Por qué el movimiento antitrata ignora las voces de las trabajadoras sexuales

 

Por Benjamin L. Corey

3 de junio de 2016

 

http://www.patheos.com/blogs/formerlyfundie/why-the-anti-trafficking-movement-ignores-the-voices-of-sex-workers/

 

Cuando estaba a la mitad de mi doctorado que incluía una extensa investigación de campo en el mundo de la trata de personas, tuve una pequeña crisis: lo que estaba aprendiendo y descubriendo no se ajustaba a lo que yo creía que iba a estar en el estudio.

Tuve previamente unas pocas experiencias que desencadenaron inicialmente en mí la necesidad de reconsiderar la narrativa de la trata con la que había empezado. La primera fue yendo en taxi por las calles de Bombay cuando una colega me dijo que estaba dolorida porque había sido golpeada durante un rescate en un burdel la noche anterior.

“¿Quién te pegó?”, pregunté. “¿Los tratantes?¿La policía?”

Respondió: “No, la mujer me golpeó porque no quería que yo la rescatara. Pero algún día me lo agradecerá”.

Todavía recuerdo cómo bajé la cabeza y cerré los ojos al darme cuenta de que eso sonaba realmente jodido.

Ese fue mi primer momento importante en el que me di cuenta de que algo iba mal en el movimiento, pero tuve también otras experiencias.

Otro fue cuando fui a entrevistar a trabajadoras sexuales en burdeles situados en las afueras de la ciudad. Cada una tenía una historia compleja y llena de matices, circunstancias individuales y decisiones personales. Al descomprimir las entrevistas con un colega, me sorprendí a mí mismo diciéndome que necesitaba alguna forma de redefinir la trata, ya que ninguna de las trabajadoras sexuales a las que había entrevistado reunía los criterios legales de fuerza, fraude o coacción, ni quería siquiera dejar el burdel cuando las pregunté qué haría falta para que se fueran del mismo. Tenían historias complejas y a menudo tristes, pero no eran víctimas de trata, como yo había supuesto.

No había dos historias iguales y casi nada de lo que estaba aprendiendo de las trabajadoras sexuales se ajustaba a lo que yo había creído previamente: no era una situación de blanco y negro en la que todas o eran víctimas de trata o deseaban ser “rescatadas”. Así que empecé a pensar formas de hacer que sus historias se ajustaran a mis creencias: hasta que me di cuenta de que seguir por ese camino sería un error.

En cuanto a mí, sabía que sólo tenía una opción: tenía que abandonar mi sesgo de confirmación (tendencia a sólo creer / considerar la información que se ajusta a la creencia previamente sostenida), y seguir dondequiera que la investigación / datos me condujeran, para que pudiera publicar mi tesis y observaciones posdoctorales con una conciencia limpia. Ese viaje (que abarca unos cuantos años más de investigación) me dejó con puntos de vista sobre la trata de seres humanos que radicalmente no están de acuerdo con la narrativa evangélica tradicional sobre el tráfico de seres humanos, pero que así sea. He seguido los datos con honestidad, y aquí es donde aterricé.

Una de las principales observaciones de mi estudio (que se basó en gran medida en el examen de las organizaciones de trata a través de la teoría del movimiento social) fue la siguiente: muchas organizaciones anti-trata basadas en la fe habían mezclado lentamente la trata y el trabajo sexual hasta el punto de que muchos ya no son exclusivamente anti-organizaciones de trata. En su lugar, muchos se han convertido funcionalmente en organizaciones contra la trata, contra la pornografía y contra la prostitución (lo que es totalmente su prerrogativa, pero seamos honestos y al menos llamémoslo por su nombre).

Curiosamente, esto también sucedió en el siglo XIX cuando los evangélicos trataron el tema de la trata de personas: lentamente se transformó con el tiempo y finalmente se convirtió en un movimiento contra la prostitución. De hecho, incluso el término que originalmente usaron para definir la trata finalmente significó prostitución y no trata en absoluto, lo que es precisamente lo que vemos con el término moderno “trata sexual”. Lo que alguna vez fue un término para identificar “la fuerza, el fraude y la coerción” en algunos lugares se utiliza ahora para referirse al comercio sexual en general, exactamente igual como sucedió hace ciento cincuenta años.

Darme cuenta a través de la teoría del movimiento social de que gran parte del movimiento contra la trata de seres humanos se está transformando y se está convirtiendo cada vez más en un movimiento contra la industria del sexo, me llevó a otra observación interesante y más inquietante: el movimiento se está centrando rápidamente en “ayudar” a un grupo de gente que ni siquiera conocemos.

Más adelante en mi investigación empecé a entablar más diálogo con la comunidad de trabajo sexual, lo que confirmó la corazonada que tuve en la India hace años: las historias de aquellas que integran la comunidad de trabajo sexual son individuales, variadas, matizadas y complejas, y no se ajustan a algunas narrativas prefabricadas donde un tamaño vale para todos. También se hizo evidente, y atestiguado, que demasiados en el movimiento de lucha contra la trata no dialogan con la comunidad de trabajo sexual. Ni han dialogado nunca. En cambio, oigo voces que expresan sentimientos de ser silenciadas, ninguneadas, estigmatizadas, ignoradas e incluso tuteladas por extraños que piensan que saben lo que es mejor para ellas, sin siquiera conocerlas a ellas o conocer sus historias individuales.

Podrían haber escuchado algunas historias que luego fueron generalizadas y aplicadas a todo un grupo de personas, pero esto no hace que esas generalizaciones o experiencias sean verdaderas para todas, sin importar cuán sinceramente uno quiera creerlo.

Lo que está ocurriendo hoy en el movimiento antitrata / anti-inudustria del sexo sería ofensivo en cualquier otro contexto. Es una forma de colonialismo moral: “hola … estoy aquí, tengo objeciones morales a cómo estás viviendo, y sé exactamente cómo tu vida necesita cambiar sin siquiera escuchar tu historia”. La única razón por la cual esto es tolerado en este contexto es debido a la estigmatización asociada con la industria del sexo, una estigmatización que a menudo es perpetuada por las mismas personas que dicen que quieren ayudar. (Y por cierto que no son solo los evangélicos. Las feministas de izquierda están haciendo lo mismo: silenciar a las trabajadoras sexuales, reforzar los estigmas sociales y tratar a las personas de la industria del sexo como si fueran víctimas indefensas que carecen de cualquier autonomía personal. Desde luego que estos dos grupos hacen extraños compañeros de cama.)

Aquí está la conclusión: este nuevo movimiento contra la industria del sexo es un movimiento dirigido a “ayudar” a gente con la que muchos no hablarán ni siquiera escucharán. Eso me parece una pobre manera de llevar a cabo nuestra misión.

Y lo que peor es esto: si realmente queremos abordar la trata de seres humanos, las integrantes de la comunidad de trabajo sexual deberían ser nuestras aliadas más cercanas, porque son las que mejor conocen lo que pasa y las más fervientes defensoras de las que están siendo explotadas. Pero en cambio, las hemos alienado a expensas de nuestra propia misión, y eso perjudica a la gente.

Los primeros asientos en la mesa deberían ser reservados para las integrantes de la comunidad de trabajo sexual – y todos los demás deberían escuchar.

Entonces, ¿por qué tenemos un movimiento entero dedicado a “ayudar” a un grupo de personas con las que el movimiento ni siquiera está hablando? ¿Por qué las conferencias contra la trata a menudo carecen de oradores que estén en desacuerdo con la postura feminista izquierdista o evangélica acerca de la industria del sexo? ¿Por qué las voces de aquellas que están en la industria del sexo son silenciadas, ignoradas y totalmente despreciadas?

Pienso que la respuesta es compleja, pero en el fondo de ella es ésta: la realidad ensuciaría realmente nuestros sesgos de confirmación y complejos del salvador, y esos sesgos y complejos trascienden los binarios liberal contra conservador o secular contra religioso.

Pienso que la respuesta es compleja, pero en esencia es ésta: la realidad ensuciaría realmente nuestros sesgos de confirmación y complejos del salvador, y esos sesgos y complejos trascienden los binarios liberal versus conservador o secular versus religioso.

Es conveniente creer que todo el mundo es una víctima, porque hay un pago para nosotros: tenemos que desempeñar el papel que nos gusta jugar. Es más difícil entrar en el desorden y la complejidad de la vida y sentarse y escuchar las historias de las personas, especialmente cuando esas historias no terminan con nosotros salvándolas.

