“Marea popular”, la convergencia de las luchas, pero sin las putas

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

24 DE MAYO DE 2018

http://MA.LUMIERE.ROUGE.BLOGS.LIBERATION.FR/2018/05/24/MAREE-POPULAIRE-LA-CONVERGENCE-DES-LUTTES-MAIS-SANS-LES-PUTES/

 

“Die-in” en el último evento de STRASS en París que representa a las trabajadoras sexuales asesinadas, silenciadas e invisibles. Crédito de la foto @Camille McOuat

 

El Sindicato de Trabajo Sexual ha sido excluido de los signatarios y oradores de la manifestación llamada “unitaria” del sábado

 

El martes 22 de mayo en la sesión plenaria inter-asociativa, el Colectivo Nacional por los Derechos de las Mujeres (CNDF) se conmovió con el discurso de una militante de STRASS durante la precedente “fiesta Macron” y pidió que eso no volviera a suceder

Podría haberse detenido allí, pero cuando el STRASS anunció ayer que sería signatario de la convocatoria, ya que había sido invitado por una militante de Nuit Debout, un militante de ATTAC recordó las oposiciones expresadas, y ha querido comprobar si esta firma era aceptada.

La organización Effrontées luego explicó que si el STRASS era aceptado como signatario, se retiraría de la convocatoria. Luego fueron seguidos y apoyados por otros como Equality Women, Together, PCF y Solidaires. STRASS ha sido defendido por EELV, el Syndicat des Avocats de France y Act Up-Paris. Este último finalmente ha retirado su firma de un evento que excluye a las trabajadoras sexuales.

Este incidente no es muy sorprendente ya que está lejos de ser el primero. Durante aproximadamente 10 años, el STRASS ha sido excluido de manera rutinaria de varios movimientos sociales, particularmente movimientos feministas, o como recientemente durante un coloquio sobre los dos años de la ley anti “prostitución” organizado en el Senado.

Relegadas al final de la manifestación, o expulsadas físicamente por los servicios de orden de los grandes sindicatos, sin recibir explicación o respuesta a las cartas dirigidas preguntando por esta exclusión, prohibidas en el Día de l’Humanité, , difamadas por blogs o notas de prensa, tratadas de “lobby proxeneta liberal”, recibiendo votos sistemáticos de los partidos de izquierda contra cualquier posibilidad de subsidio para las herramientas de protección creadas por el sindicato, o asociaciones aliadas, el STRASS ha visto de todo.

Lo que es un poco extraño es que organizaciones como Act Up o el Sindicato de la Magistratura puedan tener las mismas posiciones políticas contra la criminalización del trabajo sexual, pero sigan siendo bienvenidas en el movimiento social. Debemos creer que, por lo tanto, es la mera presencia de organizaciones de reintegración social autoorganizadas e independientes de las organizaciones de reinserción social salidas del cristianismo social lo que molesta a esta izquierda que no quiere a las putas más que si permanecen como víctimas silenciosas o arrepentidas.

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Tres de cada cuatro canarios no quieren prohibir la prostitución

 

El Día, S/C de Tenerife 

 

22 de mayo de 2018 

http://eldia.es/canarias/2018-05-22/24-Tres-cada-cuatro-canarios-quieren-prohibir-prostitucion.htm

 

Tres de cada cuatro personas en Canarias creen que la prostitución no debería prohibirse, según un estudio del Instituto Canario de Igualdad elaborado por un equipo de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL). El informe, que se ha nutrido de las opiniones de 1.500 canarios —hombres y mujeres— mayores de edad, advierte del proceso de “normalización de la violencia sexual (1) contra las mujeres”.

Uno de los datos más llamativos del informe que ha coordinado la socióloga Esther Torrado es que se confirma que hay una relación directa entre el consumo temprano de pornografía y la demanda prostitucional. “El consumo de pornografía es anterior al prostitucional y constituye la antesala del sexo de pago”, señala el documento.

Así, el medio más habitual de acceso a la pornografía son los vídeos gratuitos a través de la red y solo una minoría accede a través de televisiones locales y fotos en revistas.

El proceso de normalización de la prostitución no ocurre solo en Canarias, sino que se repite en el resto del país. El ICI ha creído conveniente acometer esta investigación para conocer la percepción de los ciudadanos ante los crecientes reclutamientos de mujeres y el aumento de la demanda de prostitución, que supone “una amenaza respecto a los principios de igualdad (1)”.

El estudio, además de la encuesta, incluye entrevistas en profundidad a una treintena de clientes. Estos varones son, en su mayoría, consumidores de prostitución y pornografía de forma habitual y simultánea. Son, por lo general, favorables a la regulación de la actividad.

Entre los usuarios hay casados y solteros. Se dividen en dos grupos. El primero es el de los “mercantilistas misóginos” y engloba a aquellos que consideran que “la prostitución es una actividad fácil donde las mujeres se mueven por el vicio y el dinero”. El segundo es el de los “mercantilistas dominantes”, aquellos que ven la prostitución como “un servicio necesario o una actividad de ocio”. Por último, hay un grupo minoritario de hombres que ha abandonado el consumo de prostitución y es favorable a su prohibición u abolición, ya que ve esta práctica como “una actividad violenta contra las mujeres”.

Iniciación sexual y forma de “ocio masculino”

El informe advierte de que para un sector de los hombres la prostitución constituye un ritual iniciático a la sexualidad iniciado con el grupo de iguales y que continúa como práctica habitual colectiva. También forma parte de las actividades de ocio masculino -como “festejos, celebraciones, despedidas de solteros, finalización de estudios, cumplimiento de la mayoría de edad”- o negocio – “cierre de negocios, comidas de empresas”.

El estudio confirma que la tolerancia hacia el fenómeno de la prostitución está avanzando entre los más jóvenes. Según los investigadores, “hay una posición de indiferencia ante la prostitución cuanto menos edad tenga la persona encuestada”. En concreto, el 32% de los menores de 30 frente al 11% de las mayores de 61.

También se observa que las mujeres casadas tienden a considerar la prostitución como una cuestión privada en mayor medida que las solteras (44% frente al 38%). Ocurre lo mismo entre los varones: los casados tienden a pensar que es un tema íntimo en mayor medida que los que viven solos.

Llama la atención que casi la mitad -el 42%- lo considera un asunto privado y “no actuaría de ningún modo” si conociera a alguna persona que acuda a la prostitución.

Además, un porcentaje elevado, casi la mitad de los encuestados, cree que las mujeres “se prostituyen por placer”, un dato que es “llamativo y contradictorio” con el resto de las respuestas.

Más del 90% de los encuestados cree que las mujeres venden su cuerpo por necesidad; el 86% considera que se hace para ganar dinero; el 71% por falta de empleo; y el 48%, porque le gusta.

En cualquier caso, las razones que encuentran las personas que han participado en el estudio están relacionadas con motivaciones “no estrictamente voluntarias (1)”.

 


1.- Comentario de la Citi:

Estas expresiones revelan el sesgo ideológico de las encuestadoras, introduciendo sus dogmas no demostrados en una encuesta que pretende precisamente, mediante su diseño científico, separar los hechos probados de las fantasías. Hablar de “normalización de la violencia sexual” es insultar a los encuestados y diluir la diferencia entre lo que es violencia y lo que no lo es, lo que favorece precisamente la impunidad de la violencia. Lo mismo ocurre al hablar de “una amenaza respecto a los principios de igualdad”. Decir que la pornografía es “la antesala del sexo de pago” en ese contexto es decir que la pornografía también es violencia contra las mujeres y debería ser prohibida. Y hablar de motivaciones “no estrictamente voluntarias” es apoyarse en la falacia de que existen los trabajos “estrictamente voluntarios”.

El abolicionismo es violencia contra las mujeres, el patriarcado de nuestros días y, en definitiva, una secta criminal.

 

Sobre la deprivación sexual, las trabajadoras sexuales, los “incels” y la violencia  

 

 

Por Dan Savage

 

25 de abril de 2018

 

https://www.thestranger.com/slog/2018/04/25/26093525/on-sexual-deprivation-sex-workers-incels-and-violence

 

 

Antes de decir algo más: estoy de acuerdo con Rachel Fagen. Ella escribió el tweet anterior en respuesta a alguien que preguntó por qué los “incels” no se limitan a ir a ver a las trabajadoras sexuales. Tengo buenas y buenos amigas y amigos que hacen trabajo sexual, y no son escudos humanos. Sus vidas son valiosas y, como dice Fagen, no están aquí para absorber la furia masculina. Merecen condiciones de trabajo seguras y merecen nuestro respeto: no a pesar del trabajo que hacen, sino precisamente por hacer ese trabajo.

Y déjenme decirles esto: no simpatizo con los “incels” que acechan en los rincones oscuros de internet animando a la violencia misógina. No simpatizo con nadie que toma un arma o se mete en una camioneta para acabar con mujeres que van a casa o al trabajo. Y cualquiera que intente culpar a las mujeres o al feminismo por casos como los de George Sodini o Elliot Rodger o Alek Minassian es un gilipollas.

