Fuego cruzado: brujas y feministas

 

Por José Antonio Younis Hernández

2 de febrero de 2021

http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:yPsy4imXvnEJ:https://www.laprovincia.es/opinion/2021/02/02/fuego-cruzado-brujas-feministas-33601214.html&hl=es&gl=es&strip=1&vwsrc=0

 

Como en la novela de Miyuki Miyabe, Fuego cruzado, llega un punto en que se le hace difícil a la protagonista “decidir sobre la vida y la muerte de los inocentes que caen víctimas del fuego cruzado”. El fuego cruzado suele alcanzar a los inocentes que, como en el actual conflicto dentro del feminismo, se ha perdido la sororidad entre las abolicionistas que mantienen que no se pueden llamar feministas a las que defienden a las prostitutas, esto es, a la Asociación Draga Espacio Feminista-LGTBIQ. En la anterior afirmación, he de resaltar que las abolicionistas acusan a las de la postura contraria de apoyar a la prostitución, lo cual es falso, pues lo que hacen es defender los derechos de las prostitutas y de que puedan exponer y defender sus puntos de vista. En el informativo de la Televisión Canaria se acusa de trata de mujeres al movimiento por los derechos de las prostitutas y que, por eso, una de sus dirigentes está en la cárcel. Por otra parte, cualquiera que se moleste en indagar estos supuestos hechos emitidos por dicho informativo encontrará que son falsas las acusaciones hacia el Proyecto Taguri. Feminismos Críticos, incidencia política y participación ciudadana.

A lo mejor todo esto es un debate interminable. De lo que únicamente estoy seguro, haciendo mía la frase de Evelyn Beatrice Hall, aunque se atribuye erróneamente a Voltaire (ella era su biógrafa), es que “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Ya ocurrió en la universidad, cuando se intentó un debate sobre el mismo tema. Miembros de nuestra supuesta catedral del saber prohibió tal debate, pues hay misas que solo pueden oficiar los sacerdotes o sacerdotisas consagradas por una corriente de ideas del feminismo, pero no por la otra. Por lo que veo, hay partes que no defienden que la otra parte tenga derecho a decir lo que piensa porque contradice la pureza de los principios del feminismo, el cual, como en todo movimiento de ideas, olvida a veces que su pureza reside en el debate y la argumentación, no en la metafísica de principios cuasi religiosos.

Es penoso el infantilismo de la universidad. Aunque, si he de ser justo, del infantilismo de una parte de la universidad. El feminismo no es una moneda de una sola cara. El campo de lucha no es entre facciones del feminismo, al menos no lo debería ser por lo que hacen o deciden hacer con sus cuerpos, sino por lo que son (por su identidad de género: mujeres), formateadas por lo que la encrucijada de la historia y de la cultura ha hecho a las relaciones de género y que todavía nos favorece más a nosotros que a ellas. Porque resulta elocuente que se defienda la autonomía y la libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos (o sus vidas en general), excepto si es para ganarse la vida con él, porque entonces no serían libres, sino que obedecerían al deseo masculino o a los mandatos del patriarcado. Entiendo que la moral patriarcal es sublimar el deseo femenino al deseo masculino, lo comprendo y por ello me apunto a que ambos deseos se liberen de la superposición de catecismos aplicados sin considerar las situaciones de vida de cada persona. Mientras pensemos que existen unos principios abstractos y autónomos de su producción humana en el proceso de la historia, no solo caeremos en el idealismo, sino en llegar incluso a oprimir a aquellos individuos que se aparten del mainstream o corriente mayoritaria para vivir en el mundo que les ha tocado, a la vez que buscan cambiarlo.

Estamos históricamente en un sistema que estigmatiza a los que no son blancos o blancas, lo que se entiende como el privilegio de ser blanco; y, de hecho, las feministas de la periferia no blanca acusan al feminismo mainstream que dejó de lado a las mujeres racializadas y a la vinculación directa entre raza, género y clase social. Es una constante queja al feminismo por parte de aquellas otras feministas que no utilizan sus mismas categorías de interpretación. En mi opinión, sucede otro tanto en el terreno del debate entre feministas (y entre feministas y no feministas) sobre la prostitución. Al igual que las mujeres racializadas se sienten excluidas, no ya por el poder blanco y masculino, sino por el poder representado en ese feminismo abolicionista que las excluye porque su discurso no encaja con el discurso de la corriente hegemónica.

La inclusión de las prostitutas como categoría humana que también es víctima del sistema opresivo del género, víctima por su pertenencia de clase y de raza, así como por la orientación sexual, son categorías amplias de la abogacía social practicada por la Asociación Draga Espacio Feminista-LGTBIQ, dando voz a todas las personas, ya que entienden que el feminismo no es censura. Y no debe ser censura porque, ciertamente, el feminismo será con las trabajadoras sexuales o no será, pero también será con las mujeres racializadas y la clase social o no será. Y, la clase social, significa que la pobreza y la explotación deben resolverse y no solamente lamentarnos moralmente, pues las necesidades de realización personal y social de las mujeres explotadas deben ir paralelas a la satisfacción de sus necesidades materiales de vida.

Y en el campo de la identidad, como hombre, entiendo que se trata de apoyar a las mujeres en su lucha por su condición histórica de mujeres en una sociedad patriarcal, no por practicar en sí sexo a cambio de dinero u otro beneficio. Es fácil caer en una caza de brujas y deshumanización de estas mujeres, tratándolas como si fueran unas perdidas que después de criminalizarlas se las infantiliza por no saber lo que les conviene. Se piensa que hay una gran ideología que desvirtúa sus melladas voluntades, que la razón instrumental de la industria del sexo se frota las manos con sus cuerpos, lo cual es cierto, pero no es toda la verdad escoger esta afirmación como un argumento totalizante de la cuestión y que cierra cualquier propósito de matización. Por desgracia, en esta intersección hay feministas con sus divergencias, así como conservadores de derechas y de izquierdas, y que, entre todos, buscan salvarlas cuando ellas únicamente quieren normalizarse. Están en un fuego cruzado de argumentos bienintencionados, donde cada vez hay más parecido con la persecución de las brujas en la Edad Media. ¿Eran las brujas un problema social o más bien el problema social eran las mujeres y había que decir que eran brujas? Y, qué quieren que les diga, me parece que hay un cierto paralogismo entre lo que sucedió a las mujeres y el poder patriarcal en aquella época que las consideraba brujas (había brujos, pero el 85% eran brujas)

Después de ser construidas como problema social por los delatores y la Santa Inquisición, en el mundo medieval se quemaba a las consideradas brujas. Durante siglos perseguirían a todo aquel que se apartara del ideal de vida propuesto por la iglesia. La superstición y el miedo, la sugestión y la histeria colectiva hicieron el resto. Pero también el hecho de que el delator podía quedarse con los bienes del delatado una vez quemado en la hoguera. ¿Por qué el 85% de los perseguidos y quemados eran mujeres entre el siglo XIV y XVII? Tal vez piensen que es una exageración por mi parte, pero la gran beligerancia contra el discurso del feminismo inclusivo de la Asociación Draga Espacio Feminista-LGTBIQ, acusándolas de practicar un feminismo ajeno a la religión de ese otro feminismo, hacen que el debate me recuerde que ese mismo feminismo, al parecer dominante y de buena conciencia de aquel momento histórico, no contestó ni peleó por Dolores Vázquez, la bruja bollera.

Todavía hoy llamamos peyorativamente brujas a aquellas mujeres que nos dicen algunas verdades a la cara o nos quitan la máscara. El caso Wanninkhof es un caso de error jurídico grave que sucedió cuando, en un ambiente de histeria popular creado por los medios de comunicación y en un juicio plagado de irregularidades por parte de las autoridades judiciales y policiales, Dolores Vázquez Mosquera fue declarada culpable por un jurado popular de la muerte de Rocío Wanninkhof, quien había sido asesinada en octubre de 1999 cerca de Mijas, provincia de Málaga. Unos años después el caso dio un vuelco al resolverse otro asesinato posterior, el de la joven Sonia Carabantes. El asesino de las dos fue Tony Alexander King. Dolores Vázquez, además de mujer era lesbiana. Una bruja, vamos.

No cabe duda de que hay un discurso que esencializa todo lo femenino. Si se abrieran prostíbulos de hombres para que las mujeres fueran a buscar un poco de consuelo, se seguiría tratando de putas a las mujeres que pagaran por sexo, mientras que los hombres serían simplemente unos gigolós. Se prohíbe a la mujer que cobra por sexo y se censura por puta viciosa si paga a un hombre por sexo (como de hecho existe y más de lo que se está diciendo, por mucho que se oculte) Se le prohíbe vender sexo y comprar sexo, pero seguirá siendo igual de puta. Es la mujer atrapada en su propia esencia impuesta. En realidad, ese esencialismo las deshumaniza, cuando, en mis recuerdos de infancia, las tengo muy humanizadas debido a que varios de mis amigos del barrio donde vivía en 1967 tenían abuelas o madres prostitutas. Yo nunca vi putas, solo veía mujeres. Yo, qué quieren que les diga, me gustaría escuchar a mujeres.

