Una mujer apuñalada en París, la reacción (¿hipócrita?) de Pécresse e Hidalgo

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

16 de junio de 2019

http://MA.LUMIERE.ROUGE.BLOGS.LIBERATION.FR/2019/06/16/UNE-FEMME-POIGNARDEE-DANS-PARIS-LA-REACTION-HYPOCRITE-DE-PECRESSE-ET-HIDALGO/

El Grupo de Autodofensa de Trabajadoras Sexuales SWAG.

 

¿Se convertirá finalmente la lucha contra la violencia contra las trabajadoras sexuales en un problema político?

 

El viernes por la tarde, nos enteramos del ataque con cuchillo a una joven de 28 años en el Bois de Boulogne. Un artículo del Parisien describía su estado como crítico, entre la vida y la muerte. Esta agresión es tanto más triste cuanto que hace meses que avisamos sobre el aumento de esto actos de violencia. En agosto de 2018, en el mismo Bois de Boulogne, Vanesa Campos fue asesinada.

La Sra. Schiappa había organizado una reunión con DILCRAH para ver cómo se podían mejorar las cosas y no se llegó a nada. Sin duda ocupada en las 24 Horas de Le Mans, no ha reaccionado a este ataque.

Las señoras Pécresse e Hidalgo, sin embargo, se han expresado en Twitter.

La Sra. Pécresse reaccionó primero (de forma tal vez un poco apresurada) hablando de “asesinato”:

Seguida unos minutos después por la señora Hidalgo:

Estas reacciones son una novedad, ya que hasta ahora es muy raro que los políticos de este rango se expresen sobre la violencia cometida contra las trabajadoras sexuales. El contexto de la proximidad de las elecciones municipales puede explicar esto. Pero lo que plantea dudas es la sinceridad de estas respuestas. De hecho, las actuaciones políticas y los votos de estas mujeres políticas siempre han sido dirigidas contra las trabajadoras sexuales y sus demandas.

La señora Pécresse votó a favor de la penalización de los clientes en tanto que diputada y no sigue una política favorable a las mujeres precarizadas y a las minorías. La Sra. Hidalgo es partidaria de la penalización de clientes desde hace mucho tiempo y también aplica una política municipal muy represiva contra el trabajo sexual en París: ordenanzas municipales en el Bois de Boulogne y en el Bois de Vincennes, hostigamiento policial en Belleville, controles en Château Rouge y otros lugares y un alcalde socialista del distrito 13 que ha llegado a filmar a las trabajadoras sexuales para difundir su imagen (no borrosa) en Internet con todas las repercusiones que esto puede tener en su vida. El “apoyo total” del que habla no parece realmente creíble…


En esta carta dirigida a los vecinos del distrito 18 “en relación con la prostitución”, la alcaldesa de París dice exigir la represión de los propietarios de los pisos de trabajadoras sexuales y garantizar la presencia de la policía en el espacio público para la tranquilidad de los residentes.

Con cursos de defensa personal, asesoramiento legal, sistemas de alerta, las trabajadoras sexuales se organizan a través del proyecto Jasmine y de otros grupos contra la violencia sin el apoyo político o financiero de las autoridades. Hay que considerar el hecho de que estas acciones sean dirigidas por las mismas trabajadoras sexuales y que la clase política siga petrificada en una ideología abolicionista que prohíbe cualquier “ayuda a la prostitución”, que supuestamente debe ser abolida y, por tanto, no se deben crear las condiciones que permitan una mayor seguridad en su ejercicio.

STRASS (Syndicat du Travail Sexuel) denuncia este estado de cosas comparando la lucha contra la violencia con la lucha contra el SIDA:

La muerte de Vanesa Campos en agosto pasado, ha ayudado a aumentar la conciencia pública, pero los legisladores se están quedando por detrás de la sociedad. La “salida de la prostitución” no puede ser la única respuesta del gobierno y las autoridades. Es hora de aceptar en el campo de la lucha contra la violencia que es posible reducir los riesgos, como lo hicimos en el campo de la lucha contra el SIDA en los años 1980-90. Aquí también, se trata de la vida o la muerte. Aquí también, debemos cambiar el paradigma.

Apostar todo a la abstinencia y al fin del trabajo sexual no parece funcionar porque el número de trabajadoras sexuales continúa aumentando, incluídas las víctimas de trata y la explotación de menores. Sin embargo, las políticas de penalización han resultado en una escalada continua de la violencia debido a una mayor precariedad y, por lo tanto, un poder de selección más débil, el desplazamiento de los escenarios de trabajo sexual a lugares más remotos y el aislamiento y, por tanto, la menor ayuda mutua entre trabajadoras sexuales.

Hay que creer que la muerte de las trabajadoras sexuales es preferible a considerar cualquier mejora en sus condiciones de trabajo y correr el riesgo de que se piense que se tolera la existencia de la “prostitución”; pero también, de paso, la suya.

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Francia: “Ley de Prostitución: tres años de más”

 

 

 

La ley del 13 de abril de 2016 conocida como de “penalización de clientes”, tiene tres años. Tres años de más para esta ley que penaliza sobre todo a las trabajadoras sexuales y pone en peligro a las personas que dice proteger.

 

https://www.medecinsdumonde.org/fr/actualites/prostitution/2019/04/15/loi-prostitution-trois-annees-de-trop

 

El año pasado, un estudio reveló degradación de las condiciones de vida para las trabajadoras sexuales tras la penalización de los clientes. Un año después, una consulta con las asociaciones que participaron en el estudio confirma amargamente los primeros resultados. Precariedad, movilidad, contagios y deterioro de la salud, aumento de la violencia, el balance general es catastrófico a muchos niveles. Los objetivos de la ley no se han alcanzado, por otra parte. No hay menos trabajo sexual en Francia, y no hay indicios de una disminución de la trata y la explotación de menores desde la implantación de la ley.

 

UNA RELACIÓN DE FUERZAS SIN CAMBIAR: TRABAJADORAS SEXUALES PENALIZADAS

 

Los defensores de la ley habían prometido una “inversión de la carga penal“. En la práctica, sin embargo, las trabajadoras sexuales siguen siendo acosadas por la policía y más penalizadas que los clientes debido a las ordenanzas municipales, o porque prevalecen las políticas de lucha contra la inmigración o de gentrificación de las ciudades.

 

“Los clientes tienen hoy el poder de bajar las tarifas e imponer relaciones sin preservativos.”

 

Se nos había predicho un reequilibrio de la relación de fuerzas entre trabajadoras sexuales y clientes, lo cual no es el caso en absoluto. Como resultado del aumento de la competencia entre las trabajadoras sexuales, los clientes ahora tienen el poder de reducir las tarifas e imponer relaciones sin preservativos.

 

UNA “RUTA DE SALIDA DE LA PROSTITUCIÓN” EN PUNTO MUERTO

 

Se suponía que la ley “protegía” a las trabajadoras sexuales y “abría nuevos derechos” a través de una “ruta de salida de la prostitución”. Tres años después, mientras que el número de trabajadoras sexuales se estima en alrededor de 40.000 en Francia, solo se han establecido unas pocas docenas de rutas de salida.

 

“El número de trabajadoras sexuales se estima en alrededor de 40.000 en Francia”

 

Bien lejos pues de los objetivos del gobierno de 500 a 1.000 personas por año. Desigualdades territoriales y la multiplicación de criterios discrecionales se añaden a la   complejidad administrativa del acceso a esta ruta, por lo que la mayoría de las trabajadoras sexuales nunca accederán a él.

Para las personas que a pesar de todo han podico beneficiarse de la misma, el acceso a un permiso de residencia sigue siendo complicado debido a la obsesión por el control de los flujos migratorios, por no mencionar el acceso a la vivienda que sigue siendo una promesa incumplida. Los medios no están disponibles.

 

UNA LEY IDEOLÓGICA EN DETRIMENTO DE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS

 

Constatamos que la ley ha permitido principalmente favorecer a las asociaciones abolicionistas, ya que los subsidios públicos están cada vez más condicionados a apoyar la ley y su componente represivo. Las asociaciones de trabajadoras sexuales y las que defienden su salud han denunciado durante mucho tiempo cualquier forma de penalización como perjudicial para los derechos, la salud y la seguridad de las personas. El trabajo sexual no puede ser tratado únicamente desde la perspectiva de la ruta para “salir de la prostitución” que no satisface las necesidades de las trabajadoras sexuales que continúan trabajando. Deben ser defendidos todos los enfoques de reducción de daños y de salud comunitaria por y para las personas implicadas que han sido desarrollados durante 30 años, en línea con las recomendaciones internacionales y los estudios científicos que defienden su efectividad.

Estas constataciones recurrentes e inaceptables apuntan a la necesidad de rectificar el marco legislativo con urgencia. ¿El informe de evaluación previsto por la ley dirá lo contrario? No se sabe, no existe. Prueba del desinterés y la inacción descarados de los poderes públicos.

 

PUBLICADO EL

15 de abril de 2019.

 

Lista de organizaciones firmantes

Acceptess-T, Act Up-Paris, AIDES, Arcat, Autres Regards, Cabiria, Fédération parapluie rouge, Grisélidis, Le Collectif des femmes de Strasbourg Saint Denis, Médecins du Monde, STRASS (Syndicat du Travail Sexuel).

 

Francia: ¿Tres años de ley y cuántas falsas promesas?

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

17 de abril de 2019

http://MA.LUMIERE.ROUGE.BLOGS.LIBERATION.FR/2019/04/17/3-ANS-DE-LOI-ET-COMBIEN-DE-FAUSSES-PROMESSES/

 

 

Cuando una ideología lleva a un callejón sin salida y destruye vidas.

 

El aniversario de los tres años de la ley del 13 de abril de 2016 transcurrió sin mucho ruido. El tema del trabajo sexual permite que las personas se entretengan durante los debates televisados, pero a pocos les importa lo que realmente está sucediendo a las personas involucradas, incluidos aquellos que defienden la ley en nombre de “ayudar a las prostitutas” sin nunca intentar evaluar o verificar las consecuencias de su política.

Promesa de evaluación

La ley prevé una evaluación del gobierno después de dos años y esto no se ha hecho. Los defensores dicen que es demasiado pronto para evaluar, que se necesita tiempo para sentir los efectos positivos. Y, de hecho, los efectos positivos todavía no están allí. Sería culpa de los decretos de aplicación que tardaron en publicarse. La penalización de los clientes, de hecho, la medida emblemática de la ley y el interés principal de sus defensores, se aplicó desde el primer día porque no requiere ningún decreto de aplicación.

Esta penalización es denunciada regularmente por las trabajadoras sexuales y las organizaciones de salud. A menudo lo hablamos en este blog, así que lo remito al estudio de LeBail / Giametta para más detalles; esta nota está destinada más a verificar el contenido de las promesas que se han hecho.

Promesa de desaparición gradual de la “prostitución”.

La apuesta de esta ley era que la pérdida de ingresos relacionada con el trabajo sexual llevaría a las trabajadoras sexuales a hacer otra cosa. Esta visión ya era en sí misma una forma de confesión, ya que si el trabajo sexual fuera realmente una “violencia contra las mujeres”, no habría necesidad de alentar a las personas que lo practican a detenerlo buscando destruir o reducir su fuente de ingresos. Por lo tanto, se trata de castigar a las recalcitrantes que se niegan a someterse a la ideología abolicionista mediante el corte de sus suministros de alimentos.

