Ley de libertad sexual, la paradoja de castigarnos por víctimas

La penalización de la tercería locativa comportará la clandestinidad para las trabajadoras sexuales y, en consecuencia, la imposibilidad de que las trabajadoras sexuales denunciemos robos, violaciones o agresiones, por miedo a perder nuestro hogar o ser expulsadas del país.

Por Carolina Clemente

Trabajadora sexual e integrante de Putxs en Lucha

21 de juliode 2021

https://www.elsaltodiario.com/opinion/ley-libertad-sexual-paradoja-castigarnos-victimas-teceria-locativa

Se llamaba Mercy, era nigeriana y ejercía el trabajo sexual, junto con otras compañeras, en un piso de Noruega. Un día, un agresor, haciéndose pasar por cliente, se presentó en el piso, las robó y las violó. La policía tardó tres horas en llegar. Tras prestar declaración en comisaría, fueron alojadas en un hotel. Cuando volvieron a su casa, el arrendador las echó, alegando que habían ejercido prostitución en ella. El resultado de denunciar una agresión fue quedarse sin casa: las habían desahuciado por putas.

El motivo fue que, en los países abolicionistas, es ilegal alquilarle una vivienda a una prostituta, ya que se considera delito de proxenetismo. La consecuencia de esta medida es la clandestinidad y, por ende, la indefensión. Así lo señala el informe de Amnistía Internacional El coste humano de “machacar” en el mercado: la penalización del trabajo sexual en Noruega.

Alquilar un espacio destinado a ejercer la prostitución es lo que en el Estado español se denomina “tercería locativa”. Una de las medidas que contempla la Ley de libertad sexual, aprobada en el Consejo de Ministros en segunda vuelta el 6 de julio, es su penalización, puesto que considera que extraer un beneficio del ejercicio de la prostitución de otra persona —aunque este beneficio se limite a un alquiler— es violencia. Pese a su enunciación feminista, esta penalización comportará la clandestinidad para las trabajadoras sexuales. Y, en consecuencia, la imposibilidad de que las trabajadoras sexuales denunciemos robos, violaciones o agresiones, por miedo a perder nuestro hogar o ser expulsadas del país. Así, de modo paradójico y nada inocente, el Ministerio de Igualdad pretende proteger la integridad física y psicológica de la mayoría de mujeres, al tiempo que expone al peligro a las mujeres que no cumplan con la nueva política sexual que impulsa. En otras palabras: castiga a toda mujer a la que considere un mal ejemplo para el resto.

El castigo estatal hacia las trabajadoras sexuales ha ido in crescendo en los últimos años: en un principio, se limitaba a un estigma simbólico, alimentado por las campañas publicitarias —financiadas con dinero público— que afirman que “se paga por nuestro sufrimiento”. Estas campañas, además de estigmatizantes, aunaban en la misma imagen trabajo sexual y trata, alimentando un discurso social que, además de obviar el papel de la Ley de extranjería como motor de la trata, definió a todas las prostitutas como víctimas sin voz. Más adelante la reproducción del estigma se convirtió en penalización económica, mediante la ley mordaza y las ordenanzas municipales. Una penalización destinada a las compañeras que captan clientela en la calle; precisamente las más vulneradas y precarizadas. A las represalias se sumó la invención de fábulas conspiranoides acerca de las trabajadoras sexuales politizadas, con las que nos acusan de ser proxenetas encubiertas tras una falsa identidad de trabajadoras sexuales o de defender los intereses de los mismos.

Ahora, el Ministerio de Igualdad pretende que las malas mujeres entremos en el Código Penal, resucitando un delito tipificado por el Código Penal del franquismo: la tercería locativa. Así, como segunda paradoja, encontramos que el partido que se alimentó de un discurso de conciencia de clase y democracia participativa castiga a las empobrecidas mediante una lógica penal franquista. No podemos olvidar, asimismo, que el PSOE, el mismo partido que despenalizara la tercería locativa durante la democracia y que tantas licencias ha concedido a clubs de alterne, esgrime ahora el argumento del cierre de los clubs como medida para acabar con la explotación.

No es sin motivo que este tipo de feminismo —defensor de la libertad, la integridad y el consentimiento de las mujeres privilegiadas, a costa de la penalización de las pobres— fue bautizado por Bernstein como “feminismo carcelario”. Tal y como reflejan los informes de Amnistía Internacional, los resultados de este tipo de medidas, no sólo en Noruega, sino también en Argentina, han resultado devastadores, tal y como recoge el informa Lo que hago no es un delito, también de Amnistía Internacional. Su gran logro igualitario ha sido aumentar el poder, abuso y control policial sobre las mujeres, así como la entrada de éstas en las instituciones penitenciarias: según la investigadora argentina Cecilia Varela, el 40% de las personas procesadas por la Ley de trata son mujeres.

Este tipo de legislaciones se venden a la opinión pública como “garantes de los Derechos Humanos”. Sin embargo, pese a este discurso propagandístico, acaban por violar diversos de estos derechos. Noruega, tercer país europeo en implantar el modelo abolicionista, es un perfecto escenario de análisis.

El primer derecho vulnerado con estas políticas punitivas es el derecho a la vivienda, puesto que, al tipificar, como delito de proxenetismo el alquiler de un inmueble destinado al ejercicio de la prostitución, en muchas ocasiones se desahucia a las trabajadoras sexuales de sus viviendas. Un claro ejemplo de esto fue la “Operación sin techo” (Noruega, 2007-2011), en la que se desalojó sistemáticamente a las trabajadoras sexuales de sus hogares. A fin de obtener su dirección y echarlas de sus domicilios, la policía noruega hostiga incluso a las trabajadoras que captan clientela en la calle, pese a que no ejerzan en sus casas. Los arrendatarios, a sabiendas de las dificultades habitacionales ante las que se encuentran estas compañeras, les exigen un alquiler más elevado. Estas medidas violan, por tanto, el derecho a no sufrir discriminación, a la intimidad y a la vivienda.

Enumerando las paradojas que encierra la Ley de libertad sexual, en su importación del punitivismo, añadimos la de un partido que se hizo con la confianza de la clase obrera por señalar el problema de acceso a la vivienda, la especulación urbanística y el impago de las hipotecas y al que ahora, con sus medidas, no le importa desahuciar a las menos privilegiadas.

En segundo lugar, otro de los derechos que se ven afectados por la propuesta de la “ley del sí es sí” es el de la seguridad de la persona: puesto que la policía actúa como cuerpo represor, las trabajadoras sexuales no denuncian los abusos a los que puedan verse sometidas; por tanto, los perpetradores gozan de impunidad. Dada la situación, en ocasiones, las trabajadoras sexuales optan por realizar los servicios en la casa de los clientes, exponiéndose al peligro: muchas veces, incluso los hoteles identifican y echan a las trabajadoras sexuales. También se penaliza a las compañeras que, por garantizar su seguridad, compartan espacio. Esta inseguridad a la que se ven abocadas las que viven bajo el punitivismo arroja luz sobre otra de las paradojas de la “ley de solo sí es sí”: una ley que pretende garantizar la integridad física, psicológica y sexual de las mujeres, al mismo tiempo, empuja al peligro a las trabajadoras sexuales, utilizándonos como el castigo ejemplarizante de quienes no sigan los mandatos de la nueva política sexual.

En tercer lugar, la criminalización de la tercería locativa supone un aumento de la presión policial sobre los lugares donde se ejerce prostitución. En esta persecución de prostitutas, la policía ha llegado a considerar como prueba de que en un inmueble se ejerza la prostitución el que haya preservativos. Con esto, se está violando el derecho a la salud sexual y reproductiva. En este mismo sentido, tal y como denuncia ONU SIDA, la criminalización aumenta el contagio del VIH: los clientes problemáticos, conocedores de la clandestinidad y la vulnerabilidad a las que se ven sometidas las trabajadoras, acaban por exigir prácticas de riesgo.

En ningún caso estas medidas ayudan a acabar con la trata, pese al argumento populista de que están destinadas a acabar con la explotación. Tal y como señala Amnistía Internacional, de las 280 denuncias presentadas en Noruega, en el ámbito de la prostitución forzada, entre 2006 y 2014, solo se han dictado 32 sentencias. Paradójicamente, no se protege a las víctimas de trata, sino que sucede lo contrario: al recaer la sospecha de prostitución especialmente sobre las migrantes, se dan muchos casos en que las víctimas de trata acaban siendo perseguidas.

En cuanto a Argentina, la ley vigente es la Ley de trata, la cual, al igual que la Ley de libertad sexual, anula el consentimiento de la trabajadora y tipifica como delito todo lo que rodea al trabajo sexual (alquiler de inmuebles, transporte, limpieza, ayuda con la organización, etcétera). En consecuencia, las trabajadoras sexuales se ven expuestas al acoso, abuso e incluso sobornos policiales, ya sea éstos a cambio de avisar de un allanamiento o de una declaración favorable ante el juez.

Esgrimiendo como justificación esta ley, las trabajadoras sexuales argentinas padecen de constantes allanamientos, con conductas violentas y robos de sus efectos personales, detenciones, arrestos con armas de fuego e interrogatorios coercitivos —incluyendo en éstos a los psicólogos que, lejos de respetar la confidencialidad exigida por el código deontológico, suelen colaborar con la policía—. También se ven sometidas, pese a que su actividad no está reconocida como trabajo, a inspecciones normativas por parte de los funcionarios, quienes en ocasiones también les exigen sobornos a cambio de no multarlas o no clausurarles el piso.

Como puede deducirse, los esfuerzos de la ley, pese a llamarse “Ley de trata, no se concentran en perseguir a las figuras criminales, sino que acaban criminalizando a las mujeres a las que dicen rescatar. Una paradoja del mismo tipo se da en la Ley de libertad sexual donde, como bien señala la jurista María Luisa Maqueda, las penas por trata son menores que las de violación.

La persecución de las trabajadoras sexuales se suele fundamentar en estereotipos —apariencia, comportamiento, etcétera—. Esto puede dar pie a la discriminación de mujeres sospechosas de prostitución, como mujeres trans y/o migrantes; por tanto, se está dificultando el acceso a la vivienda a colectivos ya de por sí discriminados. Es aquí dónde se vislumbra otra de las paradojas del Ministerio de Igualdad: por un lado, impulsa una Ley trans para acabar con la discriminación de un colectivo históricamente vulnerado. Por el otro, propone una ley que supondrá una mayor precarización y la criminalización de gran parte de dicho colectivo; esa mayoría cuya única salida laboral es el trabajo sexual.

Esta ley es otro ejemplo más de cómo el Ministerio de Igualdad ha diseñado una meritocracia del buen comportamiento sexual. Así, las trabajadoras sexuales hemos quedado excluidas del IMV. De la misma forma, se entorpeció nuestra recuperación económica post-confinamiento, cuando se ordenó el cierre de nuestros espacios de trabajo.

Y, ante esta inminente criminalización, el Ministerio de Igualdad sigue sin recibirnos, para que le expongamos las consecuencias de sus políticas; más bien, se limita a desmentir nuestros temores, asegurando que estas reformas legales no van a atentar contra nosotras, pese a que el texto de la ley no presenta ninguna garantía de estas afirmaciones. Sin embargo, nosotras, las trabajadoras sexuales, somos conocedoras de cómo las medidas abolicionistas, pese a no estar dirigidas directamente a penalizarnos, sí repercuten negativamente en nuestro trabajo y nuestras vidas. Mientras no se despenalice la tercería locativa, no habrá autoorganización que se sostenga -ya que alquilarnos un espacio donde trabajar será un delito-. Así, el negocio del sexo pasará a depender de quien tenga contactos y poder. Vemos cómo este feminismo institucional da la espalda a nuestras compañeras más precarizadas y cómo las va a servir en bandeja a una justicia patriarcal, tránsfoba, racista, putófoba y clasista.

La Ley de libertad sexual no niega nuestro consentimiento por considerarnos víctimas. Más bien lo hace porque nos considera culpables y que, en consecuencia, no debemos beneficiarnos de protección legal alguna en lo que se refiere a nuestra integridad física, psicológica y sexual. Que esto lo lleve a cabo “el Ministerio de Todas las Mujeres” puede resumirse en una frase: la verdadera paradoja es un feminismo que establece jerarquías de mujeres.