 

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN DRAGA-ESPACIO FEMINISTA LGBTIQ

 

Asociación Draga Espacio Feminista – LGTBIQ

28 de enero de 2021 ·

https://www.facebook.com/DragaFeministaLGTBIQ/?hc_ref=ARQbKCBJH3r6v6Ssqe10UTdx9cw1xCCdrlrjra1ld5GsWPBGJlU_RvWiZhexB_dWJsM&fref=nf&__tn__=kC-R

 

 

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN DRAGA-ESPACIO FEMINISTA LGBTIQ* ANTE LAS GRAVES Y FALSAS ACUSACIONES QUE SE ESTÁN VERTIENDO A TRAVÉS DE DIFERENTES MEDIOS:

1. Draga es una asociación feminista que mantiene un largo recorrido de compromiso activo con la defensa de los derechos humanos. Desde hace años venimos condenando la trata de mujeres para explotación sexual, a la vez que defendemos los derechos de las trabajadoras sexuales y combatimos todas las expresiones de odio, discriminación, estigmatización, violencia, acallamiento, así como las políticas encaminadas a condenar a las trabajadoras sexuales a la marginalidad y estigmatización… Asimismo trabajamos contra la violencia machista llevando programas de prestigio educativo desde los centros escolares como el programa Por Los Buenos Tratos, que este año cumple 15 años.

2. En estos días hemos recibido acusaciones falsas y graves contra nuestra asociación, por organizar una conferencia dando voz a feministas y trabajadoras sexuales que defienden sus derechos. No es nuevo, ya que en los últimos años llevamos sufriendo acoso, difamaciones y presiones por parte de estos sectores cada vez que damos la palabra a las prostitutas para que sean ellas quienes en nombre propio hablen de su situación.

3. En este caso, se nos acusa falsamente de dar voz a personas y organizaciones que promueven la trata y la explotación. Lamentamos que haya voces que en nombre del feminismo dedican sus esfuerzos a lanzar campañas calumniosas y a confrontar con otras posturas feministas diferentes, en lugar de dedicar esos esfuerzos a exigir derechos para todas las mujeres, especialmente para las que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, como es el caso de las trabajadoras sexuales. Es evidente que desde Draga nunca daríamos voz a quienes favorecen o directamente están implicados en la trata de personas.

4. No vamos a permitir que se nos acuse de fomentar la violencia contra las mujeres por defender los derechos de las prostitutas. Lo suyo sería, por el contrario, que quienes se posicionan en el feminismo, se hicieran eco de los derechos de quienes están más estigmatizadas y discriminadas defendiendo los derechos que las prostitutas tienen en tanto que trabajadoras, derechos que mejorarían sin lugar a dudas sus condiciones laborales y de vida.

5. Denunciamos con rotundidad que este tipo de campañas, basadas en el punitivismo, la censura, la difamación y los fakes-news son estrategias propias de la extrema derecha, y nada tienen que ver con un movimiento que siempre se ha caracterizado por la defensa de los derechos de todas las mujeres. Rechazamos que desde un proyecto como el feminista, claramente defensor de los derechos humanos, se haga uso de estas estrategias contra aquellos actos que representan posiciones diferentes.

6. Este año contamos con la participación de Georgina Orellano, Secretaria general de AMMAR, organización creada en 1994, que aglutina a 5.000 mujeres, y está afiliada a la Central de Trabajadores Argentinos. AMMAR ha sido desde su creación víctima de constantes campañas de descrédito y desprestigio por parte de quienes quieren mantener a las trabajadoras sexuales en situaciones de vulnerabilidad y discriminación y eliminar cualquier instrumento de defensa de sus derechos fundamentales. Algunas de sus dirigentes han sido asesinadas por su activismo y compromiso, como es el caso de la activista Sandra Cabrera, dirigente de AMMAR en Rosario, de la que se acaban de cumplir 17 años de su asesinato. Reiteramos toda nuestra solidaridad y apoyo a las compañeras feministas y trabajadoras sexuales argentinas que día a día se dejan la piel por defender sus derechos.

7. Desde Draga Espacio Feminista – LGTBIQ* seguiremos dando voz a todas aquellas personas y colectivos que defiendan los derechos de las trabajadoras sexuales, y les invitamos a que las conozcan y las escuchen, sin duda merecerá la pena.

En Las Palmas de Gran Canaria a 28 de enero de 2021

 

“¡Ya basta de censurar la voz de las trabajadoras sexuales!”

 

Ya basta

 

Escrito por Noemi Parra, María Nebot y Cleia Montesdeoca.

Sábado, 30 Enero 2021

https://www.infonortedigital.com/portada/opiniones/item/89949-ya-basta

 

Ha vuelto a pasar, la Asociación Draga Espacio Feminista LGTBIQ* en cada edición de su Taguri, en el que se pretende abrir debate y reflexión con temas de actualidad en el feminismo, desata en algunos sectores extrema vehemencia. El año pasado intentaron censurar un debate y denunciamos las prácticas censuradoras que tan comunes y preocupantes están siendo en el seno del feminismo.

DRAGA es una asociación feminista que mantiene un largo recorrido de compromiso con la defensa de los derechos humanos. Trabaja activamente contra la violencia machista y lleva un programa de gran prestigio educativo que cumple ya quince años, como es el Programa Por los buenos Tratos. Desde sus orígenes, Draga se ha caracterizado por condenar la trata de mujeres con fines de prostitución forzada a la vez que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales y combate todas las expresiones de odio, discriminación, estigmatización, violencia y acallamiento, así como las políticas encaminadas a condenar a las prostitutas a la marginalidad, la estigmatización y la violencia institucional que producen, evidenciada por organismos como Amnistía Internacional.

En todas las ediciones del Taguri hemos incorporado una conferencia sobre prostitución porque ha sido un tema candente en los últimos años en el feminismo y en las políticas públicas. En todas esas conferencias hemos contado con trabajadoras sexuales, feministas organizadas y otras mujeres que desde espacios académicos investigan la realidad social de la prostitución desde la defensa de los derechos humanos.

Esta es la tercera edición del Taguri y en las tres hemos recibido acusaciones, acciones de descrédito y presiones con la finalidad de dañar la imagen de nuestra entidad y que nuestras actividades no se realicen. En esta ocasión se ha llegado muy lejos, acusándonos de promover el proxenetismo y la prostitución, ya no sólo en el acto concreto, sino en la labor educativa que realiza la entidad. Esto es muy grave y preocupante para quienes defendemos los derechos y libertades democráticas.

A estas alturas de la narración, se podría pensar que estas acciones vienen de la mano de la ultraderecha, de quien es propio hacer uso de la censura, las prohibiciones, la difamación y los fakes news, estrategias que nada deberían tener que ver con un movimiento que se ha caracterizado por la defensa de los derechos de todas las mujeres. En estas prácticas, predominan las actitudes autoritarias, vehementes e intransigentes, que espectacularizan el debate de ideas como si de un programa televisivo se tratase.

Las redes sociales se han convertido en un espacio tremendamente asfixiante y violento en el que predominan los perfiles falsos creados con la intención de que el efecto pantalla facilite todo el daño posible, da igual cómo, “hay que tumbar a la enemiga”. Lamentablemente, también estas estrategias vienen de mujeres que hablan en nombre del feminismo, en singular, como si en el feminismo hubiera un pensamiento único y además se consideran poseedoras de “la verdad”.

Parece ya algo obvio que el feminismo es plural desde sus orígenes y en su seno hay diferentes y encontradas ideas. Desgraciadamente algunas posiciones no toleran el disenso y, frente al debate democrático, optan por la persecución, la censura, la confusión y la falsedad para imponer sus planteamientos. Quienes afirman que el debate sobre la prostitución no tiene cabida en el feminismo reconstruyen la genealogía de éste a su antojo desde determinadas posiciones de poder. Además, hay quienes hacen uso de ese poder para frenar derechos, como en este caso concreto, criminalizando y negando la voz a las prostitutas organizadas. Lo realmente alarmante de este tipo de actitudes, copiadas de la extrema derecha, es que hablan en nombre de un proyecto como el feminista, claramente defensor de los derechos humanos.

Resulta abrumador y lamentable que haya voces que en nombre del feminismo dedican sus esfuerzos a lanzar campañas calumniosas y a confrontar con otras posturas feministas diferentes, en lugar de dedicar esos esfuerzos a exigir derechos para todas las mujeres, especialmente para las que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, como es el caso de las trabajadoras sexuales. Las soluciones que proponen, basadas en prohibiciones, contribuyen a agravar las condiciones de vida de quienes, como las putas, ven mermar día a día sus derechos, más aún en una situación de pandemia como la que estamos viviendo. Un feminismo defensor de la libertad y de derechos para las mujeres no puede hacerse oír a costa de empeorar la vida de otras mujeres.

