Se equivocan las abolicionistas

 

 

Se equivocan las abolicionistas si creen que van a acabar con la prostitución. Y no porque sea imposible, sino porque no han adoptado la táctica adecuada. Hacer la guerra a la prostitución “manu militari”, como se hace la guerra a las drogas o al terrorismo, solo llevará a un mayor sufrimiento de las mujeres y a un mayor enriquecimiento de las mafias, estatales y no estatales, para mayor gloria del feminismo carcelario.

La forma de acabar con la prostitución es llevar a cabo una guerra comercial que hunda los precios y arruine a la competencia. Esta guerra debería enfocarse en la demanda, por una parte, y en la oferta, por otra.

Acabar con la demanda de sexo pagado es fácil: basta con ofrecer sexo gratis. Y a esto las feministas abolicionistas no deberían objetar nada, ya que defienden el derecho a hacer con el propio cuerpo lo que se quiera y tienen muy claro que la fidelidad conyugal y la castidad virginal son instituciones patriarcales. Ahí están las Femen, usando sus tetas como arma de combate. Ya veo a las cohortes de feministas abolicionistas recorriendo los polígonos y haciendo que pagar por sexo sea lo más estúpido de este mundo.

Y en cuanto a la oferta, terminar con ella no puede ser asimismo más fácil: basta con ofrecer a cada prostituta una renta equivalente a sus ganancias y en las mismas condiciones, es decir, no hacer nada más que acostarse con quien le de la gana y cuando le de la gana.

Si no se pone fin a la prostitución es porque las abolicionistas no quieren.

Ellas sabrán por qué quieren llevar adelante una guerra que solo beneficia a las mafias.

Grupos de trabajadoras sexuales de la India rechazan la conferencia global para la abolición de la prostitución

 

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Grupos de trabajadoras del sexo de la India dicen que no todas las mujeres en el comercio sexual son víctimas de trata o esclavas sexuales
Por Nita Bhalla

 

http://news.trust.org/item/20170131133015-eobhl/?source=hpbreaking

NUEVA DELHI, 31 ene (Thomson Reuters Foundation) – Trabajadoras sexuales de la India han criticado una conferencia mundial sobre la abolición de la prostitución, diciendo que los activistas por el fin del comercio sexual no reconocieron que algunas mujeres eran prostitutas por su elección y no debido a coerción, trata o fuerza.

Los participantes en la conferencia de Delhi —incluyendo ex trabajadoras sexuales de Sudáfrica, Canadá, India y Estados Unidos— han estado compartiendo historias de esclavitud sexual y pidiendo el fin de la prostitución castigando a clientes, proxenetas y tratantes.
Pero los grupos de trabajadoras sexuales de la India dijeron que había una diferencia entre el trabajo sexual voluntario y la explotación sexual, y que no todas las mujeres en el comercio sexual eran víctimas de trata o esclavas sexuales.

“Estamos en contra de cualquier persona que no nos reconozca como seres humanos que puedan tomar sus propias decisiones”, dijo Kiran Deshmukh, trabajadora sexual de Veshya Anyay Mukti Parishad, un colectivo de trabajadoras sexuales del estado de Maharashtra, en la India.

“Hacernos víctimas sin ninguna autonomía es una violación de nuestro derecho humano a trabajar en el trabajo sexual, al ‘abolirnos’ no nos están ayudando: están ignorando nuestra necesidad de trabajar y ganarnos la vida con dignidad”.

El trabajo sexual es ilegal en la mayoría de los países del mundo, pero existe en todas partes. Se calcula que hay 40 millones de profesionales del sexo en todo el mundo, según la fundación francesa Scelles.

Los abolicionistas dicen que la mayoría han sido atraídas, engañadas o forzadas a la esclavitud sexual por los proxenetas y los tratantes, en gran medida debido a la pobreza, a la falta de oportunidades y a tener un estatus tradicionalmente marginado en la sociedad.

Una vez obligadas a trabajar en los burdeles, en las esquinas de las calles, en los salones de masaje, en los clubes de striptease o en las casas privadas, es difícil que las trabajadoras sexuales se vayan, dicen los activistas.

Para muchos es la amenaza de abuso físico de su proxeneta lo que las mantiene en la prostitución, pero algunas se quedan por su propia voluntad, rechazadas por sus familias y sin ningún lugar donde ir.

“NO SOMOS PRODUCTOS BÁSICOS”

Grupos de la Red Nacional de Trabajadoras del Sexo de la India dijeron que los abolicionistas estaban siendo moralistas y críticos. Dijeron que la legalización del comercio regularía la industria y aseguraría que no hubiera explotación de mujeres y niñas.

“La violencia que supone una actitud de enjuiciamiento ha contribuido a la indescriptible miseria de las trabajadores del sexo, alentando a elementos lumpen a justificar la violencia ejercida sobre las trabajadoras sexuales”, dijo una declaración del grupo, firmada por más de 2.000 trabajadoras sexuales, hijos de trabajadoras sexuales y veinte grupos representantes de sus derechos.

 

Sin embargo, varios oradores de la conferencia dijeron que la gran mayoría de las trabajadoras sexuales son explotadas.

“¿Y qué importa si hay mujeres por ahí que están haciendo esto por su propia voluntad?”, dijo Rachel Moran, una sobreviviente irlandesa de la prostitución y fundadora de la ong SPACE International.

“Hay 40 millones de mujeres y niñas en esta tierra que se prostituyen y aunque haya una pequeña minoría de las que dicen que lo han elegido de forma totalmente voluntaria, eso no niega la experiencia de la gran mayoría”.

La actriz de Hollywood Ashley Judd, que asistió a la conferencia como una fuerte defensora de la abolición de la prostitución, dijo que las mujeres y las niñas eran compradas y vendidas como productos básicos y que había que tomar medidas para poner fin al comercio sexual mundial.

“Tenemos que poner la carga y la vergüenza donde corresponde, esto es, en el perpetrador, el agresor y la persona que piensa que los cuerpos de las mujeres y las niñas son comprables”, dijo Judd.

“No somos mercancías, somos seres humanos y tenemos derecho a la integridad corporal, la dignidad sexual y el derecho a estar libres de toda forma de invasión corporal”.

El Congreso Mundial para la Eliminación de la Explotación Sexual de Mujeres y Niñas —que reúne a 250 organizaciones benéficas y activistas, así como académicos, sindicatos y abogados de 30 países durante tres días— termina el martes.

 

 

ABOLICIONISMO vs FEMINISMO

Publicado 10 enero, 2017 | Por PaulaVip

 

http://www.aprosex.org/abolicionismo-vs-feminismo/

 

Ésta es una de esas ocasiones en las que la estupidez supera a la ficción. Sí, ya sabemos que la cita no es así, pero es irrelevante, llegados a este punto.

El feminismo busca la igualdad para todas las personas, independientemente del género binario que le ha correspondido (sí, es aburrido, somos conscientes de ello). Porque, para cuando se establecen las normas básicas del feminismo, en el mundo sólo había mujeres y hombres (sic).

Desde esta base, ahora sabemos que errónea, se ha ido creando en estas últimas décadas, un tipo de activismo perlino, presuntuoso, histriónico, exacerbado, carente de auto crítica, manipulador, resabiado, excluyente, pero sobre todo, rancio. Muy, muy, rancio.

Tanto, que no ha sabido adaptarse a la sociedad actual, tanto que denigra desde un pedestal imaginario a un gran número de mujeres, que lógicamente no cumplen con los requisitos necesarios para que ese feminismo las escuche, las defienda, las tenga en cuenta y les de la voz que tanto necesitan para poder empoderarse y luchar ellas mismas por lo que desean.

Mujeres que buscan tener al resto de mujeres por debajo, para sentir que ellas, siguen estando por encima.

No importa si son activistas de calle o de sofá, no importa si cobran de asociaciones para las que “colaboran” o lo hacen de forma desinteresada. El mecanismo es el mismo, la supremacía del insoportable ser en el que se han convertido.

Han envenenado el feminismo, lo han vendido a sus intereses, lo han tergiversado y lo han llevado a un punto de no retorno.

Y ahí es donde, desgraciadamente, se encuentra ahora. En ese punto en el que se lamen las heridas aparentes, las unas a las otras, mientras reniegan de las pobres “víctimas que no se dejan salvar”.

