Amnistía Internacional y SWOP-EE.UU. Desvelando los misterios de la despenalización total del trabajo sexual consensual. Somos más fuertes juntos.

 

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1 Amnistía Internacional y SWOP-USA. Desbloquear los misterios de la despenalización total del trabajo sexual consensual. Somos más fuertes juntos.

 

2 “Las trabajadoras sexuales son uno de los grupos más marginados en el mundo que en la mayoría de los casos se enfrentan a un riesgo constante de discriminación, violencia y abuso. Nuestro movimiento mundial allanó el camino para la adopción de una política de protección de los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual, lo que ayudará a conformar el trabajo futuro de Amnistía Internacional sobre este importante tema “.

 

3 En agosto de 2015, Amnistía Internacional votó a favor de recomendar la despenalización total para el trabajo sexual consentido, lo que una vez más desencadenó la controversia mundial sobre si las trabajadoras sexuales deberían o no tener garantizados sus derechos humanos. La resolución recomienda que Amnistía Internacional desarrolle una política que respalde la despenalización total de todos los aspectos del trabajo sexual consentido. La política también llamará a los Estados a garantizar que las trabajadoras sexuales disfruten de protección legal plena e igualitaria contra la explotación, la trata y la violencia. Las violencias a las que pueden estar expuestas las trabajadoras sexuales incluyen la violencia física y sexual, el arresto y la detención arbitrarios, la extorsión y el acoso, la trata de personas, las pruebas forzadas de VIH y las intervenciones médicas forzadas. También pueden ser excluidas de los servicios de atención médica y vivienda y otras protecciones sociales y legales.

 

4 ¿Cuál es la diferencia entre el trabajo sexual y la trata sexual? La trata de personas es una violación atroz de los derechos humanos que involucra la amenaza o el uso de la fuerza, el secuestro, el engaño u otras formas de coerción con el propósito de la explotación. Esto puede incluir trabajo forzado, explotación sexual, esclavitud y más. El trabajo sexual, por otro lado, es una transacción consensual entre adultos, donde el acto de vender o comprar servicios sexuales no es una violación de los derechos humanos. Las organizaciones de trabajadoras sexuales se oponen a la explotación y pueden estar bien posicionadas para derivar a las víctimas de trata a los servicios apropiados. Confundir la trata con el trabajo sexual puede ser perjudicial. Muchas iniciativas antitrata consideran a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, reubicándolas o deteniéndolas en las llamadas casas de seguridad en contra de su voluntad. Otras iniciativas, como las que cerraron burdeles, han privado a las trabajadoras sexuales de su autonomía, ingresos y condiciones laborales seguras. Esas iniciativas han fomentado la desconfianza entre las autoridades y las trabajadoras sexuales, han empujado el trabajo sexual a la clandestinidad y dificultado el alcance de la salud pública.

 

5 Amnistía Internacional considera aborrecible la trata de personas en todas sus formas, incluida la explotación sexual, y debe tipificarse como una cuestión de derecho internacional. Esto es explícito en esta nueva política y en todo el trabajo de Amnistía Internacional.

 

6 Despenalización La despenalización significa la eliminación de las sanciones penales y administrativas que se aplican al trabajo sexual, lo que permite que se rija por la legislación laboral y las protecciones similares a otros trabajos. Se preocupa principalmente de las reglamentaciones que mejoran la salud y la seguridad de las trabajadoras. En un entorno totalmente despenalizado, una trabajadora sexual podría acceder más fácilmente a la atención médica y a la vivienda. La legalización, por el contrario, crea regímenes regulatorios estrechos basados ​​en otras preocupaciones y objetivos, como la salud de los clientes, los impuestos o la moralidad pública. La legalización puede incluir regulaciones que limitan los derechos y protecciones de las trabajadoras del sexo, como las pruebas obligatorias del VIH. Esto puede estigmatizar aún más a las personas que ejercen el trabajo sexual. La legalización también podría crear mecanismos de abuso por parte de las autoridades. Por ejemplo, en los Países Bajos, donde el trabajo sexual está legalizado, las fuerzas del orden público han allanado los hogares de trabajadoras sexuales sin una orden judicial y llevado a cabo detenciones masivas de trabajadoras sexuales veladas como operaciones antitrata.

 

7 La despenalización total del trabajo sexual consentido significa que los compradores y vendedores de servicios sexuales no pueden ser discriminados con fines de arresto, vivienda, atención médica, transporte y / o beneficios públicos. También significa que si son víctimas de un delito (como violación, violencia doméstica e incluso trata) pueden denunciar estos crímenes directamente a la policía sin temor.

 

8 Problemas con la legalización Ampliamente presentado como un enfoque más tolerante y pragmático, el modelo legalizado aún penaliza a las personas que ejercen el trabajo sexual que no pueden cumplir o no cumplirán por la razón que sea diversos requisitos burocráticos y, por lo tanto, conserva algunos de los peores daños de la criminalización. Excluye de manera desproporcionada a las trabajadoras del sexo que ya están marginadas, como las personas que usan drogas o que son indocumentadas. Esto hace que su situación sea más precaria y, por lo tanto, refuerza el poder de los gerentes inescrupulosos. Nevada tiene un sistema de prostitución altamente regulado y legalizado como lo hace Alemania. España e India tienen trabajo sexual legal no regulado. Australia y Nueva Zelanda han despenalizado las políticas en algunos lugares. Suecia y Noruega tienen implantadas dos políticas altamente polémicas.