El trabajo contra la trata de personas es importante, por eso he dedicado cuatro años de trabajo doctoral. Pero la narración con la que empezamos no es un modelo de tamaño único; la realidad es siempre más compleja. Sí, encontraréis casos que encajan con la narrativa: personas que están atrapadas en fraude, fuerza o coerción y que necesitan ayuda. Pero también encontraréis una serie de experiencias, como personas que disfrutan de su trabajo y quieren que sus derechos y su seguridad sean protegidos, o incluso historias profundamente conmovedoras y hermosas como las de las trabajadoras sexuales que se especializan en ayudar a las personas con discapacidades severas (personas que uno llega a ver más como humanitarias que como víctimas indefensas).

Así que al final, ¿por qué una parte tan grande del movimiento contra la trata de personas ignora las voces de las trabajadoras sexuales? Es porque cuando las escuchas, la narrativa de “todo el mundo es una víctima” se desmorona, y eso nos obliga a repensar nuestro enfoque, nuestras filosofías, las leyes perjudiciales que defendemos (como el modelo nórdico), y todo lo demás. Básicamente, me temo que si escucháramos las voces de las trabajadores sexuales tendríamos que dejar de hacer lo que estamos haciendo, y empezar todo de nuevo.

Y eso es demasiado problema.

Es mucho más fácil seguir operando bajo nuestros sesgos de confirmación, porque cuando hacemos eso, nunca tenemos que salir del blanco y el negro, y adentrarnos en el gris que es la vida real.

 

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Bill y Melinda Gates elogian la fortaleza de las trabajadoras sexuales de la India

 

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14 de febrero de 2017

 

https://www.gatesnotes.com/2017-Annual-Letter?WT.mc_id=02_14_2017_02_AL2017GFO_GF-GFO_&WT.tsrc=GFGFO

 

Melinda: En la actualidad, aproximadamente 75 millones de mujeres participan en grupos de autoayuda en la India. Queremos aumentar ese número. Los grupos se pueden formar para ayudar a las mujeres a obtener préstamos o compartir prácticas de salud, pero después de que las cosas comiencen, las mujeres lo toman en la dirección que quieren ir. ¡Eso es empoderamiento!

 
Bill: Lo más conmovedor que hemos hecho fue ayudar a crear grupos comunitarios en la India donde las trabajadoras sexuales tenían un lugar donde ir y hablar sobre la prevención del VIH. Lo hicimos para que pudieran ayudarse mutuamente a insistir en el uso del condón por parte de sus clientes. Pero nuestra visión era demasiado estrecha. Lo que hicieron los grupos desde el punto de vista humano por esas mujeres fue fenomenal, independiente de la prevención del VIH.

 
Melinda: Una de las primeras cosas que los grupos hicieron fue aliviar el estigma. Estas mujeres eran excluidas por todos menos entre ellas mismas, y suavizar el estigma comenzó la curación. Es por eso que cuando Bill me dijo hace unos años que había programado una reunión con un grupo de prostitutas, estuve orgullosa de él. Yo habría hecho lo mismo. Nunca imaginé, como una niña de escuela católica que creció en la conservadora Dallas, Texas, que alguna vez tendría una reunión con las trabajadoras del sexo y llegaría a admirarlas. Pero lo hice.

 

Bill: Warren, si Melinda y yo pudiéramos llevarte a cualquier parte del mundo para que pudieras ver tu inversión funcionando, probablemente te llevaríamos a conocer a las trabajadoras sexuales. Me reuní con un grupo de ellas en Bangalore, y cuando hablaron de sus vidas, me hicieron llorar. Una mujer nos dijo que recurrió al trabajo sexual después de que su marido la dejara: era la única manera de alimentar a sus hijos. Cuando la gente de la comunidad se enteró, forzaron a su hija a abandonar la escuela, lo que hizo que la niña se volviera contra su madre y amenazara con suicidarse.

Esa madre enfrentaba el desprecio de la sociedad, el resentimiento de su hija, los riesgos del trabajo sexual y la humillación de ir al hospital a hacerse la prueba del VIH y descubrir que nadie la miraba, la tocaba o le hablaba. Sin embargo, allí estaba ella, contándome su historia con dignidad. Las mujeres que surgieron como líderes en esa comunidad fueron duras como el infierno, y todas las mujeres se beneficiaron de eso.

 
Melinda: Estas comunidades amplían su misión para satisfacer las necesidades de sus miembros. Lo hacen todo una para otra. Establecieron redes de marcación rápida para responder a ataques violentos. Establecen sistemas para fomentar el ahorro. Usan servicios financieros que ayudan a algunas de ellas a iniciar nuevos negocios y salir del trabajo sexual.

 
Bill: Hay grandes beneficios que provienen de que estas mujeres se reúnan y se apoyen mutuamente. Y el propósito original de prevenir el VIH fue un éxito fenomenal. Está bien documentado que la decisión de las trabajadoras sexuales de la India de insistir en el uso del condón por parte sus clientes evitó que el VIH penetrara en la población general. El empoderamiento de estas mujeres benefició a todos.

Grupos de trabajadoras sexuales de la India rechazan la conferencia global para la abolición de la prostitución

 

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Grupos de trabajadoras del sexo de la India dicen que no todas las mujeres en el comercio sexual son víctimas de trata o esclavas sexuales
Por Nita Bhalla

 

http://news.trust.org/item/20170131133015-eobhl/?source=hpbreaking

NUEVA DELHI, 31 ene (Thomson Reuters Foundation) – Trabajadoras sexuales de la India han criticado una conferencia mundial sobre la abolición de la prostitución, diciendo que los activistas por el fin del comercio sexual no reconocieron que algunas mujeres eran prostitutas por su elección y no debido a coerción, trata o fuerza.

Los participantes en la conferencia de Delhi —incluyendo ex trabajadoras sexuales de Sudáfrica, Canadá, India y Estados Unidos— han estado compartiendo historias de esclavitud sexual y pidiendo el fin de la prostitución castigando a clientes, proxenetas y tratantes.
Pero los grupos de trabajadoras sexuales de la India dijeron que había una diferencia entre el trabajo sexual voluntario y la explotación sexual, y que no todas las mujeres en el comercio sexual eran víctimas de trata o esclavas sexuales.

“Estamos en contra de cualquier persona que no nos reconozca como seres humanos que puedan tomar sus propias decisiones”, dijo Kiran Deshmukh, trabajadora sexual de Veshya Anyay Mukti Parishad, un colectivo de trabajadoras sexuales del estado de Maharashtra, en la India.

“Hacernos víctimas sin ninguna autonomía es una violación de nuestro derecho humano a trabajar en el trabajo sexual, al ‘abolirnos’ no nos están ayudando: están ignorando nuestra necesidad de trabajar y ganarnos la vida con dignidad”.

El trabajo sexual es ilegal en la mayoría de los países del mundo, pero existe en todas partes. Se calcula que hay 40 millones de profesionales del sexo en todo el mundo, según la fundación francesa Scelles.

Los abolicionistas dicen que la mayoría han sido atraídas, engañadas o forzadas a la esclavitud sexual por los proxenetas y los tratantes, en gran medida debido a la pobreza, a la falta de oportunidades y a tener un estatus tradicionalmente marginado en la sociedad.

Una vez obligadas a trabajar en los burdeles, en las esquinas de las calles, en los salones de masaje, en los clubes de striptease o en las casas privadas, es difícil que las trabajadoras sexuales se vayan, dicen los activistas.

Para muchos es la amenaza de abuso físico de su proxeneta lo que las mantiene en la prostitución, pero algunas se quedan por su propia voluntad, rechazadas por sus familias y sin ningún lugar donde ir.

“NO SOMOS PRODUCTOS BÁSICOS”

Grupos de la Red Nacional de Trabajadoras del Sexo de la India dijeron que los abolicionistas estaban siendo moralistas y críticos. Dijeron que la legalización del comercio regularía la industria y aseguraría que no hubiera explotación de mujeres y niñas.

“La violencia que supone una actitud de enjuiciamiento ha contribuido a la indescriptible miseria de las trabajadores del sexo, alentando a elementos lumpen a justificar la violencia ejercida sobre las trabajadoras sexuales”, dijo una declaración del grupo, firmada por más de 2.000 trabajadoras sexuales, hijos de trabajadoras sexuales y veinte grupos representantes de sus derechos.

 

Sin embargo, varios oradores de la conferencia dijeron que la gran mayoría de las trabajadoras sexuales son explotadas.

“¿Y qué importa si hay mujeres por ahí que están haciendo esto por su propia voluntad?”, dijo Rachel Moran, una sobreviviente irlandesa de la prostitución y fundadora de la ong SPACE International.

“Hay 40 millones de mujeres y niñas en esta tierra que se prostituyen y aunque haya una pequeña minoría de las que dicen que lo han elegido de forma totalmente voluntaria, eso no niega la experiencia de la gran mayoría”.

