Prostitución y feminismo, una mirada a la lucha sindical en Argentina

 

EFE Buenos Aires

8 de enero de 2019

https://www.efe.com/efe/america/entrevistas/prostitucion-y-feminismo-una-mirada-a-la-lucha-sindical-en-argentina/50000489-3861071#

 

La secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), Georgina Orellano, habla durante una entrevista con Efe el pasado 4 de enero de 2018, en Buenos Aires (Argentina). EFE

 

“Puta y feminista”, así es como se define Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), una agrupación que lleva 23 años luchando para que las trabajadoras sexuales puedan “salir de la clandestinidad” y reivindicar que “la prostitución es trabajo”.

Ammar es una organización sindical que nació en 1995 “producto de la organización de un grupo de trabajadoras sexuales” de Buenos Aires contra los “edictos policiales que criminalizaban el uso del espacio publico para ofrecer servicios sexuales”, con penas que iban de los “30 a 60 días de arresto”.

Durante los casi 24 años de su historia, Ammar ha transformado y ampliado sus objetivos en busca de un reconocimiento integral de la prostitución.

“Nuestra reivindicación principal es para poder salir de la clandestinidad, para no sufrir violencia institucional, para no tener que pagar a la policía y también como una herramienta para combatir el estigma social que nos condena a quienes ejercemos esta actividad”, manifestó Orellano a Efe.

La secretaria general del sindicato tiene claro que para conseguir “el reconocimiento de la profesión” deben apoyarse mutuamente, ya que “la salida es colectiva, organizativa y sindical sobre todas las cosas”.

“No va a ser una ley que nos va a transformar el 100 % de nuestras vidas, a nosotras lo que nos transformó fue organizarnos, fue encontrarnos en un sindicato, en una central de trabajadores y trabajadoras en las cuales generamos conciencia de clase”, aseguró.

La prostitución no está tipificada en el Código Penal argentino.

La única referencia sobre el tema en el ámbito nacional se remonta a un decreto presidencial de 2011 que prohibió los anuncios publicitarios de oferta sexual, aunque hay varias provincias, entre ellas la bonaerense, en la que se penaliza la prostitución con penas de hasta 60 días de arresto.

Orellano tiene 33 años y se prostituye desde que tenía 19, un tiempo en el que ha conseguido vencer la “vergüenza” y la “culpa” con la que vivía.

“Pensaba que por ser prostituta no tengo ningún derecho, el derecho que tengo es que todo el mundo opine de mí y que todo el mundo me condene. Vivía con la cabeza gacha, con mucha culpa, con mucha vergüenza, naturalizando un montón de situaciones de violencia, porque pensaba eso, que las putas no nos merecemos nada”, relató.

Ahora quiere, junto con la ayuda y colaboración de sus compañeras, conseguir que ese proceso de aceptación que ella ha vivido se traslade a una sociedad que todavía conserva pensamientos como “la puta es puta porque quiere” o “si la policía la violenta se lo merece por puta”.

“Teníamos una cuota de responsabilidad que era alzar la voz, contar verdaderamente quiénes somos, decir por qué decidimos ejercer el trabajo sexual y corrernos un poco de este rol de la víctima. Toda la gente pensaba que la puta era la víctima y todos nos querían venir a salvar pero nadie le venia a preguntar a la puta que era lo que quería”, subrayó.

Georgina Orellano habla claro, sin tapujos ni remordimientos, sin que le tiemble la voz cuando tiene que decir la palabra “puta”, la misma que lleva tatuada en uno de sus brazos, fruto de muchos años de activismo feminista que le han dado una visión transversal de la problemática y que la han llevado a una conclusión muy clara, y es que la única solución posible radica en la educación.

En su opinión, “la educación sexual integral” debe ofrecerse desde el jardín de infancia, para que se traten temas como “derecho a la intimidad, el consentimiento, la intimidad y el respeto por el propio cuerpo”.

Si bien considera que no es fácil incorporar estos temas a ciertos sectores de la sociedad “más tradicionales”, que ven el sexo como “algo sucio” de lo que no se debe hablar.

“En muchas casas nunca se habló de sexo, siempre era como algo prohibido y no hablarlo o esconderlo debajo de la alfombra es justamente generar que es algo malo, construir que el sexo es algo malo, prohibido y sucio”, destacó.

Lo que tiene claro es que en este cambio social se deben involucrar todos los sectores, incluyendo a muchos hombres.

Basada en sus años de experiencia, se muestra desconfiada de lo que las leyes pueden ofrecer y considera que el primer cambio debe ser el de “involucrar a los protagonistas” a la hora de “elaborar políticas públicas”.

Orellano es puta y feminista, además de sindicalista y otras muchas cosas, aunque por encima de todo es una persona que tiene una respuesta elaborada a cada pregunta.

Y es que como ella dice, “ahora cada vez que hablan de las putas hay una puta que va a contestar”: el primer eslabón de un cambio global que se proyecta sobre toda la sociedad.

 

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El problema con el trabajo sexual es el trabajo: conversación entre Conner Habib y la Dra. Heather Berg

 

 

 

Por Conner Habib y la Dra. Heather Berg

14 de diciembre de 2018

https://merryjane.com/culture/sex-worker-exclusionary-socialism-conner-habib-and-dr-heather-berg-discuss-left-wing-labor-biases

 

El actor para adultos y la académica de Estudios Feministas examinan la naturaleza no consensual del trabajo asalariado en Estados Unidos a través de la lente de las narrativas anti trabajadoras sexuales de la izquierda estadounidense.

 

Lo siguiente es una conversación entre Conner Habib (artista porno, activista y presentador del podcast Against Everyone with Conner Habib) y la Dra. Heather Berg, profesora de Estudios de Género de la Universidad del Sur de California, cuyo libro sobre trabajo sexual y pornografía está a punto de publicarse.

Berg y Habib examinan el trabajo sexual en Estados Unidos en términos generales, y se refieren específicamente a la superposición entre los sistemas de poder que imponen la estigmatización y la criminalización tanto del cannabis como del sexo; cómo a menudo se excluye el trabajo sexual de las luchas políticas como #MeToo y las narraciones socialistas / marxistas y feministas modernas; y la amenaza potencial que el trabajo sexual representa para los sistemas de empleo basados ​​en salarios.

 

Conner Habib: Hay mucha superposición entre la regulación del trabajo sexual, la regulación de las drogas y los sistemas de castigo que imponen ambos. Entonces, ya que esto es MERRY JANE, comencemos por ahí. ¿Qué tienen las drogas y el trabajo sexual que amenazan el status quo?

Dra. Heather Berg: Tanto las drogas como el trabajo sexual son los enemigos del trabajo asalariado. El trabajo sexual, especialmente el trabajo sexual independiente, ha sido históricamente una forma poderosa de escapar del sistema de salarios. Criminalizarlo es una forma de asegurarse de que las personas tengan que tener un jefe, o ser parte de una familia nuclear, para sobrevivir. El tráfico de drogas a veces ha funcionado de la misma manera, por lo que existe una profunda conexión entre la guerra contra el trabajo sexual y la guerra contra las drogas.

Conner Habib: Te estás centrando en el sistema de salarios, y también pienso en otras formas culturales en que esto es cierto. Por ejemplo, en el siglo XIX, las mujeres solteras recurrieron al trabajo sexual porque tenían más derechos y mayores posibilidades de prosperar como trabajadoras sexuales que como esposas.

Este tipo de ocupaciones son estrategias para evadir muchas estructuras que pueden dañarte. Y en lo que respecta al aspecto salarial que mencionas, los poderes encuentran esa parte particularmente amenazadora. Es tan difícil de regular el trabajo sexual en muchas de sus formas; es una transacción tan directa. Lo más habitual es que sean dos personas en un pequeño espacio no controlado.

Dra. Heather Berg: Correcto. Es irregulable, y también improductivo. El trabajo sexual independiente no genera dinero para un jefe ni (a menudo) para el Estado y, a diferencia del sexo que se supone que tenemos en las familias nucleares, tampoco produce hijos que puedan convertirse en nuevos trabajadores.

Conner Habib: Las personas que luchan por la regulación de las drogas han dicho que es una guerra contra los estados alterados de conciencia. La guerra contra el sexo es la guerra más antigua contra los estados alterados de conciencia que existe. Y obviamente, dado que el sexo es el contenido del trabajo sexual, esto también implica restricciones en el trabajo sexual.

Uniendo eso con lo que dijiste sobre la productividad: es obvio, por ejemplo, cuando la gente habla de la llamada adicción a la pornografía.

“La gente dice: ‘Oh, creo que tengo una adicción a la pornografía porque veo dos horas de pornografía al día’. Y les devuelvo eso y les digo: “¿Cuántas horas a la semana trabajas? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta? ¿Más? Parece que tu adicción al trabajo se está interponiendo en tu forma de masturbarte con el porno”.

Dra. Heather Berg: ¿Cuál es el punto de conexión entre las comunidades de trabajadoras sexuales y los lectores de MERRY JANE? ¿Qué significa luchar por el derecho a ser improductivo? Esa es también la amenaza de la maría. No tenemos que decir que el sexo y las drogas no nos distraen, podemos decir, “sí, nos distraen, y eso es algo bueno”.

Conner Habib: Sí, porque ¿de qué nos distraen? Y también, ¿por qué anhelamos esta distracción? Queremos que se nos ofrezca la oportunidad de salir del mundo. Esa es una cuestión de consentimiento. ¿Quién diablos consintió en “trabajar para ganarse la vida” o usar dinero? Las narraciones contra el sexo y las drogas son: “¡Esto es tan peligroso, podrías perder el control!” Pero, por supuesto, nadie tiene control sobre el trabajo o el dinero, que es el más peligroso de todos.

En los EE. UU. hay un aumento de la conciencia acerca de los problemas del trabajo, y eso proviene principalmente de marxistas, socialistas e incluso socialistas demócratas, como los llamados “Bernie Bros.” Afortunadamente, esto nos hace comenzar a cuestionar el concepto de “trabajo” en general.

Dra. Heather Berg: Y eso todavía no está bastando para poner fin a los ataques contra las trabajadoras sexuales. Volviendo a la idea de que el trabajo sexual es amenazador porque podemos hacerlo de manera independiente, quiero decir que creo que es una idea equivocada para las personas que se llaman a sí mismas “socialistas” decir que [el trabajo sexual] es el único perjudicial como forma de trabajo. . En la medida en que el trabajo es perjudicial porque las personas pueden explotarte por tu trabajo, el trabajo sexual ofrece más vías para independizarte de los jefes de mierda.

Conner Habib: Puede ser un paso hacia la disolución del poder de los jefes.

Dra. Heather Berg: Sí, y eso no está reconocido. El grito de las trabajadoras sexuales en las manifestaciones “trabajo sexual es trabajo” ha ayudado mucho a los derechos de las trabajadoras sexuales. Pero el problema con esta forma de presentar el trabajo sexual es que se sobrecarga con lo que el oyente ya piensa del “trabajo”. Si las personas suponen que el trabajo es algo bueno, llamar “trabajo” al trabajo sexual lo hace respetable. Lo sanea.

Conner Habib: Y, obviamente, el trabajo no es algo bueno. El trabajo, y la exigencia de trabajar, son peligrosos. Trabajar o morir de hambre. Trabaja o mira morir a tu familia por falta de atención médica. Trabaja y muere de camino al trabajo o debido a las condiciones del trabajo. Se habla mucho de apoyar a la economía creando empleos. Pero “crear empleos” es, en cierto modo, un sustituto de “crear más formas de destruir tu psique, espíritu y cuerpo”.

Estamos empezando a ver que, como trabajadores que se ven obligados a trabajar, estamos todos juntos en esto, y algo debe cambiar.

Pero los socialistas están jugando con esas políticas de respetabilidad. No por ser protrabajo en general, sino por centrarse solo en la parte del trabajo, que es, para algunas personas, una manera de seguir siendo respetable de forma segura. La idea central de todo esto es que, de alguna manera, si organizamos todas las condiciones laborales y económicas de la manera correcta, todos los problemas del mundo se resolverán por sí mismos; ¡Todo lo que necesitas son buenas leyes! Pero simplemente no es verdad, tienes que hacer un trabajo interno y cultural, tanto como un trabajo asalariado.

Dra. Heather Berg: Centrarse por completo en encuadrar el trabajo sexual como “trabajo real” también nos puede librar de tener que examinar por qué las personas en el poder quieren que consideremos ciertos tipos de encuentros sexuales como “malos”. Lo que para mí sigue siendo una cuestión económica, porque lo que se define como “buen” sexo es el sexo económicamente productivo. Volviendo a las limitaciones del lenguaje del “trabajo” sexual, hace que sea fácil para las personas que piensan que todas las trabajadores siempre son víctimas disfrazar su falta de respeto y su putofobia como una especie de crítica de justicia social.

Conner Habib: Y creo que eso se traduce en un argumento superficial que dice algo así como: “Ningún trabajo es consensual. El sexo no consensual es una violación. Por lo tanto, todo trabajo sexual es una violación “.

Dra. Heather Berg: Por supuesto, muchas personas que hacen trabajo sexual realmente no se preocupan de (ni se preocupan por) la parte sexual; ellas quieren dinero, como cualquier otra persona en un trabajo. La mayoría de la gente odia su trabajo en el sentido de que la mayoría de la gente no trabajaría en las condiciones que lo hacen sin la amenaza económica que los obliga a hacerlo. Eso es tan cierto para las trabajadoras sexuales como para los profesores universitarios, los trabajadores minoristas y los abogados.

Pero las feministas excluyentes de las trabajadoras sexuales se niegan a dar el siguiente y más obvio paso, que es construir algo distinto. Han agotado sus argumentos laborales [alegando que el trabajo sexual] es de alguna manera el peor tipo de trabajo. Ponen todas sus inquietudes sobre “el sistema” en la figura de la trabajadora sexual, y se niegan a hacer cualquier otra pregunta.

Conner Habib: He disfrutado alguno, pero no todo el trabajo sexual que he hecho. Pero cuando digo eso, la respuesta es a menudo “¡bien, tienes privilegios!” Es cierto que algunas trabajadoras sexuales experimentan privilegios en comparación con otras trabajadoras sexuales. Pero con muy pocas excepciones, ninguna trabajadora sexual disfruta de los privilegios que disfrutan las personas que no hacen el trabajo sexual, y ese es un ángulo de privilegio extremadamente importante en el que pensar.

Dra. Heather Berg: También creo que la idea de que solo las personas con privilegios de raza y clase pueden disfrutar del trabajo sexual es racista y clasista.

Conner Habib: Correcto, y obviamente yo experimento privilegio como hombre cisgénero, pero no experimento los mismos privilegios que los hombres blancos heterosexuales, y mucho menos los hombres blancos heterosexuales que no son trabajadores sexuales. Entiendo el punto que se señala, que en todo el mundo hay personas que están haciendo trabajo sexual y no les gusta. Nunca creo que hablo por ninguno de ellas cuando digo que he disfrutado un poco haciéndolo.

“A las feministas radicales excluyentes de las trabajadoras sexuales (SWERF) les gusta imaginar que las trabajadoras sexuales en el sur global, por ejemplo, o las trabajadoras de color de la calle en el norte global, son incapaces de encontrar momentos de placer y resistencia en su trabajo diario, lo que es profundamente condescendiente “.

Dra. Heather Berg: Y a las feministas radicales excluyentes de las trabajadoras sexuales (SWERF) les gusta imaginar que las trabajadoras sexuales en el sur global, por ejemplo, o las trabajadoras de color de la calle en el norte global, son incapaces de encontrar momentos de placer y resistencia en su trabajo diario, lo que es profundamente condescendiente. Pero también es cierto que las personas con opiniones enfrentadas sobre este tema (ya sea que les guste el trabajo sexual o que lo odien) deben tener en cuenta que podrían estar excluyendo a otros trabajadores de las normas que acaban de establecer. Entonces, si dices que te gusta [el trabajo sexual], eso es decir que eres un buen trabajador. Al igual que el “buen” vendedor minorista, es considerado como el que ama el producto vendido en la tienda, mientras que el trabajador “malo” es el que no se preocupa por eso.

Conner Habib: Totalmente. Puede que haya sido menos cauteloso con respecto a eso en el pasado, pero en estos días me esfuerzo por distinguirlo como mi experiencia y no como una receta o representación general de nadie, porque veo los peligros de esa mala interpretación. La pregunta para mí, al imaginar un mundo sin trabajo, es “¿Cómo te gustaría que fuera tu día? ¿Qué harías en un día que disfrutaras?”

Cuando imagino un mundo sin las sandeces del trabajo asalariado, todavía me imagino disfrutando del sexo. Así que he hecho todo lo posible para hacer que mi vida dentro de este sistema de trabajo forzoso aparezca como imagino que aparecería si no estuviera en él.

Y me doy cuenta de que hay otros que, si se les pregunta, “¿cómo te gustaría que fuera tu día si dependiera de ti?” nunca dirían algo como lo que yo diríra.

Necesitamos ver que las cuestiones de autonomía, deseo y cultura son importantes, pero que no debemos mezclarlas con cuestiones sobre derechos.

El punto para mí es que incluso si disfruto de un aspecto sexual, ¡también odio la parte de trabajo! Siempre lo he odiado. Me parece tan obvio que la relación que las personas tienen con su salario es lo que no es consensual, no el contenido del trabajo.

Dra. Heather Berg: Quiero resaltar eso nuevamente: decir que el trabajo no es consensual es decir que el imperativo de ganarse la vida no es consensual; no quiere decir que el contenido de cómo decidimos hacer las cosas no es consensual. Pagar facturas y ganarse la vida son cosas que nos obligan a hacer. Pero hay todo tipo de estrategias, formas de creatividad, lucha y consentimiento en cómo las personas optan por hacerlo.

Conner Habib: Te encuentras con personas que juegan a la revolución preguntando con una expresión seria: “¿existirá el trabajo sexual después de la revolución?” y parece que se están riendo de mí. La idea de un momento de salvación, de un antes y después de la revolución con el trabajo sexual es ridícula y refleja la industria de rescate he-salvado-a-una-trabajadora-sexual del feminismo anti trabajo sexual.

Dra. Heather Berg: Correcto, y hacen estas afirmaciones citando a Marx, cuando hay tantos pensadores, especialmente feministas marxistas, que tienen cosas más interesantes que decir sobre el sexo. Soy marxista y puedo reconocer fácilmente que Marx tenía políticas sexuales y de género conservadoras. No podemos pensar que él nos da las respuestas a estas preguntas.

Cuando se trata de “sexo después de la revolución”, deseo que los socialistas anti trabajo sexual reconozcan que la revolución se hace cada vez menos posible cuando pretenden que el trabajo sexual es excepcionalmente malo en comparación con otras formas de trabajo. Ese marco les impide llegar al siguiente paso. En realidad nos mantienen en nuestro sitio porque no llevan sus teorías lo suficientemente lejos o las toman suficientemente en serio.

“Me gustaría que los socialistas anti trabajo sexual reconocieran que la revolución se hace cada vez menos posible cuando pretenden que el trabajo sexual es excepcionalmente malo en comparación con otras formas de trabajo”.

Conner Habib: Y es una violación de los términos básicos de solidaridad en un marco marxista / socialista, que es que la solidaridad se forma en los términos del Otro. No se trata de lo que un lado impone al otro, sino de una especie de escucha. ¡Ese es un principio básico! Si la opresión le está sucediendo a alguien, te unes en causas universales para combatirla. Si estás exigiendo que las trabajadoras sexuales tengan que callarse sobre el trabajo sexual y simplemente se unan a tu versión de la política laboral, entonces has abandonado la solidaridad. Eso es cierto incluso si la persona que lo exige es una trabajadora sexual, como se puede ver en la llamada “jerarquía de putas”, donde un tipo de trabajadora sexual (es decir, escorts vs actores porno vs dominatrices, etc.) cree que son mejores de una manera u otra que otro tipo de trabajadora sexual. Se necesitan alianzas entre todos los trabajadores, pero especialmente entre las clases de trabajadores que están luchando por presiones superpuestas.

Dra. Heather Berg: También abandona un principio central de la formulación de las ideas socialistas. Que es que los trabajadores tienen una vasta reserva de conocimientos. Así que estas personas que piensan que son la vanguardia están ignorando cómo los trabajadores experimentan su día a día y convierten esa experiencia en política.