Las feministas abolicionistas a favor de la ley, sin embargo, habían previsto que la presión sobre las trabajadoras sexuales tendría que ejercerse después de la introducción de “ayudas” para “salir de la prostitución”. Se suponía que la penalización de los clientes se aplicaría solo varios meses después de dicho “componente social” para garantizar un período de “reintegración” sin pérdida de ingresos netos. De hecho, sucedió exactamente lo contrario, ya que la penalización de los clientes se aplicó de inmediato y las “ayudas” famosas de la llamada “ruta de salida” no comenzaron a aplicarse más que año y medio después para los primeros departamentos interesados.

Promesa de lucha contra la trata de personas, la explotación y la violencia.

Por lo tanto, es en gran parte por esta razón que, por el momento, no hay una evaluación positiva de estos primeros años durante los cuales solo se aplicó el componente represivo, mientras que se suponía que éste también traería beneficios, entre otras cosas, la progresiva desaparición del trabajo sexual y la trata de seres humanos. Tres años después, no hay indicios de tal desaparición, y el número de víctimas de la trata puede incluso estar batiendo récords.

Cuando las trabajadoras sexuales denuncian precarización y asaltos más frecuentes desde la aplicación de la ley, sus partidarios explican que la violencia ya existía antes, que no fue culpa suya y que las “personas en situación de prostitución” siempre se han quejado de su precariedad. Cuando nos quejamos por el aumento de infecciones, se nos dice que el VIH y las ITS no son lo único que hay en la vida y que se debe tener en cuenta la salud de manera global, ya que la práctica del trabajo sexual sería una forma de deterioro de su salud mental (teoría rechazada por la Haute Autorité en Santé por falta de evidencia). En el peor de los casos, se nos acusa de mentir o no saber lo que decimos debido a nuestra negación psicológica unida a nuestro estrés postraumático, los síndromes de Estocolmo y otras formas de patologización. En todo caso, nadie afirma que la ley haya mejorado nuestras condiciones de trabajo, y los abolicionistas admiten que el propósito de la ley no es mejorar nuestras condiciones de vida, sino animarnos a “salir de la prostitución”. .

Promesa de despenalización de las “prostitutas”.

Se nos dice que la ley ya no penaliza a las “personas prostituidas” o que ha “invertido la carga penal” sobre los clientes. En la práctica, las trabajadoras sexuales siguen siendo penalizadas por las ordenanzas municipales, las leyes de proxenetismo, las políticas contra la migración o la gentrificación de las ciudades. De hecho, a menudo a los clientes les preocupa menos la policía que a las trabajadoras sexuales. Esta tiene órdenes contradictorias y está lejos de haberse vuelto feminista con la ley.

Por ejemplo, en el bosque de Sénart, la policía acosa a las trabajadoras sexuales desde hace más de un año, destruyendo sus chozas, confiscando sus propiedades, insultándolas, mientras que el delito de solicitación ya no existe y no hay ordenanza municipal para explicar estas conductas. Justifican su presencia por la ley de penalización de los clientes, que no aplican, ya que su objetivo es echar a las trabajadoras sexuales cuya visibilidad perturba, contrariamente a los clientes cuyo pasaje es furtivo y similar al de otros caminantes, que extrañamente en este lugar del bosque son solo hombres adultos…

Cuando se aplica, la penalización de los clientes es de hecho principalmente contra las trabajadoras sexuales, para que salgan de un espacio determinado, sabiendo que la mejor manera de perseguirlas es evitar que ganen. dinero haciendo que pierdan su tiempo. Así que tenemos en muchos lugares de Francia policías a los que se les paga por quedarse todo el día o toda la noche frente a las trabajadoras sexuales, sus chozas y sus camionetas, solo para asustar a los clientes y asegurarse de que no pueden trabajar, por lo que terminan abandonando el lugar. Estamos muy lejos de los debates y de la ideología abolicionista que dice “proteger a las víctimas”.

Promesa de mayor poder para las “prostitutas”.

Los defensores de la ley explicaron que permitiría a las “personas prostituidas” tener más poder sobre los clientes al permitirles amenazar con demandarlos. Este punto de vista es un poco estúpido porque cualquiera que amenace a sus clientes con denunciarlos se arriesga a no trabajar muy bien. De hecho, las trabajadoras sexuales diferencian entre un abusador, que no es un cliente, sino posiblemente una persona que se hace pasar por un cliente para agredir, y un cliente que cumple con las condiciones presentadas. Es como llamar a un ladrón de bancos un cliente del banco, y que para combatir los robos de bancos se decidiera que todos los clientes de los bancos deberían ser penalizados, en lugar de detener a los ladrones en cuestión.

El poder de negociación con los clientes en realidad se ha debilitado. Si, antes de la ley, tenías diez clientes que se presentaban durante el día y solo querías hacer tres, podrías elegir a los tres mejores que estuvieran de acuerdo con tus condiciones. Hoy, con la penalización de los clientes y el temor de ser detenidos por la policía, si solo tres clientes acuden a ti en el día, es más probable que los aceptes a todos para mantener tu nivel de ingresos, incluso si son los tres peores clientes que siempre rechazaste, los que negocian los precios o el preservativo. Hay mayor riesgo de que termines por ceder y, a diferencia de lo que se dijo, la ley ha otorgado más poder a los clientes, quienes, aunque pueden tener que pagar una multa, no se arriesgan como las trabajadoras sexuales a perder todos sus ingresos y volver a encontrarse en la calle porque ya no pueden pagar su renta o habitación de hotel.

Promesa de “ayudas” para las personas que quieren dejar el trabajo sexual

Las mayores promesas obviamente se referían a la llamada “ruta de salida de la prostitución”. Tres años después de la ley, unas 150 personas se habrían “beneficiado”, mientras que los defensores de la ley imaginaron ayudar de 500 a 1000 personas por año, con un presupuesto asignado de aproximadamente 5 millones de euros al año, incluidos los primeros años de la ley durante los cuales no hubo “ruta de salida”. Este dinero se utiliza principalmente para “formar” a las autoridades y “sensibilizar” al público sobre las “realidades de la prostitución” tal como lo definen los activistas abolicionistas.

La ruta de salida no funciona muy bien, lo que era predecible desde el principio, ya que se cree que es una forma de control para garantizar que las trabajadoras sexuales, muchas de ellas inmigrantes, no abusen del sistema solo para tener papeles. De hecho, esta ruta es virtualmente irrelevante para las trabajadoras sexuales francesas, o que ya tienen un permiso de residencia, y que, por lo tanto, ya pueden beneficiarse de los derechos sociales previstos en el derecho común. Como recordatorio, la RSA para una persona soltera es de unos 550 euros por mes, o sea mitad más que la asignación proporcionada durante el “recorrido”.

Los parlamentarios y el gobierno anterior tuvieron la generosa idea de que las trabajadoras sexuales podían vivir con 330 euros al mes, pero tenían que sospechar que muchas personas mentirían y continuarían el trabajo sexual en secreto (lo que realmente sucede). y, por lo tanto, habían planeado comisiones departamentales para “acompañar” a las personas y asegurarse de que estuvieran bien comprometidas en este recorrido. Desde que se crearon las comisiones, la mayoría no se reúnen o como mucho lo hacen una vez al año, la mayoría de los departamentos casi no tienen solicitudes, y la mayoría de los recorridos se realizan principalmente en los departamentos de Ile de France.

Los criterios de rechazo y aceptación varían considerablemente de un departamento a otro según la buena voluntad de los prefectos. Varios departamentos son muy claros acerca de su negativa a crear “efecto llamada” al regularizar a las inmigrantes indocumentadas. Por ejemplo, el departamento de Alpes Marítimos rechazó casi todos los casos de mujeres nigerianas que se habían presentado bajo la promesa de obtener documentos y que se encontraban en centros de detención.

Otros departamentos dicen que rechazan a las personas que ya han solicitado asilo o se han visto obligadas a abandonar el territorio francés, como es el caso de la mayoría de las trabajadoras sexuales inmigrantes que son controladas regularmente por la policía. A veces se les pide que tengan un buen dominio del francés, que ya hayan parado el trabajo sexual durante varios meses para demostrar su compromiso, como si el trabajo sexual no se ejerciera principalmente, como cualquier otro trabajo, para ganar dinero en ausencia de otras fuentes de ingresos, y que las personas pudieran dejar de trabajar de un día para otro durante varios meses, esperando la respuesta de una comisión que se reune de manera muy aleatoria y cuya respuesta llega después de varios meses.

Las personas que son más fácilmente aceptadas son aquellas que ya han logrado detener el trabajo sexual por algún tiempo y han logrado valerse por sí mismas sin la ayuda del Estado. Es necesario creer que las condiciones son tales debido al temor de una reanudación del trabajo sexual que probaría la inutilidad de dicho recorrido o, en todo caso, su ineficiencia. Así que se ha creado un enorme rompecabezas muy costoso en dinero y energía, agotando los recursos asociados que serían más efectivos si ayudaran directamente a las personas sin pasar por el montaje de registros, reuniones y rechazos de la administración.

El Permiso de Residencia Temporal Provisional de 6 meses ni siquiera permite registrarse en la mayoría de los centros de trabajo o encontrar un empleo con un empleador que no quiera correr el riesgo de contratar a alguien que se encuentre de nuevo rápidamente sin papeles. La promesa de asistencia para la vivienda tampoco se mantiene porque los lugares de alojamiento están saturados. El resultado está pues muy mitigado. Bastaría, sin embargo, simplemente regularizar a las indocumentadas para permitirles el acceso al derecho común en lugar de crear un sistema completo de chantaje y control social para controlar que las personas merecen “ayuda” condicionada al buen comportamiento que se espera de ellas, incluso cuando ese trabajo sexual es una actividad perfectamente legal y sujeta a impuestos.

Promesa de hacer una ley para la gran mayoría de las “víctimas”

Nos explicaron que las trabajadoras sexuales que protestaban contra la penalización de los clientes eran una minoría privilegiada no representativa y que la ley defendería a la gran mayoría de las “víctimas”. En realidad, casi todas las trabajadoras sexuales en Francia se oponen a la penalización de clientes y sufren, pero poco importa a los defensores de la ley, ya que solo las personas “salidas de la prostitución” pueden entender y analizar lo que han vivido una vez que experimenten la revelación y la comprensión de que en realidad era violencia.

Las estimaciones oficiales (falsas y probablemente subestimadas) del número de trabajadoras sexuales en Francia varían entre 30.000 y 40.000 personas. Sin embargo, solo un poco más de 150 personas se han beneficiado de la ley a través de la “ruta de salida de la prostitución”. Esto representa, después de tres años, el 0,5% de la población total de trabajadoras sexuales en Francia. A este ritmo, y si ninguna persona nueva decide comenzar el trabajo sexual mientras tanto, podemos estimar que la “abolición de la prostitución” puede ser efectiva, si todo va bien, en 600 años.

El abolicionismo es moralismo

 

Ensayo 11: No es cuestión de moralidad. ¡Sí lo es! Parte 2

Essay 11: It’s Not About Morality. Yes It Is! Part 2

 

INTRODUCCIÓN

A través de los debates legislativos franceses sobre la prohibición de compra de sexo adoptada en abril de 2016 (discutida en el Ensayo 10), se repitió un mantra frecuente y conocido. ¿El mantra? “No es el puritanismo lo que nos guía”. [1] No estamos “debatiendo la moral o la inmoralidad”. [2] “Esta [prohibición de compra de sexo] no es una ley dogmática, esta no es una ley moralista. “[3]” Las morales, y aún menos, el moralismo, no tienen lugar “en nuestro debate. [4] “[Nuestra] comisión de investigación no fue impulsada por ideas sagradas sobre la sexualidad o la diversidad de prácticas sexuales en la actualidad, independientemente de nuestros juicios personales sobre la prostitución” [5].