El feminismo que define a Draga va encaminado a mejorar la vida de todas las personas, especialmente de aquellas que la sociedad sitúa en los márgenes, como es el caso de las putas. Por ello contribuimos a darles voz, a crear espacios donde se sientan seguras y libres de violencia. Tenemos la fuerte convicción de que para construir democracia es necesario escuchar a aquellas mujeres más estigmatizadas y violentadas que, desde la autoorganización, luchan por el reconocimiento de sus derechos. No toleraremos la estrategia del miedo para acallar las voces de las protagonistas: ¡ya basta de censurar la voz de las trabajadoras sexuales!

Desde Draga seguiremos trabajando contra todo tipo de violencia machista como lo son la trata y la prostitución forzada y seguiremos dando voz a todos los colectivos que defiendan los derechos de las trabajadoras sexuales, porque con derechos mejora la vida de las mujeres y con derechos tendremos herramientas para combatir la violencia, fruto del estigma y la clandestinidad. Les invitamos a que conozcan y escuchen a las mujeres organizadas que luchan por sus derechos. Sin duda será enriquecedor tener presente la voz de las protagonistas ¿o deberían hablar otras por ellas? No, que tomen la palabra, es suya.

 

Noemi Parra Profesora de trabajo social en la ULPGC e investigadora

María Nebot exconsejera de igualdad del Cabildo de GC

Cleia Montesdeoca activista feminista LGTBIQ

 

Esa teocracia llamada España

Las convicciones fanáticas de muchos españoles, independientemente de cuáles sean, no buscan solucionar problemas de primer orden, sino prohibir a otros españoles lo que les digan que es necesario prohibir.

 

Por Sofía Rincón

30 de diciembre de 2020

Esa teocracia llamada España

 

Cuando se habla sobre “guerra cultural” por lo general se tiende a pensar que esta guerra es entre izquierda y derecha, pero… ¿Qué es una guerra cultural? ¿Entre quién se produce? Una guerra del tipo que sea implica que hay un conflicto y ante la imposibilidad de negociación los distintos bandos deciden luchar. La fuerza (del tipo que sea) será quien decida quién gana el conflicto. “Guerra cultural” por lo tanto significa utilizar todas las herramientas posibles para la modificación del pensamiento mayoritario, lo que implica NECESARIAMENTE una distorsión de la realidad por parte de ambos bandos.

Recordemos que ante todo se trata de una guerra y en una guerra por mucho que los cuadros de antaño nos plasmaran escenas heroicas la realidad es que las acciones resaltan por su suciedad. Así pues, en una guerra cultural la deformación del contrario a través de su difamación, exageración, sugerencias malintencionadas y su silencio son el día a día. Izquierda y derecha se señalan mutuamente a diario pero, ¿Realmente están en guerra cultural? Opino que si estamos hablando de la España de 2020… NO. Son rivales, pero no enemigos.

Si algo tiene España es que sigue siendo un país teocrático: las convicciones fanáticas de muchos españoles, independientemente de cuáles sean, no buscan solucionar problemas de primer orden, sino prohibir a otros españoles lo que los sacerdotes parlamentarios de turno les digan que es necesario prohibir. En nombre de lo que sea. Ambos extremos se han mostrado beligerantes pero a día de hoy han terminado como una pareja tóxica que después de insultarse copula llena de odio pues han encontrado un lugar común en el que verter toda su miseria y donde podrán realizar aquello que más les gusta: prohibir para decirle al ciudadano de a pie cómo tiene que vivir su vida.


Las convicciones fanáticas de muchos españoles, independientemente de cuáles sean, no buscan solucionar problemas de primer orden, sino prohibir a otros españoles lo que los sacerdotes parlamentarios de turno les digan que es necesario prohibir


La alianza del feminismo radical y el ultraconservadurismo

Este lugar común no es otro que el puritanismo. Ya en su momento en Estados Unidos feministas radicales y ultraconservadores se unieron contra el porno o el alcohol, hoy en España lo hacen contra el porno, los sadomasoquistas, las putas y los transexuales. Y quien esté contra esto es tachado de *inserte el insulto más deshumanizador que se le ocurra aquí*. La guerra no es entre izquierda y derecha, sino entre la gente que quiere vivir su vida y los puritanos que se la quieren quitar.

Ejemplos: Lidia Falcón, una de las máximas representantes del feminismo radical en España, abiertamente de izquierdas, ha escrito para Hazte Oír y ha sido aclamada por VOX. ¿Por qué? Porque el feminismo de Lidia Falcón es transexcluyente. Carla Toscano, parlamentaria de VOX, dijo hace unos días: “Libertarios y degeneración, siempre de la mano”, dejando claros los resabios de la influencia de la Entartete Kunst en su pensamiento.

Por supuesto, no le extrañará al lector que la misma diputada está también a favor de prohibir el porno y la prostitución apelando a la “decencia” (supongo que señalar a las trabajadoras sexuales como inferiores a ella es lo que dicta la Biblia, debí malinterpretar aquello de “no juzguéis y no seréis juzgados”), casualmente en este aspecto recibe todo el apoyo de feministas radicales como Irene Montero o Rocío Carracedo (PAP-Plat. OOMM).

Todas muy a favor de la igualdad, salvo en el caso de las trabajadoras sexuales, que ellas, pobrecitas, no dan más de sí, son personas pero poco mujeres, tienen pensamiento pero poquito, son ciudadanas pero de segunda (literalmente, pues su situación profesional es alegal). Ellas pueden hablar en nombre de todas las mujeres, ¡qué digo mujeres! ¡en nombre de la humanidad! Han sido enviadas para aleccionarnos a las degeneradas, las descarriadas, las “malas mujeres”, todas somos unas putas menos ellas.


Todas muy a favor de la igualdad, salvo en el caso de las trabajadoras sexuales, que ellas, pobrecitas, no dan más de sí, son personas pero poco mujeres, tienen pensamiento pero poquito, son ciudadanas pero de segunda


Feministas radicales invertirán su símbolo a fin de esgrimir una cruz morada, hincarán la rodilla y rezarán al unísono junto con los ultraconservadores a un ente que está entre todos nosotros: el odio hacia “putas y maricones”. Recuerdo que hace años una chica me hablaba de esto y yo no la creía, qué ingenua fui y cuánta razón tenía.

Libros como “Arden las redes” de Juan Soto Ivars describen muy bien las consecuencias terribles en la vida privada de las personas que provoca la falta de entendimiento que está habiendo entre la población a raíz de crear estos sesgos nefastos para encapsular personas en el abanico ideológico de turno.

En la guerra cultural, como en todas las guerras, por el encumbramiento de unos pocos listillos son afectadas miles de personas por el camino, gente inocente con sus vidas normales. Nadie debería fiarse de humanos que se encumbran a sí mismos como adalides de la moral porque son sólo eso: humanos.

Y los políticos no son ídolos a los que aclamar, son gestores que en principio deberían trabajar para nosotros los ciudadanos, no hacernos la vida imposible. Su guerra cultural es nuestra miseria social.

 

Veinte años de trata: haciendo balance del mundo que construyó el Protocolo de Palermo

 

Enviado por NSWP el 20 de noviembre de 2020

Autor:

Fuente (instituto / publicación):

Open Democracy

https://www.nswp.org/news/open-democracy-palermo-20th-anniversary-series

 

Esta semana, Open Democracy anunció la publicación de una serie de artículos de pensadores clave que reflexionarán sobre el vigésimo aniversario del Protocolo de Palermo. El Protocolo, un suplemento de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, tiene como objetivo “prevenir, reprimir y castigar la trata de personas”, con un enfoque específico en “mujeres y niños”.

Los primeros tres artículos publicados como parte de la serie son de particular interés para las trabajadoras sexuales, ya que abordan las cuestiones de la “explotación”, que no está definida en el derecho internacional ni en el Protocolo. Los artículos destacan las consecuencias para las mismas personas que el Protocolo y los responsables políticos supuestamente pretenden proteger.

Aquí hemos extraído citas que son relevantes para el trabajo sexual y hemos incluido enlaces a los artículos completos en el sitio web de Open Democracy.

 

¿Qué es la explotación, de todos modos?

“Otro problema aquí es la forma en que ciertas categorías de trabajo (como el trabajo sexual) se enmarcan como esencialmente explotadoras, con líneas claras entre lo que es ‘aceptable’ para la dignidad humana y lo que se dice que es ajeno a ella. El problema es que, una vez más, quienes trazan estas líneas lo hacen de acuerdo con marcos morales específicos de cada cultura y clase. Y estos están lejos de ser compartidos universalmente.