 

9 Los modelos nórdicos despenalizan la venta de sexo, pero hacen que sea ilegal comprar servicios sexuales.

PROS El modelo nórdico muestra una reducción del daño real, que no puede ser descartado de forma aislada. La tasa de trabajadoras objeto de trata disminuye drásticamente, porque la cantidad total de comercio sexual disminuye. Al mismo tiempo, la venta de sexo se despenaliza, por lo que las leyes no victimizan más a las personas que optan por vender sus servicios. Sin temor, pueden buscar ayuda de la policía si se sienten coaccionadas o abusadas ​​de alguna manera. Las vendedoras tienen todos los derechos para determinar las condiciones en las que participan en el comercio sexual con sus cuerpos.

CONTRAS El sistema de justicia penal Suecia está diseñado para proteger a las personas que ejercen el trabajo sexual, pero en realidad no es así. Debido a que los clientes todavía son criminalizados, esto hace que el trabajo sexual sea más clandestino. Las relaciones con la policía y los propietarios a menudo son divisivas y aún existe un abuso generalizado. Cuestiones como la custodia de los hijos se han convertido en un punto de tensión. Las mujeres son despojadas de su autonomía y sus derechos para hacer con su cuerpo lo que deseen.

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“Hermana” abolicionista

 

 

No soy hermana de mujeres que desacreditan a otras mujeres para imponer sus ideas, que tergiversan trata con prostitución y obstruyen la lucha de un colectivo marginado e invisibiliza a las víctimas. Que el abolicionismo hipócrita y egoísta me llame hermana es un insulto y una burla

Kenia García

 

 

 

“Hermanas” abolicionistas institucionales que diseñan leyes donde se nos persigue.

“Hermanas” institucionales que utilizan las asociaciones feministas afines a sus partidos políticos para sacar planes, ordenanzas donde nos acosan.

Entidades “hermanas” que reciben subvenciones para atendernos pero que a nosotras no nos llega esa atención; que las “hermanas” han firmando y renovado convenios sin poner remedio a que no está llegando lo firmado, en pro de sus ideales abolicionistas o en pro de las próximas subvenciones.

“Hermanas” que invierten más dinero en charlas, debates y publicidad en pro de sus ideales abolicionistas que en protección real para las víctimas de trata y alternativas reales para quien desea dejarlo.

“Hermanas” que se dedican a insultar a las trabajadoras sexuales visibles, a desvalorizar su voz por trabajar en diferentes espacios de trabajo con mejores condiciones laborales, por tener conciencia política, feminista, obrera, pro sex, etc. a golpe de teclado.

“Hermanas rojas” que no hacen nada ante la vulneración de derechos que sufrimos a consecuencia de las medidas que toman sus compañeras.

“Hermanas” feministas que nos quieren silenciar en otro espacios sociales donde no hay posicionamiento ante la prostitucion o no está consensuado.

“Hermanas” feministas que quieren parar con un dedo lo que ya no se para: nuestra voz. Cada vez somos más las trabajadoras sexuales que levantamos la voz en todo el mundo en pro del reconocimiento de nuestro trabajo. Cada día sumamos más entidades en defensa de los derechos humanos que están cambiando su posionamiento abolicionista en pro de la trabajadoras sexuales.

Vamos sumando más colectivos de trabajadoras sexuales, más aliadas; cada día nuestras compañeras no visibles están más informadas, empoderadas, más unidas que nunca a través de las redes sociales.

¡¡¡Joder con las “hermanas”!!!

Marijose Barrera Márquez

¿Qué quieren estes putes?

Por Paula Vip

Miércoles 3 de enero de 2018

 

http://colectivocaye.org/DailyCaye/spip.php?article9

Las y los trabajadores sexuales (putas y putos) son seres complejos y difíciles de comprender.

Son sujetos incomprensibles para la sociedad, porque no cabe duda de que la suya es una labor desagradable y sucia. Machista y degradante. ¿Por qué entonces, algunas de ellas se empeñan en querer decirnos que es un trabajo tan digno como otro cualquiera?

¿Cómo pueden las putas hablar de dignidad si lo único que quieren de ellas los puteros, los prostituidores que compran esos cuerpos, es someterlas a sus más bajos instintos, llenarles con sus grandes y purulentos penes cuantos agujeros tengan y rebosarlos de semen putrefacto, fruto de tanto follar con otras prostituídas infectadas, claro está.

En realidad, ¿qué sabrán las putas de dignidad si lo que hacen cada día es lo más indigno que puede hacer una mujer?

¿Cómo se atreven a levantar la voz y reclamar derechos? ¿Derechos para qué?

¡Resulta incoherente pedir derechos para ser violadas. Claramente estas mujeres no saben lo que dicen!

Estas putas se han vuelto locas, son unas mentirosas y venden humo, uno tan apestoso como resultan ser ellas mismas, para que no veamos con claridad la única verdad factible y es que NO existe el mal llamado “trabajo sexual”. Es simplemente la degradación de la mujer en estado extremo, la feroz querencia y la férrea voluntad del hombre, de romper vaginas infectadas y anos sucios para poder terminar usando las bocas de esas pobres mujeres, inundándolas de semen y convirtiéndolas en contenedores de ese maloliente y asqueroso esperma de muerte e infección.