Comunicado de prensa del Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS)

A propósito de la aprobación de la Ley Orgánica de libertad sexual

Fuente: (CATS)

6 de julio de 2021

https://www.murcia.com/nacional/noticias/2021/07/06-comunicado-de-prensa-del-comite-de-apoyo-a-las-trabajadoras-del-sexo-cats.asp

La Ley del “sólo sí es sí” incluye, en su última versión, la criminalización de todo el entorno de la prostitución y va a constituir, de facto, la práctica ilegalización de la actividad en nuestro país, dejando a las mujeres que la ejercen en una situación muy complicada y sin opciones para poder sobrevivir y mantener a sus familias.

Esta inclusión de última hora ha impedido a las asociaciones de trabajadoras sexuales y aliadas poder alegar durante el periodo de consulta pública (ya que el primer borrador no contenía referencia alguna a la prostitución).

No estamos en contra de la Ley. Las trabajadoras sexuales también pueden ser objeto de violencia sexual y esta ley es también para ellas: el consentimiento es fundamental para separar lo que es delito de lo que no lo es.

La criminalización de la prostitución es un parche absurdo, oscuro y perverso: la Ley de Libertad Sexual pone el consentimiento de la mujer como base para mantener relaciones sexuales y, paradójicamente, niega ese mismo consentimiento si la mujer lo hace por dinero.

Las trabajadoras sexuales ya estaban cansadas de ser infantilizadas y ninguneadas por los poderes políticos. Ahora son objeto de prácticas maquiavélicas que dicen pretender salvarlas. Eso sí, tapándoles la boca.

Nunca un colectivo social había sido tan ignorado en iniciativas legislativas que les afectaran.

Es innegable que existe mucha explotación y muchos abusos en la prostitución. Pero la solución no es ilegalizarla, no es criminalizar todo su entorno, dificultarles que alquilen habitaciones o trabajen en clubes o burdeles. Esto es hacer su vida mucho más difícil. Más arriesgada. Más clandestina. Más vulnerable a caer en manos de intermediarios, protectores y delincuentes en general.

Para luchar contra la prostitución forzada y la explotación, la prohibición y la criminalización de la prostitución no es la herramienta adecuada ya que se puede conseguir justo el efecto contrario, como sucedió en EEUU con la Ley Seca y la prohibición del alcohol hace ahora un siglo. No aprendemos de la historia.

Para no dejar en la calle a decenas de miles de mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país hay que ofrecer buenas oportunidades formativas, laborales y habitacionales que dudamos mucho que puedan conseguirse para todas, incluso en momentos de bonanza económica. Y si esto no es posible, estamos condenando a muchísimas mujeres y a sus familias a la precariedad más absoluta

Nueva Zelanda despenalizó la prostitución hace 20 años, y protege especialmente a las trabajadoras sexuales de la explotación y los abusos del empresariado. Nuestros legisladores deberían estudiarla.

Pedimos que se retire la prostitución de la ley de libertad sexual.

Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS)

Las prostitutas ya se pueden sindicar en España

 

Eva María Hernández Ramos

Directora legal y socia iSEC. Presidenta Instituto Alana.

26 de junio de 2021


I.- Introducción

Las trabajadoras sexuales han sido, desde el comienzo de la organización laboral, excluidas de los sindicatos y, en la mayoría de países europeos, no pueden afiliarse. Así se destaca en el informe Intersectional activism toolkit for sex workers and allies”, del CRSE (International Committee on the Rights of Sex Workers in Europe (2018).

Históricamente, y como apunta  Mathieu, L. (2003) en su obra; “The emergence and uncertain outcomes of prostitutes’ social movements”, los movimientos de trabajadoras sexuales afrontan obstáculos legales, políticos y sociales; pero también falta de estructura organizativa porque es, mayoritariamente, una actividad temporal y/o discontinua para ellas. Por ejemplo, en actividades marcadas por la temporalidad  no tenemos asociaciones, como lo son los y las estudiantes de autoescuela.

Además de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales, hablamos de protección de su integridad, salud, salvaguarda de su privacidad e intimidad, lucha contra la violencia y el derecho a no ser discriminadas o estigmatizadas.

Como movimiento de la defensa de estos derechos, un grupo de trabajadoras sexuales fundaron un sindicato en 2018, conocido como Sindicato “OTRAS”, que vio negadas sus denuncias por la Audiencia Nacional, anulando sus estatutos por no considerar la prostitución como contrato de trabajo válido.

Sin embargo, el pasado 1 de junio, la Sentencia del Tribunal Supremo 584/2021, dictada por la Magistrada Rosa María Virolés, ha supuesto una revolución en el sector tras anular esta prohibición de la Audiencia Nacional.

II.- El origen del activismo en la prostitución

El neo-activismo de las trabajadoras sexuales comenzó en la década de los 70, cuando se luchaba por defender el trabajo sexual como trabajo laboral, aunque esta lucha es histórica.

El estudio “Less equal than others” ha realizado un profundo análisis de la historia del activismo en la prostitución, en el que detalla la compilación de hechos que enumeramos a continuación.

La prostituta Margot St. James formó la primera organización en convocar a una agencia de trabajadoras sexuales en Estados Unidos, denominada COYOTE (Lopez-Embury, S. & Sanders, T. (2011). Sex workers, labour rights and unionization. In T. Sanders, M. O’Neill & J. Pitcher (Eds.), Prostitution. Sex Work, Policy and Politics).

Sin embargo, estas constantes luchas traen sus inicios en la época medieval, como cita Mac y Smith “Revolting Prostitutes, The Fight For Sex Workers’ Rights”, respecto a los gremios conformados en burdeles medievales que se declaraban en huelga; así como la Marcha de Mujeres de 1917, cuando 200 trabajadoras de San Francisco marcharon contra el cierre de burdeles.

No es sino hasta los 80, cuando el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales se desarrolló y se volvió más global. De hecho, fue en 1985 (en Ámsterdam) y en 1986 (en Bruselas), cuando se celebró el Primer y Segundo Congreso Mundial de Prostitutas.

En 1985, se elaboró la Carta Mundial de los Derechos de las Prostitutas (ICRSE – International Committee on the Rights of Sex Workers in Europe (2005), Sex Workers’ Rights) con el objetivo de proteger sus derechos en todo el mundo.

En 2005, se firmó la Declaración de los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa, enumerando los derechos que ostentan, que no son otros que los mencionados en la Declaración de los derechos humanos (igual protección ante la ley; igual nivel de salud física y mental, entre otros).

Los movimientos de trabajadoras sexuales se crean para expresar sus opiniones en el debate público de la prostitución y se organizan políticamente (Mathieu, L. (2001). An Unlikely Mobilization: The Occupation of Saint-Nizier Church by the Prostitutes of Lyon. Revue Française De Sociologie).

III.- La legalidad del Sindicato OTRAS. Fondo jurídico

Según Gall, en su obra “Sex worker unionisation: an exploratory study of emerging collective organisation, Industrial Relations Journal”, el principal obstáculo al que se enfrentan estos movimientos activistas es el estigma de la prostitución, y es éste el principal problema de ambigüedad de la STS 584/2021. ¿Utiliza dicha palabra para hablar tanto de la actividad ilícita como de la “alegal”? Pues sí.

Las trabajadoras sexuales consideran su actividad como trabajo sexual, pero sienten que la situación de limbo jurídico en nuestro país no promueve una postura proactiva frente a las represalias sociales y administrativas que padecen (Agustín, L. M. “Questioning solidarity: outreach with migrants who sell sex” 2007).

Así, la opresión promueve la creación de uniones para la defensa de sus derechos, como es el caso del Sindicato “OTRAS” (ORGANIZACIÓN DE TRABAJADORES SEXUALES). Sus estatutos definen la actividad de sus afiliados y afiliadas como “trabajos sexuales en todas sus vertientes”, trabajos cuya laboralidad ha sido citada en numerosa jurisprudencia (por ejemplo, la STS 208/2010, de 18 de marzo) y no es contraria al Derecho (espectáculos eróticos, alterne, líneas calientes, cine porno…).

Llegados a este punto, nos encontramos con opiniones enfrentadas dentro del ámbito jurídico que, aprueban o condenan lo dispuesto en la STS 584/2021, de 1 de junio. Los comentarios oscilan entre los que abogan por el abolicionismo, por una contundente normativa que criminalice la prostitución, o considerando esta sentencia como incoherente al legalizar un sindicato que carecen de empleadores o de patronal.

Pero, ¿Tienen patronal las trabajadoras de hogar particulares? ¿Los cuidadores de ancianos? ¿Qué impide no tener patronal para reclamar tus derechos? La Sentencia afirma que no existe patronal por ser ilícito, pero aprueba la constitución del sindicato. Para unos, está confiriendo derechos necesarios por los que se ha luchado durante años desde el activismo histórico.

El reconocimiento de los derechos de trabajadores sexuales que no realizan actividad ilícita alguna, no debe diferenciarse de aquellas actividades de sexo legal que, tan frecuentemente, vemos en redes sociales, aplicaciones como “Onlyfans”, o intercambios sexuales sin remuneración que se dan en nuestra sociedad.

Existe otro sector que considera que, a pesar de que la prostitución no se reconoce como actividad laboral, es necesario reconocer el derecho de libertad sindical que negó la Audiencia Nacional. La STS 584/2021, excluye la prostitución por cuenta ajena al ser considerada ilícita, pero mantiene la ejercida por “cuenta propia” de forma independiente. Por ello, consecuentemente, se reconoce el derecho a la libertad sindical de los trabajadores por cuenta propia según lo invocado en el artículo 3 de la Ley Orgánica 11/1985, de 2 de agosto, de Libertad Sindical:

No obstante lo dispuesto en el artículo 1.2, los trabajadores por cuenta propia que no tengan trabajadores a su servicio, (…), podrán afiliarse a las organizaciones sindicales constituidas con arreglo a lo expuesto en la presente Ley, pero no fundar sindicatos que tengan precisamente por objeto la tutela de sus intereses singulares, sin perjuicio de su capacidad para constituir asociaciones al amparo de la legislación específica”.

Además, existe un tipo de trabajo sexual aceptado socialmente, dedicado a personas con diversidad funcional e impedimentos físicos severos.

¿Qué tipo de acciones y líneas de trabajo se adoptarán para protegerlo del abolicionismo? ¿Se ha tenido en cuenta en algún momento?

IV.- Conclusiones

Es hora de caminar hacia una realidad que equilibre el verdadero mercado del sexo en nuestro país, de ofrecer protección a colectivos que no son contrarios a Derecho y que, en poco o nada, difieren de otras actividades sexuales legales que se han normalizado.

No debemos confundir actividades ilícitas como el proxenetismo coactivo o la explotación sexual, con la actividad por cuenta propia independiente ya que el sexo no es ni bueno ni malo, simplemente lo es el uso que hagamos del mismo, pero ¿Quién define la prostitución, ahora mismo, la prostitución permisible o indeseable?

Existe un sector que piensa que, la STS 584/2021 presta a confusión al utilizar la palabra prostitución independientemente de si hablamos de conductas ilícitas o alegales, pero realmente ni siquiera la RAE (La Real Academia Española) atribuye a la palabra “prostitución” connotaciones ilícitas;

Prostitución

  1. f. Actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero.

Cuestión aparte es la definición del término “proxeneta”, definido en la RAE comoPersona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona”, pero la normativa no delimita el beneficio económico al determinar en el art. artículo 187 Código Penal que; “Se impondrá la pena de prisión de dos a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses a quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma.”.

La jurisprudencia se ha pronunciado sobre ello estableciendo un (STS 1428/2000 de 23 de septiembre) un lucro económico notable.

Respecto a las diferencias entre feministas y trabajadoras sexuales, aunque inicialmente existió una buena alianza entre feministas y prostitutas, se produjo una enorme división internacional tras los años 80 (Graça, M. & Gonçalves, M. (2016). Prostituição: Que Modelo Jurídico-político para Portugal?).