Tal vez sea más claro decirlo así: si defiendes leyes como SESTA que matan a los trabajadores, no eres socialista.

 Conner Habib: Y el problema con la mayoría de las críticas de cualquier conducta sexual consensual es que presuponen que la crítica proviene de un punto de vista objetivamente sano de entender el sexo. Esto no es cierto el 99% de las veces.

Por ejemplo, con los socialistas anti trabajo sexual que dicen que el trabajo sexual no existirá después de la revolución, la idea es que existe un tipo de sexo absolutamente sano que no se parece al sexo como transacción, y que los socialistas ya lo tienen ahora.

La cruel ironía es que las personas que tienen la mejor oportunidad de venir de ese espacio de comprensión son trabajadoras sexuales, porque tienen la capacidad de presenciar realmente cómo funciona el sexo en la vida de las personas.

Y esto conecta con las formas en que el socialismo falla de la manera en que #MeToo —por muy necesario y exitoso que haya sido— falla también: la crítica está incompleta.

Así es como terminas teniendo personas que expresan su sentido de violación sexual a través de #MeToo diciendo: “¡No soy una prostituta!”

 Dra. Heather Berg: Cuando una actriz dice: “¡no soy una prostituta!” para comunicar la agresión que ha sufrido, se puede ver su falta de solidaridad con otras trabajadoras.

Eso es lo que resulta tan sorprendente en estas historias #MeToo de la industria del entretenimiento. La sensación de daño es que estos otros tipos de trabajadoras están siendo consideradas como trabajadoras sexuales, y para ellas, eso es un grave error de categoría. Por supuesto, esto no quiere decir que las trabajadoras no tengan derecho a establecer en qué términos se sexualiza su trabajo, pero hay una manera de hacerlo que no es “yo no soy una de esas chicas”.

Conner Habib: Eso me hace ver cuántos de los problemas que enfrentan las trabajadoras sexuales son problemas laborales, pero que sin embargo una gran parte del ímpetu discriminatorio tiene que ver con el sexo.

Dra. Heather Berg: Y la naturaleza ingobernable del trabajo sexual del que hablamos antes.

Conner Habib: el socialismo anti trabajo sexual, el feminismo anti trabajo sexual, la falta de solidaridad en #MeToo, todos están vinculados al ser tan limitados en su comprensión de los trabajadores y la sexualidad. Estoy pensando en cómo, para #MeToo, existe la idea de que el sexo debe soportar la carga de la terrible dinámica hombre-mujer. Cuando las personas hablan sobre cómo, por ejemplo, las cosas entre hombres y mujeres son tan malas en las oficinas en relación con el acoso debido a la dinámica sexual, ¿por qué tanta gente ignora el hecho de que las oficinas son lugares de mierda que inevitablemente crean una dinámica de poder terrible?

El sexo ya está estigmatizado, mal entendido y controlado por personas e instituciones de poder de muchas maneras, ¿y ahora esperamos que [el sexo] soporte la carga [de arreglar la dinámica entre hombres y mujeres] más que cualquier otro aspecto de la vida? Por supuesto que [el sexo] tiene su dinámica de poder, pero ¿qué extrañamos de esa dinámica de poder cuando ponemos tanta carga sobre el sexo como el lugar donde los clasificamos?

Dr. Heather Berg: Y nuevamente, este enfoque en el sexo significa que su crítica no puede ir lo suficientemente lejos. ¡Si quieres eliminar las diferencias extremas en el poder, elimina los jefes!

Conner Habib: Y si quieres tener una verdadera crítica basada en el sexo, ¡ve más allá! Critica también las relaciones monógamas y el matrimonio y la idea de que el sexo es “mejor” cuando ocurre entre dos personas enamoradas y que no deberías hacerlo de otra manera.

 Dra. Heather Berg: El hecho de que el trabajo sexual y el sexo ya estén estigmatizados es la razón por la cual las personas los seleccionan como su límite. Y se convierten en un recipiente hermético. Estoy pensando en cuántas mujeres con las que he hablado han dicho que preferirían un jefe práctico a un jefe narcisista, o a uno que roba todos los esfuerzos de su trabajo, o que las menosprecia. O, básicamente, un jefe que se niega a pagar un salario digno. Pero tenemos que luchar por el espacio para discutir estos otros tipos de abusos.

Conner Habib: Creo que, también, existe esta afirmación de que #MeToo está a punto de investigar las “áreas grises”, como si eso fuera una declaración radical. La verdad es que la mayoría de los encuentros sexuales no son una violación total o un placer total y definitivo. Lo que significa que la mayoría de los encuentros sexuales son el área gris. Si la idea es que vamos a llevar #MeToo a la sexualidad, ¿quién va a hacer ese trabajo y cómo será pensado?

Cuando piensas en eso en términos de trabajo sexual, podemos ver que la mayoría del trabajo con contenido sexual va a compartir contornos con interacciones sexuales privadas, no remuneradas. Pero la gente usa eso como munición para atacar a las trabajadoras sexuales. “¡Oh, no es un sexo totalmente entusiasta, así que debe ser una violación!” No, solo estamos hablando de cómo ocurre el sexo. La diferencia es que algunas personas son capaces de comprender esto para cumplir con las demandas de mierda de supervivencia de nuestra cultura.

Dra. Heather Berg: Y de nuevo, para la gente que cita confusamente a Marx: Marx dijo que el trabajo era un sitio de lucha. Es un lugar donde vamos a pelear. El trabajo es explotador, pero no unilateralmente explotador. Cuando las personas dicen que “el trabajo sexual es trabajo”, esto puede significar que el trabajo sexual es un lugar donde vamos a luchar, a fijar estrategias y a desarrollar formas creativas de resistencia.

Conner Habib: Y también necesitamos ver, seamos o no trabajadoras sexuales, que todos intentamos hacer que el trabajo sexual funcione para nosotros en nuestras vidas. El sexo es una parte constitutiva del ser humano. ¡Literalmente no podemos existir sin él! Sin embargo, lo demonizamos. Pero el trabajo forzado empeora nuestras vidas y lo alabamos y normalizamos. ¿Qué mierda es ésta?

 

Publicado el 14 de diciembre de 2018

Conner Habib y la Dra. Heather Berg

 

La Dra. Heather Berg es una académica de Estudios Feministas que enseña en la Universidad del Sur de California, cuyo trabajo explora el parto, el trabajo sexual, la sexualidad y la resistencia. Su próximo libro, Porn Work: Adult Film at the Point of Production, explora las estrategias de los trabajadores del porno para controlar (y subvertir) el trabajo precario. Conner Habib es un escritor, conferencista, actor gay y presentador del podcast “Against Everyone With Conner Habib”.

De los burdeles a la independencia: la neoliberalización del trabajo (sexual)

 

Por Ava Caradonna

7 de noviembre de 2018

https://bit.ly/2RGWpGr

 

Las trabajadoras sexuales en el Reino Unido son ahora solo una parte más de la economía digital en línea, independiente y revisada por el cliente. Su historia de cómo llegaron allí expone un cambio peligroso.

 

Las trabajadoras sexuales se manifiestan en Londres en julio de 2018 contra una posible prohibición de la publicidad en línea del trabajo sexual. juno mac / flickr. (cc by-nc-nd)

 

Durante décadas, la industria sexual británica ha estado a horcajadas entre el trabajo informal y el ilegal. Esto se debe a que si bien la compra y venta de sexo es técnicamente legal en el Reino Unido, todo lo que produce el intercambio de sexo por dinero —publicidad, contratación de personal de apoyo, alquiler de locales, trabajo colectivo— está tipificado como delito. Como resultado, nuestros lugares de trabajo en “pisos” (burdeles de pequeña escala), saunas y clubes de azafatas nunca han sido lugares estables o seguros.

Nunca ha habido ningún empleo o seguridad de ingresos en la industria del sexo. Solo ganas dinero si estás ocupada, y la ‘casa’ toma un porcentaje de tus ganancias, a veces tan alto como 65-70%. Sin embargo, hasta hace poco, la forma en que normalmente funcionaba el sistema era que el administrador del piso cubría los gastos generales. Los edificios vienen con alquiler, utilidades y costos de mantenimiento. Los lugares también necesitan decoración de interiores, muebles, ropa de cama, toallas, equipos y limpieza, y en nuestro rincón de la industria de servicios también condones y lubricantes. Los jefes producirían y colocarían anuncios en periódicos y tarjetas en cabinas telefónicas. Proporcionarían seguridad y, a menudo, una recepcionista, que seleccionaría a los clientes por teléfono o en la puerta. Existían acuerdos similares para las agencias de escorts, aunque en su caso a menudo las trabajadoras tenían que buscar un lugar donde recibir “llamadas entrantes”.

Si bien nunca nos pagaron las horas que pasamos esperando a los clientes, y si bien tuvimos que cubrir el costo de nuestra propia ropa de trabajo y aseo, no se esperaba que las trabajadoras sexuales invirtiéramos tiempo, dinero y habilidades en nuestro trabajo cuando no estábamos ocupadas. Nuestra única inversión en marketing era la construcción de una imagen de trabajo. Esta imagen existía en formas claramente demarcadas. Aparecía cuando entrábamos en contacto directo con los clientes —ya fuera en la habitación, cuando ganábamos dinero activamente, o cuando nos presentábamos a clientes potenciales— y desaparecía con la misma rapidez. Esto significaba que el trabajo sexual estaba claramente definido como una práctica laboral dentro del tiempo y el espacio. Un trabajo con sus uniformes y trajes, herramientas y políticas de oficina. Un papel representado, que podrías dejar de representar cuando no estabas trabajando activamente. En los últimos cinco a diez años, esto ha cambiado completamente.

El ascenso de la trabajadora sexual “emprendedora”

En la última década, trabajar en pisos y saunas se ha vuelto cada vez más arriesgado y difícil. Esto se debe en parte al aumento de las redadas de inmigración, la gentrificación de los barrios y el cierre de muchos locales por parte de la policía con la ayuda de feministas abolicionistas. También es en parte una consecuencia de la incorporación más amplia del trabajo de servicio informal a la economía “gig” en línea, independiente y revisada por el cliente.

Hoy en día, un gran número de trabajadoras sexuales en Gran Bretaña, aunque ciertamente no todas, son “independientes”. Son aparentemente empresarias autónomas, independientes. Es un cambio que ha afectado a todos los aspectos de la vida de las trabajadoras sexuales. A diferencia de los gerentes “de piso”, las trabajadoras sexuales individuales rara vez pueden asegurarse y permitirse alquilar locales de trabajo a largo plazo. En su lugar, contratan hoteles o habitaciones por hora y van a los hoteles y hogares de los clientes. Y con la costosa publicidad impresa fuera de cuestión, las trabajadoras sexuales ahora deben encontrar clientes en línea. Mantienen perfiles en plataformas tales como AdultWork, se promocionan en las redes sociales y muchas incluso tienen sus propios sitios web.

El trabajo de autopromoción digital es interminable. Los sitios web del mercado en línea requieren galerías de imágenes constantemente actualizadas; una historia “personal”; detalles de los servicios disponibles; un blog activo; opiniones de clientes; aceptando comentarios de los clientes propios; y a menudo una presencia web-cam. Las plataformas como AdultWork te penalizan o eliminan tu perfil si tu tiempo de respuesta no es lo suficientemente rápido, o si tu forma de expresarte no es de su agrado.

Si tienes tu propio sitio web, también necesitas gastar dinero en alojamiento web y diseño web o, si tienes las habilidades necesarias, pasar horas haciéndolo tú misma. Tienes que pagar por los fotógrafos, equipos y herramientas de trabajo. Necesitas pasar horas en Twitter, Facebook o Instagram. Necesitas comunicarte con los clientes por teléfono, Whatsapp, Skype y correo electrónico. Debes tener e implicarte con un teléfono de trabajo, que se espera que verifiques constantemente. Todo esto antes de ganar un penique.

Para comprender cómo ha cambiado el trabajo sexual, es necesario analizar cómo se han transformado nuestras condiciones laborales y la economía política de la industria. Ya no nos vemos obligadas a entregarle a un jefe los elevados honorarios de la casa, pero nuestros gastos generales ahora son mucho más altos. El riesgo económico de la inversión se ha desplazado sobre la trabajadora. Al mismo tiempo, ahora estamos obligadas a invertir cantidades casi infinitas de trabajo no pagado en nuestros “negocios”. Las horas de trabajo ahora se extienden a cada momento de vigilia y los espacios de trabajo se convierten en todas partes y en ninguna parte.

El aislamiento de la “independencia”

El término “independiente” trae a la mente la libertad y la autonomía, pero a menudo ocurre lo contrario. Como trabajadora sexual “independiente”, no eres explotada por un solo empleador dentro de un marco capitalista, sino por las demandas nebulosas pero aplastantes de todo un mercado. Las trabajadoras independientes están constantemente en exhibición al tiempo que están aisladas peligrosamente.

Trabajan solas en espacios contratados por horas, sin limpiadores, conductores ni seguridad, y sin prácticas de check-in / check-out. Muchas trabajadoras nuevas ni siquiera conocen el sistema de seguridad entre compañeras y muchas trabajadoras no tienen amigos que puedan hacer esto por ellas debido a problemas de estigma, inmigración, crianza de los hijos o empleabilidad.

Ya no puedes ir a trabajar en un destino anónimo. Tus actividades están todas registradas en línea. Están conectadas a tu dirección IP y, en muchos casos, a tus cuentas de correo electrónico y redes sociales. Muchas trabajadoras informan que los clientes aparecen misteriosamente en sus perfiles de redes sociales privadas. Para poder acceder a sitios web para adultos, debes proporcionar tus datos de identidad y pasaporte completos. En la mayoría de los casos, tu cara y cuerpo también están pegados en Internet. En lenguaje neoliberal, puedes “elegir” no mostrar tu cara en estas imágenes, pero al precio de perder trabajo. Eso significa que solo las trabajadoras que puedan darse el lujo de elegir pueden tomar esta medida de protección.

Cuando muchas de nosotras empezamos a trabajar —en burdeles, pisos, espectáculos porno, agencias de escorts o en la calle— tuvimos el beneficio de que otras trabajadoras nos mostraran cómo funcionaba todo. Recibimos recomendaciones o advertencias sobre lugares de trabajo junto con otros conocimientos impartidos. Cómo tomar y guardar el dinero; cómo definir y proteger los límites; cómo dar un buen servicio al tiempo que minimizar la tensión y el riesgo; cómo protegerse contra clientes peligrosos; cómo reconocer los síntomas de agotamiento; cómo salir de situaciones complicadas. Este conocimiento comunitario compartido abarcaba no solo los juguetes, las herramientas y la anatomía, sino también cómo manejar el trabajo psicológica y físicamente.

La seguridad en numeros

Al trabajar en departamentos y burdeles, las trabajadoras sexuales también podían compartir preocupaciones sobre la salud. Nos mostrábamos los síntomas que nos preocupaban y compartimos información sobre el tratamiento, la prevención y las mejores clínicas. El conocimiento y la vigilancia de las trabajadoras sexuales de mucho tiempo atrás con respecto a nuestra salud se han diluido de manera alarmante en los últimos cinco años.

En raras ocasiones las discusiones públicas sobre el trabajo sexual realmente llegan a los aspectos prácticos del trabajo. Sin embargo, es crucial que lo hagamos. El sexo oral sin condón se está normalizando rápidamente, a menudo con muy poco cargo extra por este servicio. Los peligros de las ITS son mal entendidos o vistos como un peligro inevitable por muchas nuevas trabajadores “independientes”.

La disminución alarmante de la seguridad y la reducción de los precios están directamente relacionadas con el aislamiento de las trabajadoras.

El sexo vaginal sin condón solía ser casi inexistente. Era algo que a veces las trabajadoras harían en secreto, cobrando una suma considerable por el riesgo. Ahora se está volviendo común. El sexo anal, hasta ahora un servicio muy especializado y de alto precio en el caso de las trabajadoras sexuales cis, también se ha convertido en una práctica mucho más generalizada y barata. La disminución alarmante de la seguridad y la reducción de los precios están directamente relacionadas con el aislamiento de las trabajadoras. Las nuevas trabajadoras ya no entran en contacto con trabajadoras más experimentadas, y se ven privadas del conocimiento, apoyo y presión de sus compañeras.

Esto no quiere decir que todo fuera de color de rosa. Por supuesto, algunos gerentes de pisos solían presionar indirectamente a las trabajadoras para que proporcionaran el oral sin condón. Se comportaban como cualquier otro empresario o gerente malo que quería que las trabajadoras se sometieran a condiciones inseguras para mantener al cliente feliz y aumentar sus ganancias. Sin embargo, en nuestra experiencia, esto era relativamente raro y nunca obligatorio. Además, tales pisos rápidamente adquirían malas reputaciones como lugares de trabajo que debían evitarse. La presión sobre las trabajadoras “independientes” es mucho más sutil y opresiva. Si el sexo oral sin condón se convierte en un servicio corriente, sientes que no tienes a nadie más que a ti misma a quien culpar si no puedes llegar a fin de mes por no ofrecerlo.

En riesgo por cada vez menos.

Plataformas como AdultWork son importantes contribuyentes a la disminución de los estándares de sexo seguro de las trabajadoras. Su “lista de chequeo” de servicios es particularmente dañina. Esta lista contiene una larga lista de prácticas, muchas de ellas inseguras. Esto envía el mensaje a las nuevas trabajadoras —y, sobre todo, a los clientes— de que las prácticas de riesgo ya no se consideran excepcionales. Y mientras que una trabajadora sexual sin duda puede “elegir” optar por no participar en ellas, hacerlo ahora parece extrañamente limitante: para citar a muchos clientes, “conservador”.

¿Quién se beneficia de este nuevo arreglo? Muchos clientes están tomando más riesgos de salud ahora, pero también están recibiendo mucho más por su dinero. Las trabajadoras también enfrentan mayores riesgos pero ganan menos por su trabajo. Los precios han bajado espectacularmente en los últimos años. Esto se debe en parte a la competencia más dura, la austeridad y la falta de estándares de la industria debido a la desaparición de los pisos. Sin embargo, hay otra razón, quizás más importante: la ilusión de que estamos ganando más dinero gracias a la eliminación de los intermediarios.

Como “independientes”, ya no estamos obligadas a entregar la mayor parte de nuestra tarifa por hora a mediadores y gerentes. La suma que cobramos al cliente es toda nuestra. Como resultado, creemos que nos podemos permitir cobrar menos para obtener más clientes. Sin embargo, las cuentas no salen. Las trabajadoras “independientes”, de hecho, invierten mucho dinero y trabajo para conseguir y mantener clientes. Las largas horas de trabajo de administración y marketing no remunerado, y el estrés causado por estar constantemente a la entera disposición del cliente, no son visibles ni se tienen en cuenta financieramente.

Sentarse en un piso esperando a los clientes también era trabajo no remunerado. Pero al menos cuando trabajábamos en este sistema sabíamos cuándo estábamos trabajando. Podíamos calcular nuestro salario real por hora dividiendo nuestros ingresos por el tiempo real en el que estábamos trabajando. Podíamos ver si ganábamos lo suficiente en un lugar de trabajo específico y, si no, podíamos probar en otro lugar. Ahora, como suele ser el caso con la noción neoliberal de libertad y elección, el consumidor paga menos, y la trabajadora realiza un trabajo más invisibilizado y no remunerado. Y esta vez no hay remedio, ya que, supuestamente, todas somos nuestras propias jefas.

Putecismo

 

 

 

 

1.- ¿Qué es la prostitución?

La prostitución es el intercambio de sexo por dinero u otros bienes, al margen del matrimonio.

2.- ¿En qué se diferencia del matrimonio?

En el matrimonio se busca la reproducción y la crianza de los hijos, y no solo la satisfacción sexual. Por esa razón se limita el número de participantes y se firma un contrato a largo plazo.

3.- ¿Es mala la prostitución?

La prostitución consta de sexo y dinero. El sexo es bueno y el dinero también, por lo que la prostitución en sí no puede ser algo malo. Cualquier cosa que se puede hacer legítimamente de manera gratuita, se puede hacer también legítimamente cobrando por ella. 

4.- No siendo mala en sí misma, ¿hay algo que haga mala la prostitución? 

La violencia machista de algunos clientes, la violencia institucional del Estado, la explotación laboral ejercida por terceros, la discriminación social, hacen sufrir a las prostitutas. Pero este sufrimiento causado a las prostitutas no significa que la prostitución en sí sea mala, sino que la hacen mala los malvados que no nos respetan.