Ellos, los puteros, los prostituidores, los violadores, quieren vírgenes, niñas, embarazadas, mujeres desdentadas que no puedan morderles, de grandes tetas y pequeño cerebro, las quieren drogadas, dormidas, púberes, pelirrojas, rubias y morenas, altas y enanas, feas y bellezones, gordas y anoréxicas, pero tontas. Muy tontas. Tanto como para dejarse manipular y dejar que alguien les haga cruzar continentes engañadas mientras las van violando por el camino.

Porque los hombres sólo saben violar. Desde que despiertan por la mañana con la tienda de campaña bien montada, hasta la madrugada. Esos hombres feos, gordos, viejos, calvos, borrachos, sudados, con la camisa abierta hasta el ombligo, ésos a los que se les ve la raja del culo por mucho que se empeñen en subirse los pantalones, son los que las putas deben soportar cada hora de cada día, sometidas al patriarcado más rancio de la sociedad.

Porque esos hombres son los clientes de las mal llamadas trabajadoras sexuales. Que nadie se llame a engaño. No son nuestros maridos, ni nuestros padres, ni nuestros abuelitos y por supuesto no son nuestros hijos cuarentones o cincuentones. Ellos sí que son hombres decentes, hombres de bien. Hombres que saben cómo tratar a las mujeres, aunque las estadísticas se empeñen en decir que en 2017, 98 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas y sólo dos de ellas eran mujeres que ejercían prostitución. Ese dato es irrelevante, porque una puta asesinada vale por 50 mujeres que se dedican a cuidar de sus vaginas y no permiten que los hombres las denigren a diario convirtiéndolas en contenedores de semen pegajoso.

Ellas mueren a manos de sus prostituidores, de esos malos hombres que nosotras nunca encontraremos en nuestro paseo por la vida. Porque nosotras sí sabemos escoger nuestros trabajos -mal pagados, en los que el jefe nos mete mano, y callamos. Cuando conducimos nos gritan –mujer tenías que ser- y callamos.

Nosotras no morimos a manos de nuestros hombres, nos hallan muertas. Nadie se para a preguntar si acaso nos lo merecíamos, porque somos honradas y decentes. Muy decentes. Eso no implica que de vez en cuando tengamos nuestros rolletes, amantes y novios fuera de nuestra relación cerrada y monógama, pero no cobrar nos hace intocables. Y dignas, muy dignas.

Las mujeres que son traficadas, tratadas y explotadas con fines sexuales nos merecen una angustia especial, porque está claro que son seres no pensantes, demasiado ingenuas para ver venir que, siendo guapas y extranjeras, iban a terminar de putas.

Da un poco de rabia que ellas representen la estupidez femenina que el machismo siempre ha pregonado. Pero, por otra parte, el apabullante alegato de las mujeres libertinas que vienen a romper el discurso de las víctimas que tan bien manejamos las decentes y salvadoras mujeres de bien, no encaja en nuestro perfil. De ningún modo, vamos a permitir que estas mujeres que se auto denominan putas y que dicen que hacer sexo por dinero es lo que han elegido libremente, rompen el mercado antipatriarcal que tanto hemos luchado por conseguir –ejem- y vienen a demostrar que ellas tienen el poder de negociación y que cobran por aquello que nosotras, las decentes, hacemos gratis.

¡Neoliberales! ¡Capitalistas! ¡Impías! ‘Sucias! ¿Derechos decís?

¡Ya os daba yo vara y vaya si os ponía derechas!

Enseñando tetas y chochos sin ningún pudor, bailando, haciendo porno o de webcammer, follando en persona, o a distancia, o por teléfono…

¡Vendiendo sexo, la quintaesencia de la mujer, su vagina sagrada, su coño divino!

Las caricias que les negamos a nuestras, vosotras se las vendéis y nos jodéis el chiringuito follando y cobrando.

Es inaudito que reclamen un sitio en la sociedad limpia que hemos creado entre todas las mujeres de bien, este mundo ordenado en el que los palestinos arrojan piedras y los israelíes misiles. Éste es el mundo que hay que preservar.

Y las putas…ésas no saben ni lo que quieren. Alcohólicas, degeneradas moralmente, cocainómanas las más pudientes y heroinómanas las más precarias, drogatas todas.

Se pasan el tiempo tejiendo una maraña de mentiras sobre un trabajo que no existe en un sexo desgarrador que les rompe el alma y las arranca su, ya de por sí, poca dignidad como mujeres.

Por eso no importa lo que ellas quieran.

Importamos nosotras. Las mujeres decentes

Paula Vip
APROSEXISTA

 

De la naturaleza criminal del abolicionismo

 

El abolicionismo es una ideología fundamentalista que propugna la supresión del derecho de las mujeres a prostituirse.

Fuertemente organizado a nivel nacional e internacional, su infiltración en España en partidos y organizaciones feministas, a modo de secta, haciendo uso de subvenciones y presupuestos públicos destinados a otros fines, el abolicionismo atenta contra el sistema de libertades y derechos democráticos que garantiza la Constitución.

 

1.- Delito contra la la libertad sexual

La Constitución se legitima a sí misma al reconocer que “la dignidad de la persona humana, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”.

Y el Tribunal Constitucional define la dignidad como “un valor espiritual y moral inherente a la persona, que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida y que lleva consigo la pretensión al respeto por parte de los demás”.