Esta separación, fue avivada por las diferencias en la percepción de la prostitución, ya que para unas es una forma de violencia machista contra la mujer y es inherentemente opresiva, dañina y explotadora (por ejemplo, Barry, K. (1984). Female sexual slavery. New York University Press  o MacKinnon, C. (1987), y para otras es una forma de trabajo elegida libremente y precisan de los mismos derechos que los demás trabajadores (O’Neill, M. (2001). Prostitution & feminism. Towards a politics of feeling. Polity Press).

Por último, debe estructurarse la gestión del anonimato en el sistema asociativo y sindical actual respecto a la actividad.

La gestión sin opción a privacidad del sistema asociativo y sindical actual no ha permitido la movilización real de colectivos que sí funcionan con normalidad y plenitud de capacidades, por ejemplo, en los espacios online.

Podemos buscar un símil en las asociaciones de enfermos de HIV. ¿Quién se anotaría a una asociación cuya pertenencia obliga a aparecer en ciertos censos y registros comprometidos?

V.- Normativa

Código Penal (artículos 187 y 188).

Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana.

Ley Orgánica 11/85, de 2 de agosto, de Libertad Sindical (art. 3).

VI.- Jurisprudencia

STS 584/2021, de 1 de junio.

STS 208/2010, de 18 de marzo.

STS 1428/2000 de 23 de septiembre.

VII.- Doctrina

  • “Less equal than others. The laws affecting sex work and advocacy in the European Union”. Study for the GUE/NGL group of the European Parliament – Conducted by Alexandra Oliveira. Noviembre 2020.
  • Mathieu, L. The emergence and uncertain outcomes of prostitutes’ social movements. The European Journal of Women’s Studies. 2003.
  • Mac, J. & Smith, M. Revolting Prostitutes, The Fight For Sex Workers’ Rights. 2018
  • Lopez-Embury, S. & Sanders, T. “Sex workers, labour rights and unionization”.
  • Mathieu, L. “An Unlikely Mobilization: The Occupation of Saint-Nizier Church by the Prostitutes of Lyon”. Revue Française De Sociologie. 2001.
  • O’Neill, M. “Prostitution & feminism. Towards a politics of feeling”. Polity Press. 2001.
  • Graça, M. & Gonçalves, M. “Prostituição: Que Modelo Jurídico-político para Portugal?” 2016.
  • Barry, K. “Female sexual slavery”. New York University Press.  1984.
  • MacKinnon, C. “Feminism unmodified: discourses on life and law”. Harvard University Press. 1987.

Posible Ley Integral de Trata española: diversidad en el trabajo sexual, estratos normativos y otros conceptos

Eva María Hernández Ramos

Directora legal y socia iSEC. Presidenta Instituto Alana.

 20 de junio de 2021

 I.- Introducción

El creciente debate que se ha suscitado acerca de la prostitución y los diversos modelos legislativos en la materia, oscila entre dos escenarios opuestos: (i) la prostitución como forma de explotación sexual y violencia de género o, (ii) un tipo de trabajo cuya alegalidad o “limbo jurídico” viola los derechos humanos de las personas involucradas en el mercado del sexo.

El problema de este debate radica en que, generalmente, descansa sobre criterios morales, ideológicos o filosóficos en lugar de basarse en el conocimiento, ya sea científico, técnico o jurídico. Uno de los principales temas que se debería abordar a la hora de redactar la nueva “Ley Integral de Trata” española es tratar de solucionar problemas concretos de las personas que venden sexo de forma libre, voluntaria e independiente.

Mientras se pone el foco en utopías y conceptos alejados de la realidad, la prostitución continúa en su día a día y los problemas asociados a ella no se mitigan; como el impacto en la salud, la seguridad y las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales, aumentando la estigmatización de quien ejerce la prostitución de forma libre.

Pero, para comprender la legislación sobre prostitución, sea legalizadora o abolicionista, y poder adoptar políticas y prácticas basadas en datos objetivos, es necesario analizar la efectividad de las leyes a tres niveles; (i) estatal, (ii) autonómico (aunque según el país de referencia lo denominaremos también como regional o comarcal) y (iii) municipal.

En el presente artículo, hemos compilado diversa doctrina en la materia, estudios contenidos en el informe “Less equal tan others. The laws affecting sex work, and advocacy in the European Union”, así como opiniones y consideraciones propias basadas en la práctica real y jurídica.

II.- Reglas básicas del mercado del sexo:

En primer lugar, uno de los puntos clave es conceptualizar correctamente la materia:

A/ Comparativa entre países vs niveles internos de regulación.

Antes de realizar comparativas entre las diferentes regulaciones sobre prostitución existentes en la Unión Europea, a fin de obtener conclusiones o datos que puedan ayudarnos a adoptar líneas de actuación concretas, debemos clasificar y agrupar los diversos enfoques legislativos.

Nos encontramos con gran cantidad de tipologías basadas en diferentes conceptos como la criminalización, regulacionismo, legalización, despenalización, abolicionismo, neo-abolicionismo, etc…

Y todos ellos, se combinan y aplican de diferentes maneras, en tres niveles internos de regulación, y no de un único modelo como suele hablarse:

i.- Estatal, ii.- Autonómico, iii.- Municipal.

Estos tres niveles legislativos hacen poco operativa la comparación entre la regulación del trabajo sexual en España y otras legislaciones nacionales de la Unión Europea, por lo que aconsejamos no realizarlo de esta manera. Analizar la idoneidad del modelo español, comparándolo con el alemán, holandés o suizo (modelos legalizadores), pone de manifiesto que aunque la actividad sea alegal o, incluso se encuentre legalizada a nivel estatal, puede afrontar trabas en otros niveles como el autonómico/regional/comarcal o municipal en diferentes países.

Esto quiere decir que, aunque estemos analizando el modelo legalizador de Alemania, hemos de tener en cuenta la práctica real que asiste su normativa regional, e incluso municipal, en la materia, para verificar el grado de obstáculos que las trabajadoras sexuales pueden encontrar en todos los niveles regulatorios.

Incluso en los modelos legalizadores nos encontramos con trabas como; retrasos o falta de tramitación en las licencias de actividad local, zonas de exclusión de actividad municipales que anulan la legalidad estatal de la actividad, infracciones administrativas de celo que paralizan las actividades legalizadas (medidas de seguridad, de prevención de incendios o exigiendo un alto volumen de requisitos inasumibles para particulares o pequeños locales) o acciones policiales disuasorias para ofertantes y demandantes de servicios (registros frecuentes, identificaciones, etc.).

Por esta razón, se precisa un nuevo marco legal integral y transversal en materia de trabajo sexual, que integre leyes nacionales, autonómicas (regionales y/o comarcales) y municipales.

Esta circunstancia, hace difícil utilizar el derecho comparado como categoría analítica y herramienta de clasificación. (Östergren, P. “From Zero-Tolerance to Full Integration: Rethinking Prostitution Policies”).

B/ Prostitución vs trabajo sexual.

La palabra “prostitución” aumenta el estigma del colectivo. Podríamos referirnos a la actividad como “trabajo sexual”, término propuesto en 1970 por una activista estadounidense de las trabajadoras sexuales, según cita Leigh en su obra “Inventing sex work. In J. Nagle (Ed.) Whores and other feminists. Routledge. 1997”, con el fin de enfatizar las cuestiones laborales al detrimento de los supuestos morales.

Además, el sentido etimológico de “ofrecer” o “mostrarse” ha visto modificado su sentido con el trasvase de la actividad a Internet. Allí el grado de exposición de las ofertantes de sexo es muy dispar, variando desde la exposición en imagen real a la ausencia total de ella.

B/ Trabajo sexual voluntario vs “Trata”:

Se debe diferenciar el trabajo sexual voluntario, libre e independiente entre adultos, para diferenciarlo de la explotación sexual y el proxenetismo regulado en los artículos 187 y 188 del Código Penal. No confundamos el trabajo sexual con la trata de personas, un patrón asumido en informes de políticos, académicos, medios de comunicación, cuerpos legislativos y muchas ONGs.

Enfatizamos que la trata de personas, la explotación sexual y la prostitución de menores son, en la realidad, indiscutiblemente ilegales, según se pone de manifiesto por Agustín, L. M. “Trabajar en la industria del sexo, y otros tópicos migratorios”, o Feingold, D. “Trafficking in numbers: The social Construction of human trafficking data”.

Asimismo, si bien una parte de las personas que venden servicios sexuales son víctimas de la trata de personas, muchas trabajadoras sexuales no lo son, como lo demuestran las investigaciones de Kempadoo, K., Sanghera, J., & Pattanaik, B. “Trafficking and prostitution reconsidered: New perspectives on migration, sex work, and human rights. 2016”, o de Oso, L. (2006). “Mulleres inmigrantes y prostitución en Galicia. 2006”.

III.- El razonamiento del discurso abolicionista

Para poder legislar en la materia, hemos de conocer el impacto que las leyes, tanto legalizadoras como abolicionistas, han generado en la actividad.

Los estudios realizados por la publicación “Less equal than others. The laws affecting sex work, and advocacy in the European Union” ponen de manifiesto que “la criminalización de cualquier forma de trabajo sexual tiene consecuencias devastadoras en la vida de las trabajadoras sexuales en la Unión Europea en relación a la atención médica, prevalencia y riesgo de contraer el VIH y enfermedades de transmisión sexual, estigmatización y discriminación, victimización y marginación física y sexual por marcadas desigualdades sociales”.

Los modelos normativos sobre prostitución en Europa son generalmente abolicionistas, aunque existe una gran brecha entre las leyes y las políticas reales, y como comentamos anteriormente entre los tres niveles (estatal, autonómico y municipal) dentro del mismo Estado. Hoy en día, los abolicionistas consideran la prostitución como la “personificación absoluta del privilegio patriarcal masculino”, como apunta Kesler, K. (2002). “Is a feminist stance in support of prostitution possible?”, y una violencia contra la mujer que priva de su dignidad de la mujer (European Women’s Lobby (2019). Working to ensure an end to trafficking and sexual exploitation: CEDAW Committee consultations in 2019).

“La prostitución se percibe como violencia machista, que encuentra lógica y apoyo en la estratificación social y la vulnerabilidad de las mujeres” (Piscitelli, A. (2012). Feminismos e Prostituição no Brasil: Uma Leitura a partir da Antropologia Feminista. Cuadernos de Antropología Social).

Uno de los argumentos del gobierno sueco para abolir la prostitución es la creencia de ser la única vía para detener la trata de personas con fines de explotación sexual. De esta forma, se establece un vínculo entre la trata sexual y la prostitución, en el que se argumenta que debido a la demanda, los proxenetas buscan “oferta” perpetuando esta demanda (European Women’s Lobby (2019). Working to ensure an end to trafficking and sexual exploitation: CEDAW Committee consultations in 2019).

Además, el informe “Less equal than others. The laws affecting sex work, and advocacy in the European Union” tampoco encuentra indicios de que con la “Sex Purchase Act” se haya reducido la prostitución, pero sí ha probado que han aumentado los problemas sociales, el desplazamiento espacial y el riesgo en el tipo de relaciones con los clientes, sin líneas de actuación para la  reducción de daños. “Criminalizar la compra de servicios sexuales aumenta la esclavitud sexual al actuar bajo determinadas condiciones impuestas, con una consecuente caída en los precios”, según este informe.

Un claro ejemplo de réplica en las desigualdades relacionadas con la migración en la regulación del sexo comercial a través de la prostitución, es el modelo nórdico. Modelo instaurado en Suecia, Finlandia, y también en Francia, Irlanda, entre otros, que conduce a consecuencias negativas en la seguridad de las trabajadoras sexuales, pero que se han omitido totalmente en su discurso.

Otros opinan que el abolicionismo percibe todas las situaciones de prostitución como victimizantes, dirigiendo el discurso solo a las mujeres, instaurando un enfoque simplista, aumentando sesgos y ejemplificando la explotación sexual. No se responde a la multiplicidad de situaciones y experiencias en el campo del trabajo sexual.