Porque tergiversar el discurso pro derechos, en defensa de las mujeres que ejercen prostitución de forma libre y voluntaria, intentándolo equiparar a las mujeres que están en situación de trata y explotación laboral siendo forzadas a tener relaciones sexuales, es abominable, despreciable y execrable.

Intentar escalar puestos en el “feminismo” a costa de la desgracia de millones de mujeres en todo el mundo ha sido siempre una práctica patriarcal de las más lastimosas y repugnantes. Pero parece que al adoptarla el “feminismo” institucional ya se haya blanqueado, como el dinero que se percibe por ello. Que no hay que olvidar que es público.

Es decir, las mujeres oprimidas, aquellas que no forman parte de la élite que se reúnen en grandes espacios burgueses, -construcciones emblemáticas mantenidas a nivel local o autonómico- por ejemplo, que han hecho suyos aún siendo mantenidos por todas y todos-, no son dignas de ser representadas por estas mujeres que han hecho de un movimiento de reclamo de derechos para las mujeres, su oficio y beneficio, público, que no se nos olvide, porque es relevante.

Este movimiento empozoñado, lleno de odio y enrabietado cuando no se sale con la suya, que no es la de todas, reniega de las mujeres trans (porque tienen polla). A ellas tampoco se las considera mujeres y como consecuencia, han tenido que crear sus propios espacios, ya que han sido vetados por el “feminismo” institucional. Ellas se defienden solas, como las putas.

Tampoco se han identificado con la lucha de las mujeres musulmanas o de las gitanas, porque así, en general, son pobres y tal…y puede que hasta huelan mal. Ellas se defienden solas, como las putas.

Con las mujeres limpiadoras ha pasado exactamente lo mismo, no nos engañemos que está muy bien que vengan a limpiar mi inodoro, pero de ahí a que me preocupe por sus derechos va un mundo. Y ellas se defienden solas, como las putas.

Tampoco las veganas tienen cabida en este mundo esterilizado de las abolicionistas. Que sufren TCA, que en el fondo están locas, que se representen solas. Y así lo han hecho, han emprendido su lucha solas, como las putas.

Y ahora, nos gustaría saber qué y a quién incluye, este “feminismo”. Porque tras ver las exclusiones, se nos ocurre que sólo se representan a sí mismas.

Cuando los derechos de las mujeres en minoría, no se luchan desde el centro que mueve los organismos, es que no existe más lucha, que la de los derechos adquiridos en beneficio propio.

Entendemos que haya mujeres que crean que el trabajo sexual no debiera existir, no lo compartimos, pero lo comprendemos.

Pero la putofobia, la mentira deliberada sobre mezclar el ejercicio libre de un trabajo con la trata de personas, la negación de los derechos laborales para otras, -Porque YO ya disfruto de ellos”-, es lo que nos parece que las aparta definitivamente del FEMINISMO.

Mientras tanto, la tercera ola avanza tanto que prevemos una cuarta en poco tiempo y las arrastra hacia el ostracismo y el declive que ellas mismas han andado.

Abolicionistas, vosotras no unís, no cuidáis, no atendéis y no escucháis a las compañeras de lucha que se encuentran en escalas sociales distintas a las vuestras, si no es para “ayudarlas” como vosotras queréis. Pero el hecho de ayudar, consiste en ofrecer la ayuda que cada una necesita, y ésa que vosotras vendéis, agria y enlatada, no nos sirve.

Vuestro feminismo, que lo hubo, estamos seguras de ello, murió cuando decidisteis poneros en contra de otras mujeres. Abolicionismo no es feminismo, sed conscientes de ello de una vez.

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Georgina Orellano, prostituta y feminista argentina: “El feminismo prohibicionista nos victimiza y criminaliza”

 

Daniel Hopenhayn 03 Enero, 2017

http://www.theclinic.cl/2017/01/03/georgina-orellano-prostituta-y-feminista-argentina-el-feminismo-prohibicionista-nos-victimiza-y-criminaliza/

 

Se define como “puta, feminista, peronista y anticapitalista”. Hace once años ejerce el trabajo sexual en Buenos Aires y desde 2014 lidera AMMAR, Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, que cuenta con 6500 afiliadas y una creciente visibilidad en su país. Reclaman al Estado que reconozca lo suyo como un trabajo para poder salir de la clandestinidad, evitar los abusos policiales, acceder a derechos laborales y enfrentar el estigma cultural. Y aunque enmarcan su discurso en un feminismo militante, el enemigo que les ha salido al paso no usa sotana ni corbata. Se trata del “feminismo abolicionista”, con el cual sostienen una lucha de poder de alto voltaje que a diario saca chispas en seminarios de género, redes sociales y hasta en el Congreso. Georgina (30) y sus compañeras las acusan de patriarcales y moralistas, de querer pensar por ellas y “salvarlas” mientras impulsan leyes que las reprimen y cosifican. Aquí desmenuza las contradicciones de esas “feministas de escritorio” a las que esperan arrebatar el dominio de las políticas públicas que incumben a su sector.

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AMMAR ha acuñado el eslogan “Puta y Feminista”. ¿Cómo se llevan hoy la prostitución y el feminismo?
–Mirá, hubo todo un proceso por el cual las trabajadoras sexuales hemos pasado a ver con buenos ojos el feminismo. Al principio, cuando comenzamos a pedir la palabra en espacios donde está muy tensa la discusión sobre prostitución, nosotras contábamos los problemas que nos genera trabajar en la clandestinidad y presentábamos nuestra reivindicación principal: que el Estado reconozca el trabajo sexual y nos dé un marco legal, con acceso a derechos laborales básicos. Pero al plantear esto nos veíamos enfrentadas al feminismo abolicionista, que hoy ocupa muchísimos lugares de poder en las instituciones del Estado que ven políticas de género. Ese abolicionismo ya tiene poder en la toma de decisiones, incluida la decisión de que la prostitución no pueda ser considerada un trabajo, y de arrojarnos encima el derecho penal, apelando al sistema punitivista para combatir la trata de personas sin importar que esa política nos termine criminalizando a nosotras. Entonces, cuando veíamos ese feminismo, la verdad es que sentíamos que eran nuestras enemigas. Esa fue la primera impresión que tuvimos, decíamos “si eso es el feminismo, nosotras no somos feministas”. Porque además, en las discusiones usaban argumentos súper violentos.

¿Por qué violentos?
–Porque no sólo traían el discurso teórico abolicionista, sino que descreían de nuestros testimonios. Cuando contábamos por qué habíamos elegido el trabajo sexual frente a otros trabajos por los cuales hemos pasado, se producía una fuerte discusión en la que nuestros testimonios todo el tiempo eran deslegitimados. Eso nos llevaba a comparar a ese feminismo con el aparato represivo de las fuerzas de seguridad, que también deslegitiman nuestros testimonios y así nos cobran una coima para dejarnos trabajar. Ellas hacían un poco eso: querer “policiar” el cuerpo de las demás y decirnos qué deberíamos hacer o no hacer. Y todo el tiempo hablándonos de un mundo ideal, nunca hablaban de la realidad. Yo comparto que una tiene que luchar por esa utopía de vivir en una sociedad justa, libre e igualitaria, pero creo que esa transformación pasa por darle derechos a las minorías para que no sean aplastadas por las mayorías dominantes. Y no veíamos que esa fuera la propuesta de ese feminismo.

Es que el sentido común de cierto feminismo ve en la prostitución la esencia misma del patriarcado y de la explotación de la mujer. ¿Qué respondes tú a eso?
–Yo creo que el propio feminismo abolicionista es un poco patriarcal, aunque con cara de mujer. Porque todo el tiempo nos quiere aleccionar desde un lugar superior, cómodo y muchas veces privilegiado. Sin siquiera antes sentarse a escuchar lo que la otra compañera tiene para decir, o lo que el otro sujeto político que está organizado tiene para contar de su propia experiencia. En el país hay un montón de mercados laborales en los que se explota, cosifica y mercantiliza a la mujer –también al hombre–, y muchos no eligieron libremente esos trabajos, sino coaccionados por la necesidad económica. Entonces, ¿por qué poner el foco en abolir la prostitución? En una sociedad donde las mujeres ganamos menos que los hombres, accedemos menos a lugares de poder y las de sectores populares sólo podemos realizar trabajos domésticos o manuales mal pagados, el trabajo sexual a nosotras nos remunera más y es más liberador, porque trabajamos menos horas y con mucha más autonomía. Por eso lo elegimos. Pero el feminismo abolicionista todo el tiempo está pensando por nosotras, con argumentos hasta un poco morales.