La actriz de Hollywood Ashley Judd, que asistió a la conferencia como una fuerte defensora de la abolición de la prostitución, dijo que las mujeres y las niñas eran compradas y vendidas como productos básicos y que había que tomar medidas para poner fin al comercio sexual mundial.

“Tenemos que poner la carga y la vergüenza donde corresponde, esto es, en el perpetrador, el agresor y la persona que piensa que los cuerpos de las mujeres y las niñas son comprables”, dijo Judd.

“No somos mercancías, somos seres humanos y tenemos derecho a la integridad corporal, la dignidad sexual y el derecho a estar libres de toda forma de invasión corporal”.

El Congreso Mundial para la Eliminación de la Explotación Sexual de Mujeres y Niñas —que reúne a 250 organizaciones benéficas y activistas, así como académicos, sindicatos y abogados de 30 países durante tres días— termina el martes.

 

 

¿Qué quieren las trabajadoras sexuales?

Recomendación para el enfoque que ONU Mujeres haga sobre trabajo sexual, comercio sexual y prostitución

 

 

Subido por NSWP el 14 de octubre de 2016

 

Fuente:

Red de Trabajadoras Sexuales de de Toda la India

 

Descarga:

UN Women Submission on Sex Work, AINSW – 2016.pdf

 

La Red de Trabajadoras Sexuales de de Toda la India (AINSW), CREA, el Centro de Activismo e Investigación, el Colectivo India y Abogados y 43 organizaciones autogestionadas de trabajadoras sexuales han enviado conjuntamente esta respuesta a la consulta actualmente en marcha de ONU Mujeres sobre trabajo sexual. Llevaron a cabo tres consultas regionales con grupos de trabajadoras sexuales para llegar a un consenso sobre los principios que deben ser incluídos en cualquier orientación política en relación al trabajo sexual. Las participantes en las consultas hacen un llamamiento a ONU Mujeres para que garantice que el desarrollo de cualquier orientación política se haga mediante consulta significativa e inclusiva con las trabajadoras sexuales.

 

Los principios que deben ser incluídos en cualquier orientación política sobre el trabajo sexual incluyen los siguientes:

 

  • Los derechos de las trabajadoras sexuales deben ser reconocidos como derechos humanos
  • El trabajo sexual necesita ser separado del comercio sexual y la trata
  • Las leyes o regulaciones que directa o indirectamente penalizan el trabajo sexual deben ser derogadas y es necesario garantizar un entorno legal capacitante para las trabajadoras sexuales
  • El trabajo sexual es trabajo y necesita ser reconocido como una forma de ocupación laboral
  • Deben ser garantizados los derechos de las trabajadoras sexuales a las prestaciones y ayudas sociales
  • Se debería permitir a las trabajadoras sexuales registrarse como colectivos/organizaciones/asociaciones
  • Se debería garantizar la disponibilidad y accesibilidad a los servicios de salud sin ningún tipo de estigma ni prejuicio
  • Debería ser garantizado el derecho de las trabajadoras sexuales al matrimonio, la custodia, adopción y tutela de niños
  • Deberían ser garantizados los derechos de los hijos de las trabajadoras sexuales
  • Debería ser garantizado el derecho a la privacidad y la confidencialidad de la identidad de la trabajadora sexual

 

Además de esta respuesta, NSWP ha publicado (1) su propia respuesta a la consulta online de ONU Mujeres y ha desarrollado un borrador marco para un enfoque del trabajo sexual por parte de la ONU que afirme los derechos de las mujeres en respuesta a una consulta online de ONU Mujeres (2). NSWP ha lanzado también una petición (3) a ONU Mujeres para que consulte de forma significativa a las trabajadoras sexuales durante el desarrollo de su orientación política.

 

Puedes descargar este PDF de 7 páginas en el enlace de arriba. Este recurso está disponible en inglés.

 

________________________

1.- http://www.nswp.org/resource/nswp-formal-response-un-women-consultation

2.- http://www.nswp.org/resource/draft-framework-un-women-human-rights-affirming-approach-sex-work-response-un-women-e

3.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/10/01/llamamiento-para-que-onu-mujeres-consulte-de-forma-significativa-a-las-trabajadoras-sexuales-cuando-desarrolle-normas-relativas-al-trabajo-sexual/

 

Día por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales: hacia la regulación

Este día es un homenaje a todas las personas que ejercen el trabajo sexual, que transgreden la norma social y luchan por lograr que el resto de la sociedad reconozca la dignidad de su trabajo y su derecho a decidir sobre su propia vida

 
Área de prostitución de APDHA
02/03/2016

 

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Dia-Derechos-Trabajadoras-Sexuales-regulacion_6_490360983.html

 

APDHA_EDIIMA20160302_1053_18    A lo largo del año hay días en los que se celebran muchas cosas, prácticamente de todo. A veces son días con fines consumistas, días patrióticos, o días donde la universalidad de lo que se celebra integra a todo el mundo. Otros días, sin embargo, pasan más de puntillas en el calendario del ciudadano común pero son días que no pueden ni deben olvidarse pues son un recordatorio de todo lo que como sociedad aún nos queda por andar. Son días dedicados al esfuerzo y a la lucha de los colectivos más estigmatizados que suponen un amplificador de la voz y los reclamos de los que no se oyen todos los días. Hoy es uno de esos. Hoy, 3 de marzo, se celebra el Día por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales.

 
Este día es un homenaje a todas las personas que ejercen el trabajo sexual, que transgreden la norma social y luchan por lograr que el resto de la sociedad reconozca la dignidad de su trabajo y su derecho a decidir sobre su propia vida. Se celebra en esta fecha en particular rememorando en 2001 un festival en Calcuta al que acudieron más de 25.000 trabajadoras sexuales indias, a pesar de los esfuerzos de los grupos prohibicionistas por impedirlo.

 
Las personas que formamos este mundo debemos desarrollar una conciencia de la realidad del trabajo sexual y de los debates que se construyen en su entorno, porque nuestra sociedad se construye con la participación de todos los que formamos parte de ella de forma responsable, para la persecución de los ideales de igualdad, dignidad y respeto entre quienes formamos parte de ella. En este sentido, las personas que ejercen el trabajo sexual llevan años realizando movimientos reivindicativos de forma lenta pero ininterrumpida y que suponen un rechazo de la victimización social que sufren y una reivindicación de su protagonismo, dignidad, autonomía y capacidad de decisión. Es una vergüenza social que llevemos tantos años obviando los derechos de estas personas y decidiendo qué es lo mejor para ellas sin ni siquiera pararnos a escucharlas. Como cualquier otro individuo, no quieren ser víctimas ni delincuentes, solo reclaman el lugar que, como personas, merecen dentro de la sociedad.

 

Desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía defendemos que las personas trabajadoras del sexo deben disfrutar de los mismos derechos que cualquier otra persona trabajadora, incluyendo derechos laborales, salud laboral y seguridad en el trabajo, teniendo además en cuenta las características propias del trabajo sexual y el estigma de las personas que lo ejercen. Esto debe suponer en todo momento un abordaje de la regulación del sector del sexo primando siempre y, en todo caso, la garantía de los derechos de las personas trabajadoras y su capacidad de decisión y negociación frente a terceros, así como su libertad y autonomía en el trabajo. Esta regulación, sin embargo, debe pasar necesariamente por una negociación con quienes desarrollan esta actividad, pues no podemos desarrollar medidas reguladoras con el propósito de beneficiar al colectivo sin primero conocer su realidad y sus necesidades. Las voces de las trabajadoras sexuales muestran la riqueza de las experiencias, todas ellas igualmente válidas. Por ello, todas merecen ser escuchadas, respetadas y consideradas como interlocutoras válidas y como personas perfectamente capaces de expresar su situación y sus necesidades.

 
Por último, consideramos vital el papel de la sociedad en este proceso como pilar fundamental en la solución a la situación actual del trabajo sexual. Es un problema de todos porque se trata de una cuestión de derechos humanos. Hablar de trabajo sexual es hablar de Derechos Humanos y los Derechos Humanos nos conciernen a todos. Las personas que ejercen el trabajo sexual encuentran trabas, atropellos y vulneraciones de sus derechos en todos los ámbitos de su vida, no solo en el que deriva estrictamente de su actividad laboral, porque el estigma que sufren salpica todo lo que les rodea. Por ello hoy, 3 de marzo, celebramos este día, para recordar a los grandes olvidados por la sociedad, y para que, en definitiva, estos días sean el clamor de una voz que resuene en nuestras conciencias.