5.- No tener otra opción para sobrevivir que la prostitución, ¿significa que ésta es mala?

No. Eso significa que el sistema económico y social en el que vivimos es malo, ya que permite que exista la pobreza. 

6.- ¿Somos malas las prostitutas?

La prostitución no es mala porque no hace daño a nadie, por lo tanto las prostitutas no somos malas.

7.- ¿Es “inmoral” la prostitución?

La moralidad o inmoralidad de algo se establece con referencia a una ley moral. Algunas religiones que subestiman a la mujer consideran inmoral el sexo fuera del matrimonio y, por tanto, la prostitución. Pero, en un Estado aconfesional, las leyes morales solo obligan a quienes voluntariamente las aceptan.

8.- ¿Es ética la prostitución?

El principio básico de la ética es el respeto a los demás y, por tanto, la prostitución es ética, pues no hace daño a nadie y, por tanto, debe ser igualmente respetada por todos, por el mismo principio ético.

9.- Entonces, ¿por qué se usa “puta” como insulto para las mujeres e “hijo de puta” para los hombres?

Porque la sociedad desprecia injustamente a las prostitutas: es lo que se llama “estigma de puta.”

Además, la palabra “puta” es una herramienta que el patriarcado utiliza como insulto para oprimir y aleccionar a la mujer que se rebele ante cualquier norma que establezca lo que el sistema no considera adecuado y haga peligrar así su control sobre ella. Cualquier mujer que decida vivir su vida y su sexualidad a su manera es considerada puta.

10.- ¿Qué significa “estigma”?

Marca o señal en el cuerpo, especialmente la impuesta con un hierro candente como signo de esclavitud o de infamia. Para las prostitutas, es una marca simbólica, pero igualmente infamante y de por vida, infligida por los prejuicios de la sociedad. 

11.- ¿Por qué marca la sociedad a las prostitutas con el estigma de puta?

La sociedad se basa en la ficción hipócrita de que el sexo es algo sucio que solo debe ser usado para la reproducción dentro del matrimonio y no para buscar placer, al tiempo que necesita un mínimo de libertad sexual que permita el placer sexual que es inseparable de la vida. La solución a este dilema es cargar sobre las prostitutas toda la culpa y el desprecio de lo que realmente es la conciencia de su propia naturaleza como sociedad, para así mantener la imagen de sí misma como limpia y virtuosa. Cuanto más evidente es la mentira, con más fuerza debe la hipocresía marginar y castigar a quien es en sí misma la verdad: la prostituta.

12.- ¿Es nocivo el estigma?

Las personas estigmatizadas son aisladas, devaluadas, rechazadas y vilipendiadas. Experimentan discriminación, insultos, ataques e incluso asesinatos. La interiorización del estigma es lo que más daño hace a las prostitutas. Induce sentimientos de pérdida de valor personal, de culpa, de vergüenza, de fatalismo… Paraliza a la prostituta en su lucha por conseguir sus derechos y facilita la explotación y la aceptación resignada de leyes injustas. Limita seriamente la calidad de vida, al obligarla a llevar muchas veces una doble vida y a ocultarse como si fuera una delincuente.

13.- ¿Cómo podemos librarnos del estigma?

Como seres sociales que somos, nos vemos reflejadas en los demás. Sólo nuestras hermanas, las putas empoderadas, nos devolverán el reflejo de lo que realmente somos: mujeres luchadoras y valientes que no debemos avergonzarnos por lo que hacemos ni humillarnos ante nadie. En la soledad no nos libraremos del estigma, ni nos librarán de él las “salvadoras” que nos proponen el camino de las víctimas indefensas.

Esto en cuanto al estigma interior, el más venenoso. Del estigma exterior, del injusto castigo que nos impone la sociedad, nos libraremos cuando consigamos que las leyes sean justas con nosotras.

14.- ¿Es compatible la denominación “puta” con la liberación?

La palabra “puta” es el estigma en sí mismo. Solo venciéndola se vence el estigma. Y se la vence de dos maneras: impidiendo su uso normalizado por la sociedad, por los medios de comunicación y, a la vez, apropiándonos nosotras del mismo, es decir, transformando el “estigma de puta” en el “orgullo de puta”. Para nosotras y entre nosotras, el glorioso nombre de puta; para los de fuera, el glorioso nombre de trabajadora sexual.

15.- ¿Desde cuándo las putas somos “trabajadoras sexuales”?

A finales de la década de 1970, la activista neoyorkina Carol Leigh acuñó el término “trabajo sexual”. “El uso del término ‘trabajo sexual’ marca el comienzo de un movimiento”, escribió Carol Leigh. “Reconoce el trabajo que hacemos en lugar de definirnos por nuestra condición”. Desde entonces, el término ha sido progresivamente utilizado, en primer lugar por el movimiento que reivindica el reconocimiento de sus derechos, y luego por académicos, instituciones y medios de comunicación de todo el mundo.

16.- Entonces ¿el trabajo sexual es un trabajo como cualquier otro?

Ningún trabajo es como cualquier otro: cada uno es según la naturaleza del servicio que presta. Pero todos tienen en común que son reconocidos como trabajo por las leyes. La naturaleza del trabajo sexual es, como su nombre indica, sexual, pues sexual es el servicio que presta; y todavía no ha sido reconocido legalmente como trabajo por eso mismo: por su naturaleza sexual, que los jueces en su sentencias han considerado que es ilícita, indigna e inmoral.

Existen relaciones laborales que reúnen todos los requisitos de la prestación de trabajo pero que, por sus especiales características, se rigen por normativas propias. Se trata de las relaciones laborales especiales. A éstas sólo se les aplicará la normativa laboral general en aquellos aspectos no contemplados en la norma específica que regula dicha relación. Estas relaciones laborales especiales son, entre otras, la alta dirección, el servicio del hogar. los deportistas profesionales y los estibadores portuarios.

El trabajo sexual sería una relación laboral especial en la que lo primero sería el respeto a la libertad sexual de la trabajadora y, por tanto, la autoridad empresarial sería limitada (horarios, etc.). Asimismo, no sería ofertado en las oficinas de empleo. Es lo que ocurre (en contra de lo que dice la propaganda abolicionista) en los países en los que la prostitución por cuenta ajena tiene consideración de trabajo. Además, sería precisa una regulación estricta de los propietarios de burdeles (según el modelo de Nueva Zelanda), que deberían obtener un certificado de validez temporal, demostrando carecer de determinados antecedentes delictivos, además de otras obligaciones.

17.- ¿Es cierto que la prostitución no puede ser considerada trabajo porque es ilícita, indigna e inmoral?

Los jueces deben administrar las leyes y basar en éstas sus sentencias.

Ilícito es igual que ilegal, luego la prostitución no es ilícita porque no es ilegal.

Dignidad es “el valor de la persona que se manifiesta en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida”, luego lo indigno es negarnos a las prostitutas nuestra dignidad en una sentencia.

Inmoral es lo que atenta contra la moral… ¿Qué moral? ¿La moral personal de los jueces? La moralidad tiene una dimensión subjetiva   mientras que la ley tiene un carácter objetivo y, en consecuencia, un acto solo se convertirá en ilícito si encaja con lo que expresa una norma jurídica.

La negación a las prostitutas de nuestros derechos laborales es un ataque al Estado de Derecho y a la Constitución. Es un ataque a nuestros derechos humanos.

18.- ¿Cuáles son los marcos legales del trabajo sexual en el mundo?

Son cuatro: prohibición, regulación/legalización, abolición y despenalización.

Estos marcos legales o modelos se dividen en dos grupos: el de aquellos en los que la prostitución se considera legítima, es decir, el regulacionismo, el abolicionismo y la despenalización y aquél en el que la prostitución es reprimida como tal, a saber, el prohibicionismo.

19.- ¿En qué consiste el prohibicionismo?

El prohibicionismo penaliza la compraventa de sexo, ya sea penalizando a la prostituta, al cliente o a ambos, y pone al margen de la ley la prostitución.

En los Estados prohibicionistas que penalizan a la prostituta, se considera a ésta una delincuente que debe ser castigada por la ley y perseguida por la policía, sufriendo castigos que llegan a la pena de cárcel. Es el caso de Estados Unidos.

En los Estados prohibicionistas que penalizan al cliente (también llamados “neoprohibicionistas” o “neoabolicionistas”), se considera a éste un agresor sexual, siendo degradada por ley la prostituta al estado de mujer sin capacidad de consentimiento. Es el caso de Suecia y otros que han seguido su ejemplo.

20.- ¿En que consiste la regulación/legalización?

Los Estados que regulan la prostitución reglamentan (legalizan) estrictamente el ejercicio de la prostitución mediante medidas que lesionan los derechos humanos de las trabajadoras sexuales estigmatizándolas negativamente, tales como el registro obligatorio, los controles sanitarios obligatorios, la limitación del derecho a la libre circulación… De hecho, la regulación puede considerarse una prohibición parcial, que afecta a todas aquellas prostitutas que, por una u otra razón, no se someten a las normas regulatorias.

21.- ¿En que consiste el abolicionismo?

El régimen abolicionista considera a la prostituta una víctima de la sociedad, pero no niega su capacidad de decisión y, por tanto, respeta su derecho a prostituirse y no la penaliza ni a ella ni al cliente.

Al mismo tiempo, considera la prostitución un mal social que debe ser erradicado (“abolido”) y, para ello penaliza a la terceras partes, es decir, a todos aquellos que la prostituta necesita para desarrollar su trabajo: es la penalización del “proxenetismo” aún con consentimiento de la prostituta.

De hecho, aunque diga lo contrario, el abolicionismo castiga (aunque no penalmente) a la prostituta, ya que la obliga a trabajar en condiciones de clandestinidad que ponen en riesgo su seguridad. Y también la castiga directamente, aunque afirme lo contrario, al separarla de sus hijos, estigmatizarla a los ojos de la sociedad e incluso, en algunos casos, privarla de libertad para su “rehabilitación”.

22.- ¿En qué consiste la despenalización?

 

Las trabajadoras sexuales en lucha por nuestros derechos en todo el mundo exigimos la plena despenalización de la prostitución como el único modelo legal compatible con el respeto a nuestros derechos humanos. 

 

Despenalización es la eliminación de todas las leyes penales y punitivas en general utilizadas contra las trabajadoras sexuales, los clientes y las terceras partes. Esto incluye las leyes que directamente penalizan el trabajo sexual y el uso de otras leyes para atacar de manera desproporcionada a las trabajadoras sexuales por motivos tales como vagabundeo, molestia pública, obscenidad, etc. Las especificaciones del marco legal que reemplace a la penalización deben ser desarrolladas en consulta con las trabajadoras sexuales locales, teniendo en cuenta el contexto específico de cada país.

 

Despenalización no debe confundirse con legalización/regulación:

“La legalización significaría la regulación de la prostitución con leyes sobre dónde, cuándo y cómo puede tener lugar la prostitución. La despenalización elimina todas esas leyes y prohibe al Estado y a la policía intervenir en cualesquiera actividades o transacciones relacionadas con la prostitución, a menos que sean de aplicación otras leyes”.

 

La despenalización total es llamada también “modelo proderechos”. Es el modelo vigente en Nueva Zelanda, único país en el mundo hasta ahora que ha despenalizado totalmente la prostitución.

 

En España, la despenalización total del trabajo sexual se concreta en cinco reivindicaciones, expresadas en los puntos 43 a 47 de este Putecismo.

23.- ¿Qué modelo tenemos en España?

España siguió el modelo abolicionista, con penalización del proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta, desde 1956 hasta 1995, año en el que la prostitución fue totalmente despenalizada. Sin embargo, desde 2003 vuelve a seguir el modelo abolicionista, aunque moderado en su aplicación por los jueces, que solo castigan el proxenetismo coactivo. No obstante, en los últimos años, se han ido introduciendo medidas punitivas para algunas de las prostitutas que ejercen en la calle, mediante la Ley Mordaza y las ordenanzas municipales de algunos ayuntamientos, siguiendo una tendencia penalizadora que recuerda a la de los últimos años de la etapa abolicionista franquista con su Ley de Peligrosidad Social.

Hay una intensa actividad por parte del lobby abolicionista que intenta reimplantar de forma plena el modelo abolicionista, añadiendo además a la penalización de todo tipo de proxenetismo la penalización de los clientes, lo que se conoce como “modelo sueco”.

24.- Realmente, ¿se puede penalizar la prostitución?

Realmente, no, ya que el acto de prostitución no puede existir a los ojos de la ley, dado que pertenece de pleno derecho al ámbito de las libertades individuales, pertenece a la vida íntima de las personas y la intimidad está protegida por la ley; toda penalización necesita, por tanto, basarse de forma exclusiva en la figura de la prostituta, mujer estigmatizada a la que se le pueden retirar sus derechos fundamentales mediante un acto administrativo.

Es decir, el primer paso es marcar a una mujer como prostituta y, a continuación, negarle los derechos que tienen todas las mujeres.

Así, la penalización de la prostitución de calle convierte a la policía en policía controladora de la moral de las mujeres, con poderes para discriminar a simple vista a las mujeres que son putas de las que no lo son y castigar a las “inmorales” por el solo hecho de estar en la calle.

25.- ¿Qué es el abolicionismo?

El abolicionismo original fue el movimiento que luchó por la abolición de las leyes de esclavitud vigentes en los países europeos y sus colonias, en el siglo XIX. Podemos llamarlo el primer abolicionismo. 

El segundo abolicionismo fue el liderado por la inglesa Josephine Butler, más tarde en el mismo siglo XIX, por la abolición de las leyes reguladoras de la prostitución que forzaban el examen ginecológico de las prostitutas (la “violación quirúrgica” o “violación de acero”, como la llamaba Butler) y contra la prostitución infantil. Tras una lucha de veinte años consiguió su objetivo de abolir esas leyes reguladoras y la edad de consentimiento fue elevada de 13 a 16 años. 

Josephine Butler fundó la “Federación británica, continental y general por la abolición de la regulación gubernamental de la prostitución”. 

El triunfo de este segundo abolicionismo llevó a la formación de sociedades de pureza, cuyo objetivo era forzar el cierre de los burdeles mediante la penalización. Butler advirtió contra estas sociedades de la pureza por su “fatua creencia de que puedes obligar a los seres humanos a ser morales mediante la fuerza, y que haciéndolo así de alguna manera promueves la pureza social”. Este fue el nacimiento del tercer abolicionismo.

El tercer abolicionismo no pretendía ya liberar a las prostitutas de la violencia del Estado, sino perseguir la prostitución como un mal social. No pudo dar el paso de penalizar a las prostitutas ni a los clientes, ya que eso habría supuesto para las primeras un castigo mayor que aquél del que las había librado el segundo abolicionismo, así que su estrategia se centró en rodear a la prostituta de una zona de “tierra quemada”, penalizando a todo aquél que ayudara a la prostituta, es decir, el “proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta”.

Este tercer abolicionismo fue el principal agente en la invención del mito de la “trata de blancas” y ha sido el “abolicionismo” por antonomasia hasta hace poco tiempo. Su paradigma es elConvenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena”, firmado en el seno de Naciones Unidas, en Lake Success (Nueva York) el 2 de diciembre de 1949, al que España se adhirió en 1956.

El Estado español tiene legislación abolicionista desde 1961 hasta nuestros días, salvo el período 1995-2003.

Y llegamos al momento actual, con la aparición del cuarto abolicionismo. Este cuarto abolicionismo solo tiene de abolicionismo el nombre, ya que es prohibicionismo.

Las actuales abolicionistas ocultan el hecho de que España es abolicionista desde hace cincuenta años, y la evidencia de que ese modelo abolicionista ha fracasado en su objetivo de terminar con la prostitución, e intentan hacer pasar por abolicionismo su objetivo de prohibir la prostitución.

El abolicionismo siempre reconoció el derecho de las mujeres a prostituirnos en el ejercicio de nuestra libertad sexual y, por tanto, la naturaleza de sexo consensuado entre adultos de la prostitución. El cuarto abolicionismo busca penalizar la compra en una compraventa, y eso no es otra cosa que prohibir la compraventa.

Al cuarto abolicionismo algunos lo llaman “neoabolicionismo”, de forma incorrecta ya que no es abolicionismo. Más adecuado sería llamarlo “postabolicionismo”: lo que sigue al abolicionismo.

También lo llaman, de forma adecuada esta vez, “neoprohibicionismo”, para distinguirlo del prohibicionismo “clásico”, que penaliza a la prostituta.

El cuarto abolicionismo es llamado también “modelo sueco” o “modelo nórdico”, por haber sido inventado en Suecia.

 26.- ¿Todas las feministas son abolicionistas?

No, en absoluto. Aunque las abolicionistas han conseguido influir en importantes sectores del feminismo, los sectores defensores de los derechos de las mujeres, incluído el derecho a prostituirnos, mantienen su posición en defensa de las trabajadoras sexuales y son nuestras firmes aliadas.

27.- ¿Cuál es el papel de las aliadas en nuestra lucha?

Las aliadas (y los aliados) tienen su propia agenda (derechos humanos, feminismo…), más amplia que la nuestra. Ellas no luchan directamente por sus propios intereses, como nosotras, sino que lo hacen de forma totalmente altruista, por lo que merecen todo nuestro reconocimiento. Su colaboración es totalmente necesaria para el éxito de nuestra lucha, pero no debemos olvidar que sólo nosotras podemos ser las protagonistas de nuestra propia liberación. Es indispensable que creemos organizaciones constituídas y dirigidas de forma independiente por nosotras mismas.

28.- ¿Qué organizaciones de trabajadoras sexuales hay ahora mismo en España?

Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales (AFEMTRAS), Colectivo de Prostitutas de Sevilla (CPS), Putas Libertarias del Raval, Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex) y Colectivo Caye. También hay un sindicato: Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) y una sección sindical (de la IAC Catalunya): Unión Sindical de Trabajo Sexual (USTS). Organizaciones formadas por trabajadoras sexuales y aliadas hay una: Colectivo de Ayuda a Trabajadoras del Sexo (CATS).

29.- ¿Dónde reside la fuerza de la organización de trabajadoras sexuales?

En el fuerte vínculo que nos une, como compañeras que somos en el puterío. Es lo que se ha llamado “zorroridad”, fusionando las palabras sororidad (que es el sentimiento de hermandad entre todas las mujeres que defiende el feminismo) y zorra.

Somos putas feministas y la zorroridad es nuestra fuerza.

30.- ¿Qué es la trata de personas? 

Trata es la compraventa de esclavos. No puede existir “trata de personas” o “trata de seres humanos” si esas personas, esos seres humanos, no han sido reducidas, reducidos, previamente a la condición de esclavos en virtud de leyes de esclavitud vigentes en ese momento y en ese Estado concretos. Esas leyes respaldan el derecho de propiedad de unas personas sobre otras y garantizan con los tres poderes del Estado el derecho de las primeras a comprar y vender a las segundas: si un esclavo se escapa, la policía se encarga de detenerlo y devolverlo a su propietario.

En España la esclavitud fue abolida en el siglo XIX: hoy, no hay ni esclavitud ni trata.

Aunque la propaganda institucional abolicionista intenta hacer creer que las víctimas de lo que el actual Código Penal llama “trata de seres humanos” son mujeres secuestradas y violadas, como si esta llamada “trata” fuera una auténtica trata, la realidad es que la condición indispensable para que una mujer pueda llegar a ser considerada víctima de “trata” es que haya existido libre consentimiento, ya que si no hubiera existido el libre consentimiento, los delitos serían de secuestro y violación, claramente tipificados en el Código Penal.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando la dignidad de la persona que lo dio libremente.

La expresión “explotación sexual”  que menciona el Código Penal como finalidad de la “trata” no ha sido definida ni en la legislación internacional ni en la nacional. Eso viola el principio de legalidad, creando una situación de inseguridad jurídica incompatible con el Estado de Derecho.

Por eso, una de las reivindicaciones en que se concreta nuestra lucha por la total despenalización del trabajo sexual es la supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con las leyes generales que protegen contra el secuestro, la violación y los vicios del consentimiento en defensa de nuestra plena y responsable libertad personal.

31.- Y ¿por qué dicen las abolicionistas que trata sexual y prostitución son la misma cosa?