¿Crees que se enfocan en la prostitución por moralismo?
–Sí, es una cuestión moral. El empleo doméstico, por ejemplo, también es ejercido por mujeres que vienen de los sectores populares. Sin embargo, la política del Estado argentino no fue abolir ese trabajo, sino reglamentarlo y mejorar sus condiciones, reconocer derechos como las vacaciones, los días por enfermedad, la jubilación. Ahí las abolicionistas no pusieron ningún tipo de objeción, todas estuvieron a favor. Pero esas mujeres, que también están a favor de despenalizar el aborto porque cada mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, son las mismas que se oponen rotundamente a que las trabajadoras sexuales tengamos acceso a derechos.

Quieres decir que, para ellas, todas las mujeres son dueñas de su cuerpo mientras no sean putas.
–Exactamente, sí, mientras no cobren por sexo. Y creo que ese quiebre en su discurso se explica por cuestiones morales, por tabúes socioculturales todavía muy arraigados respecto del rol de la mujer en la sexualidad.

¿Cómo así?
–Históricamente la sexualidad fue un campo de batalla donde la mujer tenía que ceder. El que podía disfrutar y desear era el hombre. Y que algunas mujeres decidan ofrecer servicio sexual a cambio de una remuneración económica, desafía esos patrones al proponer que cada mujer decide qué hace con su sexualidad y qué provecho le saca. En cambio, pretender que haya una única sexualidad femenina, pura y legítima, me parece es partir de un discurso moralista que hace una división entre las mujeres buenas y las malas, entre un sexo puro y un sexo indigno.

Tienes una frase muy citada: “Mientras creamos que la concha es sagrada difícilmente combatiremos al patriarcado”.
–Sí. Lo que sostengo es que la fuerte oposición a que seamos reconocidas como trabajadoras proviene de la parte del cuerpo con la cual trabajamos. Nadie está cuestionando por qué un albañil decide poner en riesgo su integridad física y su salud, ni que el sistema capitalista se quede con la ganancia que su fuerza de trabajo produce. No hay tensión ahí. Toda la tensión aparece cuando nosotras decimos que ponerle un precio a tu sexualidad puede ser una salida laboral que te genere muchísima más independencia que otros trabajos destinados a la mujer. Ahí nos dicen “no, no se puede comercializar el sexo”. ¿Y por qué sí las manos, las piernas, la espalda? Porque se piensa que esa parte del cuerpo de la mujer es sagrada. Por eso no se le puede poner un precio. Y creo que pensar que la sacralidad de la mujer y su dignidad solamente están en su sexualidad, es seguir obedeciendo un poco al patriarcado.

Quizás ellas te contestarían que es al revés: si bien otros empleos también explotan el cuerpo, la cosificación sexual de la mujer es, en la guerra contra el patriarcado, la madre de las batallas.
–Pero hay un montón de otros trabajos en los cuales la mujer termina explotando su capital erótico. Acá en Argentina, la mayoría de los puestos laborales que una puede agarrar en los avisos clasificados te piden buena presencia y no pasar de los 35 años. La moza explota su capital erótico, las promotoras, las secretarias, las modelos, las vedettes… Y si ellas deciden hacer eso conscientemente, porque saben que así pueden ganar muchísimo más, hay que respetar la decisión de esa mujer. Cuando nosotras empezamos a formarnos un poco más en el feminismo, vimos que el abolicionismo teórico te dice que la prostitución es producto de la desigualdad de género. Pero las políticas que ellas impulsan no parten de romper con esa brecha. Acá en nuestro país se pensaron trabajos para sacarnos de la prostitución, pero eran talleres para ser peluqueras, para que hagamos carteras, toallones, bisutería… ¿Esos son los trabajos que tenemos que hacer para dejar de ser funcionales al patriarcado?

Lo que objetan algunas teóricas del feminismo es que la mujer que explota sus atributos físicos perjudica a todas las que no los tienen, porque perpetúa la figura de la mujer objeto que vale por eso.
–Sí, pero yo creo que la mujer tiene que valer por el valor que ella se pone. Algunas explotan su valor erótico, otras su valor intelectual, y lo que eso viene a reflejar es que todas somos diferentes. Si pretendemos un mundo con un solo tipo de mujer socialmente aceptado, vamos por un camino claramente incorrecto. Hay un montón de mujeres y cada una potencia su cuerpo y su placer a su manera, vende su capital erótico y sus otras capacidades a su manera. Creo que todas tienen que ser respetadas y legitimadas.

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Entre feministas jóvenes, un tema de mucho debate ha sido el reggaetón. Unas acusan a otras de obedecer al deseo masculino que las denigra o las reduce.
–Mirá, la mujer sigue obedeciendo a un montón de presiones socioculturales: mantenerse joven, ser madre, asumir ella la educación y la crianza de sus hijos, mantener todo el sistema de la limpieza y la responsabilidad de la casa. Esos puntos habría que tratar, antes que caerles a las mujeres que bailan reggaetón o les gusta perrear. Me parece que a veces el movimiento feminista se desvía en querer castigar a otras mujeres, haciendo esta división entre las buenas y las malas que recae sobre nosotras porque, supuestamente, cobramos por algo que no tiene precio. En cambio, nosotras decimos que hay un montón de situaciones en que la mujer le pone un precio a sus relaciones. El matrimonio es una de ellas, y no vemos que estén pidiendo abolir la institución matrimonial, dentro de la cual son violentadas y abusadas muchísimas más mujeres que en el trabajo sexual. En Argentina cada 36 horas muere una mujer asesinada dentro de sus entornos familiares. Y sin embargo la política de ellas no es abolir la institución matrimonial.

A propósito de eso, leí que tú antes les cobrabas más a las mujeres, por ser un servicio menos habitual, pero después decidiste hacer lo contrario.
–Sí, porque entendí que al cobrar más a las mujeres seguía fomentando esa desigualdad: que a la mujer siempre le va a costar más disfrutar su sexualidad. Y eso fue darme cuenta de un montón de cosas. Por ejemplo, de por qué la mayoría de clientes que tenemos son varones. No es porque nosotras estemos haciendo funcionar el patriarcado, sino porque el varón está mucho más legitimado para disfrutar su sexualidad. Muchas mujeres me dicen, o me escriben, que a ellas les encantaría pagar un servicio sexual, pero la culpa se los impide, se sienten haciendo algo malo al pensar sólo en su propio disfrute. Y hay más clientes varones por otra razón: en muchas familias, la mujer no gana su propio dinero. En los últimos años comenzó toda una avanzada para que la mujer salga de la casa y se inserte en el trabajo, pero va a llevar un tiempo bastante largo invertir esa cuestión y que las mujeres también se animen a pagar.

POLICÍAS Y PSICÓLOGAS

Para buena parte de la sociedad, ayudar a las prostitutas significa ofrecerles “un trabajo digno”. ¿Qué tan difícil ha sido instalar una voz que dice “nosotras queremos hacer esto”?
–Muy difícil, sobre todo por una razón: durante siglos se ha hablado y se ha escrito sobre la prostitución, pero las que tomaron la voz nunca fueron las prostitutas. Nosotras estamos organizadas hace 21 años y fue toda una lucha no sólo ser reconocidas como un sujeto político válido, sino ser escuchadas en las mismas mesas donde se discutían políticas públicas para nuestro sector. Se habían sentado ONGs, movimientos de mujeres, gente de la academia, pero a nosotras nunca nos convocaron. Tuvimos que partir por algo tan básico como conquistar una voz en nuestros espacios. Cuando los docentes o los metalúrgicos piden mejorar sus condiciones, el Estado se sienta a negociar con ellos, no con otra gente que viene a pensar por ellos. Y eso refleja lo que venimos hablando: esa actitud maternalista por parte de algunas, cercana al patriarcado, de decidir por nosotras como una especie de salvadoras, creyendo que somos mujeres no pensantes…

Sino explotadas…
–Claro, tomarnos por víctimas: lo que decimos no es legítimo porque no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Es súper violento tener que escuchar esos argumentos. Es tratarnos como mujeres incapaces, infantilizar nuestras voces. Y me parece que eso, aunque provenga de un sector que se reconoce como feminista, es una actitud claramente machista.