¿Será necesaria otra Ley Orgánica en el futuro que de luz a las siguientes preguntas?;

¿Se regulará la prostitución del colectivo homosexual? ¿La nueva “Ley Integral de Trata” incluirá la libre prostitución dentro de su articulado abolicionista? ¿Se regulará únicamente la prostitución ejercida por mujeres, pero sin tener en cuenta las particularidades de la prostitución homosexual masculina y la prostitución dentro de los colectivos TS, TG y TV o la actividad no será dotada de una perspectiva de género y abarcará al mercado “gay-transexual”? ¿El “único” elemento ilegalizador en el mercado del sexo entre personas libres es la introducción del dinero?

Por otro lado, existe un sector de trabajo sexual dedicado a personas con diversidad funcional y, en ocasiones, impedimentos físicos severos ¿Se llevarán acciones para proteger del abolicionismo atenciones de tipo afectivo-sexual? ¿Cómo?

La prostitución, no es ni buena ni mala, es malo el uso que se realiza de la misma. La prostitución por cuenta ajena, sujeta a proxenetas, es ilícita. ¿Pero, se está definiendo el grado de lucro o beneficio de las ganancias que resultan abusivas? El lucro como la explotación debe cumplir unos requisitos ya citados en diversa jurisprudencia como la STS 1428/2000 de 23 de septiembre al citar “obtener un lucro económico notable”, pero, no está tasada concretamente en la normativa.

¿Quién definirá la prostitución buena y la mala?

IV.- Breve análisis de la regulación europea y su impacto

Los estados miembros presentan grandes diferencias a la hora de legislar sobre la prostitución. Nos encontramos desde países que criminalizan plenamente la actividad hasta otros que la legalizan en un amplio espectro. Esta diversidad se puede verificar, no solo a nivel nacional, entre países y estados, sino también a nivel autonómico, regional, comarcal o municipal.

Encontramos 18 estados en la UE, que penalizan y/o utilizan otras formas de sanción legal hacia los consumidores de prostitución (Bélgica, Bulgaria, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Polonia, Portugal, Eslovaquia, España, Suecia y Eslovenia). Sin embargo, incluso si ésta no está tipificada como delito (como el caso de España), las condiciones de las trabajadoras sexuales son difíciles y contribuyen a su estigmatización, aislamiento y dificultan la defensa de sus derechos.

Los seis países que han legalizado el trabajo sexual (Austria, Alemania, Grecia, Hungría, Letonia y Países Bajos), surge una contradicción; en lugar de proteger a las mujeres que venden sexo, las controlan. Ante esta supervisión administrativa, la relación con la policía  se desarrolla con desconfianza, dominada por la desprotección en los países donde el trabajo supuestamente está legalizado (Oliveira, A., & Fernandes, L. (2017). Sex workers and public health: intersections, vulnerabilities and resistance. Salud Colectiva).

En España, según el estudio de Villacampa, C., & Tones, N. “Effects of the criminalizing policy of sex work in Spain. International Journal of Law Crime and Justice”, las multas se dirigen principalmente a las mujeres que trabajan en la calle, pero no a los clientes.

Las trabajadoras sexuales extranjeras en Suecia evitan denunciar violaciones y robos por el miedo a ser deportadas  (Vuolajärvi, N. “Governing in the Name of Caring—the Nordic Model of Prostitution and its Punitive Consequences for Migrants”). La policía en Estocolmo se hace pasar por clientes, contactando en línea con “escorts” para averiguar la ubicación de los apartamentos e, incluso, acusan a los propietarios de delinquir como explotadores (Levy, J., & Jakobsson, P. “Sweden’s abolitionist discourse and law: Effects on the dynamics of Swedish sex work and on the lives of Sweden’s sex workers”).

En España, la policía asume un rol de control pero no de proteccionismo, puesto que no apoya ni aporta información sobre servicios sociales y recursos disponibles (Villacampa y Tones).

V.- Conclusiones

Ante la inminente redacción de la “Ley Integral de Trata”, sería importante escuchar a las trabajadoras sexuales que luchan por el reconocimiento de su actividad como trabajo y por el derecho a ser protegidas de la violencia y estigma.

Tanto políticos como instituciones públicas, deberían abogar por una gobernanza colaborativa involucrando a expertos, ONG y trabajadores sexuales para definir la hoja de ruta de la actividad.

Asimismo, las trabajadoras sexuales no son un grupo homogéneo y engloba numerosas variedades que deben ser escuchados y tenidos en cuenta  (mujeres y hombres cis y trans, LGBTIQ, drogodependientes, indocumentados, migrantes, personas de color).

Además, es importante clasificar el colectivo de clientes con sexualidad diversificada (fobias sociales y de comunicación, discapacidades físicas y otros aspectos) que deberán ser tenidos en cuenta antes de proyectar una normativa de corte abolicionista.

Deben evitarse las leyes que confunden el trabajo sexual, con la explotación y la trata. Tampoco deben basarse en la eliminación del trabajo sexual, ya que es contradictoriamente perjudicial para identificar a víctimas de la trata, según indica Global Network of Sex Work Projects. “The Impact of ‘End Demand’ Legislation on Women Sex Workers”).

A tenor de Agustín, L. M. (2004). “Trabajar en la industria del sexo, y otros tópicos migratorios”, detrás de muchas situaciones de trata suele existir un propósito migratorio. El marco de lucha contra la trata debe orientarse en una política europea de migración diferente podría reducir el número de víctimas de trata (Global Alliance Against Traffic in Women. “Sex Workers Organising for Change: Self-representation, community mobilisation, and working condition”. 2018).

VI.- Doctrina

  • “Less equal than others. The laws affecting sex work and advocacy in the European Union”. Study for the GUE/NGL group of the European Parliament – Conducted by Alexandra Oliveira. Noviembre 2020.
  • Östergren, P. “From Zero-Tolerance to Full Integration: Rethinking Prostitution Policies”. 2018.
  • Kesler, K. “Is a feminist stance in support of prostitution possible?” 2002.
  • Piscitelli, A. “Feminismos e Prostituição no Brasil: Uma Leitura a partir da Antropologia Feminista” https://www.redalyc.org/articulo. oa?id=1809/180926074002
  • Villacampa, C., & Tones, N. “Effects of the criminalizing policy of sex work in Spain”. 2012.
  • Leigh C. “Inventing sex work. In J. Nagle (Ed.) Whores and other feminists. 1997”.
  • Agustín, L. M. “Trabajar en la industria del sexo, y otros tópicos migratorios”. 2012.
  • Feingold, D. “Trafficking in numbers: The social Construction of human trafficking data. 2010.
  • Kempadoo, K., Sanghera, J., & Pattanaik, B. “Trafficking and prostitution reconsidered: New perspectives on migration, sex work, and human rights”. 2016.
  • Oso, L. “Mulleres inmigrantes y prostitución en Galicia”. 2006.
  • Oliveira, A., & Fernandes, L. “Sex workers and public health: intersections, vulnerabilities and resistance”. 2017.
  • Villacampa, C., & Tones, N. “Effects of the criminalizing policy of sex work in Spain”. 2017.
  • Vuolajärvi, N. “Governing in the Name of Caring—the Nordic Model of Prostitution and its Punitive Consequences for Migrants”. 2019.
  • Levy, J., & Jakobsson, P. “Sweden’s abolitionist discourse and law: Effects on the dynamics of Swedish sex work and on the lives of Sweden’s sex workers” 2014.

VII.- Jurisprudencia

  • STS 1428/2000 de 23 de septiembre.

La cuestión ya no es si la prostitución es trabajo: la cuestión es si las mujeres tienen capacidad jurídica.

Desde 1961, el modelo abolicionista adoptado por el Estado español, a la vez que reconoce el derecho de las mujeres a prostituirse y no penaliza, por tanto, ni a prostitutas ni a clientes, penaliza el entorno físico y organizativo que necesitan las prostitutas para realizar su actividad (publicidad, espacio físico, protección…), con variaciones a lo largo del tiempo.

Siendo, así, legal la prostitución, lo que no se ha reconocido nunca es el carácter laboral de la prostitución organizada empresarialmente por terceros, aunque esta organización empresarial si ha sido reconocida bajo un subterfugio legal amparado por sentencia del Tribunal Supremo. La razón de esta negación del carácter laboral de la prostitución a terceros (y, por tanto, la negación a las prostitutas de los derechos laborales que reconoce la Constitución a los trabajadores) ha sido “la moral y las buenas costumbres”. Esta referencia a la moral y las buenas costumbres que hace el Código Civil para considerar ilícito un contrato (laboral en este caso) es lo que impide que las trabajadoras sexuales sean amparadas por la Constitución.

Sin embargo, el juego ha cambiado. El nuevo paradigma es que la prostitución es “violencia de género” y, por tanto, debe ser prohibida mediante la penalización de los clientes. Esto ya no es una referencia a “la moral y las buenas costumbres”; esto es directamente la negación de la capacidad jurídica de las mujeres, es decir, patriarcado en estado puro.

Si una relación sexual entre adultos es violencia, es violación, y sólo hay violencia si no hay consentimiento. Si a pesar de haber consentimiento, el legislador considera que hay violencia, debe proceder al borrado del consentimiento expresado por la “víctima”; debe considerar “irrelevante” su “sí”; debe, en definitiva, negar la capacidad jurídica de esa persona, anular su derecho fundamental a la dignidad, violar la Constitución.

La expresión “violencia de género” en lugar de, sencillamente, violación, es porque ese borrado de la capacidad de consentir se aplica exclusivamente a las mujeres. Y no se habla de violación porque ningún juez, en un Estado de Derecho, condenará a un hombre por violación habiendo consentimiento expreso por parte de la mujer. Se crea una zona gris a la que se puede conducir a las mujeres, un estado intermedio entre la absoluta infantilización y la adultez, una zona en la que su capacidad de decidir puede ser negada haciendo como que no es negada: la vulnerabilidad.

Una secta de mujeres “invulnerables” ha emprendido el asalto del Estado democrático, dispuesta a imponer su ideología mediante presiones y chantajes, mediante la violencia.

Lo que hoy está en juego no es el reconocimiento del carácter laboral de la prostitución a terceros. Eso ya es historia. Lo que está en juego es el derecho de las mujeres a disponer libremente de su cuerpo y de su vida. Este derecho que la Constitución denomina “dignidad” y al que considera fundamento de su propia legitimidad es lo que hoy es denominado despectivamente “el mito de la libre elección” por quienes están en contra de la libertad individual de las mujeres.

Ha terminado el tiempo en que los “feminismos” acordaban dejar a un lado el tema de la prostitución (borrar a las prostitutas) para preservar la unidad del “feminismo”. El tiempo que ha llegado es el de la defensa de los derechos democráticos de las mujeres frente al asalto de la secta “feminista radical” totalitaria.

¡MI CUERPO, MI DECISIÓN!

“Si volviera a nacer, volvería a elegir ser prostituta”

Fátima Olivares, delegada de Ammar, es prostituta hace 42 años y aseguró que ama su profesión. En el día de las y los trabajadores sexuales contó como están hoy

Por Soledad Segade segade.soledad@grupoamerica.com.ar

3 de junio de 2021

https://www.diariouno.com.ar/sociedad/si-volviera-nacer-volveria-elegir-ser-prostituta-n837096

Fátima Olivares, es prostituta hace 42 años y aseguró que ama su profesión.

Yo elegí ser prostituta cuando tenía 24 años. Yo lo elegí y si volviera a nacer, lo volvería a elegir. Amo mi profesión y soy una profesional”, aseguró Fátima Olivares, de 66 años, en el día de las y los trabajadores sexuales. Además, es delegada general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), y asiste a 60 mujeres en Mendoza que viven una situación de mucha vulnerabilidad.

Su vida no es fácil. Tiene siete hijos, y desde muy chica decidió trabajar en la prostitución debido a que debía alimentar a su familia. Con mucho trabajo y sacrificio consiguió tener su casa, un refugio para sus hijos.

Hace un año su casa se incendió, y uno de sus hijos que estaba en el interior de la vivienda murió como consecuencia de las llamas.

Con la pandemia por Covid desde el 2020 le fue resultó difícil juntar dinero para salir adelante una vez más. Sin embargo, ella muestra una gran fortaleza y nada la detiene.

El 2 de junio es el día de los y las trabajadoras y trabajadores sexuales en todo el país. En Mendoza no se realizó ningún acto ni evento, ya que aseguró que acá “son muy conservadores, aunque muchos hombres, especialmente los casados, nos buscan”.