En segundo lugar, cuando categorías enteras de trabajo se construyen como explotadoras por defecto, pueden problematizarse estrategias de subsistencia que pueden no ser problemáticas para las personas que viven en ellas. Peor aún, cuando estas estrategias de subsistencia son consecuentemente dirigidas a la abolición, las personas cuyas vidas dependen de ellas casi siempre sufren. El trabajo sexual y el trabajo infantil son aquí los ejemplos paradigmáticos. Los legisladores y los actores de la sociedad civil de todos los continentes han intentado “salvar” a las trabajadoras sexuales y a los niños trabajadores prohibiéndoles hacer el trabajo del que dependen para vivir. Al hacerlo, solo les causan una miseria cada vez mayor. ¿Esto realmente beneficia a los explotados? ”

 

El caso del trabajo sexual

“La frontera porosa entre la explotación capitalista cotidiana y el abuso criminal excepcional es especialmente evidente cuando se trata de debates sobre el trabajo sexual y la trata. El caso de la trata de personas con fines de explotación laboral sexual, que el protocolo destaca como un área de énfasis, revela que la difuminación de la frontera no es el resultado de un pensamiento o una redacción descuidados de un comité. En cambio, es una estrategia consciente de las feministas abolicionistas de la prostitución que dejaron una huella indeleble en el documento.

La fusión de trata sexual y trabajo sexual es una estrategia clave de las organizaciones abolicionistas extremistas. La Coalición contra la Trata de Mujeres, por ejemplo, insiste en que “la explotación de la prostitución y la trata no pueden separarse” y, por lo tanto, equipara el trabajo de cualquier forma de prostitución con la violencia y el abuso sexuales. El protocolo y las políticas nacionales contra la trata de personas que se inspiran en él han servido como herramientas para revitalizar la vigilancia y la persecución legal de las trabajadoras sexuales en general.

Un ejemplo claro de esta agenda en acción son los proyectos de ley SESTA / FOSTA aprobados por el Congreso de los EE.UU. y promulgados como ley en 2018. La ley está destinada a combatir tanto la prostitución como la trata sexual —ambas están constantemente fusionadas en el texto— tomando como objetivo los sitios y plataformas online que utilizan las trabajadoras sexuales para comercializar sus servicios y seleccionar a los clientes, con el argumento de que también podrían ser utilizados por tratantes. La ley pone en peligro la seguridad y los medios de subsistencia de las muchas trabajadoras sexuales que utilizan estas herramientas, como parte integrante del esfuerzo por eliminar de la plataforma el pequeño número de tratantes que también podrían utilizar estos sitios. Con la ayuda de todas las historias sensacionalistas de los medios sobre la trata sexual, la por ahora habitual fusión de trabajo sexual y trata sexual ha sido una bendición para las abolicionistas del trabajo sexual en los Estados Unidos.

Vale la pena señalar (aunque este punto merece un argumento aparte) que el alcance expansivo de las leyes de trata de personas también se utiliza como un arma contra los migrantes y las redes de ayuda a los migrantes. Así como la ley tiende a catalogar todo el trabajo sexual como trata, también la ayuda a los migrantes se ha convertido en objeto de persecución legal como “trata de personas”. Como resultado, los proyectos humanitarios, como las misiones de rescate en el Mediterráneo para ayudar a los migrantes en peligro, han sido criminalizados y acusados ​​repetidamente en virtud de las leyes contra la trata.

Es irónico que las feministas abolicionistas de la prostitución, que tuvieron una enorme influencia en la redacción del protocolo, repitan realmente un aspecto del argumento de Marx, aunque de una manera distorsionada y limitada. Ellas también rechazan la división entre trabajo sexual y trata sexual. Quizás, podría pensar uno, podríamos simplemente expandir el marco más allá de “todo trabajo sexual es explotación” a “todo trabajo capitalista es explotación”. Pero las abolicionistas de la prostitución no pueden aceptar que el trabajo sexual sea como cualquier otro trabajo; debe seguir siendo excepcional, en parte debido a la base fundamentalmente moral de su condena. Y, como resultado, su solución preferida debe girar en torno al procesamiento penal, como el modelo nórdico que penaliza a los consumidores de servicios sexuales en un intento por destruir el sector del trabajo sexual.

 

No rescate y enjuiciamiento, sino empoderamiento y organización

“… la estrategia adecuada para combatir la vulnerabilidad y la explotación no es el rescate y la persecución legal, sino el empoderamiento y la organización. En primer lugar, dado que la mayoría de las personas son reclutadas para trabajar debido a su vulnerabilidad económica, la forma de combatir esto es empoderarlas creando una seguridad económica genuina. Esfuerzos como iniciativas de reducción de la pobreza, programas de alivio de la deuda y proyectos para acabar con la falta de vivienda. En segundo lugar, dado que los explotados en la sociedad capitalista —los explotados en términos de jerarquías de clase pero también de género, raza, sexualidad y nacionalidad—- tienen un poder potencial, pueden organizarse políticamente. Una solución genuina al problema de la explotación tendrá que ser iniciada por modos de organización sindical de coalición que sean capaces de abordar todas estas jerarquías juntas ”.

 

La lucha contra la trata es un trabajo interno

“En segundo lugar, tenemos organizaciones que han utilizado la lucha contra la trata y el acceso e influencia que esa lucha les permite para hacer avanzar otros aspectos de su agenda. Los grupos que buscan abolir el trabajo sexual son los principales culpables aquí. Las activistas abolicionistas han logrado aprovechar la simpatía por las víctimas de trata para penalizar aún más el trabajo sexual, acosar a las trabajadoras sexuales y sus clientes, y negar rutas seguras y legales de migración interna e internacional para las trabajadoras sexuales. Bajo el disfraz de la lucha contra la trata, en muchas jurisdicciones las victorias anteriores obtenidas por las trabajadoras sexuales se han revertido y las trabajadoras sexuales se han vuelto más expuestas al poder punitivo del Estado.

Esta es una alianza mutuamente beneficiosa. El flujo de cientos de millones de dólares en los Estados Unidos a organizaciones que luchan contra la “esclavitud moderna” ha jugado un papel importante en desviar la atención de las políticas gubernamentales sobre inmigración, libre comercio, empleo, medio ambiente y bienestar público. Hablar de ‘tratantes’ y ‘traficantes’ no solo es una forma eficaz de silenciar otros debates, sino que también permite a los Estados-nación que de otro modo se definirían por sus políticas anti-inmigrantes, anti medio ambiente, anti-mujeres, anti-trabajadores y anti-pobres ser vistos como los salvadores y protectores de las ‘víctimas de trata’ ”.

Carmen Calvo (PSOE) no se propone acabar con “la fragilidad, la pobreza, la miseria o la marginación social” entre las mujeres, sino reforzarlas prohibiendo la prostitución

Calvo avanza una ley para luchar contra la trata y la prostitución»

Critica el “debate político” sobre prostitución y vientres de alquiler, que pone el cuerpo de la mujer como “mercancía de tráfico”

26 de septiembre de 2020

Calvo avanza una ley para luchar contra la trata y la prostitución»

La vicepresidenta primera y secretaria de Igualdad del PSOE, Carmen Calvo, ha asegurado que desde su formación tratarán de avanzar en el Congreso de los Diputados por una ley que se plantea la desaparición y la lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y contra la prostitución.

«Necesitamos estar unidas y muchos apoyos», ha reclamado la vicepresidenta en su intervención inaugurando la Jornada de la Escuela de pensamiento feminista Elena Arnedo «Hacia la abolición de la prostitución» organizada por el PSOE.

Calvo ha insistido en que desde la formación seguirán luchando desde la posición abolicionista para tratar hacer que desaparezca la prostitución en el mundo y en España.

Ha criticado, por su parte, el «debate intelectual y político» sobre la prostitución y los vientres de alquiler, que pone el cuerpo de la mujer como «objeto y mercancía de tráfico».

En este sentido ha señalado que, bajo la apariencia neoliberal y desde posiciones progresistas, se haga creer que se trata de la libertad de las mujeres y que incluso se quiera regular como una profesión «sin más». Ante esto, Calvo ha remarcado que «no existe libertad» desde la fragilidad, la pobreza, la miseria o la marginación social. «No es una salida, es una desgracia inmensa», ha lamentado.

«Es importante que nos mantengamos unidas porque hay demasiada confusión y trampantojos» ha advertido la vicepresidenta.

Durante la inauguración de jornada, la vicepresidenta ha destacado el papel de las mujeres que participan en las mismas, «que han puesto toda su vida y su activismo público en dirección a lo más importante que tiene que hacer la democracia: acabar con la desigualdad entre hombres y mujeres».

Calvo ha destacado que el feminismo es, junto al activismo contra el cambio climático, que el mundo debe sostener «para caminar en la dirección más justa». En este sentido, ha destacado la «suerte» de su formación de ocupar las instituciones para tomar «verdaderas decisiones de poder» al respecto.

Ha señalado que la prostitución es uno de los elementos «fundamentales» del patriarcado y el elemento constitutivo de las sociedades discriminatorias, machistas y sexistas que, según ha denunciado, aún está presente en el siglo XXI.