American Jewish World Service: “por qué apoyamos a las trabajadoras sexuales”

https://ajws.org/stories/why-we-support-sex-workers/

Hace unos pocos años, la presidenta de AJWS, Ruth Messinger, habló con una trabajadora sexual de Tailandia acerca de su vida y su trabajo. Esta mujer, de treinta y siete años de edad y madre de tres hijos, dijo a Ruth: “Estas fueron mis opciones: podía estar separada de mis hijos durante diez horas al día mientras trabajaba en una factoría, cosiendo botones a camisas, o podía pasar el día con mis hijos y, por la noche, hablar con un interesante hombre occidental, acostarme con él durante veinte minutos en un lugar seguro y familiar, y hacer un montón de dinero”. A continuación preguntó a Ruth: “¿Qué escogerías tú?”

 
Nuestra decisión es apoyar a organizaciones que defienden la dignidad, los derechos y la seguridad de las trabajadoras sexuales del mundo en desarrollo, que a menudo son víctimas de violencia y discriminación.

 
Guiados por nuestra creencia en la dignidad esencial de todas las personas, AJWS y nuestras beneficiadas hacemos una distinción muy clara entre trabajo sexual y trata de seres humanos. Para ser claros, estamos contra todas las formas de trata de seres humanos o trabajo forzado. Hemos aprendido de nuestras beneficiarias que el trabajo sexual es una ocupación voluntaria, totalmente diferente de la trata de seres humanos, que es un problema que viola los derechos humanos de las personas forzándolas a trabajar contra su voluntad.

 

¿Cómo apoya AJWS los derechos y la dignidad de las trabajadoras sexuales?

 

AJWS es uno de los mayores financiadores del activismo llevado a cabo por y para las trabajadoras sexuales en todo el mundo, proporcionando actualmente más de medio millón de dólares en subvenciones a diecisiete organizaciones que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales en ocho países en desarrollo.

 
Las dirigentes de estas organizaciones luchan en los niveles local, nacional e internacional para conseguir lo siguiente:

 

  •  Terminar con el acoso y la violencia de la policía contra las trabajadoras sexuales, incluida la violación
  •  Asegurar que las trabajadoras sexuales tengan condiciones de trabajo seguras
  •  Hacer que las trabajadoras sexuales reciban un buen trato y un buen pago
  •  Garantizar el acceso de las trabajadoras sexuales a los servicios de salud
  •  Vencer el estigma y la discriminación
  •  Identificar y asistir a las víctimas de trata sexual
  •  Acabar con las dañinas redadas en burdeles, que maltratan a las trabajadoras sexuales
  •  Despenalizar el trabajo sexual, como recomiendan ONUSIDA, el Programa de Desarrollo de la ONU y la Comisión Global sobre el VIH

Para oir a una de nuestras beneficiarias explicar su compromiso con los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, ved este vídeo de Meena Seshu, fundadora y Secretaria General de SANGRAM, una organización india, apoyada por AJWS, que defiende los derechos de las mujeres, las personas LGBT y las trabajadoras sexuales de la India.

 

Meeba Seshu, fundadora y Secretaria General de SANGRAM, una ONG india, en las intersecciones del activismo entre las mujeres, las personas LGBT y las trabajadoras sexuales de la India.

 

¿Cuál es la diferencia entre trabajo sexual y trata de seres humanos?

 

El trabajo sexual y la trata de seres humanos son fusionados a menudo. Pero existe una diferencia fundamental. La trata de seres humanos es trabajo forzado, mientras que el trabajo sexual es una ocupación voluntaria y consensuada que está dentro de la gama de opciones económicas de una persona.

 
A pesar de esta diferencia crítica, muchos gobiernos y organizaciones no gubernamentales no consiguen distinguir entre trabajo sexual y trata, ocasionando daño a muchas personas inocentes. En los países en los que el trabajo sexual es penalizado, la policía realiza a menudo redadas violentas en burdeles de adultos bajo la apariencia de “rescatar” a las trabajadoras sexuales de la explotación. Más aún, niños en situaciones de explotación sexual a menudo son detenidos, cuando deberían ser puestos bajo la protección de los servicios sociales.

 
AJWS y nuestras beneficiarias entendemos que defender los derechos de las trabajadoras sexuales es un modo eficaz de combatir la trata de seres humanos y la prostitución infantil. Muchas organizaciones defensoras de los derechos de las trabajadoras sexuales —incluyendo las beneficiarias de AJWS— trabajan proactivamente contra la trata. Nuestras beneficiarias a menudo son capaces de identificar a niños y adultos que son víctimas de trata y derivarlos a los servicios sociales.

 
Guiados por nuestra creencia en la dignidad esencial de todas las personas, AJWS y nuestras beneficiarias hacemos una distinción muy clara entre trabajo sexual y trata de seres humanos. Para ser claros, estamos contra todas las formas de trata de seres humanos o trabajo forzado. Hemos aprendido de nuestras beneficiarias que el trabajo sexual es una ocupación voluntaria, que difiere totalmente de la trata de seres humanos, que es un problema que viola los derechos humanos de las personas forzándolas a trabajar contra su voluntad.

Día internacional por los derechos de las trabajadoras sexuales

3 de marzo de 2013, por Maggie McNeill
https://maggiemcneill.wordpress.com/2013/03/03/international-sex-worker-rights-day/

Los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos y nunca puede haber demasiadas voces reclamándolos, ni demasiadas ocasiones en las que hacerlo.
– Maggie McNeill

Tres veces al año hay días señalados para que la comunidad de trabajadoras sexuales haga un esfuerzo concertado para llamar la atención del público sobre la sistemática denegación de nuestros derechos por parte de los gobiernos, implementada por una policía a menudo brutal y apoyada por prohibicionistas que quieren ver nuestro comercio erradicado sin tener en cuenta cuántas de nosotras resultemos dañadas o incluso asesinadas durante el proceso. Aunque muchos de ellos niegan esto e insisten en que realmente quieren “ayudarnos”, las tácticas que han escogido (y que incluyen el acoso, la infantilización, la patologización, el empobrecimiento, el secuestro, el confinamiento, la deportación y el lavado de cerebro, por mencionar solo unas pocas) revelan la verdad a cualquiera cuyo pensamiento no esté ofuscado por el dogma. Así, incluso aunque activistas como yo misma llamen día a día la atención sobre esta marginación y maltrato, es bueno tener varias ocasiones anuales en las que nuestras voces unificadas puedan sonar al unísono para perforar la niebla de la ignorancia, la desinformación y el desinterés. Estas ocasiones son: el Día por el fin de la violencia contra las trabajadoras sexuales (17 de diciembre, aniversario de la sentencia en 2003 del asesino de Green River); el Día de las putas (2 de junio, aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon); y hoy, el Día por los derechos de las trabajadoras sexuales (aniversario de un festival en Calcuta en 2001 al que asistieron más de 25.000 trabajadoras sexuales indias a pesar de los esfuerzos de los grupos prohibicionistas que intentaron impedirlo presionando al gobierno para que revocara su permiso). El símbolo de los derechos de las trabajadoras sexuales usado en todos estos días (y en la protesta de las trabajadoras sexuales, en general), la sombrilla roja, se originó en otro acto de protesta en 2001, esta vez en Venecia (Italia); fue adoptado como el emblema oficial del movimiento de derechos de las trabajadoras sexuales por el Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa  (ICRSE) en 2005.

Además de todos estos días, yo he añadido el mío; cada viernes 13 pido a todos mis lectores que no son trabajadoras sexuales que hablen a favor de nosotras, para mostrar a los prohibicionistas y a los que se burlan de nosotras que tenemos muchos aliados fuera de nuestro propio movimiento. Ahora bien, soy bien consciente de que esto es a menudo difícil; muchos que sienten realmente que el trabajo sexual debería ser despenalizado y las trabajadoras sexuales liberadas de la persecución, tienen miedo sin embargo de hablar porque tienen miedo a ser estigmatizadas como prostitutas (si son mujeres) o como clientes (si son hombres). Varios lectores que han comprado o vendido sexo me han pedido que sugiera argumentos a favor de la despenalización que no traicionen su interés personal, y el último viernes 13 he hecho algunas sugerencias; ya que me lo han vuelto a pedir otra vez últimamente, me gustaría aprovechar esta oportunidad para repetir algunas sugerencias.

 
Si en tu actividad política estás en general orientado hacia la defensa de los derechos civiles, lo tienes fácil; todo lo que tienes que hacer es argumentar a favor de la despenalización desde una perspectiva de “la gente tiene el derecho a hacer lo que quiera con su propio cuerpo”. Como he señalado en el pasado, cada decisión judicial que defiende el derecho al aborto defiende también el derecho al sexo en las condiciones que cada una quiera, incluso si hay dinero por medio (el aborto no es gratis, al fin y al cabo); lo mismo pasa con las decisiones judiciales que derogan las leyes contra la sodomía… Y, obviamente, los argumentos a favor de la despenalización de las drogas también se aplican a la prostitución. Si eres ateo o escéptico, también lo tienes fácil; además de los anteriores argumentos, puedes hacer afirmaciones tales como “las leyes contra la prostitución están basadas en la religión y la xenofobia, no en hechos” y “la histeria hacia la trata sexual es un pánico moral, como el pánico satánico y el peligro rojo”.

