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Simone de Beauvoir: “Prostitutas y hetairas” (Capítulo IV de “El segundo sexo”)

 

 

CAPÍTULO IV

PROSTITUTAS Y HETAIRAS

Ya hemos visto (1) que el matrimonio tiene como correlativo inmediato la prostitución. «El hetairismo —dice Morgan— sigue a la Humanidad hasta en su civilización como una oscura sombra que se cierne sobre la familia.» Por prudencia, el hombre consagra a su esposa a la castidad, pero él no se satisface con el régimen que le impone.

(1) Volumen I, parte segunda.

Los reyes de Persia —relata Montaigne, quien aprueba su sabiduría— llamaban a sus mujeres para que los acompañasen en sus festines; pero, cuando el vino los caldeaba y necesitaban soltar la brida a la voluptuosidad, las enviaban a sus habitaciones privadas, para no hacerlas partícipes de sus apetitos inmoderados, y ordenaban que acudiesen en su lugar mujeres con las cuales no tenían la obligación de mostrarse respetuosos.

Hacen falta cloacas para garantizar la salubridad de los palacios, decían los Padres de la Iglesia. Y Mandeville, en una obra que hizo mucho ruido, decía: «Es evidente que existe la necesidad de sacrificar a una parte de las mujeres para conservar a la otra y para prevenir una suciedad de carácter más repelente.» Uno de los argumentos esgrimidos por los esclavistas norteamericanos en favor de la esclavitud consistía en que, al estar los blancos del Sur descargados de las faenas serviles, podían mantener entre ellos las relaciones más democráticas {650}, más refinadas; de igual modo, la existencia de una casta de «mujeres perdidas» permite tratar a la «mujer honesta» con el respeto más caballeresco. La prostituta es una cabeza de turco; el hombre descarga su torpeza sobre ella y luego la vilipendia. Que un estatuto legal la someta a vigilancia policíaca o que trabaje en la clandestinidad, en cualquier caso es tratada como paria.

Desde el punto de vista económico, su situación es simétrica a la de la mujer casada. «Entre las que se venden por medio de la prostitución y las que lo hacen a través del matrimonio, la única diferencia consiste en el precio y la duración del contrato», dice Marro (1). Para ambas, el acto sexual es un servicio; la segunda está comprometida para toda la vida a un solo hombre; la primera tiene varios clientes que le pagan por unidades. Aquella está protegida por un varón contra todos los demás; esta se halla defendida por todos contra la exclusiva tiranía de cada uno. En todo caso los beneficios que extraen del don de su cuerpo están limitados por la competencia; el marido sabe que podría haber elegido otra esposa: el cumplimiento de los «deberes conyugales» no es una gracia, es la ejecución de un contrato. En la prostitución, el deseo masculino, al no ser singular sino especifico, puede satisfacerse con no importa qué cuerpo. Esposa o hetaira, ninguna logra explotar al hombre más que en el caso de que adquieran sobre él un singular ascendiente. La gran diferencia entre ellas consiste en que la mujer legítima, oprimida en tanto que mujer casada, es respetada como persona humana; y este respeto empieza a dar jaque seriamente a la opresión. Mientras que la prostituta no tiene los derechos de una persona y en ella se resumen, a la vez, todas las figuras de la esclavitud femenina.

(1) La puberté.

Resulta ingenuo preguntarse qué motivos empujan a la mujer a la prostitución; hoy ya no se cree en la teoría de Lombroso, que asimilaba a las prostitutas con los criminales y que solo veía degenerados en unos y otras; según afirman las estadísticas, es posible que, de una manera general {651}, el nivel mental de las prostitutas esté un poco por debajo del nivel medio y que el de algunas sea francamente débil: las mujeres cuyas facultades mentales están disminuidas eligen de buen grado un oficio que no exige de ellas ninguna especialización; pero la mayor parte de ellas son normales, y algunas, muy inteligentes. Ninguna fatalidad hereditaria, ninguna tara fisiológica, pesa sobre ellas. En verdad, en un mundo en que la miseria y la falta de trabajo causan estragos, tan pronto como una profesión se abre, se encuentran gentes dispuestas a ejercerla; mientras existan la Policía y la prostitución, habrá policías y prostitutas. Tanto más cuanto que estas profesiones, por término medio, reportan más beneficios que otras muchas. Es hipócrita en grado sumo asombrarse de la oferta que suscita la demanda masculina; se trata de un proceso económico rudimentario y universal.

«De todas las causas de la prostitución —escribía en 1857 Parent-Duchâtelet, en el curso de su encuesta—, ninguna más activa que la falta de trabajo y la miseria, que es consecuencia inevitable de los salarios insuficientes.» Los moralistas bien pensados replican sarcásticamente que los lacrimosos relatos de las prostitutas son novelas para uso de clientes ingenuos. En efecto, en muchos casos la prostituta podría haberse ganado la vida de otra manera: pero, si la que ha elegido no le parece la peor, eso no prueba que tenga el vicio en la sangre; más bien eso condena a una sociedad donde ese oficio es todavía uno de los que a muchas mujeres les parece el menos repelente. La pregunta suele ser: ¿por qué lo han elegido? Pero la cuestión es más bien la siguiente: ¿por qué no hablan de elegirlo? Entre otras cosas, se ha advertido que gran parte de las prostitutas se reclutaban entre las sirvientas; eso fue lo que estableció Parent-Duchâtelet para todos los países, lo que observaba Lily Braun en Alemania y lo que hacía notar Ryckère respecto a Bélgica. Alrededor del 50 por 100 de las prostitutas han sido antes criadas. Una ojeada a la «habitación de la criada» basta para explicar el hecho. Explotada, esclavizada, tratada como objeto más que como persona, la criada para todo no espera del porvenir ninguna mejoría de su suerte; a veces tiene que sufrir los caprichos {652} del amo de la casa: de la esclavitud doméstica y los amores ancilares, se va deslizando hacia una esclavitud que no podría ser más degradante, pero que ella sueña más dichosa. Además, las mujeres que prestan sus servicios como criadas son muy a menudo desarraigadas; se calcula que el 80 por 100 de las prostitutas parisienses proceden de las provincias o del campo. La proximidad de su familia, la preocupación por su reputación impedirían a la mujer abrazar una profesión generalmente despreciada; pero, perdida en una gran ciudad y no encontrándose ya integrada en la sociedad, la idea abstracta de la «moral» no representa para ella un obstáculo. Cuanto más rodea la burguesía de temibles tabúes el acto sexual —y, sobre todo, la virginidad—, tanto más se presenta en muchos medios obreros y campesinos como una cosa indiferente. Multitud de encuestas coinciden en este punto: hay un gran número de jóvenes que se dejan desflorar por el primero que llega y que inmediatamente después consideran natural entregarse al primero que pase. En una encuesta realizada con cien prostitutas, el doctor Bizard ha comprobado los hechos siguientes: una había sido desflorada a los once años, dos a los doce, dos a los trece, seis a los catorce, siete a los quince, veintiuna a los dieciséis, diecinueve a los diecisiete, diecisiete a los dieciocho, seis a los diecinueve años; las demás lo habían sido después de los veintiún años. Así, pues, había un 5 por 100 que habían sido violadas antes de su formación. Más de la mitad decían haberse entregado por amor; las otras habían consentido por ignorancia. El primer seductor es frecuentemente joven. Lo más corriente es que se trate de un camarada de taller, un colega de oficina, un amigo de la infancia; después vienen los militares, los contramaestres, los ayudas de cámara, los estudiantes; la lista del doctor Bizard incluía, además, dos abogados, un arquitecto, un médico, un farmacéutico. Es bastante raro, en contra de lo que quiere la leyenda, que sea el propio patrón quien desempeñe el papel de iniciador: pero con frecuencia lo es su hijo, o su sobrino, o uno de sus amigos. Commenge, en su estudio, señala también el caso de cuarenta y cinco muchachas de doce a diecisiete años que {653} habían sido desfloradas por desconocidos a quienes no habían vuelto a ver jamás; habían consentido con indiferencia, sin experimentar placer. Entre otros, el doctor Bizard ha detallado los siguientes casos:

La señorita G., de Burdeos, al salir de] colegio de monjas a los dieciocho años de edad, se deja arrastrar por curiosidad, sin pensar mal, a una roulotte, donde es desflorada por un forastero desconocido.

Una niña de trece años se entrega, sin reflexionar, a un señor a quien encuentra en la calle, al que no conoce y a quien no volverá a ver nunca más.

M. nos cuenta textualmente que ha sido desflorada a la edad de diecisiete años por un joven a quien no conocía… Se dejó hacer por ignorancia.

R., desflorada a los diecisiete años y medio por un joven a quien no habla visto nunca y con quien se encontró por azar en casa de un médico de la vecindad, al cual había ido a buscar para que atendiese a su hermana enferma; el joven la llevó en su automóvil para que regresara más rápidamente; pero, en realidad, después de haber obtenido de ella lo que deseaba, la dejó plantada en plena calle.

B., desflorada a los quince años y medio, «sin pensar en lo que hacía», dice textualmente nuestra cliente, por un joven a quien no ha vuelto a ver; nueve meses después, dio a luz una hermosa criatura.

S., desflorada a los catorce años por un joven que la atrajo a su casa so pretexto de presentarle a una hermana suya. En realidad el joven no tenía hermana; pero sí la sífilis, y contagió a la niña.

R., desflorada a los dieciocho años, en una antigua trinchera del frente, por un primo casado, con quien visitaba el campo de batalla y que la dejó encinta, lo cual la obligó a abandonar a su familia {654}.

C., de diecisiete años de edad, desflorada en la playa una noche de verano por un joven a quien acababa de conocer en el hotel y a cien metros de sus respectivas madres, que charlaban de trivialidades. Contagiada de blenorragia.

L., desflorada a los trece años por su tío, mientras escuchaban la radio, en tanto que su tía, a quien le gustaba acostarse temprano, descansaba tranquilamente en la habitación contigua.

Esas jóvenes que han cedido pasivamente, no por ello han sufrido menos el traumatismo de la desfloración, podemos estar seguros de ello. Uno querría saber qué influencia psicológica ha ejercido en su porvenir tan brutal experiencia; pero no se psicoanaliza a las rameras, que son torpes para describirse a sí mismas y se ocultan detrás de clisés establecidos. En algunas de ellas, la facilidad para entregarse al primero que llegó se explica por la existencia de los fantasmas de la prostitución de que hemos hablado: hay muchachas muy jóvenes que imitan a las prostitutas por rencor familiar, por horror hacia su naciente sexualidad o por el deseo de jugar a ser personas mayores; se maquillan escandalosamente, frecuentan el trato con muchachos, se muestran coquetas y provocativas; ellas, que todavía son infantiles, asexuadas y frías, creen poder jugar impunemente con fuego; un día un hombre les toma la palabra y ellas se deslizan de los sueños a los hechos.

«Una vez hundida una puerta es difícil tenerla cerrada», decía una joven prostituta de catorce años (1). Sin embargo, raramente se decide la muchacha a ponerse en una esquina inmediatamente después de su desfloración. En algunos casos, sigue apegada a su primer amante y continúa viviendo con él; toma un oficio «honrado»; cuando el amante la abandona, otro la consuela; puesto que ya no pertenece a un solo hombre, estima que puede darse a todos; a veces es el amante —el primero, el segundo— quien sugiere ese medio de ganar dinero. Hay también muchas jóvenes a quienes {655} prostituyen sus padres: en algunas familias —como la célebre familia de los Juke—, todas las mujeres están destinadas a ese oficio. Entre las jóvenes vagabundas se cuenta también un elevado número de niñas abandonadas por sus deudos, que empiezan por ejercer la mendicidad y de ahí se deslizan a las esquinas. En 1857, Parent-Duchâtelet comprobó que, de 5.000 prostitutas, 1.441 habían sido influidas por la pobreza, seducidas y abandonadas, y 1.255 habían sido abandonadas y dejadas sin recursos por sus padres. Las encuestas modernas sugieren, poco más o menos, las mismas conclusiones. La enfermedad empuja frecuentemente a la prostitución a la mujer que ha quedado incapacitada para realizar un verdadero trabajo, o que ha perdido su empleo; destruye el precario equilibrio del presupuesto, obliga a la mujer a inventarse apresuradamente nuevos recursos. Lo mismo ocurre con el nacimiento de un hijo. Más de la mitad de las mujeres de Saint-Lazare han tenido, por lo menos, un hijo; muchas han criado de tres a seis; el doctor Bizard se refiere a una que había traído al mundo catorce hijos, ocho de los cuales vivían todavía cuando él la conoció. Hay pocas, asegura, que abandonen a su pequeño; y sucede que sea precisamente para alimentar a su hijo por lo que la madre soltera se convierte en prostituta.

(1) Citada por MARRO: La puberté.

Entre otros, cita el siguiente caso:

Desflorada en provincias, a la edad de diecinueve años, por un patrón de sesenta años, cuando la muchacha vivía con su familia, se vio obligada, una vez encinta, a abandonar a los suyos para dar a luz una hermosa hija, a quien ha educado muy correctamente. Después del parto, se trasladó a París, se colocó como nodriza y empezó a ponerse en las esquinas a la edad de veintinueve años. Así, pues, hace treinta y tres años que se ha estado prostituyendo. En el límite de sus fuerzas y de su valor, solicita que la hospitalicen en Saint-Lazare.

Sabido es que la prostitución se recrudece también durante las guerras y en el curso de las crisis que las siguen {656}.

La autora de Vie d’une prostituée, publicada en parte en Temps modernes (1), relata así sus comienzos:

(1) Ha hecho aparecer este relato, clandestinamente, bajo el seudónimo de Marie-Thérèse, y con este nombre la designaré.

Me casé a los dieciséis años con un hombre que me llevaba trece. Me casé para salir de casa de mis padres. Mi marido solo pensaba en hacerme hijos. «Así te quedarás en casa y no saldrás por ahí», decía. No quería que me maquillase, no quería llevarme al cine.

Tenía que soportar a mi suegra, que venía a casa todos los días y siempre daba la razón al cerdo de su hijo. Mi primer hijo fue varón, Jacques; catorce meses más tarde, di a luz otro, Pierre. Como me aburría empecé a seguir un curso de enfermera, lo cual me gustaba mucho… Entré en un hospital de los alrededores de París, con las mujeres. Una enfermera que era una pilluela me enseñó cosas que no conocía. Me dijo que acostarse con su marido era un suplicio. Estuve luego seis meses entre hombres sin tener un solo capricho. Pero un día, un verdadero patán, un hueso de taba, pero hermoso muchacho, entró en mi habitación privada… Me hizo comprender que podría cambiar de vida, que podía irme con él a París, que dejaría de trabajar… Sabía bien cómo engatusarme… Me decidí a marcharme con él… Durante un mes, fui verdaderamente feliz… Un día llegó acompañado por una mujer bien vestida, elegante, y me dijo: «Mira: esta se defiende muy bien.» Al principio, no accedí. Incluso busqué un empleo de enfermera en una clínica del barrio, para hacerle ver que no quería ponerme en las esquinas; pero no podía resistir mucho tiempo. El me decía: «No me quieres. Cuando una mujer quiere a un hombre, trabaja para él.» Yo lloraba. En la clínica, estaba muy triste. Finalmente, me dejé llevar al peluquero… Y me inicié en el oficio. Julot me seguía inmediatamente detrás, para ver si me defendía bien y para avisarme cuando aparecía la Policía…

En ciertos aspectos, esa historia está de acuerdo con la clásica historia de la joven enviada a las esquinas por un chulo. Sucede a veces que sea el marido quien desempeñe este último papel. Y algunas veces también una mujer {657}.

En 1931, L. Faivre realizó una encuesta entre 510 jóvenes prostitutas (1); halló que 284 vivían solas, 132 con un amigo, 94 con una amiga generalmente unida a ella por lazos homosexuales. Cita (con sus respectivas ortografías) los siguientes extractos de sus cartas:

(1) Les jeunes prostituées vagabondes en prison.

Suzanne, diecisiete años. Me he entregado a la prostitución, sobre todo, con prostitutas. Una que me retuvo mucho tiempo era muy celosa, y por eso me fui de la calle de…

Andrée, quince años y medio. Dejé a mis padres para irme a vivir con una amiga a quien encontré en un baile; me di cuenta en seguida de que quería amarme como un hombre; estuve con ella cuatro meses, y luego…

Jeanne, catorce años. Mi pobre papaíto se llamaba X. Murió a consecuencia de la guerra en el hospital, en 1922. Mi madre volvió a casarse. Yo iba a la escuela para obtener mi diploma de estudios; una vez que lo obtuve, hube de aprender costura… Después, como ganaba muy poco, empezaron las disputas con mi padrastro. Tuve que colocarme como sirvienta en casa de madame X., en la calle de… Estaba sola desde hacía diez días con su joven hija, que podía tener unos veinticinco años, y advertí un gran cambio en ella. Luego, un día, igual que un hombre, me confesó su gran amor. Vacilé, luego tuve miedo de que me despidieran y terminé por ceder; entonces comprendí ciertas cosas. Trabajé, después me encontré sin trabajo y tuve que ir al Bois, donde me prostituí con mujeres. Trabé conocimiento con una dama muy generosa, etc.

Con bastante frecuencia, la mujer no se plantea la prostitución como un medio provisional para aumentar sus recursos. Pero se ha descrito multitud de veces la manera en que se encuentra después encadenada. Si los casos de «trata de blancas» en cuyo engranaje se ve cogida por la violencia, falsas promesas, engaños, etc., son relativamente raros, lo que sí es frecuente es que se vea retenida en la carrera contra su voluntad. El capital necesario para sus comienzos {658} le ha sido proporcionado por un chulo o una «patrona» que ha adquirido derechos sobre ella, que recoge la mayor parte de sus beneficios y del cual o la cual no logra liberarse. Durante varios años, «Marie-Thérèse» ha librado una verdadera lucha antes de conseguirlo.

Por fin comprendí que Julot sólo quería mi parné, y pensé que lejos de él podría ahorrar un poco de dinero… En la casa, al principio, era tímida, no me atrevía a acercarme a los clientes para decirles: «¿Subimos?» La mujer de un compañero de Julot me vigilaba de cerca y hasta contaba mis pasos… Luego, Julot me escribió para decirme que debía entregar mi dinero todas las noches a la patrona: «De ese modo, nadie te lo robará.» Cuando quise comprarme un vestido, la patrona me dijo que Julot habla prohibido que me diese mi parné… Decidí marcharme cuanto antes de aquella cárcel. Cuando la patrona se enteró de que pensaba marcharme, no me puso el tampón (1) antes de la visita, como las otras veces; y entonces me detuvieron y me llevaron al hospital… Tuve que volver a aquella prisión para ganar el dinero suficiente para el viaje… Pero solo estuve en el burdel cuatro semanas… Trabajé algunos días en Barbès como antes, pero guardaba demasiado rencor a Julot para quedarme en París: nos insultábamos, me pegaba: una vez casi me tiró por la ventana… Me arreglé con un rufián para irme a provincias. Cuando me di cuenta de que aquel rufián conocía a Julot, no acudí a la cita convenida. Las dos gachís del rufián me encontraron después en la calle Belhomme Y me dieron una solfa… Al día siguiente, hice mi maleta y me fui completamente sola a la isla de T. Al cabo de tres semanas, estaba hasta la coronilla de aquel prostíbulo y le escribí al médico, cuando vino para la visita, que me diese de alta… Julot me vio en el bulevar Magenta y me pegó… Quedé con la cara señalada después de la zurra que me propinó en el bulevar Magenta. Estaba harta de Julot. De modo que hice un contrato para marcharme a Alemania…

(1) «Un tampón para adormecer los gonococos, que se les colocaba a las mujeres antes de la visita, de tal modo que el médico solo encontraba una mujer enferma cuando la dueña quería desembarazarse de ella.»