Ahora hablemos de incels. Alex Heard explica hoy en The Guardian quiénes son:

Incel es la abreviatura de “involuntariamente célibe”. El término saltó a la fama debido a su adopción por una subsección de la “manosphere”, una laxa colección de movimientos unidos por la misoginia que también incluye a activistas por los derechos de los hombres, artistas seductores y Mgtow/volcel: hombres heterosexuales que se niegan a tener sexo con mujeres por razones políticas (volcel: voluntariamente célibe). Los hombres que se identifican como incels tienden a congregarse en algunos foros, incluido el tablón de mensajes 4chan, el foro SlutHate y, hasta que la comunidad fue excluida del sitio, la página de incels en Reddit. Están unidos por el hecho de que las mujeres no tendrán relaciones sexuales con ellos, generalmente atribuido a obsesiones insignificantes con la apariencia o la personalidad superficial, y por su odio a “Chads” y “Stacys”, los hombres y mujeres que tienen relaciones sexuales.

La deprivación sexual puede hacer que una persona se sienta miserable, e incluso llegue al suicidio. Oigo todos los días de hombres y mujeres en sus veinte, treinta, cuarenta años y más, que son vírgenes o que no han tenido relaciones sexuales durante décadas; algunos nunca han recibido ni siquiera un beso, y mucho menos han experimentado una relación romántica. La mayoría son profundamente infelices; y ninguno de los que me han contactado se identifican como “incel” o han contemplado cometer actos de violencia. Pero la deprivación sexual y romántica crea miseria y, como sociedad, eso nos parece bien. A las personas que no pueden tener relaciones sexuales a menudo se les dice que el sexo y la intimidad no son como el aire o el agua: una persona privada de aire no va a vivir mucho tiempo, pero nadie ha muerto por falta de sexo. (La soledad, sin embargo, puede adelantar la muerte, puede ser un factor de riesgo para la muerte prematura mayor que el tabaquismo o la obesidad).

Hay personas sexualmente deprivadas que se identifican como incels, como mucha gente aprendió en las últimas 24 horas. En lugar de sentirse deprimidos o culparse a sí mismos (como las personas privadas de sexo que se acercan a mí), estos célibes involuntarios se llenan de ira y culpan a los demás. No, espera: culpan a las mujeres. La “comunidad” de incels es completamente masculina y, hasta donde yo sé, completamente heterosexual. Y cuando un incel con problemas de salud mental o social —problemas que sin duda contribuyeron primordialmente a que sea un “célibe involuntario”— ataca violentamente a las mujeres (los hombres a menudo también son asesinados), los incels en internet prorrumpen en vítores.

Las mujeres involuntariamente célibes me escriben cartas largas y tristes. No hay ejemplos de mujeres que cojan armas y disparen a hombres guapos en clases de aeróbics (Sodini) o que disparen a hombres jóvenes a las puertas de las casas de hermandades (Rodgers) o que atropellen a hombres al azar en una acera (Minasian). Es la combinación tóxica del privilegio masculino (los hombres se sienten con derecho al cuerpo y el trabajo emocional de las mujeres), la misoginia que crece como un moho negro en todo Internet (tal vez “terminar con internet tal y como lo conocemos” no sería tan malo ), y la propensión masculina hacia la violencia lo que crea el tipo de carnicería que vimos ayer en Toronto.

Antes de ir más lejos (voy a matizar los puntos arriesgados de esta publicación sabiendo que partes de ella se sacarán de contexto de todos modos): no creo que arrojar a las trabajadoras sexuales a los incels violentos y desquiciados resuelva el problema del incel violento y desquiciado. Nuestra cultura tiene que cambiar enormemente para resolver este problema. Lo primero y más importante, los hombres tienen que dejar de ser socializados de forma que crean que tienen derecho a los cuerpos de las mujeres. Esto lleva a algunos hombres a concluir que han sido perjudicados cuando el éxito romántico y/o sexual no les llega fácilmente o no les llega en absoluto.

Otra transformación cultural que hace mucho tiempo que se está necesitando: las personas adultas que hacen trabajo sexual por su propia voluntad no deben ser estigmatizadas (o tratadas como delincuentes) y las personas adultas que contratan a otras personas adultas que realizan trabajo sexual por su propia voluntad no deben ser estigmatizadas (o tratadas como delincuentes). La primera transformación cultural resolverá el problema del “incel”; la segunda, resolverá el problema de la deprivación sexual, es decir, el celibato involuntario.

Somos capaces de reconocer la legitimidad del trabajo sexual —incluso el bien moral del trabajo sexual— en ciertos casos. Vemos compasión, ternura y necesidad en algunas transacciones sexuales comerciales. Reconocemos, por ejemplo, la importancia de la liberación táctil y sexual para las personas con una discapacidad física profunda. Entonces, cuando una madre contrata a una trabajadora sexual para satisfacer las necesidades sexuales de su hijo profundamente discapacitado, los periódicos publican historias con titulares como “Las trabajadoras sexuales dando a las personas discapacitadas una oportunidad de vivir sus sueños“:

[Muchas] madres llaman a la línea de ayuda de sexo y discapacidad, que yo dirijo, preocupadas porque su hijo discapacitado no puede masturbarse físicamente y necesita desesperadamente una solución. Contratar a una trabajadora sexual es una opción. Pueden encontrar trabajadoras sexuales responsables en el sitio web de TLC-Trust, creado en el año 2000 por mí misma y un hombre discapacitado, James Palmer, que estaba triste por seguir siendo virgen a los 40 años. El centenar aproximado de trabajadoras sexuales que tienen perfiles en el sitio dicen que cada una de ellas ve alrededor de ocho clientes discapacitados por mes … Si una persona discapacitada pierde su virginidad con una trabajadora sexual de una manera que le enseñe sobre su cuerpo y cómo complacer a una pareja, eso puede prepararla para que se convierta en una persona segura, conocedora y sexualmente capacitada que puede buscar una pareja. Sin embargo, si tienen una enfermedad progresiva, su vida puede sentirse demasiado llena de decepción y pérdida como para tratar de encontrar una pareja y es posible que prefieran seguir viendo trabajadoras sexuales, con quienes el buen resultado está garantizado.

Hay personas que están tan profundamente discapacitadas físicamente que sus posibilidades de encontrar sexo y/ romance de la forma en que lo hace la mayoría de las personas —aplicaciones de citas, círculos sociales, reuniones fortuitas en bares y clubes u otros lugares— son escasas o imposibles. Vemos vía libre para permitirles buscar la comodidad física y la liberación sexual en los brazos/entre las piernas de las trabajadoras sexuales. Hollywood hace películas que retratan de una manera comprensiva a personas discapacitadas que compran sexo.

Bueno, hay hombres por ahí que tienen una discapacidad social tan profunda —tan socialmente incómoda o mal adaptada o dañada— que son tan incapaces de encontrar sexo y/o romance a través de canales “normales” como un tetrapléjico confinado en una cama en la casa de su madre.

Estos son los tipos que encuentran su lugar en los odiosos y misóginos foros en línea de incels.

No quiero que ninguna trabajadora sexual que conozco —no quiero que ninguna trabajadora sexual en absoluto— esté sola en una habitación con un hombre lleno de ira porque se le está negando el acceso al cuerpo de las mujeres. Tampoco quiero que las trabajadoras sexuales estén a solas con hombres llenos de ira y odio hacia sí mismos por “tener” que pagar por sexo si pagar por sexo es la única forma en que pueden obtenerlo. Estigmatizar a los hombres que pagan por sexo como perdedores y organizar campañas institucionales castrantes (“Los hombres auténticos no compran chicas”, “Los hombres geniales no compran sexo”) dificulta que los hombres con discapacidades sociales profundas tengan acceso al únixo sexo al que de hecho pueden tener acceso —el sexo pagado— sin sentirse peor consigo mismos de lo que ya se sienten.

Esta puede ser una forma de desestigmatizar el trabajo sexual: el resto de nosotros, aquellos de nosotros que no “tenemos que” pagar por sexo, podríamos reconocer esta verdad incómoda: todos pagamos por sexo. No todos pagamos en efectivo, pero todos pagamos. Todas las relaciones sexuales y románticas implican un intercambio. En la mayoría de los casos, los bienes (sexuales y/o emocionales) intercambiados por servicios (sexuales y/o emocionales) son intangibles o físicos y el intercambio es difícilmente evaluable. (O nos convencemos a nosotros mismos de que lo es). Es un sistema de trueque. Doy a mi esposo apoyo y atención emocionales, sociales y sexuales a cambio de recibir lo mismo de él. Si no estuviéramos ambos “pagando” emocional, social y sexualmente, nuestra relación se vendría abajo. Un vínculo de afecto sincero nos impulsa a pagar, sí, pero pagar es lo que hacemos.

Tenemos un ejemplo a el nivel nacional de una relación matrimonial profundamente mercantilizada que implica un intercambio y no está sostenida por un lazo de afecto:

No está claro por qué estaba allí ella, pero según el Glamour de este mes, la esposa de Donald Trump, la modelo Melania Knauss, recientemente se encontró hablando en una clase de la escuela de negocios de la Universidad de Nueva York. Mostrando una actitud que probablemente habría sido juzgada como inapropiada en el programa de televisión del Sr. Trump, “The Apprentice”, un estudiante le preguntó a la actual Sra. Trump —ella es la número tres para aquellos que llevan la cuenta— que si su esposo dejara de ser rico seguiría estando con él. ¿Su respuesta? “Si yo no fuera bella, ¿tú crees que él estaría conmigo?”

Eso es lo que quiero decir, vamos.