Fátima Olivares lucha desde la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar) por los derechos de las prostitutas.

La celebración se realizó en Buenos Aires. Fátima contó que en la mañana estuvieron en la Casa Roja, donde se asiste a las chicas con comida, con asistencia médica, y testeos. Durante la tarde el evento se realizó en la Plaza Miserere, donde pasaron videos que mandaron de todas las provincias para estar presentes.

En Mendoza hay cerca de 200 mujeres trabajadoras sexuales, también varias travestis y alrededor de 10 hombres que ejercen la prostitución. Desde Ammar, Fátima Olivares asiste a 60 mujeres que están en una situación muy vulnerable, y que tienen hijos.

La ayuda es con mercadería que le entregaba la provincia y con los cupos laborales de Potenciar Trabajo, de la Nación, pero Fátima sostuvo que la mercadería no la recibe desde el año pasado, y los cupos de trabajo fueron suspendidos y desconoce hasta cuándo. Por lo tanto, las chicas hoy subsisten especialmente de las asignaciones por hijos y de la tarjeta Alimentar.

Hace años que Fátima lucha por los derechos laborales para todos los trabajadores sexuales, como el acceso a una obra social, ya que, insistió que es una profesión que no dejará de existir.

Debido a la pandemia y las restricciones sanitarias, Fátima aseguró: “No estamos trabajando. La única manera es que uno que se conoce con cliente lo llama y se junta en un departamento, o en la casa del cliente, ya que no hay hoteles, salvo algunos pueden pagar un lugar más caro. Sino directamente en la vía pública”.

Con la crisis económica que hay, detalló que muchas mujeres grandes que habían dejado de trabajar, salieron de nuevo porque no tienen dinero para vivir, pero que también muchas jóvenes comenzaron a transitar esta profesión por la misma necesidad de dinero.

Si bien nuestro trabajo no está legalizado, tampoco está prohibido”, expresó la mujer que lleva 42 años en la prostitución, profesión que es requerida por muchos, pero denigrada por muchos otros.

Fátima Olivares es delegada general de Ammar.

“Tuvimos dos ordenanzas municipales. Una fue el cierre de saunas, cabarets y departamentos, y las chicas volvieron a salir a las calles. Algunas son nuevas y no conocen bien, otras son mujeres que ya saben cómo es el manejo”, contó Fátima.

Y agregó que la otra ordenanza que les complica aún más su trabajo es la penalización al cliente. “Ahí actúan los preventores, que cuando las chicas tienen que trabajar tienen que hacer un arreglo o hacerles sexo oral para que las dejen trabajar. La Policía hace lo mismo, las corretea, no las deja trabajar, tenés que pagar coimas o hacer sexo oral”.

Además de esto, muchas mujeres sufren robos, “nunca falta alguien que vaya a robarles, además de padecer violencia institucional”.

Fátima, quien en sus años de carrera vivió y vio de todo, dijo que ella entrega preservativos a las chicas para que se cuiden, además que en la Casa de la Salud de la mujer, reciben atención médica y pueden pedir otros métodos anticonceptivos, realizarse testeos, y también exámenes ginecológicos.

En cuanto al cupo trans que debe darse especialmente en las reparticiones del Estado, Fátima dijo que es algo que no se cumple correctamente, ya que las chicas trans deben hacer muchos trámites y aquellas que tienen VIH no son recibidas, por lo que no les queda otra opción que seguir en la prostitución.

Si todas tuviéramos las mismas posibilidades de trabajar para el Gobierno no habría más prostitución”, aclaró Fátima Olivares.

La prostitución como salida laboral: “No queremos ser excluidas del sistema”

En una de las semanas más importante para la lucha por la despenalización de trabajo sexual, y cerca del próximo “Ni Una Menos”, dialogamos con una trabajadora y referente en la prostitución. 

Por Gonzalo Aragon y Lucrecia Gasco

2 de junio de 2021

https://www.perfil.com/noticias/actualidad/la-prostitucion-como-salida-laboral.phtml

Georgina Orellano en el día internacional de las trabajadoras sexuales | Instagram

El objetivo de Georgina es invitarnos como sociedad a salir del imaginario que se genera alrededor del tema para ponernos los pies en el barrio. “Un buen punto inicial es definir qué es trabajo sexual para profundizar en la postura de la despenalización y el peso que tiene en la actividad económica nacional”, explica.

—¿Desde qué punto crees que la militancia puede visibilizar las realidades con las que ustedes coexisten?

—Es importante la visibilidad que nos da la militancia, la organización sindical, el colectivo de trabajadores sexuales porque es dar a conocer nuestra realidad, que durante mucho tiempo estuvo oculta y hasta desconocida. Eso también se refleja en las políticas públicas, desde la ausencia del estado, hasta la teoría construida desde la academia, las discusiones dentro de los feminismos que siempre fueron sin las voces de las trabajadoras y los trabajadores sexuales, y que han construido discursos y narrativas que, generan estigmas, más discriminación y nos topamos con discursos victimizantes.

—¿Qué tan útil sería un relevamiento sobre cuántas de ustedes no acceden al sistema bancario, para usar este como argumento de lucha?

—Para nosotras todo tipo de relevamiento hacia nuestro colectivo es útil porque justamente no hay datos, nosotras somos un sujeto inexistente para el estado. No conoce ni cuantas somos, ni cómo es nuestra situación habitacional, ni nuestra situación económica, ni sabe cómo está compuesta nuestra familia, hay un total desconocimiento en torno a nuestra vida y nuestra existencia. Queremos políticas públicas que contengan nuestras demandas y problemáticas. No queremos ser excluidas del sistema. Queremos disfrutar de tener una cuenta bancaria, caja de ahorro, darnos de alta en el monotributo. ¿Cuándo vamos a poder tributar como trabajadoras sexuales? ¿tenemos que seguir mintiendo y ocultando?

“Es importante la visibilidad que nos da la militancia, la organización sindical, el colectivo de trabajadores sexuales porque es dar a conocer nuestra realidad, que durante mucho tiempo estuvo oculta y hasta desconocida”.


—Una crítica fuerte desde los feminismos apunta a las políticas de asistencialismo. ¿Cuál es tu mirada al respecto?

—El feminismo también ha pensado con respecto a las trabajadores sexuales con una mirada asistencialista, y con una mirada de salvadora, de programas de rescate de salvar a las putas, en donde intentan darnos un trabajo que signifique “mayor dignidad”, que el que tenemos o generarnos microemprendimientos con un bajo costo en ingresos económicos, que hace que la compañera, por más que tenga la posibilidad de acceder al microemprendimiento, necesite seguir ejerciendo el trabajo sexual para cubrir todas sus necesidades básicas. 

—¿Las trabajadoras sexuales fueron beneficiarias del Ingreso Familiar de Emergencia?

—Muchas de las trabajadoras sexual mujeres cis pudieron acceder porque ya estaban adentro del sistema financiero con el programa asignación universal por hijo, muchas otras no y quedaron en el camino. Creo que una de las cosas que tiene en particular el estado es pensar sus políticas detrás de un escritorio, y con una mirada totalmente burocrática y no adaptarse a las distintas realidades que atravesamos las personas.

—¿La pandemia cómo les afectó?

—Las compañeras trans migrantes viven en condiciones insalubres, casas tomadas, inquilinatos. Recibimos en nuestra organización a compañeras pidiéndonos por favor que las ayudemos a inscribirse al IFE, que no sabían cómo hacerlo. Muchas compañeras no tenían ni siquiera tenían correo electrónico. Empezamos a re educarnos entre todas. Con el programa Procrear de viviendas, quienes pueden acceder son solo los que están registrados y están dentro del sistema, y los que no estamos dentro del sistema siempre quedamos como espectadores viendo como otros pueden acceder a este tipo de políticas y como a nosotras se nos precariza cada vez mas nuestras vidas.

—¿Qué impacto crees que puede generar dentro de la despenalización del trabajo sexual, series como “Sky rojo”?

—Nosotras hemos realizado distintas críticas a cómo fueron narradas nuestras vidas en el cine, en la televisión, en las telenovelas. Muchas veces se piensa visibilizar lo que fue durante siglos ocultado bajo la alfombra, pero lejos que darle de visibilización se genera un mayor estigma social hacia quienes ejercemos de trabajo sexual. Estamos cansadas de que nuestras vidas sean un espectáculo para ciertos espectadores. Esperan siempre lo mismo que seamos salvadas y cuentan nuestras vidas desde ciertos lugares donde se vuelven a reproducir narrativas estigmatizantes, discursos victimizantes, asociaciones de nuestros trabajos con el delito de la trata de personas y la explotación sexual.

“El estado debería otorgarnos derechos como obra social y jubilación, acceso a la vivienda y la educación; y también alternativas laborales concretas para aquellas personas que desean otra posibilidad y combatir la trata de persona”.

—¿Qué debates deberían darse?

—Existen un borramiento hacia el agenciamiento y la voluntariedad de la toma de decisiones que tienen los trabajadores y las trabajadoras sexuales sobre nuestros cuerpos. Lo que sirve es escuchar las voces de los protagonistas. Históricamente denunciamos la ausencia total del estado, la represión policial y el pago de coimas como la falta de derechos. Es importante abandonar esta disputa entre abolicionismo y regulacionismo. El estado debería otorgarnos derechos como obra social y jubilación, acceso a la vivienda y la educación; y también alternativas laborales concretas para aquellas personas que desean otra posibilidad y combatir la trata de persona.

La despenalización es un punto de partida recomendado por varios organismos internacionales, como OIT, Amnistía Internacional, y organismos como UNAIDS, que llevan adelante la concientización y lucha contra enfermedades como el HIV y el SIDA.

“Trabajo en la calle y lidio con el estigma y la discriminación, vecinos que nos aceptan y otros que no. A veces la policía no nos deja trabajar y otras veces si, las putas tenemos estrategias de autocuidado, nos alertamos y avisamos, nos defendemos y tratamos de respetarnos entre nosotras. Decido trabajar de día, aunque sé que la noche pareciera ser nuestro único destino. Cuando termino de trabajar hago lo mismo que la gran mayoría hace: voy al supermercado y pienso que voy a cocinar a la noche. Vivo día a día. En el trabajo sexual hay clandestinidad y no hay derechos laborales, a veces cuando pasan las horas y no se trabaja nada me angustia pensar que no me podré jubilar de nada, que jamás tendré una obra social pero que deberé seguir lidiando con el estigma y la violencia institucional. Hasta cuándo vamos a seguir discutiendo sobre qué hacer con el trabajo sexual cuando el cuerpo lo ponemos nosotras”, relata Georgina en sus redes.

“Soy una puta que elige este trabajo todos los días: ni loca me encerraría en una oficina por la misma plata”

En el Día de la Trabajadora Sexual, Loly Gils habla desde su experiencia: la de una mujer que había sufrido todo tipo de violencias y comenzó a ofrecer este servicio por necesidad. Hoy dice amar su oficio y que, si su hija adolescente quisiera, le enseñaría a hacerlo

Por Mercedes Funes

2 de junio de 2021

https://www.infobae.com/sociedad/2021/06/02/soy-una-puta-que-elige-este-trabajo-todos-los-dias-ni-loca-me-encerraria-en-una-oficina-por-la-misma-plata/

“Me visto normal, no soy una mina que me vayan a ver burda. Nunca me gustó entrar a un lugar y que digan ‘esta es puta’. Soy una señora puta, totalmente orgullosa de lo que hago”, contó (Fotos: Nicolás Stulberg)

El número es desconocido, y el emisario ni siquiera se presenta. “Qué ganas de cogerte”, dice el mensaje. Loly Gils no necesita pensar la respuesta: “Qué ganas de bloquearte”, escribe. El potencial cliente responde: “¿Pero qué te pasa? No te vas a enojar por esto, si vos trabajás para calentar”. Entonces la morocha de 43 años baja la música y devuelve un audio claro y contundente: “Vos estás muy confundido. Yo no trabajo para calentarte. Yo trabajo para vender un servicio, que vos no estás respetando. Si vos querés cogerme, te paso la lista de precios con gusto”. No hace falta ser muy sagaz para adivinar que se impusieron las ganas de Loly, y el desconocido fue bloqueado.