Las deliberaciones legislativas se derivaron de la suposición de que no hay prostitución voluntaria, que casi todas las prostitutas son objeto de trata y son mantenidas prácticamente en esclavitud, y que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres. ¿No demuestra esto que la defensa de la abolición se sostiene sin necesidad de ninguna moral sexual auxiliar? No. El estándar de reciprocidad del deseo que discutí en el Ensayo 9 resulta ser crucial para una parte importante de la postura abolicionista.

Por ejemplo, para explicar la gravedad de la “violencia” hecha a la prostituta en la mera compra de sexo, las abolicionistas en el parlamento francés apelaron repetidamente al estándar de la reciprocidad del deseo. Una testigo ante la Asamblea, Emmanuelle Piet, presidenta del Colectivo Feminista contra la Violación, sugirió que “[cualquier acto sexual impuesto a una persona que no lo desea podría ser considerado como una violación, incluso si tiene lugar a cambio de dinero”. [6] Su tema fue repetido por un diputado influyente. [7]

Por supuesto, el problema con la prostitución, como señalé en el Ensayo 9, no es el sexo no querido sino el sexo no deseado. Si el sexo “tiene lugar a cambio de dinero”, entonces es parte de una transacción que inicia la prostituta y en la que ella es una parte voluntaria aunque no tenga deseo. Emmanuelle Piat hizo que esta falta de deseo fuera fundamental cuando pasó a invocar explícitamente el estándar de reciprocidad del deseo:

La prostitución ignora el deseo de la prostituta. Es como que al pagar por el acto sexual se olvida de que el sexo se supone que es la reunión de dos deseos. Es un asunto serio pensar que el pago autoriza al cliente a ignorar el deseo de la prostituta. [8]

El sexo es la reunión de dos deseos. Esta suposición explica no solo la gravedad de la violencia contra las prostitutas, sino la violencia misma. Aunque las abolicionistas francesas recitaron una letanía de tipos de violencia cotidiana perpetrada contra prostitutas (golpear, abofetear, confinar, secuestrar, apuñalar, violar, robar), como todos los abolicionistas, fueron más lejos e insistieron en que la prostitución es violencia. ¿Qué puede significar esto? ¿Estaban simplemente haciendo un juego de palabras?

No, estaban construyendo una característica (casi) universal de la prostitución. En la formulación de Claire Quidet, otra testigo ante la Asamblea: “la violencia inherente a la prostitución. . . es someterse a repetidos actos sexuales no queridos [es decir, no deseados] “. [9] Sexo sin deseo: esa es la violencia. El cliente comete violencia contra la prostituta al involucrarla en el sexo que ella no desea.

En su testimonio ante la Asamblea Nacional, Laurence Rossignol, Ministra de Derechos de las Familias, los Niños y las Mujeres, lo expresó de esta manera: “La prostitución es un abuso en sí misma. Requiere la disociación del cuerpo y la persona, la carne y el alma, el deseo y la sexualidad ”. [10] La separación del deseo y la sexualidad es el daño.

Este daño presupone el estándar de reciprocidad del deseo como una norma moral y psicológica. La prostitución es psicológicamente dañina porque separar el deseo del sexo requiere la separación no saludable del cuerpo y la persona (discutí este tema en el Ensayo 9) y esta separación no es saludable debido a la estrecha conexión moral entre el sexo y el deseo.

Pero como señalé en el Ensayo 9, ninguna abolicionista ha defendido en realidad el estándar de reciprocidad del deseo como un imperativo psicológico o moral.

 

Una moralidad sexual feminista

La sexualidad juega generalmente un papel central en los análisis feministas, sin embargo, hay sorprendentemente pocos tratamientos integrales de la moralidad sexual por parte de las feministas (en contraste con los trabajos sobre la “política del sexo”). De hecho, Loose Women, Lecherous Men: A Feminist Philosophy of Sex , de Linda LeMoncheck, es el único tratamiento con la extensión de un libro que conozco, y que merece ser leído ampliamente. LeMoncheck es minuciosa. Es extremadamente justa. Opera con un método ético que puede o no galvanizar a los lectores pero que emplea elementos que son ciertamente moralmente básicos. Bosquejaré su argumento aquí.

“La explotación sexual y la erotización del poder figuran en la constitución de la sexualidad humana”, escribe LeMoncheck. [11]

La subordinación heterosexual de las mujeres. . . es una subordinación de la identidad. En una sociedad patriarcal, las mujeres son definidas en términos de [su] heterosexualidad. . . a fin de atender las necesidades y. . . privilegios de los hombres. [12]

No está claro en qué sentido se puede realmente decir que los deseos construídos socialmente de las mujeres están “libres” de formas políticas e ideológicas. [13]

Si los deseos y placeres realmente existentes de las mujeres están “constituidos” por el patriarcado para reflejar una visión masculina del sexo —si para satisfacer las necesidades de los hombres, estos deseos y placeres particulares están integrados en la misma autocomprensión de las mujeres— ¿cómo, entonces, desde un punto de vista feminista, se puede esperar que las mujeres actúen? ¿Qué camino pueden trazar las feministas para que las mujeres expresen su sexualidad? [14]

Este Entendimiento Feminista Fuerte (EFF), como lo denominaré, marca una condición limitante en el enfoque de LeMoncheck. La segunda condición limitante es ésta: una adecuada “filosofía del sexo” feminista debe acomodar las experiencias de mujeres reales que viven la contradicción real de ser tanto los objetos sexuales de la mirada de los hombres como los sujetos definitorios de [su] experiencia sexual como mujeres.

[Las feministas deben tomar en serio] la sexualidad de las mujeres en función de. . . opresión sexual bajo. . . dominación masculina y en función de la liberación sexual de la mujer bajo esa misma condición.

[Una filosofía feminista del sexo debe dar crédito a] aquellos aspectos de las vidas eróticas de las mujeres en las que las mujeres identifican y persiguen lo que les es más placentero [15].

Los deseos y experiencias sexuales de las mujeres varían ampliamente; las mujeres poseen diferentes ideas y diferentes metas; si escuchamos, escucharemos “tantas voces con necesidades eróticas tan diferentes”. [16] Sería un error para las feministas desplegar el EFF de una manera que descarte los deseos y hechos de grandes franjas de mujeres heterosexuales.

En el enfoque de LeMoncheck, lo que una filosofía feminista del sexo le diría a las mujeres que hagan es indeterminado en lo abstracto. Esto se debe a que las mujeres son “tanto objetos subordinados como sujetos activos de [sus] vidas sexuales”. [17] Ningún lado de esta polaridad puede ser menospreciado. Lo que las mujeres quieren y desean, no es menos importante que cualquier interpretación teórica sobre su condición. Por lo tanto, según LeMoncheck, uno debe viajar “dialécticamente” entre estos polos contrarios. Cualquier conclusión de tal viaje dialéctico será altamente específica al contexto. Este enfoque se aplica a los filósofos y teóricos que generalizan sobre la sexualidad y la subordinación, y a los hombres y mujeres individuales a medida que moldean y persiguen sus propios deseos sexuales. La indeterminación producida por este enfoque puede ser desagradable para aquellos que buscan respuestas claras o simples, pero, según LeMoncheck, debe ser apreciada como un subproducto de un método que se mantiene fiel tanto a lo que los individuos valoran como a las circunstancias objetivas en que actúan. [18]

Si el EFF es sólido, entonces las feministas deben querer mejorar la “autodefinición y autonomía sexual” de las mujeres, así como reducir su “victimización”. [19] Las condiciones para que las mujeres definan y actúen no son óptimas, pero las mujeres reales deben vivir y actuar en el mundo tal como es, incluso cuando ellas y otros se esfuerzan por cambiarlo; sus deseos y elecciones no pueden ser omitidos de ninguna concepción de su autonomía.

El enfoque dialéctico de LeMoncheck se deriva de un compromiso epistemológico específico: un compromiso con el punto de vista del no imperialismo. Debes reconocer (i) que tu punto de vista no es el único que vale la pena conocer; (ii) que siempre será parcial; (iii) que otras personas tienen puntos de vista que vale la pena entender (desde su punto de vista, no el tuyo); (iv) que los demás se ven afectados y responden a su punto de vista (aunque quizás no como tú lo entiendes). [20]

Este punto de vista no imperialista ciertamente capta algo fundamental sobre la moralidad: que los individuos son iguales en algún sentido moral básico, que debemos ejercer la caridad para comprenderlos y cosas por el estilo. (No todos los lectores pensarán que este no imperialismo impide el cierre epistemológico, aunque algunos lo hagan).

En el medio del libro de LeMoncheck, la postura no imperialista se transforma en una “ética de cuidado-respeto” en la que buscamos entender el mundo desde el punto de vista de otras personas, responder a ellas como “los individuos particulares que son”, y cuidar activamente su bienestar. [21]

La “ética del cuidado-respeto” opera a diferentes niveles, con más éxito en unos que en otros. Por ejemplo, las secciones largas de Loose Women, Lecherous Men se entregan a las disputas entre las feministas culturales y las feministas radicales sexistas sobre el sexo apropiado; y entre las trabajadoras sexuales y las críticas feministas sobre la legitimidad de la prostitución y el estriptis. En ambos casos, LeMoncheck busca establecer la mejor versión de cada posición, trabajando para dar plena voz a las partes contendientes. Ella hace lo que cada parte debería hacer si fuera guiada por el cuidado y el respeto.

Sin embargo, si las feministas culturales, por ejemplo, tuvieran en cuenta las opiniones de las feministas radicales sexistas de la manera sugerida por LeMoncheck, estarían atendiendo a la “particularidad” de sus oponentes solo de manera indirecta, ya que lo que está en discusión es un punto de vista feminista radical sexista. Detrás del punto de vista hay personas reales, por supuesto, y una preocupación por su bienestar en parte alimenta la ultra-simpatía con la que se insta a las feministas culturales a acercarse al punto de vista. (No hace falta decir que las feministas radicales sexistas necesitan manifestar una ultra-simpatía similar hacia el punto de vista feminista cultural).

En otros lugares, el respeto por el cuidado parece aplicarse directamente a las interacciones individuales. LeMoncheck habla de parejas sexuales que se relacionan entre sí “dentro de los parámetros de cuidado y respeto”: se valoran entre sí en su especificidad, tratan de introducirse en la cosmovisión del otro, buscan promover los objetivos sexuales de sus parejas y se preocupan por su bienestar. [22] Sin embargo, este tratamiento de las relaciones individuales parece demasiado cercano al sexo personal e igualitario favorecido por las feministas culturales, donde las parejas son igualmente afectuosas, comparten intimidad y más. El problema aquí radica en el hecho de que LeMoncheck ya nos ha dicho que tomemos en serio la amplia variedad de decisiones de las mujeres sobre el uso de su sexualidad. Compartir la intimidad es precisamente lo que algunas mujeres no quieren en un encuentro sexual, y no hay nada de malo en eso. [23] Además, ni una mujer ni su pareja sexual pueden querer la intrusión informativa necesaria para comprender los puntos de vista y las ubicaciones sociales de cada uno. Tampoco querrán promover el bienestar mutuo más allá de responder a iniciativas sexuales muy inmediatas, limitadas en el tiempo y en el espacio. Jane no quiere saber que John es un republicano; ¡eso la apagaría totalmente!