El desarrollo normativo de este principio constitucional incluye, entre otros, el Título VIII del Libro II del Código Penal, Título rubricado “Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales”.

“El bien jurídico protegido en estos delitos es la libertad sexual, que tiene diversas dimensiones. Una dimensión activa o positiva que sería la capacidad de la persona de disponer libremente de su propio cuerpo a efectos sexuales y comportarse en el plano sexual según sus propios deseos, tanto en cuanto a la relación como a la persona con quien se mantiene. Una segunda dimensión negativa o pasiva que sería la capacidad de negarse a realizar o a dejar que se realicen en ella por parte de otra personas actos de naturaleza sexual que no quiere hacer o soportar. Se trata, pues, de proteger el derecho a la libre disposición carnal y autodeterminación sexual, entendida como capacidad de hacer o no uso del propio cuerpo a efectos sexuales, así como de ejercer los medios de defensa o protección personal pertinentes frente a actuaciones ajenas de esa naturaleza” (1).

Esta “protección al derecho a la libre disposición carnal y autodeterminación sexual, entendida como capacidad de hacer uso o no del propio cuerpo a efectos sexuales” se ve reflejada en el Código Penal sólo en cuanto al derecho a no hacer uso del propio cuerpo, pero no en cuanto al derecho a hacer uso del mismo. Dado que ambos derechos, el de hacer y el de no hacer, consisten en los dos aspectos de un solo derecho, a saber, el derecho a la libertad sexual, es evidente que debe considerarse el mismo tipo de delito la violación del derecho a no hacer como la del derecho a hacer. Pero el Código Penal sólo tipifica el delito de determinar a persona mayor de edad a ejercer o a mantenerse en la prostitución, ignorando el delito de determinar a persona mayor de edad a no ejercer o a apartarse de la prostitución. en las mismas circunstancias.

Así, dice el Artículo 187

1.- El que empleando violencia, intimidación o engaño, o abusando de una situación de superioridad o de necesidad o de vulnerabilidad de la víctima, determine a una persona mayor de edad a ejercer o mantenerse en la prostitución, será castigado con las penas de prisión de dos a cinco años y multa de doce a veinticuatro meses.

Es necesario por tanto, para ajustar la normativa legal al principio constitucional, tipificar el delito de abolicionismo en un artículo del Código Penal que, necesariamente, debería quedar redactado así:

“El que empleando violencia, intimidación o engaño, o abusando de una situación de superioridad o de necesidad o de vulnerabilidad de la víctima, determine a una persona mayor de edad a no ejercer o apartarse de la prostitución, será castigado con las penas de prisión de dos a cinco años y multa de doce a veinticuatro meses.”

 

2.- Delito de odio

Las conductas que castiga el tipo básico del delito de odio (2) son las siguientes:

”a)  Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad. “

Este es el caso de la conducta abolicionista, que fomenta, promueve e incita directamente al odio, hostilidad, discriminación y violencia contra las prostitutas, por motivos referentes a su sexo y su orientación o identidad sexual.

Más aún, las organizaciones abolicionistas promueven una visión deshumanizada de las prostitutas, negándoles su capacidad de decisión y, por tanto, el que tengan una auténtica libertad sexual. Al hacerlo así, intentan asimilarlas a aquellas personas cuya indemnidad sexual debe proteger la ley. Estas personas son:

“Las personas afectadas por limitaciones intelectuales bien por trastorno mental o privación de uno o varios sentidos o bien por minoría de edad con escaso desarrollo intelectual no puede decirse que estén autodeterminadas en el plano sexual, no pudiéndose predicar a su respecto que tengan una auténtica libertad sexual o por lo menos no con la amplitud de quien no tiene esas limitaciones. Estas personas no pueden ejercer válida ni eficazmente esa libertad por lo que el bien jurídico a proteger penalmente se ha dado en llamar la intangibilidad o indemnidad sexuales” (2).

Queda, pues, puesta meridianamente de manifiesto la peligrosidad social de la secta abolicionista, capaz de identificar a un grupo social como si de una “raza inferior” se tratara, carente de la plenitud de sus funciones intelectuales y condenada a sufrir el tutelaje propio de menores de edad o discapacitados mentales. Actitud que no resulta difícil identificar con la del racismo de más funesta memoria.

Urge, pues, una actuación de oficio del Ministerio Público contra las organizaciones abolicionistas, en defensa de los principios constitucionales y de los derechos fundamentales de las personas.

 

3.- Asociación para delinquir

El Art. 570 ter del Código Penal dice:

“A los efectos de este Código se entiende por grupo criminal la unión de más de dos personas que, sin reunir alguna o algunas de las características de la organización criminal definida en el artículo anterior, tenga por finalidad o por objeto la perpetración concertada de delitos.”

Las organizaciones abolicionistas, a la luz de lo señalado en los dos apartados anteriores, satisfacen las condiciones de esta definición, pudiendo por tanto ser consideradas grupos criminales. Urge la actuación de oficio del Ministerio Público para hacer prevalecer también aquí el imperio de la Ley.

 

Conclusión

Desde el respeto a las disposiciónes legales vigentes y a las decisiones judiciales, los ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de contribuir al perfeccionamiento de las leyes. Esta es mi aportación a dicho perfeccionamiento.

Por los derechos humanos, en general, y por los derechos de las mujeres, en particular,

¡viva la Constitución!