En la foto de su Whatsapp de trabajo a Loly Gils —como prefiere identificarse para esta entrevista con Infobae— no se le ve la cara: está de espaldas, usa lencería sado, tiene puestas unas esposas de cuero con cadenas y el cuerpo arqueado para que las manos agarren los tacos altísimos. Detrás de esa imagen, se siente una mujer mucho más libre que hace ocho años, cuando apenas podía pagar las cuentas y mantener a sus hijos con su trabajo de moza en un bar de Pilar.

“Soy una puta que no se siente estigmatizada”, asegura. Y cuenta que primero arrancó haciendo webcam por consejo de una amiga: “Cuando empecé a hacer esto era una mamá que tuvo que salir a laburar, a hacer algo porque no tenía otra cosa, y encontró una amiga que le dijo ‘pongámonos delante de la cámara a mostrar el culo que vamos a sacar tanto por mes’”. De ahí hasta el primer encuentro sexual a cambio de dinero pasaron dos años. “Yo todavía era camarera y me dijeron que había unos clientes del bar a los que yo les encantaba y que querían estar conmigo. Yo no tenía un mango, porque no nací en Palermo, eh. Yo nací en Lanús Oeste y en ese momento vivía en Tortuguitas en una casa, sola con mis dos hijos, que son de diferentes papás -recuerda-. Y fui a ver a esta pareja y fue re linda. Y cuando llegué a mi casa con toda la plata que tenía en las manos dije: ‘¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estuve haciendo todo este tiempo?’. Tenía 35 años y era una laburadora, con la diferencia de que estaba buenísima y que todos mis jefes se querían acostar conmigo. Y dije: ‘Pará: soy una boluda, yo estoy perdiendo plata, me gusta el sexo, me gusta seducir, vivo caliente, ¡ya está!, ¡esto es lo mío!”´.

Cada 2 de junio se conmemora el Día Internacional de la Trabajadora Sexual para recordar la discriminación de las prostitutas y sus condiciones de trabajo. La fecha es en memoria del 2 de junio de 1975, cuando cerca de 150 prostitutas ocuparon la Iglesia de Saint-Nizier de Lyon, Francia, para hacer visibles los abusos y la violencia institucional

—Bueno, pero ese primer paso fue por necesidad. Tal vez no lo hubieras dado en otras condiciones.

—Está bien, sí, la realidad es que al principio lo hice por necesidad. Pero antes de eso yo me sentía tan sola en la vida que salía con cualquier chongo pelotudo para coger y para no sentirme sola. Ponía mi cuerpo, ponía mi mente, ponía todo, y no sacaba nada… ¡y me moría de hambre! Tenía una casa que era una vergüenza, no me alcanzaba para mantener a mis hijos. Y de pronto encontré algo que era para mí. De casualidad tuve que ir a un evento por el Día del Amigo al programa que hacían Coppola, Veira, Basile y todo ese grupo en C5N y, aunque nunca estuve con ninguno, quedé en contacto y empecé a ir a bailar con ellos. Entonces con otra chica empezamos a organizar despedidas de solteros para jugadores de fútbol. Creamos un grupo que se llamaba “Artesanas del amor”.

—¿Y convocaron a otras chicas?

—Sí, no era fácil al principio. Yo no conocía a nadie para decirle. Me crié en un barrio, mis amigas de toda la vida eran todas virgas, destinadas a ser “Susanitas”, y yo también soy medio Susanita todavía. Fue todo muy rápido. Íbamos uniformadas. Acordamos desde el primer momento cómo iba a ser. Nunca nos quedamos con una comisión de las demás. Viajábamos por todos lados, producíamos todo. Y ahí sí empecé a tener sexo yo también.

—¿Cuántos años tienen tus hijos ahora? ¿Les contaste desde el primer momento lo que estabas haciendo?

—Tengo un varón y una nena, que ahora tienen 25 y 17 años, y en ese momento tenían 16 y 8. Para mí fue muy importante manejarlo con naturalidad desde el principio. Desde que empecé a trabajar en esto lo hablé con ellos, con mis padres, con mis hermanos. Cada una de las personas que me conocen sabe cuál es el trabajo que hago. Siento que es importante que se vea la otra cara. Que muchas de nosotras elegimos hacer esto, que muchas amamos hacer esto. Yo aprendí a entender a los seres humanos con los que trabajo. A ver que hay otro tipo de hombres: mirá que yo vengo de haber sido violada por mi tío a los 16 años, de ser una mujer golpeada en mi casa, y por mi primer novio que era un adicto, pero me escribía cartitas de amor y entonces yo estaba enamorada. Y me quise ir de mi casa para salir de la violencia y tuve un hijo a los 18 por no cuidarme, y me fui a vivir con un chabón que también era violento porque estaba enfermo. Yo tuve experiencias fuertes con los hombres como para decir ‘no, los machos son todos una mierda’. Pero aprendí a perdonar y a no generalizar: no te chocás todos los días con la misma piedra.

—En todo caso, trabajar no te debe haber parecido más peligroso que lo que habías vivido gratis en tu propia casa, en los lugares que tenían que ser seguros.

—Claro, yo ya había corrido ese riesgo en mi casa. Y hace ocho años que hago esto de manera presencial y nunca jamás tuve una mala experiencia. Me han mandado una foto desubicada y no sabés las contestaciones que les doy. Nunca me encontré con un tipo agresivo o falopero, no me pasó porque tengo una forma muy particular de ejercer mi trabajo. Me conocen como “la artesana del amor: arte-sana-amor”, o “la puta ama”, los dos extremos (se ríe). Los últimos cuatro años me dediqué a parejas: no a tríos de curiosos que quieren ver qué pasa en esa situación, sino a parejas de hombre y mujer, donde hay amor y que al otro día se tienen que levantar y mirarse y quieren que sea lo mejor que les pasó. Me contacta el hombre o me contacta la mujer, y si me contacta el hombre, antes de tener un encuentro le pido hablar también con la mujer, y le hago un cuestionario: “¿Lo hacés por él? ¿Lo hacés por vos? ¿Hay besos? ¿No hay besos? ¿Querés que lo toque? ¿Va a haber penetración?”. Y, típico, me dicen: “¡Ay! No sé si la penetración…”. Y yo: “Bueno, pensalo, porque es la imagen que te va a quedar”. Y entonces, después, la mina que viene acá es mi mejor amiga. Y me visto normal, no soy una mina que me vayan a ver burda. Nunca me gustó entrar a un lugar y que digan “esta es puta”. Soy una señora puta, totalmente orgullosa de lo que hago. Y como me presento, como una señora puta, es el respeto que el cliente tiene conmigo. Si yo dijera barbaridades, recibiría eso. Si dudara, se aprovecharían. Pero si te plantás, no pasa. Que Dios me perdone, pero si vos me mandás un mensaje con faltas de ortografía, yo no te voy a contestar. Si en la foto de perfil veo que sos una persona que no puede pagar los $11.000 que cobro por la hora en mi casa, no me interesa hablar con vos. Porque sos el que después me escribe “qué buenas tetas”, “si te agarro en cuatro te parto”, y no me interesa ni necesito hacer número con eso. Prefiero tener menos clientes, pero buenos.

—Uno a veces desde afuera imagina que los clientes son siempre viejos desagradables o bien Richard Gere, esto de pasar de la victimización a la romantización del trabajo.

—Yo aprendí a querer y valorar mucho a los hombres. Trabajo con disfunciones sexuales. Escucho historias de hombres que han sufrido mucho, que han sido maltratados y dañados. Al tipo no se le para más y es descartado, cuando no puede satisfacer a una mujer se siente totalmente inútil, porque pierde todo su poder fálico. El machismo también es eso y ellos lo sufren. Y yo laburo mucho ese tema. He tenido clientes que han tenido erecciones después de tres años y han llorado conmigo. Yo digo que soy la pachamama de los pitos muertos (se ríe). ¡Te juro! No me preguntes qué hago, se ve que los levanto con cariño y con miradas. No soy ordinaria, soy de los sentidos, necesito tocar, sentir, conectarme desde otro lado con la persona. Han venido tipos que querían hacer las cosas así rapidito y les he dicho: ‘Si lo hacemos a tu manera, en 15 minutos nos vamos a estar fumando un pucho en el sillón. Si lo hacemos a la mía, te puedo asegurar que la vas a pasar realmente bien’. Yo necesito fidelizar clientes. Y este es un trabajo en el que se les puede hacer mucho bien a otros sea lo que sea que necesiten: un abrazo y un beso, que le pares el pito o que le pises los huevos con el taco. Porque también existen los fetiches y vos no podés juzgar a nadie por lo que le gusta. Que elijas hacerlo está en vos, hay muchas cosas que yo ni me imagino haciendo, pero siempre vas conociendo compañeras que hacen distintas cosas y les vas pasando el laburo.

—¿Cómo es eso de fidelizar? ¿Tenés clientes hace mucho tiempo?

—Sí, algunos desde hace años. Tengo un cliente que vive en Canadá que me manda postales, ¡tengo una pila así! (la muestra), viajo con él. Lo conozco hace tres años. Con otro cliente viajé a Brasil. En 2015 viajé a la India, a Dubai, a Nepal, a las Islas Maldivas, tuve un cliente presencial que nos pagó el viaje a mí y a otra chica. Lo más gracioso con ese cliente fue que salimos dos años y cogimos tres veces: él dormía en otra habitación con un pibito… ¡Después nos dimos cuenta de que nos había llevado de pantalla! Hay clientes de hace mucho a los que les tengo cariño, porque les prestás la atención que te dan. A veces son solos y para ellos soy como su mujer. Y no soy una mina que me aproveche, porque si no, ¿sabés dónde estaría? Pero no me gusta aprovecharme de ese cariño ingenuo, porque me doy cuenta de que realmente lo necesitan. Sacarles la guita, no, yo cobro por mi trabajo: es esto, esto y esto. ¿Lo podés pagar? Ok, y si no, lo siento. Porque su problema no es mío, yo no me vinculo con los clientes desde ese lugar. No soy amante de nadie. No me cabe ser amante. Ya lo fui y no me gustó, yo estoy para ser protagonista.

—¿Por un viaje cuánto te pagan?

—Por el aislamiento no estoy viajando, pero este trabajo me llevó por todo el mundo. Y si te vas una semana con un tipo, no podés cobrar menos de 500.000 o 300.000 pesos. Si la hora sale $11.000, no podés poner un número más bajo para la semana. Después arreglás según el cliente, el lugar, pero a veces te dicen ‘dale, vení, vamos, te pago el pasaje y todo’. ¡De ninguna manera! ¿Cuando vuelvo qué hago? Para mí, estos últimos meses fueron muy difíciles porque tuve dos operaciones seguidas en el útero, que me dieron mucho dolor, y me terminaron haciendo pelear un poco con el laburo, a mí que estoy todo el día montada –no solo para presencial sino virtual y en las redes–, y con dolor no te dan ni ganas. Pero bueno, también me hizo dar cuenta de que es algo que elijo, que no cambiaría. Hay un mundo que es real y mucho menos sórdido del que se muestra a veces. Yo tuve una perseverancia en esto que llevó a que me respetaran. Hay gente que tiene encuentros pagos desde hace meses que todavía no concretó: tengo un sumiso financiero al que solamente le gusta que le mande links y le diga cuánta plata le voy a sacar. El otro día me dijo: “Sobrepasamos los cien mil pesos en el año”. Me pareció lo más calentón que vi en la vida.

—¿Estás en pareja? ¿Tuviste alguna pareja estable desde que empezaste a trabajar?

—Volver a estar en pareja, no. Sí tuve novio. Yo empecé con esto cuando me separé del papá de mi hija. Y cuando tuve un novio muy serio dejé de trabajar. Después tuve una relación muy importante con una persona que conocí trabajando, que fue hermosa, estuvimos un año y pasamos mucho tiempo de cuarentena juntos, acompañándonos. Y ahora estoy con alguien pero es más un compañero de vida.

—¿Y dejaste de trabajar cuando estuviste con esa persona que conociste trabajando?