Desestigmatizar el trabajo sexual no nos librará de los incels o librará a los incels de sí mismos. (Un ataque incel es siempre un ataque suicida; Sodini y Rodgers se suicidaron, Minasian le suplicò a un policía que lo matara). Pero si podemos dejar de socializar a los hombres de forma que crean que tienen derecho a los cuerpos de las mujeres y dejar al mismo tiempo de estigmatizar y castigar a las trabajadoras sexuales y a los compradores de sexo: si podemos dejar de decirles a los hombres que “necesitan” pagar para tener sexo que son perdedores o monstruos o que no son hombres de verdad y, en cambio, reconocemos que todos estamos pagando por ello, es menos probable que el privilegio masculino se combine con la deprivación sexual y explote en nuestras caras.

Como dije, no simpatizo con los despotricadores y delirantes autodenominados “incels” de los foros en línea. Sin embargo, simpatizo con la difícil situación de las personas, hombres y mujeres, que experimentan privaciones sexuales y como resultado son míseras (pero no odiosas). Aquellos de nosotros que estamos en el mundo del asesoramiento ofrecemos apoyo, consejos y aliento a personas solitarias, inexpertas y sexualmente deprivadas. Pero seguir el consejo estándar no siempre alivia su miseria. ¿Una cultura que honrara a las trabajadoras sexuales y al trabajo sexual y que no avergonzara a las personas por comprar sexo? Eso ayudaría mucho a aliviar un montón de miseria y ayudaría a crear un mundo con menos míseros célibes involuntarios y sin “incels”.

 

 

Posicionamiento de AMMAR frente a la criminalización del trabajo sexual


Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (ammar)

 

19 de abril de 2018

 

 

 

Las Trabajadoras Sexuales hemos denunciado en innumerables oportunidades la vulneración de derechos que sufrimos por la confusión que existe entre trata y trabajo sexual. La modificación de la ley de trata en el 2012 (Ley 26.842) eliminó la posibilidad de que se pueda prestar consentimiento para dedicarse a esta actividad y anuló las voces de las Trabajadoras Sexuales. A partir de ese momento se reforzó el estigma que pesa sobre nosotrxs y en el ámbito del Poder Judicial se difundió una interpretación polarizada que impide el ejercicio del trabajo sexual. En este ámbito nuestros testimonios no son validados; bajo este esquema sólo se escucha a quien se identifica como víctima de explotación sexual mientras que aquellas mujeres que no encajan en ese perfil son consideradas automáticamente como victimarias.

La ley de trata de 2012 también amplió el ámbito de las conductas criminalizables generando que se penalice inclusive la más mínima organización para el desarrollo del trabajo sexual y habilitó que se juzgue por ejemplo, a quien suscriba el alquiler del espacio y lo ponga a disposición de otras trabajadoras para afrontar colectivamente los gastos, a quien publicite por medio de páginas web o de volantes en la vía pública, o a quien figure en la boleta de algún servicio. Quien asuma las responsabilidades propias de la organización para la prestación de servicios se expone a ser condenada por explotación sexual.

Todas las leyes que se han sancionado para gobernar la prostitución a lo largo del tiempo han buscado impedir cualquier acción que implique que las trabajadoras sexuales podamos organizarnos. Los estudios, investigaciones e informes de Ammar y de Organismos internacionales como Amnistía Internacional y la CIDH han dado sobrada cuenta de los efectos concretos de estas políticas sobre la vida de las Trabajadoras Sexuales. En Argentina, las políticas anti-trata han producido las cifras más altas de criminalización de mujeres en relación a cualquier otro delito, procesándolas y acusándolas de explotación por ser parte de la organización del trabajo sexual.

Además de la sanción en el Código Penal se han promovido normas sancionatorias que impiden la publicidad de la oferta de servicios sexuales o cualquier conducta que pueda ser considerada promoción o facilitación de la actividad. La amplitud de estos verbos da lugar a la persecución de un sinfín de conductas que forman parte de la vida cotidiana de las trabajadoras sexuales.

El Poder Judicial machista, clasista y patriarcal reduce el amplio espectro de realidades en un esquema de víctimas vs. victimarias en el desarrollo del trabajo sexual, un criterio que ha sido amplificado por los medios de comunicación que irresponsablemente reproducen testimonios de jueces y fiscales sin tener en cuenta las voces de las trabajadoras sexuales. Todo esto implica no comprender la clandestinidad y la estigmatización por la que estamos atravesadas quienes intentamos organizarnos para trabajar; ignorando con estos métodos la clara advertencia que nos hizo bell hooks “la sororidad es una relación de poder”.

La ley de trata impide a las trabajadoras sexuales la posibilidad de trabajar de manera colectiva y organizada porque todos los lugares donde podemos ejercer de esta forma están criminalizados. De esta forma solo nos dejan una opción: trabajar solas y en el espacio público inventando formas de resistencia individuales frente a la violencia policial habilitada por Códigos Contravencionales sancionados durante la última dictadura militar y que penalizan la oferta de servicios sexuales en la vía pública con condenas de hasta 30 días en 18 provincias del país.

Ayer y hoy los medios de comunicación difundieron una noticia en la que afirman que una dirigente de AMMAR está condenada por trata cuando en realidad no existe una condena firme hacia nuestra compañera. Como en otros casos de lamentable actualidad, el principio de inocencia deja de tener vigencia. Ella está siendo procesada por organizarse con otras trabajadoras sexuales y porque era quien administraba el dinero para el pago del alquiler y los servicios de la casa donde ejercían.

El nombre de nuestra compañera está figurando en distintos titulares como victimaria cuando es una mujer pobre trabajadora sexual de 45 años, madre de cinco hijos, que migró de Jujuy a Mar del Plata para buscar otras oportunidades y que alquilaba un lugar para ejercer el trabajo sexual. Las trabajadoras sexuales sabemos por experiencia que el derecho penal es la mejor herramienta para abolir cualquier forma de trabajo sexual y que termina criminalizando a mujeres de sectores populares que frente a otras opciones encuentran en esta actividad mejores ingresos y mayor cuota de autonomía que en los otros trabajos disponibles para ellas. El derecho penal no busca protegerlas, sino empujarlas a un marco de marginalidad y clandestinidad.

Desde nuestra militancia seguiremos exigiendo el reconocimiento de nuestro trabajo, la modificación de la ley de trata que equipara trata y trabajo sexual, el acceso a derechos laborales y la legalización de las formas de organización del trabajo, la derogación de los Códigos Contravencionales que criminalizan la oferta de servicios sexuales en la vía pública y el respeto a las decisiones que tomamos sobre nuestros propios cuerpos.

#TrabajoSexualEsTrabajo

 

Balance de dos años de penalización de clientes en Francia

 

 

¿Qué piensan las trabajadoras sexuales de la ley de prostitución? 

Encuesta sobre el impacto de la ley de 13 de abril de 2016 contra el “sistema prostituyente”

 

12 de abril de 2018

 

 

AUTORES
Hélène Le Bail, encargada de investigación Sciences Po-CERI, CNRS.
Calogero Giametta, investigador para el proyecto europeo ERC “Sexual Humanitarianism: Migration,
Sex Workand Trafficking”. Kingston University et Aix Marseille Université.

 

http://www.sexworkeurope.org/news/news-region/medecins-du-monde-publish-two-years-evaluation-report-law-penalising-clients-france

 

El objetivo principal de este estudio es evaluar el impacto de la ley n ° 2016-444 (aprobada por el parlamento de Francia el 13 deAbril de 2016 con el objetivo de reforzar la lucha contra el sistema de prostitución y apoyar a las prostitutas) en las condiciones de vida y de trabajo de las trabajadoras sexuales. Este es un estudio cualitativo centrado en los puntos de vista de las trabajadoras sexuales que están siendo directamente afectadas por la ley. Para los fines de este análisis, se realizaron entrevistas con 70 trabajadoras sexuales (se consultó a otras 38 trabajadoras sexuales a través de grupos focales y talleres). Se realizaron otras 24 entrevistas y grupos focales con grupos de trabajadoras sexuales u otras organizaciones que trabajan con trabajadoras sexuales en toda Francia. Dos investigadores (en ciencias políticas y sociología) supervisaron el estudio y analizaron los resultados en estrecha colaboración con 11 organizaciones activistas. Junto a este estudio cualitativo, también se realizó una encuesta cuantitativa entre enero y febrero de 2018 en la que participaron 583 trabajadoras sexuales, los resultados de cuya encuesta fueron integrados en este informe.

En Francia, antes de la penalización de los clientes de las trabajadoras sexuales en 2016, las trabajadoras sexuales fueron blanco directo de la penalización por captación pública, penalización que había sido reforzada por la Ley de Seguridad Nacional (LSI) de 2003. La legislación aprobada en 2016, inspirada en el marco legal sueco, buscaba el fin de la prostitución penalizando a los clientes en lugar de a las trabajadoras sexuales. Sin embargo, a pesar del objetivo declarado de la ley de proteger a las trabajadoras sexuales, la mayoría de las trabajadoras sexuales que entrevistamos revelan que la penalización de los clientes ha sido en la práctica más perjudicial para ellas mismas que las leyes anteriores contra la captación. La gran mayoría de las entrevistadas informaron de que tienen mucho menos control sobre sus condiciones de trabajo, ya que el número de clientes ha disminuido desde que entró en vigencia la nueva ley. Las consecuencias se notaron incluso antes de la aplicación de la nueva ley, debido a la mediatización de este asunto durante los debates parlamentarios. Por estas razones, las entrevistadas se oponían casi unánimemente a la penalización de los clientes.