La literatura ha popularizado la figura de «Julot». Desempeña en la vida de la ramera un papel de protector. Le {659} adelanta dinero para que se compre ropa y la defiende contra la competencia de otras mujeres, contra la Policía —a veces él mismo es policía— y contra los clientes. Estos se quedarían muy satisfechos si pudiesen consumir sin pagar; otros desearían satisfacer su sadismo a costa de la mujer. En Madrid, hace algunos años, una juventud fascista y dorada se divertía arrojando a las prostitutas al río en las noches frías; en Francia, alegres estudiantes se llevan a veces mujeres al campo para abandonarlas allí de noche y enteramente desnudas; para cobrar su dinero y evitar los malos tratos, la prostituta necesita un hombre. Este le proporciona también un apoyo moral: «Sola, se trabaja menos bien, se pone menos corazón en la tarea, una se deja llevar», dicen algunas. A menudo está enamorada de él; ha sido por amor por lo que se ha dedicado a su oficio, o así lo justifica; en su medio existe una enorme superioridad del hombre sobre la mujer: semejante distancia favorece el amor-religión, lo cual explica la apasionada abnegación de algunas prostitutas. En la violencia de su hombre, ven el signo de su virilidad y se someten a él con tanta mayor docilidad. A su lado conocen los celos, las torturas, pero también los goces de la enamorada.

Sin embargo, a veces no sienten por él más que hostilidad y rencor: solamente por temor, porque las tiene cogidas, permanecen bajo su férula, como acaba de verse en el caso de Marie-Thérèse. Así, pues, a menudo se consuelan con un «capricho» elegido entre los clientes.

Aparte de su Julot, todas las mujeres tenían caprichos —escribe Marie-Thérèse—; yo también tenía el mío. Era un marino muy buen mozo. A pesar de que hacía muy bien el amor, yo no podía arreglarme con él, pero éramos muy amigos. A menudo, subía conmigo sin hacerme el amor, solo para charlar, y me decía que debía marcharme de allí, que aquel no era mi lugar.

También se consuelan con mujeres. Un elevado número de prostitutas son homosexuales. Ya se ha visto que, en el origen de su carrera, había a menudo una aventura homosexual y que muchas seguían viviendo con una amiga. En Alemania {660}, según Anna Rueling, alrededor del 20 por 100 de las prostitutas serían homosexuales. Faivre señala que en la cárcel las jóvenes detenidas intercambian cartas pornográficas de apasionados acentos y que firman «Unidas para toda la vida». Tales cartas son homólogas de las que se escriben las colegialas que alimentan «llamas» en su corazón; estas están menos advertidas y son más tímidas; aquellas, en cambio, van hasta el extremo de sus sentimientos, tanto en sus palabras como en sus actos. En la vida de Marie-Thérèse —que fue iniciada en la voluptuosidad por una mujer—, se ve el privilegiado papel que desempeña la «amiguita» frente al despreciado cliente o el chulo autoritario:

Julot trajo una jovencita, una pobre chacha que ni siquiera tenía zapatos. Se lo compraron todo de ocasión, y luego vino a trabajar conmigo. Era muy amable, y como, además, le gustaban las mujeres, nos entendimos muy bien. Me recordaba todo lo que yo había aprendido con la enfermera. Bromeábamos a menudo, y, en lugar de trabajar, nos íbamos al cine. Yo estaba contenta de tenerla con nosotros.

Se ve que la «amiguita» representa, poco más o menos, el papel que desempeña el amigo íntimo para la mujer honrada confinada entre mujeres: ella es una camarada de placer, con ella las relaciones son gratuitas, libres, y, por tanto, pueden ser queridas; cansada de los hombres, sintiendo repugnancia por ellos o deseando una diversión, la prostituta buscará a menudo el reposo y el placer entre los brazos de otra mujer. En todo caso, la complicidad de que he hablado y que une inmediatamente a las mujeres existe con más fuerza en este caso que en cualquier otro. Debido a que sus relaciones con la mitad de la Humanidad son de carácter comercial y a que el conjunto de la sociedad las trata como parias, las prostitutas tienen entre sí una estrecha solidaridad; entre ellas existen rivalidades, celos, se insultan y se pegan; pero tienen profundamente necesidad unas de otras para constituir un «contrauniverso» en el que reencuentren su dignidad humana; la «amiguita» es la confidente y la testigo privilegiada; ella es quien aprecia el vestido y el peinado {661}, que son medios destinados a seducir al hombre, pero que se presentan como fines en sí en las miradas envidiosas o admirativas de las otras mujeres.

En cuanto a las relaciones de la prostituta con sus clientes, las opiniones están muy divididas y los casos, sin duda, son muy diversos. Se ha subrayado con frecuencia que reserva para el amado de su corazón el beso en la boca, expresión de una ternura auténtica, y que no establece ninguna comparación entre los abrazos amorosos y los profesionales. El testimonio de los hombres no es de fiar, ya que su vanidad los incita a dejarse engañar por comedias de goce. Es preciso decir que las circunstancias son muy diferentes, según se trate de una acción briosa acompañada a menudo de una fatiga física agotadora, de un acto rápido, de una noche entera o de relaciones continuadas con un cliente familiar. Marie-Thérèse ejercía su oficio, por lo general, con indiferencia, pero evoca con delicia ciertas noches; tuvo sus «caprichos» y dice que todas sus camaradas también los tenían; a veces sucede que la mujer rehusa que le pague un cliente que le ha gustado, y, en ocasiones, si él está en apuros económicos, le ofrece su ayuda. En conjunto, sin embargo, la prostituta trabaja «en frío». Algunas solo tienen para el conjunto de su clientela una indiferencia matizada con cierto desprecio. «¡Oh, qué bobos son los hombres! ¡Cómo pueden las mujeres meterles en la cabeza todo lo que quieren!», escribe Marie-Thérèse. Pero muchas experimentan un rencor asqueado con respecto a los hombres; entre otras cosas, les asquean sus vicios. Ora porque acudan al burdel con objeto de satisfacer los vicios que no se atreven a confesar a su mujer o a su amante, ora porque el hecho de estar en un burdel los incite a inventarse vicios, muchos hombres les exigen «fantasías». Marie-Thérèse se lamentaba en particular de que los franceses tuviesen una imaginación insaciable. Las enfermas atendidas por el doctor Bizard le han confiado que «todos los hombres son más o menos viciosos». Una de mis amigas charló largamente en el hospital Beaujon con una joven prostituta, muy inteligente, que había empezado siendo criada y que a la sazón vivía {662} con un chulo a quien adoraba. «Todos los hombres son viciosos —decía—, excepto el mío. Por eso le amo. Si alguna vez le descubro un vicio, lo abandonaré. La primera vez el cliente no siempre se atreve, tiene aspecto normal; pero, cuando vuelve, empieza a querer cosas… Usted dice que su marido no tiene vicios; ya verá. Todos los tienen.» A causa de esos vicios, ella los detestaba. Otra de mis amigas, en 1943, en Fresnes, se había hecho confidente de una prostituta. Sostenía esta que el 90 por 100 de sus clientes tenían vicios, y que aproximadamente el 50 por 100 eran pederastas vergonzosos. Los que mostraban excesiva imaginación la asustaban. Un oficial alemán le había pedido que se pasease desnuda por la habitación, portando flores en los brazos, mientras él imitaba el vuelo de un pájaro; pese a su cortesía y su generosidad, le rehuía cada vez que le vislumbraba. A Marie-Thérèse le horrorizaban las «fantasías», aunque su tarifa era mucho más elevada que la del simple coito y pese a que frecuentemente exigía menos desgaste de la mujer. Esas tres mujeres eran particularmente inteligentes y sensibles. Sin duda, se percataban de que tan pronto como dejaban de estar protegidas por la rutina del oficio, tan pronto como el hombre dejaba de ser un cliente en general y se individualizaba, ellas eran presa de una conciencia, de una libertad caprichosa: ya no se trataba de un simple negocio. Algunas prostitutas, sin embargo, se especializan en la «fantasía», porque es más productiva. En su hostilidad hacia el cliente, entra a menudo un resentimiento de clase. Hélène Deutsch relata extensamente la historia de Anna, una linda prostituta rubia, infantil, generalmente muy dulce, pero que sufría crisis de furiosa excitación contra ciertos hombres. Pertenecía a una familia obrera; su padre bebía, su madre estaba enferma; tan desdichado matrimonio le produjo tal horror hacia la vida de familia, que jamás consintió en casarse, pese a que, a todo lo largo de su carrera, se lo propusieron con frecuencia. Los jóvenes del barrio la pervirtieron; le gustaba su oficio; pero, cuando la enviaron al hospital, enferma de tuberculosis, se desarrolló en ella un odio feroz hacia los médicos; le eran odiosos los hombres «respetables» {663}; no soportaba la cortesía y la solicitud de su médico. «¿Acaso no sabemos que esos hombres dejan caer fácilmente la máscara de la amabilidad, la dignidad y el dominio de sí mismos, y se conducen como animales?», solía decir. Aparte de eso, era mentalmente equilibrada en grado sumo. Pretendía falazmente tener un hijo al cuidado de una nodriza; pero, fuera de eso, no mentía nunca. Murió de tuberculosis. Otra joven ramera, Julia, que desde los quince años se entregaba a todos los muchachos con quienes se encontraba, solo amaba a los hombres pobres y débiles; con ellos se mostraba dulce y amable; a los demás los consideraba como «animales salvajes que merecían el peor trato». (Tenía un complejo muy pronunciado que manifestaba una vocación maternal insatisfecha: caía en trances furiosos tan pronto como se pronunciaban en su presencia las palabras madre, hijos u otras semejantes.)

La mayoría de las prostitutas están moralmente adaptadas a su condición; eso no quiere decir que sean hereditaria o congénitamente inmorales, sino que se sienten integradas, y con razón, en una sociedad que reclama sus servicios. Saben muy bien que los edificantes discursos del policía que registra su cartilla son pura verborrea, y los elevados sentimientos de que blasonan sus clientes fuera del burdel las intimidan poco. Marie-Thérèse explica a la panadera en cuya casa de Berlín vive:

Yo quiero a todo el mundo. Pero, cuando se trata del parné, señora… Sí, porque, mire usted, si una se acuesta con un hombre por nada, dice de una que es una puta, y si le haces pagar por ello, también dice que eres una puta, pero lista. Porque, mire usted: si a un hombre se le pide dinero, puede estar segura de que después va y le dice: «¡Ah!, no sabia que te dedicabas a esto», o bien: «¿Tienes un hombre?» Ya lo ve. Tanto si pagan como si no, para mi es lo mismo. «Claro que sí —responde ella—. Tiene usted razón.» Porque es lo que yo digo: usted tiene que hacer cola durante media hora para conseguir un cupón y comprarse unos zapatos. Yo, en media hora, echo un polvo. Yo tengo los zapatos; nada de pagar; si sé camelar, encima me pagan. Así que ya ve que tengo razón {664}.

No es su situación moral y psicológica la que hace penosa la existencia de las prostitutas, sino su situación material, que en la mayor parte de los casos es deplorable. Explotadas por el chulo y la dueña, viven en la inseguridad; y las tres cuartas partes de ellas carecen de dinero. Al cabo de cinco años de oficio, el 75 por 100, aproximadamente, han contraído la sífilis, dice el doctor Bizard, que ha curado a legiones de ellas; entre otras, las menores inexpertas son contagiadas con espantosa facilidad; casi un 25 por 100 tienen que ser operadas como consecuencia de complicaciones blenorrágicas. Una de cada veinte padece tuberculosis, el 60 por 100 se vuelven alcohólicas o se intoxican; el 40 por 100 mueren antes de los cuarenta años. Hay que añadir que, a pesar de sus precauciones, de vez en cuando quedan encinta y generalmente se operan en las peores condiciones. La baja prostitución es un penoso oficio en el que la mujer, sexual y económicamente oprimida, sometida al arbitrio de la Policía, a una humillante vigilancia médica, a los caprichos de los clientes y prometida a los microbios, la enfermedad y la miseria, queda verdaderamente rebajada al nivel de una cosa (1).

(1) Evidentemente, no será con medidas negativas e hipócritas como podrá modificarse la situación. Para que la prostitución desapareciese, serían precisas dos condiciones: que se asegurase a todas las mujeres un oficio decente y que las costumbres no opusieran ningún obstáculo a la libertad de amar. Solamente suprimiendo las necesidades a las cuales responde, se suprimirá también la prostitución.

De la baja prostitución a la gran hetaira hay multitud de escalones. La diferencia esencial consiste en que la primera hace comercio con su pura generalidad, de modo tal que la competencia la mantiene a un nivel de vida miserable; en tanto que la segunda se esfuerza por hacerse reconocer en su singularidad: si lo consigue, puede aspirar a altos destinos. La belleza, el encanto o el sex-appeal son aquí necesarios, pero no bastan: es preciso que la mujer sea distinguida por la opinión. A través del deseo de un hombre será como se {665} revele frecuentemente su valía; pero solo será «lanzada» cuando el hombre haya proclamado su precio a los ojos del mundo. En el siglo pasado, lo que atestiguaba la ascendencia de una «cocotte» sobre su protector y lo que la elevaba al rango de «demi-mondaine» eran el hotel, el carruaje, las perlas; su mérito se afirmaba tanto tiempo como los hombres continuasen arruinándose por ella. Los cambios sociales y económicos han abolido el tipo de las Blanche d’Antigny. Ya no hay un «demi-monde» en el seno del cual se pueda afirmar una reputación. Una mujer ambiciosa tratará de conquistar renombre de otra manera. La última encarnación de la hetaira es la estrella de cine. Acompañada de un marido —rigurosamente exigido por Hollywood— o de un amigo serio, no por ello se asemeja menos a Friné, a Imperia, a Casco de Oro. Ella entrega la Mujer a los sueños de los hombres, que le dan a cambio gloria y fortuna.

Siempre ha habido entre la prostitución y el arte una gradación incierta, porque, de manera equívoca, se asocian belleza y voluptuosidad; en verdad, no es la Belleza la que engendra el deseo; pero la teoría platónica del amor propone hipócritas justificaciones a la lubricidad. Al desnudarse el seno, Friné ofrece al areópago la contemplación de una pura idea. La exhibición de un cuerpo sin velos se convierte en un espectáculo de arte; los «burlesques» americanos han convertido en comedia el acto de desvestirse. «El desnudo es casto», afirman los viejos señores que, bajo el nombre de «desnudos artísticos», coleccionan fotografías obscenas. En el burdel, el momento de la «elección» ya es un desfile; cuando se complica, ya se trata de «cuadros vivos», de «poses artísticas», que se proponen a los clientes. La prostituta que desea adquirir un valor singular ya no se limita a mostrar pasivamente su carne, sino que se esfuerza por demostrar talentos particulares. Las «tañedoras de flauta» griegas encantaban a los hombres con su música y sus danzas. Las Ouled-Naïl que ejecutaban la danza del vientre y las españolas que bailan y cantan en el Barrio Chino no hacen más que ofrecerse de una manera refinada a la elección del aficionado. Nana sube al escenario para buscar «protectores» {666}. Desde luego, hay «girls», «taxi-girls», bailarinas desnudas, tanguistas, ganchos, «pin-ups», maniquíes, cantantes y actrices que no permiten que su vida erótica se mezcle con su oficio; cuanta más técnica implique este y más inventiva, más puede tomársele como un fin en sí mismo; pero, frecuentemente, una mujer que «se exhibe» en público para ganarse la vida se siente tentada a hacer de sus encantos un comercio más íntimo. Y, a la inversa, la cortesana desea un oficio que le sirva de coartada. Son raras las que, como la Léa de Colette, a un amigo que las llame «mi querida artista» le respondan: «¿Artista? Verdaderamente, mis amantes son muy indiscretos.» Ya hemos dicho que su reputación es la que le confiere un valor comercial: en la escena o en la pantalla es donde puede hacerse «un nombre» que se convertirá en un negocio.

La Cenicienta no siempre sueña con el Príncipe Azul: marido o amante, ella teme que se transforme en tirano; prefiere soñar con su propia imagen reidora en las puertas de los grandes cinematógrafos. Pero lo más frecuente es que logre sus fines gracias a «protecciones» masculinas; y son los hombres —marido, amante, pretendiente— quienes confirman su triunfo haciéndola partícipe de su fortuna o de su fama. Esa necesidad de agradar a los individuos, a la multitud, es la que asemeja la «vedette» a la hetaira. Ambas representan en la sociedad un papel análogo: me serviré de la palabra hetaira para designar a todas las mujeres que tratan, no solo su cuerpo, sino su persona toda entera como un capital susceptible de explotación. Su actitud es muy diferente de la de un creador que, al trascenderse en una obra, supera el dato y apela en otro a una libertad a la cual abre el porvenir; la hetaira no desvela el mundo, no abre ningún camino a la trascendencia humana (1): al contrario, trata de captarla en provecho propio; al ofrecerse al sufragio de sus admiradores, no reniega de esa feminidad pasiva que la consagra {667} al hombre: la dota de un poder mágico que le permite atrapar a los varones en la trampa de su presencia y nutrirse de ellos; los engulle consigo misma en la inmanencia.

(1) Sucede a veces que sea también una artista y que, al tratar de agradar, invente y cree. Puede entonces acumular ambas funciones o superar el estadio de la galantería para alinearse en la categoría de las actrices, cantantes, bailarinas, etc., de la cual hablaremos más adelante.

Por ese camino, la mujer logra conquistar cierta independencia. Al prestarse a varios hombres, no pertenece definitivamente a ninguno; el dinero que amasa, el nombre que «lanza» como se lanza un producto al mercado, le aseguran una autonomía económica. Las mujeres más libres de la Antigüedad griega no eran ni las matronas, ni las bajas prostitutas, sino las hetairas. Las cortesanas del Renacimiento y las geishas japonesas gozaban de una libertad infinitamente más grande que el resto de sus contemporáneas. En Francia, la mujer que se nos presenta como la más virilmente independiente es quizá Ninon de Lenclos. Paradójicamente, esas mujeres que explotan hasta el extremo su feminidad se crean una situación casi equivalente a la de un hombre; a partir de ese sexo que las entrega a los varones como objeto, se encuentran como sujeto. No solo se ganan la vida como los hombres, sino que viven en una compañía casi exclusivamente masculina; libres de costumbres establecidas y de propósitos concretos, pueden elevarse —como Ninon de Lenclos— hasta la más rara libertad de espíritu. Las más distinguidas están frecuentemente rodeadas de artistas y escritores a quienes las «mujeres honestas» fastidian. En la hetaira es donde los mitos masculinos hallan su más seductora encarnación: más que ninguna otra, es carne y conciencia, ídolo, inspiradora, musa; pintores y escultores la querrían por modelo; alimentará los sueños de los poetas; en ella explorará el intelectual los tesoros de la «intuición» femenina; es más fácilmente inteligente que la matrona, porque está menos enfáticamente encastillada en la hipocresía. Las que se hallan superiormente dotadas no se contentarán con el papel de Egeria; experimentarán la necesidad de manifestar de manera autónoma el valor que les confieren los sufragios de otros; querrán traducir sus virtudes pasivas en activas. Al emerger en el mundo como sujetos soberanos, escriben versos, prosa, pintan, componen música. Así se hizo célebre Imperia entre las cortesanas italianas. También puede {668} suceder que, al utilizar al hombre como instrumento, ejerzan funciones viriles a través de ese intermediario: las «grandes favoritas» participaron en el gobierno del mundo a través de sus poderosos amantes (1).

