escritor general para el Guardian US

Marcos legales de trabajo sexual

Elaborado por ICRSE

Traducido del inglés por Citi

6 de marzo de 2018

 

Prohibición

  • Ideología: el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales son inmorales, las trabajadoras sexuales son los vectores del VIH y otras enfermedades y representan una amenaza para la sociedad.
  • Albania, Armenia, Eslovenia, Rusia, Ucrania.
  • Consecuencias:
  • Las trabajadoras sexuales y sus lugares de trabajo son blanco de redadas policiales, las trabajadoras sexuales se ven obligadas a someterse a pruebas de VIH, ITS, hepatitis B y C, cuyos resultados pueden hacerse públicos.
  • Las trabajadoras sexuales no pueden acceder a los mecanismos de justicia ya que la policía es uno de sus principales atacantes.
  • Según un informe de Europa Central y Oriental y Asia Central, más del 40% de las trabajadoras sexuales sufrieron abusos físicos por parte de la policía en el año anterior a la encuesta.
  • La policía considera los condones que llevan las trabajadoras sexuales como prueba, por lo que las trabajadores sexuales son reacias a tenerlos cuando trabajan.
  • En Europa del Este, la mayoría de las nuevas infecciones por el VIH se producen entre las trabajadoras sexuales y las personas que se inyectan drogas; se estima que una de cada diez trabajadoras sexuales vive con el VIH.

 

Modelo sueco

  • Ideología: las trabajadoras del sexo son víctimas del patriarcado y de la violencia contra la mujer cometida por hombres.
  • Suecia, Noruega, Islandia, Irlanda del Norte (RU), Irlanda, Francia.
  • Consecuencias:
  • El volumen de trabajo sexual no ha disminuido: según la Policía sueca, el número de salas de masaje tailandés que presuntamente ofrecen servicios sexuales se ha triplicado en 3 años.
  • Según un estudio, la mitad de las trabajadoras sexuales encuestadas tenían menos confianza en los servicios sociales y la policía después de la introducción de la ley, lo que les impide denunciar los casos de violencia a las fuerzas del orden.
  • Las trabajadoras sexuales de calle se enfrentan a niveles más altos de competencia, precios decrecientes y peores condiciones de trabajo, por lo tanto, a menudo necesitan confiar más en clientes agresivos y en terceros y proporcionar servicios sexuales sin usar condones.
  • Aunque el trabajo sexual no está prohibido sobre el papel, las ordenanzas municipales y / o las acciones dirigidas contra los clientes conducen a la detención y deportación de las trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas.
  • El estigma y las actitudes discriminatorias van en aumento: según una encuesta de 2015, más personas piensan que el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales deberían ser penalizados: el 52% tenía esta opinión en 2015 frente al 30% antes de la introducción de la ley.

 

Legalización

  • Ideología: el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales deben ser controlados y reprimidos meticulosamente por el Estado.
  • La regulación estricta se manifiesta en varias formas: registro de trabajadoras sexuales; limitación en el número, ubicación, criterios operacionales de los lugares de trabajo sexual; condiciones impuestas sobre quién puede trabajar como trabajadora sexual, tales como exámenes médicos obligatorios.
  • Alemania, Holanda, Suiza, Hungría, Grecia, Turquía.
  • Consecuencias:
  • Sistema de dos niveles: solo una fracción de las trabajadoras sexuales y de las empresas de trabajo sexual pueden cumplir las regulaciones restrictivas.
  • Quienes no pueden cumplir se enfrentan a multas y castigo.
  • En Grecia y Turquía, sólo el trabajo en lugares cerrados es legal y solo se permite trabajar a las mujeres cis solteras.
  • En Hungría, las trabajadoras sexuales de calle solo pueden solicitar en las llamadas “zonas de tolerancia” o áreas situadas fuera de las “zonas protegidas”.
  • En los Países Bajos, varios municipios han intentado introducir el registro obligatorio de trabajadoras sexuales en los últimos años.
  • En Alemania, según una nueva ley aprobada en 2017, las trabajadoras sexuales deben registrarse ante las autoridades designadas que son quienes determinarán si pueden o no recibir su licencia.