 


1.- http://www.guiasjuridicas.com/Content/Documento.aspx?params=H4sIAAAAAAAEAMtMSbF1jTAAAUMTQ0MTtbLUouLM_DxbIwMDCwNzAwuQQGZapUt-ckhlQaptWmJOcSoA6ZpvrDUAAAA=WKE

2.- https://www.mundojuridico.info/el-delito-de-odio/

La “trata de blancas” y el control policial de la vida doméstica

 

LIVIA GERSHON

 

21 DE DICIEMBRE DE 2017

 

https://daily.jstor.org/white-slavery-policing-domestic-life/

 

¿Es la venta de sexo un asunto privado o una crisis pública? Si bien muchas trabajadoras sexuales dicen que los anuncios eróticos en línea las ayudan a realizar una transacción consensuada con el máximo control y seguridad, un poderoso movimiento de reforma las vincula con los temores de la trata de personas.

Hace un siglo, el pánico por la trata de personas transformó el papel del gobierno en la vida “privada”, como explica Christopher Diffee en un artículo que se centra en una película popular de esa época.

A principios del siglo XX, cuando las mujeres se estaban moviendo hacia la fuerza de trabajo urbana y la vida pública se estaba expandiendo, los informes periodísticos, las novelas y los informes de la comisión del vicio difundieron los temores sobre la “trata de blancas” que barría el país. El pánico alcanzó su punto máximo en 1913, con el lanzamiento de la exitosa película Traffic in Souls.

Un cartel de la película de 1913 Traffic in Souls (via Wikimedia Commons)

En la película, un miembro de una banda de trata de blancas seduce y secuestra a una joven trabajadora de una tienda de dulces, una mujer trabajadora representada como irresponsable y demasiado ansiosa por ir a bailar con un hombre. La hermana mayor de la chica, Mary, trabaja heroicamente con la policía para salvarla.

“Mary muestra la energía y la preocupación social agresiva de un reino moral expandido y transicional, no siendo ni un avatar pasivo de la domesticidad ni la Nueva Mujer liberada de la era del jazz”, escribe Diffee.

La trama de la película refleja los esfuerzos de los reformadores progresistas del mundo real, en su mayoría mujeres de clase media, para “proteger” a las mujeres jóvenes de la clase trabajadora de los depredadores y de su propio comportamiento. Esto implicó una mezcla de apoyos sociales y medidas punitivas. Los reformadores ayudaron a crear escuadrones antivicio, reformatorios y un sistema judicial juvenil. Algunos trataron de elevar la edad de consentimiento a 18 ó 21 años, y algunos presionaron por una ley de salario mínimo, que esperaban que protegiera a las mujeres jóvenes de tener que recurrir al trabajo sexual ilegal.

Reprimir la “trata de blancas” también significó la expansión del poder federal. La Ley Mann de 1910 prohibió el transporte interestatal de mujeres para el trabajo sexual o “cualquier otra práctica inmoral”. Durante los siguientes siete años, los casos judiciales ampliaron el alcance de la ley hasta que funcionó para criminalizar todas las relaciones sexuales no maritales. La aplicación de la Ley Mann recayó en el incipiente FBI, que abrió su primera gran oficina de campo y alcanzó el reconocimiento nacional por la fuerza de sus esfuerzos antivicio.

La respuesta al trabajo sexual bajo la situación de pánico trató a las mujeres jóvenes como víctimas en lugar de puramente como criminales, pero continuó utilizando el poder punitivo del gobierno como elemento central para su rehabilitación. También dio poca credibilidad a la idea de que podrían estar tomando decisiones racionales sobre cómo responder a sus circunstancias. Esa misma fórmula continúa hoy en gran parte de la discusión pública sobre el tema.

#HolaAbolicionista

#HolaAbolicionista

Publicado el 22 dic. 2017

Hola abolicionista!

Así empieza esta contra campaña que hemos creado como respuesta a todas las campañas que directamente ha hablado de nosotras, sin nosotras. Las trabajadoras sexuales. Nos hemos unido unas cuantas compañeras de diferentes sectores de la prostitución para hablar directamente de NUESTRO trabajo y dar a conocer la realidad, la realidad de la apenas nadie habla. Hemos estado silenciadas durante mucho tiempo. Ahora ya no.

Así que estas somos nosotras. Las que ejercen, las que estamos con los clientes, las que conocemos la realidad y las que pedimos como se ve en el video: Que se nos escuche.

Trabajadoras sexuales en lucha.

MANIFESTE DES PROSTITUÉES DE SEVILLE

 

 

La prostitution n’est pas un crime. Nous, les prostituées, nous ne sommes pas des criminelles.

Aucune loi en Espagne n’interdit la vente de services sexuels entre des personnes adultes. La Loi Gag et les ordonnances municipales de Séville ne pénalisent pas la prostitution, puisqu’elles ne peuvent pas le faire. Pourtant, les deux règlements violent le principe de légalité, ainsi que les droits fondamentaux contenus dans la Constitution espagnole et le Statut d’Autonomie d’Andalousie, en privant les travailleuses du sexe des droits fondamentaux tels que le droit de circuler librement. Ils restreindent aussi, au travers de la répression, l’utilisation de l’espace public. Il n’y a pas de différence légale entre les prostituées, leurs clients et le reste des piétons; pour en faire la distinction, on n’utilise que des critères arbitraires de la police nationale et municipale, qui sont devenus une sorte de police morale.

Nous, les prostituées, nous sommes des femmes dignes.