 

La prohibición de la prostitución en Francia (y, hoy, en España) y otras señales de fascismo

Publicado en 11 de abril de 2016

 

La prohibición de la prostitución en Francia y otras señales de fascismo

 

Por Jerry Barnett

7 de abril de 2016

http://sexandcensorship.org/2016/04/france-bans-prostitution/

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/04/11/la-prohibicion-de-la-prostitucion-en-francia-y-otras-senales-de-fascismo/

 

La prohibición de la prostitución en Francia es un signo de un profundo cambio histórico en la política francesa

 

Ayer, Francia adoptó el “modelo nórdico” para combatir el comercio sexual, haciendo ilegal comprar sexo. Como siempre, los valedores de este ataque negaron que la prostitución estuviera siendo puesta fuera de la ley; por ejemplo, en respuesta a mi tweet sobre la noticia, recibí esto:

Sex and Censorship:
“Prohibición de los velos y ahora prohibición de la prostitución. Francia se está convirtiendo en un país profundamente conservador.”
Stephanie Lamy:
“Francia no está prohibiendo la prostitución, sino todo lo contrario. Estamos prohibiendo la compra de sexo y despenalizando a las prostitutas”

Pero hace falta una auténtica mentalidad orwelliana para creer que uno puede poner fuera de la ley la compra de un servicio sin perjudicar a los que lo venden. Esto está, desde luego, diseñado para perjudicar a las trabajadoras sexuales. El fanatismo del movimiento antiprostitución está a la vista de todos. Las trabajadoras sexuales no están divididas al respecto: dicen claramente para cualquiera que quiera escucharlas que el trabajo sexual debe ser totalmente despenalizado. Los observadores imparciales —tales como Amnistía Internacional, que recientemente adoptó una política de despenalización— no han apreciado que este sea un argumento complicado, de dos caras. Es bien sabido que penalizar cualquier aspecto del comercio sexual daña claramente a las trabajadoras sexuales.

Así que no tratemos a los prohibicionistas como personas equivocadas con buena intención, de la misma forma que no gastaríamos saliva discutiendo sobre si es bueno o malo linchar a los negros o gasear a los judíos. Los activistas antiprostitución son fanáticos, así de sencillo. Pretenden atacar lo que odian y temen. Y este fanatismo nacido del miedo y la aversión que está en auge en Francia, es parte de un cambio histórico mucho mayor. Francia se está hundiendo otra vez en el fascismo.

Lo que es desconcertante es que, al contrario que la vez pasada, la fuerza dirigente del fascismo francés es la izquierda política. Hace unos pocos años, por ejemplo, la ministra del gobierno socialista francés Laurence Rossignol dijo que las mujeres que llevaban velo eran como “negros que apoyaran la esclavitud”. La ley antivelo fue presentada con un ligero barniz progresista, usando el “laicismo” como excusa. Pero el laicismo de Francia no es la libertad religiosa de la Ilustración. Es una oportunidad para abusar perversamente de las minorías.

Y como escribió ayer la comentadora del trabajo sexual Laura Agustín en Facebook, esta ley antiprostitución tiene también sus raíces en el profundo racismo de Francia. “En Francia, donde más de la mitad de quienes venden sexo son inmigrantes, la ley es abiertamente antiinmigración. El mensaje es: si quieres hacer esto, vete”. Francia ha sido siempre uno de los peores lugares de Europa para ser un inmigrante. Ahora la guerra francesa contra los inmigrantes se está volviendo cruel, y la izquierda está en la vanguardia de esa guerra. La tarea de la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen ha concluído: ¿quién necesita a la extrema derecha cuando el fascismo se halla tan cómodo como en su casa en la izquierda?

El colapso de la izquierda progresista no es solo un asunto francés. No es coincidencia que, en el Reino Unido, una comisión parlamentaria dirigida por los laboristas esté tambíen intentando prohibir la prostitución. Actitudes abiertamente antisexo y actitudes veladamente racistas son ahora algo corriente en la política de la izquierda en todas partes: el reciente ataque a un estudiante que llevaba rastas —tan solo porque el estudiante era blanco— muestra que la podredumbre también está en la izquierda americana.

Para alguien como yo que una vez se encontró como en su casa en la izquierda, este cambio en el panorama político es desconcertante. El cambio de la izquierda hacia actitudes fascistas constituye el meollo de mi nuevo libro, Porn Panic!  Los valores liberales de igualdad, libertad y razón están colapsando en todo el espectro político. La prohibición de la prostitución en Francia, y la del velo, representan nubes oscuras levantándose sobre el mundo occidental.

 

Debatir sin miedo: Sobre prohibiciones, derechos y censura

Por María Nebot y Noemí Parra 

5 de marzo de 2020

https://www.laprovincia.es/opinion/2020/03/06/debatir-miedo-prohibiciones-derechos-censura/1261978.html

 

Llega un nuevo 8 de marzo y se hace obligada una reflexión en voz alta sobre algunas derivas del feminismo después de haber realizado amplias conquistas, de poner en solfa unas normas sociales y una moral discriminatoria, puritana y caduca. Después de haber realizado multitudinarias movilizaciones en diversas partes del mundo denunciando una violencia estructural contra las mujeres por el mero hecho de serlo.

Parece claro que los objetivos más difundidos del feminismo hoy generan un amplio consenso: la igualdad salarial, el reparto de los cuidados o la erradicación de las violencias machistas. Pero es evidente que aquí no acaban las aspiraciones feministas y lo que nos pone sobre la mesa esta nueva ola es la necesidad de volver a apuntar hacia los aspectos estructurales que perpetúan la desigualdad y a mirar atentamente cómo las diferentes posiciones sociales que ocupamos pueden generar unas lógicas de exclusión que no vemos a simple vista. Así, la perspectiva interseccional nos ha ayudado a comprender cómo interactúan diferentes ejes de desigualdad como la discapacidad, la procedencia, la sexualidad?

Por otro lado, hay otras reivindicaciones que no gozan de consenso en el feminismo; de hecho, suscitan bastante polémica: la crítica a la heteronormatividad, los derechos de las personas LGTBI, de manera particular de las personas trans que están viendo cómo las posiciones tránsfobas que defiende el feminismo radical trans excluyente (conocido por sus siglas en inglés, TERF) niegan algo tan fundamental como su existencia, o los de-rechos de las trabajadoras sexuales. Sobre esto último queremos compartir algunas inquietudes.

En lo que podemos llamar feminismo hegemónico se ha instalado la consideración de la mujer-víctima. Esta visión, desde nuestro punto de vista, lleva a desconsiderar la capa-cidad de autodeterminación de las mujeres y a no valorar la importancia de la autonomía personal, que también ponemos en marcha en condiciones estructurales de desigualdad. Es el mismo punto de partida que lleva a pensar que las prostitutas están siempre obligadas, confundiendo deliberadamente la trata con la libre decisión.

Se considera que las mujeres que defienden los derechos de las prostitutas (como, por ejemplo, la libre sindicación) y que las propias putas al erigirse como sujeto político están violando los principios del feminismo. Así vemos cómo son algunas feministas las que establecen en qué consiste ser feminista y quiénes traicionan los ideales feministas. Además, se viene produciendo un abuso al recurso de la denuncia judicial y una apuesta por la censura, exigiendo a las administraciones públicas la prohibición, la retirada y la censura de determinados lemas, artículos, actuaciones o carteles que desde esa perspectiva se considera discriminatorio y que lesionan el principio de igualdad.

Justamente esto es lo que sucedió en la Universidad de A Coruña con la prohibición del debate sobre prostitución, actuación que ha sido tachada como “grave error” recientemente por la defensora universitaria, y de los diferentes escraches realizados en otras universidades, así como con la suspensión hace unas semanas de un seminario en la Universidad Complutense de Madrid sobre “teoría del porno” por presiones de grupos abolicionistas. Desgraciadamente se está convirtiendo en costumbre que la universidad suspenda sus propios mecanismos de deliberación científica a causa de determinados grupos de presión, que utilizan mecanismos propios de la extrema derecha.

Por ello nos parece urgente recordar que la universidad tiene una responsabilidad central en la defensa de la libertad de expresión y en el reconocimiento de los colectivos sociales vulnerabilizados (en este caso las trabajadoras sexuales) como interlocutores válidos en todo proceso de creación de conocimiento y reflexión. Celebramos la iniciativa que han tenido académicas de diferentes universidades del Estado español que bajo el hastag #UniversidadesSinCensura, al calor de un manifiesto firmado por mil personas, han realizado 22 actos en diferentes universidades y acaban de sacar la segunda edición. Ojalá veamos ahí a las universidades canarias.

Desde aquí queremos defender públicamente la necesidad de mantener una conversación serena sobre el trabajo sexual, tanto en el seno del movimiento feminista como fuera de él. Queremos reivindicar un feminismo inclusivo, sensible a la diferencia y férreo contra la desigualdad, capaz de entender la importancia de defender la pluralidad en un espacio tan importante como es el universitario. Queremos que el feminismo de voz y acompañe en sus reivindicaciones a las mujeres que ejercen la prostitución y que han construido una agenda política propia sin tutelajes (por lo demás, tan propios del patriarcado) Creemos que es una mala noticia, especialmente para el feminismo como proyecto emancipador y defensor de los derechos humanos que, en lugar de defender la libertad de expresión, se apueste por la prohibición y la censura.