(1) Así como algunas mujeres utilizan el matrimonio para servir a sus propios fines, otras emplean a sus amantes como medio para alcanzar un fin político, económico, etc. Estas superan su situación de hetairas como aquellas la de matronas.

Esta liberación puede traducirse, entre otros, al plano erótico. Sucede que en el dinero o en los servicios que arranca al hombre encuentra la mujer una compensación al complejo de inferioridad femenino; el dinero tiene un papel purificador; determina la abolición de la lucha de sexos. Si muchas mujeres que no son profesionales tienen el prurito de sacar a su amante cheques y regalos, no lo hacen por codicia: hacer pagar al hombre —pagarle también, como se verá más adelante— es convertirlo en instrumento. De ese modo, la mujer se prohibe serlo ella misma; tal vez él crea «poseerla», pero tal posesión sexual es ilusoria; ella es quien le tiene a él en el terreno mucho más sólido de la economía. Su amor propio está satisfecho. Puede abandonarse a los abrazos del amante; pero no cede a una voluntad extraña; el placer no podría serie «infligido»; más bien aparecerá como un beneficio suplementario; no será «tomada», puesto que le pagan.

Sin embargo, la cortesana tiene la reputación de ser frígida. Le es útil saber gobernar su corazón y su vientre: sentimental o sensual, se expone a sufrir el ascendiente de un hombre que la explotará, la acaparará o la hará padecer. Entre los abrazos que acepta, hay muchos —sobre todo al comienzo de su carrera— que la humillan; su rebelión contra la arrogancia masculina se manifiesta a través de su frigidez. Las hetairas, como las matronas, se confían de buen grado los «trucos» que les permiten trabajar «de camelo». Ese desprecio y esa repugnancia hacia el hombre demuestran claramente que, en el juego explotador-explotada, no están del todo seguras de haber ganado. Y, en efecto, en la inmensa {669} mayoría de los casos, la dependencia sigue siendo todavía su suerte.

Ningún hombre es definitivamente su dueño. Pero ellas tienen del hombre la más urgente necesidad. La cortesana pierde todos sus medios de existencia si él deja de desearla; la debutante sabe que todo su porvenir está en sus manos; incluso la estrella, privada de apoyo masculino, ve palidecer su prestigio: abandonada por Orson Welles, Rita Hayworth erró por toda Europa con aire de huérfana miserable, antes de encontrar a Alí Khan. La más bella nunca está segura del mañana, porque sus armas son mágicas y la magia es caprichosa; está atada a su protector —marido o amante— casi tan estrechamente como una esposa «honrada» a su marido. Le debe no solamente el servicio del lecho, sino que tiene que sufrir su presencia, su conversación, sus amistades y, sobre todo, las exigencias de su vanidad. Cuando el chulo le compra a su hembra unos zapatos de tacón alto y una falda de raso, efectúa una inversión que le reportará unas rentas; el industrial o el productor, al ofrecerle perlas y pieles a su amiga, afirman a través de ella su fortuna y su poderío: que la mujer sea un medio para ganar dinero o un pretexto para gastarlo, la servidumbre es la misma. Los dones con que la abruman son otras tantas cadenas. Y esos vestidos, esas prendas y esas alhajas que lleva, ¿son verdaderamente suyos? El hombre reclama a veces su restitución después de la ruptura, como hizo con elegancia Sacha Guitry.

Para «conservar» a su protector sin renunciar a sus placeres, la mujer utilizará los ardides, las maniobras, las mentiras y la hipocresía que deshonran la vida conyugal; aunque no hiciese más que representar el papel del servilismo, ese mismo juego es servil. Bella y célebre, si el amo del momento se le hace odioso, puede elegir otro. Pero la belleza exige cuidados, es un tesoro muy frágil; la hetaira depende estrechamente de su cuerpo, al que el tiempo degrada implacablemente; por eso, la lucha contra el envejecimiento adopta para ella el más dramático de los aspectos. Si está dotada de un gran prestigio, podrá sobrevivir a la ruina de {670} su rostro y de sus formas. Pero el cuidado de esa fama, que es su bien más seguro, la somete a la más dura de las tiranías: la de la opinión. Sabido es el estado de esclavitud en que caen las estrellas de Hollywood. Su cuerpo ya no les pertenece; el productor decide el color de sus cabellos, su peso, su línea, su tipo; para modificar la curva de una mejilla, le arrancarán los dientes. Regímenes, gimnasia, ensayos, maquillaje, son una penosa servidumbre cotidiana. Bajo la rúbrica de «Personal appearance», se prevén sus salidas, sus coqueteos; la vida privada ya no es más que un aspecto de su vida pública. En Francia, no existe ningún reglamento escrito al respecto, pero una mujer prudente y hábil sabe lo que su «publicidad» exige de ella. La estrella que se niegue a plegarse a tales exigencias conocerá una decadencia lenta o brutal, pero ineluctable. La prostituta que solo entrega su cuerpo tal vez sea menos esclava que la mujer cuyo oficio consiste en agradar. Una mujer que «ha llegado», que tiene entre sus manos una verdadera profesión y cuyo talento está reconocido —actriz, cantante, bailarina—, escapa a la condición de hetaira; puede conocer una genuina independencia; pero la mayor parte de ellas permanece en peligro durante toda la vida; necesitan seducir nuevamente, sin descanso, al público y a los hombres.

Con mucha frecuencia, la mujer entretenida interioriza su dependencia; sometida a la opinión ajena, reconoce los valores de esta; admira a la gente de la «buena sociedad» y adopta sus costumbres; quiere ser considerada a partir de las normas burguesas. Parásita de la burguesía adinerada, se adhiere a sus ideas; «piensa como es debido»; en otros tiempos, metía de buen grado a sus hijas en un colegio y, envejecida, ella misma asistía a misa, convirtiéndose clamorosamente. Está de parte de los conservadores. Está demasiado orgullosa de haber logrado hacerse un sitio en este mundo, para desear que cambie. La lucha que libra para «llegar», no la predispone a sentimientos de fraternidad y solidaridad humanas; ha pagado su éxito con demasiadas complacencias de esclava para desear sinceramente la libertad universal. Zola ha subrayado este rasgo en Nana {671}:

En materia de libros y de comedias, Nana tenía opiniones muy firmes: quería obras tiernas y nobles, cosas que le hiciesen soñar y le ensanchasen el alma… Se indignaba contra los republicanos. ¿Qué quería aquella gentuza que no se lavaba nunca? ¿Acaso no era feliz la gente? ¿Es que el emperador no había hecho cuanto era posible hacer por el pueblo? ¡Una basura, eso era el pueblo! Ella lo conocía, ella podía hablar: «No, no, mire usted: esa república sería una gran desgracia para todo el mundo. ¡Ah, que Dios nos conserve al emperador el mayor tiempo posible!»

Durante las guerras, nadie hace gala de un patriotismo tan agresivo como las grandes cortesanas; mediante la nobleza de sentimientos que afectan, esperan elevarse al nivel de las duquesas. Lugares comunes, clisés, prejuicios, emociones convencionales constituyen el fondo de sus conversaciones públicas, y frecuentemente han perdido toda sinceridad, incluso en lo más secreto de su corazón. Entre la mentira y la hipérbole, el lenguaje se destruye. Toda la vida de la hetaira es una exhibición: sus palabras, su mímica están destinadas, no a expresar sus pensamientos, sino a producir un efecto. Representa con su protector la comedia del amor, y a veces se la representa a sí misma. Ante la opinión pública representa comedias de decencia y de prestigio: termina por creerse un parangón de virtud y un ídolo sagrado. Una mala fe obstinada gobierna su vida interior y permite a sus mentiras concertadas adoptar la naturalidad de la verdad. A veces hay en su vida movimientos espontáneos: no ignora del todo el amor; tiene «caprichos», en ocasiones hasta «se cuela» por alguien. Pero la que conceda demasiado margen al capricho, al sentimiento, al placer, no tardará en perder su «situación». Por lo general, aporta a sus fantasías la prudencia de la esposa adúltera; se oculta a los ojos de su protector y de la opinión; por tanto, no puede dar mucho de sí misma a sus «amantes del alma»; estos no son más que una distracción, un respiro. Por lo demás, está generalmente demasiado obsesionada por la preocupación de su éxito para poder olvidarse de sí misma en un verdadero amor. En cuanto a las otras mujeres, es bastante frecuente {672} que la hetaira las ame sensualmente; enemiga de los hombres, que le imponen su dominación, hallará en los brazos de una amiga un voluptuoso descanso y un desquite al mismo tiempo: tal es el caso de Nana junto a su querida Satin. Lo mismo que desea representar en el mundo un papel activo con objeto de emplear positivamente su libertad, también se complace en poseer a otros seres: personas muy jóvenes a quienes incluso divertirá «ayudar», o muchachas a quienes mantendrá con gusto y junto a las cuales, en todo caso, será un personaje viril. Sea o no homosexual, tendrá con el conjunto de las mujeres esas complejas relaciones de que ya he hablado: las necesita como confidentes y cómplices para crear ese «contrauniverso» que reclama toda mujer oprimida por el hombre. Pero la rivalidad femenina llega aquí a su paroxismo. La prostituta que hace comercio de su generalidad tiene competidoras; pero, si hay bastante trabajo para todas, se sienten solidarias a través de sus mismas disputas. La hetaira que trata de «distinguirse», es hostil a priori a la que, como ella, codicia un puesto privilegiado. En este caso es cuando los temas conocidos sobre las «putadas» femeninas encuentran toda su verdad.

La mayor desgracia de la hetaira consiste en que no solamente su independencia es el anverso engañador de mil dependencias, sino que esa misma libertad es negativa. Una actriz como Rachel o una bailarina como Isadora Duncan, aun en el caso de que sean ayudadas por hombres, tienen una profesión que les exige y las justifica; en un trabajo que ellas han elegido y que les gusta, alcanzan una libertad concreta. Mas, para la inmensa mayoría de las mujeres, el arte, la profesión, no son sino un medio; no comprometen en ellos verdaderos proyectos. El cine en particular, que somete a la estrella al director, no le permite la invención y los progresos de una actividad creadora. Se explota lo que ella es,” pero ella no crea ningún objeto nuevo. Además, es muy raro convertirse en estrella. En el dominio de la «galantería» propiamente dicha, ningún camino se abre a la trascendencia. También aquí el tedio acompaña el confinamiento de la mujer en la inmanencia. Zola indicó este rasgo en Nana {673}.

Sin embargo, en medio de su lujo, en el centro de aquella corte, Nana se aburría mortalmente. Tenía hombres para todos los minutos de la noche y dinero hasta en los cajones del tocador; pero ya no le contentaba eso: experimentaba como un vacío en alguna parte, un agujero que la hacía bostezar. Su vida se deslizaba sin ocupaciones, trayendo siempre las mismas horas monótonas… La certidumbre de que la alimentarían la dejaba tendida durante todo el día, sin realizar un solo esfuerzo, adormecida en el fondo de aquel temor y de aquella sumisión de convento, como encerrada en su oficio de ramera. Mataba el tiempo con placeres estúpidos, en la única espera del hombre.

La literatura norteamericana ha descrito cien veces ese tedio opaco que aplasta a Hollywood y que aprieta la garganta del viajero tan pronto como llega: los actores y los figurantes, por lo demás, se aburren tanto como las mujeres, cuya condición comparten. En la misma Francia, las salidas oficiales tienen a menudo el carácter de verdaderas servidumbres. El protector que reina en la vida de la starlet es un hombre de edad, cuyos amigos son hombres de edad: sus preocupaciones le son extrañas a la joven, sus conversaciones la abruman; entre la debutante dé veinte años y el banquero de cuarenta y cinco que pasan sus días y sus noches uno al lado del otro, existe un foso mucho más profundo que en el matrimonio burgués.

El Moloc a quien la hetaira sacrifica placer, amor y libertad, es su carrera. El ideal de la matrona es una dicha estática que envuelve sus relaciones con su marido y sus hijos. La «carrera» se extiende a través del tiempo, mas no por eso deja ella de ser un objeto inmanente que se resume en un nombre. Ese nombre se hincha en las carteleras y en las bocas, a medida que se ascienden peldaños en la escala social. Según su temperamento, la mujer administra su empresa con prudencia o con audacia. Una gusta las satisfacciones del ama de casa que dobla su ropa blanca en el armario; la otra saborea la embriaguez de la aventura. A veces, la mujer se limita a mantener sin cesar en equilibrio una situación sin cesar amenazada, y que en ocasiones se derrumba; a veces {674} edifica sin fin, como una torre de Babel apuntando en vano al cielo, su renombre. Algunas, mezclando la galantería con otras actividades, aparecen como verdaderas aventureras: son espías como Mata-Hari, o agentes secretos; por lo general, no tienen la iniciativa de sus proyectos, son más bien instrumentos en manos masculinas. Pero, en conjunto, la actitud de la hetaira tiene analogías con la del aventurero; al igual que este, aquella se encuentra a menudo a medio camino entre lo serio y la aventura propiamente dicha; apunta hacia valores ya hechos: dinero y gloria; pero concede tanto valor al hecho de conquistarlos como a su posesión; y, finalmente, el valor supremo a sus ojos consiste en su triunfo subjetivo. También ella justifica ese individualismo por un nihilismo más o menos sistemático, pero vivido con tanta mayor convicción cuanto que es hostil a los hombres y ve a las otras mujeres como enemigas. Si es lo bastante inteligente para sentir la necesidad de una justificación moral, invocará un nietzscheísmo más o menos bien asimilado; afirmará el derecho del ser superior sobre el vulgar. Su persona se le aparece como un tesoro cuya mera existencia es un don: de tal modo que, consagrándose a sí misma, pretenderá que sirve a la colectividad. El destino de la mujer consagrada al hombre está acosado por el amor: la que explota al varón descansa en el culto que se rinde a sí misma. Si concede tanto valor a su gloria, no es solo por interés económico: en ello busca la apoteosis de su narcisismo {675}.

 

Simone de Beauvoir: “Yo también he abortado”

 

Simone de Beauvoir, “El segundo sexo” (PDF):

Haz clic para acceder a El_segundo_sexo.pdf

Ródano. Movilización en Lyon por el día internacional contra la violencia contra las trabajadoras sexuales

 

17 de diciembre de 2020

https://nuevoperiodico.com/rodano-movilizacion-en-lyon-por-el-dia-internacional-contra-la-violencia-contra-las-trabajadoras-sexuales/

 

 

Cientos de personas se movilizan este jueves por la noche en la Place des Terreaux, a instancias de varias organizaciones: Cabiria, Strass (sindicato de trabajadores sexuales), Frisse, Aides y Médecins du monde.

Se oponen en particular a los decretos “contra la prostitución o el estacionamiento de furgonetas” promulgados bajo los mandatos de Gérard Collomb.

Denuncian la violencia contra las trabajadoras sexuales “agredidas salvajemente, gravemente heridas, robadas y que vieron incendiar sus camionetas en ocasiones incluso estando dentro”.

Atacadas por narcotraficantes

En junio, en Gerland, los traficantes de drogas habían atacado a las trabajadoras sexuales. Las furgonetas de estos últimos “obstaculizaron” su tráfico.

Habían sido víctimas de fuegos artificiales, botes de gas lacrimógeno. Habían sido amenazadas. Se habían incendiado camionetas.

“Tenemos impunidad en torno a estos ataques. También podemos señalar la responsabilidad del nuevo ayuntamiento, que debe cambiar las cosas, cambiar las relaciones con la policía municipal, que son extremadamente complicadas ”, destaca Cybèle du Strass.

 

Cómo comportarse bien con una prostituta o un prostituto

La compra de servicios sexuales ahora puede estar prohibida por la ley en Francia, pero la práctica aún continúa. No agregues falta de respeto o burlas.

 

Por Edouard Hesse

5 de abril de 2018

http://www.slate.fr/story/159928/prostitution-regles-respecter-travailleurs-sexe

 

 Dos años después de su implementación, la ley de penalización de los clientes aprobada en abril de 2016 sigue siendo extremadamente dañina: como en todas partes donde se ha aplicado, aumenta la creciente precariedad de las trabajadoras y los trabajadores sexuales y la violencia de la que ellas y ellos son victimas.

Podemos seguir luchando por la derogación de las leyes de penalización que tanto dañan a las mismas personas a las que se supone que deben proteger, pero los clientes también pueden actuar: más allá de la lucha contra el estigma permanente; los consumidores de trabajo sexual juegan un papel central en la vida y el bienestar de los trabajadores y las trabajadoras sexuales.

Involucrado en la lucha por la despenalización del trabajo sexual, conozco online a un gran número de profesionales del sexo que denuncian con mucha frecuencia determinados comportamientos de sus clientes. Después de meses de recopilar testimonios, os ofrezco un resumen de los puntos más importantes y recurrentes. Algunos son sugerencias simples que serían muy apreciadas, mientras que otros son reglas que no deben romperse.

Algunos argumentarán que la compra de un servicio sexual ahora está penalizada por la ley francesa y, por lo tanto, no es necesario establecer reglas para la comisión de un delito. Esto sería olvidar que, como en todos los países donde se ha aplicado esta ley, el trabajo sexual no ha desaparecido en absoluto. En este mercado gris en el que el Estado ha fracasado, parece más esencial que nunca trabajar por la protección de las numerosas trabajadoras sexuales que continúan ejerciendo.

 

Las veintitrés reglas a seguir

 

A continuación se indican algunas reglas a seguir para facilitar su vida profesional.

1- Antes de contactar con una trabajadora sexual, investiga. Estas personas suelen tener un sitio web que contiene mucha información sobre precios, servicios y lo que se puede esperar de la experiencia en general. Explora su perfil en detalle en los sitios de referencia. No les hagas perder el tiempo pidiéndoles por mensaje o teléfono la información disponible en Internet.

2- Cuando te pongas en contacto por escrito con una trabajadora o un trabajador sexual, no envíes un mensaje a no ser que estés seguro de que deseas concertar una cita. No intentes contactar por ningún otro medio que no sea el indicado. Si has encontrado una cuenta de red social personal, eso no te da derecho a utilizarla bajo ninguna circunstancia si no se te ha ofrecido.

Envía un mensaje cortés y directo. Incluye toda la información necesaria, explicando cuándo, a qué hora te gustaría que tuviera lugar la reunión, por cuánto tiempo y dónde. No pierdas el tiempo con mensajes incompletos. El tiempo de los trabajadores y las trabajadoras sexuales es precioso.