La legitimité de la Constitution est basée sur la reconnaissance que “la dignité de la personne humaine, les droits inviolables qui lui sont inhérents, le libre développement de la personnalité, le respect de la loi et des droits d’autrui sont la base de l’ordre politique et de la paix sociale “.

Et la Cour Constitutionnelle définit la dignité comme «une valeur spirituelle et morale inhérente à la personne, qui se manifeste singulièrement dans l’autodétermination consciente et responsable de sa propre vie et qui s’accompagne de la prétention du respect d’autrui».

Nous, les prostituées, nous sommes des femmes dignes parce que nous déterminons nos vies de manière consciente et responsable et que nous cherchons le respect de la société dans son ensemble. Ceux qui essaient de nous faire devenir des mineures ayant besoin de tutelle s’attaquent directement à notre dignité; ils essaient de nous priver de notre capacité de décision; ils essaient, en somme, d’enlever notre liberté.

Nous, les prostituées, nous réclamons tous nos droits sexuels en tant que femmes.

Nous, les prostituées, nous ne considérons pas que le travail sexuel soit indigne ou que les relations sexuelles consenties entre des adultes hors mariage soient un fléau qui doive être éradiqué. C’est notre conviction, pour laquelle nous exigeons le même respect que nous avons envers ceux qui pensent le contraire. Nous revendiquons notre droit de vivre et de faire de notre sexe et notre sexualité ce que nous en décidons, sans interférence morale.

Nous, les prostituées, nous sommes des travailleuses du sexe.

Le travail du sexe, c’est un travail. En Espagne, la prostitution n’est pas interdite; pourtant, les droits des prostituées sont refusés. Dans cette situation, nous, les travailleuses du sexe, nous sommes assujeties à une situation de travail sans aucun droit. Cependant, l’hypocrisie de cette société ajoute le résultat de notre travail au Produit Intérieur Brut tout en nous refusant le droit du travail pour «défendre notre dignité».

La prostitution, ce n’est pas de la traite ou de la violence de genre.

Il n’est pas possible de faire des comparaisons entre les victimes d’un crime tel que la traite des êtres humains et des femmes qui pratiquent la prostitution librement et de leur propre choix. Cela ne fait que simplifier une réalité beaucoup plus complexe. Cela contribue aussi à l’ignorance sur cette réalité, ainsi qu’à la discrimination, la nuissance et la violation des droits des personnes qui pratiquent la prostitution.

La criminalisation de la prostitution perpétrée, au délà du Parlement espagnol, par le conseil municipal de Séville (entre autres) et par le gouvernement précédent du Parti Populaire avec sa Loi Gag, ne sert qu’à accroître la marginalisation et la faiblesse sociale des prostituées, nous laissant presque absoluement sans défense contre les mafias de la traite des êtres humains et menacent de nous faire devenir ce que les abolitionnistes veulent que nous devenions: des victimes ayant besoin de sauveurs.

Il est absurde de dire que la pénalisation est pour les clients et pas pour les prostituées. Aussi absurde de dire que dans une entreprise c’est l’achat qui est pénalisé, mais pas la vente. Celles qui sont finalement pénalisées, c’est nous, les prostituées, qui voyons ainsi notre survie économique mise en danger. C’est là la vraie violence contre les femmes que nous, les prostituées, nous subissons: la violence abolitionniste..

Nous, les prostituées, nous ne demandons pas de l’aide pour sortir de la prostitution: nous demandons l’abolition de la pauvreté.

Aucune femme n’est née pour être pauvre. La pauvreté est dégradante et coercitive. Une société qui accepte la pauvreté ou qui croit que la pauvreté est inévitable ne respecte pas les femmes. La pauvreté est une forme de violence, une violence qui touche de manière disproportionnée les personnes marginalisées. La pauvreté ne peut être considérée comme un choix qui garantit de la sécurité.

En conséquence, nous, les prostituées de Séville:

Nous demandons:

  • L’abrogation immédiate de la Loi Gag et des ordonnances anti-prostitution du conseil municipal de Séville.
  • La reconnaissance par l’Etat que le travail du sexe est un travail et l’application immédiate du Statut des Travailleurs et d’autres normes qui garantissent les droits des travailleuses.
  • La fin de la campagne de haine contre les prostituées du conseil municipal de Séville et l’affectation immédiate des fonds destinées à cette campagne à la lutte contre la pauvreté feminine à Séville

Nous, les prostituées, nous avons commencé à nous manifester publiquement et nous ne garderons plus le silence!

Vous ne nous embarrasserez plus jamais avec vos campagnes infâmes!

Collectif des prostituées de Séville

Sexo banal

 Por Arcadi Espada

13.05.2009

 

http://www.elmundo.es/opinion/columnas/arcadi-espada/2009/05/14783528.html

 

CLÉRIGOS y comentaristas, y alguno de ellos disfrazado de doctor en Medicina, alertan contra la banalización del sexo que supone la píldora post. Yo comprendo muy bien lo de la banalización; pero en absoluto la alerta. Uno de los grandes avances de la Humanidad ha sido la banalización del sexo, que se ha producido como resultado de las acciones relacionadas con la higiene y la reproducción. ¡Qué duda cabe que en tiempos de la sífilis el sexo era mucho menos banal! El doctor Paul Ehrlich fue su gran banalizador cuando distanció el sexo de la enfermedad y la muerte con sus balas mágicas de arsénico. Y lo mismo puede decirse del doctor Luis Ernesto Miramontes cuando sintetizó la noretisterona y abrió el camino de fabricación de la píldora anticonceptiva. Y qué decir de los franceses que en el XVII inventaron el bidet para consuelo de las partes doloridas. Nadie lo dijo mejor que aquel Álvarez Solís: «Desde entonces el sexo perdió mucho sabor».