Este estudio reveló una clara discrepancia entre la política nacional de “protección” de las trabajadoras sexualesy las políticas locales que continúan enfocándose en la represión de las trabajadoras sexuales. A nivel local, con el objetivo de mantener el orden público, las ordenanzas municipales y los controles de identidad rutinarios dirigidos a las trabajadoras sexuales significan que todavía son más frecuentemente penalizadas que sus clientes. Aunque algunas entrevistadas indicaron que tienen buenas relaciones con la policía, la mayoría de las veces la policía no es vista como una fuente de protección. Las trabajadoras sexuales a menudo nos contaban acerca de episodios de intimidación por parte de la policía, que incluían presiones para denunciar clientes y, si no estaban documentadas, amenazas de deportación si no obedecían.

Aunque la mayoría de las trabajadoras sexuales han continuado su actividad desde la promulgación de la nueva ley, sus condiciones de trabajo se han deteriorado severamente. En contraste con las afirmaciones de que la nueva ley, al disminuir la demanda (clientes), también disminuiría la oferta (trabajadoras sexuales) entrevistas realizadas con las organizaciones muestran que no ha disminuido el número de trabajadoras sexuales. La ley ha tenido un efecto perjudicial en las condiciones de seguridad y de salud y en la vida en general de las trabajadoras sexuales. La ley ha tenido un impacto negativo en su autonomía como trabajadoras, en los riesgos que pueden estar dispuestas a aceptar, y en el estigma social y las dificultades financieras. Casi todas las trabajadoras sexuales y todas las organizaciones entrevistadas han notado un cambio en la relación de poder entre las trabajadoras sexuales y sus clientes, ya que los clientes se sienten con más derecho a imponer sus condiciones (es decir,prácticas sexuales desprotegidas, precios reducidos, falta de voluntad de pago, etc.), viéndose a sí mismos como los que asumen el riesgo con respecto a la ley. Ha llevado a un empobrecimiento creciente, especialmente entre las personas que ya viven en condiciones precarias, es decir, las inmigrantes indocumentadas que trabajan en la calle. El 62.9% de las encuestadas en nuestra encuesta cuantitativa dijo que su calidad de vida general se ha deteriorado desde abril de 2016 y el 78.2% dijo que sus ganancias han disminuido. En general, la ley ha impulsado a las trabajadoras sexuales a operar en condiciones de mayor riesgo, con implicaciones peligrosas para su salud. Muchas entrevistas destacaron una disminución preocupante en el uso del condón y un aumento en las dificultades para continuar el tratamiento para las personas VIH positivas. El estrés creado por el empeoramiento de las condiciones de trabajo causa diversos problemas de salud psicosomáticos por el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, depresión y pensamientos suicidas. Los resultados de la encuesta cualitativa también revelan que han aumentado los casos de violencia de todo tipo: insultos en la calle, violencia física, violencia sexual, hurto y robo a mano armada en el lugar de trabajo. Empobrecimiento, aumento de los riesgos para la salud y mayor exposición a la violencia forman un círculo vicioso.

Además de la penalización de los clientes, la ley de 2016 también incluyó la creación de un “programa de salida” que proporcionaría a las trabajadoras sexuales elegibles acceso a ayuda financiera, un permiso de residencia temporal de seis meses (que se puede renovar un máximo de tres veces) y el apoyo de una organización acreditada para acceder a vivienda y empleo. A pesar de que el apoyo brindado por el programa de salida está globalmente en línea con las necesidades de las trabajadoras sexuales que desean cambiar de actividad, las organizaciones y las trabajadoras sexuales son sumamente críticas con respecto a la implementación del programa de salida. El criterio para acceder al programa de salida y las limitaciones del soporte proporcionado (por ejemplo, dificultad de acceso a la vivienda, obstáculos para solicitar un permiso de residencia, ayuda financiera insuficiente) disuaden a la mayoría de las personas de hacer la solicitud y, en particular, a aquellas que están más necesitadas de apoyo. La crítica al programa de salida también se deriva de las tergiversaciones de la industria del sexo que produce. Dado que el apoyo se otorga solo a las personas que aceptan dejar de hacer el trabajo sexual, esto puede ser visto como una violación básica de su dignidad humana y una condición irreal, por razones financieras, para la mayoría de las trabajadoras sexuales. Además, las trabajadoras sexuales están obligadas a renunciar a una actividad que no es en sí misma ilegal. Este es un problema tanto legal como ético que comparten los trabajadores sociales que apoyan a las trabajadoras sexuales a lo largo de los procedimientos administrativos mientras solicitan un programa de salida.

La creación de comités que se supone que supervisan la implementación del programa de salida en cada región administrativa ha sido muy lenta desde abril de 2016. Estos comités, presididos por prefectos locales e incluyendo representantes de los servicios del gobierno local, deben validar cada solicitud al programa de salida. Dos años después de la promulgación de la ley, estos comités todavía no existen en muchas áreas. Las organizaciones que deseen apoyar a las solicitantes al programa de salida deben primero solicitar la certificación antes de que puedan presentar las solicitudes. Tanto las trabajadoras sexuales como las organizaciones entrevistadas expresaron un gran escepticismo con respecto a la utilidad de estos comités, que poseen un conocimiento y comprensión del trabajo sexual limitado, y con respecto a la efectividad de los programas de salida, ya que temen ser sometidas a formas intensificadas de control social. Las trabajadoras sexuales también expresaron temores sobre el uso de los datos personales recopilados por las autoridades públicas sobre ellas y el riesgo de una mayor estigmatización de la mayoría de las trabajadoras sexuales que no desean postularse para el programa de salida.

Dos años después de la nueva legislación, el aspecto represivo de la ley, la penalización de clientes, ha tenido el mayor impacto en la vida de las trabajadoras sexuales, reforzando su marginación, aumentando la violencia y el estigma, y ​​exponiéndolas a mayores riesgos para su salud. Mientras que la parte de la ley destinada a proteger a las trabajadoras sexuales y ayudarlas a cambiar de actividad no es efectiva, afecta a un número muy limitado de personas y corre el riesgo de reforzar el estigma para la mayoría de las trabajadoras sexuales que no desean o no pueden cambiar su actividad .

París, abril de 2018

 

1 – La terminología utilizada para definir a las personas que participan en el trabajo sexual / la prostitución está sujeta a mucho debate. En este informe elegimos emplear el término “trabajadora sexual”. Este término se refiere a todas las personas que participan en intercambios económico-sexuales ya sean esas transacciones económicas explícitas (beneficios sexuales por dinero) o implícitas (servicios sexuales a cambio de protección, vivienda, productos psicoactivos,asistencia a la migración …), e independientemente de sus condiciones de trabajo.

 

 

DESDE LA APROBACIÓN DE LA LEY DEL 13 DE ABRIL DE 2016… 

88% de las trabajadoras sexuales se han opuesto a la penalización de clientes

63% de las trabajadoras sexuales han experimentado un deterioro de sus condiciones de vida.

—La ley empuja a las trabajadoras sexuales a ejercer en los lugares más aislados o a través de internet y las obliga a trabajar más tiempo para mantener su nivel de vida.

—Las trabajadoras sexuales deben enfrentarse a más situaciones de estrés con un impacto negativo sobre su salud física y psicológica.

78% de las trabajadoras sexuales se han tenido que enfrentar a una reducción de sus ingresos.

— La ley genera un empobrecimiento de las personas, sobre todo de las que están ya en una situación de precariedad, en particular las mujeres inmigrantes que trabajan en la calle.

—La disminución del número de clientes y la mayor competencia entre las trabajadoras sexuales a llevado a una reducción de las tarifas.

42% de las trabajadoras sexuales están más expuestas a las violencias desde la aprobación de la ley.

—Para permanecer ocultas, la negociación con el cliente se efectúa de manera más sucinta, reduciéndose la capacidad de selección.

—Las trabajadoras sexuales se ven obligadas a aceptar clientes que no habrían aceptado antes, arriesgándose a mayor exposición a las violencias.

38% de las trabajadoras sexuales encuentran más dificultades para imponer el uso del preservativo.

—La disminución del número de clientes ha aumentado el poder de estos a la hora de nogociar prácticas sexuales de riesgo.

—La disminución del tiempo de negociación dificulta la capacidad de las trabajadoras sexuales de imponer sus condiciones a los clientes.

70% de las trabajadoras sexuales constatan que sus relaciones con la policía no han mejorado o han empeorado.

—Detenciones municipales y operaciones de controles de identidad hacen que las trabajadoras sexuales sigan siendo penalizadas o detenidas con más frecuencia que los clientes.

—La desconfianza hacia la policía dificulta el acdeso a los derechos, sobre todo para las personas víctimas de violencia.

39% tan solo de las trabajadoras sexuales conocen la existencia del recorrido de salida de la prostitución, y entre ellas, sólo el 26% tienen intención de presentar la solicitud.

—Si una mayoría de personas experimentan el deseo de cambiar de actividad, el dispositivo de “recorrido de salida” no responde a las necesidades de la mayor parte de las personas.

—La condicionalidad del acceso al recorrido de salida impide acceder al mismo a muchas personas.

—La puesta en marcha del recorrido de salida y los criterios de selección son muy variables según los departamentos, creando una desigualdad territorial.

 

(Porcentajes de las 583 personas que han participado en la encuesta cuantitativa.)