Desde el punto de vista distorsionado de la realidad que tienen las abolicionistas se puede deducir esa afirmación, ya que las abolicionistas dicen que todas las prostitutas, por el hecho de serlo, somos vulnerables y objeto de coacción, con lo que se cumplirian las condiciones para ser consideradas víctimas de eso que el Código Penal llama “trata”. Como además alientan la confusión generalizada entre los delitos que se producen en el lugar de trabajo y que llegan a los tribunales (y que pueden ser espeluznantes, como palizas, violaciones, abortos forzados, etc.) y el delito de “trata”, concluyen que eso demuestra que la prostitución es en sí misma violencia y coacción, y así lo difunden en su propaganda.

Bien es cierto que, si se aceptara el dogma abolicionista de que las prostitutas no somos dueñas de nuestros actos, no se cumplirían las condiciones para ser consideradas víctimas de “trata”, ya que la condición del delito de “trata” es que exista el libre consentimiento (si no, sería secuestro). Solo podríamos ser consideradas víctimas de “trata de niñas”, ya que en los menores no existe la posibilidad de libre consentimiento y, de hecho, eso es lo que ocurre: que para las abolicionistas las prostitutas somos niñas.

Nuestro eslogan ¡TRABAJO SEXUAL NO ES TRATA! defiende nuestra dignidad frente al intento de las abolicionistas de negar nuestra capacidad de decidir sobre nuestros propios cuerpos y nuestras propias vidas.

32.- ¿Es delito la explotación de la prostitución ajena?

Según la actual legislación española, sólo es delito la explotación de la prostitución ajena si se hace mediante coacción (art.187 del C.P.). Exactamente, si se hace a través de la imposición de “condiciones gravosas, desproporcionadas o abusivas” o si se aprovechan de “una situación de vulnerabilidad personal o económica”. La apreciación acerca de cuándo concurren dichas circunstancias queda abierta a la interpretación de los jueces.

En realidad, no existe esa “prostitución coactiva” porque prostitución es sexo consensuado entre adultos, es decir, libertad sexual. Tipificar la “prostitución coactiva” como un delito distinto al de violación es decir que la violación de las prostitutas no es igual que la violación de las demás mujeres y se castiga con una pena menor. Por eso hay que derogar el art. 187 del Código Penal en el marco de la despenalización total del trabajo sexual.

Y también porque castigar a “quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma” (ibid.) es violar la libertad de empresa y el derecho al trabajo (art. 38 y 35 de la Constitución) de las prostitutas. No es delito lucrarse explotando el trabajo de otras personas: eso es el sistema capitalista en el que estamos. Lo que está penalizado, mediante las leyes laborales que defienden los derechos laborales, es el lucro abusivo

El art. 187 del C.P. bloquea el acceso a esos derechos para las trabajadoras sexuales, respaldando de esa forma el lucro abusivo. Devolvernos a las trabajadoras sexuales la plenitud de nuestros derechos humanos, entre los que se encuentran los derechos laborales, significa ¡¡ DESPENALIZACIÓN TOTAL DEL TRABAJO SEXUAL !!

33.- ¿Qué es el tráfico de personas?

El tráfico de personas es el delito consistente en facilitar el paso clandestino de la frontera a un inmigrante a cambio de una remuneración. Podría llamarse “contrabando de personas”.

En el tráfico de personas, al contrario que en la “trata”, no hay víctima, pues la relación del inmigrante con el traficante se extingue una vez atravesada la frontera y no existe intención de posterior explotación, como en la “trata”. Además, en la “trata” no es preciso que exista paso de fronteras, pues puede ocurrir en territorio español, sin necesidad de que éste sea lugar de origen, tránsito o destino.

Es muy frecuente la confusión entre los términos “tráfico” y “trata”, facilitada a veces porque en inglés trata se dice “trafficking” (y tráfico se dice “smuggling”). Ante la duda, recordad siempre que en el delito de tráfico de personas no existe víctima.

34.-   ¿Hasta qué punto sufren explotación las trabajadoras sexuales en los clubes y pisos?

En el sistema capitalista, todos los trabajadores sufren explotación: explotación laboral. La diferencia entre el valor de lo que producen y el salario que reciben es el beneficio con el que se lucra el empresario. Esta explotación, vista desde el punto de vista de la clase dominante que controla el Estado, es legal, legítima, decente, digna y moral.

Las trabajadoras sexuales a terceros sufren pues, como cualquier otro trabajador, explotación laboral.

Pero la explotación laboral puede ser modulada por la relación de fuerzas entre trabajadores y empresarios. La lucha de los trabajadores a lo largo de muchos años han conseguido los derechos laborales que permiten que la relación salarios y condiciones de trabajo / beneficios empresariales sea objeto de negociación.

Las trabajadoras sexuales nos vemos injustamente desposeídas de nuestros derechos laborales y de nuestra capacidad de negociación, por lo que podemos decir que nos vemos sometidas a sobreexplotación laboral.

35.- Y, las compañeras “de deuda” ¿sufren algún tipo particular de explotación?

Las trabajadoras sexuales inmigrantes —como el resto de personas inmigrantes— casi siempre tienen que endeudarse para poder financiar su proyecto migratorio. Cuando el acreedor es el mismo empresario, como suele ocurrir a las trabajadoras sexuales que trabajan en clubs, aparece la posibilidad de abusos. El empresario puede imponer unas condiciones económicas a la trabajadora que haga que su deuda no termine nunca de desaparecer e incluso aumente. Es lo que se llama “peonaje por deuda”. Este abuso es posibilitado por la Ley de Extranjería, que pone a la trabajadora sexual inmigrante en manos del empresario, que es su único “protector” frente a la policía que intentaría deportarla. Porque la deportación es lo que más teme la trabajadora sexual inmigrante, ya que la devolvería a la situación de pobreza de la que intenta escapar, agravada aún más por la deuda contraída.

La explotación particular que pueden sufrir las compañeras “de deuda” es posibilitada por la Ley de Extranjería, ley rechazada por todos los defensores de los derechos humanos. Por eso, nuestra primera reivindicación como trabajadoras sexuales, solidarizándonos con las más vulnerables de nuestro colectivo, debe ser la ¡DEROGACIÓN DE LA LEY DE EXTRANJERÍA!

El segundo factor que permite los abusos contra las prostitutas “de deuda” es la falta de derechos laborales y, en particular, del derecho a la libre sindicación. Porque en una situación de recuperación de la totalidad de nuestros derechos humanos, las condiciones laborales en los burdeles serían objeto de negociación y vigilancia por parte de los sindicatos que, además, tendrían por ley derecho al libre acceso a los clubs y a hablar libremente con las trabajadoras, lo que evitaría los abusos derivados de la falta de información.

36.- También dicen que la prostitución es “violación pagada”…

Una de las razones por las que las abolicionistas dicen que en la prostitución no existe la libre decisión es porque, según ellas, hacer algo a cambio de dinero por necesidad de dinero es actuar bajo coacción. Eso lo dicen solo para el trabajo sexual, claro. “El dinero es como el cuchillo en el cuello”, llegan a decir. Pero la coacción que realmente existe es la de quienes niegan a las mujeres pobres alimento, vestido y vivienda, para ellas y para quienes dependen de ellas, si no es a cambio de dinero. La auténtica violencia es la pobreza.

Con esta opinión, las abolicionistas revelan su ideología de clase acomodada. Se revelan como las portavoces de la clase dominante explotadora que no está dispuesta a que las mujeres se liberen del paro y de sus salarios de miseria.

37.- … y “violencia de género”.

Es lo mismo que decir que es “violación pagada”. Pero como saben que ningún juez considerará a un cliente de prostitución como violador, rebajan la “violación” de las prostitutas (según defienden) a una mera “violencia de género” que puede saldarse con una multa. Esto es lo que han conseguido que vote el Parlamento Europeo en 2014 y, aunque no es más que una recomendación a los Estados, las abolicionistas españolas se aplican con entusiasmo a multar y estigmatizar a los “puteros” con la vista puesta en una Ley estatal que aplique en España el “modelo sueco”.

38.- ¿Por qué llaman siempre “puteros” a nuestros clientes?

Llamar puteros a nuestros clientes es llamarnos a nosotras putas con todo el desprecio y el odio que sienten hacia nosotras. Intentan reforzar al máximo nuestro estigma con el fin de contagiar del mismo a nuestros clientes. Porque, como nos quieren tanto, nos quieren librar de nuestros “maltratadores” y dejarnos así sin la fuente de nuestro sustento. Pero nosotras no odiamos a los hombres y, desde luego, no consideramos maltratadores a nuestros clientes. Odiamos, como mujeres, la violencia machista, y los malos clientes, y reclamamos nuestros derechos para poder defendernos de éstos. Las abolicionistas quieren enviarnos a la clandestinidad para que solo los malos clientes se atrevan a desafiar sus multas. Las abolicionistas quieren abolir la prostitución exterminando a las putas.

39.- Las putas, ¿somos agente político?

Las putas empoderadas —es decir, conscientes de nuestra dignidad, nuestros derechos y la fuerza de nuestra unidad— somos agente político de primer orden, porque nuestra causa es la causa de la liberación de las mujeres, de la liberación de las clases oprimidas y de la defensa de las libertades democráticas como garantía de derechos humanos; y porque, además, somos la piedra de toque de esas luchas:

  • estar con las putas es estar con las mujeres, con los oprimidos y con la democracia,
  • estar contra las putas es estar con el patriarcado, con el capital y con el totalitarismo fascista.

40.- Una puta empoderada, ¿debe necesariamente presentarse en público como tal?

No, de ninguna manera. El empoderamiento es un proceso personal que lleva desde la vergüenza de puta hasta el orgullo de puta. El empoderamiento es colectivo, y cada una participa en el mismo según sus circunstancias, sin que eso suponga una jerarquización de compromisos. Aquéllas que dan la cara y actúan como portavoces de todas nosotras merecen el máximo reconocimiento y son indispensables para avanzar, pero tambíén actúan con valentía las que participan en manifestaciones o ruedas de prensa bajo máscaras y, también, cualquiera de nosotras que, en su fuero interno, se atreve a desafiar el estigma.

41.- ¿Existe una jerarquia entre las trabajadoras sexuales?

No, de ninguna manera. El estigma de puta nos marca a todas por igual. Hacer distinciones entre “prostitución de supervivencia”, “prostitución bajo explotación laboral” o “prostitución autónoma” con el fin de dar más valor a la libre decisión de unas que a las de otras es un error que sólo lleva a la división. Cada una tiene sus motivaciones personales y todas son igualmente respetables. El estigma de puta que a todas nos oprime por igual también nos une a todas por igual como hermanas.

42.- ¿Cuáles son nuestras reivindicaciones políticas?

Las trabajadoras sexuales exigimos la DESPENALIZACIÓN TOTAL de la prostitución como único marco legal que garantiza el respeto a nuestros derechos humanos.

Esto significa la derogación de los artículos abolicionistas del actual Código Penal y la derogación de los artículos regulacionistas de la Ley Mordaza, lo que se concreta en los siguientes cinco puntos.

43.- (1) Supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con el párrafo “a) La imposición de trabajo o de servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, a la servidumbre o a la mendicidad.”

“Explotación sexual” es un término que no tiene definición, ni en la ley española ni en la ley internacional. Esta indefinición no es casual sino intencionada y hace que el párrafo b) viole el principio jurídico básico de legalidad.

44.- (2) Supresión del art. 187 del C. P. (“prostitución forzada” y “proxenetismo”).

Basta con los artículos del Código Penal que penalizan el secuestro y la violación.

En este caso, como en el anterior, el desprecio al consentimiento de la persona (la prostituta) expresado en ambos atenta contra la libertad sexual protegida por el mismo Código Penal, así como contra la libertad de empresa y el derecho al trabajo reconocidos por la Constitución.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando la dignidad de la persona que lo dio libremente.

No existe la “prostitución forzada” porque prostitución es sexo consensuado entre adultos, es decir, libertad sexual, según ha definido claramente el Tribunal Supremo. Tipificar la “prostitución forzada” como un delito distinto al de violación es decir que la violación de las prostitutas no es igual que la violación de las demás mujeres y se castiga con una pena menor.

Y castigar a “quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma” es violar la libertad de empresa y el derecho al trabajo (art. 38 y 35 de la Constitución) de las prostitutas. No es delito lucrarse explotando el trabajo de otras personas: eso es el sistema capitalista en el que estamos. Lo que está penalizado, mediante las leyes laborales que defienden los derechos laborales, es el lucro abusivo: el art. 187 del CP bloquea el acceso de las trabajadoras sexuales a esos derechos, respaldando de esa forma el lucro abusivo.

La supresión de este artículo (numerado entonces como art. 188.1) fue propugnada ya hace años (en 2006) por un numeroso grupo de jueces y profesores de derecho en un manifiesto que hicieron a favor de la despenalización y la regulación laboral del trabajo sexual.

45.- (3) Eliminación del párrafo 11 del art. 36 de la Ley Mordaza: “La solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público…)”

Porque viola los derechos constitucionales a la libre circulación y a la intimidad y también el principio constitucional de igualdad de todas las personas ante la ley al penalizar por el solo hecho de estar en la calle a aquellas mujeres que la policía imagina que realizan la actividad legal de venta de servicios sexuales.

46.- (4) Derogación de la Ley de Extranjería

 Aunque esta Ley no se refiere expresamente a la prostitución, si afecta al gran número de trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas que, bajo la amenaza constante de detención, ingreso en CIE y deportación, deben esconderse de la policía y quedan indefensas en manos de las mafias policiales asociadas a dueños de burdeles.

47.- (y 5) Regulación estricta de los propietarios de burdeles y del funcionamiento de éstos.

Al modo de Nueva Zelanda —primer país que ha despenalizado totalmente el trabajo sexual— y con el mismo objetivo expresado en el preámbulo de su Ley de Reforma de la Prostitución :

“salvaguardar los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y protegerlas de la explotación, promover el bienestar y la salud y seguridad ocupacional de las trabajadoras sexuales y propiciar la salud pública.”

48.- Y para terminar, ¿debo creer y estar de acuerdo con todo lo que he leído en este Putecismo?

No necesariamente. Leer, reflexionar, volver a leer y debatir es el método, pero mi única maestra es mi experiencia y mi único guía, mi instinto.

 

 

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Se terminó este Putecismo el día 2 de octubre de 2018,

bajo la auspiciosa mirada de la muy veneranda,

divina entre las divinas,

Afrodita Porné.

 

 

 

 

 

[FEMINISMO] CUANDO EL “LUMPEN” LEVANTA LA VOZ

 

Por Ruymán Rodríguez

10 de octubre de 2018

https://lasoli.cnt.cat/10/10/2018/feminismo-cuando-el-lumpen-levanta-la-voz/

 

FOTOGRAFÍA DE JOHANNES MAHN.

 

 

La izquierda política, y desde hace unas décadas tristemente también cierto espectro del anarquismo, es profundamente clasista. ¿En el sentido de que cree que la sociedad está constituida por clases antagónicas y promueve la desaparición de éstas? No, en el sentido de que tiene prejuicios elitistas hacia las personas más golpeadas por el sistema.

Lamentablemente, el hecho de que casi todos los fundadores teóricos del socialismo en el siglo XIX (con la excepción de Proudhon y poco más) fueran de clase acomodada, propiciaba que en su reformulación de la clase obrera excluyeran sistemáticamente a la gente más pobre y marginada. Eso aludía a todas aquellas personas que sólo podían acceder a trabajos irregulares y a cualquier ocupación condenada por la ley o la moral y las convenciones sociales. El término “lumpemproletariado” (“proletariado en harapos”), acuñado por Marx y Engels en su Manifiesto del Partido Comunista (1848)1, no tenía otra intención que denigrar y trazar una línea clara entre proletarios y “subproletarios”. A su modo de ver, el “lumpen” es, casi siempre, instintivamente contrarrevolucionario y, si no es arrastrado por la fuerza al campo de la revolución, debe ser, poco más o menos, fusilado 2. El socialismo centralista y estatista ha mantenido opiniones similares hasta nuestros días. El anarquismo, por el contrario, no ha sido hasta hace poco que ha empezado a adquirirlas.

El discurso de Marx y Engels ya era confrontado en aquella época por Bakunin. Para él, el marxismo excluía de la ecuación política a sectores (no sólo al “lumpen” sino también al campesinado) cuyo potencial revolucionario no podía desdeñarse a la ligera. Bakunin, aunque a veces cayera en una innecesaria romantización e idealización 3, tenía claro que no se podía segregar del proyecto revolucionario a quienes justamente más lo necesitaban:

“[…] El proletariado extremadamente pobre, ese lumpenproletariado del que los señores Marx y Engels, y en consecuencia toda la escuela socialdemócrata de Alemania, hablan con un desprecio profundo, es tratado muy injustamente, porque en él, y solamente en él, y no en el estrato burgués de la masa obrera […], es donde está cristalizada toda la inteligencia y toda la fuerza de la futura revolución social” 4.

Abrir los brazos a los sectores más pobres del proletariado, que otras fuerzas políticas rechazaban, fue una constante del incipiente movimiento anarquista más allá de Bakunin. De Stirner al anarcondividualismo francés e italiano y de éste al anarcosindicalismo ibérico. Quizás por eso el anarquismo se hizo especialmente fuerte entre las masas campesinas de las regiones más deprimidas y entre la población urbana más marginada de las grandes ciudades. La importancia en los posteriores acontecimientos revolucionarios de esas oprimidas acusadas de “desclasadas” porque vivían en los márgenes de la moralidad burguesa, demostraría el error del anatema marxiano. Desde la Comuna de París (1871), pasando por la Semana Trágica en Barcelona (1909) hasta la Revolución española (1936), las nadie, las sin nombre y sin clase, fueron punta de lanza a la hora de enfrentarse a la reacción 5.

El 18 de marzo de 1871 fueron muchas de las mujeres más pobres de París las que, con Louise Michel a la cabeza, dieron la voz de alarma e impidieron que las tropas gubernamentales versallescas incautaran los cañones de la Guardia Nacional que el propio pueblo de París había sufragado 6. Fueron estas mujeres, muchas de ellas prostitutas, a las que Michel reclutó para establecer un servicio de ambulancias en el frente (a pesar de la oposición de la “aristocracia obrera masculina” 7), y también fueron ellas las que se unieron a los niños de la calle, los expresidiarios y los desempleados para formar batallones que nacían directamente de los arrabales.

En 1909, cuando el gobierno español empieza a reclutar a los jóvenes proletarios catalanes para una nueva bufonada imperialista en Marruecos, son las mujeres las que con más fuerza inician los primeros actos de protesta, y, de entre ellas, nuevamente, las prostitutas. La movilización femenina para evitar que sus hijos o compañeros fueran a morir a una estúpida trifulca colonialista adquiriría la naturaleza de una verdadera insurrección que duraría del 26 de julio al 2 de agosto. En esas jornadas, y también en los días previos, los apodos de compañeras prostitutas como “La Valenciana”, “La Cuarentacéntimos”, “La Bilbaína”, “La Larga” o “La Castiza” destacarían entre la multitud: levantaban barricadas, organizaban y encabezaban piquetes, escondían perseguidos y preparaban la logística barrial para atacar a las “fuerzas del orden” 8.

En los años posteriores la joven CNT iría creciendo y, sobre todo entre los años 20 y 30, aglutinaría en su seno a gran parte de la joven militancia de los barrios más marginados (de Las Injurias en Madrid al Barrio Chino barcelonés) de las grandes urbes del Estado. Está militancia no sería contemplativa y compondría en muchas ocasiones los cuadros de defensa confederales. Expropiadores profesionales como Felipe Sandoval, provenientes de la miseria más extrema, o expertos en el uso de la pistola star como el artista transformista Lluis Serracant (“Flor de Otoño”), eran frecuentes entre los llamados “hombres (y mujeres) de acción” del anarcosindicato 9. Incluso el que fuera secretario del Comité Nacional de la CNT, y antes del Regional de Catalunya, “Marianet” Rodríguez Vázquez, provenía del mundo de la delincuencia juvenil. Sería precisamente en la cárcel donde se aproximaría a las ideas libertarias, siguiendo un proceso bastante común en la época. Con una CNT que había pasado unos 10 años intermitentemente ilegalizada (1911-1914 y 1923-1930), la conexión natural de su militancia politizada, constantemente encarcelada, con el resto de la población reclusa, era inevitable. Las cárceles se convertían en centros de propaganda y formación y las ideas antipenalistas de los anarquistas circulaban sin dificultad. La fuerza del vínculo del “lumpen” con la CNT sería sometida a la prueba de fuego de las jornadas revolucionarias del 19 de julio de 1936, donde esas supuestas clases y subclases proletarias se fundirían por la misma causa 10.