Y que, según reclaman ustedes, favorece al principal enemigo que tienen, la policía.
–Sí. Porque el abolicionismo te dice “no perseguimos a las mujeres”, pero una vez que institucionalizan sus posiciones, despliegan un montón de legislaciones que les entregan muchísimo más poder a las fuerzas policiales para que hostiguen a nuestras compañeras, las coimeen, las violenten, realicen detenciones arbitrarias, les allanen los departamentos, les roben el dinero y sus pertenencias, en fin.

En 2012 se modificó en Argentina la ley que penaliza la trata de personas, y ahora ustedes no pueden decir que sus servicios sexuales son consentidos. Lo que digan al respecto vale cero, ¿no?
–Exactamente. La ley anterior, del año 2008, diferenciaba trata de personas de explotación laboral y de trabajo sexual autónomo. Y la modificación que sufrimos en 2012 fue producto de un juicio muy emblemático que hubo en el país, por el caso de Marita Verón, una joven tucumana que todavía no ha sido encontrada. Los tres imputados quedaron sobreseídos y eso generó un clamor social que se tomó las calles. Entonces, un poco para apaciguar ese reclamo, un 18 de diciembre la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner llamó a sesiones extraordinarias para modificar la ley sobre trata de personas. Esa ley ya se venía trabajando en el Congreso, donde nosotras ya habíamos planteado que eliminar el consentimiento de la mujer nos sería muy perjudicial. Y como no había acuerdo sobre ese punto, siempre quedaba encajonado. Pero bueno, ahí en sesiones extraordinarias se aprobó. Y la consecuencia es que hoy, para el Estado, todo es trata de personas. Muchos diputados y diputadas, a los cuales les hicimos ver que se estaba legislando sin la maduración en el debate político que merecía ese proyecto, hoy reconocen que no sabían las consecuencias de lo que estaban votando.

¿Cuáles han sido esas consecuencias?
–Bueno, a partir de esa ley se cerraron la mayoría de los lugares donde nuestras compañeras ejercían el trabajo puertas adentro, en sus domicilios particulares o en departamentos que compartían con otras compañeras.

¿Por qué?
–Porque muchos fueron allanados sin orden judicial, que es otro de los poderes que se otorgó a la policía. Y nadie es veedor de lo que la policía hace. Allanan sin orden judicial, les roban a nuestras compañeras el dinero recaudado y sus objetos de valor. Y en muchos casos, no sólo se clausuró el lugar y ellas quedaron en la calle, sino que también alguna quedó procesada como la supuesta regentora del lugar, la que explotaba a las otras.

¿Con qué pruebas?
–Simplemente por haber sido la que abrió la puerta en el allanamiento, la consideraban dueña del lugar. O en otros casos, por ser la más veterana, la justicia entendía “bueno, vos sos la mayor, vos explotás a las otras”. Nos encontramos con situaciones de muchísimo abuso y muchísima arbitrariedad. En la mayoría de los casos fuimos litigando, aunque muchas compañeras desistían de seguir con el proceso judicial, que acá es muy largo. Pero bueno, una de ellas llegó hasta el final y marcó el precedente de demostrar a la justicia que ella era trabajadora sexual autónoma y que era perseguida por los agentes del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los operadores judiciales. Y una jueza obligó al gobierno de la Ciudad a que deje de perseguirla, que deje de allanarle su vivienda que es también su lugar de trabajo. Y que si el gobierno quiere ser el ente regulador de la prostitución, debe primero regularla como lo que es. Ese primer fallo demostró, justamente, que las políticas antitrata no diferenciaban entre trata y trabajo sexual, que se llevaban puesto todo. Criminalizaron el trabajo sexual y empujaron a una cantidad de compañeras a terminar trabajando en la clandestinidad.

Las precarizaron al máximo.
–Así es. La que antes tenía un departamentito y lo compartía con una compañera, ahora se quedó en la calle y tiene un perfil de Facebook. Ahí se contacta con los clientes y directamente pasa al encuentro en la casa del cliente o en un hotel, pero no tiene un lugar físico. Y eso también dificultó a la organización con el alcance hacia nuestras compañeras. Antes podíamos visitarlas en el departamento, hablar con ellas, ver cómo ejercían su trabajo. Hoy por hoy, muchas de ellas no sabemos dónde están.

Aparte de estas prerrogativas que tiene ahora la policía, entiendo que la ley también creó unas brigadas de psicólogas que se llaman “rescatistas”.
–Sí, la Oficina Nacional de Víctimas de Trata. Son un grupo de psicólogas y trabajadoras sociales que ingresan en el allanamiento para, en teoría, asistir a las víctimas. Por lo que nos han contado la mayoría de nuestras compañeras que pasaron por la entrevista con la psicóloga, son preguntas inquisidoras todo el tiempo. Y son ellas las que elaboran el informe que llega al juez o al fiscal, y ese informe desestima totalmente que la decisión de las mujeres de ejercer la prostitución sea voluntaria. Siempre ven que está coaccionada, que no elige por sí misma sino víctima de una situación de vulnerabilidad. Y mientras la psicóloga las entrevista, ellas ven cómo los policías y los operadores judiciales se están llevando su dinero, sus celulares, y nadie les responde. Y también, muchas veces, cuando su lugar quedó clausurado, ellas le decían a la psicóloga que no tenían dónde más ir, que por favor las dejaran quedarse ahí, y ellas les dijeron “no, te venís conmigo al refugio o te quedás en la calle”. Nosotras decimos que ellas son las policías de la moral. Las compañeras pueden negarse a hacer la entrevista, pero ellas nunca les dicen que existe esa posibilidad, directamente las sientan y les comienzan a hacer esas preguntas que les imponen la figura de la víctima. Y después hablamos de cosificación, ¿no?

Algunos pensarán, cuando lean esta entrevista, que al negar la condición de víctima generalizas una situación tuya que para otras sí puede ser más dramática. ¿Qué les contestarías?
–Primero, que si ha habido un “discurso único” alrededor de las trabajadoras sexuales, ha sido el discurso victimizante que reduce nuestra capacidad de decisión. Y si decidimos salir a hablar es, en parte, justamente para mostrar que no todo en el mercado sexual es igual, que hay otras historias posibles, de mujeres que decidimos hacer trabajo sexual como un proyecto laboral emancipatorio. Todas las voces deben escucharse, pero hasta acá, las voces desacreditadas han sido las nuestras. Y siempre remarco que nunca presentaría mi historia como representativa de todo un colectivo. Cada una tiene su historia, su recorrido. Lo que nos une a todas son las consecuencias de trabajar en la clandestinidad y la lucha por mejorar nuestras condiciones laborales y acceder a derechos.

LA BATALLA CULTURAL

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En algún discurso decías que la gran batalla cultural, para ustedes, es ser aceptadas por sus propias familias. Y que algunas le tienen más miedo a que sus familias sepan en qué trabajan que a irse presas.
–Sí. El principal problema nuestro no es lo que la gente piensa: la violencia de nuestros clientes, o haber tenido que hacer esto como la única opción y vivirlo con mucho drama. Nosotras decimos “no, mirá, yo no tengo problemas con mis clientes ni me siento víctima por hacer esto”. El gran problema nuestro es el estigma. Todos esos prejuicios de personas que juzgan, que señalan, que discriminan, se convierten en el estigma de ser puta, de hacer un trabajo que unos denigran y otros victimizan. Se convierten en vivir muchos años de manera clandestina, mintiéndoles a las propias familias, creando un montón de barreras de ocultamiento: tener dos teléfonos, salir vestida de tu casa con una ropa y después ponerte una minifalda o un pantalón ajustado y unos zapatos en la casa de alguna amiga para poder pararte en la esquina, esconder el dinero, vivir con el temor de que algún conocido te vea en la calle y le vaya a contar a tu familia. Y el miedo a que tu propia familia, tu propio entorno te excluya, no te acepte. Porque nuestra familia también es parte de esa sociedad, ¿no?