 

Irène Aboudaram, coordinadora de trabajos sobre la prostitución de Médecins du Monde, habla de la encuesta sobre las consecuencias de la Ley de penalización de clientes de 2016.

https://www.facebook.com/Loopsider/videos/516710782064186/

Prólogo a la “Historia sexual del cristianismo”, por Karlheinz Deschner

 

No es sensato, por consiguiente, creer que el código clerical de los tabúes ha sucumbido, que la hostilidad hacia el placer ha desaparecido y la mujer se ha emancipado. De la misma manera que hoy nos divierte la camisa del monje medieval, las generaciones venideras se reirán de nosotros y nuestro «amor libre»: una vida sexual que no está permitido mostrar en público, encerrada entre paredes, confinada la mayoría de las veces a la oscuridad de la noche es, como todos los negocios turbios, un climax de alegría y placer acotado por censores, regulado por leyes, amenazado por castigos, rodeado de cuchicheos, pervertido, una particular trastienda oculta durante toda la vida.

 

 

Si bien el cristianismo está hoy al borde de la bancarrota espiritual, sigue impregnando aún decisivamente nuestra moral sexual, y las limitaciones formales de nuestra vida erótica siguen siendo básicamente las mismas que en los siglos XV o V, en época de Lutero o San Agustín.

Y eso nos afecta a todos en el mundo occidental, incluso a los no cristianos o a los anticristianos. Pues lo que algunos pastores nómadas de cabras pensaron hace dos mil quinientos años sigue determinando los códigos oficiales desde Europa hasta América; subsiste una conexión tangible entre las ideas sobre la sexualidad de los profetas veterotestamentarios o de Pablo y los procesos penales por conducta deshonesta en Roma, París o Nueva York. Y quizá no sea casualidad que uno de los más elocuentes defensores de las relaciones sexuales libres, el francés Rene Guyon, haya sido un jurista que, hasta el mismo día de su muerte, exigió la abolición de todos los tabúes sexuales así como la radical eliminación de todas las ideas que asociaban la actividad sexual con el concepto de inmoralidad.

En la República Federal Alemana se tiende todavía hoy a la equiparación del derecho y la moral, y especialmente de la decencia y la moral sexual, lo que es una herencia inequívoca de la represión cristiana de los instintos. Con fatigosa monotonía, el legislador recurre a «el sentido de la decencia», «el vigente orden moral», «las concepciones morales fundamentales del pueblo», etcétera —fórmulas tras las cuales no hay nada más que la vieja inquina de los Padres de la Iglesia contra la sexualidad—. De la misma forma, el Tribunal Constitucional puede invocar abiertamente a las «comunidades religiosas públicas, (…) en particular a las dos grandes confesiones cristianas, de cuyas doctrinas extrae gran parte del pueblo las reglas para su comportamiento moral». Por consiguiente, las normas legales sobre el matrimonio, la anticontepción, el estupro, las relaciones con menores y demás, se ven condicionadas de tal forma que Emst-WaIter Hanack puede calificar de forma lapidaria al vigente derecho penal sobre asuntos sexuales como «en buena medida improcedente, superfluo o deshonesto».

Ahora bien, en otros países europeos la situación es muy parecida; la prohibición eclesiástica del incesto o el aborto, por ejemplo, influye decisivamente en la justicia; el concepto de indecencia se extiende incluso a los matrimonios y caen las peores execraciones sobre cualquier delito de estas características; los hijos engendrados fuera del matrimonio no pueden ser legitimados ni siquiera con una boda posterior; se persigue la publicidad de los medios anticonceptivos con penas monetarias, encarcelamientos o ambas cosas; se vela por la protección del matrimonio en los hoteles y empresas turísticas; y todo ello, y algunas cosas más, en total sintonía de principios con la moral eclesiástica.

Asimismo, en los EE.UU. la religión determina con extrema fuerza el derecho, sobre todo las decisiones sobre la conducta sexual, y crea ese clima hipócrita y mojigato que todavía caracteriza a los estados puritanos.

Y con total independencia de la forma de justicia o injusticia dominante (que por supuesto es siempre la justicia o injusticia de los dominadores), la moral sexual tradicional sigue siendo efectiva, los tabúes continúan vigentes. Han sido inculcados demasiado profundamente en todas los estratos sociales. La permisividad y la tolerancia siguen estando perseguidas como en el pasado; moral todavía equivale en todas partes a moral sexual, incluso en Suecia.

Aparte de a la teología, a la justicia, e incluso a determinadas especialidades de la medicina y la psicología, la superstición bíblica perjudica a nuestra vida sexual, y por tanto, en resumidas cuentas, a nuestra vida.

No es sensato, por consiguiente, creer que el código clerical de los tabúes ha sucumbido, que la hostilidad hacia el placer ha desaparecido y la mujer se ha emancipado. De la misma manera que hoy nos divierte la camisa del monje medieval, las generaciones venideras se reirán de nosotros y nuestro «amor libre»: una vida sexual que no está permitido mostrar en público, encerrada entre paredes, confinada la mayoría de las veces a la oscuridad de la noche es, como todos los negocios turbios, un climax de alegría y placer acotado por censores, regulado por leyes, amenazado por castigos, rodeado de cuchicheos, pervertido, una particular trastienda oculta durante toda la vida.

De San Pablo a San Agustín, de los escolásticos a los dos desacreditados papas de la época fascista, los mayores espíritus del catolicismo han cultivado un permanente miedo a la sexualidad, un síndrome sexual sin precedentes, una singular atmósfera de mojigatería y fariseísmo, de represión, agresiones y complejos de culpa; han envuelto con tabúes morales y exorcismos la totalidad de la vida humana, su alegría de sentir y existir, los mecanismos biológicos del placer y los arrebatos de la pasión, han  generado sistemáticamente vergüenza y miedo, un íntimo estado de sitio y lo han explotado sistemáticamente; por puro afán de poder, o porque ellos mismos fueron víctimas y represores de aquellos instintos, porque ellos mismos, habiendo sido atormentados, han atormentado a otros, en sentido figurado o literal.

Corroídos por la envidia y a la vez con premeditación calculada corrompieron en sus fieles lo más inofensivo, lo más alegre: la experiencia del placer, la vivencia del amor. La Iglesia ha pervertido casi todos los valores de la vida sexual, ha llamado al Bien mal y al Mal bien, ha sellado lo honesto como deshonesto, lo positivo como negativo. Ha impedido o dificultado la satisfacción de los deseos naturales y en cambio ha convertido en deber el cumplimiento de mandatos antinaturales, mediante la sanción de la vida eterna y las penitencias más terrenales o más extremadamente bárbaras.

Ciertamente, uno puede preguntarse si todas las otras fechorías del cristianismo —la erradicación del paganismo, la matanza de judíos, la quema de herejes y brujas, las Cruzadas, las guerras de religión, el asesinato de indios y negros, así como todas las otras atrocidades (incluyendo los millones y millones de víctimas de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la larga guerra de Vietnam)—, uno tiene derecho a preguntarse, digo, si verdaderamente esta extraordinaria historia de crímenes no fue menos devastadora que la enorme mutilación moral y la viciosa educación por parte de esa iglesia cultivadora de las abstinencias, las coacciones, el odio a la sexualidad, y sobre todo si la irradiación de la opresión clerical de la sexualidad no se extiende desde la neurosis privada y la vida infeliz del individuo a las masacres de pueblos enteros, e incluso si muchas de las mayores carnicerías del cristianismo no han sido, directa o indirectamente, consecuencia de la moral.

Una sociedad enferma de su propia moral sólo puede sanar, en todo caso, prescindiendo de esa moral, esto es, de su religión. Lo cual no significa que un mundo sin cristianismo tenga que estar sano, per se. Pero con el cristianismo, con la Iglesia, tiene que estar enfermo. Dos mil años son prueba más que suficiente de ello. También aquí, en fin, es válida la frase de Lichtenberg: «Desde luego yo no puedo decir si mejorará cambiando, pero al menos puedo decir que tiene que cambiar para mejorar».

 


Karlheinz Deschner (Bamberg, 23 de mayo de 1924 − Haßfurt, 8 de abril de 2014) fue un historiador, crítico de la Iglesia Católica y ensayista alemán.
https://es.wikipedia.org/wiki/Karlheinz_Deschner

Su “Historia sexual del cristianismo” se puede descargar aquí:
http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Historia%20Sexual%20del%20Cristianismo,K.Deschner.pdf

Y su “Historia criminal del cristianismo”, aquí:
https://laicismo.org/2013/03/karlheinz-deschner-la-historia-criminal-del-cristianismo-en-10-tomos/39153/

Delito de odio del Ayuntamiento de Sevilla contra las prostitutas

El movimiento de liberación de las prostitutas en España tiene una cita ineludible con los tribunales de justicia. En un Estado de Derecho como es el nuestro, debe ser la batalla judicial la que restituya el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, es decir, humanos, a las prostitutas. En otros países ya se libra o se ha librado esa batalla: en Canadá, con el caso Bedford; en Estados Unidos, con caso Esplerp vs. Gascón; en Irlanda, el pleito que ha dejado inacabado nuestra querida compañera recientemente fallecida Laura Lee.

Aquí presento una propuesta de denuncia al Ayuntamiento de Sevilla por delito de odio.