Frente a esa gama (¡globulina!) de hombres ilustres y banalizadores se ha alzado en todas las épocas el funesto tropel de la carcundia. Religiosa, pero no sólo. La carcundia literaria, encabezada por el doctor Freud ha sido mucho más temible y su grosero enfatismo se extiende hasta la vera de nuestros días con el soporífero Bataille y aquel japonés imperial para el que la petite mort sólo era un preludio blanducho de la grandiosa y última erección. Del tropel sólo es rescatable el viejo Wilhem (Reich), que puso el sexo en la máquina antes que James Brown y el gran escritor cubano Juan Abreu que a sus parrandas aún las llama sexo a fin y efecto de no envejecer.

De modo que yo aplaudo la banalización emprendida por las ministras Aído y Jiménez, con sus píldoras, sus abortos sin mamá y todo lo que venga en la misma línea divulgativa tendente a reducir el sexo a un juego, mediante el control de sus consecuencias más indeseables, es decir, mediante la civilización. Y aplaudo especialmente su trabajo en torno de los jóvenes, población de riesgo, siempre a punto de morir como Werther y por tanto la más necesitada de banalización, es decir de píldoras, datos, detalles y prosa, mucha prosa, que sepulte el mito. Ahora bien: sería conveniente que las ministras no fuesen más socialdemócratas de lo estructuralmente necesario. No puede ser que una mano incite al juego y la otra lo cancele. Una célebre subordinada de la ministra Aído quiere castigar a un bar de Málaga que regala copas a sus clientes si acuden disfrazadas de colegialas. Hombre, hombre. ¡Para qué querrán la píldora post si no se puede jugar a colegialas y a médicos!

 

El progresismo es un puritanismo

 

La izquierda, que un día se soñó instrumento de emancipación de la humanidad, se ha resignado a ejercer el papel de gran censor de las conciencias

 

Por MANUEL RUIZ ZAMORA

Filósofo

20 Diciembre, 2017 – 02:33h

 

http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/progresismo-puritanismo_0_1201680203.html

 

El progresismo es un puritanismo / ROSELL

Quién nos iba a decir hace años que lo que llamábamos progresismo no era sino el último disfraz del viejo puritanismo. Al diablo, nunca mejor dicho, con los sueños de amor y libertad; al diablo también con aquella proclama ingenua que prohibía prohibir. Hoy, todo cuanto remita al placer o al sexo, a la emancipación de la mente y los sentidos debe darse por definitivamente prohibido. Decía Santayana que el puritanismo es esa forma de pensar que cree que el pecado existe, que cree que el pecado debe ser castigado y que es bueno que el pecado exista para que pueda ser castigado. Es en esta última parte de la proposición en la que radica todo su sentido: el puritano abjura de todos los placeres para disfrutar del placer supremo de castigar a quien disfruta. Cuando por fin logramos expulsar a los clérigos a la recóndita paz de sus templos, descubrimos con asombro que había legiones enteras de puritanos, mucho más fervientes y combativos, esperando para ocupar los espacios que ellos dejaban libres.

El pecado, señoras y señores, vuelve a estar de moda, aunque ahora se camufle entre las sábanas de lo políticamente correcto. El deseo es un delito, la seducción, si es procurada por el hombre, un tipo de violación diluida; si lo es por la mujer, una rendición innoble a pautas de comportamiento machistas. La prostitución, esclavitud encubierta; la pornografía, una excrecencia perversa del heteropatriarcado. El desnudo, como viene a demostrarnos el reciente intento de prohibición de una obra de Balthus, una incitación a la pederastia (Ay, si su ignorancia les llevara a examinar la historia del arte) o, más simplemente, una conversión de la Mujer, ese objeto de culto, en un objeto sexual. La izquierda, que un día se soñó instrumento de emancipación de la humanidad, se ha resignado a ejercer el papel de gran censor de las conciencias.

Ciertamente, nunca el sexo y las izquierdas hicieron buenas migas. El mismísimo Carlos Marx, confundiendo las relaciones de producción con las de reproducción, procreó clandestinamente en su criada, incurriendo de esa forma en lo que, de no haber sido de izquierdas, hoy se consideraría un caso inaceptable de acoso laboral. A Jaime Gil de Biedma, en los años cincuenta del siglo pasado, le negaron el ingreso al Partido Comunista por su conocida condición de homosexual. También es de sobras conocido el destino trágico que padecieron en las dictaduras comunistas todos aquellos que practicaban formas desviadas de la sexualidad, según las designaban los sumos sacerdotes del Partido. Algunos de los herederos más orgullosos de aquellos desatinos totalitarios claman hoy sin pudor desde las cabeceras de la manifestaciones por los derechos de gays y lesbianas.