¿Y han logrado torcerle la mano a eso, abrir el tema y que la familia apoye?
–Mirá, en el último tiempo sí. También eso se debe a que hubo muchas compañeras que hicieron camino al andar, y nos demostraron que no hay nada más liberador que poder contarle a tu alrededor verdaderamente quién sos, a qué te dedicás, y dejar de vivir todo eso con la culpa. Sacarte esa mochila súper pesada que llevás sobre la espalda porque te creés lo que la sociedad deposita sobre nosotras. Contar tu historia y que tu familia, tus hijos, tus amigos, te acepten… eso no se compara con nada. Yo lo viví en carne propia. Y también lo veo cuando mis compañeras vienen y me cuentan que se lo contaron a su novio, a sus amigas, que se lo pudieron contar a su madre, a sus hijos, y lo cuentan tan emocionadas… Porque es eso, ¿no? Es sacarnos lo que durante mucho tiempo llevábamos a escondidas, como salir del clóset.

Además, me imagino que el comentario “qué va a pensar tu hijo cuando sepa” debe ser la zona más sensible de ese estigma.
–Bueno, y si hay un actor que trabaja arduamente para potenciar ese estigma, es el abolicionismo. Porque justamente su argumento es: “si tanto defendés el trabajo sexual, ¿se lo recomendarías a tu hijo?”. Como diciéndome que si yo soy puta, quiero que mi hija sea puta, y después vengo por las sobrinas y las nietas. O decir sobre nosotras “son sólo diez, y además andan con caretas”. Y no entendés que esa mujer tiene que usar una careta porque hay discursos como el tuyo que predominan en un montón de espacios, y que recaen de tal manera sobre la vida de esa mujer que, en vez de poder contar quién es y mostrar la cara, tiene que taparse. Porque ahí está el abolicionismo diciendo todo el tiempo que nosotras no elegimos esto, que estamos mintiendo… Y ya eso de meter a nuestros hijos en el medio de un debate demuestra una actitud muy controladora, ¿no? Se supone que si vos sos feminista y querés destruir el patriarcado, no vas a defender la carga moral que se le puso durante siglos a la maternidad. Pero nos dicen “ustedes son madres que no piensan en sus hijos”.

Para sus hijos, al mismo tiempo, también debe ser todo un tema cargar con ese discurso social: “tu mamá es tal cosa”.
–Claro, ese es uno de los temores que tenemos, por lo menos las que somos mamás y jefas de hogar. Una cosa es que tus hijos sepan que sos trabajadora sexual y te acepten, y otra cosa es cómo nuestros hijos van a poder defenderse en sus ámbitos –la escuela, el club de amigos– y generar herramientas para deconstruir prejuicios. Para mí, la raíz de todo lo que recae sobre la trabajadora sexual tiene que ver con lo moral, con los prejuicios sexuales y también sociales que hay. Y después, con el enorme desconocimiento de personas que dan cosas por hecho sin siquiera ponerse a pensar.

Tu movimiento ha tenido llegada en algunos sectores del feminismo, pero la pelea con las abolicionistas ha subido mucho de tono. Ustedes denuncian que ellas les boicotean las cuentas de Facebook, convocan a quemar sus volantes publicitarios y cosas por el estilo. ¿Qué explica tanta tensión?
–El problema del sector abolicionista es que ha conquistado un montón de políticas públicas –no sólo la ley nacional sino muchas ordenanzas municipales y decretos presidenciales, como la prohibición de los avisos clasificados en los diarios– pero ya no sabe cómo mantener lo conquistado. Porque desde el otro lado se alzan cada vez más voces de mujeres que, además de reconocerse como trabajadoras sexuales, cuentan las consecuencias de las políticas que ellas han impulsado desde un feminismo de línea prohibicionista que nos victimiza y criminaliza. Y creo que al no saber cómo enfrentar la avanzada de las trabajadoras, apelan, desde la bronca, desde la impotencia, a esas acciones, como denunciar las cuentas de Facebook para que no podamos visibilizar más lo que venimos haciendo. O decir que las dirigentes de la organización no somos trabajadoras sexuales, sino que tenemos todo un discurso armado que está financiado por el proxenetismo internacional…

¿Les dicen eso?
–Nos dicen eso. A mí me dicen que no soy trabajadora sexual y que fui formada por el proxenetismo internacional. Pero todos esos argumentos reflejan, justamente, la situación incómoda en que están ellas con su discurso de la mujer víctima que no eligió y que ellas están salvando. Ahora esas mujeres están diciendo “yo no soy víctima y no quiero que nadie me salve, sino que el Estado me reconozca mi trabajo y mis derechos”. Entonces hay, por un lado, trabajadoras hablando en primera persona, y por el otro, algunas feministas institucionalizadas hablando detrás del escritorio, donde no hay nadie que pueda respaldar ese discurso.

Tú dices que están más preocupadas de construirse a sí mismas como activistas.
–Sí, y por eso están siempre preocupadas de lo que genera la organización. Porque en todos los espacios donde ellas van a hablar, hablan de nosotras. Hablan de nuestras actividades, hablan del “Puta y Feminista”, que según ellas es una movida que generamos para atraer a chicas desde una mirada más cool. Muchas veces vienen periodistas y nos preguntan “mirá, fui a una charla y dijeron que ustedes eran proxenetas, que son un invento…”. Ante su situación incómoda, lo único que surge es desacreditar a una organización social que, como todas, pasa por procesos de maduración, de debates internos, de pensar estrategias para incidir políticamente y comunicacionalmente… Y ahora que, para peor, tenemos un gobierno de derecha, ha quedado a la vista que ellas dejaron ahí un montón de dispositivos judiciales para quienes quieran perseguir a la mujer que ejerce el trabajo sexual.

Vi un cartel que decía “Te lo decimos las putas: Macri no es hijo nuestro”.
–Sí, Macri y tantos otros.

Un doble reclamo: no le digan “hijo de puta” que nos ofende.
–Claro. Durante mucho tiempo nosotras nos corríamos de la palabra puta. No queríamos ni que nos fuera mencionada. Decíamos “no, nosotras somos trabajadoras y queremos que la sociedad nos comience a respetar como clase obrera”. Pero también vimos que al dejar que la palabra puta se siga usando para estigmatizar a las mujeres y sus cuerpos, le regalamos cosas al patriarcado. Esta fue toda una discusión interna que tuvimos. Y decidimos que no queremos regalar más nada, que durante muchos años le habíamos regalado casi todo a muchísima gente que se ha aprovechado del estigma nuestro, y de nuestra clandestinidad, para hablar por nosotras, para escribir libros por nosotras y hablar desde la academia por nosotras. Y que la puja de la organización sindical también recuperar esos espacios que ganó la mirada prohibicionista. Así que resolvimos reapropiarnos colectivamente de la palabra puta para quitarle el estigma y que algún día deje de ser un insulto a la mujer. Porque incluso para insultar al hombre se sigue insultando a la mujer que hay detrás del hombre. Y la raíz de eso es que hay un colectivo de trabajadoras sexuales, de putas, que está estigmatizado. Entonces, el día que nos reconozcan como trabajadoras, y el día en que demos entre todos y todas una gran batalla cultural, seguramente la palabra puta no tendrá el tinte peyorativo y discriminatorio que hoy tiene.

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Para las putas, la violencia tiene nombre… “abolicionismo”

 

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Cuando escuchás hablar a las “abolicionistas” te sorprende su violencia y el odio que muchas sienten por los hombres. Tienden a confundir “Patriarcado” (esa súper-estructura que condiciona a todes), con el colectivo de los “varones”, esos seres “deleznables y aprovechadores que abusan de las pobrecitas mujeres”… Pero no se refieren a los “machos violentos” que todas combatimos y repudiamos, no, no se refieren sólo a ellos, se refieren a todos los varones, esos “perversos seres” que desean tener sexo (mayoritariamente) con las mujeres… Y cómo las Putas estamos disponibles y a su alcance, nos convertimos en las pobres “víctimas” que debemos ser “rescatadas” por las “heroicas abolicionistas”, porque no nos damos cuenta de lo que estamos haciendo, ni de los riesgos que corremos al ponernos a “disposición” de semejantes “monstruos” (léase tu abuelo, tu padre, tu hermano, tu tío, tu sobrino, tu amigo, tu novio, tu amante, tu marido… o sea, de casi media humanidad).