 

DELITO DE ODIO DEL AYUNTAMIENTO DE SEVILLA CONTRA LAS PROSTITUTAS


EL DELITO DE ODIO:

Las conductas que castiga el tipo básico del delito de odio son las siguientes:


a)
 Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad. (1)

 

El Ayuntamiento de Sevilla lanzó el día 19 de septiembre de 2017 “la campaña para el Día Internacional contra la Prostitución, la Trata y el Tráfico de Personas con Fines de Explotación Sexual”. (2)

Tal denominación del ´”Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños” que se celebra el 23 de septiembre y que fue instaurado por la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en 1999 (3), supone una tergiversación intencionada por parte del Ayuntamiento de Sevilla, que introduce fraudulentamente el término “prostitución” en la denominación de dicho Día.

La única interpretación razonable de dicha tergiversación es que el Ayto. de Sevilla ha intentado confundir a la opinión pública, haciéndola creer que la prostitución es una actividad delictiva equivalente a la trata, teniendo como debe tener pleno conocimiento de que la prostitución no es una actividad delictiva ni las prostitutas son unas delincuentes.

Al actuar de esta manera, ha incidido negativamente en el bienestar y la seguridad de las prostitutas, afligidas por un injusto estigma que las somete a una continua violencia psicológica y social y las dificulta el acceso a los servicios y a las garantías a los que tienen derecho como ciudadanas amparadas por la Constitución.

Esta actuación del Ayuntamiento de Sevilla puede tipificarse como delito de odio, al promover indirectamente el odio, la hostilidad, la discriminación y la violencia contra un grupo (el colectivo de prostitutas) por motivos relativos a ideología, religión o creencia, así como por la pertenencia de sus miembros a un sexo y una identidad sexual.

La gravedad de esta actuación es máxima si se tiene en cuenta que este año ya ha sido asesinada una prostituta en Sevilla.

Los motivos del Ayuntamiento de Sevilla que tipifican el delito de odio se refieren a la ideología abolicionista profesada por sus miembros, compartida con las creencias católicas que consideran la prostitución un pecado. Asimismo, las víctimas de su delito lo son por pertener al sexo femenino (ya que obvian la prostitución masculina) y por tener la particular identidad sexual de ser prostitutas.

Por todo lo cual, puede resultar procedente presentar querella por delito de odio contra el Ayuntamiento de Sevilla ante el correspondiente Tribunal.

 


1.- https://www.mundojuridico.info/el-delito-de-odio/

2.- http://www.sevilla.org/ayuntamiento/alcaldia/comunicacion/noticias/19-9-2017-el-ayuntamiento-lanza-la-campana-ningunotieneexcusa-contra-la-prostitucion-en-sevilla-que-incide-en-los-clientes-coincidiendo-con-la-ordenanza-que-agiliza-la-tramitacion-de-sus-sanciones

3.- https://www.apdha.org/ayuntamiento-sevilla-no-excusas-cuando-identifica-prostitucion-y-trata/

 

 

 

“Allí donde no existen las putas”: el documental de Ovidie sobre la caza de brujas de prostitutas en Suecia

 


 

(Al final del texto está el enlace a Youtube donde se puede ver el documental con subtítulos)

 

Por Amélie Lopes

31 de enero de 2018

http://jelislesintelloes.com/la-ou-les-putains-nexistent-pas-le-documentaire-dovidie-sur-la-chasse-aux-sorcieres-en-suede/

 

El 6 de febrero, Arte transmitirá el documental de la directora y autora Ovidie sobre el trágico destino de Eva-Marree, una joven sueca privada de sus hijos, y luego asesinada (1) por el padre de éstos. 

En julio de 2013, Eva-Marree Kullander Smith, de 27 años, fue asesinada con treinta y dos cuchilladas por su excompañero, en las instalaciones de los servicios sociales. Este drama ocurrió bajo la mirada de su hijo.

Es con este sórdido asunto que comienza el documental de la directora y autora Ovidie “Allí donde no existen las putas “. Una tragedia como la que viven tantas mujeres en todos los países del mundo. Con una diferencia: Eva-Marree, también conocida como Jasmine Petite, fue escort durante unas semanas.

En Suecia, las trabajadoras sexuales son consideradas víctimas de abuso sexual y, paradójicamente, deben elegir entre la redención y la muerte social. Esconde a esa puta, que no la puedo ver.

Eva-Marree, llamada «Jasmine Petite»

FORZADA A SEGUIR TERAPIA

Por una simple denuncia y sin ninguna investigación previa, Eva-Marree vio cómo la retiraban sus hijos. Se vio obligada a seguir una terapia a fin de regresar al “camino correcto”… Su hijo y su hija fueon confiados a su excónyuge, aunque ya era conocido por actos de violencia. A pesar de múltiples demandas judiciales, no llegó nunca a recuperar su custodia. Tres años después, cuando finalmente pudo visitarlos, su padre aprovechó la oportunidad para asesinarla. 

“Allí donde no existen las putas” nos muestra una Suecia desencantada, lejos de la imagen del país ideal a menudo glorificada en los medios. Estamos hablando del derecho de las mujeres a disponer de sus cuerpos en un país donde la represión de la prostitución es un consenso. Su lucha a favor de las trabajadoras sexuales ha convertido a Eva-Marree en un ícono, el símbolo de los derechos burlados de aquéllas que eligen la prostitución.

 

MUJER, MADRE, PUTA

Ovidie ofrece en este documental una imagen fría, una fotografía del vacío, tan dura como la administración que denuncia. La construcción del bucle, que se abre y se cierra con el asesinato de Eva-Marree, produce una triste sensación de ciclo, una tragedia inmutable que volverá a suceder si nada cambia. La cámara persiste benévolamente en las caras. Los silencios hacen resonar las voces, las duras palabras denuncian el absurdo.

El drama retratado aquí se encuentra en la encrucijada de múltiples opresiones: la de las mujeres, sometidas a la violencia de sus cónyuges. La de las madres, privadas de cualquier forma de recurso ante la apisonadora del servicio de protección de la infancia. Finalmente, la de las putas, que porque eligieron vender sus cuerpos, son marginadas.

Juicio, chantaje, medicalización de prácticas consideradas desviadas, denegación de derechos … ¿hasta dónde llegará un Estado paternalista para normalizar las prácticas sexuales, controlar policialmente los cuerpos, controlar la sexualidad femenina?

Queriendo luchar contra la explotación, la ley se convierte en un mandamiento moral.

“Allí donde no existen las putas” arroja una nueva luz sobre el universo muchas veces desconocido de las trabajadoras sexuales. Como recordatorio, el 13 de abril de 2016, Francia adoptó una ley que prohíbe “la compra de un actos sexuales”, siguiendo el modelo sueco. La película tiene un valor de advertencia.                                                                                                                                                                 Amélie Lopes

 

Allí donde no existen las putas, martes, 6 de febrero a las 23:50 en Arte.

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Ovidie aceptó responder las preguntas de Intelloes sobre su sobrecogedor documental. 

INTELLOES: ¿Cómo se enteró del caso de Eva-Marree Kullander Smith?

OVIDIE: La historia me llegó por una red de trabajadoras sexuales, en el momento de la muerte de Eva-Marree en julio de 2013. En ese momento, trabajaba para Metro News donde tenía mi blog El ticket de metro. Escribí un artículo sobre eso.

Pasé mucho tiempo en Escandinavia y, en aquella época, noté que había muy pocas informaciones sobre este asesinato en Suecia. La prensa local habló sobre esto en la sección de hechos diversos y punto. Eva-Marree fue presentada como una mujer asesinada por su excompañero, sin hacer ninguna mención a la lucha que llevó para recuperar a sus hijos. Todo fue silenciado.

¿Qué te hizo querer hacer un documental?

Incluso después de escribir el artículo para Metro News, la historia de Eva-Marree continuó obsesionándome. Seguí leyendo regularmente sobre el caso, y un día encontré el testimonio de su madre, en sueco. Hablo un poco de danés, y entendí que contaba que él todavía seguía prohibiéndola ver a sus nietos. Contaba también que había sido acosada por las autoridades.

Me di cuenta de que los padres, que procedían de un entorno muy modesto, estaban bajo la presión de los servicios sociales. Tenían todas las pruebas de que éstos habían perseguido a su hija. Pero cuando los encontramos, casi se habían rendido. Lo mismo había pasado con las activistas que apoyaban a Eva-Marree: habían pasado a otra cosa.

Le pregunté claramente a su madre: si hiciera una película sobre la historia de su hija, ¿eso la ayudaría a seguir adelante? Ella me dijo que le había prometido a Eva-Maree que haría todo lo posible por contar su historia.

¿Qué dificultades encontraste para hacer este documental?

Fue muy difícil convencer a la gente para que diera testimonio. Testigos del asesinato, amigos, vecinos. todos eran reacios, incluso cuatro años después del asesinato.

Llevó mucho tiempo negociar con el entorno de Eva-Marree. Los servicios sociales estaban muy ansiosos por la idea de que se hiciera una película sobre este caso. Algunos representantes nos pidieron que saliéramos de la ciudad donde ocurrieron los hechos. Incluso supimos que una persona había sido trasladada en secreto durante el rodaje.

¿Cómo ha llegado Suecia a presionar tanto a las trabajadoras sexuales?

 Suecia siempre ha tenido la política de exportar sus leyes, su visión de la ética y los derechos humanos.

Para mostrar al mundo que su política sobre la prostitución es la mejor, las autoridades suecas están dispuestas a cambiar las estadísticas, pero también a presionar a las trabajadoras sexuales. ¡Es una verdadera caza de brujas!