Tampoco intentes obtener trabajo emocional gratuito de estas personas. Este trabajo tiene un precio. No tiene sentido y es deshonesto intentar hacerse pasar por un amigo que solo quiere charlar. Las personas que se dedican al trabajo sexual no están buscando amigos o maridos, y mucho menos salvadores o salvadoras.

No envíes solicitudes para el mismo día y a la misma hora a varias trabajadoras o trabajadores sexuales. Espera a que la primera persona responda negativamente antes de preguntarle a la segunda.

Finalmente, no envíes fotos de tus genitales por mensaje si no han sido solicitadas. Esta regla es válida para todas las personas, y no lo es menos para una trabajadora o un trabajador sexual.

3- A la hora de realizar llamadas telefónicas, las reglas son similares: solo llama si estás seguro de concertar una cita, y si estás seguro del horario que más te conviene. Se siempre absolutamente educado y respetuoso. No desempaques tu vida personal o romántica, ni tu libido. No busques trabajo emocional gratuito, y mucho menos sexual, por teléfono. Las trabajadoras y trabajadores sexuales no te deben nada. No presiones para obtener algo que se te niega.

4- No enuncies una lista de los actos sexuales que quieras realizar, es una falta de respeto y contribuye a dar a las trabajadoras y trabajadores sexuales una imagen de simple máquina, cuando ella o él realmente te ofrecen una experiencia completa. . Sin embargo, si tienes una fantasía particular y específica, puedes hablar de ella. Si la persona se niega, se comprensivo y respetuoso porque no tienes idea de por qué está rechazando esta solicitud. Acepta la respuesta y pasa a otra cosa.

5- El contexto de penalización y violencia empuja a un gran número de trabajadoras y trabajadores sexuales a establecer procedimientos de filtrado. Proporciona, pues, toda la información solicitada sin protestar. Esto es fundamental para la seguridad de las personas. Esta información no será utilizada en tu contra, las trabajadoras y trabajadores sexuales tienen el máximo respeto por la privacidad de sus clientes. La información no se solicita para hacer perder el tiempo, sino para asegurarse de que eres una persona de confianza, y con la que pueden compartir un momento íntimo sin riesgo. Para obtener más detalles sobre la necesidad de esta información, puedes consultar estas explicaciones (en inglés) de una trabajadora sexual.

6- Sólo conciertes una cita si estás absolutamente seguro de estar disponible. Si algo inesperado te impide estar allí, díselo a la trabajadora o trabajador sexual lo antes posible. Si notificas demasiado tarde, la persona no podrá encontrar otro cliente que te reemplace y esto generará una pérdida de ingresos. Algunas personas piden una multa por cancelación. Si la trabajadora o el trabajador sexual no está disponible en el momento que deseas, no insistas. Hacer la misma solicitud durante las próximas horas no cambiará la respuesta que obtengas y hará que la persona pierda el tiempo innecesariamente. Es mejor reservar con anticipación en lugar del mismo día, pero si es necesario, sigue estas recomendaciones.

7- No intentes negociar el precio. Este precio ha sido cuidadosamente considerado y la renegociación te hará aparecer como alguien con poco respeto, que no aprecia el tiempo y los servicios de la trabajadora o trabajador sexual en su valor justo. Este precio puede parecer elevado, pero también tiene en cuenta las muchas horas de administración y preparación antes de cada reunión. No utilices el ejemplo de otras personas cuyos servicios son menos costosos. Si los servicios de la persona que deseas conocer están por encima de tu presupuesto, consulta la competencia o guarda tu dinero para necesidades más urgentes. Algunas personas solicitan el pago inicial antes de la reunión. Estos pagos iniciales están ahí para asegurar que la clientela sea seria y cumpla con la solicitud de reunión. Acéptalos y no los negocies.

8- El hecho de haber fijado una cita no te autoriza a obtener trabajo emocional o sexual por mensaje antes de la cita. Pagas por un servicio durante el tiempo de cita, que no necesariamente incluye mensajes de naturaleza sexual antes o después de ese encuentro. También continúa siendo plenamente respetuoso con la persona, que sigue siendo un ser humano como cualquier otro.

9- Antes de la cita, asegúrate de estar limpio, con un aliento sano y ropa limpia. Presta especial atención a la higiene de tus genitales. Si te reúnes en tu casa, asegúrate de tener sábanas y toallas limpias para tu invitada. Si la reunión tiene lugar en la casa de la trabajadora sexual, es posible que ella te pida que te duches, lo que debes hacer sin protestar.

10- Si te reúnes con la trabajadora sexual en su casa, sé siempre puntual. Llegar tarde no solo es una señal de falta de respeto, sino que harás perder un tiempo precioso. Avisa en caso de imprevistos. Tampoco llegues temprano, ya que la persona necesita tiempo para prepararse y, de ser así, da una vuelta a la manzana.

11- Durante la reunión, muestra lo mejor de ti mismo. Se siempre cortés y agradable, a menos que se haya acordado de antemano la vulgaridad. Que cada socio trate al otro con dignidad y respeto permite crear experiencias satisfactorias para ambas personas.

12- Durante el encuentro, es absolutamente crucial respetar plenamente los límites mentales, físicos, sexuales y emocionales de tu pareja. Esta es probablemente la regla más importante. “No” significa estrictamente “no”. El hecho de ejercer una profesión relacionada con el trabajo sexual no quita la capacidad de consentimiento, ni la importancia capital de respetar este consentimiento. La autonomía de las trabajadoras y trabajadores sexuales es fundamental, y si ella o él te dice “no” o “para”, cumple inmediatamente con esa solicitud. Estos límites se te pueden comunicar de forma verbal y explícita, pero también con indicios: sé atento y respetuoso con las molestias físicas de tu pareja.

Al contrario de lo que quieren hacer creer los abolicionistas y los promotores de las leyes de penalización, no eres dueño del trabajador o la trabajadora sexual, ni de su cuerpo ni de su mente. Durante una reunión, la persona no se convierte de ninguna manera en tu objeto sexual del que puedes disponer como desees. No presiones a tu pareja para que haga cosas que no quiere. En caso de duda, antes de iniciar una nueva actividad, haz una solicitud explícita. No uses la violencia más que si ha sido explícitamente autorizada y solo dentro del marco definido. El consentimiento permanente es una parte esencial de cualquier acto sexual plenamente satisfactorio que respete la dignidad de ambas personas, y es igualmente cierto en una relación remunerada. Si la trabajadora o el trabajaodor sexual te rechaza y excluye después de que no hayas respetado uno de sus límites claramente establecidos, esto no te da derecho a acosar o difundir rumores falsos sobre ella. La culpa está de tu lado y solo de tu lado.

13- Es fundamental asegurarse de que la relación sexual sea sana. Si bien esta responsabilidad es compartida, también es responsabilidad del cliente ser plenamente consciente de los riesgos y las prácticas adecuadas con respecto a las ETS y las ITS, y hacerse la prueba con regularidad. Para los clientes masculinos, también es absolutamente imprescindible el uso de condón: no le pidas a la trabajadora o al trabajador sexual prescindir de él y, sobre todo, no lo presiones para que acepte no usarlo. Sobre todo, es una agresión sexual intentar quitarse el condón durante el acto sin que la pareja se dé cuenta, y esto es igualmente cierto en una relación remunerada.

14- Antes, durante y después de la reunión, respeta también plenamente la privacidad de la trabajadora sexual. No intentes encontrar sus perfiles personales en las redes sociales. Si encuentras uno, ignóralo. No le preguntes su nombre real: esto no solo no cambiará la autenticidad de la experiencia que estás teniendo, sino que en una sociedad donde el trabajo sexual está penalizado y estigmatizado, su anonimato es absolutamente crucial para su seguridad. Tampoco preguntes sobre su estado civil: si la persona es soltera, en pareja o casada es irrelevante.

15- Respeta los límites profesionales marcados por la trabajadora o el trabajador sexual. No presiones a la persona para que tenga una relación romántica contigo. Si con el tiempo le entran ganas, te lo propondrá por su cuenta. Mientras tanto, respetar el límite profesional es saludable y esencial para cualquier trabajadora o trabajador sexual, que busca distinguir claramente a su clientela de las personas que conoce y aprecia fuera del trabajo. El hecho de que la persona busque mantener una relación estrictamente profesional no es de ninguna manera un indicio de que no aprecia tu compañía. El pago no excluye la naturaleza inevitablemente humana de la relación.

16- Respeta el tiempo de la sesión por el que has pagado. Si bien es comprensible que no te guste ser presionado para respetar la hora, es irrazonable e irrespetuoso contar con más tiempo del esperado. Si deseas continuar más allá del tiempo programado, solicítalo y paga el monto correspondiente. A veces es posible que si la trabajadora sexual se lo está pasando bien contigo, te ofrezca más tiempo ella misma, pero no la presiones: es un privilegio y no es un derecho.

17- El hecho de que aprecies mucho a la trabajadora sexual que conoces no te permite juzgar su actividad. Comentarios como “no pareces una escort” no son cumplidos sino insultos vulgares a las personas. Preguntas como “eres tan inteligente, ¿por qué eres una escort?” son muy inapropiados e implican ignorancia y / o gran falta de respeto a su actividad.

18- No sorprendas a tu pareja ofreciéndole los servicios de una trabajadora o un trabajador sexual. Asegúrate de tener su consentimiento, incluso si tu pareja ya ha mencionado la idea en conversaciones traviesas.

19- Aunque no es obligatorio, siempre se agradecen los obsequios o propinas adicionales. Estos son signos que ayudan a demostrar que aprecias plenamente el valor del tiempo y la inversión física y emocional que te ofrece la trabajadora sexual.

20- Si te reúnes con una trabajadora sexual en su casa, ten cuidado con la discreción. En particular, no menciones en voz alta el motivo de tu visita cuando estés en la puerta. ¡No le preguntes al vigilante / conserje si la trabajadora sexual vive en el tercero izquierda!

21- Después de la reunión, aunque algunas trabajadoras sexuales aprecian los informes en las comunidades en línea de clientes, muchas no lo aceptan. Si te has asegurado de que la persona acepta un informe, hazlo de manera honesta y elegante, sin entrar en todos los detalles físicos. No menciones sobre todo información de ubicación ni detalles identificativos de la dirección: ¡la seguridad de los trabajadores y las trabajadoras sexuales depende de ello! Sobre todo, nunca uses la amenaza de estos informes para coaccionar a la persona de ninguna manera.

22- Si te encuentras por casualidad con la persona en un contexto diferente al de su trabajo, nuevamente es importante respetar su privacidad. No se acerques a él o ella a menos que estés absolutamente seguro de que es aceptable para él o ella.

23- Convertirse en un cliente habitual y valorado es algo que surge de las acciones, no de las palabras. Es inútil y sospechoso decir que te vas a convertir en un cliente habitual de alguien a quien nunca has conocido o que has visto pocas veces. Si te conviertes en un cliente habitual cuya compañía es apreciada y en quien la persona confía, no utilices de ninguna manera esta situación para tratar de obtener de ella cosas que niega o para tratar de monopolizar indebidamente su tiempo. El hecho de que seas un cliente habitual no te da derecho a creer que se te debe todo.

 

Un objetivo común: el respeto por los demás

 

Estas veintitrés reglas, además de denunciar la estigmatización de las trabajadoras sexuales, tienen todas un objetivo común central: el respeto por quienes realizan trabajo sexual. Este respeto ahora está siendo atacado por la propia ley, que al penalizar sistemáticamente a los clientes da a entender que las trabajadoras y los trabajadores sexuales no son más que niñas y niños incapaces de consentir o poner límites. También es atacado constantemente por los discursos abolicionistas tan influyentes en Francia, que consideran cualquier forma de trabajo sexual como una violencia insoportable: estos discursos socavan terriblemente el reconocimiento de las violencias reales contra las trabajadoras sexuales cuando se producen, y contribuyen a deshumanizar a las mismas personas que pretenden proteger.

En estos momentos del movimiento #MeToo, asegurémonos de incluir plenamente la voz de los trabajadores y las trabajadoras sexuales que, también ellas, tienen todo el derecho a exigir respeto y dignidad.

 

PD: Muchas gracias a Maîtresse Gilda, trabajadora sexual, por su indispensable ayuda en la redacción de este artículo.

Médicos del Mundo defiende en Francia los derechos humanos de las trabajadoras sexuales

 

Fiel a su carácter de organización internacional defensora de los derechos humanos, Médicos del Mundo se opone en Francia a la prohibición de la prostitución y pide la despenalización del trabajo sexual.

 

Médicos del Mundo pide la despenalización del trabajo sexual

 

Encuesta de Médicos del Mundo sobre el impacto de la ley de penalización de clientes en Francia

 

Médicos del Mundo envía un DVD a los 577 diputados franceses para hacer oír la palabra de las personas que se prostituyen

 

Francia: “Ley de Prostitución: tres años de más”

 

 

También en tiempos de Covid:

 

Confinamiento: las trabajadoras sexuales son una vez más las grandes sacrificadas

Desde el establecimiento del confinamiento, las trabajadoras sexuales (TS) se han enfrentado una vez más a la imposibilidad de continuar con su trabajo. Estas restricciones crean una extrema precariedad para estas personas ya vulnerables. Nuestras asociaciones exigen medidas del Estado cuya actual indiferencia pone en peligro la vida de las TS.

 

30 de octubre de 2020

https://www.medecinsdumonde.org/fr/actualites/presse/2020/10/30/confinement-les-travailleurs-et-travailleuses-du-sexe-sont-encore-une-fois-les-grandes-sacrifiees

 

Nuestras asociaciones reciben testimonios alarmantes que demuestran la precariedad de las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales. “¿Cómo voy a pagar el alquiler? ¿Cómo voy a alimentar a mis hijos?” son preguntas a las que no tenemos respuesta por falta de recursos.

Con la implementación del confinamiento, todas las trabajadoras sexuales se encuentran, como la primavera pasada, sin recursos. A pesar de nuestras alertas, el gobierno no ha aprendido nada de la experiencia del confinamiento anterior, durante el cual nuestras asociaciones tuvieron que apelar a la generosidad del público, habiendo recibido el silencio por respuesta a nuestras peticiones a Marlène Schiappa.

Dijo que era “muy complicado” indemnizar a las trabajadoras sexuales cuando cada año se vota un paquete de 5 millones de euros para ayudar a quienes deseen dejar su actividad. Estos créditos están notablemente infrautilizados debido a las condiciones de obtención arbitrarias y abusivas para ser en realidad redistribuidos hacia otros programas, como revela el informe parlamentario de los senadores Bocquet y Bazin. En 2018, solo el 12% de estos préstamos, es decir, alrededor de 600.000 de los 5 millones de euros, llegaron a las trabajadoras a través de la denominada asignación AFIS.

Trabajadoras sexuales sin ayuda estatal y altamente expuestas al Covid-19

Una gran proporción de trabajadoras sexuales, como la mayoría de los trabajadores de la economía informal, actualmente no tiene acceso a ningún apoyo estatal. De hecho, están muy expuestas al coronavirus por la obligación de seguir trabajando y de correr riesgos para sobrevivir. Por su salud, la de quienes les rodean y la de toda la población, el Estado debe, no obstante, asumir urgentemente sus responsabilidades.

 

Exigimos:

  • Un fondo de emergencia para compensar la pérdida de ingresos durante el confinamiento;
  • Una moratoria de multas, penalización de clientes y ordenanzas contra la prostitución;
  • Apoyo financiero a las asociaciones que organizan la ayuda a las trabajadoras sexuales, en particular para conservar el alojamiento y para paquetes de alimentos;
  • La regularización de las trabajadoras sexuales indocumentadas sin la cual es imposible acceder al trabajo en la economía formal.

 

Fecha de publicación

30 de octubre de 2020

Lista de organizaciones signatarias

 

Acceptess-T

ACTHE

Actupiennes

Act up Paris

AIDES

ARCAT

ASMF

Autres regards

Bi’cause

Cabiria

Centre LGBTQI+ de Paris et d’Île-de-France

Couleurs Gaies

Fédération Parapluie rouge

Générations LGBTI+

Grisélidis

HES

Inter-LGBT

Association des amis de Bonneuil

Médecins du Monde

mobilisnoo

Paloma

Pari-T

PASTT

Sidaction

Solidarité internationale LGBT

STRASS Syndicat du Travail Sexuel

Syndicat de la Magistrature

UNIFS

 

 

 

La prohibición de la prostitución en Francia (y, hoy, en España) y otras señales de fascismo

Publicado en 11 de abril de 2016

 

La prohibición de la prostitución en Francia y otras señales de fascismo

 

Por Jerry Barnett

7 de abril de 2016

http://sexandcensorship.org/2016/04/france-bans-prostitution/

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/04/11/la-prohibicion-de-la-prostitucion-en-francia-y-otras-senales-de-fascismo/

 

La prohibición de la prostitución en Francia es un signo de un profundo cambio histórico en la política francesa

 

Ayer, Francia adoptó el “modelo nórdico” para combatir el comercio sexual, haciendo ilegal comprar sexo. Como siempre, los valedores de este ataque negaron que la prostitución estuviera siendo puesta fuera de la ley; por ejemplo, en respuesta a mi tweet sobre la noticia, recibí esto:

Sex and Censorship:
“Prohibición de los velos y ahora prohibición de la prostitución. Francia se está convirtiendo en un país profundamente conservador.”
Stephanie Lamy:
“Francia no está prohibiendo la prostitución, sino todo lo contrario. Estamos prohibiendo la compra de sexo y despenalizando a las prostitutas”

Pero hace falta una auténtica mentalidad orwelliana para creer que uno puede poner fuera de la ley la compra de un servicio sin perjudicar a los que lo venden. Esto está, desde luego, diseñado para perjudicar a las trabajadoras sexuales. El fanatismo del movimiento antiprostitución está a la vista de todos. Las trabajadoras sexuales no están divididas al respecto: dicen claramente para cualquiera que quiera escucharlas que el trabajo sexual debe ser totalmente despenalizado. Los observadores imparciales —tales como Amnistía Internacional, que recientemente adoptó una política de despenalización— no han apreciado que este sea un argumento complicado, de dos caras. Es bien sabido que penalizar cualquier aspecto del comercio sexual daña claramente a las trabajadoras sexuales.

Así que no tratemos a los prohibicionistas como personas equivocadas con buena intención, de la misma forma que no gastaríamos saliva discutiendo sobre si es bueno o malo linchar a los negros o gasear a los judíos. Los activistas antiprostitución son fanáticos, así de sencillo. Pretenden atacar lo que odian y temen. Y este fanatismo nacido del miedo y la aversión que está en auge en Francia, es parte de un cambio histórico mucho mayor. Francia se está hundiendo otra vez en el fascismo.

Lo que es desconcertante es que, al contrario que la vez pasada, la fuerza dirigente del fascismo francés es la izquierda política. Hace unos pocos años, por ejemplo, la ministra del gobierno socialista francés Laurence Rossignol dijo que las mujeres que llevaban velo eran como “negros que apoyaran la esclavitud”. La ley antivelo fue presentada con un ligero barniz progresista, usando el “laicismo” como excusa. Pero el laicismo de Francia no es la libertad religiosa de la Ilustración. Es una oportunidad para abusar perversamente de las minorías.