Además, la reciprocidad del deseo sexual tampoco parece ser un requisito moral necesario. Aunque LeMoncheck considera que el trabajo sexual está cargado de componentes moralmente problemáticos, no descarta el sexo comercial como una opción aceptable para las mujeres. Ella insiste en que las críticas feministas del trabajo sexual deben prestar atención a su complejidad y variedad. [24] Y deben dar crédito a las razones que dan las mujeres para asumirlo. Muchas trabajadoras sexuales “disfrutan del dinero, la flexibilidad y la independencia” que les da su trabajo. [25] No les falta razón al responder a sus críticas feministas como moralizadoras autosuficientes. No les falta razón en “[solo escuchar] desprecio en comentarios paternalistas [por parte de feministas] en el sentido de que para salvar un orgullo herido de otra manera, las trabajadoras sexuales simplemente no quieren confrontar la realidad de su victimización”. [26]

Sin embargo, al igual que la dialéctica de LeMoncheck requiere que las feministas tomen en serio las razones de las trabajadoras sexuales, también requiere que las trabajadoras sexuales tomen en serio el análisis feminista de su situación. Cualesquiera que sean sus razones para ingresar al trabajo sexual, “todas esas mujeres son también identificadas por los hombres como objetos de una sexualidad subordinada”. [27] La ​​trabajadora sexual debe “responsabilizarse de su sexualidad bajo las condiciones del patriarcado”.

[Cuando] una trabajadora sexual. . . elige hacer una vida económicamente mejor para sí misma en el trabajo sexual. . . ella elige actuar por sí misma y no en virtud de cómo otros quieren que ella actúe; pero una mujer que [comprende las exigencias del cuidado y respeto] reconoce sus propias necesidades individuales y las necesidades de los demás. . . . [Ella debería] ver sus acciones en el contexto de una comunidad más grande de mujeres cuyas propias necesidades e intereses pueden entrar en conflicto con las de ella “. [28]

Lo que hace la trabajadora sexual cae en el juego de acuerdos patriarcales inveterados y este es un costo que no se debe ignorar. La trabajadora sexual debe apreciar “por qué las feministas consideran que el trabajo sexual colabora con el enemigo”. [29] Sin embargo, para cualquier mujer en particular, una vez que ella incorpora completamente el panorama más amplio, el balance de consideraciones aún puede favorecer la permanencia en el trabajo sexual, incluso aunque el equilibrio de consideraciones para otra mujer pueda apuntar en una dirección diferente. La dialéctica de LeMoncheck no da lugar a una sola regla aplicable en todos los casos. LeMoncheck se resiste a generalizar. [30]

 

CONCLUSIÓN

Loose Women, Lecherous Men  es un libro demasiado rico y complejo para resumirlo en unos pocos párrafos. Sin embargo, lo que emerge del libro, tanto por su enfoque como por sus conclusiones, no es una garantía especial para el estándar de reciprocidad del deseo. ¿Podrían las abolicionistas renunciar al estándar de reciprocidad del deseo y seguir defendiendo las prohibiciones de compra de sexo? Podrían, por supuesto, pero tendrían que renunciar a su insistencia en que la prostitución es violencia. Esta insistencia, hacia la que las abolicionistas parecen universalmente atraídas, requiere algo como el estándar de la reciprocidad del deseo como un umbral necesario para el sexo defendible. “La prostitución es violencia”, si no es un mero truco de definición, deriva su fuerza de la suposición razonable de que la prostitución involucra sexo no deseado. La norma de reciprocidad del deseo nos dice que el sexo que ella no desea viola a la prostituta: es violencia contra ella.

Lo que sigue siendo cierto es lo siguiente: las abolicionistas afirman o presuponen el estándar de reciprocidad del deseo, pero no ofrecen argumentos serios o defendidos al respecto. “Es simplemente obvio”, según Catherine MacKinnon. Evidentemente eso es suficiente.

 

NOTAS

Nombres cortos para documentos franceses citados en las Notas:

2011 INFORME DE LA COMISIÓN: Rapport d’Information par the Commission des Lois Constitutionelles, de Législation and of l’Administration Générale of the République, en conclusion des travaux d’une mission d’information sur la prostitution en France, N ° 3334, 13 Avril 2011, http: //www.assemblee-nationale.fr/13/rap-info/i3334.asp

LECTURA FINAL: Assemblée nationale, XIVe legislature, Sesión ordinaire de 2015-2016, 06 de abril de 2016, Lutte contre le système prostitutionnel-Conferencia definitiva, http://www.assemblee-nationale.fr/14/cri/2015-2016/20160170 .asp # P765576

AUDIENCIA DEL 5 DE NOVIEMBRE: Comisión especial encargada de examen de la propuesta de lo que se refiere a la seguridad de la prostitución, 5 de noviembre de 2013, http://www.assemblee-nationale.fr/14/cr-csprostit/13-14/c1314010. áspid

[1] Sra. Laurence Rossignol, ministre des familles, de l’enfance et des droits des femmes, “On m’objectera qu’il s’agit d’une position morale, mais, ce n’est pas le puritanisme qui nous guide. ”LECTURA FINAL.

[2] Sra. Marie-George Buffet, “Nous ne sommes donc pas ici en présence d’un débat sur la morale ou sur l’immoralité.” LECTURA FINAL.

[3] Maud Olivier, “[C] e n’est pas une loi dogmatique, ce n’est pas une loi moralisatrice”. LECTURA FINAL.

[4[4] “Pour prendre position au sein de ces expériences et de ces opinions contradictoires, la morale, et encore moins le moralisme, ne sauraient avoir leur place.”. 2011 INFORME DE LA COMISIÓN, pág. 164.

[5] “Ce faisant, the mission d’information n’est animée par aucun présupposé moralisateur quant à la sexualité et à la diversité des pratiques sexuelles qui existent aujourd’hui, chacun ayant par ailleurs un jugement personal sur la prostitution.” 2011 Informe de la comisión, p. 200.

[6] Emmanuelle Piet, “Sans compter que l’on pourrait considera comme un viol tout acte sexuel imposé to person person qui ne désire pas, même s’il a lieu contre de l’argent “, el 5 de noviembre.

[7] M. Charles de Courson, “Tout acte sexuel imposé à une personne qui ne désire pas, fût-il payé, pourrait au fond être considéré comme un viol.” 5 DE NOVIEMBRE AUDIENCIA.

[8] Emmanuelle Piet, “La prostitution fait fi du désir de la personne prostituée. C’est comme si payer l’acte sexuel faisait oublier que celui-ci suppose deux désirs qui se rencontrent. Il est grave de laisser ainsi penser que payer autorise à passer outre le désir de l’autre.”

[9] Claire Quidet, “Il y a enfin la violence intrinsèque et inhérente même à la prostitution, qui est de subir à répétition des actes sexuels non désirés.” . 5 AUDIENCIA DEL 5 DE NOVIEMBRE.

[10] Sra. Laurence Rossignol “La prostitution est une violence en soi. Elle exige la dissociation du corps et de la personne, de la chair et de l’âme, du désir et de la sexualité.” . LECTURA FINAL.

[11] Linda LeMoncheck, Loose Women, Lecherous Men: A Feminist Philosophy of Sex (Nueva York: Oxford Unibversity Press, 1997), pág. 7.

[12] Loose Women, Lecherous Men: A Feminist Philosophy of Sex, pág. 56.

[13] Loose Women, Lecherous Men, pp. 43, 56, 101.

[14] Un primer grupo feminista radical, Cell 16, llegó a una conclusión expeditiva: las mujeres deberían separarse de los hombres y permanecer célibes. Véase Alice Echols, Daring to Be Bad: Radical Feminism in America, 1967-1975  (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1989), pp. 159-161. Los grupos radicales tempranos como Cell 16 y Redstockings tenían antipatía al lesbianismo. Para ellos, el separatismo lésbico no ofreció ningún avance sobre la heterosexualidad: el sexo homosexual era todavía sexo (Echols, p. 164). ¿Podría el celibato ser una política fácil de seguir después de la revolución feminista? La feminista radical Ti-Grace Atkinson, al imaginar en 1968 cómo sería la vida sexual si no hubiera roles sexuales de género opresivos, preguntó: ¿Por qué el contacto físico con otra persona “sería más placentero que el auto-contacto?” ¿Qué tendría de especial el sexo con otros? El sexo interpersonal tal como lo conocemos, despojado por completo de sus fundamentos institucionales, dejaría de existir. La masturbación sería suficiente. Ver Ti-Grace Atkinson, Amazon Odyssey (Nueva York: Links Books, 1974), pág. 21.

[15] Loose Women, Lecherous Men, pp. 8, 15.

[16] Loose Women, Lecherous Men, pp. 22, 28.

[17] Loose Women, Lecherous Men, pp. 29. Énfasis agregado.

[18] Loose Women, Lecherous Men, p. 20, señalando la parcialidad, la particularidad y la contextualidad de toda investigación filosófica.

[19] Loose Women, Lecherous Men, pp. 25, 29 y en otros lugares.

[20] Loose Women, Lecherous Men, pp. 20, 29.

[21] Loose Women, Lecherous Men, pp. 44, 55, 102, 104.

[22] Loose Women, Lecherous Men, pp. 111, 102-104, 55.

[23] Loose Women, Lecherous Men, p. 39.

[24] Loose Women, Lecherous Men, pp. 118, 134.

[25] Loose Women, Lecherous Men, pp. 113, 141. Recordemos el caso de Perle, una de las prostitutas descritas en el último ensayo, una mujer china en Francia que, después de un período oneroso como sirviente de una familia china, recurrió a la prostitución para que nunca más fuera explotada por un empleador.

[26] Loose Women, Lecherous Men, pp. 135, 143.

[27] Loose Women, Lecherous Men, p. 145.

[28] Loose Women, Lecherous Men, p. 151.

[29] Loose Women, Lecherous Men, p. 151. Por supuesto, si la EFF es sensata, cada acto heterosexual (citas, relaciones, casamientos y demás) tiene un costo político, independientemente de los beneficios para la mujer en particular. Toda mujer debe pensar “en el contexto de una comunidad más grande de mujeres” y “asumir la responsabilidad” por sus actos heterosexuales.

[30] Loose Women, Lecherous Men, p. 152.

Francia se interroga sobre el modelo abolicionista de la prostitución

El Consejo Constitucional debe decidir si la ley de 2016 que penaliza al cliente es constitucional o no

 

Para el abogado principal de los demandantes, Patrice Spinosi, todo eso no es más que una “hipocresía moral peligrosa”. “Lo que decimos es que la opción abolicionista solo será posible en Francia a partir del momento en que se prohíba toda actividad de prostitución. Pero eso no es lo que decidieron los legisladores”, recuerda. “El Consejo debe decidir si esta ley fue hecha para las prostitutas y por su seguridad. Y entonces debe ser derogada”.