Mostramos nuestro rechazo hacia las estrategias violentas que se están utilizando desde algunos sectores del feminismo exigiendo la prohibición y la censura de aquellos actos que representan visiones o sensibilidades distintas a las suyas. Estrategias, todas ellas, basadas en generar miedo al debate.

El debate sobre la prostitución lleva muchos años presente en el feminismo en nuestro país, aunque últimamente está emergiendo con una virulencia especial. Actitudes cargadas de hostilidad, agresiones verbales, personas increpadas en asambleas e incluso en movilizaciones que niegan el derecho a las personas que apuestan por dotar de derechos a las mujeres que trabajan en la prostitución, ensombrecen la calidad democrática y ética de un proyecto emancipador y defensor de los derechos humanos como es el feminismo.

Queremos recordar que el abolicionismo también es plural y que la polarización que se está queriendo implantar, donde todo es blanco o negro, favorece a quienes pretenden ocultar precisamente los matices de un debate muy complejo, a quienes pretenden invisibilizar o expulsar a las prostitutas del espacio público o que empeoren sus condiciones de vida. Intentar imponer por la fuerza una verdad moral sobre un sujeto que es plural, complejo y diverso, es una postura claramente reaccionaria, que coincide con la estrategia de la extrema derecha.

Queremos cultivar el disenso y el debate, necesarios en una sociedad plural, porque estamos convencidas que la cultura del debate y la libertad de expresión crea personas con más criterios, más libres y responsables. Por ello apostamos por un feminismo que defienda los derechos de todas, de las putas, también.

 

La nueva Inquisición

 

Por Eva Sáenz Royo

23 de febrero de 2020

https://www.heraldo.es/noticias/opinion/2020/02/23/la-nueva-inquisicion-feministas-radicales-censura-intolerantes-opinion-1360160.html

 

Manifestación en Zaragoza en el 8MHeraldo.es | Raquel Labodía

 

Existe un feminismo que es tan nocivo como el machismo. Es todavía poco conocido para la mayoría, pero en la universidad ya lo estamos viendo –y sufriendo–. Se trata de un feminismo que marca la ortodoxia y se erige en su vigilante. Es el mismo feminismo que afirma que la directora de diversidad étnico racial no puede ser una persona “no racializada”, que un hombre no puede ocupar un puesto de responsabilidad en temas de igualdad o que no puede hablar de transexuales una persona que no lo es. Desde ese feminismo ‘infalible’ e ‘hipersensible’ se han marcado, hasta el momento, tres temas sobre los que tiene ‘verdades absolutas’ y sobre los que no cabe discusión: la maternidad subrogada, la prostitución y la pornografía.

En abril de 2019, en la Universidad Carlos III de Madrid se consiguió celebrar un debate sobre gestación subrogada. Ello a pesar de las presiones que la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género, que agrupa los institutos de género de todas las universidades españolas (¡vaya papelón!), redactó un escrito en protesta por la utilización de fondos públicos para la celebración del debate. La verdad, que sostienen que es absoluta e irrebatible, es que la maternidad subrogada supone la mercantilización del cuerpo de la mujer. Lejos quedan aquellas voces feministas que afirmaron la disponibilidad de la mujer de su propio cuerpo.

En septiembre de 2019, el rector de la Universidad de La Coruña anunció que se veía obligado a suspender la celebración de unas jornadas sobre prostitución como trabajo sexual. En este caso, la verdad, que sostienen absoluta e irrebatible, es que “toda prostitución es violencia de género, explotación y esclavitud”, como si no existiera la prostitución libremente ejercida por personas mayores de edad y capaces. Lejos quedan aquellas voces feministas que abogan por el reconocimiento de derechos laborales y sociales de un colectivo fuertemente feminizado.

El seminario ‘Introducción a la teoría del porno’ de la Universidad Complutense de Madrid también fue censurado en enero de 2020 por los ataques de ese mismo feminismo. Sobre la base del atentado a la dignidad de la mujer, se obvia que hay hombres actores porno y que su consumo también es mixto.

A raíz de estas manifestaciones de intolerancia, un grupo de profesores y personal de veinte universidades públicas españolas formamos una plataforma que, bajo el lema‘Universidad sin censura’, impulsamos y apoyamos el debate como instrumento esencial para la reflexión, la búsqueda de la verdad individual y el progreso.

En el marco de este movimiento, en Zaragoza el 12 de diciembre se celebró un debate sobre la regulación de la prostitución como trabajo sexual. Con dificultades para encontrar abolicionistas que quisieran debatir. Con medidas de presión e intentos de boicot. En positivo, a raíz del debate, un grupo de estudiantes, siguiendo el más puro espíritu universitario, decidió colocar una pancarta en la que se insta a que se escriban libremente los argumentos a favor y en contra de la regulación de la prostitución y de la abolición.

Termino con unas consideraciones. En primer lugar, paradójicamente un sector del feminismo termina defendiendo las mismas tesis que tradicionalmente ha defendido la Iglesia católica: la indisponibilidad del propio cuerpo. En segundo lugar, en democracia no existen los debates inmorales. Pensar lo contrario es puritanismo y vuelta al franquismo. En tercer lugar, una causa justa como es la que surge del feminismo no merece semejante degradación. Por último, mirar para otro lado ante semejante intolerancia, por no quedar como ‘poco feminista’, es permitirla y fomentarla. No nos sorprenda que la intolerancia también se propague por el otro extremo. Al fin y al cabo, los polos opuestos se atraen.

 

Loola Pérez: “Como mujer joven, me cuesta mucho identificarme con Irene Montero”

La sexóloga y filósofa acaba de publicar el ensayo ‘Maldita feminista’ (Seix Barral)

 

ALBERTO OLMOS

15 de febrero de 2020

https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-02-15/entrevista-loola-perez-libro-maldita-feminista_2453916/

 

Loola Pérez (Doctora Glass)

 

La sexóloga y filósofa Loola Pérez llevaba algunos años aportando desde Twitter, y también desde sus artículos en diversas revistas digitales, una visión propia del feminismo que muchas veces a quien más molestaba era al propio feminismo, entendido como esas cuatro tertulianas que dicen que ellas son el feminismo. Ahora saca libro,‘Maldita feminista’ (2020, Seix Barral), donde se declara maldita para seguir opinando desde el sentido común y con un ánimo venturosamente conciliador.

PREGUNTA: Entiendo que por feminista maldita te estás refiriendo a ti misma y a la posición que ocupas dentro del discurso por la igualdad entre hombres y mujeres. En qué consiste esta disidencia frente al ‘feminismo hegemónico’.

Portada del libro ‘Maldita feminista’, de Loola Pérez, en Seix Barral.

RESPUESTA: Bueno, es importante entender primero el uso que yo hago de feminismo como movimiento y filosofía que defiende la igualdad entre los sexos y el feminismo hegemónico, que viene a ser una defensa de esa lucha por la igualdad, pero basado en una serie de corrientes teóricas que tienden a la simplificación, la exclusión y al populismo. Sabiendo esto es fácil deducir que la disidencia es con respecto a proclamas que forman parte de ese feminismo hegemónico como que toda puta es una víctima, que el varón es un eterno privilegiado o la tendencia al populismo punitivo ante los casos de violación o violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja o ex pareja. Para mí esa disidencia también significa la reivindicación de la autonomía y responsabilidad individual, el respeto a la diversidad o la defensa de que el sexo/género no es una categoría puramente social. Esto hace que me distancie mucho del feminismo hegemónico u ortodoxo, pero no me impide reivindicar que soy feminista y que como mujer tengo derecho a pensar de forma independiente. Si eso me hace una maldita a ojos del feminismo hegemónico, lo seré con dignidad y orgullo.

De hecho, he visto en tu cuenta de Twitter que, nada más salir el libro, andas ya recibiendo todo tipo de insultos, insultos que abarcan además el arco ideológico completo…

Es altamente significativo que las descalificaciones vengan de un arco ideológico tan amplio, acarrea una radiografía poco simpática y es que unos y otros se mueven por posicionamientos dogmáticos. Para nadie es agradable recibir insultos, pero creo que es el peaje que pago por atreverme a pensar y a ser libre. No debería catalogarse como algo heroico, pero parece que se ha convertido en un acto valiente en estos tiempos de corrección política, puritanismo obediente y pureza ideológica. Es un poco cansado, pero trato de no renunciar a la serenidad. También he recibido muchos comentarios positivos, halagadores y entusiastas. Tengo la impresión de que muchas personas no se atreven a expresar su disidencia con respecto algunos postulados del feminismo hegemónico y han encontrado en mí, no tanto a una líder, sino una inspiración para no tener miedo a expresar ‘no estoy de acuerdo’, ‘eso es una estupidez’ o ‘el feminismo no puede ir por esos derroteros…’. A mí me gusta que la gente sea crítica y que también lo sea con aquello que escribo porque me permite aprender y fundamentar mejor mi propuesta teórica o incluso matizarla o rechazarla, pero una crítica constructiva no empieza o termina despreciando tus conocimientos o llamándote “puta”, “feminazi”, “traidora” o “explotadora”.