 

Despenalización

  • Ideología: el trabajo sexual se reconoce legalmente como trabajo y se lo trata como a otros sectores de servicios, las trabajadoras sexuales tienen derecho a los derechos laborales.
  • Nueva Zelanda
  • Consecuencias:
  • No aumenta el número de trabajadoras sexuales ni de personas víctimas de trata en la industria del sexo.
  • El 90% de las trabajadoras sexuales encuestadas piensa que el nuevo modelo ha mejorado su capacidad para hacer respetar sus derechos laborales y su acceso a la salud y la seguridad.
  • 57% de las trabajadoras sexuales encuestadas piensa que las actitudes de la policía han mejorado desde la despenalización.
  • El 64% de las trabajadoras sexuales encuestadas pensó que era más fácil rechazar clientes, esta tasa fue del 37% antes de la despenalización.
  • Más trabajadoras sexuales informan de que revelan su estatus de trabajadora sexual cuando visitan al médico y que se someten a controles de salud periódicos.
  • Según Lancet, una revista médica líder, la despenalización evitaría el 33-46% de las infecciones por VIH en la próxima década.

 


1.- Ver más sobre marcos legales:

Comité Internacional sobre los Derechos de los Trabajadores Sexuales en Europa (ICRSE) (2015). ¡Nada acerca de nosotras sin nosotras! Diez años de activismo por los derechos de las trabaiadoras sexuales. Elérhető: http://www.sexworkeurope.org/sites/default/files/userfiles/files/ICRSE_10years%20report_April2016_photo_%282%29.pdf

Red mundial de proyectos de trabajo sexual (2014). El trabajo sexual y la ley: comprender los marcos legales y la lucha por las reformas a la ley del trabajo sexual. Disponible en: http://www.nswp.org/sites/nswp.org/files/Sex%20Work%20%26%20The%20Law.pdf

2.- Red de Defensa de los Derechos de los Trabajadores Sexuales (SWAN) (2009). Detener la violencia: abusos de los derechos humanos contra las trabajadoras sexuales en Europa central y oriental y Asia central. Disponible en: https://www.opensocietyfoundations.org/sites/default/

3.- AVERT. VIH y SIDA en Europa del Este y Asia Central. Disponible en: http://www.avert.org/professionals/hiv-around-world/eastern-europe-central-asia

4.- Junta de la Policía Nacional de Suecia (2012). Trata de seres humanos con fines sexuales y de otro tipo. Informe de situación 13. Disponible en:

https://www.polisen.se/Global/www%20och%20Intrapolis/Informationsmaterial/01%20Polisen%20nationellt/Engelskt%20informationsmaterial/Trafficking_1998_/Trafficking_report_13_20130530.pdf

5.- Asociación Sueca para la Educación Sexual (RFSU) (2010). Remissvar ang SOU 2010: 49, Förbud mot köp av sexuell tjänst. Disponible en: http://www.rfsu.se/sv/Sex-och-politik/Remisser-och-yttranden/Yttrande-over-betankandet-Forbud-mot-kop-av-sexuell-tjanst-En-utvardering-1999 -2008-SOU-201049 /

6.- Red global de proyectos de trabajo sexual (2015). Herramientas de activismo: El verdadero impacto del modelo sueco en las trabajadoras sexuales. Disponible en: http://www.nswp.org/resource/the-real-impact-the-swedish-model-sex-workers-advocacy-toolkit

7.- http://www.nswp.org/sites/nswp.org/files/SW%20Digest%20Issue%2011%20Jan%20-%20Mar%202015.pdf

8.- https://www.opendemocracy.net/beyondslavery/diverse-group-of-berlin-based-sex-worker-activists/german-law-endangers-sex-workers

9.- Departamento de Salud Pública y Medicina General, Universidad de Otago, Christchurch (2007).

El impacto de la Ley de Reforma de la Prostitución en las prácticas de seguridad y salud de las trabajadoras sexuales. Disponible en: http://www.otago.ac.nz/christchurch/otago018607.pdf

10.- http://www.thelancet.com/series/hiv-and-sex-workers