 

Por SILVIA AYUSO 

París, 22 de enero de 2019

https://elpais.com/sociedad/2019/01/22/actualidad/1548176471_071212.html

 

 

Menos de tres años después de su entrada en vigor, Francia se interroga de nuevo sobre la conveniencia de la ley que cambió la forma de combatir la prostitución y pasó a penalizar al cliente y no a la trabajadora o trabajador sexual, como hasta entonces. La constitucionalidad de la normativa aprobada en abril de 2016, tras años de debates, fue rebatida este martes ante el Consejo Constitucional. Sea cual sea la decisión de los “sabios” del máximo órgano de consulta sobre constitucionalidad de Francia, esta tendrá un impacto clave en la forma en que el país aborde en el futuro la cuestión de la prostitución. Su fallo se conocerá el 1 de febrero.

La pregunta que deben analizar hasta entonces los miembros del Consejo Constitucional es relativamente directa: la ley que prevé multas de 1.500 a 3.750 euros (para reincidentes) por contratar los servicios de una prostituta, ¿atenta contra derechos constitucionales como la autonomía personal y la libertad sexual, el respeto a la vida privada, la libertad contractual, la libertad comercial o el principio de proporcionalidad de las penas?

Pero las cuestiones que manejan las nueve asociaciones y la treintena de trabajadores sexuales que cuestionan la ley son más complejas.

Prohibir la prostitución o atacarla criminalizando a los clientes, ¿es una actitud moralista, como afirman los detractores de la ley? ¿Es hipócrita y paternalista? ¿Atenta contra el derecho a la emancipación de la mujer y a la libertad de disponer de su cuerpo libremente? Y, sobre todo, ¿empeora la situación de precariedad y vulnerabilidad de las prostitutas? ¿Las pone aún más en peligro?

¿O es la prostitución por el contrario, como afirman los defensores de la ley de 2016, una forma más de abuso, de promoción de la explotación y de la trata humana, así como de violencia contra las mujeres? ¿Constituye su prohibición una defensa de los derechos fundamentales y de la dignidad humana? Voilà, como dicen los franceses, un resumen de los argumentos esgrimidos durante las más de dos horas de audiencia pública este martes ante el Consejo Constitucional.

 

Precarización de la prostitución

Los demandantes de la derogación de la ley, entre los que figuran organizaciones de ayuda a las prostitutas, una treintena de trabajadoras sexuales o la sección francesa de Médicos del Mundo, se basan en un estudio del año pasado sobre los efectos de la normativa que afirma ha empeorado sensiblemente la situación de las trabajadoras sexuales: el 63% declaró que sus condiciones de vida se deterioraron, el 78% que sus ingresos cayeron, el 42% se siente más expuesta a la violencia y al 38% le cuesta más imponer el uso del preservativo, entre otros.

“Esto no va de ideología”, aseguró a EL PAÍS Irène Aboudaram, de Médicos del Mundo Francia. “No es cuestión de estar a favor o en contra de la prostitución, la cuestión es saber cuáles son los dispositivos que las protegen y cuáles las fragilizan. Y estamos constatando que esta ley está fragilizando a las más explotadas, a las que más ayuda necesitan. No es una ley que protege aunque se anuncie como protectora”.

“Esta ley no puede hacer más precaria la situación porque ha suprimido la represión de las prostitutas, que antes podían ser detenidas y multadas por su actividad. Eso ya no existe”, replica Grégoire Théry, secretario general de Mouvement du Nid, una organización que lucha por la abolición de la prostitución y que junto a organizaciones feministas defiende la ley de 2016. Una normativa, agrega, que no solo multa a los clientes, también prevé todo un dispositivo de acompañamiento para quienes quieran salir del mundo de la prostitución, aunque subraya que todavía no está todo en marcha. “Por primera vez en la historia de Francia, todos los prefectos tienen la obligación de crear un dispositivo departamental. En mayo de 2018 solo había 32, hoy tenemos 64. Hasta el año pasado, solo habían dejado la prostitución 62 personas, hoy son más de 130. Solo ahora empieza esta ley a mostrar sus efectos sociales”, sostiene.

 

Un desafío clave

Según Théry, el desafío planteado ante el Consejo Constitucional es enorme. “Si se deroga la prohibición de comprar un acto sexual, consagraremos el derecho de los hombres a imponer un acto sexual por dinero (…) que es una forma de violencia. Los legisladores lo han reconocido, los franceses hoy lo reconocen, la prostitución es una forma de violencia sexual y no podemos dar impunidad total a los que compran sexo”, sostiene.

Para el abogado principal de los demandantes, Patrice Spinosi, todo eso no es más que una “hipocresía moral peligrosa”. “Lo que decimos es que la opción abolicionista solo será posible en Francia a partir del momento en que se prohíba toda actividad de prostitución. Pero eso no es lo que decidieron los legisladores”, recuerda. “El Consejo debe decidir si esta ley fue hecha para las prostitutas y por su seguridad. Y entonces debe ser derogada”.

 

POR LA SALUD DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES

 

 

El martes 22 de enero, el Consejo Constitucional (de Francia) considerará el tema de la penalización de los clientes de las prostitutas tras la presentación de una cuestión prioritaria de constitucionalidad por parte de las asociaciones presentes diariamente sobre el terreno y las personas concernidas.

 

https://www.medecinsdumonde.org/fr/actualites/tribunes/2019/01/21/pour-la-sante-des-travailleurs-ses-du-sexe

 

 

UNA PENALIZACIÓN QUE ATENTA CONTRA LA SALUD Y LOS DERECHOS

 

Nosotros, profesionales de la salud, responsables asociativos, actores y actrices sobre el terreno, cuestionamos la penalización de los clientes porque atenta contra la salud, la seguridad y los derechos de las personas que se prostituyen, independientemente de su grado de autonomía en la actividad.

Contrariamente a los clichés que se transmiten con demasiada frecuencia, es fundamental recordar la diversidad de situaciones que abarca esta actividad. Si bien algunas personas realizan una actividad de una manera acordada y aceptada, otras son explotadas o forzadas por diferentes razones. Hay, de hecho, entre estos extremos tantas situaciones como personas.

 

CONTRA TODAS LAS FORMAS DE REPRESIÓN

 

Las políticas públicas relacionadas con la protección y la salud de las personas que se prostituyen deben poder comprender la diversidad de situaciones individuales y responder a ellas de manera diferenciada, lo que nunca ocurre con las políticas represivas. La Alta Autoridad de Salud, ONUSIDA, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo expresan sin parar: no es la compra de sexo tarifado lo que expone a las personas que se prostituyen, sino las condiciones de ejercicio de la actividad. En este sentido, estas instituciones se han pronunciado contra cualquier forma de políticas represivas.

 

Leer la continuación de la tribuna en Le Monde…

 

Lista de firmantes

 