¿Es este pequeño retablo histórico un intento de idealizar al “lumpen” y confirmar ese supuesto “instinto revolucionario” del que hablaba Bakunin? En absoluto. He vivido demasiado de cerca la miseria para no conocer todo el capitalismo desnudo, el darwinismo social y la mierda sin edulcorar que hay tras ella. Quien conoce la marginación a través de la literatura barata o el folletín sociológico de moda, del último artefacto pop de Hollywood, de algún reality de Cuatro o Telecinco, de las redes sociales o de algún videoclip de la MTV, puede consumir sucedáneos y fetichizar lo que desconoce. Pero cuando la marginación te rodea y ahoga a diario algunos sólo intentamos buscar las herramientas para escapar de ella. O haces eso o te permites el lujo de comprar la propia caricatura que venden de ti mismo, fusionarla con tu identidad y seguir naufragando lastrado por los clichés. Mi intención, por tanto, no puede estar más lejos de la simplicidad mitificadora. Esta semblanza histórica que he compartido es sólo un humilde e incompleto intento de demostrar que muchas veces somos precisamente aquello que las circunstancias no nos impiden ser; y que a veces somos eso mismo hasta cuando las circunstancias nos impiden serlo. Sí, mostrar ante la adversidad nuestra mejor versión es un desafío que afecta el noble que renuncia a sus privilegios para abrazar la causa de las oprimidas, y también al oprimido que se olvida momentáneamente del hambre para abrazar la causa de su propia autonomía; pero, y no se puede negar, descender una pendiente siempre es menos duro que subirla. Renunciar a privilegios no implica la misma cantidad de trabajo que conquistar derechos. Lo primero supone, sobre todo, un acto de conciencia individual y como mucho un disgusto familiar; lo segundo, además de eso, requiere un acto deliberado de lucha social. No idealizo, pero sí reconozco el mérito de las que se niegan a seguir tragando lodo. Negarse a que los demás se sigan arrastrando ante ti no me parece, lo siento mucho, ni la mitad de arriesgado.

Para la mayoría de la izquierda, sin embargo, los intentos emancipatorios del “lumpen” no son nunca parte de un proceso consciente y autónomo, sino algo a los que se ve forzado por la fuerza de los acontecimientos o a lo que directamente hay que obligarlo. Y aún aquellos que no contemplan al “lumpen” como un sector contrarrevolucionario por sistema, lo ven como un eterno menor de edad, perdido, desorientado, inmaduro, que debe ser guiado y dirigido porque por sí solo es incapaz. Es la mentalidad de la caridad cristiana y del tutelaje oenegero. Saturados de ideología, no son capaces de ver que sólo apoyan la manumisión (concesión de la libertad) y no la autoemancipación, ni tampoco las consecuencias reales de esta postura. Cuando cacarean como un mantra que “la emancipación de los trabajadores será obra de sí mismos o no será” creen que esa primera línea de los estatutos de la AIT de 1864 (redactados precisamente por Marx a instancia de cartistas y proudhonianos) incluye a cualquier explotado, salvo al “lumpen”. Quieren “salvar a la gente” pero sin contar con esa gente. Despotismo ilustrado al fin, aunque se pinte de rojo.

Es esto lo que ha pasado con el último debate en torno al derecho a sindicarse de las prostitutas. El análisis sobre la prostitución, desde una óptica libertaria, no puede ser más meridiano. Es una de las formas de opresión, de la explotación del ser humano por el ser humano, más brutal, cruda y sin artificios de todas cuantas existen. Es también una de las pocas que antecede al capitalismo, es decir, una de las pocas relaciones de poder que ha sido mercantilizada que, aunque encuentre en el librecambismo un aliado perfecto, no proviene directamente de él. La prostitución es hija de una institución mucho más rancia y antigua: el patriarcado. Es éste el que estableció la jerarquía de géneros, el que históricamente convirtió a las mujeres en botín de guerra y el que las sigue reduciendo a un simple objeto de consumo, sexual o doméstico. La prostitución (aunque no omito que también la hay masculina) es producto incontestable de la androcracia. Todo intento de romantizarla es vano, y todo discurso sobre la voluntariedad absurdo. Ninguna forma de explotación es nunca voluntaria. Si algo se va a hacer de forma voluntaria, ¿por qué existe el incentivo o la coacción de la retribución económica sin la cual no lo haríamos? Procurad que toda persona tenga techo y tres comidas al día y entonces podremos hablar de voluntariedad. Mientras, no habrá elección libre condicionada por la necesidad.

La postura anarquista ha sido siempre la de la abolición. Si pretende la abolición de la esclavitud moderna convertida en trabajo asalariado, ¿cómo excluir de esa exigencia a la prostitución? Toda forma de explotación y asalariamiento deben ser abolidas, y más las que no sólo tratan de alquilar nuestro cuerpo y nuestra inteligencia sino también nuestra intimidad. Creo que podemos considerar esta reivindicación como algo históricamente mayoritario dentro del anarquismo. Sin embargo, el problema no surge tanto en relación a la abolición en sí (cuando se interpreta como una figura abstracta) sino en relación a cómo debe obtenerse ésta (cuando se convierte en lo que de verdad importa: una figura concreta). Una parte numerosa, o al menos con bastante repercusión en los medios contrainformativos, desde determinados sectores del anarquismo a la izquierda autoritaria, coinciden en reivindicar la abolición, pero, para mi sorpresa, excluyendo a las prostitutas del proceso y negando su derecho a organizarse/sindicarse. Se darán mil excusas para negar esta afirmación, pero la realidad es que toda la retórica sobre la autoorganización es tirada por el desagüe en cuanto las prostitutas salen del oscurantismo y entran en escena.

Algunos de los pretextos más socorridos son los siguientes: “no pueden organizarse por sí solas porque no están capacitadas”. Aunque parezca una exageración esto es lo que hemos oído y leído estos días. Comparadas recurrentemente con animales no humanos encerrados en jaulas, o con niños explotados laboralmente, se les ha atribuido respectivamente la misma capacidad emancipatoria que la de seres que carecen de facultades intelectuales humanas o que la de otros que aún no han madurado ni se han desarrollado completamente. Esa es la visión desnuda, y aquí cabe poco maquillaje, que se tiene realmente de las prostitutas desde ciertas torres de marfil: seres limitados o a medio formar, incapaces de emitir opinión, y menos aún una solución razonable, sobre su propia situación.

Cuando les conceden la venia para organizarse dicen: “que se organicen, pero que no se sindiquen porque eso significaría aceptar que la prostitución es un trabajo”. Sólo se entiende la organización de las prostitutas en clave de ONG caritativa, nunca como una estructura fuerte y reivindicativa. El debate no es si la prostitución es o no un trabajo, pues la pregunta, casi siempre lanzada de forma tendenciosa, suele tener más recorrido excluyendo a las prostitutas que condenando a la prostitución; el debate, que no se quiere afrontar porque revela los verdaderos prejuicios burgueses que hay detrás del asunto, es si las prostitutas son o no clase obrera. Los que las reconocemos como compañeras de clase ignoramos los juicios legales y morales de la misma sociedad que las explota. No tienen los medios de producción en su poder, se ganan el pan sometiéndose a una cruenta explotación que a su vez no ejercen sobre los demás. Para considerarlas hermanas de lucha no se necesita más. Si admitimos que son clase obrera, tendremos que reconocer simultáneamente su derecho a articular su lucha usando la estructura sindical. Aunque queramos sacralizarla y colocarla tras un cordón dorado que no se pueda traspasar, la realidad es que un sindicato no es más que un órgano de clase usado por los de abajo para defender sus propios intereses. Con independencia de la opinión que nos merezca tal o cual actividad, de que la consideremos trabajo o no, la herramienta sindical es igual de válida y utilizable. ¿Acaso los sindicatos de inquilinas, con casi 100 años de historia, son un órgano estrictamente laboral? No lo son, y por eso su reformulación moderna ha generado tantas objeciones por parte de los puristas, pero la realidad, que éstos parecen desconocer, es que los sindicatos de inquilinas nacieron precisamente impulsados por sindicatos laborales y organizaciones obreras, como la CNT y la FAI, que entendían las reivindicaciones de clase de forma integral y no dibujaban una línea divisoria entre la arrendataria y la trabajadora. Es por eso que hoy son tan necesarios como antes. ¿Acaso no necesitamos también que proliferen los sindicatos de presas, con independencia de que tampoco sean organismos exclusivamente laborales? Lo importante es crear las estructuras defensivas con las que la clase obrera, en su distintos y compatibles estadios, como consumidoras, como encarceladas, como inquilinas, y no sólo como productoras, pueda dar una respuesta coordinada contra los ataques que sufre.

Otro de los reparos más comunes alude a la posibilidad de que el establecimiento de un sindicato de prostitutas suponga el reconocimiento tácito de una patronal y que esto abra la puerta a la legitimación de los proxenetas y a la regularización de la prostitución. Primero, y tristemente, las distintas asociaciones de proxenetas que explotan a mujeres bajo el eufemismo de “locales de alterne” ya han sido regularizadas y legalizadas, entre otras instituciones por el mismísimo Tribunal Supremo, desde hace casi 20 años 11. Es curioso que la organización legal de los explotadores no levante hoy, ni levantara entonces, el mismo revuelo que el intento de organización de las explotadas. Por otra parte, es absurdo creer que una organización de autodefensa sindical implica necesariamente el reconocimiento de una patronal. Sólo implica la necesidad de organizarse para combatir abusos y agresiones, vengan éstas de donde vengan. ¿Cuál es la patronal de los sindicatos de manteros y lateros? Su constituyen como sindicato para defenderse de las redadas policiales y las políticas municipales, para tejer redes de apoyo y protesta, sin que esto signifique reconocer como interlocutor a patronal alguna. Lo mismo puede decirse sobre la retorcida pretensión de que crear un sindicato es legitimar la explotación que sufren las sindicadas. Cuando las personas que viven hacinadas en un “piso patera” o en un cuarto de lavadoras mínimamente habilitado como vivienda se unen a un sindicato de inquilinas, ¿están legitimando con ello el arrendamiento draconiano al que han sido sometidas? Cuando un grupo de trabajadoras migrantes, sometidas a jornadas laborales maratonianas, sin medidas de seguridad ninguna y con auténticos sueldos de hambre, se afilian a un sindicato laboral convencional, ¿están legitimando la esclavitud encubierta a la que son sometidas o por el contrario la están combatiendo? Lo que legitima la explotación es seguir desarmadas, inermes, aisladas y calladas. Lo que justifica la opresión es seguir como hasta ahora, ocultas bajo el manto del statu quo, sin hacer ruido, sin molestar.

Uno de los argumentos capitales para negar la sindicación de las prostitutas alude al supuesto carácter amarillo que puede haber tras los sindicatos que impulsan el proceso. Ante la propia ignorancia vamos a aceptar el presupuesto. Seguramente hay muchos intereses espurios que pueden tratar de controlar dichos sindicatos, como lo hacen los empresarios con los sindicatos laborales convencionales o la administración con las plataformas de vivienda. Ahora bien, ¿la existencia de estructuras amarillas y quintacolumnistas dentro de las organizaciones obreras invalidan toda forma de organización y sindicación? Que existan CCOO y UGT, ¿deslegitima por ejemplo a todos los anarcosindicatos? Tomar la parte por el todo no es nunca una buena solución. La existencia de sindicatos amarillos que tratan de maquillar la explotación de las compañeras es precisamente un argumento más para que los sindicatos revolucionarios abran sus puertas a la organización de las más precarias. A más amarillismo más necesitamos organizaciones combativas opuestas al armisticio social.

Llegados a este punto, sin muchos más argumentos en contra, se acaba soltando: “vale, que se sindiquen, pero que lo hagan para exigir la abolición de la prostitución ipso facto”. Pues sí, ojalá lo hicieran, pero la realidad suele ser mucho más dura, insatisfactoria y compleja. No sé cuántas de las personas que me leen han militado en un sindicato, pero si lo han hecho sabrán perfectamente de lo que hablo. Cuando una inquilina se acerca a un sindicato habitacional, ¿lo hace para exigir la abolición de los alquileres y la socialización de la vivienda o simplemente para pedir una bajada de la renta o evitar su desahucio? Cuando una trabajadora convencional se acerca a un sindicato laboral, ¿lo hace para exigir la abolición del trabajo asalariado y la destrucción del sistema capitalista o lo hace inicialmente para impedir una reducción de salario o evitar su despido? Habitualmente, ninguna explotada se acerca a una organización obrera para reclamar un cambio revolucionario radical. La gente, lógicamente, sólo está interesada en un principio en mejorar sus condiciones de vida, que no es poco. Después, con el contacto, la confluencia y el autoaprendizaje, se va dando ese proceso por el que se abren las expectativas y se amplían las exigencias. Pero el primer paso, para conseguir eso, es organizarse. ¿Podemos exigir a las prostitutas que empiezan a dar los primeros pasos organizativos que reclamen inmediatamente la abolición de la prostitución y la desaparición del sistema patriarcal y que renuncien a su vez a reclamar simples y elementales derechos sanitarios o sociales? Quien se sienta con la autoridad moral necesaria para hacerlo que lo haga. Pero que no se olvide antes de visitar a las organizaciones obreras con más de un siglo de historia que aún no le exigen eso a sus afiliados.

Y este último punto abre la puerta, inevitablemente, a qué tipo de abolición queremos. ¿Queremos una abolición vertical, de abajo a arriba, a base de decretos y leyes, que excluya del proceso a las prostitutas o queremos una abolición surgida de abajo a arriba y protagonizada por las propias afectadas? Cuando hoy la izquierda habla de abolición de la prostitución, y lo hace arguyendo algunos de los argumentos desmontados más arriba que niegan la organización/sindicación de las prostitutas, está defendiendo en realidad una abolición muy poco abolicionista. Sin las prostitutas liderando el proceso, la abolición sólo puede venir del Estado, de una reforma del Código Penal promovida por el Parlamento, de unas leyes aplicadas por los tribunales y de una batería de medidas gubernamentales. No hay más recorrido. Si ese es el modelo de abolición de cierta izquierda, e incluso de algún anarquismo, tenemos un grave problema de ignorancia histórica, y, en el segundo caso, de coherencia práctica.

Ningún cambio de paradigma radical, y eso es lo que requiere la abolición, se ha producido nunca de espaldas a los afectados directos. En los años previos a la Guerra civil americana (que duró de 1861 a 1865) se fue desarrollando un considerable movimiento a favor de la abolición de la esclavitud, mayoritariamente blanco, religioso y en muchos casos paternalista con respecto a los propios esclavos. La esclavitud se convirtió en una cuestión que ofendía la moral cristiana de los blancos, pero no necesariamente en un asunto que fuera competencia de los negros. Este movimiento pudo propiciar que se aplicara al final de la guerra la “Proclamación de emancipación”, pero al ser un mero decreto legal, que no requería ni la participación, ni la aportación y ni siquiera la opinión de los negros, la abolición gubernamental de la esclavitud se convirtió en una “abolición en falso”. Durante las décadas posteriores las personas negras, tanto en el norte como en el sur (aunque con más virulencia en los Estados sureños), eran simples ciudadanos de segunda o de tercera. La segregación era un hecho, los asesinatos y linchamientos cotidianos también. No habían ganado derechos tangibles. Seguían trabajando en las plantaciones de los blancos con la diferencia de que ahora debían pagar un alquiler por residir en ellas. Las fuentes públicas, restaurantes, hostales, transportes y colegios seguían estando reservados, en su mayoría, para los blancos. No es hasta 90 años después que el paradigma –sin caerse– se tambalea. ¿Qué ocurrió? Que los afroamericanos tomaron el control de sus propias reivindicaciones y de su propia emancipación. La movilización en la calle y la lucha social a partir de 1955 hizo mucho más por cambiar las condiciones de los negros que cualquier decreto legal.

La concesión de derechos de arriba a abajo, otorgados por un tercero, es incompatible con cualquier cambio que no sea meramente estético y formal; no hay cambio profundo si no lo protagonizan directamente las afectadas. Patrafraseando lo que decían los supervivientes de los Comités de Defensa cenetistas sobre la revolución 12, no hay abolición posible desde el Estado sino contra el Estado. Y es aquí dónde cierto anarquismo actual rompe con el relato histórico libertario sobre la abolición. El abolicionismo anarquista, salvo lamentables excepciones, intentó huir siempre de los juicios elitistas morales que excluían a las prostitutas del resto de la clase trabajadora. Para este abolicionismo, las distintas forma de explotar a las mujeres no podían jerarquizarse, y no comprendían que la mujer casada por inercia 13 o la operaria de fábrica manoseada por su patrón, miraran por encima del hombro a la prostituta y no entendieran su situación como parte de un todo. El anarquismo creía que la prostitución era un fenómeno cultural y social, pero también, y es algo que hoy parece querer omitirse, económico 14. Cuando Mujeres Libres aprovecha el acontecimiento revolucionario de 1936 en Barcelona para crear sus famosos Liberatorios de Prostitución, no espera nada de decretos gubernamentales, tampoco cree que baste con vaciar los burdeles y echar a las prostitutas para que se produzca un cambio a mejor 15. Aunque en algunas circunstancias sí pudieron pecar de cierto paternalismo, el programa de Mujeres Libres consistía en apoyar la organización de las prostitutas, en intentar acercarlas a las estructuras sindicales (y viceversa), conseguir que se afiliaran y, desde ahí, introducir la capacitación profesional y el reciclaje laboral. El proyecto fracasó por circunstancias sociales y estratégicas que exceden al análisis de este artículo. Pero la gran lección que se puede extraer de uno de los momentos históricos donde más definida quedó la posibilidad de la abolición de la prostitución, es que no se puede hacer de espaldas a las afectadas.

La abolición de la prostitución no se conseguirá sin cuestionar y atacar antes (o al menos simultáneamente) a la estructura que le dio origen y a la que hoy la sustenta: el patriarcado y el capitalismo, respectivamente. Para acabar con la prostitución necesitamos, por tanto, un cambio de paradigma; y no hay cambio de paradigma posible si primero no se organizan las afectadas.

En esa línea de pensamiento nos decía Goldman, en su triple condición de anarquista, mujer y, en cierta ocasión, prostituta:

“Solamente una opinión pública inteligentemente educada, que deje de poner en práctica el ostracismo legal y moral hacia la prostitución, ha de coadyuvar al mejoramiento del presente estado de cosas. Cerrar los ojos por un falso pudor y fingir ignorancia ante este mal y no reconocerlo como un factor social de la vida moderna, no hará más que agravarlo. Debemos estar por encima de la estúpida noción soy mejor que tú, tratando de ver en la prostituta solamente a un producto de las condiciones sociales. […] Respecto a la total extirpación de la prostitución, nada, ningún método podrá llevar a cabo esa magna empresa, sino la más completa y radical trasmutación de valores, en la actualidad falsamente reconocidos como beneficiosos –especialmente en lo que atañe a la parte moral– junto con la abolición de la esclavitud industrial, su causa causarum” 16.

La importancia de ahorrarse los jodidos sermones y la pretendida superioridad moral, la necesidad de que sean las afectadas las que lideren su propio proceso de emancipación, es algo que va más allá de la sindicación de las prostitutas y que alude directamente a todo el sector de explotadas y marginadas que viven en la periferia de la “clase obrera canónica”. Necesitamos sindicación y organización entre presas sociales, indigentes, paradas crónicas y todas las personas aplastadas por el sistema que viven en sus margenes. Si no somos capaces de aprender y escuchar, de apoyar y ayudar a que la gente más jodida se encuentre y agremie, por lo menos no hagamos la función de palos en la rueda.