Ya no se conforman con facilitar (con sus discursos y acciones) el accionar represivo de las fuerzas del “orden moral”, ahora ellas encarnan la “buena conciencia”, y el “único feminismo válido”, y buscan profundizar su lucha contra nosotras, las Putas, esas “malas mujeres” (y “malas feministas”), que se niegan a dejar la prostitución para ganarse la vida de maneras “más dignas”.

Siempre utilizaron la culpa y el estigma para manipularnos, pero eso se está acabando. Acostumbradas a luchar contra los prejuicios y la violencia (de todo tipo), las Putas les decimos, “Basta”, a estas nuevas evangelizadoras de lo “correcto”, a esas nuevas religiosas del “feminismo más puro”, a esas violentas que disfrazadas de blancas palomitas, nos llevan hacia un Estado cada vez más totalitario y represivo.

No existe Feminismo sin las Putas. No existe Feminismo si unas mujeres deciden que tu cuerpo ya no te pertenece, porque les pertenece a ellas, a las guardianas de la “nueva moral”.
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Stella Beatriz de Vita
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Buenos Aires, 15 de diciembre de 2016.-

 

Carta de una Puta a las abolicionistas

 

Por Linda Porn

 

Publicado 13 diciembre, 2016

 

http://www.aprosex.org/carta-de-una-puta-a-las-abolicionistas/

 

Señoras y señoritas, porque comprendo todas sois unas señoritas y señoras de bien, que cumplen perfectamente con el binomio patriarcal de la buena y la mala mujer, quizá muchas de vosotras, tenéis trabajos fijos, o no, quizá, algunas de vosotras seáis precarias (lo cual me sorprende que teniendo una formación marxista todavía no comprendáis nuestra condición de trabajadoras y estéis en nuestra contra) quizá casi la mayoría de vuestra plataforma seáis la mayoría buenas chicas blancas europeas, que a pesar de la precariedad en la que podáis vivir, tenéis el apoyo de mami o papi, que algo os da de ayuda a fin de mes, o una vivienda donde acceder cuando os quedáis en el paro.

Quizá muchas de vosotras os sintáis traicionadas, por haber invertido muchos miles en vuestra formación, para que una chica como yo, con un anuncio en internet y por quitarme la ropa, el dinero se desvele, con formación o no, muchas de nosotras gracias a este trabajo hemos podido formarnos y no, no quisimos coger trabajos precarios, porque tuvimos esa elección.

Puedo ver que no queréis comprender ni escuchar a nosotras, las Putas empoderadas, porque vuestro discurso se cae frase por frase, puedo ver que no tenéis estadísticas comprobables y escribís desde la víscera y no desde la lógica, algo que nosotras intentamos hacer.

Os veo haciendo el trabajo sucio del patriarcado, asignado a las mujeres como la policía moral de lo femenino (Foucault), diciendo que prácticas sexuales son legales y cuáles no, satanizando prácticas como el sadomasoquismo, o gang’s bang’s, diciendo nos denigra, aunque nosotras hayamos afirmado esas prácticas son de nuestro agrado, con las cuales comercializamos (como la pornografía) e insistís que lo hacemos porque estamos alienadas, lo cual me lleva a resumir, en vuestra limitada visión de la sexualidad, y sólo querer vosotras la exclusiva de una sexualidad de acuerdo a sus (pobres) experiencias sexuales.

También observo un fuerte ejercicio colonizador, que está claro no sois conscientes de ello, ya que no habéis tenido la experiencia, de ser empujada a migrar porque vivís en una sociedad del bienestar en la que ingenuamente creéis que la mayoría del planeta compartimos. No os habéis dado cuenta que el imperio Europa tiene cerradas sus fronteras (Ley de Extranjería) para sujetas como yo y hemos de apañarnos como sea, lo que da lugar a las mafias y debido a esa vulnerabilidad legal, hemos de aceptar lo que se nos ofrezca (no contratos, por ende cero condiciones laborales) Es decir, las leyes de extranjería son las enemigas, que le dan carta blanca a las mafias, esa es la aliada de la trata, de la explotación.

O quizá tampoco comprendáis, que muchas queremos ampliar horizontes, y dejar la precariedad, en busca de nuevas experiencias y conocimiento y que quizá este trabajo nos lo pueda dar, claro, impensable que una analfabeta sudaka como yo, quiera salir de la naturaleza para formarse y llevar una vida más confortable

En vuestra insistencia de que la prostitución no es trabajo, generáis más y más estigma, esto repercute en la psique de las compañeras y en la sociedad en general, haciendo creer que lo que hacemos es malo y sucio, lo que da lugar a que si nos encontramos en una situación de vulnerabilidad en nuestro espacio de trabajo, por temor a decir nuestra profesión tengamos que aguantarlo. O sí decidimos denunciarlo, no se considere violencia porque somos putas, nosotras nos lo buscamos.

También os veo morbosas y con un escaso, casi nulo conocimiento sobre nuestro trabajo, ya que sólo queréis escuchar (si es qué las escucháis, ya veo que ese ejercicio no lo hacéis habitualmente) a las compañeras que están jodidas, porque eso da para vuestro discurso

Os veo llenas de odio, de envidia y de violencia, sin saber, nuestras continuas luchas y señalamientos, vejaciones y muertes, que hemos tenido a lo largo de la historia, solo por ser putas. Os recuerdo que quien vive de contar mujeres muertas nunca se alegrará de las que estamos vivas.

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Nos decís proxenetas, a un grupo de putas autónomas, que no dejamos de exponernos, aguantando vuestros insultos llenos de odio y putofobia, dando la cara para parar el estigma, juntándonos para hacer fuerza contra las instituciones que no reconocen nuestros derechos, organizándonos, enseñando lo que es el trabajo sexual, empoderándonos, trabajando por nuestros derechos y las de todas nuestras compas putas y aun así nos llamáis proxenetas, de una forma cruel y vil, desde vuestro pódium, blanco y burgués, sin conocernos, y sin querer hacerlo. El patriarcado baila! De antipatriarcal no tenéis más que el nombre.

 

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Ya que decís no nos atacáis a las que lo ejercemos libremente, si no a los clientes, también me gustaría invitaros a reflexionar sobre la condición de nuestros clientes, nuestros clientes son los que pagan nuestros servicios, sí chicas de bien, nuestros servicios, nadie se lleva trozos de nuestro cuerpo a sus casas, y como dice Montse Neira, si vais a por nuestros clientes, pues preparaos para ir a por vuestros padres, vuestros hermanos, vuestros tíos, vuestros profesores, vuestros curas, vuestros hijos y vuestros novios, es decir, vais a por todos.

Y cuando nos decís alienadas, falsas feministas, recordad que somos vuestras hermanas, vuestras madres, vuestras primas, vuestras amigas, vuestras hijas y vuestras abuelas, si no lo queréis ver, es porque quizá, estáis a punto de la ceguera.

 

YUTAS DEL SEXO

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Publicado el 19 noviembre, 2016 por Stella D’Vita

 

https://hijasdeputa.wordpress.com/2016/11/19/yutas-del-sexo/

 

“Yuta (1) del Sexo” es una frase perfectamente aplicable a las “abolicionistas”. Todas se dicen “abolicionistas”, pero cuando rascás un poquito la superficie del discurso, te encontrás con que la mayoría quiere erradicar la prostitución de cualquier manera, y eso implica, la utilización de todas las estructuras del Estado (incluido el aparato policial), lo que desnuda un “prohibicionismo encubierto”, que quiere mimetizarse para no confrontar directamente con las Putas, tal como están haciendo en este momento, y en este mismo blog.

 

Son la “Yuta del Sexo” porque sus políticas, sus discursos, su propaganda, su literatura, apunta a la eliminación del trabajo sexual, sin tener la capacidad de generar (y proponer) salidas laborales concretas y beneficiosas para quienes desean cambiar de oficio, y sin importarles la forma en que dichas acciones (“anti-prostitución”) perjudican a las trabajadoras sexuales en sus vidas cotidianas y en sus ingresos diarios.