Por meras denuncias o sospechas, la policía puede presentarse de improviso y retirarles a sus hijos, sus viviendas … Es una forma de obligarlas a detener su actividad. Suecia ya no quiere prostitución en su territorio.

En el documental, una de los participantes habla de una “buena ley patriarcal que sirve para controlar la sexualidad de las mujeres”. ¿Qué piensas de eso? 

Estoy totalmente de acuerdo con ella en el sentido de que la prostitución masculina nunca se menciona en los debates. Además, no se hablará nunca de la misma manera de los hombres que se prostituyen. Las mujeres son castigadas por lo que hacen con sus cuerpos. Yo misma he pagado por mi paso por el mundo del porno como actriz, estoy marcada con hierro candente. Puedo imaginar fácilmente lo que ha sufrido Eva-Marree.

Lo que es interesante de su caso es que la hicieron pasar por enferma mental: no se arrepintió, asumió que era prostituta. Eso no corresponde al esquema que establece que las prostitutas son víctimas de abuso. Además, ella representaba la dicotomía de la madre y la prostituta: imposible ser las dos cosas a la vez.

Una ley similar a la ley sueca de penalización de los clientes entró en vigor recientemente en Francia. ¿Podemos imaginar una prohibición por parte de la sociedad de las trabajadoras sexuales como en Suecia?

¡En nuestro territorio, la mayoría de las prostitutas se opusieron a esta ley!

Francia y Suecia son estados laicos, por lo que los conservadores no pueden aprobar ideas moralizantes en nombre de una religión. Sin embargo, se sirven del feminismo para establecer lo que la mujer tiene que hacer con su cuerpo.

Este tipo de discurso que dice que la prostitución es necesariamente una violación, aumenta el estigma. ¡Nos podemos servir de bellas ideas para controlar a las mujeres!

Entrevistada por Ann-Laure Bourgeois 

 


1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/07/16/justicia-para-jasmine/

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/07/17/el-maldito-estado-le-dio-a-el-el-poder-asesinato-de-una-trabajadora-sexual-sueca/

 

A continuación, el vídeo en Youtube. Para ver subtítulos en español:  Configuración>Subtítulos>Traducir automáticamente> Español

 

 

«Ellas no eran personas. Solo putas»

 

No comparto la visión abolicionista de Mabel Lozano (me creeréis, ¿no?), pero considero interesante este artículo por la información que da del funcionamiento de los burdeles.

La sobrexplotación laboral de las prostitutas en los burdeles se perpetúa por la acción coordinada de tres fuerzas: los proxenetas, las abolicionistas y la Ley de Extranjería. A la que habría que sumar una cuarta: la pasividad de las propias trabajadoras sexuales.

La sobrexplotación es consecuencia directa de la falta de reconocimiento de las prostitutas como seres humanos completos («Ellas no eran personas. Solo putas») por parte de las autoridades, que deberían proteger sus derechos humanos reconocidos en la Constitución.

El sufrimiento causado a las mujeres que deciden prostituirse es culpa colectiva de todos los españoles, que actúan en este tema de forma hipócrita, machista, racista, clasista, proxeneta y, en el caso de las abolicionistas, criminal.

Citi

 

 

Un todopoderoso jefe de la trata en España, dueño de doce macroburdeles, desvela el funcionamiento de esta compleja mafia en España 

Cristina Sánchez Aguilar (Alfa y Omega)

01/02/2018

http://www.abc.es/sociedad/abci-ellas-no-eran-personas-solo-putas-201802011529_noticia.html

 

Un día cualquiera. Año 2000. 19 flamantes jóvenes deportistas colombianas llegaban al aeropuerto de Barajas. Cada una vestía su recién estrenado chándal con los colores de la bandera patria –azul, amarillo y rojo–, y traía en la mano una invitación por parte de la organización en España. Era el equipo nacional femenino de taekwondo de Colombia, que venía durante unos días a competir en un evento deportivo. O eso creyeron las autoridades. Porque aquellas chicas fueron, durante tres años, esclavas sexuales en varios burdeles de la península. Todas menos cuatro, que tuvieron que ser deportadas a su país un año antes porque su estado físico y mental no estaba para más competiciones.

«Íbamos tan sobrados captando mujeres que en una reunión de socios apostamos a ver quién era capaz de traer a más juntas de una vez» y, además, en un vuelo caliente –de los que no pasan primero por otro país europeo– y por lo tanto, más controlado. La hazaña la recuerda Miguel, alias el Músico, en El proxeneta (ed. Alrevés), el libro que la cineasta Mabel Lozano acaba de publicar tras dos años de conversaciones con el que fuera uno de los jefes todopoderosos de la trata en España, dueño de doce de los macroburdeles más importantes del país.

«Yo no sé nada. Soy músico y me acuesto a las ocho de la tarde», contestó la primera vez que le interrogaron en el cuartelillo, tras encontrarle en un bar donde organizaban una redada. Era todavía un adolescente recién salido del orfanato barcelonés en el que había sido víctima primero de palizas, después de abusos sexuales por parte de un sacerdote. «Mi pasado –que no mi infancia, si es que alguna vez la tuve– fue el que me condujo a muchas de mis más crueles decisiones futuras», explica. Mabel Lozano, en conversación con Alfa y Omega, señala que el protagonista «no le había contado esto a nadie antes de hablar conmigo». Pero «los abusos en el orfanato no justifican lo que hizo. Él ya tenía todas las papeletas para terminar así».

De casualidad, el Músico acabó como portero nocturno en uno de los clubes. Alumno aventajado de sus mentores, recuerda el nombre de la primera mujer con la que traficó. «Se llamaba Yamileth», era de Colombia y traía una herida infectada en la pierna tras un accidente con una mototaxi de reparto. «No tenía ni dinero para comprarse medicinas y curar la herida». Yamileth llegó, como tantas otras, «sabiendo que venía a trabajar a un club, pero creía que a poner copas o a limpiar. Ninguna supo con anterioridad que tendría que pagar una deuda, cada día más grande, ejerciendo la prostitución». Tras ella llegarían otras 1.700 mujeres a las que el proxeneta esclavizó, explotó y con las que traficó.

Como botellas de refresco

«De una botella de whisky salen solo diez cubalibres, pero a cada una de estas esclavas se le podía sacar al menos tres años de explotación sexual», afirma el proxeneta. Para lograrlo hay una regla básica: «Mirarlas como a la materia prima de tu negocio». Son una propiedad, «como los refrescos que vendes, y hay que tratarlas como tal». El Músico, en esta larga confesión, admite que jamás se paró a pensar «si la mercancía que importaba eran personas como yo, con sentimientos como los míos, traumas como los míos o necesidades como las mías. Ellas eran otra cosa. Eran putas».

Como Lucía, que pagó durante dos años y diez meses un total de 165.000 euros a sus tratantes. Y cada vez que iba al despacho del Músico a saldar su deuda, se encontraba con más y más pagos imprevistos que aumentaban el dinero que debía. «Cuando llegó era una chica alegre, pero poco a poco se fue apagando, no tenía la capacidad de rendir como antes, y su deuda no paraba de crecer». La encontraron una noche con las venas abiertas en el baño de la suite principal del club. Sobrevivió, pero acabó sus días en un hospital psiquiátrico. Nunca regresó a su país ni volvió a ver a su hijo, aquel por el que vino a trabajar a España.

Además del dinero que debían aportar a los dueños de los clubes por la explotación sexual, se sumaban la llamada diaria –gastos fijos que pagan cada día por estar en el club–, y un porcentaje de todos sus gastos en peluquería, productos de limpieza, llamadas telefónicas, preservativos, lubricantes, gastos médicos, abortos… Lo que generaba unas cantidades que no alcanzaban a pagar nunca.

Un perfecto sistema perverso

Los burdeles tienen una triple contabilidad. La primera, la que exige Hacienda en cualquier tipo de negocio: nóminas, gastos de luz, agua, gas, telé- fono, alquiler… La segunda, en B, «está destinada a asuntos internos como la creación de grupos para lavar la cara de la prostitución –ANELA, Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne–, y recursos directos para captación en origen, extorsiones y sobornos». La tercera contabilidad va a crear «empresas lícitas que den servicio a los clubes: lavanderías, peluquerías, gimnasios, empresas de seguridad…», explica Miguel.

El dinero negro, añade, «se lava con la compra de obras de arte, inmobiliarias, compras de décimos de lotería premiados e incluso ONG para hacer donaciones que suponen desgravaciones fiscales». Todo este entramado financiero «se ha sostenido siempre con la más absoluta impunidad» gracias a lo que el Músico llama los «parásitos de la prostitución».

Los primeros, los abogados, «sin los que nuestra organización no hubiera sido posible». Uno de sus principales trabajos era regularizar la estancia de las mujeres, «porque las Fuerzas de Seguridad siempre andaban buscando inmigrantes sin papeles, y no víctimas de trata». Del entramado también formaban parte médicos, como los de un laboratorio valenciano que durante diez años «hizo análisis de sangre a las chicas para certificar su salud». Eso sí, a un coste de 60 euros, pagados por ellas mismas. Los testaferros –muchos de ellos indigentes que recogían en la calle para utilizar su firma y su documentación– iban a la cárcel en su lugar, y los banqueros o notarios se volvían locos por trabajar con los grandes proxenetas. Incluso los taxistas «eran nuestros ojos y oídos. Y si alguna mujer los llamaba para elaborar un plan de fuga no tardaban un minuto en contactarnos y recibir el dinero correspondiente».