Pero para que la izquierda llegue a esa conclusión, y deje de boicotear todo aquello que no puede controlar, primero debe soltar mucho lastre. Debe dejar de usar los límites legales como brújula, y debe abandonar todo el moralismo que le inculcaron en la universidad, en el partido o en la iglesia. Mientras no esté dispuesta a demoler cuanto de burguesa hay en ella 17, seguirá haciendo gala de un clasismo asertivo que aún no atina a definir. Si sabemos que existe un racismo asertivo que es incapaz de evaluar el propio racismo, y a su vez un nacionalismo asertivo (como hemos visto en relación al conflicto catalán) que ve nacionalismo por todas partes salvo en su propio patriotismo, hemos de admitir que existe también un clasismo asertivo que analiza con gran dedicación todos los prejuicios de las clases altas con respecto a la clase trabajadora, pero que no tiene ningún interés en cuestionar sus propios prejuicios con respecto al “lumpen”, al que excluye de esta categoría obrera.

Concluyendo, sé que la organización del “lumpen” no tiene por qué representar per se un cambio radical. Ni siquiera, necesariamente, un cambio a mejor. La gente puede organizarse para acomodarse a su opresión, para venderse a las instituciones o para cualquier otra corrupción similar. Puede, efectivamente, que el porcentaje de cambio real que produzca la organización/sindicación de precarias, marginadas y excluidas sea realmente bajo. Es una posibilidad. Pero contra esa posibilidad se levanta una certeza: sin esos primeros pasos organizativos el porcentaje de cambio es del 0%. Asumir la derrota como punto de partida es un buen aliciente para crear literatura épica y regodearse en las batallas perdidas por nuestros abuelos. Las que no tenemos nostalgia, las que no tenemos estabilidad, ni techo propio, ni pan seguro, no podemos conformarnos con eso. Nos toca encontrarnos, conocernos, organizarnos y empezar a desarrollar una resistencia económica y social callejera. Quizás la izquierda discrepe, pero aún le queda una opción: seguir cagándose de miedo cada vez que una puta levante la voz.

 

NOTAS

  1. La definición reza así: “El lumpemproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad […]” (Marx y Engels, op.cit.).En el primer tomo de El Capital (1867), Marx insiste en separar explícitamente a los obreros que caen en la pobreza por desempleo, orfandad, vejez o accidentes laborales de “vagabundos, delincuentes, prostitutas, en suma, del lumpemproletariado propiamente dicho […]” (ibíd.). A lo largo de toda la obra marxiana y engeliana pueden leerse pasajes del mismo talante: “El lumpemproletariado, esa escoria integrada por los elementos desmoralizados de todas las capas sociales y concentrada principalmente en las grandes ciudades, es el peor de los aliados posibles. Ese desecho es absolutamente venal y de lo más molesto” (Engels, prefacio a la segunda edición de La Guerra Campesina en Alemania, 1870). “[El] lumpemproletariado, que en todas las grandes ciudades forma una masa bien deslindada del proletariado industrial. Esta capa es un centro de reclutamiento para rateros y delincuentes de todas clases, que viven de los despojos de la sociedad, gentes sin profesión fija, vagabundos, gentes sin hogar y sin credo […]” (Marx, La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, 1850). En el 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1854) Marx hace una larga lista con muchos de los tipos de “subproletarios” que identifica y que van desde mendigos y expresidiarios a traperos y afiladores, para acabar concluyendo que son una “hez, desecho y escoria de todas las clases”. Idénticos juicios se esgrimen hoy, sin sonrojo, mientras se sorbe alguna bebida de moda entre risas cómplices, en muchas de nuestras charlas, tertulias y foros públicos. Omito las redes sociales porque desconozco qué bebe la militancia roja ciberrnautica mientras rezuma falta de empatía.
  2. “Cuando los obreros franceses escribían en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: ¡Muerte a los ladrones!, y en efecto fusilaban a más de uno, no lo hacían en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esta banda” (Engels,La Guerra…, op.cit.).
  3. Es emblemático ese pasaje en el que define al “lumpen” como “la flor del proletariado”: “Porflor del proletariadoentiendo sobre todo esa gran masa, esos millones de no civilizados, de desheredados, de miserables y analfabetos que Engels y Marx pretenden someter al régimen paternal de un gobierno muy fuerte […]. Por flor del proletariado entiendo precisamente esta carne de gobierno eterno, esta gran canalla popular, que siendo casi virgen de toda civilización burguesa, lleva en su seno, en sus pasiones, en sus instintos, en sus aspiraciones, en todas las necesidades y miserias de su posición colectiva, todos los gérmenes del socialismo del futuro, y que por sí sola es lo suficientemente poderosa hoy en día como para inaugurar y hacer triunfar la Revolución social” (M. Bakunin, El Imperio Knuto-germánico y la Revolución Social, 1871).
  4. Íd,Estatismo y anarquía, 1873.
  5. Más allá de los acontecimientos mencionados, podrían nombrarse muchas más algaradas y conatos revolucionarios donde el “lumpen” jugó un papel determinante o incluso donde llevó la iniciativa, pero eso requeriría convertir este humilde artículo en toda una tesis de investigación. Muchas de las “protestas del hambre” y huelgas de alquileres a comienzos del s. XX fueron encabezadas por el “lumpen”, especialmente por las compañeras que ejercían la prostitución. Un caso paradigmático es el de la huelga de inquilinas que iniciaron las prostitutas a comienzos de 1922 en Veracruz (México), y que impulsaba el Sindicato Revolucionario de Inquilinos que organizaba el anarquista Herón Proal. Este último homenajearía a las compañeras en un mitin: “Ustedes […] fueron las primeras en decretar la huelga que hoy ha tomado proporciones gigantescas: ustedes son en realidad verdaderas heroínas, por haber puesto la primera piedra de este edificio gigantesco que hemos ahora levantado; son las iniciadoras, y por tanto, merecen un estrechísimo abrazo de confraternidad. El Sindicato Rojo de Inquilinos les abre los brazos y les llama con todo cariño sus queridas hermanas. Sí señores y no se rían (porque la palabra hermanas causó risa entre el auditorio) estas pobres y despreciadas mujeres, no solamente son nuestras compañeras, sino también nuestras hermanas, […] y no hay motivos para excluirlas de la hermandad, tanto más, cuanto que son carne de explotación de los burgueses” (citado enEl movimiento inquilinario de Veracruz, 1922, 1976, de O.G. Mundo).
  6. “Las mujeres se tiran sobre los cañones y las ametralladoras interponiéndose entre nosotros y el ejército; los soldados permanecen inmóviles” (L. Michel,La Comuna de ParísHistoria y recuerdos, 1898).
  7. “¿Quién tiene más derecho que estas mujeres, las víctimas más desgraciadas del viejo orden, a dar su vida por el nuevo?” (Michel citada por J.M. Merriman enMasacre: Vida y muerte en la Comuna de París de 1871, 2017). La Comuna, sin embargo, no supo apreciar el sacrificio de estas compañeras y en su resolución “Sobre la prostitución” (del 30 de marzo al 18 de junio), como intento de abolirla, decretó, después de un bonito prefacio, la detención de todas las mujeres “libradas de la prostitución” (dixit) que circulen por el 2º distrito, pero ni una sola medida contra proxenetas o puteros.
  8. El inspector jefe de policía de Atarazanas diría sobre “La Bilbaína y “La Castiza”: “Estas dos mujeres son y han sido siempre las cabecillas de todos los motines iniciados en la calle del Mediodía […]” (citado por A. Talero en su artículo “Las ‘petroleras’ de 1909. Papel de la mujer en la Semana Trágica” enHistoria 16, 1979).
  9. Como semblanza del nexo entre anarquistas y “lumpen” durante ese período histórico puede consultarseFuera de la ley (volumen I [2016] y II [2017]) de la editorial La Felguera.
  10. “Los militantes anarcosindicalistas han pasado la noche en los sindicatos, en los centros, en los Ateneos Libertarios. Las sirenas anuncian que las tropas sublevadas avanzan sobre el centro de la ciudad y que ellos, armados o desarmados, deben acudir a combatirlas. […] Los desheredados acogidos en las barracas de Montjuic, los que por la noche tiroteaban el polvorín, vecinos del Pueblo Seco acuden a la movilización. […] Los desarrapados de las barracas del Monte Carmelo descienden hacia la ciudad y se unen a los habitantes de las calles a medio urbanizar, a los del Poblet […]. [Los] peones buenos para cualquier oficio, los sin trabajo, convergen hacia los cuarteles y la maestranza de San Andrés, cuya conquista les dará las armas suficientes para dominar la ciudad entera. […] [Los trabajadores de las distintas industrias enlazarán] con los ‘trinxeraires’ [se puede traducir como ‘golfillos’] y gitanos del Somorostro. Todos ellos han escuchado el ulular de las sirenas” (Luis Romero,Tres días de julio, 1967).
  11. Con independencia de lo que diga el Código Penal en su artículo 187.1 sobre el proxenetismo, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA) es legal desde 2001, y la Asociación Nacional de Empresarios Mesalina (ASNEM) desde el 2004 (según sentencia de la Sala 4ª de lo Social del Tribunal Supremo). Estas y otras asociaciones, vinculadas en muchas ocasiones con la extremaderecha, mantienen una actividad de explotación sexual legal ante la completa vulnerabilidad de las mujeres que a día de hoy siguen desarmadas. Los que después de leer esto intenten establecer una vergonzante diferencia entre “alterne” y “prostitución” pueden ahorrarse el esfuerzo y el ridículo.
  12. Citados por Agustín Guillamón en “De los Comités de Defensa al análisis revolucionario de Los Amigos de Durruti. Los Comités de Defensa de la CNT” (enFuera de la ley II, op.cit.).
  13. En el anarquismo fue un recurso clásico, y muy provocador entonces, equiparar matrimonio y prostitución. Anne Mahé lo argumentaba de forma cruda: “[…] La inmensa mayoría de las mujeres son prostitutas, putas honestas que, sin deseo ni placer, cumplen con el ‘deber conyugal’ […]; ellas, las putas honestas, que desprecian tanto a las que hacen del amor un oficio” (Defensa de la prostitución, 1905). Para Emile Armand: “No existe actualmente diferencia esencial entre el matrimonio burgués y la prostitución. El matrimonio es la prostitución de larga duración, y la prostitución es el matrimonio de corta duración” (La emancipación sexual, el amor en camaradería y los movimientos de vanguardia, 1934). Emma Goldman hacía un razonamiento similar: “No es más que una cuestión de gradaciones que [la mujer] se venda a un hombre, casándose, o a varios” (“La prostitución”, enLa hipocresía del puritanismo y otros ensayos, 1910).
  14. El artículo de Mujeres Libres (aparecido en su publicación homónima) titulado “Acciones contra la prostitución” no paraba de repetir esa premisa: “Insistimos en lo que se ha dicho multitud de veces: la mujer ha de ser económicamente libre. […] Sólo la libertad económica hace posible las demás libertades, tanto de los individuos como de los pueblos. He aquí esto tan repetido, tan escuchado y que es la base de las acciones contra la prostitución, porque la mujer que vive en dependencia económica recibe una paga, aunque sea de un marido legítimo” (en la compilación de M. Nash:Mujeres Libres. España 1936-1939,1974).
  15. De nuevo a través de su revista, Mujeres Libres comparte el texto “Liberatorios de prostitución”, donde comentan cargadas de ironía: “En varias localidades que hemos visitado recientemente se nos ha hecho saber, como gran medida, que en ellas habíansuprimido la prostitución. Al preguntar cómo y qué se había hecho con las mujeres que la practicaban, se nos ha contestado: ¡Ah, eso allá ellas! De este modo, suprimir la prostitución es bien sencillo: se reduce a dejar a unas mujeres en la calle, sin medio alguno de vida” (ibíd.).
  16. Goldman, op.cit. Nuevamente desde Mujeres Libres volverían a emitir un juicio similar a través de esta “falsa entrevista”:

“–¿Qué opinas de la prostitución?

–Que no sólo las mujeres y los sexos se prostituyen.

–¿La crees necesaria?

–La creo una afrenta para el hombre y para la mujer. Y para la civilización.

–¿Cómo suprimirla?

–Suprimiendo leyes y moralizando costumbres. Reeducándonos sexualmente” (Nash, op.cit.).

  1. Los prejuicios burgueses con respecto al “lumpen”, transversales también a la izquierda, pocas veces han sido mejor descritos que en este imprescindible fragmento de Stirner: “La burguesía se reconoce en su moral, estrechamente ligada a su esencia. Lo que ella exige ante todo, es que se tenga una ocupación seria, una profesión honrosa, una conducta moral. El caballero de industria, la ramera, el ladrón, el bandido y el asesino, el jugador, el bohemio, son individuos inmorales y el burgués experimenta por esas gentes sin costumbres la más viva repulsión. Lo que les falta a todos es esa especie de derecho de domicilio en la vida que da un negocio sólido: medios de existencia seguros, rentas estables, etc.; como su vida no reposa sobre una base segura, pertenecen al clan de los individuos peligrosos, al peligroso proletariado: son particulares que no ofrecen ninguna garantía y no tienen nada que perder, ni nada que arriesgar. La familia o el matrimonio, por ejemplo, ligan al hombre, y este lazo le proporciona un lugar en la sociedad, le sirve de fiador; pero ¿quién responde de la prostituta? […]. Se podría reunir bajo el nombre de vagabundos a todos los que el burgués considera sospechosos, hostiles y peligrosos. […] Esos extravagantes vagabundos entran en la clase de las gentes inquietas, inestables y sin reposo, como son los proletarios, y cuando crean sospechas de la falta de domicilio moral, se les llama enredadores, cabezas calientes y exaltados. Tal es el sentido amplio del llamado proletariado y del pauperismo. ¡Cuánto se engañaría el que creyese a la burguesía capaz de desear la desaparición de la miseria (del pauperismo) y de consagrar a ese fin todos sus esfuerzos! Nada, por el contrario, conforta al buen burgués como la convicción, incomparablemente consoladora, de que un sabio decreto de la Providencia ha repartido de una vez y para siempre las riquezas y la dicha. La miseria que se amontona en las calles a su alrededor, no turba al verdadero ciudadano hasta el punto de solicitarlo a hacer algo más que congraciarse con ella, echándole una limosna o suministrando el trabajo y la pitanza a algún buen muchacho laborioso. Pero siente vivamente la turbación de sus apacibles goces por los murmullos de la miseria descontenta y ávida de cambios, por esos pobres que no sufren ni penan ya en el silencio, sino que comienzan a agitarse y a desatinar. ¡Encerrad al vagabundo! ¡Arrojad al perturbador en los más sombríos calabozos! ¡Quiere atizar los descontentos y derribar el orden establecido! ¡Apedreadlo! ¡Apedreadlo!” (El Único y su propiedad, 1844).

AUTOR

Treballador manual, “lumpen” de naixement i autodidacta. Ha militat en col·lectius en defensa de la població immigrant, en l’anarcosindicalisme i en el 15M. Actualment és membre de la Federació Anarquista de Gran Canària (FAGC), activista contra els desallotjaments, partidari de l’okupació com a projecte revolucionari i segueix implicat en la defensa de la Comunitat “La Esperanza” (la comunitat ocupada més gran a l’estat espanyol).

JORNADA MUNDIAL POR EL TRABAJO DECENTE

 


 

 

Definición de DIGNIDAD, según el Tribunal Constitucional:

http://www.ilo.org/global/topics/decent-work/lang–es/index.htm

 

Definición de TRABAJO DECENTE, según la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.):

http://www.ilo.org/global/topics/decent-work/lang–es/index.htm

 

 

La millonaria abolicionista: la cruzada de la heredera del petróleo Swanee Hunt para acabar con el trabajo sexual

 

Por STEPHEN LEMONSON

27 de septiembre de 2018

HTTPS://FRONTPAGECONFIDENTIAL.COM/SWANEE-HUNT-SEX-WORK-DEMAND-ABOLITION/

 

¡Aquí está Swanee! La heredera del petróleo Swanee Hunt en una conferencia de 2012 patrocinada por Women’s eNews (Lindsay Aikman / Michael Priest Photography a través de Flickr)

 

Swanee Hunt ha usado su gran fortuna para impulsar una agenda que busca abolir el sexo comercial entre adultos que consienten.

La trabajadora sexual y bloguera con sede en Seattle Maggie McNeill dedicó una publicación reciente en su sitio The Honest Courtesan a un documento intrigante: dos páginas supuestamente extraídas de un informe preparado para Demand Abolition, un grupo que tiene como objetivo erradicar el comercio sexual en Estados Unidos. El grupo fue fundado por Swanee Hunt, ex embajadora en Austria y la hija más joven del difunto magnate petrolero de Texas HL Hunt.

Las páginas, que parecen haber sido preparadas por la prominente firma de relaciones públicas Luntz Global, contienen las recomendaciones y los fundamentos de la firma con respecto a la terminología que el grupo anti trabajo sexual emplea en sus mensajes.

Como señala McNeill, Demand Abolition proporciona financiamiento a los organismos policiales con la disposición de que esos organismos trabajarán en concierto con el grupo para enfatizar la aplicación de la ley en la parte de la demanda del intercambio de sexo comercial y para adoptar su terminología.

Por ejemplo, el documento sugiere el uso del término “compra de sexo” en lugar de “prostitución”, porque “la prostitución es una ‘zona gris’. La compra de sexo pone la responsabilidad en el comprador”.

También: “Reconocer la posibilidad de que una pequeña minoría de mujeres en el comercio sexual esté allí por su propia voluntad”. El razonamiento declarado: “El público todavía considera que esto es una opción para algunas personas: negarlo es decir que su opinión es incorrecta y perdemos credibilidad”.

Y: “Usar ‘prostitución forzada’ en lugar de solo ‘prostitución’.” Justificación: “Decir ‘prostitución forzada’ es lo correcto porque la mayoría de las mujeres en el comercio sexual son obligadas. Elimina cualquier ambigüedad que el público pueda tener sobre la libertad de elección “.

Además, el documento sugiere diez “Frases para 2015”, que incluyen “Sin compradores, no hay negocio”, “La trata y la prostitución están indisolublemente vinculadas” y “La prostitución está en SU ​​vecindario, y en el mío”.


Parte del supuesto informe de Luntz Global preparado para el grupo Demand Abolition de Swanee Hunt (captura de pantalla a través de The Honest Courtesan)

 

Gran parte del lenguaje usado en el sitio web de Demand Abolition se hace eco de los consejos contenidos en el documento.

Además, escribe McNeill, “he escrito durante años sobre la compra por parte de Hunt de la oficina del fiscal de Seattle, y dos excelentes artículos a principios de este año profundizaron en el alcance de esta subversión depravada e ilegal del llamado sistema de justicia”.

Luntz Global tiene el mismo nombre de su fundador, el famoso encuestador republicano Frank Luntz, un sabio de la opinión pública, responsable de crear frases resbaladizas para el Partido Republicano, como “cambio climático” en lugar de calentamiento global, e “impuesto a la muerte”, en lugar de impuesto de patrimonio. La compañía utiliza grupos de enfoque específicos para emitir un juicio sobre qué frases y puntos de conversación son más efectivos.

Ni Luntz Global ni Demand Abolition respondieron a solicitudes repetidas de Front Page Confidential  para autenticar el documento. McNeill se negó a violar su acuerdo de confidencialidad con su fuente.

Pero una revisión de las declaraciones anuales de Demand Abolition con el Internal Revenue Service revela que en 2014, el grupo pagó $ 60.000 a Luntz Global Partners por “consultoría estratégica”. (En términos del presupuesto del grupo, eso es una gota en el cubo: Demand Abolition pagó casi $ 10 millones en 2014 para transmitir su mensaje.)

Dejando a un lado las cuidadosas distinciones descritas en el documento que McNeill adquirió, la propaganda en línea de Demand Abolition fusiona los términos trata sexual y prostitución, una táctica común entre los grupos contra el trabajo sexual.

 

Hunt afirma que la distinción entre trata sexual y prostitución consensual de adultos es “problemática” y “más ficción que realidad”.

 

En realidad, los dos términos tienen significados diferentes, que están codificados en las leyes estatales y federales. La prostitución es en gran parte penalizada a nivel local e involucra a adultos que consienten el intercambio de dinero por sexo. Por otra parte, la trata sexual está definido por la ley federal como hacer que un menor se involucre en un acto sexual comercial o que un adulto haga lo mismo a través de la fuerza, el fraude o la coerción.

En “Deconstrucción de la demanda: la fuerza motriz de la trata sexual”, un manifiesto de 2013 que es alojado de forma notoria en la página de inicio de Demand Abolition, Hunt afirma que la distinción entre la trata sexual y la prostitución adulta consensual es “problemática” y “más ficción que un hecho”.