  • Philippe de Botton, médico, presidente de Médicos del Mundo.
  • Carine Favier, doctora en enfermedades infecciosas, miembro de la Junta de Sidaction, París.
  • Chloé Argentin, médico, planificación familiar.
  • Christine ETCHEPARE, médico, Arcat, París
  • Fanny Frost, adictóloga general, miembro de la Junta de Cabiria, Lyon
  • Jean Claude Guichard, médico, ENTRADAS, Lille
  • Ludovic Toro, médico general, vicepresidente de la ELCS (representantes locales electos contra el SIDA), París
  • Michèle Cukier, doctora, Arap Rubis, Nîmes
  • Patricia Enel, doctora en salud pública, presidenta de saludos cordiales, Marsella y presidenta de COREVIH PACA OUEST CORSE.
  • Paul Bolo, médico general, presidente de Paloma, Nantes
  • Acepta-t, Act UP París, South-West Act Up, Ayudantes, Inter-LGBT, Amigos del autobús de mujeres, acción TRANS INTER
  • Bérangère Donnet, médico, La Casa de la Salud Dispersada (MDS), Lille
  • Agathe Pesci, médico general, Lyon
  • Alexandra Salaun, médico general, Lille
  • Profesor Alfred Spira, médico de salud pública, Academia Nacional de Medicina, París
  • Alice Mabille, enfermera del Centro Henri Becquerel, Rouen
  • Anaenza Maresca-Freire, doctora en enfermedades infecciosas, Ambroise Paré, Boulogne Billancourt
  • Anne Bertin-Maghit, enfermera, Nantes 24. Anne Kamel, médico general, Caen
  • Anne Le Rhun, médico de salud pública, Nantes
  • Anne Simon, doctora en enfermedades infecciosas, Hospital Pitié Salpétrière, París
  • Anne-Elisabeth Mazel, médico general, Bobigny
  • Antoine Canat, adictólogo, CSAPA du Griffon, Villeurbanne
  • Antonin Mathieu, médico general, París
  • Axelle Romby, sexóloga, miembro de la Red Pública de Salud Sexual, París
  • Aymeric Pansu, médico general, Villeurbanne
  • Bao-Chau Phung, médico de enfermedades infecciosas, BICHAT, París
  • Bénédicte LEFEBVRE, médico, departamento de enfermedades infecciosas y tropicales, hospital de Saint-Antoine, París
  • Benjamin Silbermann, médico del hospital, Unidad de atención ambulatoria y consulta, Hospital Cochin, París
  • Bertrand Riff, médico, la Casa Dispersada de Salud (MDS) Lille, presidente de COREVIH Hauts de France
  • Camille Ponté, farmacéutica, Centro Hospitalario Universitario de Toulouse y Asociación de Intermediación CAARUD Clémence Isaure, Toulouse
  • Camille Rolland, médico interno, Paris 38. Carine Rolland, médico general, Nantes
  • Catherine Bertaux, médico general jubilada, Rouen
  • Cécile Neichel, enfermera, Haguenau
  • Cécilia Gilles, partera, París
  • Christine Bobin, farmacóloga, Universidad de Nantes.
  • Christine Fernández, doctora en salud pública, (PF69 y CeGIDD Lyon), ex presidenta de Cabiria
  • Christine Rouzioux, viróloga, París
  • Christophe Ségouin, médico de salud pública, hospitales universitarios de Saint-Louis, Lariboisière Fernand Widal APHP, París
  • Claire Coutand, interna de Orl, Lille 47. Claire Daumont, enfermera, Cabiria, Lyon
  • Claire Dubois, enfermera, Nantes.
  • Claire Fesquet, pasante en medicina especializada en salud pública, Nantes.
  • Clara Lepez, médico general, París.
  • Claudine Duvivier, doctora, París.
  • Clémence Conrié-Sadde, pasante en medicina, Nîmes
  • Clément Fourrier, interne en médecine, CHI André Grégoire, Montreuil
  • Professeure Constance Delaugerre, virologue, hôpital Saint Louis, Paris
  • Coraline Delebarre, psychologue sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Corinne Lussault, médecin retraitée, ex-cheffe de service Centre Henri Becquerel, Rouen
  • Cyril Jaume, médecin généraliste, Montpellier
  • David Friboulet, psychothérapeute sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Delphine Maraval, infirmière, Boos
  • Dominique Pataut, médecin, Paris
  • Dora Levy, médecin généraliste, Paris
  • Elisa Verchay, psychologue, Nice
  • Elodie Malvezin, Médecin généraliste, Centre de santé et de planification familiale Belleville, Paris
  • Emilie Moreau, psychologue sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Ernst Wisse, infirmier, Paris
  • Esther Batsch, médecin généraliste, Paris
  • François Guillemot, médecin gastroentérologue, Hôpital de Roubaix
  • Françoise Vitou, psychologue, psychanalyste, Paris
  • Fréderic Dubois, praticien hospitalier retraité, laboratoire de virologie CHRU, Tours
  • Gonzague de Larocque Latour, médecin sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Guillaume Girard, praticien hospitalier, Service de Gynécologie Obstétrique, Hôpital Armand Trousseau, Paris
  • Guy Sebbah, médecin, directeur général du groupe SOS Solidarités, Paris
  • Gwenaal Domenech, psychologue sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Hannane Mouhim, infirmière et cheffe de service, Le Kiosque Infos Sidaet Toxicomanie, Paris
  • Hélène Valentin, infirmière et secrétaire de l’association Pénélope, Illkirch-Graffenstaden
  • Hervé Bideault, praticien attaché, CeGIDD. PREP, Service des Maladies Infectieuses et Tropicales Hôpital Saint Antoine, Paris
  • Inès Gay, infirmière, Urgences générales, CHU Lariboisière, Paris
  • Jean-Claude Guichard, médecin, Lille
  • Jean-Louis Grenier, médecin retraité, Nantes
  • Jean- Paul Le Flaguais, psychologue clinicien retraité, Paris
  • Jean-Paul Vincensini, médecin, Maison Chemin Vert, Paris
  • Jeanine Rochefort, gynécologue retraitée, Paris
  • Jessica Krause, médecin, hôpital Saint Antoine, Paris
  • Joël Le Corre, médecin retraité, Paris
  • Julie Bottero, médecin de santé publique et infectiologue, Bondy
  • Julie Létuvé, infirmière, Nantes
  • Laure Chianese, psychologue sociale de la santé AP-HM, administratrice Autres Regards, Marseille,
  • Laurianne Badoc, médecin généraliste, Paris
  • Léo Benabdelkarim, psychiatre, Lyon
  • Louis Jarnet, médecin, Nantes
  • Louise Arnou interne en médecine générale, Lyon
  • Louise Chardenal, médecin généraliste, Lyon
  • Louise Soyer, psychologue clinicienne psychothérapeute, Rouen
  • Lucie Grignon, médecin généraliste, Nantes
  • Lucie Guilbaud, gynécologue obstétricienne hôpital Trousseau, Paris
  • Maëla Le Brun Gadelius, infirmière, directrice Association Bus 31/32, Marseille
  • Maieule Nouvellet, infirmière, Paris
  • Maïwenn Henriquet, infirmière, Nantes
  • Malika AMELLOU, médecin responsable, centre de régulation des naissances Simone VEIL, hôpital St-Louis, Paris
  • Marc Shelly, médecin de santé publique, hôpitaux universitaires Saint-Louis, Lariboisière Fernand Widal APHP, Paris
  • Marie Ahouanto-Chaspoul, médecin, hôpital Bichat SMIT, Paris 102. Marie Lemort, médecin généraliste, Nantes
  • Marie Sautereau, psychiatre CH Le Vinatier, Lyon
  • Marie Jeanne Martin, médecin, Lille
  • Marie-Dominique Pauti, médecin, Paris
  • Méghane Barriol-Blondet, psychologue clinicienne, Centre Hospitalier Théophile Roussel, Montesson
  • Mélanie Manas, médecin généraliste remplaçante, Lyon
  • Michel Etchepare, médecin de santé publique, Paris
  • Professeur Michel Kazatchkine, ancien directeur Fonds mondial et envoyé spécial du secrétaire général des Nations unies sur le sida en Europe de l’Est et en Asie centrale
  • Michel Ohayon, médecin, sexologue, Le 190, Paris
  • Michel Rigouin médecin, Ste Maxime
  • Michèle Quiquerez, gynécologue Strasbourg
  • Mireille Vache-Picat, cadre de santé de la fonction publique retraitée, Rouen
  • Monique Hegele, infirmière Strasbourg
  • Nadège Pierre, psychologue, sexologue, Paris.
  • Nadine Feuillolay, infirmière retraitée, Rouen
  • Nathalie Cabirol, médecin, Carros
  • Nathalie Thomas, infirmière et présidente-adjointe de l’association Pénélope, Strasbourg
  • Niklas Luhmann, médecin, Paris
  • Oriane Christin, médecin généraliste, Nantes
  • Pascale Bernard, médecin généraliste, Nantes
  • Patrice Walter, Médecin généraliste, Hatten
  • Patrick Bouffard, médecin, Paris
  • Pierre Cahen, médecin sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Pierre Ganier, médecin et président de l’association Pénélope Strasbourg
  • Pierre-Emmanuel Chon, médecin généraliste, Nantes
  • Pierre-Marie Girard, médecin infectiologue, Chef du service des maladies infectieuses et tropicales, Hopital st Antoine, Paris
  • Philippe Faucher, gynécologue obstétricien, Hôpital Trousseau et Saint Antoine, Paris
  • Philippe Otmesguine, médecin sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Rita Heintz, infirmière et coordinatrice de l’association Pénélope, Offendorf
  • Roxane de Almeida, infirmière au CHU service réanimation chirurgicale, Rouen
  • Sarah Neusy, gynécologue obstétricienne, Paris
  • Sébastien Fouere, médecin, hôpital Saint-Louis, Paris
  • Séverine Oriol, médecin généraliste, Centre de santé Commune à Vaulx-en-Velin, praticien attaché service d’orthogénie et CeGIDD des Hospices Civils, Lyon
  • Serge Hefez, psychiatre des hôpitaux, responsable d’ESPAS (espace social et psychologique d’aide aux personnes concernées par le sida), Paris
  • Solenne Gaborit, infirmière anesthésiste, Clinique Jules Verne, Nantes
  • Sonia Mehalaine, infirmière, Strasbourg
  • Sophie Laurence, infirmière, Paris
  • Sylviane Chapron, infirmière retraitée, Rouen
  • Tania Kandel, médecin de santé publique, coordinatrice du Contrat Local de Santé, Direction de la Santé Publique, Mairie d’Aubervilliers
  • Thibaud Maindru, médecin généraliste, Nantes
  • Thibault Chiarabini, médecin généraliste DESC infectieux, Paris 143. Thierry Brigaud, médecin de travail, ancien président de Médecins du Monde, Montpellier
  • Trystan Bacon, médecin généraliste, Angers
  • Professeur Willy Rozenbaum, président du COREVIH IDF Est, Paris
  • Professeur Yazdan Yazdanpanah, chef de service des maladies infectieuses et tropicales de l’hôpital Bichat, Président du COREVIH IDFNord, Paris
  • Yves Michelet, médecin généraliste retraité, Mont Saint Aignan

 

Fecha de la publicación

21 de enero de 2019

“No, el ejercicio del trabajo sexual no es en sí mismo violencia”

 

 

En una tribuna en “Le Monde”, un grupo de trabajadoras sexuales responde a una columna publicada anteriormente en el periódico que era favorable a mantener la penalización de los clientes. Este grupo afirma: “Son las condiciones bajo las cuales lo ejercemos lo que lo hace peligroso. “

 

Por Colectivo

18 de enero de 2019

https://www.lemonde.fr/societe/article/2019/01/18/non-l-exercice-du-travail-sexuel-n-est-pas-en-soi-une-violence_5411261_3224.html?fbclid = IwAR0BglTqh5zDqJiXjKu24ewJWKSR_63Zuerna925tx4jaJk-85c6rKnyF4o

 

“Combatir el sexismo y la violencia no se puede hacer sin las trabajadoras sexuales, ni en su detrimento, porque no se puede hacer educación sobre igualdad o feminismo pisoteando los derechos humanos básicos de ciertas categorías de mujeres” Philippe Turpin / Photononstop

 

 

Tribune En un foro publicado en Le Monde el 9 de enero titulado “Ley de prostitución: Despenalizar sería un desastre”, médicos abolicionistas creen ser expertos en nuestras vidas, especialmente “sexuales y de relaciones”, que obviamente no conocen. Muy preocupados por es estado de nuestras bocas, vaginas y rectos, nos llaman “personas compradas”.

También citan las palabras de un ginecólogo sacadas de un informe de la Inspección General de Asuntos Sociales (IGAS), mencionando nuestras “vulvas deformadas” y nuestras “vaginas con cicatrices”, amalgamando casos de violencia extrema con el conjunto de las trabajadoras sexuales, como si la actividad sexual regular pudiera destruir nuestros genitales. Esto daría risa si no fuera un asunto tan serio.

Les respondemos: dejad de instrumentalizar nuestro supuesto sufrimiento, real o imaginario; dejad de usar vuestras posiciones de autoridad para estigmatizarnos y generalizar. Nuestras bocas, vaginas y rectos, penetrados o no, no os pertenecen. Y la desmesura de vuestras palabras debería haceros perder todo crédito.

No hay evidencia científica

Todas las autoridades sanitarias nacionales e internacionales (OMS, ONUSIDA, The Lancet), todas las asociaciones que trabajan por la salud (Médecins du monde, Aides, Planning familiar) recomiendan la despenalización del trabajo sexual. Es por esta razón que un pequeño grupo de médicos prohibicionistas, cerca de la mitad de los cuales trabajan con organizaciones contra la prostitución, se ha lanzado al rescate contra toda evidencia científica.

Dejad de usar nuestro supuesto sufrimiento, real o imaginado; dejad de usar vuestras posiciones de autoridad para estigmatizarnos y generalizar

Se basan en un extracto de los informes de la Inspección General de Asuntos Sociales (IGAS) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) sin tener en cuenta su totalidad. Por lo tanto, vamos a citarlos para restaurar los hechos. En su resumen, el IGAS no habla de una “diversidad y gravedad de los problemas relacionados con la prostitución”, sino de “varias patologías que no son necesariamente directamente atribuibles a la práctica de la prostitución”, o incluso de riesgos de “una agudeza muy variable según los modos y las condiciones de ejercicio, y según el perfil de las personas”. La OMS no dice que “despenalizar la prostitución sería un desastre”, sino que “todos los países deberían centrarse en despenalizar el trabajo sexual”.

Se atreven a escribir que nada permite en 2019 afirmar la existencia de un aumento de la violencia después de la penalización de los clientes, a pesar de los asesinatos de nuestras compañeras, a pesar de nuestros numerosos testimonios, de los informes en aumento de las asociaciones, o incluso del estudio de evaluación de la ley publicado en abril de 2018. ¿Cómo estas personas, habitualmente tan rápidas para instrumentalizar las violencias que vivimos, de repente prefieren negar las que sufrimos a causa de la ley?

No es contrario a nuestra dignidad humana

No, el ejercicio del trabajo sexual no es en sí mismo violencia. Son las condiciones en las que lo ejercemos las que lo hacen peligroso, y es precisamente por eso que la penalización de los clientes nos expone más a esa violencia. No, el ejercicio del trabajo sexual no es contrario a nuestra dignidad humana. Son indignas las leyes prohibicionistas, las discriminaciones, la difamación y la estigmatización que sufrimos.

No, nuestra expectativa de vida no es de solo cuarenta años, como se afirma sin pruebas. Basta con leer el informe de la Alta Autoridad de Salud sobre nuestra población para convencerse, o simplemente con escucharnos. No sufrimos peor salud que el resto de la población, excepto por la exposición más frecuente a la agresión debido al hecho de que tenemos que escondernos para ejercer.

El uso de drogas no es mayor entre las trabajadoras sexuales que entre el resto de la población general, excepto el tabaco y el cannabis, como se informó en este estudio, según el cual nuestro consumo excesivo es comparable al de los desempleados y trabajadores pobres. Porque, sí, esta actividad permite a las más vulnerables de entre nosotras vivir y acceder a la autonomía económica.