También, añade, «manteníamos en nómina a varios expolicías, algunos como guardias de seguridad y otros como topos de sus propios excompañeros». Sonado fue el caso del comisario y varios inspectores de la UCRIF en Barcelona –unidad especial de la Policía que trabaja con temas de extranjería y trata– «que cobraban un impuesto revolucionario de 6.000 euros mensuales para evitar redadas engorrosas».

«La UCRIF –explica Lozano–, sin embargo, es un verdadero látigo para los proxenetas. Y en Barcelona hubo grandes policías, muy comprometidos con su trabajo, pero en todas las mejores casas hay garbanzos negros». Toda esta fauna de profesionales «era la que nos permitía ir por delante de la ley. Su silencio y su doble moral los hacía ser como nosotros», añade el Músico.

Una ley laxa

El Músico fue denunciado por una de las mujeres, Claudia. Pasó tres años en la cárcel –aunque estaba condenado a 27–, pero cumplió menos de medio día por cada una de la mujeres a las que esclavizó. «Lo más indignante es que todos los macroburdeles que regentaba Miguel siguen hoy abiertos y en manos de sus exsocios», denuncia la cineasta. «Todo el mundo sabe que se benefician de la trata porque, de otra forma, no serían rentables. Además, siguen aprendiendo a cuidar de su negocio y ahora, en lugar de llevar a las chicas a los clubes nada más captarlas, van a pisos, más difíciles de localizar para la Policía. Allí las aleccionan tranquilamente para que no tengan la intención de denunciar», añade.

«Todo esto –cree Lozano– ocurre porque, en España, la prostitución es alegal y si las mujeres no se declaran víctimas, no hay delito y, por tanto, son consideradas como prostitutas que ejercen libremente». Son muy pocas las que denuncian, «porque están poniendo en riesgo a su familia. Los proxenetas lo han hecho fenomenal. Y, mientras, la Policía y la Guardia Civil, que hacen un trabajo magnífico, se encuentran con que el Gobierno no cierra los clubes».

Tras doce años de investigación, Lozano recalca que lo que hace falta en España es legislación, educación y recursos: «La trata se contempla dentro de los recursos dedicados a la extranjería. Es decir, que cuando una mujer denuncia, va a un juzgado experto en migraciones que puede estar muy bien documentado sobre la trata o no tener ni idea. Eso también supone que las víctimas de trata españolas –que las hay, y cada vez más– ni siquiera se tengan en cuenta».

A la propuesta de algún partido político de legalizar la prostitución primero y acabar con la trata después, la cineasta responde enérgica: «No es la solución, al revés, es lo que han querido siempre los proxenetas –de hecho, el Músico sostiene que alguno de los suyos aconsejó a aquel político–, porque eso les da patente de corso para seguir explotando a mujeres, como en Alemania, que ha supuesto una involución de derechos. La prostitución se nutre de la trata».

Miguel cometió un gran error en todo este engranaje perfecto. Se enamoró de Michel, una víctima. «A partir del momento en que comencé a ver a aquellas mujeres como personas mi despedida no tuvo marcha atrás», reconoce en su larga confesión. Y deja una recordatorio: «No hay prostitución que se ejerza libremente, eso es radicalmente falso. Tanto la prostitución como la trata se ejercen por diversas circunstancias que vuelven muy vulnerables a las mujeres y que nosotros aprovechamos sin dudar».

Todo esto es lo que se esconde de verdad tras las luces de neón que vemos y normalizamos cuando pasamos por la carretera delante de un puticlub.

 

Los clientes que sostienen el negocio

Si las cuentas salen es porque «los clientes sostienen el negocio», afirma el exproxeneta Miguel, alias el Músico. O es que «¿alguien se cree que el cliente que compra el cuerpo de una mujer por un rato desconoce que ella está en desigualdad de condiciones? Lo que ocurre es que no le importa y que solo piensa que ha pagado por un cuerpo y puede hacer lo que le dé la gana con él».

Tras 20 años en los clubes, Miguel enumera el amplio catálogo de clientes que pasan por sus locales: «Hay grandes empresarios, curritos, delincuentes, policías, hombres ricos, desempleados, viejos, jóvenes, hombres aparentemente normales que van al club de lunes a jueves para el fin de semana estar con sus familias…». Para ellos «las mujeres eran un simple objeto. Si no se avenían a sus deseos, si no se plegaban a sus fantasías sexuales, exigían el cambio de la víctima por otra, de inmediato». Y cada vez demandaban que fueran más jóvenes.

En una «mala noche» pueden entrar «entre 1.000 y 1.500 hombres a los burdeles, una media de 75 por local». La mayoría «se justifica con frases del tipo: “Esto es un trabajo como cualquier otro, y con mi consumo además, contribuyo al bienestar de estas pobres mujeres y sus familias”; “mucho peor están los obreros en las minas”; o “si no existiera esto, habría más violadores”». Miguel recuerda especialmente una conversación con uno de estos depredadores, que le dijo que no veía «nada malo en que una mujer tenga deuda pendiente con vosotros. Incluso diría que os lleváis poco. Al fin y al cabo las estáis ayudando a salir de la pobreza y las tratáis de lujo. Ellas están aquí recogidas, tan contentas… ¡y con trabajo!».

Hace 100 años, trabajadoras sexuales marcharon por sus derechos en San Francisco

Dirigidas por “madames”, más de 200 mujeres entraron en una iglesia de Tenderloin para protestar contra los cierres de burdeles.

Prostitutas descienden a la Iglesia Metodista Central el 25 de enero de 1917 para protestar por la inminente represión contra los burdeles en toda la ciudad.

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En la mañana del 25 de enero de 1917, el reverendo Paul Smith, un cruzado contra el vicio, abrió la puerta de la Iglesia Central Metodista en el Tenderloin, sorprendido de encontrar a 50 prostitutas que llamaban. Y las mujeres seguían viniendo, hasta que llegaron a más de 200. En la fotografía que publicaba el Boletín de esa noche, parecían señoras formales que iban a la iglesia, con sombreros, abrigos largos y tacones bajos. Se trataba de una inusual campaña pública de “mujeres del inframundo” -como decía el titular de la noche en el Boletín- que habían venido a hablar en contra de la represión de los burdeles planeada para el Día de San Valentín. En un discurso dirigido a Smith, una señora llamada Reggie Gamble proclamó: “Casi todas estas mujeres son madres, o tienen a alguien dependiendo de ellas. Son impulsadas a esta vida por las condiciones económicas. . . . No haces nada bueno atacándonos. ¿Por qué no atacas esas condiciones?”

Esta noche, para conmemorar el centenario de la marcha, las trabajadoras del sexo y sus partidarios marcharán desde el Museo de Tenderloin hasta la ubicación de la iglesia, O’Farrell y Leavenworth Streets, que ahora es el sitio de una tienda de licores. Un siglo más tarde, “todavía no existe tal cosa como la aceptación de los derechos de las trabajadoras sexuales”, dice Ivy Anderson, quien es la editora, con Devon Angus, del libro Alice: Memoirs of a Barbary Coast Prostitute. Anderson y Angus darán inicio a la noche en el Museo Tenderloin con una charla sobre la historia del trabajo sexual en San Francisco desde la fiebre del oro hasta 1917. Después, cuando los manifestantes lleguen a la iglesia, la educadora sexual y la defensora de los derechos iguales, Carol Queen, leerá El discurso de Madame Gamble en 1917.

Gamble, por supuesto, no consiguió persuadir al reverendo para que retrocediera. El día de San Valentín, la policía descendió a los burdeles de la ciudad -que estaban concentrados en la costa de Barbary- y los desalojó uno por uno. “Fueron de puerta en puerta a todos los burdeles y simplemente arrastraron fuera a las mujeres, cerraron los edificios y encerraron todas sus pertenencias”, dice Anderson. “El resultado principal no fue que la prostitución desapareció; sólo se trasladó a otra parte, a una clandestinidad más peligrosa “.

Para las prostitutas que habían perdido sus lugares de trabajo, esto era mucho más una batalla laboral que moral. Los salarios para las mujeres solteras en trabajos legítimos -digamos, como doméstica, una lavandera, una secretaria o una estenógrafa- alcanzaban los $ 6 por semana, dice Angus. “En el dinero de hoy, eso equivale a alrededor de $ 2 por hora, por 10 horas al día, seis días a la semana”, dice. La expectativa era que no se suponía que fueras una mujer soltera. Se suponía que su salario se sumaba a los de una familia, no que era el de una familia “.

La marcha fue el primer reflejo de lo que eventualmente se convirtió en el

“200 Mujeres del Inframundo discuten con el Reverendo Smith en la iglesia”, dice el titular del Boletín el día de la marcha

movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales. “A principios de los años 70 se ve la primera forma de organización de derechos de las trabajadoras del sexo, COYOTE, que se llamaba “Call of Your Old Tired Ethics”, dice Anderson. Desde 1917, lo principal que ha cambiado -sin tener derechos reales ganados- es la visibilidad de un movimiento por los derechos de las trabajadoras del sexo. Y COYOTE fue, apropiadamente, una creación de San Francisco. Anderson llama a la marcha de 1917 una “acción exclusivamente de San Francisco”: “Había prostitución en todo el país, sin embargo San Francisco es el lugar donde se ve un grupo organizado de trabajadoras sexuales tratando de organizarse por sus derechos”.