Como lo ve Hunt, “la trata es, a efectos prácticos, a menudo intercambiable con la prostitución, ya que la mayoría de los proxenetas usan ‘fuerza, fraude o coerción’ y los menores no pueden consentir legalmente…   Establecer exactamente quién en un momento dado está en la minoría de adultos que venden ‘voluntariamente’ sus cuerpos no es un ejercicio pragmático o confiable, y es algo que nos distrae insidiosamente de la tarea de detener el abuso de la gran mayoría”.

Hunt también frunce el ceño sobre “el uso de la pornografía para masturbarse” y parece tener una sombría visión del deseo sexual masculino en general. En cuanto al derecho de las trabajadoras sexuales a tomar decisiones por sí mismas, opina que “cada decisión debe ser ponderada en términos del efecto general en la comunidad, incluso a costa del impacto en la libertad personal”.

 

Que se entere el comprador de sexo

Las donaciones de Demand Abolition a las agencias policiales han asegurado el tipo de actuación contra los “compradores sexuales” que Hunt favorece.

En un artículo innovador publicado en The Intercept, Alison Bass, profesora de periodismo en la Universidad de West Virginia y autora de Getting Screwed: Sex Work and the Law, detalla cómo las donaciones de Demand Abolition a las agencias policiales de varias ciudades ayudaron a financiar redadas locales de puteros.

Bass descubrió que desde 2013 hasta 2018, la Red de Empoderamiento Contra la Explotación Sexual (CEASE) de Demand Abolition donó millones de dólares a organizaciones sin fines de lucro y agencias públicas de todo el país.

Pero como Bass también descubrió, el dinero vino con condiciones. Al obtener registros públicos de la oficina del fiscal de distrito en el condado de King (Seattle), Bass demostró cómo los $ 191.667 en donaciones de Demand Abolition durante un período de cuatro años permitieron a la organización dictar plazos para que los fiscales y las fuerzas del orden ejecutaran redadas contra los clientes del comercio sexual.

Las donaciones de Demand Abolition a la policía llegaron con condiciones: plazos, cuotas y uso frecuente del término “trata sexual” (picturexv a través de Flickr)

 

Se informó que los fiscales del Condado de King modificaron su lenguaje para adaptarse a la ideología de Demand Abolition y permitieron que los consultores contratados por Demand Abolition reescribieran comunicados de prensa, insertando la palabra “trata sexual” a pesar del hecho de que los fiscales preferían el término “explotación sexual comercial”.

 

Los fiscales del condado de King firmaron declaraciones en las que declaraban que estaban de acuerdo con la ideología de Demand Abolition respecto a los efectos dañinos de la industria del sexo comercial.

 

Como explicó un consultor en un correo electrónico a los fiscales, “Eliminar todas las referencias a la trata sexual perjudicará nuestra capacidad para captar la atención de los periodistas”.

Los fiscales del condado de King firmaron comunicdos en los que declaraban que estaban de acuerdo con la ideología de Demand Abolition respecto a los efectos dañinos de la industria del sexo comercial. Y en una controvertida redada de 2016 que involucró a once hombres y un sitio web llamado The Review Board (en el que los clientes publicaban revisiones de sus encuentros con trabajadoras sexuales), los fiscales presentaron cargos penales sin precedentes en el Estado, tales como promover la prostitución en segundo grado.

Aunque el caso de The Review Board no incluyó las denuncias de fuerza o coerción, la policía y los fiscales se refirieron a las redadas como implicando “trata sexual” y “esclavitud sexual”. Bass citó a expertos legales que dijeron que la oficina del fiscal había superado las líneas éticas en su asociación con Demand Abolition. Tres acusados ​​en el caso de The Review Board ​​demandaron al Condado de King por difamación, citando la influencia ejercida sobre la oficina del fiscal por la organización de Hunt.

Demand Abolition financió programas similares a través del CEASE en otras jurisdicciones, especialmente en el Condado de Cook (Chicago), Illinois, donde el Sheriff Tom Dart lidera una Iniciativa de Supresión Nacional de Puteros (NJSI) semestral. Dart considera que la iniciativa es una redada masiva de “trata sexual”, sin tener en cuenta el hecho de que la operación rara vez atrapa a ningún tratante sexual. Comunicados de prensa de la oficina de Dart sobre la redada agradecen a Demand Abolition por su respaldo.

En una entrevista, Bass dijo a Front Page Confidential que Demand Abolition detuvo su campaña para influir en los fiscales “porque se dieron cuenta de que estaban cruzando la línea”.

De hecho, el sitio web de Demand Abolition habla sobre el programa en pasado, indicando que la “financiación y supervisión directa de la organización terminó en marzo de 2018” (aunque continúa “colaborando de manera informal” con las ciudades colaboradoras en un esfuerzo por “combatir la demanda de servicios pagados sexo”).

En su artículo, Bass explicó que Demand Abolition ha alentado a los legisladores estatales y federales a promulgar leyes más severas que penalizan la prostitución, como la Ley de Trata Sexual en Línea (FOSTA, por sus siglas en inglés) que el Congreso aprobó a fines de marzo de 2018. La ley esencialmente convierte en un delito federal anunciar la prostitución en línea.

Bass rechaza la premisa de Demand Abolition de que las mujeres adultas no pueden consentir en ser parte del comercio sexual. Los menores en la industria del sexo comercial son automáticamente considerados víctimas de trata de personas bajo la ley federal. Pero Bass dice que la mayoría de las trabajadoras sexuales en los Estados Unidos que tienen más de dieciocho años no son víctimas de la trata.

“Están vendiendo sexo por elección”, dijo Bass a Front Page Confidential. “Y por eso es erróneo llamar a esto ‘trata’. Y no me importa lo que dice la Demand Abolition; eso no es lo que dice la ley “.

 

H.L. Hunt: Rico, bígamo

Swanee Hunt creó el Programa de Mujeres y Políticas Públicas en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, donde, según el sitio web de la escuela, posee el título de Profesora de Política Pública Eleanor Roosevelt.

En sus roles de activista, académica y filántropa, Hunt ha apoyado el empoderamiento de las mujeres en general, la equidad de género en los Estados Unidos y la difícil situación de las mujeres en Ruanda. Es una demócrata de toda la vida que ha contribuido con millones de dólares a los políticos y las causas del partido. En más de una ocasión, ella admitió que una donación de $ 250.000 en 1992 a la campaña de Bill Clinton para presidente ayudó a allanar el camino para que el presidente Clinton la nombrara embajadora en Austria en 1993.

El padre de Swanee Hunt, magnate del petróleo e infame bígamo HL Hunt, circa 1965 (a través de Wikimedia Commons [dominio público])

La última de quince niños engendrados por el multimillonario de Texas, elmagnate del petróleo y ferviente anticomunista Haroldson Lafayette “H. L.” Hunt Jr., quien murió en 1974 a la edad de 85 años, Swanee Hunt tiene acceso a incontables millones de dólares. Ella utiliza parte de ese dinero para financiar su fundación Hunt Alternatives, que reportó casi $ 60 millones en desembolsos de 2011 a 2016 (incluida la financiación de Demand Abolition), según documentos públicos presentados ante el IRS.

Alison Bass describe a Hunt como una “feminista de la segunda ola”, refiriéndose a las feministas que llegaron a la madurez en la década de 1960, algunas de las cuales ven la prostitución y la pornografía como las consecuencias de una sociedad dominada por hombres.

Ella compara a Hunt con feministas prominentes como Gloria Steinem, Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin, que creen que todo trabajo sexual es explotador y que objetiva a las mujeres.

Bass cree que si bien el trabajo sexual puede ser explotador, algunas mujeres se sienten empoderadas por él.

 

Para Hunt, las trabajadoras sexuales son víctimas femeninas que necesitan ser rescatadas de los proxenetas masculinos y de los puteros, que deben ser controlados por la ley.

 

“Muchas de ellas lo están haciendo por razones económicas y porque pueden ganarse la vida mucho mejor”, dijo Bass a Front Page Confidential. “Y les permite una mayor flexibilidad: si son madres solteras que están criando hijos o están tratando de pagar la matrícula para sus estudios, ese tipo de cosas”.

Para Hunt, por otro lado, las trabajadoras sexuales son víctimas femeninas que necesitan ser rescatadas de los proxenetas masculinos y de los puteros, quienes deben ser controlados por la ley.

En una entrevista de 2016 con CNN, Hunt explicó que ella comenzó con Demand Abolition en 2008 y viajó a Suecia y Noruega para investigar lo que se conoce como el “modelo nórdico”, en el que las agencias policiales se enfocan en el lado del consumidor del sexo comercial consensual.

“Entonces, miramos este modelo y dijimos: ‘¿Funcionaría esto en los Estados Unidos?'”, Dijo Hunt a CNN. “Caramba, tendríamos que obtener todas estas leyes que dicen que es ilegal que los hombres compren [sexo]. Y luego descubrimos, no, no tenemos que hacerlo: las leyes ya están ahí “.

En “Deconstruyendo la demanda”, Hunt refuerza sus argumentos a favor de una guerra contra los compradores de sexo citando una serie de mitos sobre la prostitución y el trata sexual que han sido refutados repetidamente pero que, sin embargo, persisten.

Hunt afirma que la edad promedio de las niñas que entran en la prostitución es de trece años; que hasta 300,000 niños se venden por sexo cada año en los Estados Unidos; y que la trata sexual es un negocio de $ 9,5 mil millones al año. Los tres presuntos factoides han sido desacreditados hace mucho tiempo.

Hunt también saca a relucir la falsa afirmación de que el Super Bowl “impulsado por el machismo” de la National Football League equivale a un espectáculo de trata sexual. La afirmación, una de las favoritas de la heredera multimillonaria Cindy McCain, compañera de Hunt, ha sido completamente desacreditada.

Aunque Hunt realmente parece querer ayudar a las mujeres, los esfuerzos de Demand Abolition están haciendo que el trabajo sexual sea más peligroso, no menos, según muchos defensores de los derechos de las trabajadoras sexuales. Esos defensores sostienen que la aprobación de FOSTA y la confiscación del gigante de los anuncios en línea Backpage.com, ambas acciones apoyadas por Hunt, han robado a las trabajadoras sexuales la capacidad de evaluar a los clientes y compartir información en línea sobre los malos clientes.

Bass señaló un estudio realizado en 2017 por investigadores de las universidades de Baylor y West Virginia, que encontró que los anuncios para adultos en Craigslist redujeron la tasa general de homicidios para mujeres en más del 17 por ciento en promedio.

En lugares donde la prostitución no está criminalizada, dijo Bass, las trabajadoras sexuales cooperan con la policía para capturar a los verdaderos tratantes de sexo y tienen más probabilidades de practicar sexo seguro, lo que resulta en tasas más bajas de infección por VIH.

Pero puede que en la visión del mundo de Hunt esté influyendo algo más que el feminismo radical.

Su padre, H.L. Hunt, era un infame filántropo que mantenía dos familias secretas además de la que compartía con su primera esposa, Lyda Bunker Hunt.

Swanee es la hija de la mujer que se convertiría en la segunda esposa de Hunt, Ruth Ray Hunt, luego de la muerte de la primera Sra. Hunt. En su acertadamente titulada Memoria de 2006, Half-Life of a Zealot —cuya escritura afirma que le ahorró “interminables horas de psicoterapia”— Swanee Hunt describe cómo su madre, una mujer intensamente religiosa, era una mujer mantenida que era “completamente dependiente de mi padre” y vivía con sus cuatro hijos, incluida Swanee, en una casa de Dallas a poca distancia de la mansión donde HL vivía con Lyda Bunker Hunt.

El petrolero multimillonario visitaba a su segunda familia cuando su primera esposa estaba fuera jugando al bridge, Swanee Hunt escribe en sus memorias. Ella describe la “angustia” de su madre ante la situación, y señaló que debido a eso, Ruth Ray Hunt estaba convencida de que era “una vergüenza para sus hijos”.

(Para complicar aún más las cosas, después de la muerte de Hunt, se reveló que el pícaro multimillonario, que según se dice fue el modelo de JR Ewing en la serie de televisión Dallas, tenía otra familia en Florida con una mujer llamada Frania Tye, con quien engendró cuatro hijos. Frania afirmó haberse casado en secreto con Hunt en 1925.)

La relación de su madre con H.L. fue un misterio en los primeros años de la vida de Swanee, y ella admite haberse preguntado de niña por qué “no tenía un padre como los niños de la puerta de al lado”, uno que regresaba a casa al final del día, la tiraba al aire, y la llevaba sobre sus hombros.

Tales reminiscencias lacrimosas pueden agregarle algún contexto a su jeremiada antiprostitución.

Tomemos, por ejemplo, este pasaje de “Deconstrucción de la demanda”:

Con la mayoría de las parejas monógamas, la fidelidad incluye no solo abstenerse de tener relaciones sexuales con otra persona, sino también honestidad y transparencia. Sin embargo, comprar sexo es, en gran medida, un asunto secreto que requiere una red de engaños que involucran la ubicación, el tiempo y el dinero. A menudo, los compradores tratan de convencerse a sí mismos y a los demás de que son infieles porque sus parejas no satisfacen sus necesidades, desplazando la culpa. Aun así, la culpa se interpone entre los dos y provoca otros daños o destruyen su relación. Cuando sale la verdad, las parejas se pueden romper. Las vidas de los niños son tensas y pueden desilusionarse con sus padres.

Vender sexo es un trabajo de clase trabajadora. Es hora de que los laboristas se unan a las trabajadoras sexuales.

 

 

 Cuando los legisladores dicen que el problema es la naturaleza en sí misma del sexo comercial, eluden las preocupaciones que menos llaman la atención a la opinión pública de las personas de la clase trabajadora; preocupaciones como mantener la electricidad, o administrar los costos de cuidado de niños que están aumentando más rápido que los salarios.

 

Por Juno Mac

24 de septiembre de 2018

https://www.redpepper.org.uk/selling-sex-is-a-working-class-job-its-time-for-labour-to-stand-with-sex-workers/?utm_source=dlvr.it&utm_medium = twitter

 

Una manifestación en apoyo de las trabajadoras sexuales en la huelga de mujeres el 8 de marzo de 2018. Soho, Londres. Foto de Juno Mac (Flickr)

 

 

“No hay nada tan degradante como tener que sacar los víveres de la bolsa en una caja de autoservicio porque tu tarjeta no funciona”, dice Dot, una trabajadora sexual de 32 años de Camden, Londres. Publica anuncios en línea y los clientes la visitan en casa mientras su hijo de 7 años está en la escuela. Ella se considera a sí misma una prostituta ordinaria, del mercado medio, sin lujos y dice que su tasa horaria es más de 18 veces lo que ganaba sirviendo palomitas de maíz en un cine. “El salario mínimo no llega para nada; tampoco los subsidios. No puedo pagar nada que necesite sin trabajo sexual “.

Nadie que haya leído los periódicos británicos en la última década habrá dejado de detectar al menos un titular que provoque el pánico ante el aumento del número de personas como Dot que venden sexo para mantenerse a flote. Es igualmente imposible pasar por alto que el trabajo sexual sigue siendo un tema tan controvertido como siempre. Las escuelas de pensamiento en conflicto cuestionan si la mejor respuesta a los problemas urgentes en la industria del sexo sería eliminar la criminalización que la rodea, o agregar más. El modelo de despenalización de Nueva Zelanda ha atraído a algunos partidarios notables, como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Organización Mundial de la Salud, ONUSIDA y la Alianza Global contra el Tráfico de Mujeres. Al mismo tiempo, varios países han seguido el ejemplo de Suecia y han adoptado la penalización de los clientes, dejando a las trabajadoras sexuales luchando por la seguridad y, al mismo tiempo, siguiendo estando ellas mismas penalizadas.

Dentro del Partido Laborista, las preocupaciones sobre la industria del sexo continúan teniendo lugar en las discusiones sobre línea política. Los diputados laboristas montan ofertas para “limpiar” el Reino Unido de burdeles (un burdel se define legalmente como dos o más trabajadoras, incluso si no hay jefe), mientras que otros han pedido un mayor poder policial para ejercer ‘medidas enérgicas’ contra las que trabajan ilegalmente en la calle. Uno describe la prostitución como “degradante en el mejor de los casos” mientras que otro dice que la prostitución no puede ser un trabajo real porque “el orgasmo de un hombre no es productivo”, ilustrando ambos cómo la preocupación feminista legítima sobre la violación y la explotación en la industria del sexo a menudo se desmorona para revelar nada más que disgusto subjetivo por los servicios concretos realizados.

Cualesquiera que sean los sentimientos personales sobre el trabajo en sí, la pobreza deja a un gran número de personas en el Reino Unido sin el lujo de poder elegir. La Comisión de Medidas Sociales (SMC) descubrió que 14.4 millones de personas en el Reino Unido estaban en la pobreza en 2016-17, con hogares afectados por discapacidad, monoparentalidad y empleos irregulares o de cero horas en mayor riesgo. El Women’s Budget Group y el Runnymede Trust descubrieron que las mujeres sufren desproporcionadamente el 86% de los recortes, especialmente las madres solteras y las mujeres BAME. Nadie lo sabe mejor que las personas que ejercen el trabajo sexual. El Movimiento Colectivo de Defensa y Resistencia de las Trabajadoras Sexuales (SWARM) dice que

“Sabemos de primera mano que la pobreza es un factor importante a la hora de determinar por qué las personas venden sexo. Sin embargo, no podemos entender por qué criminalizar la fuente de ingresos de las personas que venden sexo se presenta como una “solución” a la coacción económica de la pobreza. Si a los activistas les preocupa que la pobreza les quite las opciones a las personas, sugerimos que una solución real sería atacar la pobreza, no criminalizar lo que a menudo es la última opción que tienen las personas para sobrevivir a la pobreza “.

Cuando los legisladores dicen que la naturaleza del sexo comercial en sí es el problema, eluden las preocupaciones menos llamativas para la opinión pública de las personas de la clase trabajadora como Dot; preocupaciones como mantener la electricidad, o administrar los costos de cuidado de niños que están aumentando más rápido que los salarios. Tristemente para las trabajadoras del sexo, los titulares sobre el flagelo de “sex-dens” y “pop-up burdels” venden más periódicos que las realidades cotidianas más prosaicas de la vida cotidiana.

Nickie Roberts, que trabajó en la industria del sexo en la década de 1980, ilustra cuán típica puede ser esta desconexión de clase en el debate sobre el trabajo sexual:

“Trabajar en fábricas cutres por salarios repugnantes fue el trabajo más degradante y explotador que he hecho en mi vida… Creo que debería haber otra palabra para el tipo de trabajo que hacen las personas de clase trabajadora; algo para diferenciarlo del trabajo que hacen las personas de clase media; los que tienen carreras Todo lo que puedo pensar es penoso. Está podrido y sin esperanza; no es ni siquiera media vida. Es inmoral. Sin embargo, como digo, se espera de las mujeres de la clase trabajadora que se nieguen a sí mismas todo … ¿Por qué debería soportar a una feminista de clase media preguntándome por qué no ‘hacía cualquier otra cosa, incluso fregar baños’ en lugar de hacerme stripper? ¿Qué hay de liberador en limpiar la mierda de otras personas?

Algunas cosas nunca cambian. Los sentimientos de Roberts se asemejan a los expresados ​​casi un siglo antes, por una prostituta que escribió a The Times en 1859 (bajo el seudónimo ‘Otra desafortunada’) observando que las activistas antiprostitución ricas nunca entenderían las dificultades de “las mujeres pobres trabajando por sueldos de hambre, mientras que la penuria, la miseria y la hambruna las agarran por el cuello y les dicen: ‘entrega tu cuerpo o muere’”. Según la académica Julia Laite, esta escasez de opciones habría sido típica de la época. “Varios estudios de finales del siglo XIX descubrieron que hasta la mitad de las mujeres que vendían sexo en Gran Bretaña habían sido sirvientas domésticas, y que muchas lo habían odiado tanto que voluntariamente habían dejado el servicio”. Laite cita a una trabajadora sexual de los años 20 que preguntaba a un oficial de policía que la arrestó, ‘¿Qué me darás si renuncio a esto? ¿Un trabajo en una lavandería con dos libras por semana, cuando puedo ganar veinte con facilidad? 