 
La perspectiva de reducción del daño es también buena, y es el enfoque preferido generalmente por los activistas que tienen un trasfondo de defensa de los derechos humanos o una fuerte afiliación religiosa (incluyendo a algunos miembros del clero católico): la prostitución ha estado siempre entre nosotros y no podemos eliminarla con leyes, de la misma forma que la “guerra contra las drogas” no ha conseguido eliminarlas. Todo lo que la guerra contra las drogas ha conseguido es someter a gente inocente a una invasión de su privacidad y hacer a los consumidores de drogas vulnerables a drogas adulteradas, por no mencionar a aquellos atrapados en la violencia relacionada con las drogas; de la misma forma, las leyes antiprostitución no ayudan a nadie y fuerzan a las prostitutas a pasar a la clandestinidad, donde pueden ser maltratadas y explotadas. Más aún, muchos gobiernos (incluídos los de Nueva Zelanda, Nueva Gales del Sur y Brasil) han reconocido que la prostitución ilegal lleva invariablemente a la corrupción policial, exactamente igual que hizo la prohibición del alcohol y hace todavía la prohibición de las drogas.

Finalmente, está el enfoque feminista: ¿por qué tiene la sociedad el derecho a decir a las mujeres que no se pueden ganar la vida con sus atributos sexuales naturales cuando permite hacerlo a los hombres con el boxeo, el trabajo de guardaespaldas, etc.? Más aún, las leyes contra la prostitución invariablemente someten el vestido y los gestos de las mujeres al escrutinio policial; las mujeres son acusadas de prostitución por vestir de forma sexy, actuar de forma sexy, llevar condones en los bolsos, estar en ciertas zonas, no llevar ropa interior, etc. Esto es avergonzar a las mujeres llamándolas putas con consecuencias penales.

Aunque las mujeres han sufrido tradicionalmente el embate de los abusos wood-splitting-wedge de los derechos civiles resultantes de las leyes contra la prostitución, esto ha cambiado en los últimos años; la retórica de “terminar con la demanda” ha tenido como resultado que los hombres sean perseguidos con tanta intensidad como las mujeres (aunque no con más intensidad, a pesar de lo que dicen quienes apoyan tales campañas). Más aún, las leyes antiprostitución (especialmente cuando son renombradas como “lucha contra la trata sexual”) son usadas como pretexto para detenciones en masa de tanto hombres como mujeres, confiscación de sus propiedades, recogida y conservación de su DNA y vigilancia intrusiva. Esta es la razón por la que deberías preocuparte por los derechos de las trabajadoras sexuales incluso si tú no lo eres, no conoces a ninguna y no tienes intención de contratar nunca a ninguna: las leyes que oprimen a los grupos minoritarios marginados son sólo la fina punta de una cuña que va clavándose invariablemente más y más profunda, golpe a golpe, hasta que es detenida a la fuerza.

A todos los directores nacionales de Amnistía Internacional: total despenalización del trabajo sexual

 

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Firma esta petición

Apoyamos la propuesta de política global de Amnistía Internacional por la total despenalización del trabajo sexual en todo el mundo

https://secure.avaaz.org/en/petition/All_Country_Heads_Full_decriminalisation_of_sex_work/?ffhAlhb

 

Por qué es esto importante

Apoyamos la declaración de Amnistía Internacional que dice que los Estados tienen la obligación de ‘reformar sus leyes y desarrollar e implementar sistemas y políticas que eliminen la discriminación contra aquellas que ejercen el trabajo sexual’. Amnistía llama a los Estados a ‘buscar activamente el empoderamiento de los más marginados de la sociedad, en particular mediante la defensa de los derechos de libertad de asociación de aquellas personas que realizan trabajo sexual, el establecimiento de sistemas que garanticen el acceso a servicios sanitarios apropiados y de calidad, condiciones de trabajo seguras y lucha contra la discriminación o abuso por motivos de sexo, orientación sexual y / o identidad o expresión de género’

En los lugares donde muchos aspectos del trabajo sexual están penalizados —tales como la captación de clientes, vivir de las ganancias de una trabajadora sexual [las familias y los hijos son los que más sufren esto], ser gerentes— las trabajadoras sexuales deben hacer frente a la discriminación y el estigma que minan sus derechos humanos, incluidos los derechos a la libertad, a la seguridad personal, a la igualdad y a la salud. La evidencia sugiere que el riesgo de infección por el VIH de las trabajadoras sexuales está inextricablemente relacionado con su estatus marginado e ilegal, estatus que arrastra su trabajo a la clandestinidad y aumenta los abusos de la policía y la explotación por terceros.

Según la Nota Orientativa de ONUSIDA sobre VIH y Trabajo Sexual, “incluso allí donde los servicios están disponibles en teoría, las trabajadoras sexuales y sus clientes encuentran ante ellos importantes obstáculos para acceder a la prevención, al tratamiento y al apoyo frente al VIH, en particular allí donde el trabajo sexual está penalizado”. En los países donde el trabajo sexual está despenalizado, se ha demostrado que la violencia contra las trabajadoras sexuales ha disminuído, las relaciones entre las trabajadoras sexuales y la policía han mejorado y el acceso a los servicios de salud ha aumentado.

Las leyes punitivas que penalizan y castigan el trabajo sexual actúan como instrumentos que facilitan el acoso a las trabajadoras sexuales y hacen que éstas vean constantemente violados sus derechos humanos por los agentes de la ley, las autoridades sanitarias y los clientes. En muchos países, las trabajadoras sexuales son el principal medio del que se vale la policía para cubrir su cuota de detenciones, extorsionar dinero y extraer información. El amplio poder de la policía sobre las trabajadoras sexuales en forma de amenazas de detención y humillación pública y el uso de los preservativos como prueba de actividad ilegal, deshace lo conseguido durante años de eficaces promociones de la salud pública y y campañas contra el VIH y las ETS. Las pruebas forzadas de VIH son moneda corriente, así como las violaciones del derecho a un proceso justo y a la privacidad.

En muchas jurisdicciones, las trabajadoras sexuales son blanco de frecuentes acosos, abusos físicos y sexuales y “rehabilitaciones” forzadas. Donde el trabajo sexual es ilegal, las trabajadoras sexuales suelen creer que tienen poco que hacer contra las violaciones perpetradas contra ellas y evitan acceder a los servicios de salud por miedo a ser víctimas de más estigma y abuso.

Las trabajadoras sexuales apoyan el análisis de Amnistía Internacional del contexto de derechos humanos del trabajo sexual y las consideraciones de salud y otros extremos en relación a las trabajadoras sexuales. La derogación de las leyes punitivas y de las políticas contra las trabajadoras sexuales es imperativa. Agencias internacionales tales como la Comisión Global sobre VIH y Legislación, ONUSIDA, la Organización Mundial de la Salud, la Alianza Global coantra la Trata de Mujeres (GAATW) y el Observatorio de Derechos Humanos, han llamado a la despenalización del trabajo sexual o la defienden. La despenalización no es un intento de legalizar a los ‘proxenetas’, ni aumenta la explotación de las trabajadoras sexuales. Tales argumentos suponen una limitada comprensión de lo que es el comercio sexual y debilitan la lucha de las trabajadoras sexuales por el derecho a la salud y la justicia.

La despenalización ayudará a las trabajadoras sexuales a organizarse y combatir todas las formas de explotación, incluyendo las condiciones de trabajo abusivas, de calidad inferior o injustas instituídas por actores tanto estatales como no estatales. El movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales se alinea con los movimientos por los derechos humanos y por los derechos de las mujeres a la hora de condenar el abuso y la violación de los derechos de las mujeres, incluídas las trabajadoras sexuales. El trabajo sexual no debe ser considerado como lo mismo que la explotación sexual o la trata sexual.

Meena Saraswathi Seshu SANGRAM, India

 

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Meena Saraswathi Seshu es la secretaria general de Sampada Gramin Mahila Sanstha (SANGRAM), una organización sobre prevención, apoyo y tratamiento del VIH/SIDA que trabaja con personas marginadas en Maharashtra, India.

Meena tiene más de 20 años de experiencia trabajando con organizaciones comunitarias y fundamentadas en los derechos (particularmente con trabajadoras y trabajadores sexuales) en temas relacionados con el VIH/SIDA, salud sexual y reproductiva, violencia en contra de la mujer, alivio de la pobreza y derechos de género y minorías sexuales.