 

Son la “Yuta del Sexo”, porque denuncian nuestros lugares de trabajo, buscan cerrar todos los lugares de “alterne”, ya sean Pubs, Whiskerías, Cabarets, y cualquier tipo de “Puti-Club) donde podamos trabajar más tranquilas que en la calle. Buscan “Paternizar” todos los lugares nocturnos, para que las Mujeres seamos (todas) “Buenas Mujeres”, y no “amigas de la noche y de la plata fácil”… Atacan la “nocturnidad adulta” porque pasan cosas “malas”, y no a las “cosas malas”, porque claro, pensar políticas inteligentes que protejan todos los derechos es mucho más difícil.

 

Repiten pavadas que no resisten ningún análisis, y cifras de disparate para justificar su violencia contra los hombres y las mujeres que nos relacionamos con el trabajo sexual. Si fuera  verdad  que 99% de las Mujeres que viven de la prostitución desea abandonar esa forma de ganarse la vida, por qué no les ofrecen empleos bien pagados (para ganar lo mismo, o más, en el mismo tiempo), y con el mismo desgaste físico, de forma tal que ese 1% restante pueda vivir mejor, más tranquila, legalmente, con más seguridad, con mejores tarifas y más altos ingresos???… Saben qué pasa, NO PUEDEN!!!… Y ya tienen en su agenda utilizar la “yuta” (y todos los aparatos represivos del Estado) para sacarnos de la calle y de los otros lugares de trabajo A LA FUERZA!!!…

 

Son la “Yuta del Sexo” porque nos quieren imponer Su Moral, Su Ideología, Su “Feminismo”, Sus Odios, Sus Estigmas, Sus Prejuicios… Y lo quieren hacer, por las buenas, o por las malas!!!…

 

Son la Yuta, dogmáticas, totalitarias, fanáticas, agresivas, violentas, estigmatizadoras, quieren terminar con nosotras, las Putas, y como no pueden, buscan atacar a nuestros Clientes, confundiéndolos con esa minoría de machos violentos que son lo peor del Patriarcado.

 

Y hablando de Patriarcado, el “abolicionismo” es claramente Machista y Paternalista. Machista porque considera (de alguna manera) que el sexo degrada a la mujer, y que una mujer se “denigra” por tener sexo con muchos hombres (ser “usada” es la frase más común), lo cual nos remite al concepto de “objeto sexual”, y no a la de una persona en relación con otra. Y si sos un “objeto”, está claro (para esa mirada) que el “uso” de alguna forma “degrada” tu calidad, y tu valor en el mercado del sexo no-pago. Y como las “abolicionistas” se rehúsan a ser “usadas”, se consideran de clase superior, y con el deber de “encarrilar” a las ovejitas que van por el mal camino… porque no es el suyo.

 

Son Machistas porque piensan que los machos nos cogen y no nosotras a ellos (o para ser más justa, que nos cogemos juntos, con más, o con menos ganas). Y sin dudas el “abolicionismo” es Paternalista. Impone (como “Padre”) su moral y sus normas, sus valores, su discurso, y busca “tutelarnos”, imponernos su ley, aniñarnos, de alguna manera “castrarnos”, sujetarnos a sus deseos, a sus ideales, a sus mandatos…

 

Y sí, no tengo dudas, el “abolicionismo es yuta”, y sus políticas las sufrimos en todas las esquinas, en las calles, los departamentos, los privados, en las ciudades y en las rutas!!!… Y allí nos matan, en los oscuros lugares al que el “abolicionismo” nos ha condenado!!!…

 

Por eso lo digo: El Abolicionismo es Yuta, Aguanten las Putas!!!…

 

Contra la Yuta, la Trata, y la Explotación, Todas las Putas estamos unidas!!!…

 

Y las Putas Unidas, Jamás serán Abolidas!!!…

 

 

Stella Beatriz de Vita

 

Buenos Aires, 19 de noviembre de 2016.-

 

 

1.- yuta

 

  1. vulg. Arg. Policía

 

 

 

 

El abolicionismo es el patriarcado de nuestros tiempos

 

 

En la visión de las abolicionistas, el papel de la mujer en las relaciones sexuales es absolutamente pasivo, hasta el punto de suponer la entrega del propio cuerpo para ser consumido por el hombre. Este supremo sacrificio debe cumplir determinado requisito para ser aceptable a los ojos de las abolicionistas o, como ellas dicen, para estar impregnado de dignidad, y este requisito no es otro que la gratuidad. La mujer debe entregar su cuerpo al hombre de forma totalmente gratuita, sin exigir a cambio ningún bien material: la motivación puede ser el deseo sexual (que en caso de la mujer es la pulsión a ser consumida por el hombre), o el deseo de tener hijos (para lo que no es imprescindible el deseo sexual). De lo contrario, la mujer peca de indignidad y, marcada con el estigma de puta, pierde su condición de mujer libre.

El carácter sagrado de la entrega digna por parte de la mujer de su cuerpo al hombre puede expresarse a través de la simbología romántica del amor o de la simbología contractual del matrimonio. Así ha sido a través de los tiempos y así quieren las abolicionistas que siga siendo.

Bien es cierto que esta entrega del cuerpo ha supuesto también históricamente la entrega del alma, en forma de entrega de autonomía personal. En el matrimonio católico-franquista preconstitucional, la esposa pasaba a ser menor de edad tutelada por su marido. Contra esto ha luchado y sigue luchando el feminismo, y ya ni las abolicionistas dicen que al entregar su cuerpo al marido las esposas entregan también su capacidad de tomar decisiones; y esto, porque se ha luchado por cambiar las leyes que hacían que así fuera, no porque se haya abolido el matrimonio. Y la indignidad del sexo fuera del matrimonio también se ha combatido, hasta terminar con los estigmas de adúltera y de madre soltera; y esto cambiando las leyes y la percepción social, y no aboliendo el adulterio y la maternidad soltera.

¿Por qué el supremo sanedrín abolicionista sigue lanzando anatema de indignidad contra las mujeres que venden sexo? ¿Por qué sigue pidiendo para ellas el castigo en forma de estigma que afligía a adúlteras y madres solteras? ¿Acaso está en condiciones de garantizar que las demás mujeres (ellas mismas tal vez) no obtienen ningún provecho material de la entrega de su cuerpo a maridos o amantes?

Es complejo intentar analizar las motivaciones profundas de las abolicionistas, pero no lo es tanto describir su papel actual respecto a las prostitutas como similar al que tenían los maridos en el régimen católico-franquista respecto a sus esposas. Reducidas a una arbitraria minoría de edad, tanto las esposas de antes como las prostitutas de ahora se ven sometidas a un tutelaje que no han pedido, antes por los maridos y ahora por las abolicionistas. Pero la gran diferencia es que, siendo idéntica la situación de unas y otras, las esposas hallaron la solidaridad del movimiento feminista y lograron su liberación, mientras que ahora las prostitutas ven cómo una gran parte de esas mismas feministas han decidido ocupar el lugar de los maridos, el lugar del patriarcado, y cerrar a las mujeres (¡a todas las mujeres!) el camino hacia la plena libertad sexual, el derecho a no tener que rendir cuentas a nadie de la conducta sexual que a cada una se le antoje.

El abolicionismo es el nuevo patriarcado. Su objetivo no es abolir nada que no sea la libertad sexual de las mujeres y, desde luego, no es abolir la prostitución, cosa que saben que es imposible. Su objetivo es mantener y reforzar el estigma de puta, negando a las prostitutas sus plenos derechos humanos, de forma que condenadas al silencio y a la vergüenza social puedan ser fácilmente extorsionadas.

El feminismo de hoy pasa por la defensa de los plenos derechos humanos de las trabajadoras sexuales. Lo otro no es feminismo, es el patriarcado de nuestros tiempos.

 

Tres noticias del día

 

Tres noticias de hoy (un día cualquiera) pueden servir para observar qué tratamiento informativo se hace ante la opinión pública de la prostitución y las prostitutas. No veremos en las dos primeras respeto a la verdad y deseo de informar al público, sino todo lo contrario. Y sin embargo, al final la verdad resulta evidente en la tercera si no se quiere mirar a través de los cristales del prejuicio, la intransigencia y el oscurantismo.

 

dibujoEl titular de la primera noticia (1) intenta hacer creer directamente que la prostitución es una actividad delictiva que requiere una redada por parte de la Guardia Civil. El pie de la noticia ya dice que se incautó marihuana y navajas, pero no que se detuviera a nadie relacionado con la prostitución. El origen del operativo parece ser que los vecinos de quejan de “mal ambiente” y “alertan de prostitución, peleas y drogas, e indican que el volumen de varios locales hasta altas horas no les deja dormir”.