Por supuesto, decir que la prostitución es mejor que la pobreza, la miseria y la muerte es poner el listón bastante bajo, y cuando decimos ‘el trabajo sexual es trabajo’, no queremos decir que siempre sea un trabajo particularmente bueno. De hecho, las trabajadoras sexuales llevan mucho tiempo organizándose para conseguir mejores condiciones de trabajo en todo el mundo. En 1907, las prostitutas de Nueva Orleans formaron piquetes en las puertas de sus prostíbulos, negándose a permitir que los clientes ingresaran hasta que las madames renegociaran las tarifas de la casa. En 1917, doscientas prostitutas marcharon (1) en San Francisco, con una oradora en la marcha que dijo: “Casi todas estas mujeres son madres o tienen a alguien que depende de ellas. Son conducidas a esta vida por las condiciones económicas … Usted no hace ningún bien al atacarnos. ¿Por qué no ataca esas condiciones?” Las trabajadoras de burdeles en Hawai se declararon en huelga durante semanas en 1942 para protestar por la denegación de sus derechos bajo la ley marcial, incluida su libertad de movimiento. En los años 1970 y 1980, las trabajadoras sexuales ocuparon iglesias (2) en Londres y Lyon para exigir el fin del acoso policial.

En Bolivia (3), a mediados de la década de 2000, 35.000 trabajadoras sexuales de todo el país participaron en una gran serie de acciones colectivas contra la violencia policial y el cierre de los lugares de trabajo. “Estamos luchando por el derecho al trabajo y a la supervivencia de nuestras familias”, dijo Lily Cortez, líder de la Asociación de Trabajadoras Nocturnas de El Alto, rodeada de prostitutas que se habían cosido la boca en señal de protesta. “Mañana nos enterraremos vivas si no se nos escucha de inmediato”. Algunas se declararon en huelga al negarse a someterse a las pruebas de ETS obligatorias “hasta que podamos trabajar libres de acoso”. Otras bloquearon el tráfico o se declararon en huelga de hambre. “Bolivia no nos quiere”, dijo Yuly Pérez, del sindicato de trabajadoras sexuales Organización Nacional para la Emancipación de la Mujer en Estado de Prostitución. “Somos odiadas por una sociedad que nos usa regularmente e ignorada por instituciones obligadas a protegernos … Lucharemos con uñas y dientes por los derechos que nos merecemos”.

En los últimos años en el Reino Unido, las trabajadoras sexuales protestaron (4) frente al centro de detención de Yarl’s Wood contra la detención y deportación de mujeres consideradas por el Ministerio del Interior como víctimas de la trata y marcharon por cientos por las calles del Soho durante la Huelga de Mujeres (5). Strippers y otras trabajadoras del comercio sexual están comenzando a sindicalizarse con United Voices of the World (6), lo que les permite disfrutar de la solidaridad con otros trabajadores de la economía precaria.

Esta semana, las trabajadoras sexuales activistas lanzarán su nueva campaña Decrim Now en The World Transformed en Liverpool, al lado de la conferencia del Partido Laborista. Constituída por una alianza de políticos, profesionales del sexo, colectivos de derechos de trabajadoras sexuales, feministas, estudiantes y organizaciones de derechos humanos, la campaña busca despenalizar la prostitución en el Reino Unido, incluyendo las penas por mantenimiento de burdeles y las leyes que criminalizan a los clientes. La campaña incluye activistas del Partido Laborista que también están activos en los movimientos feministas y sindicales. Su objetivo es abordar la falta histórica de apoyo a los derechos de las trabajadoras sexuales tanto del Partido Laborista como de los sindicatos. Como observa la activista del trabajo sexual Morgane Merteuil, “[las trabajadoras sexuales] no piden permiso para participar en la lucha de clases de la que ya son parte integral”.

Como trabajadoras sexuales, llamamos a los miembros del Partido Laborista, particularmente a los funcionarios electos cuyas prioridades incluyen los derechos de las mujeres, a pensar cuidadosamente sobre lo que las trabajadoras sexuales estamos diciendo que necesitamos: la seguridad en el trabajo es nuestra prioridad. Queremos sentirnos capaces de llamar a la policía ante un cliente desagradable, en lugar de estar preocupadas porque sea él quien nos denuncie a nosotras. Después de que Nueva Zelanda (7) despenalizó el trabajo sexual en 2003, las trabajadoras se sienten más seguras y más confiadas en sus derechos en el trabajo, y sus jefes son responsables ante el Estado bajo la ley laboral. La abrumadora evidencia de organismos como Amnistía Internacional y ONUSIDA es que la despenalización total de las trabajadoras sexuales —incluidos nuestros clientes y jefes (es decir, nuestros ingresos y nuestros lugares de trabajo)— es la mejor manera de reducir los daños contra nosotras, aumentar nuestro acceso a la justicia y asegurarnos más control sobre nuestras condiciones de trabajo. El trabajo sexual es una forma de trabajo; y nos merecemos los derechos laborales. No vemos la despenalización como una panacea, porque aún tendremos que hacer frente a los mismos problemas que todos los demás trabajadores. Incluso después de la despenalización, por poner algunos ejemplos, todavía tendremos que hacer frente a la falta de fondos para la asistencia legal, a los débiles derechos sindicales y a políticas de austeridad que reducen nuestro poder para rechazar el trabajo explotativo y acceder a los servicios que necesitamos. Las trabajadoras sexuales queremos ponernos en pie junto con otros trabajadores para desafiar estas injusticias y mejorar las condiciones para todos los trabajadores. Pero requerimos el marco básico de un lugar de trabajo legalmente reconocido, y el reconocimiento del movimiento laborista de que realmente somos trabajadoras. ¿Qué es el movimiento laborista sin trabajadores?

 


1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/01/27/hace-100-anos-trabajadoras-sexuales-marcharon-por-sus-derechos-en-san-francisco/

2.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2015/06/02/encierro-de-prostitutas-en-lyon-junio-de-1975-en-la-hemeroteca-de-abc/

3.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/09/2007-huelga-de-trabajadoras-sexuales-bolivianas/

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/09/somos-madres-desesperadas-bolivia-2007-huelga-de-trabajadoras-sexuales/

4.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/12/09/swou-responde-a-las-redadas-del-soho-de-londres/

5.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/03/04/volante-huelga-trabajo-sexual-8-de-marzo-que-se-repartira-en-el-soho-londres-reino-unido/

6.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/30/hacia-un-sindicato-de-trabajadoras-sexuales-en-el-reino-unido/

7.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/?s=nueva+zelanda&submit=Buscar

Otras, el debate está servido

 

Por Colectivo Harimaguada

3 de septiembre de 2018

https://www.laprovincia.es/opinion/2018/09/04/debate-servido/1094081.html

 

El Colectivo Harimaguada lamenta la actitud del gobierno español de revocar la autorización que dio el Ministerio de Trabajo a la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras), paralizando así una iniciativa democrática de autoorganización del colectivo de trabajadoras y trabajadores sexuales en defensa de sus derechos laborales.

Así mismo este Colectivo muestra su asombro y desconcierto ante las declaraciones de diversos representantes del gobierno y ante el debate generado, en el que se llega a confundir, una vez más, la prostitución con la trata de personas con fines de explotación sexual, creando así estereotipos estigmatizadores que afectan directamente a las trabajadoras del sexo. Precisamente es el estigma asociado a ganarse la vida con la prostitución el mayor problema al que éstas se enfrentan, y políticas e intervenciones como la que analizamos, lo magnifican.

La realidad no se puede falsear, estableciendo adulterados y emocionales debates en torno a prostitución sí o prostitución no. Estamos de acuerdo en que el trabajo sexual se está generando en un sistema neoliberal y hetero-patriarcal, en que somos muchas las personas que luchamos contra él y por construir una sociedad centrada en las necesidades humanas, igualitaria, diversa, equitativa y justa, donde todas las personas tengamos los mismos derechos, donde todas las mujeres del mundo podamos tener una vida autónoma, digna y libre.

Pero también hemos de reconocer que no podemos ignorar a las personas que participan voluntariamente (dentro de los límites que nos permite esta sociedad) en la prostitución, que se reconocen como trabajadoras y que están exigiendo cuestiones básicas como lugares seguros para trabajar y derechos laborales y sociales.

Lo que realmente debería provocar indignación es que la patronal del trabajo sexual, los empresarios de clubes de alterne, estén organizados y reconocidos legalmente para preservar sus intereses y que las trabajadoras no puedan auto organizarse para defender sus derechos.

Ante ello solo podemos estar a favor de los derechos de las trabajadoras del sexo o condenarlas al abuso laboral, la exclusión y la clandestinidad, pues es evidente que las políticas sancionadoras no han logrado sus objetivos, aumentando la vulnerabilidad de las personas a las que pretende proteger. Solo nos corresponde plantearnos qué podemos hacer para contribuir a mejorar sus vidas dentro del sistema actual, pero teniendo cuidado con pensar que somos nosotras las que tenemos estas respuestas, sin contar con ellas.

Las trabajadoras del sexo se reconocen como trabajadoras y están exigiendo derechos. Es imprescindible que la sociedad las escuche para hallar nuevas perspectivas al tratar y hablar de prostitución, que no las prive de esos derechos humanos básicos.

Y uno de los primeros pasos para lograrlo pasa por su auto-organización, pues ésta las fortalece como protagonistas de sus vidas, permitiéndoles visibilizarse públicamente, crear conciencia colectiva y reivindicar sus derechos. La visibilización pública de las condiciones en las que están trabajando contribuye también a romper con el estigma de la prostitución y con los estereotipos con los que se les define.

Lo cierto es que no existe ningún otro sector en el que se permita tener a trabajadores sin que estos se puedan sindicalizar. Recordemos que la compra y venta de sexo por parte de personas adultas no es un delito penal en el Estado español, y que también es legal tener un establecimiento en el que haya prostitución siempre que las trabajadoras del sexo sean adultas, independientes y no presionadas y que la propietaria o propietario no obtenga beneficios económicos de su trabajo (entendiendo éste como el “contacto carnal”), trabajadoras que ven sistemáticamente vulnerados y desprotegidos sus derechos.

La autoorganización de las trabajadoras y los trabajadores del sexo no va a promover mayor explotación sexual. Muy al contrario, dará apoyo y reconocimiento público a quienes llevan reivindicando derechos y denunciando la explotación sexual desde hace mucho tiempo. Como en cualquier otro sector, las empodera, haciéndolas menos vulnerables ante el abuso y la explotación.

Por lo tanto, un gobierno que se autodefine como progresista debería aplicar políticas sobre trabajo sexual basadas en los derechos humanos y en una perspectiva feminista de justicia social, donde los espacios de participación y representación de estas mujeres y el reconocimiento de sus derechos sean una realidad.

Queremos derechos para todas, todas, todas, desde el reconocimiento de las necesidades y realidades diversas y concretas y partiendo de la aceptación de sus posibilidades como sujetos dueños de sus cuerpos y de sus vidas. ¡Esperamos que seamos capaces de avanzar en este camino!

 

Hablemos de derechos, no de goles

 

  • El Ministerio de Trabajo ha decidido iniciar el trámite de impugnación del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales. El derecho a sindicarse está recogido en la Constitución española y prostituirse siendo mayor de edad no es delito en España
  • La ministra de Trabajo asegura que le han colado un gol y que es uno de los peores disgustos de su vida política. ¿Le supone uno de los peores disgustos de su vida el que las mujeres se autoorganicen para luchar por sus derechos laborales?

 

Mamen Briz / Cristina Garaizabal

1 de septiembre de 2018

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Hablemos-derechos-goles_6_809529058.html

 

Miembros de la Organización de Trabajadoras Sexuales EFE

 

El derecho a sindicarse es un derecho fundamental recogido en el capítulo ‘Derechos y libertades. De los derechos fundamentales y de las libertades públicas’ de la Constitución Española de 1978. Así reza el artículo 28: “Todos tienen derecho a sindicarse libremente. La ley podrá limitar o exceptuar el ejercicio de este derecho a las Fuerzas o Institutos armados o a los demás Cuerpos sometidos a disciplina militar y regulará las peculiaridades de su ejercicio para los funcionarios públicos. La libertad sindical comprende el derecho a fundar sindicatos y a afiliarse al de su elección, así como el derecho de los sindicatos a formar confederaciones y a formar organizaciones sindicales internacionales o a afiliarse a las mismas. Nadie podrá ser obligado a afiliarse a un sindicato”.

El sábado 4 de agosto se publicó en el BOE la resolución de la Dirección General de Trabajo por la que se anuncia la constitución del sindicato denominado Organización de Trabajadoras Sexuales, en siglas OTRAS. OTRAS está conformado por trabajadoras y trabajadores del sexo, algunas ya organizadas en asociaciones pro derechos, otras trabajan captando a sus clientes en la calle, otras de forma autónoma en pisos y hoteles… Y viven y trabajan en ciudades diferentes, aunque su sede está ubicada en Barcelona. Juntas deciden dar un paso más para organizarse sindicalmente y pelear por sus derechos laborales.

Hay prostitutas ya sindicadas. Durante el mes de julio se constituyó una sección sindical en Intersindical Alternativa de Cataluña (IAC). Durante los últimos años han sido muchos los encuentros entre organizaciones sindicales y organizaciones pro derechos, pero no ha habido los acuerdos que ya funcionan en otros países: AMMAR en Argentina trabaja bajo el paraguas de la CTA, o la organización alemana Hydra bajo el sindicato Verdi o las holandesas El Hilo Rojo bajo el paraguas del sindicato FNV, etc, etc.

El Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social ha decidido iniciar el trámite de impugnación del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales. Bueno, en su nota de prensa no llega a hablar de “sindicato”, sería una gran contradicción, que un Gobierno, del signo que sea, decida impedir la creación de un sindicato, un derecho recogido en la Carta Magna. En su nota de prensa dice textualmente que “la prostitución no es legal en España”. Y asombra esta aseveración. El Código Penal es esclarecedor en explicar qué es delito y qué no lo es en materia de prostitución. Así prostituirse, siendo mayor de edad, en nuestro país no es delito y no pueden arrestarte ni detenerte por ello.

Cierto es que desde que entró en marcha la Ley de Seguridad Ciudadana el modelo prohibicionista se empezó a implantar de forma abierta y clara en relación a quienes captan a sus clientes en la calle. Es decir, desde hace ya más de dos años, las prostitutas por decisión propia (y las posibles víctimas de trata) que captan a sus clientes en la calle están siendo multadas, de forma reiterada. No hay cifras exactas, o al menos desde Delegación de Gobierno no las facilitan, porque en ocasiones figuran como “desobediencia a la autoridad”. Lo saben las organizaciones pro derechos que, desde hace años, trabajan también recurriendo las multas que acumulan las prostitutas. Pero esto no parece preocuparle al Gobierno. Tampoco parece preocuparle, en exceso, que esta misma ley, más comúnmente llamada ‘ley mordaza’ posibilite las expulsiones en caliente sin que previamente se pueda determinar si algunas de las personas que entran ilegalmente a través de nuestras fronteras pudieran ser víctimas de trata.

Desde el Ministerio dan por supuesto que denominarse “feminista” es suficiente para barrer de un plumazo la posibilidad de que quienes ejercen la prostitución por decisión propia puedan sindicarse para evitar todo tipo de abusos a los que se ven expuestas quienes trabajan en calle, quienes trabajan autónomamente y quienes trabajan para terceros en clubes y pisos (con horarios irrisorios, con condiciones laborales imposibles de ubicar en ningún “Estatuto de los Trabajadores”, sin contratos, sin vacaciones, sin bajas por enfermedades comunes o laborales…). Un Gobierno feminista es, bajo nuestro punto de vista, aquel que no se olvida de ninguna mujer, porque nadie vive mejor sin derechos que le protejan.

La ministra de Trabajo asegura que le han colado un gol y que es uno de los peores disgustos de su vida política. ¿Le supone uno de los peores disgustos de su vida el que las mujeres se autoorganicen para luchar por sus derechos laborales, para no dejarse pisotear, para contar con herramientas para denunciar posibles situaciones de explotación laboral?

El problema del Gobierno es que la mera existencia de las prostitutas autoorganizadas (y de activistas feministas y activistas pro derechos humanos que las apoyan) pone en jaque todas sus ideas retrógradas en materia de prostitución. Su discurso hace aguas frente a la presencia de mujeres empoderadas que desde hace años pelean por sus derechos y con quienes jamás ha contado para mantener un mínimo diálogo y conocer de primera mano cuáles son sus necesidades. El feminismo hegemónico, representado por las feministas que llegaron al poder, pretende tener la ‘verdad absoluta’, pero la realidad es la que es. Muchas personas, mujeres (cis y trans) y hombres se prostituyen por decisión propia en nuestro país y ninguna ley va a terminar nunca con ello. ¿No sería más sensato, más acorde con una sociedad del siglo XXI, que lo hagan bajo un paraguas de derechos?

Dicen desde el ministerio que si se reconoce un sindicato de prostitutas las estaría reconociendo como trabajadoras de una “actividad no legalizada”. Una actividad que, sin embargo, se refleja en las cifras del PIB. Una actividad que mantiene económicamente a profesionales del sexo y sus familias y que no está prohibida por ley, es simplemente una actividad de las ubicadas en la “economía informal”. Para más inri, no tiene en cuenta que ya existe la posibilidad de darse de alta como autónoma en la sección Servicios Personales Especiales dentro de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE). Ya existe un reconocimiento explícito de que la prostitución es trabajo. También lo han reconocido diferente tribunales. La primera sentencia data de 2001 y es del Tribunal de Justicia de la Unión Europa.

La prostitución decidida no tiene nada que ver con la trata de personas (un delito recogido en nuestro Código Penal), pero también se le olvidó a la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, cuando usó el hashtag #PSOEAbolicionista para hablar de la prostitución como esclavitud tras el 8 de Marzo (un 8 de Marzo en el que, por cierto, participaron las prostitutas organizadas que acudieron con pancartas, megáfonos y muchísimo entusiasmo a las manifestaciones que se celebraron en Madrid, Barcelona, Sevilla o Murcia…).

Las políticas públicas que los gobiernos del PSOE han implantado en muchos municipios no son nada novedosas: prohibir, perseguir, multar, buscar la víctima perfecta y lanzar mensajes simplistas ante una realidad compleja, muy compleja. Quienes sí han salido bien parados durante todo este tiempo han sido los empresarios de los macroburdeles, que tan sólo han visto aumentar sus beneficios a costa de no tener la obligatoriedad de dar de alta a quienes trabajan en sus locales. Además, ellos sí están registrados como asociación en la Dirección General del Trabajo (tras obligarles una sentencia del Tribunal Supremo de 2004). ¡Qué buena jugada! El Gobierno se lanza contra las prostitutas autoorganizadas y los empresarios de clubes de alterne se van de rositas. De ahí la necesidad de organizarse sindicalmente.

Tampoco se avanza en la protección real de las víctimas de trata: ¿cuántas órdenes de asilo se han concedido en el último año? ¿cuántos juicios condenatorios para los tratantes de personas? ¿cuántas víctimas han recibido indemnización por el daño causado? Pero éste ya es otro tema y, recordamos, no afecta solamente al sector de la prostitución. Hay víctimas de trata esclavizadas en los campos, en la industria textil, en la mendicidad y de momento nadie ha exigido prohibir el trabajo en el campo o en el textil. Muchas preferimos seguir practicando un feminismo basado en la solidaridad entre mujeres, en escuchar, en reconocernos en las otras, especialmente en aquellas que son sistemáticamente discriminadas por haber decidido ejercer la prostitución y enfrentarse a toda la sociedad que las criminaliza, culpabiliza y las representa como las “malas mujeres”.

El plazo para presentar alegaciones a la constitución de OTRAS ya ha finalizado. Habrá que esperar a conocer qué tipo de impugnación estudia hacer la Abogacía General del Estado. Y el Gobierno habrá de saber que las prostitutas no van a permanecer calladas, que son ya sujeto político desde hace años y que muchas activistas feministas y organizaciones pro derechos humanos están ya a su lado. Nueva Zelanda despenalizó el trabajo sexual en 2003 y estableció medidas basadas en los derechos de las personas que ejercen (y no en los intereses empresariales) además no las obliga a registrarse como tal si no es su deseo. Catherine Healy fundadora de la NZPC, colectivo de trabajadoras sexuales, lo explicaba en una visita a Madrid. Amnistía Internacional aboga igualmente  por la despenalización del trabajo sexual a nivel mundial.