Y como escribió ayer la comentadora del trabajo sexual Laura Agustín en Facebook, esta ley antiprostitución tiene también sus raíces en el profundo racismo de Francia. “En Francia, donde más de la mitad de quienes venden sexo son inmigrantes, la ley es abiertamente antiinmigración. El mensaje es: si quieres hacer esto, vete”. Francia ha sido siempre uno de los peores lugares de Europa para ser un inmigrante. Ahora la guerra francesa contra los inmigrantes se está volviendo cruel, y la izquierda está en la vanguardia de esa guerra. La tarea de la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen ha concluído: ¿quién necesita a la extrema derecha cuando el fascismo se halla tan cómodo como en su casa en la izquierda?

El colapso de la izquierda progresista no es solo un asunto francés. No es coincidencia que, en el Reino Unido, una comisión parlamentaria dirigida por los laboristas esté tambíen intentando prohibir la prostitución. Actitudes abiertamente antisexo y actitudes veladamente racistas son ahora algo corriente en la política de la izquierda en todas partes: el reciente ataque a un estudiante que llevaba rastas —tan solo porque el estudiante era blanco— muestra que la podredumbre también está en la izquierda americana.

Para alguien como yo que una vez se encontró como en su casa en la izquierda, este cambio en el panorama político es desconcertante. El cambio de la izquierda hacia actitudes fascistas constituye el meollo de mi nuevo libro, Porn Panic!  Los valores liberales de igualdad, libertad y razón están colapsando en todo el espectro político. La prohibición de la prostitución en Francia, y la del velo, representan nubes oscuras levantándose sobre el mundo occidental.

 

La revuelta de las trabajadoras sexuales francesas de 1975: una narrativa de influencia

 

Por Eurydice Aroney

University of Technology Sydney

Faculty Member

2018

https://www.academia.edu/40247875/The_1975_French_sex_workers_revolt_A_narrative_of_influence

Resumen 

La huelga de las trabajadoras sexuales francesas de 1975 es ampliamente reconocida por las activistas del movimiento de las trabajadoras sexuales como la chispa que encendió el movimiento europeo contemporáneo de derechos de las trabajadoras sexuales. Sin embargo, una importante investigación académica ha considerado que la huelga fue un fracaso porque no logró la reforma de la ley ni fue capaz de mantener una presencia duradera. ¿Cómo entonces deberíamos entender la disparidad entre cómo las activistas de las trabajadoras sexuales ven la ocupación y el juicio que hacen de ella los investigadores académicos? Esta investigación amplía el marco analítico de la influencia del movimiento de 1975 más allá de la decepción por los resultados políticos específicos y, en cambio, aborda el papel que desempeñó el movimiento en las actitudes amenazantes hacia las trabajadoras sexuales y la construcción de una nueva identidad colectiva que alimentó el movimiento emergente global por los derechos de las trabajadoras sexuales. Sostiene que al definir y ampliar un conjunto de quejas compartidas reconocibles a través de las fronteras, la huelga fue un logro cultural significativo para el movimiento de las trabajadoras sexuales y esto a su vez estableció una narrativa de influencia.

 

Palabras clave 

Trabajo sexual, movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales, huelga, activismo, Francia.

 

La revuelta de las trabajadoras sexuales francesas de 1975: una narrativa de influencia.

 

¡Cuando ocupamos las iglesias,

Os escandalizasteis,

Fanáticos religiosos!

Vosotros, que nos amenazasteis con el infierno,

Hemos venido a comer a vuestra mesa

En Saint Nizier

Este fue el primer verso de una canción de protesta escrita por trabajadoras sexuales francesas en junio de 1975 durante su huelga nacional ampliamente publicitada de ocho días de duración, en el curso de la cual ocuparon seis iglesias en ciudades y pueblos franceses. La huelga, que comenzó en Lyon, fue noticia en los titulares nacionales e internacionales. Las activistas de las trabajadoras sexuales lo consideran la chispa que encendió el movimiento contemporáneo por los derechos de las trabajadoras sexuales en Europa y el Reino Unido (Roberts, 1992: 347) y afirman que las quejas transmitidas por las huelguistas de 1975 todavía resuenan hoy. Sostienen que el movimiento francés demostró al mundo que las trabajadoras sexuales pueden organizarse políticamente y representarse a sí mismas de manera efectiva (Schaffauser, 2014, Jeffreys 2014). Cada año, los movimientos activistas de trabajadoras sexuales en varios países celebran el 2 de junio, la fecha de la ocupación original de Lyon, como el Día Internacional de las Putas (McNeil, 2012). Sin embargo, a pesar de estas manifestaciones de solidaridad y conmemoración colectiva, los académicos consideran que la huelga de trabajadoras sexuales francesas de 1975 fue un fracaso en general (Corbin, 1990; Mathieu, 2001, 2003; Tilly y Tarrow, 2015). Aunque reconocen que se lograron avances —por ejemplo, después de la huelga, las trabajadoras de la calle ya no fueron multadas ni amenazadas con prisión— el foco principal de la investigación ha sido el fracaso del movimiento para lograr la más importante de sus reclamaciones institucionales: la derogación de las leyes que condujeron al cierre de espacios para trabajadoras sexuales y la prevención de cambios legales que criminalizarían aún más a los ‘procuradores’ o terceros. Entonces, ¿por qué el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales acepta una protesta “fallida” como un momento de victoria? ¿Cómo podemos entender esta paradoja?

Según David S Meyer, “una historia que describe solo las derrotas no solo es incompleta sino políticamente contraproducente. No proporciona ninguna base para la movilización posterior y refuerza el sentimiento de inutilidad entre los que participaron”(Meyer, 2009: 56). Meyer identifica fallas significativas en investigaciones previas en la evaluación del impacto y la influencia de los movimientos sociales. Estos incluyen el papel de jugadores externos, resultados inesperados a lo largo del tiempo y la interpretación variada de documentos y otros materiales en el análisis retrospectivo y la creación de mitos. Meyer afirma que aunque las evaluaciones académicas del impacto de un movimiento a menudo difieren de su historia popular “la historia popular … es mucho más probable que afecte lo que sucede después”. Al sugerir que la historia emergente de un movimiento generalmente se descuida, desafía a los investigadores a extender el marco analítico más allá de resultados específicos para establecer “una narrativa de influencia”. Esto en sí mismo constituye un importante resultado del movimiento social (Meyer, 2009: 56).

Este artículo se basa en la crítica de Meyer y vuelve a visitar la teoría y los criterios que los académicos utilizaron para interpretar el movimiento de trabajadoras sexuales francesas de los años 70 como un fracaso. Coloca al movimiento francés en el contexto más amplio de investigación sobre los movimientos laborales y las rebeliones de las trabajadoras sexuales, y amplía el marco analítico a través del tiempo y el espacio para que podamos entender mejor cómo y por qué las líderes del movimiento de las trabajadoras sexuales francesas y otras activistas que las siguieron lo consideran como una victoria. En conclusión, analiza cómo y por qué la evaluación de la huelga y las ocupaciones de 1975 es importante para el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales en la actualidad.

La intención general de esta investigación es alentar una extensión de la historia, para comprender cómo un episodio en el desarrollo de un movimiento social se convierte en parte de una historia más grande: un mito de formación para aquellos involucrados en el movimiento a pesar de su obvio fracaso para lograr ganancias concretas.

Metodología

 n los últimos años, los académicos han establecido numerosas conexiones entre las metodologías del periodismo y la etnografía (Cramer y McDevitt, 2004; Hannerz, 2004; Singer, 2009; Vesperi, 2010). Boyer (2010) argumenta que el periodismo y la etnografía son discursos narrativos (con diferentes formas y registros representativos), y ambos son “analistas sociales” (ibid.). La producción documental de radio es una de las metodologías del periodismo, y es capaz de ciertos tipos de “descripción gruesa” (Singer, 2009). Por lo general, implica “un compromiso sostenido con individuos particulares y sus comunidades y ambientes; entrevistas extensas, la grabación de historias de vida y un intento de comunicar a la audiencia las formas en que esos individuos construyen significado en el contexto de su experiencia vivida” (Morton y Mueller, 2016).

La autora es una productora de documentales de radio que ha realizado investigaciones sobre y con trabajadoras sexuales durante dos décadas1. El trabajo de campo en el que se basa este documento se realizó durante tres visitas a Lyon y París. Empleó métodos mixtos basados ​​en la producción etnográfica y documental, incluida la observación participante en lugares donde operan las trabajadoras sexuales, entrevistas estructuradas y semiestructuradas y grabación de sonido en el lugar. Se registraron historias orales con dos trabajadoras sexuales francesas que habían participado en la huelga en 1975, el padre Louis Blanc2, el sacerdote católico que se quedó con las huelguistas en la iglesia durante la ocupación y las apoyó, y Christian Delorme, entonces un joven cura y activista social. Se entrevistó a ocho activistas y trabajadoras sexuales actuales, incluidas cuatro de la organización nacional francesa de derechos de las trabajadoras sexuales STRASS. Se realizaron entrevistas adicionales con la socióloga Lilian Mathieu, personal de la organización de defensa de trabajadoras sexuales con sede en Lyon Cabiria, clérigos y voluntarios de la iglesia de la Iglesia de Saint Nizier3. Una contribución importante fue hecha por la editora feminista Christine de Coninck, coautora de La Partagée, escrita por ‘Barbara’, una de las líderes francesas del movimiento de trabajadoras sexuales (Barbara y de Coninck, 1977). De Coninck restableció el contacto con “Barbara” con el propósito de esta investigación. Además, la autora realizó una extensa investigación de archivos en Lyon y en los archivos de Radio France, a los que no habían hecho referencia estudiosos anteriores. Un documental de radio de una hora fue producido y transmitido por Radio France y RTBF en 2015 (Aroney, 2015) y otro para la Australian Broadcasting Corporation en 2016 (Aroney, 2016). Estos documentales, y la investigación primaria esbozada anteriormente, sirvieron de base para la reflexión académica desarrollada en este documento.

Los orígenes y la historia del movimiento.

En 1960, Francia ratificó la Convención de las Naciones Unidas de 1949 para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena. Al hacerlo, el parlamento francés adoptó el preámbulo de la Convención, que declara que la prostitución es “incompatible con la dignidad y el valor de la persona”, y como tal pone en peligro “el bienestar del individuo, la familia y la comunidad” (ONU, 1949 ) Aunque los burdeles estatales habían existido hasta 1946, las trabajadoras sexuales todavía se habían visto obligadas a registrarse en los archivos de salud pública y a realizarse controles de salud periódicos. La ratificación de 1960 puso fin a este requisito de registro, y de acuerdo con la política oficial, el trabajo sexual en Francia se convirtió en “un asunto privado, una cuestión de elección y responsabilidad individual, fuera del ámbito de la intervención estatal” (Mathieu, 2004: 153). La realidad de cómo funcionaba el trabajo sexual en Francia era muy diferente. Las autoridades policiales y judiciales se reservaron el derecho de evitar la solicitud, por considerar que constituía un acto de indecencia pública. Continuaron enjuiciando a terceros que se beneficiaban de la prostitución, como los propietarios de locales utilizados con fines de prostitución y otros que vivían de sus ganancias. Según Barbara, una de las líderes de la huelga de 1975, la primera noche que comenzó a trabajar en las calles de Lyon, la llevaron a la comisaría de policía y la registraron como prostituta con su nombre y dirección (Barbara y de Coninck, 1977 ) En efecto, la rebelión de las trabajadoras sexuales en 1975 tuvo lugar dentro de un sistema que afirmaba haberles dado la libertad de operar como individuos y las leyes para protegerlas, pero de hecho parecía someterlas a hostigamiento constante, enjuiciamiento, multas, y a veces encarcelamiento.

Como parte de una ofensiva nacional contra la corrupción en 1972, según el periódico Le Figaro, la policía de Lyon multó a 6.290 trabajadoras sexuales por solicitar, encarceló a 43 proxenetas y cerró 41 hoteles donde las trabajadoras sexuales veían a sus clientes (Le Figaro, 12 de junio de 1975 ; Mazur, en Outshoorn, 2004: 126). Esta operación no solo interrumpió masivamente la industria del sexo, sino que también expuso la corrupción policial y política al más alto nivel. Varios policías y políticos, incluido el jefe del Escuadrón del Vicio de Lyon, fueron juzgados por proxenetismo y corrupción en los meses siguientes. El régimen policial que los reemplazó adoptó una campaña agresiva para cerrar los bares y los hoteles de estadías cortas donde muchas trabajadoras sexuales veían a la clientela. Como resultado, un número estimado de 400 trabajadoras sexuales adicionales se vieron obligadas a conocer y atender a sus clientes en automóviles y en las calles de Lyon. En respuesta, en agosto de 1972, alrededor de 30-40 trabajadoras sexuales realizaron una manifestación callejera, pero esto terminó mal. No solo las líderes fueron llevadas a la comisaría de policía, sino que la protesta también fue ridiculizada por la prensa. Luego, la policía intensificó su campaña acusando a las mujeres de “libertinaje” utilizando una ley que no se había utilizado desde el cambio de siglo. La violencia contra las trabajadoras sexuales también había aumentado. Una declaración grupal redactada en junio de 1974 en la primera reunión del Colectivo para la Defensa de las Prostitutas de Lyon culpó a la policía por ignorar el aumento de los ataques mortales: “Seis o siete prostitutas han sido asesinadas desde 1971 […] Fueron asesinatos espantosos e incluyó tortura. Todavía no han encontrado a los asesinos” (Jaget, 1980: 36).

Entre otras preocupaciones para las trabajadoras sexuales se encontraba un proyecto de ley del gobierno destinado a endurecer las leyes de proxenetismo. Estas leyes ya criminalizaban a los definidos como “procuradores” que, en muchos casos, también eran sus novios y maridos. Según estas leyes, incluso las mismas trabajadoras sexuales fueron acusadas de proxenetismo si compraban y trabajaban juntas en pisos (Corbin, 1990; Jaget, 1980: 37). A las trabajadoras sexuales también se les había entregado recientemente declaraciones de impuestos exorbitantes, aunque se les negaban los fondos de asistencia social o jubilación (Mathieu, 2012).

Estas quejas llegaron a un punto crítico el 2 de junio de 1975, cuando alrededor de 100-150 trabajadoras sexuales se refugiaron en la iglesia de Saint-Nizier en Lyon e inmediatamente colgaron del campanario una gran pancarta en la que estaba escrito “Nuestros hijos no quieren que sus madres vayan a la cárcel”. Trabajando junto a aliados que no eran trabajadoras sexuales, lanzaron una campaña en los medios que comenzó con una carta dirigida al público:

La sociedad está acostumbrada a condenarnos y confinarnos en un gueto de desprecio o lástima. Las personas nos consideran mujeres “sucias” o “anormales”, pero al mismo tiempo dicen que nos necesitan. ¡Porque nos necesitan! La prostitución no está prohibida por la ley […] francesa, pero como la sociedad se avergüenza del hecho de que nos necesita, nos trata como criminales. (Colectivo para la defensa de las prostitutas de Lyon, en Barbara y de Coninck, 1977: 66)

Las mujeres explicaron que habían ocupado la iglesia con desesperación después de meses de negociaciones fallidas en un intento por evitar la amenaza de encarcelamiento de alrededor de diez mujeres que enfrentaban múltiples cargos por “incitación al libertinaje”. También se dirigieron por separado al presidente de Francia: ¿intervendría él? Si no, “la policía tendrá que masacrarnos en la iglesia” (Barbara y de Coninck, 1977: 68).

Los principales aliados de las trabajadoras sexuales eran representantes de un movimiento católico activista social y abolicionista llamado “Mouvement du Nid” (“Movimiento del Nido”). El Nid había ofrecido durante mucho tiempo apoyo moral y material a las trabajadoras sexuales, aunque su objetivo principal era abolir la prostitución. Los miembros de la organización de Lyon adoptaron el enfoque de que, al apoyar y educar a las trabajadoras sexuales, se darían cuenta del daño causado por el trabajo sexual y abandonarían esa vida voluntariamente (una forma de concienciación). Tanto antes como durante la ocupación de 1975, el NID estuvo representado de manera más efectiva por el Padre Louis Blanc, que trabajó durante más de diez años en un refugio comunitario con sede en Lyon para trabajadoras sexuales “reformadas”. Afirma que “el NID solo orquestó un movimiento que comenzó con las prostitutas … simplemente estábamos detrás de él para apoyar sus acciones” (Blanc, 2014). Como explicó Barbara, el NID organizó salas de reuniones y un abogado para representarlas, pero nunca actuaron en nuestro lugar ni en nuestro nombre. Una y otra vez nos aseguraron que estaban de nuestro lado y enfatizaron “vosotras sois capaces de hablar por vosotras mismas, sois capaces de defenderos.” (Barbara y de Coninck 1977: 50). Para otras como María, el apoyo fue más básico “los Nid […] en realidad estaban en nuestra contra, pero de todos modos nos ayudaron dándonos comida” (de Lourdes, 2013).

Una vez dentro de la iglesia, las trabajadoras sexuales lanzaron inmediatamente una poderosa campaña mediática con la ayuda del joven cura, activista y aspirante a periodista Christian Delorme (Delorme, 2012). El 4 de junio comenzaron a llegar grupos feministas y fueron recibidos en la iglesia. “Estoy sorprendida de cuántos eran, no sabía que el movimiento de mujeres en Francia fuera tan grande” (Barbara y de Coninck, 1977: 73). Un pequeño grupo de feministas y hombres homosexuales (estos últimos compartían las pequeñas callejuelas con las trabajadoras sexuales) distribuyó folletos que resumían las demandas de las huelguistas a la multitud de espectadores de Lyon (Chomarat, 2013; de Coninck, 2014 ) Con actualizaciones diarias de noticias de radio y televisión, la huelga atrajo rápidamente la atención de las trabajadoras sexuales en otras ciudades francesas. En cuestión de días, las trabajadoras sexuales se refugiaron en iglesias en Marsella, Grenoble, Montpellier y París en solidaridad, y comenzaron a transmitir sus propias quejas. Un periódico canadiense destacó a las trabajadoras sexuales trans, informando que los “travestis” en huelga tenían “una queja adicional: una ley que prohíbe a los hombres usar ropa de mujer en público excepto durante la temporada de carnaval” y posteriormente recibieron el doble de multas (Putas en la Iglesia dicen “somos ciudadanas, madres”, Montreal Gazette, 10 de junio de 1975: 49). Muchas de las 20.000 – 30.000 trabajadoras sexuales francesas restantes en todo el país también se declararon en huelga, en algunos casos de mala gana. En París, un portero de club de striptease le dijo al periodista Paul Treuthardt (“Prostitutes Picketing in Paris”, The Day, 9 de junio de 1975: 7) que no había una sola chica trabajando en el barrio rojo de Pigalle. “Algunas de ellas lo intentaron a primeras horas de la noche, luego llegaron piquetes en coches y las echaron”.