Con todo, el libro aparece en el grupo Planeta, en Seix Barral. ¿Esperabas encontrar un lugar tan preeminente para tus ideas, pues a fin de cuentas quizá no son las que tratan de vender las editoriales más conocidas?

Tengo la impresión de que el mundo editorial está a punto de colapsar con la temática ‘feminista’. La gran mayoría de obras que se excusan en el tema feminista hablan prácticamente de lo mismo. Algunas parecen una oda al victimismo o un intento de relanzar la carrera de alguien a propósito de la lucha de las mujeres. Ahora parece que todas las famosas necesitan firmar un libro sobre feminismo. Es una moda, pero los refritos tienen fecha de caducidad. Se necesita novedad y ampliar perspectivas. Quizá es eso lo que ‘Maldita feminista’ propone, una búsqueda de nuevos puntos de vista, una llamada al debate frente al dogmatismo y sobre todo, profundidad para abordar cuestiones como la prostitución, las políticas de igualdad o la diferencia entre los sexos.

Arrancas diciendo que la corrección política feminista es la nueva religión, o sea, un fanatismo.

 Vivimos en una sociedad que tiende a la infantilización y en este contexto creo que el feminismo se está definiendo a caballo entre una ideología culpable y una ideología culpabilizadora. Así, de un lado el feminismo es señalado por los grupos ultraconservadores como el culpable de una pérdida de valores, de la promiscuidad, del adoctrinamiento en las aulas… y, por otro, el feminismo hegemónico es utilizado por muchos grupos de izquierdas para imponer códigos de conductas ‘adecuadas’ a hombres y mujeres. Si eres mujer ya no puedes solidarizarte con la lucha de las trabajadoras sexuales sin que te llaman explotadora o proxeneta. Y si eres varón parece que no tienes derecho ni a hablar porque eres un supuesto ‘privilegiado’.

Me llama la atención en esta tesitura el mecanismo de extinción de debates que opera así: si alguien pone peros, es machista y nos cuestiona porque tiene miedo de perder sus privilegios. Punto. Es curioso lo lejos que se puede llegar con ese argumento, que vale para todo, y la pobreza mental a la que aboca, pues te exime de considerar siquiera qué está diciendo el otro.

 Es como una especie de fundamentalismo, ¿no? En el feminismo hay miedo a la crítica razonada y al argumento razonable. De ahí que la desacreditación, el insulto y la presunción de ‘machista’ sean las herramientas más populares para evitar el debate o desestimar la disidencia. A mí me recuerda al patrón marcado por las religiones, las cuales te calificaban como pecador o hereje cuando te desviabas de los credos y la ortodoxia. Es una coincidencia curiosa porque la religión es uno de los inventos sociales que más ha contribuido a la discriminación de las mujeres. Tenemos que asumir que mientras que la igualdad de sexos es un valor y derecho que debe ser protegido por las democracias, las propuestas del feminismo no son incuestionables.


Tenemos que asumir que mientras que la igualdad de sexos es un valor y derecho que debe ser protegido por las democracias, las propuestas del feminismo no son incuestionables


Dices: “A veces parezco de derechas y a veces de izquierdas”. ¿No sería lo lógico en una persona que piensa?

 En mi caso no tengo ningún problema con ser ideológicamente impura. La disidencia es lo que me permite abrir otros debates, profundizar en la discusión con creatividad y defender ideas por encima de la corrección política. La gente que se agarrota mentalmente en lo doctrinario acaba buscando la seguridad de un credo, pero no la verdad y la justicia. Y a mí me mueve esto último porque es lo que me permite afrontar y buscar soluciones a los problemas, no el catecismo que solo me ofrece retórica y ritos normativos.

Das un repaso detallado a la historia del feminismo. No sé si tienes a veces la sensación de que las feministas mediáticas, las lideresas de lo que tú llamas el feminismo hegemónico, saben de feminismo, filosofía o literatura únicamente cuatro eslóganes, y que con eso van tirando divinamente.

 Sí, tengo también esa sensación. Las vacas sagradas del feminismo han sabido cómo adaptarse al sistema, han protegido su figura y reputación anclándose a los sillones o peloteando a algún partido político. Aunque algunas de ellas trabajan en el ámbito universitario, ninguna ha conseguido triunfar como intelectual. Buscan consuelo siendo ‘la señora profesora’ en el gueto en que se han convertido los estudios o máster de género; o peleando por algún cargo político con el que puedan disimular su mediocridad. Desde esos lugares de privilegio juegan un papel muy propagandístico, pero incapaz de asemejarse a la calidad teórica de Camille Paglia, Helen Fisher o Elisabeth Badinter. Y en cuanto a sus eslóganes… Creo que unas y otras tampoco terminan de conectar con la gente de a pie. Las feministas más mediáticas transmiten un mensaje sumamente elitista y condescendiente. Por ejemplo, esa manida frase de Kate Mitllet sobre que ‘lo personal es político’ llega a toda una generación de jóvenes universitarias, pero a la mujer que está cosiendo zapatos en un taller o a la ama de casa de 70 años le es sumamente indiferente. Me resulta ciertamente curioso también como las nuevas generaciones de feministas radicales traten de revitalizar el marxismo desde la pedantería y una especie de filosofía low cost. Hay prensa que hasta las llama ‘intelectuales’. No habría que premiar con semejante calificativo ni la prepotencia ni el uso de la desinformación para alcanzar fines políticos.

Me resulta fascinante el debate último que se está produciendo en el feminismo, a raíz del desplazamiento de la teoría queer hacia el eje de todo este asunto, y que llevaría incluso a la invisibilización de las mujeres o la disolución del propio concepto de mujer, como ha denunciado Lidia Falcón y otras. Es bastante irónico que podamos acabar hablando de “mujeres que temen perder sus privilegios”.

 Es una reacción propia del pánico moral. Hay gente que debería tomarse un Valium y controlar esa tendencia a la psicosis. La teoría queer es eso, una teoría. Algunas olvidan que la corriente cultural y radical del feminismo, esa que practica Lidia Falcón, también tiene una fundamentación teórica y ni es una verdad absoluta ni tiene por qué ser el destino del feminismo. Lo que observamos es una lucha por la hegemonía discursiva dentro del feminismo. Sin embargo, yo no creo que reconducir los desvaríos del feminismo hegemónico signifique sustituir la corriente de corte radical y cultural por la teoría queer. Al fin y al cabo la teoría queer se inscribe estrictamente en la construcción social del género y puede ser muy limitante para personas transexuales e intersexuales que buscan el reconocimiento de su identidad como mujeres o hombres. En mi opinión, para no convertir el feminismo en un callejón sin salida y en el estandarte del populismo, hay que incluir las ciencias de la naturaleza humana en su cuerpo teórico.

Afirmas que la teoría del patriarcado no tiene sentido en el siglo XXI.

Es una teoría obsoleta en Occidente. Encapsula la responsabilidad individual de las mujeres y simplifica causas y fenómenos que requieren un análisis más profundo. Por ejemplo, ¿si todo es culpa del patriarcado para qué realizar estudios sobre la violencia sexual o sobre las motivaciones que llevan a una mujer a desempeñar la prostitución? Esto tiene un impacto comunitario ya que conduce a propuestas en políticas públicas ineficientes, a la creación de contenidos en el ámbito universitario sumamente insulsos y a la creencia inmadura de que ‘con perspectiva de género’ ya todo basta.


Hay que entender que existen algunas mujeres que prefieren dedicar más tiempo a su familia que a su oficio


Citas bastante a Pinker. ¿En qué medida es una inspiración o un maestro o un guía para tu discurso feminista?

Me parece interesante porque pone de relieve muchas limitaciones y contradicciones teóricas sobre el feminismo hegemónico como el techo de cristal o la brecha de género en los distintos ámbitos de trabajo. Secundar las reflexiones de Pinker puede llevar a la opinión equivocada de que se defienda el statu quo, pero nada más lejos de la realidad: un análisis no puede servir para que la sociedad se conforme y niegue los estereotipos de género en las profesiones. Lo que sí puede poner de manifiesto ese análisis es que las elecciones de las mujeres no son objeto constante de la ‘explotación’ u ‘opresión’. Hay que respetar las decisiones individuales de las mujeres en el ámbito profesional, empezando por entender que hay algunas que prefieren dedicar más tiempo a su familia que a su oficio.

Dices: “Quizá ha llegado el momento de admitir que el patriarcado es ya un mero espectro sobre nuestro pasado cultural y que las desigualdades y discriminaciones que sufren en la sociedad algunas mujeres no corresponden a una conspiración de machirulos opresores.”