 Miedo al estigma médico

Además, llamamos la atención de la profesión médica, especialmente del sector ginecológico, sobre el temor sistemático que tenemos a decir nuestras actividades a nuestros médicos, así como sobre los malos tratos que sufrimos tan pronto como los sanitarios saben que somos trabajadoras sexuales Esto nos lleva a descuidar nuestra salud por temor al estigma médico contra nosotras.

No, el ejercicio del trabajo sexual no es contrario a nuestra dignidad humana. Son las leyes prohibicionistas, la discriminación, la difamación y el estigma los que son indignos.

El procedimiento implementado en la tribuna a la que respondemos es impactante: sus autores utilizan su autoridad médica para decir que “del 80% al 95% de nosotras habríamos sido víctimas de violación en la infancia”. Nuevamente, estas cifras no se basan en ningún estudio científico y son deshonestas, porque ¿de qué se trata, si no de invalidar nuestros discursos con el pretexto de que solo seríamos víctimas incapaces de discernimiento y análisis?

Recordemos lo que el movimiento #metoo ha sacado a la luz: los abusos sexuales son masivos y estructurales. Afectan a la población en general, sean trabajadoras sexuales o no. Lo que esto revela es que el sexismo afecta a toda nuestra sociedad, y que esta realidad concierne a todas las mujeres.

Que hayamos sido violadas o no, no cambia nada el hecho de que nadie puede negar nuestra capacidad para tomar decisiones como personas adultas, incluido el ejercicio de nuestra profesión, independientemente de nuestros sentimientos, positivos o negativos, en cuanto a su ejercicio. Combatir el sexismo y la violencia no se podrá hacer sin las trabajadoras sexuales, ni en su detrimento, porque no se puede hacer feminismo o educación en igualdad pisoteando los derechos humanos fundamentales de ciertas categorías de mujeres. Incluso si trabajan con sus genitales.

 

Tribuna colectiva de 130 trabajadoras sexuales, prostitutas/os, escorts activas/os o retiradas/os.

Entre las primeras firmantes (se respetan las presentaciones que desean las personas involucradas): Marianne Chargois (trabajadora sexual durante quince años), Samantha Avrillaud (prostituta en el Bois de Vincennes), Carole Ben Amar (prostituta en el Bois de Vincennes), Fathy Ben Soussan (prostituta en el Bois de Vincennes), Christine Lyon (trabajadora sexual durante treinta años, 53 años), Giovanna Rincon (trans-feminista-seropositiva y trabajadora sexual), Isabelle Rouget (prostituta en el Bois de Vincennes), Thierry Schaffauser (trabajador sexual), Sonia Verstappen (trabajadora sexual, treinta y seis años de actividad).

Lista completa de firmantes:

http://snapfest.fr/index.php/2019/01/21/tribune-depenaliser-pour-respecter-les-vies-des-travailleuses-du-sexe/

Cómo la penalización de los clientes está arruinando la vida de las trabajadoras sexuales

 

Una trabajadora sexual en el bosque de Boulogne. AFP / THOMAS SAMSON

 

Por Pierre Bafoil

6 de diciembre de 2018

https://www.lesinrocks.com/2018/12/06/actualite/comment-la-penalisation-des-clients-pourrit-la-vie-des-travailleuses-du-sexe-111149359/

 

Están cansadas. Leyes que las ponen en una situación de angustia y debilidad, violencia día tras día, el estigma social que pesa sobre ellas. Con motivo de la presentación de la Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad contra la ley de penalización de los clientes de la prostitución, tres trabajadoras sexuales cuentan su vida cotidiana.

 

Cuando llega a la rue Saint-Denis en París, Sandra * tarda varios minutos en hacer tres metros. Allí un conocido, aquí un colega, enfrente un amigo que no ve desde hace mucho tiempo. Finalmente, vuelve de su ronda de saludos, que la ha llevado a la rue Blondel, la perpendicular, y cruza la carretera echando pestes.

“Es una locura, hemos estado allí más tiempo que todos los demás, pero las putas no tenemos derecho a los cruces de peatones”. Lo suficientemente fuerte como para alegrar los rostros de los clientes que evitan cuidadosamente cruzar la mirada con estas damas de colores y tacones, apoyadas contra las paredes de la calle.

“Prostituta, otra palabra que nos menosprecia”

Sandra lleva más de quince años trabajando en la rue Saint-Denis. Es una “tradicional” de este lugar histórico de la prostitución parisina, cantado con ternura por Brassens. “Odio la palabra ‘prostituta’, incluso prefiero decir” puta “[ N.de la T.:prostituta en francés se dice prostituée, prostituída], advierte empujando la puerta de su apartamento de 17 m2 en el último piso de un edificio antiguo con pinturas decrépitas. Prostituta es una palabra que nos menosprecia. Somos trabajadoras sexuales “. 

Incluso cuando ya no está trabajando en la calle conserva este nombre, Eloísa*. Desde hace siete años, trabaja en internet, en sitios de escorts. Se contacta con ella a través de anuncios publicados en plataformas especializadas más o menos legales. Recibe en habitaciones subarrendadas o se traslada a casa del cliente y al hotel. “No podría con la acera”, explica, “mi actividad en Internet me conviene, sé cómo hacer las cosas, siento cosas, puedo decidir a quién veo. Todas desarrollamos filtros de gilipollas, según la práctica o el lugar de trabajo. Bueno, ahora es cada vez más difícil poder elegir … “

Samantha ha perfeccionado su “filtro de gilipollas” durante más de veinticinco años. Desde que trabaja en el Bois de Boulogne y en la Porte de Charenton, al otro lado de París. A veces a pie, a veces en furgoneta. Ella conoce a todos en Boulogne. En la oscuridad de la linde del bosque, por las siluetas, por el modo de andar, por la ubicación, reconoce a las colegas a quienes dirige besos soplados. “Trabajo cada vez más en furgoneta”, dice, saludando a un grupo que conversa debajo de un árbol, “pero de todas formas vengo dos o tres veces al mes, para mostrar que todavía estoy aquí y para conservarr mi lugar”.

Su lugar es entre dos autos estacionados junto al bosque, frente a una lámpara de calle apagada. Después de cierta hora, se ilumina solo por las luces amarillentas de los faros de los coches. Hace meses que dura esto, hace meses que trabaja en los peligros de la negra noche. “A veces hay que trabajar a la luz del teléfono. Francamente, esto se está volviendo cada vez más difícil”. 

“Protegednos en lugar de precarizarnos” 

Sandra, Eloise y Samantha. Tres cuadragenarias, tres trabajadoras sexuales independientes, tres lugares de prácticas diametralmente diferentes para una declaración común: “Nuestras condiciones se han deteriorado gravemente. Se ha sumido nuestra actividad en un miserabilismo peligroso”.

Ya sea en Internet, en la calle o en el bosque, para ellas solo hay un rayo de esperanza: la anulación de la ley que penaliza a los clientes de la prostitución. Hace unas semanas se transmitió al Consejo Constitucional una Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad y las últimas conclusiones se presentaron el 5 de diciembre. Los Sabios deben tomar su decisión antes de tres meses.

Estas tres trabajadoras sexuales confiaron sus historias a Inrocks. Todas quieren explicar “su elección profesional”. Cansadas de ser reducidas a mujeres débiles, explotadas y sin libre albedrío. “Obviamente estamos en contra de la trata, pero nosotras hemos elegido, zanjan a coro. Nadie nos obliga. ¿En nombre de qué se nos prohibe hacer lo que queremos? Protegednos en lugar de precarizarnos.” 

“Prefiero esto a cualquier otra cosa”

Sandra, rue Saint-Denis, y Eloise, en la red, no siempre han estado en el trabajo del sexo. La primera habla poco de su vida anterior. Comenzó hace dieciséis años, como resultado de “problemas en su vida profesional”. A principios de la década de 2000, tuvo la oportunidad de comprar un pequeño apartamento en la rue Saint-Denis, que aún hoy ocupa. Entonces comienza por su cuenta. “Me fastidiaba. Me niego a tener un jefe detrás que me dé órdenes. Me gusta este aspecto inconformista”.

Para su familia, ella es una recepcionista en un hotel. Niega que el estigma social de su trabajo real afecte a sus familiares. No sabe si su hija, estudiante, lo entendería. “Podría rechazar el dinero que le doy, y eso no lo quiero”.

 Durante quince años, Eloise, una ejecutiva de negocios, llevó “una vida bastante clásica después de hacer un master en administración”. Gradualmente, sufrió un “deterioro de las condiciones laborales, presión, falta de respeto por parte de la jerarquía”. Dos depresiones la llevaron a “cuestionarse” a ella misma. Libertina desde siempre, se lanzó a ser escort “por pura curiosidad”. Practicó como aficionada por unos años antes de ponerse en serio. De “amateur”, se convierte en “profesional”.

“Esto me conviene”, dice. “No recomendaría esta actividad, pero a mí me conviene. No todo el mundo puede hacerlo, pero yo sí puedo. Y puesta a elegir, prefiero esto a otra cosa”. 

“Ya existía el SIDA, siempre ha habido insultos, violencia”

Samantha comenzó mucho antes. Salida de las clases populares de La Rochelle, a partir de los 14 años tiene relaciones sexuales tarifadas. “Los miércoles por la tarde y el sábado por la tarde, cuando no teníamos escuela, para ganar dinero para mis gastos”. Dos veces por semana, paseaba a su perro por un lugar de ligue y se hacía pagar a cambio de caricias. “A veces era un poco más, y entonces pagaban más”, dice. “Yo era completamente inconsciente. De hecho, era pedofilia. Pero en la década de 1980 nadie hablaba de eso”.

 A los 20 años, va a París. “Traté de reinsertarme”, recuerda con una sonrisa. Pero los problemas y los trabajos mal pagados se acumulan. En el París gay de mediados de la década de 1990, conoció a personas que, por deudas por alquileres impagados, la llevaron a Dauphine. Frente al Bois de Boulogne.

“Comencé aquí como gigoló”, dice, señalando el frontón de la estación de RER, ella que desde entonces vive plenamente su feminidad y ha rehecho su cuerpo “sin la ayuda de nadie, con mis dineros, ganados aquí “. Poco a poco, se mueve al otro lado de la plaza, cerca del bosque. Puntúa sus frases con una media sonrisa. “Me aceptaron, las antiguas me acogieron bajo su ala”. Estamos en 1996, en esa época solo hay “caminantes”, pocas furgonetas. Mostrando todos los rincones y las grietas de la plaza, Samantha relata la “Belle Epoque” de la década de 1990. “Ya existía el SIDA, siempre ha habido insultos, ha habido violencia”, dice. Pero se podìa trabajar. No se puede comparar con lo de hoy “. 

“Caza de putas”

Las tres han visto degradarse sus condiciones de trabajo bajo las embestidas de leyes más represivas que protectoras. En la calle Saint-Denis, Sandra recuerda la caza a la captación de clientes de los años de Sarkozy. “Dejaron caer a los propietarios a favor del proxenetismo. En aquella época, mediante alquiler, hacíamos los tres turnos en los apartamentos. Durante años, hicieron la vista gorda al proxenetimso hotelero y, de repente, jodieron a todo el mundo “. Sólo pudieron continuar las que eran propietarias, por su cuenta. Las demás fueron obligadas a juntarse en los sórdidos bulevares o en la penumbra de los bosques de la capital.