La derecha, por su parte, ha descubierto que para perpetuar la rancia influencia de su discurso moral tan solo tiene que presentarlo convenientemente envuelto en el papel de celofán de lo políticamente correcto. Ver, por ejemplo, los telediarios de Televisión Española es como asistir a una homilía en donde la parte dedicada a la información es apenas un pretexto para insuflar la moralina: ahora un poco de violencia de género, unas gotas de acoso escolar, los peligros de las drogas y el alcohol en la conducción vial y, como último descubrimiento estelar, un saludo cariñoso a los pérfidos puteros. ¿No han visto todavía esa obra maestra del arte episcopal en la que dos ultracuerpos invadidos de fundamentalismo insultan sin complejos, no solo a los asiduos a los burdeles, sino, por extensión, a las trabajadoras del sexo?.

Tal vez el tema de la prostitución sea el que mejor refleje la profunda hipocresía de los nuevos fariseos. De la misma forma que las antiabortistas, con su maximalismo y su intransigencia, lo único que consiguieron fue que las mujeres se vieran abocadas a abortar en condiciones clandestinas y miserables, con el resultado, muchas veces, de muerte, las abolicionistas, con el pretexto de velar por la dignidad de la Mujer, están consiguiendo que el colectivo de las prostitutas permanezca en unas condiciones de desregulación laboral que en la práctica no se diferencia demasiado del estado de los obreros en los albores de la revolución industrial. A las abolicionistas les importa un bledo la situación real de las prostitutas: su único objetivo es criminalizar. También les da igual lo que las propias prostitutas opinen al respecto: para el puritano lo importante es salvar el alma, si es posible contra la voluntad de quien tiene que ser salvado. Cuando por fin hayan logrado conquistar el mundo (y por el camino que vamos no están lejos de conseguirlo), este no será un lugar más justo, pero, a cambio, habrán conseguido que sea más triste, más mezquino y más feo.

 

MANIFESTO OF THE PROSTITUTES OF SEVILLA

 

 

 

Prostitution is not a crime. Prostitutes are not criminals.

No law prohibits in Spain the sale of sexual services between adults.

The Gag Law and the municipal ordinances of Seville do not sanction prostitution, which they can not do. Both regulations violate the principle of legality, as well as basic rights contained in the Spanish Constitution and the Statute of Autonomy of Andalusia, by depriving sex workers of fundamental rights such as the right to free movement and restricting the use of space. public through repression. There is no legal difference between prostitutes, their clients and the rest of the pedestrians; only the arbitrary criteria of national and municipal police turned into a kind of moral police.

Prostitutes are worthy women.

The Constitution legitimizes itself by recognizing that “the dignity of the human person, the inviolable rights that are inherent to it, the free development of the personality, respect for the law and the rights of others are the foundation of the political order and of social peace “.

And the Constitutional Court defines dignity as “a spiritual and moral value inherent in the person, which manifests itself singularly in the conscious and responsible self-determination of one’s own life and which carries with it the claim to respect by others”.

Prostitutes are worthy women because we self-consciously and responsibly determine our own lives and seek respect from society as a whole. Those who try us to become underage girls in need of guardianship are directly attacking our dignity, they are trying to deprive us of our decision-making capacity, they are trying, in short, to take away our freedom.

Prostitutes claim all of our sexual rights as women.

Prostitutes do not consider sex work to be unworthy nor consensual sexual relations between adults outside of marriage as a blight that must be eradicated. That is our conviction, for which we demand the same respect that we have towards those who think otherwise. We claim our right to live and do with our sex and sexuality what we decide, without moral interference.

Prostitutes are sex workers.

Sex work is work. In Spain, prostitution is not prohibited; they only deny us the rights to prostitutes. Under this situation, we sex workers are subjected to a work situation lacking any right. However, the hypocrisy of this society adds the result of our work to the Gross Domestic Product while denying us labor rights to “defend our dignity”.

Prostitution is not trafficking or gender violence

It is not possible to equal the victims of a crime such as trafficking in persons with women who practice prostitution freely and by their own decision. Doing this only simplifies a reality that is much more complex, contribute to ignorance of this reality and discriminate and harm people who practice prostitution by violating their rights.

The criminalization of prostitution carried out outside the Parliament by the City of Seville (among others) and by the previous government of the Popular Party with its Gag Law, only serves to increase the marginalization and social weakness of prostitutes, leaving us almost absolutely defenseless against the mafias of human trafficking and threatening to become what the abolitionists want us to become: victims in need of saviors.

It is absurd to say that clients are penalized and not prostitutes. It is absurd to say that in a business the purchase is penalized, but not the sale. Those who are ultimately penalized are the prostitutes, which we see endanger our economic survival. That is the real violence against women that prostitutes suffer: abolitionist violence.

Prostitutes do not ask for help to get out of prostitution: we demand the abolition of poverty.

No woman is born to be poor. Poverty is degrading and coercive. A society that accepts poverty or believes that poverty is inevitable does not respect women. Poverty is a form of violence, a violence that disproportionately affects the marginalized. Poverty can not be considered a safe place.

Consequently, the prostitutes of Seville:

We demand:

  • Immediate repeal of the Gag Law and anti-prostitution ordinances of the City of Seville
  • Recognition by the State of the labor nature of sex work and immediate application of the Statute of Workers and other standards that guarantee the rights of women workers.
  • The end of the hate campaign against the prostitutes of the City of Seville and immediate allocation of the funds allocated to that campaign to the fight against poverty among women in the city of Seville.

 

Prostitutes have begun to speak and we will not be silent!

 

You will no longer be ashamed of yours infamous campaigns!

 

Collective of Prostitutes of Seville