Es una cita que, en el fondo, lo que trata es de poner diques a esa tendencia anti-masculina que encontramos actualmente en el feminismo hegemónico. Han pasado siglos y España ha sido uno de esos países que ha hecho grandes esfuerzos por la igualdad, instaurando el divorcio o una ley contra la violencia de género. Son cuestiones que han apoyado muchos hombres. ¿De verdad un grupo de histriónicas quiere convencernos de que no hemos avanzado nada y de que los hombres tienen que lidiar con la presunción de enemigo? Si las mujeres no son un colectivo homogéneo, ¿por qué lo deberían ser los hombres? Es injusto para ellos.

Del mismo modo que Pinker aparece mucho en tu libro para bien, manifiestas un auténtico desprecio por Judith Butler, que consideras que ha engañado a todo el mundo, y que el tiempo juzgará a la baja.

Lo que siento por Judith Butler no es desprecio, lo que ocurre es que soy crítica con su obra ‘El género en disputa’. No deberíamos confundir el desacuerdo con el desprecio. Coincido en la importancia de que la representación de las mujeres sea diversa, pero para mí su texto es un absoluto retroceso ya que rechaza la evidencia científica sobre la diferencia entre los sexos y ningunea, en cierto sentido, el trabajo que han realizado al respecto mujeres como Diana McGuinnes o Martha McClintock. Justo es eso lo que trato de cuestionar en ‘Maldita Feminista’: la resaca de las teorías postmodernas lleva incluso a ciertos grupos feministas a negar la evidencia científica. Se presenta como progresista y transgresor algo que es sumamente acientífico y medieval. ¿Acaso negar los hallazgos objetivos sobre la diferencia sexual humana no es algo tan absurdo como afirmar que la tierra es plana?


Hay que poner diques a esa tendencia anti-masculina que encontramos actualmente en el feminismo hegemónico


Sobre la ingente bibliografía feminista que llevamos cuatro años recibiendo en las librerías españolas, así como sobre las entrevistas como esta, los artículos por miles sobre el asunto, me llama la atención —incluso, me hace gracia— el hecho de que, entre los hombres, sus destinatarios y consumidores sean justamente aquellos que menos necesitan corrección o iluminación igualitaria, porque justamente si leen libros de mujeres sobre mujeres e igualdad será porque, dentro de su sexo, no son de los peores. Son de los mejores. Y la mayoría de hombres, incluidos ese porcentaje más o menos grande de brutos o de directamente machistas, o incluso de agresores, simplemente no saben ni que existen estos libros o conceptos, lo cual hace un poco inútil, fuera del sano debatir y pensar las cosas, la publicación misma de estas reconvenciones.

 Sin duda es una limitación teórica y que ha demostrado ser ineficaz como bien expresas en la práctica. Por eso creo que es importante ir más allá del eslogan del ‘sujeto del feminismo son las mujeres’. El feminismo como movimiento social debe llegar a la sociedad civil y por tanto, no dirigirse en exclusividad a una élite o a un grupo que ya está concienciado. En Twitter o en la Universidad dirigirse a un público concreto puede funcionar, pero el mundo es más que una red social o un espacio académico. De ahí que para mí sea tan importante la educación y la formación en igualdad, así como la investigación científica sobre los sexos y la reeducación de los delincuentes sexuales. Educar puede ser útil para tener perspectiva sobre la desigualdad de género y cómo han cambiado las sociedades, pero también puede ser una herramienta para liberar los mandatos de géneros y construir nuestra identidad de una forma más libre y consciente. Investigar, por su parte, supone fundamentar y resolver los conflictos que atraviesan ambos sexos. Es una manera para que florezca el saber, pero también el punto de partida para plantear propuestas socio-comunitarias que transformen nuestro entorno. Pienso que todo ello puede contribuir a que no retrocedamos.

Veo mucho sentido común en tu libro, por ejemplo: “No hay ninguna relación de causa-efecto entre feminizar la política y tener un mejor gobierno.” Yo lo leo y hasta pienso: obviedad. Sin embargo, sé que esa frase te condena a tu “maldistimo”. No se puede decir.

 La izquierda cree que puede salvar su falta de legitimidad a través del populismo. Ahora el feminismo es su fetiche favorito, como en otro tiempo lo fue la lucha de clases. El problema es que el feminismo versa sobre cuestiones más difíciles de abordar y pontificar ya que no solo enfatiza unos objetivos políticos sino que, asimismo, no puede aislarse del estudio y comprensión del comportamiento humano. Generalizar sobre las mujeres es pedirle a la gente que ignore las diferencias entre grupos, sus diferentes motivaciones o aupar sin una evaluación sistemática sus habilidades y destrezas. Es, en definitiva, despreciar el conocimiento de las condiciones necesarias para alcanzar una igualdad real y tratar a la ciudadanía como idiota. El malditismo nos salva de la necedad y habrá que practicarlo para mantener la mente abierta y no caer en la promoción del dogma.

También muy alejado del sentido común fue todo lo que se montó en torno a Juana Rivas. Dices en tu libro: “Quienes clamaban Juana está en mi casa siguen cómodos en sus vidas. Mariano Rajoy parece feliz en el Registro Mercantil número 5 de Madrid.” ¿No es escalofriante la manera en la que hoy, no sólo las masas, sino gentes con grandes responsabilidades y hasta un supuesto bagaje cultural son capaces de seguir la corriente de moda sin el más leve pensamiento crítico o neutralidad?

 Aquello fue esperpéntico. Los medios de comunicación son un lobby muy poderoso en nuestro país, incluso los que se catalogan como ‘independientes’ son conocedores de su influencia sobre la gente. Son expertos en explotar las actitudes coléricas y animar a una actitud “justiciera”. Creo que uno de los errores de muchos políticos ante hechos como ese es prestarse al circo mediático con el objetivo de parecer más cercanos a la ciudadanía corriente, esa que percibe lo que pasa en el mundo desde el espectáculo y los contenidos basura de los medios. Los medios explotan la cultura de la sospecha y se convencen de mostrar siempre y en todo momento la verdad. En este clima, someten a la clase política a cierto chantaje moral: si no te posicionas eres presuntamente insensible. Cuando los primeros se equivocan, los segundos culpan al mensajero. En ese sentido, observo una falta de responsabilidad por parte de la clase política en cuanto a su participación a la hora de amplificar o esconder la noticia. A veces les da por santificar a ciertos personajes y otras por fabricar falsos culpables cuando no tienen ni la menor idea ni evidencia de lo que está pasando.


La izquierda cree que puede salvar su falta de legitimidad a través del populismo


¿Cómo interpretas la increíble porosidad de la culpa que puede localizarse en esos hombres que tuitean frases como esta: “Los hombres ya HEMOS matado este año a 34 mujeres”? Para mí supone una torsión de conciencia y anulación de dignidad verdaderamente tenebrosas.

La verdad que cuando yo leo esas cosas lo que siento es bastante vergüenza. No creo que sea tanto una torsión de conciencia y anulación de dignidad como una especie de autoengaño. Es una forma de expresar que los hombres no han encontrado todavía su sitio en el feminismo y creen que disputarse un lugar en él es a través de una culpa impostada y una obediencia ciega.

¿Cómo ves el ministerio de Igualdad de Irene Montero? ¿Cómo ves el hecho de que sea machista señalar que Irene Montero es la novia de Pablo Iglesias en lugar de decir que lo machista está en que los maridos vayan colocando por ahí a sus esposas, dando a entender que una mujer nunca llegará muy arriba si no se empareja con quien tiene el poder?

El Ministerio de Igualdad está condenado a las injerencias arbitrarias y partidistas del uso populista de la igualdad entre los sexos. Temo que el victimismo se convierta en la bandera de ese Ministerio, representado por una mujer que, ciertamente, tiene muy poco de oprimida y mucho de privilegiada. A mí, como mujer joven, me cuesta mucho identificarme con ella. Podría preocuparse no solo de la brecha de género, sino también de esa brecha que separa a las mujeres jóvenes como yo de las mujeres sumamente privilegiadas como ella. Las mujeres de nuestra generación no cobran lo que ella gana y generalmente, no pueden permitirse ni tener una hipoteca ni ser madre.

Coincido contigo en que lo machista es que los maridos vayan colocando en puestos de poder y responsabilidad a sus parejas, que la relación personal pese más que el talento y saber hacer de cualquier otra persona en el partido. Habría que señalar entonces al líder de su partido y pareja. Sin embargo, parece que sigue siendo más fácil señalar a una mujer. La verdad es que esto lo hemos visto habitualmente en la derecha, pero parece que el partido que vino a ‘reventar’ el bipartidismo no ha conseguido desligarse de errores similares. Y ya puestos, lo que asimismo me parece ciertamente irrisorio es que los acólitos tengan que insistir tanto en que una representante pública renunció a una beca en Harvard y que por eso hay que aceptar que va a ser una buena ministra, como si acaso sacrificar una beca para participar en un partido político fuera la clave del éxito. Hacer carrera en la universidad y hacer buena política ni son equivalentes ni correlativos.