Los informes de los medios internacionales también llamaron la atención de la feminista y autora estadounidense de alto perfil Kate Millett, que comparó las ocupaciones francesas con los esfuerzos del grupo de derechos de las trabajadoras sexuales estadounidenses Call Off Your Old Tired Ethics (COYOTE). Al describir a su líder Margo St James como “bastante exitosa” en su papel, Millett continuó diciendo a las feministas francesas que lo que vio aquí fue más un movimiento de base:

Lo que tenéis aquí en Francia es tan fantástico que las prostitutas por sí mismas tienen la conciencia de atacar, de confrontar a la sociedad. ¿Que necesitan? Necesitan comida, ropa, personas para hacer campaña con ellas para darles apoyo, ya sabes, los medios. Esta claro que están luchando su propia lucha. (Mijo en Roussopoulos, 1975b)

Pero la falta de respuesta del gobierno francés causó frustración en las huelguistas y, a medida que avanzaba la semana, un “sentimiento de desánimo” cayó sobre la iglesia de San Nizier (Blanc, 2014). Su apelación a Francoise Giroud, la Viceministra de Estado de la Mujer, fracasó; ella se negó a involucrarse en la disputa afirmando que las quejas de las trabajadoras sexuales eran un problema de hombres (Mazur, 2004: 130).

Cuando las trabajadoras sexuales ocuparon la Capilla parisina de Saint Bernard, Simone de Beauvoir las visitó y dijo a Reuters News Service: “Espero que tengan éxito y estoy lista, con mis amigas en el movimiento de liberación de las mujeres, para apoyar este movimiento” (“Las putas francesas ‘rezan’ por la igualdad de derechos” Miami News, 9 de junio de 1975: 23). Pero su apoyo contaba poco en términos prácticos. A las 5.30 de la mañana del 10 de junio, las iglesias quedaron libres de manifestantes. En el caso de la Iglesia de Saint-Nizier, fue una demostración de fuerza a punta de porra ordenada por el Ministro del Interior, Michel Poniatowski, quien le dijo a Radio France que había oído que las mujeres estaban a punto de ocupar otras iglesias, incluida Nôtre Dame. El ministro continuó afirmando que no eran las mujeres las que estaban detrás de la huelga sino sus proxenetas: “ El público debe tener cuidado de que su compasión y buena fe no sean traicionadas por manifestaciones que, en realidad, son organizadas por los proxenetas. quienes a menudo son la columna vertebral del mundo del narcotráfico y la trata de personas ” (Poniatowski, archivos de INA, 1975). Ningún miembro del gobierno acordó reunirse con trabajadoras sexuales durante o después de la huelga.

La evaluación académica

La investigación del historiador Alain Corbin y la socióloga Lillian Mathieu es crucial para quienes desean comprender el movimiento de las trabajadoras sexuales francesas de principios a mediados de los años setenta. Aunque sus investigaciones tuvieron lugar con más de 20 años de diferencia y emplearon diferentes modelos teóricos, ambas estaban de acuerdo en general: el movimiento de las trabajadoras sexuales francesas terminó en fracaso porque no logró sus principales objetivos institucionales (Corbin, 1990: 363). Mathieu está de acuerdo, y agrega que en su análisis “el movimiento disminuyó rápidamente y pronto expiró, en parte debido a la deserción de su líder” (Mathieu, 2001: 107). Antes de analizar por qué activistas de los derechos de las trabajadoras sexuales a nivel mundial como Tracy Quan de PONY (Prostitutas de Nueva York) redefinieron este levantamiento fallido como “nuestro Stonewall” (Quan, 1990), examino los criterios utilizados por Mathieu y Corbin en sus análisis de las deficiencias del movimiento, junto con su reconocimiento de lo que logró.

Fue en la década de 1970, cuando la sexualidad y la prostitución finalmente surgieron como un área legítima de investigación histórica (Walkowitz, 1980), que el historiador Alain Corbin escribió su monumental libro Prostitución y sexualidad en Francia después de 1850. En su introducción, Corbin observa que al investigar la prostitución hasta la década de 1970 “podemos deducir que la realidad está mediada por los ojos masculinos: los del policía, el médico, el juez y el administrador” (Corbin, 1990: viii). Pero al explorar documentos para su capítulo final sobre la huelga de las trabajadoras sexuales francesas o el “movimiento de las iglesias”, como fue acuñado, Corbin reconoció que, por primera vez, eruditos como él pudieron publicar un relato de una rebelión de trabajadoras sexuales basándose en los relatos individuales de las trabajadoras sexuales que participaron. Observó que la “novedad” de usar sus voces contrastaba con los textos rebeldes anteriores de trabajadoras sexuales en los que las trabajadoras presentaban sus puntos de vista colectivamente a las autoridades, como durante la Revolución y Restauración Francesas (Corbin, 1990: 362-443).

Las “voces” de Corbin se originaron en varios testimonios publicados y memorias de las mujeres involucradas (Barbara y de Coninck, 1977; Chantal y Jean Bernard, 1978; Sonia, 1976; Ulla, 1976). Pero él destaca el trabajo del periodista de Liberación Claude Jaget como especialmente significativo. Une Vie de Putain (Jaget, 1975) incluye transcripciones extraídas de más de 30 horas de testimonios grabados dados por seis de las manifestantes durante el período de las ocupaciones. Corbin reconoce que estas entrevistas son responsables de lo que él ve como el principal logro de la huelga, “la aparición de un nuevo discurso desde el interior, la aparición de una mentalidad y un comportamiento que previamente se había ocultado y que las confesiones de las mujeres alargadas por médicos y psicólogos no habían revelado” (Corbin, 1990: 363). Corbin creía que este nuevo discurso, fomentado por una tradición libertaria, era uno que consideraba que la prostitución ya no era “simplemente un callejón sin salida, el camino de la muerte”, sino incluso a veces “como una forma de avanzar en la sociedad” (Corbin, 1990: 364 )

Esta nueva actitud también fue el resultado de un trastorno estructural en la industria del sexo francés, una fractura causada por los cambios sociales y culturales de los años sesenta y setenta. Corbin argumentó que la reducción de empleos como resultado de la crisis económica en Francia junto con la influencia del feminismo de la segunda ola y el movimiento de liberación sexual habían creado una clase de mujeres jóvenes que estaban desesperadas por trabajar pero que ya no se sentían moralmente obligadas a casarse. Basándose en los testimonios de las manifestantes francesas (Jaget, 1975), sostuvo que, en estas condiciones, quienes optaban por el trabajo sexual tenían más confianza en la expresión de la sexualidad fuera del matrimonio, pero eran menos propensas a someterse a la influencia de los procuradores del “medio”, el equivalente francés del crimen organizado. Esto, dijo Corbin, no significaba que las condiciones de explotación desaparecieran. En cambio, la jerarquía evolucionó y el tradicional chulo fue reemplazado por aquellos que poseían y dirigían los bares y los hoteles de corta estancia donde las trabajadoras sexuales se reunían y veían a su clientela; algunas de estas personas de negocios eran ex trabajadoras sexuales (Corbin, 1990: 356-358).

Pero a pesar de su análisis sobre el movimiento de 1975 que contribuyó a un nuevo discurso sobre la prostitución, Corbin consideró que el movimiento fue un fracaso por las siguientes razones. En primer lugar, las manifestantes no pudieron evitar la aprobación de leyes más severas contra el proxenetismo. En estas condiciones, no había posibilidad de que los hoteles de corta estadía se reabrieran, ya que los propietarios también fueron definidos como proxenetas. En segundo lugar, poco después de la huelga en julio de 1975, la Ministra de Salud, Simone Veil, nombró al Presidente de la Corte de Apelaciones Guy Pinot para evaluar si existían soluciones judiciales o administrativas que pudieran aplicarse al problema. Pinot se reunió con las representantes de las trabajadoras sexuales y produjo un informe que simpatizaba con sus demandas y reconocía su derecho a la condición profesional (Pinot, 1976). Sin embargo, según Mathieu, el informe fue “enterrado” (Mathieu, 2001: 128) y nunca se presentó al Consejo de Ministros. Este fue un gran golpe para el movimiento.

Más de 20 años después de Corbin, Lilian Mathieu comenzó su investigación desde la misma posición inexpugnable: debido a que el movimiento de las trabajadoras sexuales francesas de la década de 1970 no tuvo un impacto a largo plazo en la opinión pública o la reforma legal, no logró sus objetivos principales y, por lo tanto, fue un fracaso. Pero la intención de Mathieu no era reafirmar lo obvio, sino examinar las condiciones necesarias para la movilización de un grupo tan “desorganizado y carente de condiciones de protesta y medios para actuar como el de las prostitutas” (Mathieu, 2001: 108). Mathieu se basa en la teoría de la movilización de recursos, con la premisa básica de que el surgimiento y la persistencia de un movimiento social depende de la disponibilidad de recursos, que puede acumular y canalizar hacia la acción continua (Mc Carthy y Zald, 2002). Si conceptualizamos los movimientos sociales como colectivos, en lugar de empresas individuales, que desafían las estructuras y los sistemas de autoridad que actúan fuera de los canales institucionales (Snow y Soule, 2010: 7), entonces este tipo de desafíos colectivos implica necesariamente un cierto grado de coordinación y organización. Mathieu aplica este marco en relación con la elección de los modos de acción apropiados por parte de las trabajadoras sexuales, su capacidad de reunir un número significativo de participantes y su capacidad de formar alianzas.

Mathieu buscó posibles lecciones que pudieran extraerse del estudio de caso para movimientos en los que “el grupo de protesta y sus aliados fueron guiados por objetivos diametralmente opuestos” (Mathieu, 2001: 127). Como se indicó anteriormente, los principales aliados del movimiento —el Movimiento del Nido— querían que las trabajadoras sexuales finalmente dejaran de prostituirse, y lo mismo era cierto para la mayoría de sus aliadas feministas (Mathieu, 2001: 124-125). Las trabajadoras sexuales, por el contrario, insistieron en que podrían continuar trabajando sin acoso. Mientras que durante las ocupaciones de la iglesia se habían dejado de lado estas diferencias ideológicas, en una Asamblea General a fines de junio de 1975, salieron a la luz cuando algunas trabajadoras sexuales quisieron centrarse en la legitimación de su trabajo, en lugar de consentir en ser “reformadas”. Según Mathieu, estas diferencias causaron que sus aliados (su recurso más importante) se retiraran y esto a su vez debilitó el movimiento, exponiendo la “incapacidad propia de las prostitutas para organizarse de una manera que les diera autonomía y estabilidad …” (Mathieu, 2001 : 128). Además, “el movimiento disminuyó rápidamente y pronto expiró, en parte debido a la deserción de su líder” (Mathieu, 2001: 107). En su análisis (las líderes) se retiraron porque no estaban “completamente convencidas de la validez de llevar a cabo la acción, o de la dignidad del mundo social marginal del que se declaraban representantes” (Mathieu, 2001: 129). Sin embargo, Barbara afirma que continuó haciendo campaña hasta finales de febrero de 1977 con cartas de apelación a los políticos y las autoridades solicitando programas de integración social para las trabajadoras sexuales y para la implementación del informe Pinot (Barbara y de Coninck, 1980: 231). Ella no lo vio como una contradicción hacer campaña para una reforma de la ley que permitiría a las trabajadoras sexuales el derecho a condiciones de trabajo seguras, al tiempo que pidió programas y apoyo para aquellas que querían dejar el trabajo sexual por completo. En su autobiografía, explica que aunque las trabajadoras sexuales interpretaron su eventual retiro como una traición, ella aún apoyaba su causa.

Si las prostitutas retoman su lucha una vez más, algún día estaré con ellas porque odio todo tipo de opresión y soy una de ellas […] Haré todo lo que esté en mi poder para informar al público y tratar de convencerlo de que las prostitutas son mujeres como todas las demás mujeres, incluidas las casadas. Pero, para mí, Barbara ha muerto. (Barbara y de Coninck, 1977: 187)

Jaget señala que, después de la huelga, cuando las trabajadoras sexuales continuaron presionando y celebrando reuniones públicas, la prensa y el público se volvieron menos comprensivos “Ellas (las trabajadoras sexuales) no sabían cómo permanecer en su lugar […] ‘las cosas pobres’ están bien mientras se dejen compadecer, pero no cuando se rebelen” (Jaget 1980: 186).

En una entrevista en 2013, Mathieu también identificó los logros positivos de la huelga. “Lo importante fue su impacto en los medios. Un impacto internacional inmediato y que ahora está grabado en los recuerdos y continúa sirviendo como referencia”. Al mismo tiempo, también describió el movimiento de las iglesias como un “momento clave significativo en la historia de la lucha de las trabajadoras sexuales, un momento de impulso, porque fue la primera acción colectiva real que tuvo un impacto tan mediatizado y tal poder” (Mathieu, 2013).

Tanto en el análisis de Corbin como en el de Mathieu está claro que, a pesar de las fallas institucionales del movimiento, en su opinión también hubo logros. Pero para entender cómo y por qué llegó a ser visto como una victoria para el movimiento de las trabajadoras sexuales, necesitamos contextualizar la protesta dentro de un cuerpo más amplio de investigación sobre los movimientos y rebeliones laborales de las trabajadoras sexuales y extender el marco analítico del movimiento.

De repente, la prueba está ahí

Durante siglos de silencio

E intolerancia

Nos habíamos acostumbrado

A ser tratadas como animales

Hemos mantenido nuestras cabezas en alto

En Saint Nizier.

Como este verso sugiere, un objetivo importante para el movimiento era defender sus derechos con dignidad. Incluso en el momento de su derrota más aplastante, después de ser sacada a rastras de la Iglesia de Saint Nizier por la policía antidisturbios francesa, la líder del movimiento, Barbara, se negó a interpretar el papel de víctima.

La camioneta de la policía nos llevó a la comisaría de policía de Molière. Un oficial de policía me dijo: “¡Y ni siquiera estás llorando!” ¿Por qué habría de llorar? Habíamos ganado la más bella de todas las batallas. Habíamos forzado a las personas a darse cuenta de nuestra existencia, y habíamos evitado la cárcel. (Barbara y de Coninck, 1977; 87)

Las mujeres entendieron que al seleccionar a la iglesia como el lugar de su protesta atraerían la atención de la prensa, “queríamos dar un golpe decisivo que hiciera que todo el mundo nos escuchara” (Barbara y de Coninck, 1977: 59) pero el grado de atención que recibieron había superado con creces sus expectativas.

Ulla responde las preguntas de los periódicos nacionales y de las emisoras de radio. Ella me envía a los periodistas de los periódicos regionales, de los diarios semanales y de los periódicos de izquierda, además de los corresponsales extranjeros. Mi primera entrevista es con una cadena de televisión en inglés. Poco después llegan los periodistas italianos con dulces. (Barbara y de Coninck, 1977: 73)

Pero, independientemente de la situación única en la que se encontraban las trabajadoras sexuales francesas, esta no era la primera vez que tales trabajadoras en el mundo habían organizado una rebelión.

Un periódico de San Francisco informó que, en 1917, 300 trabajadoras sexuales se enfrentaron al reverendo Paul Smith, el líder de una campaña contra la prostitución, a las puertas de su iglesia en el distrito Tenderloin de San Francisco (MacLaren, 1988). Según un resumen del artículo, el Reverendo describió su confrontación como “el incidente más dramático de mi vida” y se sorprendió cuando las mujeres le dijeron que la mayoría de ellas eran madres y que habían recurrido a la prostitución para mantener a sus hijos. Una protesta más organizada ocurrió en Honolulu en 1942, donde las trabajadoras sexuales se ganaban una vida lucrativa gracias a los 30.000 soldados estadounidenses destinados en la isla durante la Segunda Guerra Mundial. Basándose en una amplia gama de archivos, pero incapaces de obtener el relato de primera mano de una sola trabajadora sexual, la investigación de Bailey y Farber (Bailey y Farber, 1992) reveló que un grupo que representaba a 250 trabajadoras sexuales de Honolulu realizó una línea de piquete durante tres semanas exigiendo la ciudadanía plena que incluyera el derecho a vivir fuera de los burdeles permitidos por los militares. Al otro lado del Pacífico y más de 30 años después, un periódico estadounidense informó que al menos 641 prostitutas se habían declarado en huelga para protestar por un “comentario insolente” del dueño de un hotel en el complejo termal de Peitou (ahora Beitou) en Taiwán. La representante de la organización de trabajadoras sexuales llamada “Unión de Familias de la Felicidad” dijo que “las chicas tienen su dignidad y autoestima. La declaración del presidente de la junta las insultó y pasó por alto la importante contribución que las chicas han hecho a Peitou”. En respuesta, un funcionario del gobierno dijo que esperaba que la huelga “dure para siempre” (Prostitutes Strike for Dignity, Wilmington Morning Star, 25 de marzo de 1976).

Pero los detalles de estas y otras protestas similares rara vez son abordados por la literatura académica o incluso popular. En cambio, permanecen estancados en breves informes de noticias de los medios con poco análisis o consideración seria de los problemas, o como en el caso de la rebelión de Honolulu, privados de relatos de trabajadoras sexuales en primera persona. Si el periodismo es, como se describió en 1963 por el presidente del Washington Post Philip L Graham, “el primer borrador de la historia”, cuando se trata de historias de resistencia y rebelión de las trabajadoras sexuales, a menudo no ha habido un segundo borrador ni por los medios ni en publicaciones académicas. La cobertura generalizada y sostenida de los medios impresos y electrónicos de la huelga de las trabajadoras sexuales francesas hace que sea una excepción a este respecto. Como Mathieu señala: “Por primera vez, ellas (las trabajadoras sexuales) estaban siendo escuchadas sin ser ridiculizadas” (Mathieu, 2014). A diferencia de la huelga de Honolulu, donde “los periódicos no contenían una sola palabra al respecto” (Baily y Faber, 1992: 67) en el caso de Francia, varias trabajadoras sexuales francesas que hablaban desde varios lugares de protesta presentaron sus quejas directamente y en persona a los medios impresos y electrónicos, enmarcándolas como preocupaciones laborales y de derechos humanos.

La huelga de las trabajadoras sexuales francesas no solo captó la atención de los medios de comunicación mundiales, sino que en los meses posteriores a las ocupaciones, “las mujeres aprovecharon el interés de la prensa para realizar una campaña de educación masiva sobre la prostitución. El apoyo público al Colectivo Francés de Prostitutas, como se llamaban a sí mismas, fue fuerte” (Pheterson, 1989: 5). Esta campaña continuó al menos hasta el 27 de abril de 1976 cuando tres trabajadoras sexuales (no identificadas) debatieron con un grupo de estudiantes de la Universidad de Lyon. Al explicar por qué consideraban que su movimiento era un éxito, dijeron que las ocupaciones les daban la oportunidad de conocerse y entenderse entre ellas:

Antes, cuando una mujer era detenida por la policía, estaba sola, hoy hay otras cuatro que la acompañan. Automáticamente, los policías intentan hacer las paces, dicen: “Bueno, aquí viene la delegación, montarán un escándalo, nos darán trabajo”. Entonces nos dejan solas; nos insultan más discretamente, es decir, sin que los demás escuchen, mientras que antes era diferente. (Mathieu, 2003b: 4)

Como se sugiere aquí, la rebelión francesa permitió a las trabajadoras sexuales darse cuenta del poder potencial de la acción colectiva para desafiar a las autoridades y la injusticia. Aunque como se describe en los testimonios personales, algunas de los rebeldes ya estaban politizadas. “En el 68, estaba trabajando en una fábrica; así que lo viví todo, las ocupaciones de fábricas”(Jaget, 1980: 98). Otra describe cómo los clientes se reían al ver el póster del Colectivo de Prostitutas sobre su cama. “Personalmente no me parece gracioso. Ese póster es una buena manera de clasificarlos, ya que tiene todas nuestras demandas” (Jaget, 1980: 128).