—Dejé de trabajar porque aparte llegó la pandemia y me puse muy selectiva. Me organicé para tener solo dos encuentros semanales, con reserva, con barbijo. Si querés que te bese, te beso, me encanta besar, pero traeme los papeles donde dice que sos negativo.

—¡O sea que existe lo del sexo con barbijo!

—¿Viste? Cuando se levantó la cuarentena y empecé a hacer otra vez presencial, llamé a un cliente de años y le dije ‘vamos a ver qué sale, vamos a ver si se puede coger con barbijo y sin besos, porque yo necesito empezar a trabajar’. Y sale bastante bien: sale tocarse de otra manera, sentirse de otra manera, rozarse más y descubrir otras cosas que uno a veces está tan compenetrado en el beso o en el sexo en sí, que se olvida de un montón de cosas en la cama.

—Me quedé pensando en lo de la pareja. ¿Es difícil encontrar a alguien que entienda lo de “con vos es por amor y con el resto es por plata”, y sostener eso, o es algo que vos tampoco querés hacer cuando te pasa?

—Ese es el tema. Te dije: yo soy bastante Susanita. Y, si me enamoro, se me hace muy difícil. A la otra persona, en general, al principio no. Pero, lamentablemente, después sí. ¿Y sabés qué? Es lo que quizá yo espero, porque es cuando vos me estás amando, cuando querés que sea tuya y que ya sí te importa que esté en la cama con otro. Yo quiero un hombre que me diga: “Loca, vamos a ponernos una verdulería, pero sos mi mujer”. Y yo dejo todo. Yo te juro que voy a dejar el trabajo cuando encuentre un tipo que se merezca una mina como yo. No me voy a quedar con ningún gil, ya me comí a todos los giles que encontré. Si algo sé de la vida es lo que no quiero; para dónde carajo voy no tengo idea.

—Me contaste que hacés reiki, ¿cómo manejás la energía de los clientes?

—Me dicen: “Tu trabajo te chupa la energía, te cargás de la energía de los clientes”. Sí, y ellos de la mía, y yo me fortalezco de mis clientes. Este trabajo le ha dado mucho sentido a mi vida. Si a mí hoy me decís: “Te doy la misma plata que ganás y andá a encerrarte en una oficina”, te digo “¡Ni loca!”. Yo esto no lo voy a dejar hasta que no tenga un compañero de vida con el que esté segura de que no voy a pasar necesidades. Yo hoy puedo pagar mis cosas sin abrir las facturas: ya me pasó que no pude pagar, ya me pasó que no tuve para darles de comer a mis hijos; ya amé, ya me amaron, y no me voy a volver a cagar de hambre. Va a tener que tener mucha más plata que yo y antes de casarme mostrarme todas las tarjetas de crédito (se ríe), ¡pero quiero un compañero!

—Decís que lo volverías a elegir y que es el trabajo que harías frente a cualquier otro, incluso por la misma plata. Si tu hija de 17 años te dijera que quiere hacer lo mismo que vos, ¿qué le dirías?

—Le diría: “¿Lo querés hacer, de verdad lo querés hacer? Te enseño a hacerlo y a sentirlo”. Y que si lo va a hacer le sea realmente productivo, para que sepa qué es lo que tiene que hacer y qué no. Le diría: “¿No hay otras opciones? ¿Se puede hacer otra cosa?”. Y si me dice que lo que elige es esto, le voy a enseñar. Y va a ser la mejor del mundo, pero le voy a enseñar a cuidarse, a protegerse. Yo cuando se lo conté a mis hijos les dije: “Les prometo que nunca jamás en la vida me voy a poner en ninguna situación de riesgo o de peligro para ganar plata, ni en ningún lugar en donde me traten mal”. Y nunca lo hice. No salgo de noche, donde salen los faloperos, donde salen los borrachos. No voy a trabajar a la calle, no me visto provocativa. Este es mi trabajo, después, soy una mujer, como cualquiera, que elige esto todos los días.

—Vos no militás, ni estás en el sindicato, pero lo que hace la AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) tiene que ver con sacar el trabajo sexual de la clandestinidad. Vos lo hacés de una manera natural, hablando con tus hijos, llevando con orgullo tu oficio.

—Yo les he enseñado a trabajar a infinidad de chicas, sin pedir nada a cambio, pero a mi manera. Yo no me considero una prostituta. Prefiero que me digas puta, porque para mí la prostitución es otro tema: nunca me violaron en la calle, nunca me pegó un cliente, nunca tuve que coger por dos mangos porque no tenía dónde dormir. Ni tampoco tengo la formación como para militar, pero milito desde mi experiencia, contándoles a mis amigas lo que yo viví cuando me dicen por ejemplo: “Me quiero mudar, pero es tanta plata por mes”. Les digo: “Vengan acá, ustedes no tienen que contar más billetes, a partir de hoy ustedes cuentan polvos. ¿Cuántos polvos te sale el alquiler? ¿Cuatro polvos? ¿La luz? Bueno, sabés qué, tenés que destinar quince polvos al mes a pagar las cuentas, y todo lo que te sobre es para vos. No cuentes más plata, contá polvos”. Porque cuando nosotras tenemos que contar plata es un montón, pero cuando lo trasladamos a nuestro trabajo… No quiere decir que sea fácil, porque te tenés que acostar con un tipo que no sabés quién es. Pero bueno, esa es la otra parte: a la puerta de mi casa no llegás si antes no me mandás una foto. Y si a mí la persona no me gusta, le digo: “Te pido mil disculpas, pero no te puedo ver. Si querés puedo recomendarte a una amiga”. Y ahí nomás tiro la foto en el grupo y digo: “Chicas, ¿quién se coge al feo?”. Y cada una va viendo qué laburo hace, que tampoco está para tirar para arriba hoy.

—Estás todo el día montada, seduciendo. ¿Siempre sos así de segura o hay momentos de inseguridad?

—Soy segura, pero porque cambié. Porque este es un trabajo que también causa mucho estrés. Yo tenía 33 años cuando empecé a hacer webcam. A los 14 me puse de novia con el padre de mi hijo, fui mamá, fui una mujer golpeada, me separé, y al año y pico me puse de novia con el papá de mi hija y después viví once años con él. Yo cuando empecé a hacer esto era una mamá que tuvo que salir a hacer algo porque no tenía otra cosa. Y me puse a mostrar el culo para Estados Unidos, y la noche que me fui de la web, los tipos lloraban.

—¿Seguís ahora con la web, ahora que la pandemia generó un boom en aplicaciones como Onlyfans?

—Sí, estoy en Onlyfans. Me erotiza la videollamada y es sexy. Pero a mí la adrenalina me pasa por lo presencial. Todavía con el tema de Onlyfans, la marca de agua, tener que poner el texto en español y en inglés para que se le pare el pito al yankee… ¡no sabés el mundo que hay atrás de esto! ¡Trabajamos como hormiguitas entre todas las compañeras! Pero le pongo onda, de vez en cuando subo un video hermoso, y tiene la ventaja de que cobrás en dólares. En pandemia, todas las que usábamos Mercadopago tuvimos que hacernos monotributistas. Y hoy todavía tenés que hacer una trampa para poder facturar. No existe el rubro trabajadora sexual en las categorizaciones, no hay una ley ni un derecho que nos ampare.

—Es parte de lo que se está peleando: que el trabajo sexual sea reconocido.

—Claro, pero mientras tanto yo tengo que seguir laburando. Y si estoy laburando, tengo que pagar el monotributo. ¿Me gusta que sea así? No, pero menos me gustaría mañana querer comprarme un departamento y no poder. Soy resolutiva en eso. Yo no creo que hoy haya tanta discriminación. A mí no me ofende que me digan puta.

—En todo caso, el problema es de derechos. Que no tengas el mismo acceso a la salud o la jubilación con tu oficio. Que todavía no haya una ley que lo regule.

—Sí, es muy injusto. Y por eso tenemos que seguir luchando. Pero a mí lo que me toca es trabajar, yo me levanto y laburo todos los días. Y después hay muchas chicas más inteligentes y más capacitadas que yo, que saben y opinan de leyes. Yo antes que decirte una estupidez, prefiero hablarte desde lo que siento y lo que viví, desde mi experiencia, que es eso: lo que me pasó y me pasa a mí. Yo me enojo mucho a veces con las chicas que escucho, las pibas que se creen que este laburo es soplar y hacer botellas, que es sacarte una foto en culo y subirla a redes; cuando es un trabajo que lleva mucho tiempo, muchas horas. Abrís tu whatsapp personal y te das cuenta de que no hablás con tu familia porque estás en Instagram (@themilfloly), Twitter, Telegram, Whatsapp, Onlyfans, ¡tengo tendinitis en los dedos! Nosotras tenemos que tener los mismos derechos porque laburamos más horas que una secretaria, que por lo menos a las seis de la tarde se va a la casa y hasta el otro día no vuelve. Llega un momento en que no querés más nada.

—Tus hijos lo naturalizaron todo el tiempo, ¿o al principio mentían en el colegio?

—Lo tomaron con naturalidad, porque yo lo naturalicé mucho en mi vida. Durante un tiempo lo escondieron. Pero después, venían los amigos de Agustín cuando yo organizaba las despedidas de solteros, entonces éramos seis perras todas montadas saliendo de casa. ¿Vos te pensás que alguna vez le preguntaron a mi hijo de qué labura tu mamá? Y la nena es re luchona de lo que hago. Al principio no decía nada y después empezó a abrirse. El otro día me contó que estaban todos en un grupo hablando de lo que hacían los padres y, cuando le tocó a ella, dijo que yo era puta. Así, directamente. Y le digo: “Hija, no digás ‘puta’, decí ‘trabajadora sexual’”. Y ella me contesta: “Mirá, mamá, si yo les digo ‘trabajadora sexual’, les causa más curiosidad, y preguntan. Cuando les digo ‘puta’, está todo entendido y les da más vergüenza a ellos que a mí y no tengo que explicar nada. ¿Me van a querer más o menos porque mi mamá trabaje de esto?”. El otro día quisimos adoptar un gatito y la mina cuando vio el perfil mío no nos lo quiso dar. Vos no sabés el mensaje que le mandó mi hija: “¿Vos te pensás que mi mamá no está capacitada para dar amor porque trabaja de esto?”. Mi hija se crió entre putas, entre pibas que se maquillaban y la trataban como a una princesa. Y adora y les da valor a las personas que pueden hacer esto. Vos me preguntabas qué diría yo si ella elige esto para ella, y pienso que si ella aún habiendo crecido entre mujeres que hacemos este laburo y conociendo de qué se trata lo quiere hacer, está perfecto, porque sabe dónde se mete. No me gustaría que fuera putita… prefiero que sea trabajadora sexual que una putarraca por amor al arte, ¡no! ¡Prefiero que cobre! ¡La va a pasar bien igual, y le va a sacar provecho!

—¿Qué les dirías a quienes, como en el feminismo abolicionista, se oponen al trabajo sexual porque consideran que siempre hay explotación?

—Que yo amo lo que hago. Tengo un grupo de amigas que hacen y aman lo mismo que yo. A mi mejor amiga la conocí en un sex shop y nos contamos que éramos trabajadoras sexuales al toque, nos dimos cuenta. Y ella conoció a su marido trabajando. Y el pibe es un capo y ella dejó el trabajo, tuvieron un hijo que es mi ahijado y son felices. Pueden pasar cosas buenas. Es como vos lo tomes. Si querés que este trabajo sea bueno para vos, va a ser lo mejor del mundo. Y si lo hacés porque no te queda otra opción, porque te estás cagando de hambre, va a ser una mierda. Porque nadie tiene ganas de coger con un desconocido solo porque te den plata porque no tenés para comer. Pero si vos lo elegís y dejás siempre claras las pautas de cómo querés que te traten, y aprendés a tratarte vos también así, puede ser un trabajo maravilloso. Esta es mi historia y no puedo generalizar, pero en mi historia, desde hace tiempo, la que elige soy yo.

2 de junio, Día de las Trabajadoras Sexuales. Sin despenalización, no hay derechos laborales; sin derechos laborales, no hay sindicato.