Samantha trabaja en el bosque desde hace años, desde que fue penalizada la captación. A mediados de la década de 2000, era detenida regularmente por la policía que patrullaba el bosque de Boulogne. Se pasaba noches enteras en las comisarías de La Faisanderie, Mozart o Crimea, “donde llevan a las putas”. “Los policías nos humillaban”, chilla. Las llamaban “señor”, las cacheaban desnudas, las repartían en grupos de doce en las celdas de custodia. “Aquello, por lo menos, se calmó”, sonríe, “pero después de eso, ha habido la penalización de los clientes. Eso se ha convertido en un horror”. 

“Tenemos que aceptar todo”

La “caza de putas” dirigida por la policía nunca ha preocupado a Eloise, ya que siempre ha trabajado en Internet, lugar de prostitución poco controlable. Por otro lado, al igual que sus compañeras de trabajo en las aceras, la ha afectado de lleno la penalización los clientes. “Desde los primeros debates, incluso antes del voto de la ley, esto se ha venido abajo”, dice. “Los clientes no venían. Una vez que se aprobó la ley, todo se ha degradado”.

 Cuando comenzó, hace siete años, Éloïse no volvía a contactar con los clientes cuyas llamadas se perdían. Tenía nuevas llamadas continuamente. “No había necesidad de hacer más”. Pero a partir de 2013, se ve obligada a apañárselas sola. “No nos damos cuenta, pero en Internet no es tan fácil. Hay mucho trabajo de marketing. Hay que tomar fotografías, publicar anuncios, responderlos, tener una buena referencia. Es un auténtico trabajo cuesta arriba “.

Antes de la ley, Eloise elegía a quién ver y a quién no. Cuando decía no, era no. Y después, el equilibrio de poder definitivamente se ha invertido. “Tenemos solicitudes constantes de relaciones de riesgo y, como tenemos menos clientes, tenemos que aceptar todo”.

Agarradas por el cuello

“Hoy, no tenemos otra opción”, resume Sandra, en su pequeño apartamento a media luz en la calle St. Denis. Durante mucho tiempo, sus clientes, además de los clientes habituales, eran “los pequeñas billeteras”, “los grandes tímidos” y los“locos”. “Pero ahora solo nos quedan unos pocos regulares, y el diez por ciento restante, los que se enfurecen”. Los robos, la violencia y los clientes hostiles se han convertido en el pan cotidiano de estas trabajadoras sexuales.

Para hacer frente, se organizaron. En la Rue Saint-Denis, todas las trabajadoras sexuales de su edificio están conectadas por un sistema de alarma que se dispara si una de ellas está en peligro. Un interruptor en la puerta, otro cerca de la cama. Tan pronto como hay un problema, lo aprietan para alertar a sus colegas, para hacer “tam-tam”.

En el bosque, no hay alarma posible. Las condiciones de las trabajadoras sexuales son aterradoras. “Son ellos los que arriesgan ahora, así que se permiten negociar”, dice Samantha escandalizada. Fuma nerviosa su cigarrillo y habla de los clientes que negocian la mamada a diez euros, los que no quieren protegerse, los que hacen bajar los precios entre diferentes trabajadoras. Echa pestes contra “aquellos que silenciosamente rompen el condón durante el polvo”. 

Antes de echar una larga bocanada de humo: “Todas estamos agarradas por el cuello. Los clientes saben que si nos negamos, inevitablemente lo encontrarán más barato”. Allí donde hacía una docena de clientes por noche, ya fuera en automóvil ya en el bosque, ahora apenas consigue tres servicios por noche. El día anterior, desde la medianoche hasta las 9 de la mañana, hizo dos. “He calculado que esto sale a menos de cuatro euros por hora. Así ya no se puede vivir.”

Lo último en salir a colación son las redes de proxenetas. En su parte del Bois de Boulogne, Samantha asegura que no hay ninguno. En la década de 2000, algunos equipos del Este intentaron tomar el lugar. Sin éxito. “Han emigrado a Vincennes. Pero las niñas explotadas también sufren la penalización de los clientes. Hay chicas rumanas que chupan por quince euros y se acuestan por treinta, en falda en medio del invierno, mientras que sus cabrones esnifan coca calientes en sus coches”. 

Agresiones, violaciones y asesinato

Además de los clientes que negocian precios o relaciones sexuales sin protección, hay agresores que se benefician de la precariedad de las trabajadoras sexuales. En el bosque, Samantha teme cada vez más a estas bandas que las acosan. Este verano, mataron a Vanessa Campos, una transexual colombiana, con una bala en el cuerpo después de haberla golpeado.

Durante ese mismo verano, a kilómetros de Boulogne, Eloise revisaba sus mensajes cuando un cliente la llamó. Había visto su anuncio en un sitio de internet y quería verla. Ella lo necesitaba, solo le quedaban más que unos pocos días para pagar el alquiler.

“Excepto que tengo talento para oler a la gente y él, por teléfono, no olía bien,, pero no pude negarme”, dice en voz baja. Su talento no la mentía. Nada más llegar, el cliente la apuntó. Al ver que ella no tenía dinero, la violó antes de golpearla y huir. “Nunca me había pasado esto”, dice. “Ahora tienes que ceder a todo”.

“No quiero parar”

Cuando surge el tema de las rutas de salida, establecidas en paralelo a la ley de penalización para permitir a las trabajadoras sexuales “reinsertarse”, Samantha estalla en carcajadas. “Es una mierda, nos ofrecen hoteles llenos de cucarachas y trabajos miserables”. Reflexiona: “Si hoy una joven me dice que quiere prostituirse, la ato a una silla para que no vaya, va a poner en riesgo su vida. Pero, nosotras, aquí estamos y aquí nos quedamos. Yo no quiero parar, solo quiero mejores condiciones de trabajo “.

Ninguna de los tres desea parar. Todas se niegan a que se les diga qué hacer. En su punto de mira, además del gobierno “hipócrita” que “no las conoce”, están las “abolas” como las llaman. Es decir, las “abolicionistas”, cuyo Mouvement du Nid hace de mascarón de proa, reclamando la abolición de los intercambios económico-sexuales, con el argumento de que el trabajo sexual es una dominación de los hombres sobre las mujeres. Posiciones que sacan de sí a Samantha, Sandra y Eloise. “Joder, pero dejadnos vivir nuestra vida, no pedimos nada a nadie”, se enoja una. “¿En nombre de qué me van a prohibir hacer lo que quiera?”, tiembla de cólera otra cuando la tercera precisa: “Estamos contra la trata de mujeres, contra las redes. Pero dejadnos ser libres a las independientes”.

“Si no derogan esta ley, es criminal”

Cuando uno intenta avanzar en algunos de sus argumentos, como la violencia que uno imagina legítimamente establecida en el mundo de la prostitución, las respuestas no tardan en llegar. “Espera, pero lavar a los viejos, llevar un arma en el ejército para matar gente o limpiar los baños ¿está bien?”, gruñe Sandra. “Vale cualquier cosa que no sea chupar pollas, pero ¿por qué? ¿Quién ha dicho eso”

La misma historia con Eloise. “Se ha decretado que la sexualidad pertenecía al terreno de la intimidad, pero es una concepción social. Yo no lo creo. No obligo a nadie a creer o hacer como yo, pero es insoportable que nos quieran impedir hacer lo que queremos “.

“Yo no vendo mi cuerpo”, prosigue. “Vendo una prestación por tiempo determinado de mi cuerpo”. En un momento, nos aventuramos a preguntar si les gusta su trabajo. “A las cuidadoras que limpian culos, ¿les gusta su trabajo?. A veces sí, a veces no. como a nosotras. Hay momentos duros y momentos agradables, igual que nosotras. Y los mineros, cuando se les dieron derechos en el siglo XIX, ¿se les preguntó si les gustaba su trabajo? Seguro que no. Nosotras también queremos derechos.” 

Mirando el bosque, Samantha sacude su cabeza enojada. “Nunca le he pedido nada a nadie. El dinero que he ganado siempre ha sido por mí misma, y hoy me veo obligada a rogar a la RSA porque ya no puedo vivir. Esta ley de los clientes no nos ha traído más que desgracia. Si no la derogan, es criminal”.

Y Sandra, desde la calle de Saint-Denis para aumentar su angustia. “Todo el mjundo tiene problemas de todas formas, sentimos que todo se crispa, ya veis lo que está pasando. Nosotras lo sabemos desde hace mucho tiempo, porque cuando todo va mal, estamos en primera línea. La gente viene a nosotras. Porque aquí siempre hay oídos para escuchar. Nosotras no juzgamos.. Ya es hora de que los demás hagan lo mismo con nosotras “. 

* se han cambiado los nombres

La penalización de los clientes atenta contra los derechos fundamentales de las trabajadoras sexuales

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

16 de noviembre de 2018

http://ma.lumiere.rouge.blogs.liberation.fr/2018/11/16/anticonstitutionnellement/

 

¡Inconstitucionalmente!

 

El lunes 12 de noviembre de 2018 el Consejo de Estado ha hecho pública una resolución favorable a la tramitación de una Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad (CPC) contra la penalización de la compra de servicios sexuales. Este era un paso necesario antes de que el Consejo Constitucional estudie la cuestión. Esto quiere decir que de aquí a tres meses, el tiempo legal establecido para responder, la penalización de los clientes podría ser derogada en Francia.

La asociación católica Mouvement du Nid había presentado un argumentario para oponerse al carácter fundamentado de la demanda e intentar bloquear su transmisión al Consejo Constitucional, pretendiendo representar una misión de servicio público y los intereses de las “víctimas”, pero su intervención no ha sido considerada de recibo.

Por el contrario, por lo que concierne al interés de actuar de los requirientes, la Señora Iljic, relatora pública, ha considerado que no era oportuno criticar el de la asociación Médicos del Mundo, en la medida en que el de las cinco personas físicas y la asociación STRASS asociadas en el requerimiento era indiscutible.

 

 

Las tres condiciones requeridas para la tramitación de la CPC han sido consideradas cumplidas, pero es sin duda la que se refiere al carácter fundamentado de los principios contitucionales invocados la que reviste mayor importancia.

Las asociaciones que representan a las trabajadoras sexuales invocan desde hace tiempo los efectos nocivos de la penalización de los clientes sobre el derecho a la salud y la seguridad de las personas. Se han añadido otros argumentos para defender el principio de autonomía personal, de libertad sexual y de respeto a la vida privada, pero son los principios de libertad de empresa y de proporcionalidad de las penas las que más peso han tenido a causa de su carácter “fundamentadamente nuevo”. La relatora, en efecto, ha declarado:

 “desde el momento en que el legislador no ha creído oportuno hacer de la prostitución una actividad ilícita, parece que la penalización de los que han recurrido a estos servicios atenta contra la libertad de empresa de las prostitutas”.

Recordemos que, en efecto, las trabajadoras sexuales seguimos siendo condenadas por “trabajo disimulado” cuando no declaramos nuestros ingresos al fisco o a la URSSAF, y que la justicia reconoce, por tanto, el trabajo sexual como una actividad económica legal en su forma autónoma. Existe, pues, una incoherencia jurídica al dificultar el ejercicio de una actividad legal y fiscalmente imponible.

Las trabajadoras y los trabajadores sexuales de Francia estamos esperando con impaciencia la decisión del Consejo Constitucional, esperando que ponga fin a los perjuicios sufridos por la penalización de nuestros clientes.

 

Georgina Orellano, premiada por el Colegio de Abogados de París por su defensa de los derechos humanos