La influencia de la huelga también se puede medir en términos de su impacto en las trabajadoras sexuales en otros países, quienes a pesar de las diferencias culturales pudieron identificarse estrechamente con el movimiento francés debido a las sorprendentes similitudes en las leyes y cómo se aplicaban a las trabajadoras sexuales. El uso de los servicios de cable sindicados por parte de los periódicos resultó en citas como esta de “Valerie” en París que se publicaron en lugares como el Reino Unido, Australia y los EE.UU .:

Sobre todo, queremos ser reconocidas oficialmente para que todo tipo de insultos terminen y podamos llevar una vida normal cuando termine el trabajo, y no queremos que nuestro compañero normal corra el riesgo de ser arrestado por proxenetismo, y que no nos quiten a nuestros hijos bajo ninguna circunstancia, ya que la mayor parte de nosotras somos buenas madres. (Lakeland Ledger, 8 de junio de 1975)

Del mismo modo, se citó a las trabajadoras sexuales francesas que pedían el derecho a trabajar en lugares de trabajo seguros y discretos, como sus propios apartamentos, y ofrecían pagar impuestos si también se les daba acceso a los mismos derechos de seguridad social que a otros ciudadanos. Lo que no querían era burdeles administrados por el gobierno francés.

Los informes internacionalizados sobre la huelga atrajeron la atención de la trabajadora sexual Grisélidis Réal, que viajó desde Ginebra para unirse a la ocupación de París en la Capilla de Saint Bernard. Réal se convertiría en una conocida activista y autora en Francia y Suiza en los años venideros, pero mientras tanto después de la huelga en 1975 se reunió con la activista estadounidense Margo St James en París en una reunión patrocinada por la UNESCO de la Federación Internacional de Abolicionistas (Pheterson y St James, 2005) donde se les “permitió” hablar (Pheterson, 1989: 6) en nombre de las trabajadoras sexuales. En el mismo viaje, St James y la trabajadora sexual francesa “Sonia”, que también había participado en la huelga de 1975, hablaron con Simone de Beauvoir sobre la fundación de una organización internacional de trabajadoras sexuales. En pocos años, surgieron más de 20 grupos de derechos de las trabajadoras sexuales en toda Europa y tan lejos como Australia (Pheterson, 1989: 5-8).

El primero en surgir en 1975 como respuesta directa al movimiento francés fue el English Collective of Prostitutes (sitio web del ECP). El ECP se acercó a la editorial feminista Falling Wall Press para organizar la traducción y publicación del libro de Jaget Prostitutes Our Life (Jaget, 1980). Esta versión extendida incluyó contribuciones de Margo St James de COYOTE y las miembros del ECP Margaret Valentino y Mavis Johnson quienes, en un homenaje a las ocupaciones de iglesias, lo describieron como una “gran victoria” para las trabajadoras sexuales (Jaget, 1980: 16) “Casi de la noche a la mañana encuentras el poder de hablar con coraje y honestidad imposible antes; ves tu propia experiencia y tu propia historia como parte de todos los demás; tienes la prueba final de que no estás sola, de que no eres la única en pensar: esto es un desastre “(Jaget, 1980: 10). La publicación del ECP legó la historia de la huelga francesa, contada por las propias mujeres, al mundo de habla inglesa y a un movimiento emergente con pocas victorias pero grande en la construcción de la comunidad de trabajadoras sexuales. Y al menos en un caso, esto no pasó desapercibido.

En 1974, el gobierno australiano estableció una Comisión Real de Relaciones Humanas para investigar una amplia gama de temas, incluida la “prostitución”. La jefa de la comisión, Elizabeth Evatt, había sido la primera jueza de un Tribunal Federal de Australia, y la primera australiana en ser elegida para el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En las recomendaciones del informe en 1977, se refiere directamente al movimiento francés como un ejemplo de la creciente capacidad de organización de las trabajadoras sexuales; “las prostitutas francesas se declararon en huelga, ocuparon iglesias y lugares de reunión similares para repartir folletos. Pidieron la legalización de la prostitución y el fin de la persecución policial. También exigieron el derecho a los beneficios de la seguridad social”. Movimientos similares en los EE. UU. y Australia significaron que había “una mayor confianza entre las prostitutas de que el sentimiento público está de su lado. También parece indicar que las mujeres están preparadas para organizarse colectivamente y no están bajo la influencia de proxenetas y ‘protectores’ masculinos de un tipo u otro” (Evatt, 1977: 62). La comisión continuó recomendando la despenalización del trabajo sexual —y, según Frances y Gray (2007; 315), esto “se sumó al peso de la opinión que aboga por la despenalización”— que fue adoptada por Nueva Gales del Sur en 1979.

Conclusión

Este artículo ha argumentado que, para las propias trabajadoras sexuales, el legado de la huelga de 1975 trasciende cualquier fracaso en el logro de los objetivos institucionales. Si bien hubo algunas decepciones amargas para las trabajadoras sexuales francesas por no lograr ganancias institucionales, las activistas en Francia y más allá pudieron movilizar su reputación y usarla para legitimar las demandas y fomentar una identidad colectiva para el movimiento global de derechos de las trabajadoras sexuales. Al hacerlo, forjaron “una narrativa de influencia”, que en sí misma contribuye de manera importante a construir y sostener un movimiento social (Meyer, 2009: 56).

Desde la perspectiva de las activistas de las trabajadoras sexuales francesas de hoy, la huelga fue claramente una rebelión orquestada por y para las mismas trabajadoras sexuales. Thierry Schaffauser, uno de los cofundadores del Sindicato Francés de Trabajadoras/es Sexuales STRASS (Syndicat du Travail Sexuel), describe la huelga como “realmente el momento en que la idea en sí misma —que las trabajadoras sexuales podrían organizarse políticamente— se demostró de repente como posible” (Schaffauser, 2014). Según Schaffauser, el ejemplo del movimiento de trabajadoras sexuales francesas de la década de 1970 también tiene un propósito político contemporáneo: una mayor conciencia del movimiento de 1975 y sus demandas, argumenta, podría reforzar la legitimidad de su organización: “mucha gente nos critica (al STRASS) como no representativo, como minoría. Pero lo que estamos discutiendo hoy se remonta (a 1975)”. Schaffauser hace una apreciación importante. Muchas de las inquietudes y quejas identificadas por la revuelta de las trabajadoras sexuales de 1975 siguen siendo igual de relevantes hoy, a pesar de 40 años de cambios en las políticas gubernamentales (Shaffauser, 2014; Blanc, 2012; Mathieu, 2013). Si bien su movimiento puede haber “fracasado” en lograr una reforma política duradera en Francia, su ejemplo continúa inspirando a las trabajadoras sexuales en todo el mundo en una lucha continua contra la discriminación y por los derechos civiles y humanos (Shaffauser, 2014; Jeffreys, 2014). Como dijo una de las mujeres que participaron en la revuelta de 1975 en aquel momento:

Para mí ya nada será como antes. Tengo la impresión de que en estos diez días he experimentado cosas que son difíciles de comprender, que nunca hubiera pensado que fueran posibles antes… de alguna manera me parece que todo esto durará mucho más que la ocupación misma. (Liberación, 13 de junio) (Barbara y de Coninck, 1977: 90)

 

Notas

1 Aroney es miembro de Scarlett Alliance, la máxima organización representativa de las trabajadoras sexuales australianas. Una descripción de su historia activista está disponible en The Conversation. Disponible en https://theconversation.com/sex-workers-of-the-world-unite-how-striking-french-sex-workers-inspired-a-global-labour-movement-43353 (consultado en agosto de 2016).

2 El archivo del padre Louis Blanc recopilado durante la ocupación de Saint Nizier incluye los documentos originales y la correspondencia producida por las trabajadoras sexuales durante la huelga.

3 La Iglesia de Saint-Nizier de Lyon es visitada por miles de turistas y peregrinos cada año, pero entre sus exhibiciones, literatura y exhibiciones en la pared no se menciona la huelga de las trabajadoras sexuales francesas de 1975.

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Grisélidis Réal rememora su participación en la revolución de 1975

 

 

 

En: Las prostitutas: una voz propia: crónica de un encuentro

Escrito por Raquel Osborne

https://books.google.es/books?id=eECtwc3jYWIC&pg=PA33&lpg=PA33&dq=griselidis+real+paris+1975&source=bl&ots=SXKvz8pgsR&sig=ACfU3U3hRLy8DozEZS8P6nt9dQO6kGv-Jw&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwi9scfy1f_pAhWEA2MBHVPFCbQQ6AEwBHoECAoQAQ#v=onepage&q&f=true

Cuando es imposible teletrabajar: las prostitutas frente a la crisis del coronavirus

Por Marta Rodriguez Martinez  & Lillo Montalto Monella

10 de abril de 2020

https://es.euronews.com/2020/04/10/cuando-es-imposible-teletrabajar-las-prostitutas-frente-a-la-crisis-del-coronavirus

 

“Hace ya semanas que no entra ni un solo euro en nuestros bolsillos”, lamenta Conxa Borrell, secretaria general del sindicato español de trabajadoras sexuales OTRAS, mientras que España se dirige a su cuarto fin de semana en cuarentena.

Las medidas de confinamiento y distanciamiento social instauradas en la mitad de la población mundial para frenar el avance del coronavirus están pasando factura inevitable a las personas que dependen financieramente de un sector que radica en el contacto físico.

“Las mujeres y hombres que ejercen prostitución en España han tenido que parar toda actividad laboral, ya que el contacto físico entre las profesionales del sexo y sus clientes es básico y muy cercano”, explica Borrell a Euronews y enumera a las víctimas de la crisis: “las mujeres que captan a sus clientes en la calle, las que trabajan en pisos, chalets, clubs, centros de masajes, las independientes…”

Pero no solo las prostitutas se han quedado sin ingresos. Todas las trabajadoras del sexo, no virtuales, no tienen trabajo: actores/actrices pornográficos, masajistas eróticos, strippers, modelos eróticos…

El distanciamiento social es la debacle del sector del sexo.

“No nos podemos permitir el lujo de enfermarnos”

Borrell dice que por las redes sociales corren bulos de que muchas de sus compañeras siguen trabajando en carreteras, pisos o clubs, pero asegura que nada de esto es cierto, puesto que para ellas, su prioridad ahora es no contagiarse.

“Las personas que ejercemos trabajo sexual tenemos muy claro que no nos podemos permitir el lujo de enfermarnos”, añade. “Necesitaremos estar sanas cuando termine el confinamiento para poder volver a ganar dinero”.

La falta de ingresos desde el inicio del brote en España ha convertido su día a día en una batalla por sobrevivir. “La mayoría de nosotras somos cabeza de familia, con padres mayores e hijos a nuestro cargo y mujeres migrantes, sustento de sus familias en sus países de origen”.

Teletrabajar es imposible para la gran mayoría. Algunas lo están intentando, pero no es fácil, indica Borrell. Los obstáculos que se plantean van desde que algunas no tienen una cuenta corriente para ingresar sus ganancias hasta que muchas conviven en espacios donde no hay Internet. Además, no es fácil conseguir atención repentina en un medio que, “por otra parte está explotadísimo e hipersaturado”, explica.

“Somos la escoria de la sociedad”

La justicia española rechazó a finales de 2018 la inscripción de OTRAS como sindicato de trabajadoras del sexo porque consideró que aceptarlo sería admitir que el proxenetismo es una actividad legal. Los magistrados argumentaron que la naturaleza de actividades como la prostitución “no pueden ser objeto de un contrato de trabajo válido”.

Esto supone que estas mujeres quedan excluidas de cualquiera de las ayudas económicas planteadas por el Gobierno español para aliviar la crisis del coronavirus.

Borrell dice que los empresarios de clubs de prostitución se han acogido a los ERTE (Expedientes de Regulación Temporal de Empleo) porque la legislación se lo permite. Pero las mujeres que ejercen prostitución en estos locales no pueden, “porque el Gobierno, no nos reconoce como trabajadoras”.

“Somos la escoria de la sociedad, esas mujeres a las que nadie que trabaja en una institución quiere mirar”, critica Borrell la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a regular su situación. OTRAS ha lanzado una campaña online para recaudar dinero para sus compañeras “más vulnerables”.

En España, la prostitución no está regulada, por lo que depende de normativas municipales que prohíben ejercerla en la calle. Las miembros de OTRAS no abogan por la legalización siguiendo los modelos holandés y alemán, “porque protegen a los empresarios pero descuidan a las trabajadoras y trabajadores”, pero sí el neozelandés, que despenalizó completamente esta actividad en 2003.

La paradoja francesa

En Francia, las asociaciones de trabajadoras sexuales han pedido al presidente Emmanuel Macron que cree un fondo de emergencia “para hacer frente a la extrema incertidumbre económica”.

A diferencia de España, la prostitución en Francia es una actividad legal, declarable y con derecho a la seguridad social, pero su explotación y cualquier tipo de actividad que la favorezca no lo es. Además, a partir de 2016, una reforma penaliza a sus clientes, con una multa de hasta 3.750 euros (en caso de reincidencia).

El problema es que, para mantener y proteger a su clientela, las prostitutas -consideradas por la ley como víctimas- se han visto obligadas a “esconderse aún más”, exponiéndose “a mayores riesgos”, denunciaba entonces el diario francés Le Figaro.

“Los actos delictivos y la violencia también han aumentado”, denuncia Anaïs de Lenclos del sindicato del sexo francés (Strass). “Por lo tanto, cuando se introdujo el confinamiento, ya estábamos en una situación difícil”.

Las asociaciones temen que “algunas de las trabajadoras sexuales más pobres se vean obligadas a violar las medidas de confinamiento, no porque quieran, sino porque no tienen medios de subsistencia”

Cuestión de supervivencia

“Me han pedido la mitad de la tarifa habitual por servicios sin condón, o por encuentros de 15 minutos en barrios alejados del mío. En tiempos de crisis, los clientes que nos solicitan son potenciales agresores. Si hubiera aceptado trabajar, habría arriesgado mi vida”, dice una trabajadora sexual francesa anónima al diario HuffPost.

La secretaria de Estado a cargo de la Igualdad entre hombres y mujeres, Marlène Schiappa, dijo que para el Gobierno francés “es muy complicado compensar a una persona que realiza una actividad no declarada como la prostitución”.

Giovanna Rincon, portavoz de la asociación francesa de transexuales ACCEPTESS-Transgenre, acusó a Schiappa de ser responsable del posible aumento de los casos de Covid-19 debido a la necesidad de las trabajadoras del sexo de acudir a sus clientes, violando las normas de cuarentena, para tratar de ganar algo.

“Aunque ahora estoy trabajando con la cámara web, siento que estoy en peligro”

Célia (nombre ficticio) es una masajista francesa de 29 años y cuenta a Euronews que normalmente enero y febrero ya eran “meses duros para mi trabajo”. Inscrita en la seguridad social como autónoma, asegura que comienza el año siempre endeudada y que solo a partir de marzo, empieza a ahorrar algo de nuevo.

Pero este año, por razones obvias, es distinto. Dice que ha perdido la mitad de sus ingresos y que solo sobrevive económicamente con la ayuda de algunas personas de su entorno.

“Ahora trabajo a través de la cámara web. Nunca lo he hecho antes, pero me obliga a tener una relación muy diferente con mis clientes. Me preocupa que me obliguen a tener una relación más ‘íntima’ y ‘regular” con ellos. Podría ponerme en peligro”, explica.

Cybele Lespérance, ‘escort’ y ocasionalmente actriz porno feminista, trabaja de 17 a 50 horas a la semana. Dice que no gana más de 15.000 euros al año y el 25% lo tiene que destinar al pago de impuestos. Algunos meses no llega a ingresar 400 euros, depende.

“En febrero, ya tuve que parar durante tres semanas debido a la gripe y a problemas de ansiedad, apenas había ganado 600 euros. Había reservado algo para una compra de bienes y es este ‘colchón’ el que me permite sobrevivir hasta el final del confinamiento”.

“No todo el mundo puede o quiere vender servicios virtuales”, explica Cybele que indica que Internet las hace vulnerables a muchos abusos. “Incluso sin usar la cámara web, ya recibo docenas de mensajes violentos cada semana. El abuso de este tipo de personas se ha multiplicado por diez debido al exceso de tiempo libre”.

Célia piensa que el Estado francés debería pensar en una ayuda incondicional de “al menos 800 euros”, así como en un apoyo financiero para el pago de los alquileres, para evitar los desalojos. “Y por supuesto abolir la ley de penalización, sin la cual muchas trabajadoras sexuales podrían tener dinero ahorrado y permanecer confinadas de forma segura durante esta crisis”.

Cybele propone en cambio asignar “un fondo de emergencia a las asociaciones de base” para que puedan acoger y alimentar a todas las trabajadoras sexuales vulnerables y familiares a su cargo.

 

Reclamaciones de las trabajadoras sexuales en Francia en tiempos de crisis por COVID19

 

http://parapluierouge.org/node/18

 

 

La crisis sanitaria por la que todos estamos pasando es indicativa de desigualdades. Unos días antes de las medidas de contención impuestas por el gobierno, ya nos movilizamos para luchar contra la violencia contra las trabajadoras sexuales (TS) luego de los numerosos asesinatos, alrededor de 10 asesinatos en seis meses.

La ley de 2016 es un peligro para nuestra comunidad porque tiene como objetivo hacer desaparecer la clientela, lo que causa precariedad y violencia. Lo hemos estado denunciando durante años. ¿Era necesaria una crisis sanitaria como ésta para que se nos escuchara? ¿No fueron suficientes los contagios de VIH, las agresiones, los robos, las violaciones, la precariedad, los suicidios y los asesinatos?

La Fédération Parapluie Rouge ha identificado diferentes necesidades que podrían proteger la salud de las TS frente a esta crisis sanitaria y, por lo tanto, la de toda la población.

NECESIDADES A CORTO PLAZO

1 / vivienda

La ley de proxenetismo —que el gobierno ha admitido recientemente que está mal tipificada en las discusiones sobre la Propuesta de la Ley Avia—  empuja a la TS a situaciones peligrosas para su salud.

El período de confinamiento obliga a las TS a quedarse en casa. Algunas de ellas no tienen alojamiento. TS inmigrantes que vivían en casas ocupadas o alojadas por terceros han sido expulsadas y han tenido que solicitar alojamiento de emergencia a través del 115. Sin teletrabajo ni ingresos, los propietarios pueden descubrir que les han mentido y que la persona alojada es una trabajadora sexual. Según las leyes de proxenetismo, los propietarios tienen la obligación de desalojar a la persona de su hogar si no quieren ser procesados ​​ellos mismos. Por lo tanto, es imperativo suspender cualquier denuncia por proxenetismo de apoyo o proxenetismo locativo.