Sin despenalización, no hay derechos laborales: la anulación de los estatutos de OTRAS

Publicado en 16 de diciembre de 2019

Prostitución jurídicamente voluntaria

Ahora, para la Audiencia Nacional, el trabajo sexual por cuenta ajena ya no es actividad económica lícita al margen de enfoques morales. La razón del cambio no es técnico-jurídica. Es el feminismo.

JOSÉ MARÍA MENA

Barcelona 

16 de diciembre de 2019

La prostitución por cuenta ajena, o sea, como trabajo para unas y como negocio para otros, es un tema de profunda relevancia social, cultural y ética. Su tratamiento legal ha seguido el curso de nuestra historia, con sus vaivenes y ambigüedades. En el franquismo, la criminalización legal del negocio de la prostitución convivió con etapas de condena ético-religiosa, tolerancia práctica y un relativo control sanitario oficial. Con el primer código penal de la democracia, en 1995, cesó la criminalización legal, excepto supuestos de coacción, engaño o abuso de situación de necesidad, es decir, de explotación. Esos supuestos eran tan imprecisos que su aplicación práctica por los jueces era problemática.

Para evitar esas imprecisiones se reformó el Código en 1999, 2003 y 2015. Esta última reforma se justificaba porque en la práctica era imposible la persecución penal de los explotadores “dadas las exigencias del Tribunal Supremo”. La Sala Penal del Supremo solo condenaba a los empleadores cuando las mujeres eran obligadas a prostituirse mediante actos concretos y materiales de coacción, engaño, violencia o sometimiento. Y así seguimos, a pesar de tantas reformas, entre las imprecisiones de las leyes y las ambigüedades y contradicciones de los más altos tribunales.

Criterio similar al de la justicia penal era el de la justicia laboral. Según la Sala de lo Social del Supremo, si las condiciones de trabajo no conculcan los derechos de los trabajadores, esa relación laboral puede ser considerada como una actividad económica lícita, “que no puede solventarse con enfoques morales o concepciones ético-sociológicas”. La Sala de lo Social de la Audiencia Nacional ya había admitido en 2003 la constitución de una asociación de empresarios de prostíbulos, que se autodefinían como establecimientos hosteleros cuyo público serían personas ajenas al establecimiento, y que en él ejercerían el alterne o la prostitución por cuenta propia. Concluía esa Sala que la prostitución es una actividad lícita mientras no esté prohibida por el Código Penal, porque “la frontera no la fija el carácter altruista o remuneratorio del intercambio sexual, sino la libertad con que el mismo se presta”.

En 2013 un tribunal penal de Barcelona condenó a los explotadores de unos de esos hoteles-prostíbulo, describiendo cuidadosamente la intensidad de la situación de sometimiento de las mujeres prostituidas. Los condenados recurrieron ante la Sala Penal del Supremo, que les absolvió. Dijo que las mujeres que se prostituían en esos hoteles acudían al club “de forma jurídicamente voluntaria”, aunque posiblemente lo hacían movidas por condicionantes socioeconómicos que las hacía especialmente vulnerables. Esta vulnerabilidad era la base del sometimiento laboral, pero eso, según parece, para el Supremo no era explotación. El Supremo parecía asumir el discurso de los empresarios prostibularios, los cuales bajo la apariencia de simples negocios de hostelería, atribuían a sus empleadas prostitutas apariencia de trabajadoras autónomas que acudían al local “de forma jurídicamente voluntaria”.

En 2018 la Dirección General de Trabajo admitió la constitución de la Organización de Trabajadoras Sexuales valorando que esa organización cumplía los requisitos exigidos por la ley de libertad sindical. La ministra de Trabajo mostró airadamente su rechazo feminista. “Me han metido un gol por la escuadra”, dijo. Y aceptó la dimisión de la Directora General. Dos entidades feministas y la Fiscalía impugnaron la decisión de la Dirección General ante la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional, razonando que la prostitución por cuenta ajena no es una actividad laboral porque en todo caso, necesariamente, es una explotación, no es un trabajo sino una esclavitud. Ahora la Audiencia Nacional da la razón a las entidades feministas y a la Fiscalía y anula (1) la decisión de la Dirección General de Trabajo. Arguye que la actividad empresarial cuyo objeto sea la oferta de servicios sexuales prestados por terceras personas contratadas al efecto es una actividad ilícita, porque así lo establece la legalidad internacional (2) a la que se adhirió España. El cambio de criterio es radical. La Audiencia Nacional lo justifica afirmando que antes había admitido la condición laboral de las trabajadoras sexuales atendiendo a su actividad laboral de alterne, diferente de la prostitución. Pero esa excusa no es cierta. No ha cambiado la ley penal ni el laxo criterio de la Sala Penal del Supremo, Sin embargo, ahora, para la Sala Social, el trabajo sexual por cuenta ajena ya no es actividad económica lícita al margen de enfoques morales. La razón del cambio no es técnico-jurídica. Es una fuerza ética y social histórica imparable llamada feminismo.


Anotaciones de la Citi

1.- http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/Audiencia-Nacional/Noticias-Judiciales/La-Audiencia-Nacional-declara-la-nulidad-de-los-Estatutos-del-Sindicato-de-Trabajadoras-Sexuales–OTRAS-

Consulta la sentencia íntegra:

http://www.poderjudicial.es/search/openDocument/454dea8be780ba89

2.- “El modelo abolicionista rige en España desde 1961 (salvo el período 1995-2003) tras la adhesión al Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, firmado en el seno de Naciones Unidas, en Lake Success (Nueva York) el 2 de diciembre de 1949. Es a este mismo Convenio al que se remitió la Audiencia Nacional para deslegitimar los estatutos del sindicato OTRAS.”

La adhesión a este Convenio se materializa en el art. 187 del Código Penal.

Nueva esclavitud, viejos binarios: trata de personas y las fronteras de la “libertad”

JULIA O’CONNELL DAVIDSON

Facultad de Sociología y Política Social, Universidad de Nottingham, Nottingham, NG7 2RD, Reino Unido julia.o’connelldavidson@nottingham.ac.uk

Año 2010

 Resumen

Este artículo explora el discurso dominante sobre la “trata como esclavitud moderna” en relación con las muchas trabas legales y sociales que históricamente se han impuesto y se imponen hoy a las personas que socialmente son imaginadas como “libres”. Sostiene que el discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” revitaliza las concepciones liberales de libertad y restricción que históricamente han permitido que coexista una enérgica condena moral de la esclavitud con la continua imposición de restricciones extensas y forzosas a las personas consideradas “libres”. En lugar facilitar los esfuerzos para construir alianzas políticas entre diferentes grupos de migrantes, así como entre migrantes y no migrantes, que comparten un interés común en transformar las relaciones sociales y políticas existentes, el discurso de la “trata como esclavitud moderna” inspira y legitima los esfuerzos para separar a un pequeño número de “víctimas que lo merecen” de las masas que siguen siendo “indignas” de derechos y libertades.

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 Desde hace casi una década, políticos, periodistas, trabajadores de ONG e incluso algunos académicos nos han estado diciendo que la trata de personas es un negocio criminal global enormemente rentable que cobra millones de víctimas en cualquier momento dado, y que representa uno de los más graves problemas de derechos humanos en el mundo contemporáneo. La “trata” se describe comúnmente como una trata moderna de esclavos, y los activistas contra la trata nos piden que reafirmemos nuestra oposición a la esclavitud y reafirmemos nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos y la libertad. Estos son llamamientos conmovedores y aparentemente políticamente progresistas. Sin embargo, como han señalado varios académicos y activistas críticos, la figura de la “víctima de trata”, especialmente la de la “esclava sexual traficada”, en realidad se ha trabajado al máximo al servicio de agendas morales extremadamente conservadoras sobre prostitución, género y sexualidad y en apoyo de políticas de inmigración más restrictivas y controles fronterizos más estrictos (Agustín 2007; Chapkis 2005; Doezema 1999; Kapur 2005; Kempadoo y Doezema 1998; Weitzer 2007).

 ¿Son inevitables las interconexiones observables entre la política de lucha contra la trata y la inmigración, o podría el discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” potencialmente encauzarse en la búsqueda de fines políticos más emancipadores? Hay activistas contra la esclavitud involucrados en el trabajo “contra la trata” que no ven tensión entre luchar contra la “trata” y apoyar los derechos de los migrantes. Kaye (2003: 3), por ejemplo, sostiene que “la trata, el tráfico y la migración son temas separados pero interrelacionados”. Si bien la “trata” es “fundamentalmente diferente” del tráfico y la migración, no obstante, se puede abordar desde un marco migratorio más amplio para desarrollar políticas que puedan ayudar tanto a reducir la “trata” como a prevenir las violaciones de los derechos humanos y laborales a las que tan a menudo están sujetos los trabajadores migrantes.

 Discuto la idea de que la “trata” se puede distinguir claramente de otras violaciones de los derechos humanos y laborales, y sostengo que el discurso sobre “la trata como esclavitud moderna” cierra, en lugar de abrir, posibilidades para una lucha política efectiva contra las restricciones de derechos humanos, la explotación y las injusticias que sufren muchos grupos de migrantes. Es, como han señalado otros críticos, un discurso de despolitización (Anderson y Andrijasevic 2008; Aradau 2008; Jacobsen y Stenvoll 2008).

El artículo comienza con un interrogatorio de la oposición binaria entre esclavitud y libertad que es central en el marco conceptual utilizado para estructurar, explicar y dar sentido a las relaciones sociales altamente desiguales de las sociedades democráticas liberales, así como al discurso sobre la “trata de personas”. . A través de una exploración de las muchas trabas legales y sociales que históricamente se han impuesto y se imponen hoy a los individuos que socialmente son imaginados como “libres”, mi objetivo es mostrar que la “libertad” y la “esclavitud” son categorías construidas, no esenciales. Asimismo, sostengo, las “personas objeto de trata” no existen como las categorías anteriores. Las diferencias entre la trata, el tráfico y la migración no son fundamentales, sino que se construyen a partir de la línea imaginada entre “libertad” y “restricción” y de juicios políticos sobre lo que cuenta como formas “apropiadas” e “inapropiadas” de explotación y coacción.

Si las fronteras de la “libertad” fueran visibles como construcciones sociales, habría potencial para la movilización política contra los grilletes legal y socialmente tolerados, así como contra los que no lo son. El discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” desactiva este potencial revitalizando los entendimientos liberales de libertad y restricción que históricamente han permitido que coexista una enérgica condena moral de la esclavitud con la continua imposición de restricciones extensas y forzosas a las personas consideradas “libres”. En lugar de los esfuerzos para construir alianzas políticas entre diferentes grupos de migrantes, así como entre migrantes y no migrantes que comparten un interés común en transformar las relaciones sociales y políticas existentes, el discurso de la “trata como esclavitud moderna” inspira y legitima los esfuerzos para separar a un pequeño número de “víctimas que lo merecen” de las masas que siguen siendo “indignas” de derechos y libertades.

 (…)

Conclusión

Hablar de “la trata como esclavitud moderna” genera una ilusión de consenso político, porque nadie está a favor de la esclavitud. De hecho, “la lucha contra la esclavitud es uno de los pocos imperativos de derechos humanos que no atrae a la disidencia basada en principios” (Hathaway 2008: 7-8). Sin embargo, si la “esclavitud moderna” no existe como un estatus legal o una categoría previa, sino que debe definirse en cambio mediante una referencia a juicios sobre dónde —en un continuo y en diferentes contextos— termina la explotación”apropiada” y comienza la explotación “inapropiada”, entonces es en realidad un concepto enormemente polémico y altamente político. Del mismo modo, si la línea entre restricción y libertad se reconoce como una construcción social, entonces se cuestiona qué cuenta como forzado y ​​qué restricciones pueden imponer razonablemente los estados democráticos liberales (y sobre quién). Cuando esta línea se hace visible, la brecha entre los principios fundacionales y las prácticas reales de los estados democráticos liberales también se hace visible. Un espacio político, en términos de Rancière, se abre y con él el potencial de alianzas políticas entre aquellos (migrantes y no migrantes) que comparten un interés en transformar las construcciones sociales y legales existentes de “libertad” y “restricción”. Dado que el discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” desactiva este potencial, deconstruirlo es una tarea política urgente.