Adicionalmente, ella tiene más de 10 años de experiencia trabajando con movimientos mundiales en el tema de la violencia contra las mujeres y los derechos de las trabajadoras y trabajadores sexuales.

En 1996, SANGRAM agrupó a trabajadoras sexuales para formar VAMP (Veshya Anyay Mukti Parishad, que significa “trabajadoras sexuales luchando contra las injusticias”). Eso fue seguido, en el 2000, por un grupo de educación entre pares para hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y personas transgénero, MUSKAN y WLHIV.

http://www.hivhumanrights.org/about-us/who-we-are/meena-saraswathi-seshu/?lang=es

 

 

La despenalización de terceros.

Informe de NSWP

 

Cuando mi jefe es penalizado, no puedo llevar condones conmigo al trabajo”.

 

http://www.nswp.org/sites/nswp.org/files/thirdparties3_0_0.pdf

 

El movimiento global por los derechos de las trabajadoras sexuales reclama la plena despenalización del trabajo sexual, incluída la despenalización de terceros. El movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales cree que la despenalización ayudará a las trabajadoras sexuales a organizarse para extirpar la explotación, la opresión y la violencia y para luchar contra condiciones de trabajo desleales o abusivas instituídas por los agentes estatales y no estatales. Etiquetar la despenalización como un intento de legalizar “proxenetas y propietarios de burdeles” no ayuda a las trabajadoras sexuales en la lucha por sus derechos y por la justicia.

NSWP usa el término “terceros” porque este término reconoce las muy diversas relaciones de trabajo con terceras partes que tienen las trabajadoras sexuales. Por el contrario, el término “proxeneta” es estigmatizante tanto por presentar un estereotipo racializado (y limitado en la medida en que sólo abarca una forma de relación de trabajo con terceros) como por posicionar a las trabajadoras sexuales como víctimas en vez de como trabajadoras.

En realidad, las trabajadoras sexuales tienen una amplia variedad de relaciones con terceros. Las trabajadoras sexuales pueden ser empleadas, empleadoras, o participar en una gama de otras relaciones de trabajo, por ejemplo, pagando a alguien para que les haga la publicidad. Aunque planteadas como destinadas a controlar las relaciones de trabajo de las trabajadoras sexuales, las leyes contra terceros pueden ser usadas también para controlar las relaciones personales de las trabajadoras sexuales.

En relación a esto, la postura fundamental de NSWP es: “oposición a todas las formas de penalización y a cualquier otra opresión legal del trabajo sexual (incluyendo a las trabajadoras sexuales, a los clientes, a las terceras partes[1], a las familias, a las parejas y a los amigos)”. Todas las organizaciones miembros de NSWP en todo el mundo han firmado esta postura fundamental.

Este texto proporcionará una visión general de cómo los marcos legales que penalizan a terceros dañan a las trabajadoras sexuales, centrándose en las siguientes áreas principales:

  • Cómo la penalización de los lugares de trabajo de las trabajadoras sexuales (y de los terceros que los dirigen) expone a las trabajadoras sexuales a un mayor riesgo de transmisión del VIH, en contravención de la recomendación 200 de la OIT. 
  • Cómo la penalización de los gerentes obliga a las trabajadoras sexuales a trabajar de forma más insegura, y cómo la despenalización de los gerentes ha permitido a las trabajadoras sexuales combatir las condiciones de trabajo abusivas y rehusar a los clientes que no quieren ver. 
  • Cómo las trabajadoras sexuales son perseguidas en aplicación de las leyes contra terceros, usando los condones como prueba, lo que supone un riesgo para su salud. 
  • Cómo las trabajadoras sexuales pueden ser a la vez trabajadoras sexuales y terceras partes, y así ser perseguidas en aplicación de las leyes contra terceros cuando el Estado quiere perseguir a las trabajadoras sexuales; por ejemplo, si dos trabajadoras sexuales están trabajando juntas por seguridad, cada una de ellas es un “tercero” para la otra. 
  • Que los hijos o parejas de las trabajadoras sexuales son perseguidas como terceros, en contravención del artículo octavo de la Convención de Derechos Humanos de la ONU, que garantiza el derecho a la privacidad y a la vida en familia. 
  • Cómo la policía usa las leyes contra terceros para acosar a las trabajadoras sexuales, persiguiendo a aquellos que caen bajo las leyes contra terceros, como por ejemplo los caseros, haciendo que las trabajadoras sexuales vivan en un estado de inseguridad en cuanto a la vivienda. 

Lugares de trabajo y VIH

La recomendación 200 de la OIT, que se aplica a las trabajadoras sexuales, señala “el importante papel que juega el lugar de trabajo en relación a la información y al acceso a la prevención, tratamiento, cuidados y apoyo en la respuesta nacional al VIH y al SIDA”. La OIT recalca que el papel del lugar de trabajo resulta más crucial cuando los trabajadores forman parte de grupos de riesgo (“especialmente en las ocupaciones que están más expuestas”), como ocurre con las trabajadoras sexuales.

La OIT afirma que “la prevención por todos los medios de la transmisión del VIH debería ser una prioridad fundamental; los trabajadores, sus familias y los que dependen de ellos deberían tener acceso  a la prevención, tratamiento, cuidados y apoyo en relación al VIH y al SIDA y beneficiarse de ellos, y el lugar de trabajo debería jugar un papel en la facilitación del acceso a estos servicios”,

Más aún, afirma, lo que tiene particular relevancia para las trabajadoras sexuales, que a los trabajadores se les debe dar “acceso a todos los métodos de prevención, incluidos, entre otros, la disponibilidad garantizada de los medios necesarios, en particular preservativos masculinos y femeninos y, si procede, información sobre su utilización correcta, y acceso a medidas de profilaxis posterior a la exposición”.

La recomendación 200, al reclamar que los trabajadores tengan el derecho al acceso a lugares de trabajo que proporcionen protección en el lugar de trabajo frente a la transmisión del VIH (así como apoyo y atención sanitaria relevante para los trabajadores que vivan con VIH),  y al reconocer que las trabajadoras sexuales están incluídas en la recomendación, hace resaltar que la comunidad internacional ha aceptado ya que a) las trabajadoras sexuales merecen protección en el lugar de trabajo frente al VIH y b) que la programación basada en derechos (en lugar de en penalización) es el modo de proporcionar esta protección en el lugar de trabajo.

La penalización de las terceras partes limita directamente el acceso de las trabajadoras sexuales a lugares de trabajo seguros. En Corea del Sur, donde los gerentes y los clientes están penalizados, las trabajadoras sexuales sufren los efectos de esta penalización. Los locales de trabajo sexual de interior tales como burdeles o salones de masaje se niegan a proporcionar condones, ya que éstos pueden ser usados por la policía como prueba de que se hace trabajo sexual, penalizando así al gerente. Por tanto, el deseo del gerente de no ser perseguido está en conflicto con su capacidad de proporcionar protecciones adecuadas en el lugar de trabajo y, como resultado, los investigadores estiman que hay un gran incremente en las enfermedades de transmisión sexual —incluído el VIH— desde la implementación de la ley.

En los EE.UU., el uso por las fuerzas de policía de los condones como prueba ha sido defendido por algunos activistas sobre la base de que ello proporciona una útil herramienta con la que combatir a los “proxenetas”. Obviamente, esta política tiene serias implicaciones para la capacidad de todas las trabajadoras sexuales radicadas en los EE.UU. de protegerse a sí mismas mientras trabajan; ello demuestra también la confusión existente entre las categorías “tercera parte” y “trabajadora sexual”, confusión que es utilizada para penalizar a las trabajadoras sexuales incluso en contextos en los que, al contrario que en los EE.UU., las trabajadoras sexuales no están directamente penalizadas. En otras palabras, los estados o los agentes estatales que quieren perseguir a las trabajadoras sexuales en contextos en los que las mismas trabajadoras sexuales no están directamente penalizadas, no tendrán más que decir que la trabajadora sexual es una tercera parte, y usar las pruebas de su trabajo sexual (tales como los condones) para respaldar su afirmación.

En Suecia, incluso los proyectos de reducción de daños que distribuyen condones a las trabajadoras sexuales y los clientes “podrían ser percibidos como promotores de la prostitución”, lo que los coloca en una zona gris legal como potenciales ‘terceras partes’[2]. Estos tres ejemplos, de Corea del Sur, Estados Unidos y Suecia, demuestran que en todo el mundo la penalización de terceros impide una respuesta efectiva frente al VIH, en directa contravención de la mejor práctica de salud pública, y de la recomendación 200 de la OIT. Las leyes que criminalizan a las terceras partes ponen en riesgo la salud de las trabajadoras sexuales.