Si las TS aplican las medidas de confinamiento, se hace imposible trabajar y, por lo tanto, poder pagar el alquiler. La medida anunciada de congelación de alquileres no tiene en cuenta los hoteles y los arrendadores abusivos. Por otra parte, muchas TS no tienen la posibilidad de tener un contrato de arrendamiento porque la ley sobre proxenetismo también incluye a los propietarios. Otras, por falta de documentos, no pueden firmar contratos de arrendamiento regulares. Por lo tanto, a pesar de las medidas de contención, algunas TS terminarán en la calle. Su alquiler debe congelarse, así como cualquier factura de energía para que no tengan que trabajar en estas condiciones y hay que incluir en el campo de la prolongación de la tregua invernal hoteles, subarrendamientos y alojamiento sin derechos ni contrato.

Además, sería necesario, para las TS sin alojamiento, así como para personas sin hogar que no son TS, requisar hoteles cerrados, habitaciones desocupadas en hoteles aún abiertos, así como pisos Airbnb desocupados.

 2 / Las necesidades de la vida cotidiana

Si las TS se ven privadas de ingresos de la noche a la mañana, debe ser posible desbloquear ayudas para sobrevivir en condiciones decentes y satisfacer sus necesidades básicas (alimentos, productos de higiene, etc.). Por lo tanto, es necesario establecer, al menos para el tiempo de confinamiento, un ingreso mínimo decente e incondicional (en particular, sin la condición de la regularidad de la residencia) para las personas sin ingresos. Sin esto, las TS se verán obligadas a seguir trabajando y correrán el riesgo de poner en peligro su salud y sus vidas, así como las de sus clientes.

3 / Acceso a equipos de reducción de riesgos relacionados con Covid

Las asociaciones de salud comunitaria se han adaptado a la crisis sanitaria para proteger mejor a su público. Las rondas son principalmente telefónicas para evitar al máximo los riesgos de transmisión de Covid-19.

Para informar mejor a su público, las asociaciones de salud comunitaria necesitan tener información sobre Covid-19 en tiempo real. Es importante saber si se debe remitir o no a una hospitalización. Además de poder difundir información clara sobre las medidas de barrera porque, aunque la mayoría respeta las medidas de confinamiento, es posible que las más precarias entre nosotras acepten reunirse con clientes sin atreverse, por la vergüenza de la precariedad, a hablar de eso. Estamos demostrando creatividad con kits de emergencia que incluyen equipos para reducir el riesgo de transmisión de Covid-19 y productos esenciales (termómetros, mascarillas, condones, gel hidroalcohólico, tests de detección). Para distribuirlos sin ponernos en peligro a nosotras mismas ni a nuestro público, necesitamos medios financieros. Las asociaciones de salud comunitaria que se comunican con el público y están capacitadas para detectar las ITS quieren ser incluidas para hacer los despistajes de Covid-19 y promocionarlos entre su público. Las personas con Covid-19 necesitan que se les tomen muestras de sangre para averiguar si han desarrollado o no anticuerpos.

4 / Liberar a las detenidas por proxenetismo de apoyo

Los riesgos de transmisión de Covid-19 en las cárceles son significativos. Hay TS en prisión por proxenetismo de apoyo. Se trata de injusticias relacionadas con una ley mal tipificada y no de proxenetismo real. Es urgente que estas TS sean puestas en libertad porque su salud y su vida están en peligro.

Más allá de estos encarcelamientos, también es, por las mismas razones, imperativo suspender toda represión contra las personas en situación irregular y liberar a los inmigrantes en el Centro de Detención Administrativa.

5 / Amnistía de multas

Las TS no se benefician de la ayuda estatal por dejar de trabajar. Aunque acudir al trabajo es una circunstancia que autoriza a salir a la calle a quienes no pueden teletrabajar, las TS están controladas por la policía. Si además de eso tienen que pagar multas por incumplimiento de las medidas de confinamiento, esto las empujaría a trabajar más y a poner más en riesgo su salud y la de nuestros conciudadanos. Si el Estado no establece un ingreso universal incondicional, parece necesario cancelar las multas.

 6 / Comunicación del gobierno a los comercios

Algunos comercios rechazan los pagos en efectivo por temor a la transmisión del Covid-19. El Ministerio de Salud debe proporcionar materiales de prevención para los cajeros (guantes, mascarillas, gel hidroalcohólico), informar de los modos de transmisión y exigir a los comercios que acepten efectivo para que las TS puedan hacer sus compras. .

7 / Facilitar las rondas

Hemos hecho diferentes cestas de ayuda y queremos distribuirlas a sus beneficiarias en las mejores condiciones posibles. Personas bienintencionadas se han ofrecido como voluntarias, pero tienen miedo de recibir multas relacionadas con el decreto de confinamiento. ¿Sería posible autorizar a nuestros miembros a circular sin tener necesariamente la autorización municipal?

También sería necesario que nuestras asociaciones y sindicatos se beneficien de suficiente material (guantes, mascarillas, geles hidroalcohólicos) para llevar a cabo estas rondas.

8 / Lucha contra el estigma

Vemos un aumento en el estigma como ocurre en todas las epidemias. Se redobla sobre todo contra las TS LGBTI + y / o asiáticas. El estigma es alimentado por el hecho de que el gobierno no habla cuando una de nosotras es asesinada o bien teje un vínculo causal entre la pornografía y la violencia doméstica. Recordamos que Maïa Izzo-Foulquier, portavoz de STRASS en Marsella, se suicidó en la víspera del día de la lucha contra la violencia contra las TS (y del enlace senatorial de PPL Cyberhaine); fue víctima de un acoso cibernético vinculado a su actividad como TS y activista. En el contexto actual, entre la precariedad vinculada al confinamiento y la ambigüedad de los discursos de Marlène Schiappa cuando envía tweets de apoyo a un colectivo que acosa cibernéticamente a las TS, tememos oleadas de suicidio.

 9 / Lucha contra la violencia doméstica

En este contexto de crisis sanitaria, muchas TS están confinadas con su pareja sin poder trabajar. ¿Cómo justificar la desaparición de los ingresos y el no acceso a los dispositivos de ayuda de su cónyuge? A menudo, cuando el compañero abusador se da cuenta de que le han mentido, viola, ataca e incluso mata. Las TS también deben poder beneficiarse de las medidas de ayuda en el contexto de la violencia doméstica. Y las asociaciones que las reciban deben garantizar la buena recepción de las víctimas de violencia doméstica, independientemente de su género, orientación sexual y profesión.

10 / Una cita de emergencia con Olivier Véran

Las asociaciones Federación Paraguas Rojo, Médicos del Mundo, Planificación Familiar y Amnistía FR deben ser escuchadas urgentemente en el marco de una cita telefónica o de videoconferencia con Olivier Véran para que se puedan adoptar las acciones correctas para detener cuanto antes la epidemia de Covid-19.

11 / Fondo de emergencia

Solicitamos un fondo de emergencia para permitir que las TS cumplan lo más posible con el decreto de confinamiento.

 

NECESIDADES A MEDIO PLAZO

1 / Renunciar a las leyes de censura del trabajo sexual en internet

En este período de crisis sanitaria, el teletrabajo, es decir, la difusión de pornografía, la venta de desnudos y la cámara web porno permiten a las TS mantener la autonomía financiera. Los ciudadanos, por otra parte, también necesitan representaciones de lo sexual para vivir su confinamiento en las mejores condiciones psicológicas posibles. Y, sobre todo, todo el mundo debe evitar correr riesgos teniendo contactos carnales. Sin embargo, es esta pornografía independiente la que probablemente se vea debilitada por las propuestas legislativas actuales (PPL Avia, artículo 11 de la PPL Violencia Doméstica). Si estas PPL se hubieran votado antes de la crisis sanitaria, la totalidad de las TS estarían actualmente imposibilitadas de subvenir a sus necesidades. Por lo tanto, deseamos la retirada de las medidas antisexo que corren el riesgo de debilitar la independencia de los actores y las actrices porno y de las chicas y chicos cam.

2 / Un estatus adaptado para actores y actrices porno

La mayoría de los productores de porno no pagan a actores y actrices como trabajadores eventuales, sino que basan su compañía en Estonia para aprovecharse de una escapatoria legal y evitar pagar impuestos. Por lo tanto, es imposible para los actores y actrices beneficiarse del sistema de desempleo que tienen otros trabajadores eventuales. E incluso si este estatus es en teoría accesible, este régimen no es del todo adecuado porque 507 horas de rodaje de pornografía serían imposibles de lograr en el estado actual de las cosas. Además, los actores porno a menudo son discriminados en el cine no pornográfico debido al estigma. Esto es injusto porque la pornografía aporta mucho dinero al Estado, que la sobretasa sin que los actores y actrices se beneficien de protección social ni de derechos de difusión.

Recientemente, se aprobó una sobretasa en la reforma presupuestaria aprobada al CNC (que tiene prohibido producir porno). Esto equivale a duplicar el impuesto sobre el porno un 33%. A los actores y actrices les gustaría que se les redistribuyeran los impuestos. Nos gustaría recordar que son estos impuestos los que impiden que haya representaciones de lo sexual más feministas, éticas e independientes.

Sabemos cuán preocupados están Bruno Lemaine y Marlène Schiappa por el lugar de las mujeres en la economía, y nos gustaría que no se favorezca constantemente a los principales productores de pornografía, a pesar de que son denunciados por sus malas prácticas. También es necesario fortalecer las producciones más éticas para actuar tanto sobre las condiciones de trabajo como sobre la calidad de las representaciones.

3 / Una cita con Franck Riester y Muriel Penicaud

Nos parece importante y lógico trabajar en las cuestiones relacionadas con la pornografía, con las condiciones de trabajo de actores y actrices, con el Ministro de Cultura y el Ministro de Trabajo. Deseamos iniciar un diálogo sobre este tema.

4 / Regularización de las TS indocumentadas

La crisis sanitaria que estamos atravesando nos recuerda la necesidad de otorgar permisos de residencia para garantizar el acceso a la atención de las TS indocumentadas, y que se resuelvan favorablemente las solicitudes de derechos de asilo para las víctimas de la trata de seres humanos. No tener documentos hace que sea difícil, en particular, acceder a la vivienda, que actualmente es un problema importante. La precarización de las TS indocumentadas conduce a situaciones que ponen en peligro su salud, especialmente en el contexto actual.

5 / Despenalización de los clientes de las TS

El hecho de que los clientes sean penalizados impide que las TS autónomas facturen sus servicios. Y, en consecuencia, no se benefician de la ayuda asignada por el gobierno en el contexto de Covid-19. En cambio, las TS que no declaran a URSAFF sufren ajustes de impuestos por trabajo oculto. El descenso de la clientela, ya sea por políticas abolicionistas o por Covid-19, promueve la violencia contra las TS.

Las violencias a las que se enfrentan actualmente las TS (caída de precios, solicitud de informes sin protección, violación, robo) son las mismas que denunciamos hace unas semanas tras los numerosos asesinatos de TS . Simplemente se amplifican porque la caída de la clientela es más significativa. Esto muestra que la ley de 2016 es peligrosa para la salud y la vida de las TS. Si las TS estuvieran bajo la ley ordinaria, si tuvieran acceso a las protecciones de la ley laboral, habría una mejor gestión de la crisis actual.

6 / Las asociaciones que apoyan a las TS

Pedimos una mayor transparencia en la elección de las asociaciones que apoyan a las TS en las cuestiones de laicidad y discriminaciones. La respuesta del gabinete de Marlène Schiappa a la pregunta del diputado Raphaël Gérard no nos satisface. http://questions.assemblee-nationale.fr/q15/15-18800QE.htm

 7 / Redefinir la ley sobre proxenetismo

Recientemente, el gobierno ha admitido que el delito de proxenetismo es difícil de tipificar. Y podemos ver claramente en el contexto actual los problemas que enfrentan las TS para acceder a la vivienda. Esto facilita situaciones de proxenetismo real. La asistencia financiera mutua entre TS para manejar la crisis actual sin ayuda estatal podría verse como un proxenetismo según la ley.

Por lo tanto, es necesario derogar la ley sobre proxenetismo y considerar a las TS como integradas en la ley ordinaria. Esto permitiría eliminar los obstáculos que encuentran al acceder a la vivienda en particular, al tiempo que garantizaría la protección esencial (legislación laboral, lucha contra la violencia y explotación, lucha contra el trabajo forzoso, derecho a la vivienda, vida privada y familiar …).

Si tuviéramos sitios web alojados en Francia y construidos con TS, podríamos haber hecho una verdadera campaña de reducción de riesgos con respecto a la transmisión de Covid-19.

También habría sido más fácil organizar la asistencia mutua en Internet porque las más aisladas no se benefician por la falta de acceso a la información.

8 / Bancos

Los bancos nos discriminan, lo que en el contexto del Covid-19 dificulta la transferencia de dinero de nuestros fondos solidarios, mientras que las entregas en efectivo aumentan el riesgo de contagio. Por otro lado, las plataformas de pago en línea excluyen a las TS y las obligan a tener intermediarios para el teletrabajo sexual.

9 / Jubilación

Las personas mayores tienen más probabilidades de experimentar complicaciones graves o incluso morir si atrapan el Covid-19. La ausencia de acceso a la ley ordinaria significa impedir que las TS de edad avanzada se retiren y llevarlas a situaciones de gran vulnerabilidad.

10 / Apoyo en la lucha contra la violencia contra las TS

El Proyecto Jasmine, que permite combatir la violencia a través de información sobre derechos y mediante una lista negra nacional, necesita una financiación continua por parte del Estado. El método SWAG de autodefensa por y para TS debe ser financiado para que todas podamos acceder a él.

El método de autodefensa digital en construcción debería recibir fondos para que podamos transmitirlo a nuestra comunidad.

 11 / Derogación de las ordenanzas municipales y prefecturales

Las asociaciones de salud comunitaria han constatado más violencia en las ciudades donde existen ordenanzas municipales y prefecturales contra las furgonetas o por molestias en la vía pública (Lyon, París, etc.). No es trivial observar que las ciudades donde hay asesinatos son principalmente las ciudades donde el trabajo sexual está más reprimido. En el contexto de la crisis sanitaria relacionada con Covid-19, observamos muchos abusos policiales (humillaciones, confiscación de permisos de residencia, multas, etc.); es una maximización de la violencia que experimentan todo el tiempo las TS en las ciudades donde hay ordenanzas. ¿Es necesario recordar que en la noche de la manifestación en homenaje a Jessyca Sarmiento asesinada en el Bois de Boulogne, hubo controles policiales sobre las TS transgénero y migrantes en duelo?

 

 NECESIDADES A LARGO PLAZO

Debemos escuchar la voz de las TS, mejorar sus condiciones de vida y reconocer sus derechos, como a cualquier otro trabajador, y detener cualquier intento del gobierno de eliminar el trabajo sexual.

Las TS reclaman el derecho a existir.

Pedimos el reconocimiento de los derechos civiles y sociales, protección contra todas las formas de violencia y lucha contra el estigma, a fin de permitir una toma de conciencia colectiva.

 1 / Cooperativas

A las TS les gustaría poder organizarse en forma de cooperativas para garantizar su seguridad lo mejor posible y luchar contra el proxenetismo y la explotación.

2 / Plataformas publicitarias por y para

Las TS desearían crear sitios publicitarios similares a Call me to play que, en la Suiza francófona, ha permitido combatir los riesgos de violencia y formas de explotación en colaboración con el gobierno suizo. 

3 / Plataforma webcam/porno por y para

La única forma de transformar la industria del porno es tener plataformas para transmitir por y para TS. Esto nos permitiría liberarnos de los grandes productores, no tener personas que se beneficien de nuestro trabajo, luchar contra el porno de venganza y tener representaciones sexuales menos estereotipadas y menos discriminatorias.

4 / No discriminación en la reconversión profesional

Muchas TS son discriminadas cuando quieren reconvertirse. Algunas veces por razones morales de los empleadores, otras por la ley (cuando se trata de educación o carrera política). Encontramos contradictorio, sobre todo, que en una sociedad que nos dice que hay que dejar el trabajo sexual no tengamos acceso a otros empleos.

5 / Representaciones no discriminatorias de las TS

Parte del estigma proviene de tergiversaciones erróneas sobre el TS. Por lo tanto, es necesario apoyar las autorrepresentaciones de las TS como el Festival SNAP , que dependen demasiado de las direcciones de los establecimientos o de las políticas municipales, pero también trabajar para obtener mejores representaciones de las TS (según preconiza el proyecto de ley audiovisual para otras poblaciones discriminadas)

También necesitamos trabajar sobre las representaciones de los medios; esto está comenzando a cambiar ligeramente para las poblaciones LGBTI + gracias a la conciencia de los periodistas. Las TS deben ser capaces de educar a los periodistas para evitar que refuercen los prejuicios que pueden tener graves consecuencias, en particular sobre la idea de que habría una “compra de consentimiento”.

6 / Abrir una reflexión sobre el trabajo sexual y la migración

Es importante tener en cuenta el problema de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, el vínculo entre migración y prostitución forzada. Es obvio que el fenómeno de la trata de seres humanos está profundamente relacionado con las políticas de control de la migración: la vigilancia de fronteras y los regímenes relativos a la concesión de permisos de residencia no impiden que las personas se muevan, pero las obligan a hacerlo sin documentos, confiando en las personas que administran las redes de explotación.

Esto tampoco significa que todas las mujeres migrantes que se prostituyen sean víctimas de trata de personas.

El problema para las TS migrantes no se limita a los riesgos de explotación. Estas personas están expuestas tanto a la violencia como a los riesgos para la salud, así como a controles policiales que, en nombre de las políticas de migración, castigan a las TS con detenciones y órdenes de abandonar el territorio. El único resultado es trasladar el trabajo sexual a lugares menos visibles y menos protegidos, donde las TS son más vulnerables.

7 / Descentralización de la web

En Francia, las TS sufren por efecto rebote las políticas represivas de los gigantes de la web a través de las leyes SESTA / FOSTA introducidas por el gobierno de Trump. Estas leyes están siendo cuestionadas en los Estados Unidos y los primeros estudios de impacto demuestran su efecto nocivo sobre las TS.

En efecto, han empujado a las TS a trabajar en la calle en un contexto de penalización. Mientras que en Francia el delito de proxenetismo ha sido excluido de la PPL Avia (que tenía como objetivo dejar un período de 24 horas bajo pena de una multa para censurar el llamado contenido “ilícito”), todavía vemos que las cuentas de TS y activistas a favor de sus derechos están sometidas a una censura excesiva. Las leyes estadounidenses no tienen que afectar la vida de los ciudadanos en Francia. Por lo tanto, queremos eventualmente descentralizar la web para que ya no suframos estas políticas de exclusión. Y esperamos que las TS sean protegidas de una censura excesiva que las afecta política, psicológica y económicamente.

8- Putofobia

Pedimos la inclusión de la putofobia en el código penal. De la misma manera que el comportamiento y los insultos racistas, sexistas, homófobos, antisemitas e islamófobos… Ser TS, por elección o no, de ninguna manera puede justificar ser objeto de agresiones o insultos, y mucho menos perder la vida. En nuestro país, cualquier tipo de comportamiento de odio por motivos de raza, orientación sexual, religión o profesión debe ser severamente castigado.

 

Firmantes: Fédération Parapluie Rouge, Acceptess-T, Autres Regards, Cabiria, Grisélidis, Roses d’Acier, STRASS