La penalizazión de los gerentes fuerza a las trabajadoras sexuales a trabajar de forma más insegura. 

Muchas trabajadoras sexules —tanto de interior como de calle— prefieren trabajar para alguien. En la India, los terceros son hombres o mujeres que encuentran clientes en la calle y los conducen hasta una trabajadora sexual de interior, a cambio de un porcentaje de los honorarios de la trabajadora. La penalización de esta figura significa que algunas trabajadoras sexuales se ven forzadas a encontrar clientes en la calle por sí mismas, cuando sería más seguro permanecer en el interior. Forzar a las trabajadoras sexuales a trabajar fuera porque la relación que las permite trabajar dentro está penalizada, expone a las trabajadoras al acoso y la violencia debidas al estigma llevada a cabo por parte de algunos individuos. Los gerentes son también cruciales para la seguridad de las trabajadoras sexuales en todos los sectores: el colectivo de trabajadoras sexuales indias VAMP señala: “los propietarios de burdeles juegan un papel clave en la protección de las trabajadoras sexuales frente a la violencia y la coacción”. Penalizar estas relaciones de trabajo reduce la seguridad de las trabajadoras sexuales.

En Nueva Zelanda, donde el trabajo sexual está despenalizado, un estudio destinado a examinar los efectos de la ley encontró pruebas sugerentes de que las trabajadoras sexuales estaban más empoderadas en sus relaciones con los gerentes[3]. Las trabajadoras sexuales indicaron que les era más fácil rechazar a clientes que no querían ver, y se sentían apoyadas en eso por sus gerentes. Más aún, en un marco de despenalización, las leyes laborales se aplican al trabajo sexual, dando a las trabajadoras sexuales derechos laborales y recursos para enfrentarse a los gerentes; derechos y recursos que las trabajadoras sexuales no tienen en un contexto en el que los gerentes son penalizados por la única razón de serlo. Como tal, la despenalización de los gerentes permite a las trabajadoras sexuales trabajar con seguridad en el sector de su elección, y hacer frente a condiciones laborales abusivas o injustas.

Las trabajadoras sexuales son perseguidas bajo las leyes contra terceros 

Las poblaciones de trabajadoras sexuales alrededor del mundo a menudo se solapan en gran medida con otras poblaciones penalizadas o estigmatizadas: por ejemplo, personas LBGTQ,  personas que usan drogas, o migrantes. Como tales, las leyes que son usadas para perseguir a las trabajadoras sexuales no son necesariamente leyes redactadas específicamente para las trabajadoras sexuales. Por ejemplo, las leyes contra la homosexualidad masculina se usan frecuentemente para acosar y penalizar más a trabajadorxs sexuales tanto hombres como (erróneamente) transexuales.

Las leyes contra terceros son por definición leyes que no penalizan directamente a las trabajadoras sexuales; sin embargo, en la práctica estas leyes tanto penalizan directamente a las trabajadoras sexuales como, al contribuir al contexto penalizado en el que las trabajadoras sexuales se ven forzadas a trabajar, aumentan la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales al VIH (como se ha expuesto arriba), a la explotación, al estigma y a la violencia (incluída la violencia de la policía). El tema de la violencia es particularmente relevante en relación a las leyes contra terceros, ya que cualquier trabajadora sexual que desee trabajar con otra persona, por ejemplo por seguridad, estará entrando en una relación de tercera parte.

Como se ha expuesto arriba respecto al tema de los condones como prueba, allí donde los terceros son penalizados y la policía desea perseguir a las trabajadoras sexuales, se difumina la diferencia entre la definición de ‘trabajadora sexual’ y la de ‘tercera parte’. Algunos activistas anti-trabajo sexual han argumentado a favor de seguir usando los condones como prueba, sobre la base de que ello hace más fácil atrapar a los “proxenetas”. Estas campañas anti-trabajo sexual están fusionando deliberadamente a las trabajadoras sexuales con las terceras partes (y apoyando una táctica policial que pone en peligro la salud de las trabajadoras sexuales). Las trabajadoras sexuales y los terceros son tratados como si fueran lo mismo por aquellos que aplican la ley, lo que significa que las trabajadoras sexuales son penalizadas de hecho y sus derechos humanos violados.

Las trabajadoras sexuales pueden ser también terceras partes, y perseguidas bajo las leyes contra las terceras partes, en particular cuando toman medidas para garantizar su seguridad en el trabajo. 

Cualquier trabajadora sexual que trabaje con una amiga, incluso aunque no haya intercambio de dinero entre ellas, se convierte en una ‘tercera parte’. En el Reino Unido, donde el intercambio de sexo o servicios sexuales por dinero no está penalizado en sí mismo, pero sí las terceras partes, las trabajadoras sexuales son perseguidas usando las leyes contra las terceras partes cuando trabajan juntas por seguridad.

Esta persecución es a menudo llevada más allá de lo que puede ser considerado razonable, demostrando hasta qué punto el Estado desea usar las leyes contra terceros para acosar a las personas que sabe que son trabajadoras sexuales. En 2009, el servicio de procesamiento de la corona del Reino Unido realizó el procesamiento de una trabajadora sexual bajo las leyes contra los propietarios de burdeles, a pesar del hecho de que había estado trabajando con otra mujer por seguridad tras sufrir violencia en el pasado, y a pesar del hecho de que padecía cáncer. Al estar luchando contra una enfermedad potencialmente fatal y ser procesada por un delito no violento, el que no se interrumpiera el procesamiento fue una violación de las propias directrices del CPS relativas a los contextos razonables en los que llevar a cabo causas penales. Las trabajadoras sexuales son, pues, directamente penalizadas  bajo las leyes contra terceros, en la medida en que agentes estatales que deseen acosar legalmente a las trabajadoras sexuales las procesarán bajo las leyes contra terceros.

Los miembros de las familias de las trabajadoras sexuales son acosados bajo las leyes contra terceros. 

En la India, la Ley de Prevención de Trata Inmoral penaliza a los hijos adultos de las trabajadoras sexuales (como “proxenetas”) si siguien viviendo con sus madres, o si aceptan ayuda financiera de estas, por ejemplo, para pagarles los estudios. El artículo octavo de la declaración de los derechos humanos de las Naciones Unidas garantiza el derecho a la vida privada y familiar, pero en todas partes en las que hay leyes contra terceros, el derecho de las trabajadoras sexuales a la vida privada y familiar es violado en la medida en que parejas e hijos adultos son penalizados por vivir con las trabajadoras sexuales o compartir sus ingresos.

Las leyes contra terceros pueden ser usadas por la policía para impedir el acceso de las trabajadoras sexuales a servicios como la vivienda. 

En Noruega, la ‘Operación Sin Techo’ permitió a la policía acosar a las trabajadoras sexuales —mediante la inseguridad de vivienda implícita en el nombre de la operación— mediante las leyes contra terceros. Bajo las leyes por las que un casero puede ser procesado por vivir de las ganancias de una trabajadora sexual, la policía llamó a los caseros de aquellas que sospechaba que eran trabajadoras sexuales, y les advirtió que o echaban de inmediato a la inquilina o ellos mismos serían procesados. Las trabajadoras sexuales fueron echadas a la calle, en un claro caso de cómo las leyes contra terceros pueden a) facilitar la represión policial de las trabajadoras sexuales, incluso en marcos legales en los que las trabajadoras sexuales mismas no están penalizadas aparentemente, y b) violar los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, con consecuencias particularmente negativas sobre la capacidad de las trabajadoras sexuales de proteger su salud (el desahucio repentino de una trabajadora sexual reducirá su poder negociador en el trabajo, con un efecto directo en su capacidad de exigir sexo con protección). Más aún, este acoso es extrajudicial en la medida en que los caseros solo necesitan la amenaza de un procesamiento para que echen a sus inquilinas, y la policía solo necesita sospechar  que una persona es trabajadora sexual para hacer la amenaza.

Así que los derechos de las trabajadoras sexuales son violados cuando las leyes contra terceros penalizan aspectos del trabajo sexual, ya que esas leyes serán invariablemente usadas contra los miembros de la familia y los asociados de las trabajadoras sexuales, así como penalizarán directamente a las trabajadoras sexuales cuando los agentes del Estado que deseen acosar legalmente a una población estigmatizada usen las leyes contra terceros contra las trabajadoras sexuales, ya procesándolas como si fueran terceras partes (como en el ejemplo del Reino Unido) o amenazando con las leyes contra terceros a cualquiera que se asocie con trabajadoras sexuales, a fin de aumentar la marginación social de las trabajdoras sexuales  (por ejemplo, aumentando la inseguridad de vivienda, como en el ejemplo noruego).


[1] El término ‘terceras partes’ incluye gerentes, propietarios de burdel, recepcionistas, empleadas de hogar, conductores, caseros, hoteles que alquilan habitaciones a trabajadoras sexuales y cualquier otra persona que sea vista como facilitadora del trabajo sexual

Nat Purwa: donde la prostitución es una tradición

 http://www.aljazeera.com/indepth/features/2013/01/20131161032441697.html 

Por generaciones, un pueblo de la India ha vivido una prostitución generalizada, con las mujeres traspasando el oficio a sus hijas. 

Felix Gaedtke y Gayatri Parameswaran, 19 enero 2013 

 Nat Purwa

Nat Purwa, un pequeño pueblo del estado indio de Uttar Pradesh, está a unas dos horas en coche de la capital provincial, Lucknow. Por las mañanas, docenas de niños vestidos de harapos corretean a lo largo de sus polvorientas calles. Es difícil dejar de ver sus vientres grandes y redondos de desnutridos. Los niños desaparecen por los campos, ahuyentando ganado suelto. 

Como la mayor parte de los pueblos de los alrededores, Nat Purwa sufre una abyecta pobreza. Pero una circunstancia hace a este pueblo destacar entre los otros de la zona: aquí, la prostitución es una ocupación hereditaria, pasada de una generación de mujeres a otra. 

Cuando Chandralekha cumplió 15 años, se incorporó al oficio como el resto de las chicas del pueblo. “Mi abuela me dijo: ‘Todo el pueblo se dedica a la prostitución. ¿Qué importa si tú te conviertes en prostituta?’ Fue mi abuela la que me introdujo”, dice a Al Jazeera. 

Las arrugas se entrecruzan en su rostro de 50 años mientras relata su pasado. “Siempre me sentí mal. Con el primer hombre, luego el segundo, cuarto, quinto, sexto. Miles de hombres pasan por una mujer. Yo diría que una mujer empieza a sentirse mal desde el principio, pero hay un punto débil. Hay un estómago hambriento que alimentar y hay que resignarse”. 

Chandralekha renunció a la prostitución debido al abuso intolerable. “Me di cuenta de que no hay respeto”, dice. “Una puta es una puta”. 

Chandralekha y miles de otras mujeres de Nat Purwa pertenecen a la comunidad Nat. Los Nats han llevado una existencia marginada desde hace décadas. Antes de que la prostitución se volviera la norma, los Nats fueron históricamente artistas, y algunos todavía mantienen esa tradición.

 En 1871, la Ley de Tribus Criminales fue aprobada bajo el dominio británico, que clasificó a determinadas tribus como implicadas en “actividades criminales”. Los Nats fuero una de esas tribus a las que iba dirigida esa ley. 

Madhu Kishwar, editora de Manushi, un periódico y foro por los derechos de las mujeres explica:”Ellos [Nats y otras ‘tribus criminales’] solían ser danzantes, acróbatas, juglares y magos”, dice. 

“Durante el período colonial, los británicos prohibieron sus actividades. Fueron golpeados, detenidos, encerrados y el trato brutal continuó. Eso secó su tradicional fuente de supervivencia, y las mujeres no tuvieron elección. Terminaron en la prostitución —¿qué otra cosa podían hacer?” 

Kishwar dice que, más de seis décadas tras la independencia, el entramado legal de la India todavía ve a la comunidad marginada a través del prisma colonial. 

“Estoy llevando su caso al Tribunal Supremo”, dice a Al Jazeera. “Es un proceso largo, pero no me voy a rendir”. Añade que es necesario que haya un cambio importante en “la mentalidad colonial” entre todas las personas de la India a fin de conseguir un auténtico cambio. 

¿Un fenómeno de toda la India?.

Nat Purwa no es única: la académica Dra. Anuja Agrawal, que ha dirigido una investigación sobre este tema, dice que es difícil estimar el número exacto de tales “pueblos de prostitutas” en la India. 

“Están extendidos a lo ancho de [los estados indios de] Uttar Pradesh, Madhya Pradesh y Rajasthan”, dice. “Y están habitados por otras comunidades como los Nats, tales como los Bedias, Faasi y Banjar. La prostitución ha emergido como una estrategia de supervivencia entre varias de tales comunidades”. 

Agrawal dice que todas esas comunidades están interconectadas: “Comparten un pasado concreto. Todas fueron tribus nómadas que se asentaron con sus comunidades en pueblos pequeños”. 

En su libro Migrant Women and Work, Agrawal escribe sobre la comunidad Bedia y su “proclividad” hacia la prostitución. Hay una “dimensión familiar” hacia el comercio, dice. Los hombres también están implicados, haciendo del trabajo sexual un aspecto importante de la economía familiar. 

Este fenómeno no está restringido a las planicies norte y central de la India. En el sur del país, la tradición de las Devadasis ha permitido que el trabajo sexual siga siendo la principal ocupación entre las mujeres de ciertas comunidades.

En la era precolonial, las Devadasis fueron a menudo danzarinas del templo que se habían “casado” con las deidades del templo. Bajo el dominio británico, las danzas del templo fueron clasificadas como acto criminal, y las mujeres se vieron obligadas a sustituirlas por la venta de sus cuerpos para conseguir un ingreso. El trabajo sexual se convirtió entonces en una “tradición” entre esas comunidades, y en la actualidad ha conseguido un cierto nivel de aprobación social y cultural. 

Con los años, las mujeres de esas comunidades han migrado a los centros urbanos de la India, tales como Delhi, Mumbai, Kolkata e incluso, como se ha informado, internacionalmente a ciudades tales como Dubai. “Incluso, si vais a los burdeles y barrios rojos de esas grandes ciudades, encontraréis a mujeres de esas comunidades”, dice Agrawal. 

Un estudio ha estimado que hasta un uno por ciento de toda la población femenina adulta de la India puede estar implicada en el comercio sexual. El gobierno indio ha tomado varias medidas para rehabilitar a esas mujeres y proteger a sus hijos. En octubre pasado, el gobierno de Delhi presentó una propuesta para hacer converger varias de tales medidas en un régimen general para las trabajadoras sexuales. 

“De hecho, acabamos de empezar el trabajo con las trabajadoras sexuales de las comunidades marginadas”, dice Ratna Prabha, del Ministerio para el Desarrollo de Mujeres y Niños. 

“En estados como Maharashtra, Andhra Pradesh y Karnataka, hemos comenzado haciendo un estudio de base. Estamos intentando averiguar cuáles son sus necesidades en términos de salud, educación, vivienda y otros factores económicos. Estamos también intentando saber que necesitan sus niños o que necesitarán ellas cuando se hagan mayores. En todos estos estados, estamos trabajando con el gobierno del estado y reputadas ONGs”. 

Desestigmatizando 

De vuelta a Nat Purwa, los niños han vuelto de jugar en los campos. Cuando se les pregunta cómo se llaman, sólo dan el nombre; muchos no tienen apellidos. Nat Purwa es conocida en otras partes como “un pueblo de bastardos”. 

Por ejemplo, Ram Babu, investigador de campo con una ONG local llamada ASHA Trust, dice que tuvo que afrontar el estigma cuando se marchó para hacer estudios superiores. “Nos preguntaban: ‘¿De quién eres hijo? ¿Eres un hijo de prostituta? Entonces debes ser un bastardo. Nadie sabe quién es tu padre. Nadie sabe de quién eres hijo’. Estas son las cuestiones a las que todos nosotros debemos hacer frente. Estoy seguro de que todos sufrimos por ello”. 

Ram Babu, que, incidentalmente, nació “fuera del matrimonio”, dice que el único modo de hacer soportable el pasado de los habitantes de estos pueblos es trabajar por un futuro mejor. “Al menos el 30 por ciento de las mujeres del pueblo son todavía trabajadoras sexuales”, dijo a Al Jazeera. “Si quieres ver un progreso, debes ser capaz de ofrecerles un modo alternativo de ganarse la vida. Si se les da una opción concreta, lo pensarán seriamente”. 

El trabajador de dicha ONG señaló que la falta de educación está enlenteciendo el camino del progreso. “Aquí hay un gran problema. Cuando no hay educación, es fácil ser engañado”, dijo. 

La escuela de Nat Purwa no parece particularmente impresionante. En un paraje desolado, el edificio tiene una sala con unos pocos bancos y una pizarra. Rukmini [nombre cambiado], una estudiante de 12 años, dijo tímidamente: “No sé qué voy a ser. Seré lo que tenga que ser. Puede que trabaje en un oficio, o algo así”. 

No parecía ferozmente ambiciosa. Pero dado el sombrío entorno de Nat Purwa, su sueño no iba a ser fácil”.