Hay una confusión generalizada entre el público acerca de cuál es la situación legal de la prostitución en España. Muchos creen que es ilegal, debido en gran parte a titulares como éste. Muchos la relacionan sistemáticamente con el delito, debido en gran parte a noticias como ésta. No cabe disculpar a La Voz de Galicia por una desinformación como ésta alegando que están mal informados: saben perfectamente que están contribuyendo a la estigmatización del trabajo sexual y a la marginación de las prostitutas.

 

dibujo-2La segunda noticia (2) nos informa de que la Diputación de Granada ha lanzado una campaña, que se extiende a la radio, la televisión, prensa e internet, contra la trata y explotación sexual de mujeres y niñas. El objetivo de esta campaña es “sensibilizar y convencer a la población de que prostitución es igual a violencia de género y a explotación sexual de mujeres, visibilizando al denominado eufemísticamente ‘cliente’” y su origen está en una propuesta de Izquierda Unida.

Otra vez es inadmisible una disculpa por ignorancia, ya que es imposible que no sepan que las leyes y protocolos contra la trata excluyen expresamente la penalización de la prostitución voluntaria, y en ningún punto dicen que “prostitución sea igual a violencia de género y explotación sexual de mujeres”. Este no es otro que el dogma fundamental del abolicionismo. Y utilizar la lucha contra la trata (y, por ende, a las auténticas víctimas de trata) y el dinero público de los granadinos para una campaña como ésta no es otra cosa que usar los cargos públicos para imponer a los ciudadanos una ideología particular de un grupo determinado. Es decir, no es otra cosa que prevaricación.

 

dibujo-3La tercera noticia (3) no miente. Nos informa de los efectos de una ordenanza municipal en Badajoz:

‘Trabajadores del Sexo’. Así se denominaba un antiguo programa que desarrollaba en el pasado la Asamblea de Cruz Roja en la ciudad de Badajoz, a través de sus voluntarios, que estaba destinado a prestar a atención sociosanitaria a las personas que ejercían la prostitución en diversas zonas de la ciudad. Era especialmente y sobre todo, mujeres. Pero una vez que entró en vigor de la ordenanza municipal que prohíbe la práctica del comercio sexual en la vía pública, esta actividad fue reduciéndose de una forma generalizada y ostensible y por tanto, también el número de usuarios del mismo.

Las consecuencias de la ordenanza es que las prostitutas se han perdido de vista, se han ido a zonas más alejadas del centro, y ahora solo quedan “muy pocas, cuatro o cinco” a las que la Cruz Roja puede ayudar:

Además de un caldo de sopa en las épocas en las que hace frío, se habla con ellas y se les da indicaciones relacionadas con su salud y sus cuidados. «Se les aconseja y facilita que se hagan pruebas médicas periódicas, pues son personas que tienen riesgo de sufrir enfermedades.

Muchas de ellas, además, tienen problemas de drogadicción y son personas especialmente vulnerables», En Badajoz, se puede decir que ejercen la prostitución «por decisión propia, sin que haya explotación por parte de un proxeneta, pero en realidad eso no es cierto, pues la mayoría padecen drogadicción y se ven obligadas a prostituirse para satisfacer la necesidad de drogas».

De esta forma, el ayuntamiento de Badajoz se ha sumado también a la lucha contra la trata y la explotación sexual.

Ha contribuído a su manera a combatir la violencia de género que es la prostitución.

Ha alejado de la vista de los votantes bien esa lacra y además redondeará un poco su presupuesto con el dinero extra que recaudará con las multas a las prostitutas


1.- http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2016/10/24/guardia-civil-toma-calles-sarria-redada-contra-prostitucion/0003_201610G24P9991.htm

2.- http://www.granadahoy.com/article/granada/2396385/la/diputacion/impulsa/una/campana/contra/la/trata/y/la/explotacion/sexual.html

3.- http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/badajoz/cruz-roja-mantiene-servicios-trabajadoras-sexo-callejeras_971015.html

Definición de “explotación sexual”

Explotación sexual

Explotación es la acción y efecto de explotar. Y explotar, todo según la RAE, es

  1. tr. Extraer de las minas la riqueza que contienen.
  2. tr. Sacar utilidad de un negocio o industria en provecho propio.
  3. tr. Utilizar abusivamente en provecho propio el trabajo o las cualidades de otra persona.

La explotación sexual es el acto por el que una prostituta saca utilidad en provecho propio de las necesidades sexuales de los hombres.

La tercera acepción no es de aplicación en este caso, ya que no puede haber abuso cuando el cliente paga libremente el precio pactado.

Hay otras definiciones (1), pero son falsas.

_______________________________________________________

(1) Anotación al Protocolo contra la Trata de las Naciones Unidas:

Los términos “la explotación de la prostitución ajena” y la “explotación sexual” son los únicos términos en la definición de trata que intencionadamente son dejados como indefinidos y tampoco están definidos en ninguna parte en la ley internacional.

Las más de 100 delegaciones de países que negociaron el Protocolo contra la Trata en la Comisión de Crimen de Naciones Unidas fueron incapaces de acordar definiciones para estos dos términos y entonces ellos decidieron dejarlos indefinidos. La mayoría de los delegados y el Caucus de Derechos Humanos entendieron que los países tienen diferentes leyes y políticas sobre el trabajo sexual adulto. Muchos países no querían o no podría firmar el Protocolo contra la Trata si esto les hubiera obligado a cambiar sus leyes internas relacionadas con la prostitución. Unos delegados y ONGs en las negociaciones insistieron que toda la prostitución adulta, incluyendo la prostitución voluntaria y hasta legal que implica a adultos, sea clasificada como trata de personas y entonces ellos obligaron a un debate de un año en las negociaciones sobre este tema.
La mayoría de delegados y el Caucus de Derechos Humanos rechazaron la noción de que la participación voluntaria, no-obligada por adultos en el trabajo sexual, el trabajo de la fábrica o cualquier otro trabajo se califica como trata de personas. Mientras tal trabajo puede ser abusivo y explotador, solo será considerado trata de personas si esto asciende a las violaciones de derechos humanos internacionalmente aprobadas del trabajo forzado, la esclavitud o la servidumbre.

El Caucus de Derechos Humanos incidió por una solución de acuerdo general que permitiría a todos los países firmar el Protocolo contra la Trata, incluyendo los países que tienen leyes que criminalizan el trabajo sexual adulto y los países que tienen la despenalización de leyes y/o la regulación del trabajo sexual adulto. Todas las delegaciones convinieron que la trata implica la esclavitud, el trabajo forzado o la servidumbre. Sin embargo, ya que no hay ningún acuerdo internacional sobre el significado de “explotación sexual,” los miembros del Caucus propusieron incluir el término, pero dejándolo indefinido. De este modo, todos los gobiernos podrían firmar el Protocolo contra la Trata, porque la definición de compromiso permitiría a cada gobierno decidir por si mismo el tratamiento legal del trabajo voluntario sexual del adulto. Finalmente, esta propuesta fue aceptada.

Así, la Nota Interpretativa contenida en la nota 14 a pie de página

[14 Nota Interpretativa de Naciones Unidas:
En los travaux preparatoires se indicara que el Protocolo aborda la
explotación de la prostitución ajena y otras formas de explotación sexual únicamente en el contexto de la trata de personas. Los términos “explotación de la prostitución ajena” u “otras formas de explotación sexual” no se definen en el Protocolo, que en consecuencia no prejuzga la manera en que los Estados Parte aborden la prostitución en su respectivo derecho interno.”]

explica el lenguaje de compromiso y reconoce la existencia de ambos términos, tanto de la participación obligada como de la participación voluntaria en el trabajo sexual adulto. Esto explica que el Protocolo contra la Trata no toma ninguna posición sobre el tratamiento dado al trabajo sexual voluntario del adulto y explícitamente deja su tratamiento legal a la discreción individual de los gobiernos.

Desde que el trabajo sexual coactivo o forzado de adultos (y cualquier otro trabajo forzado u coactivo) y toda la participación infantil en el trabajo sexual son cubiertos en el Protocolo contra la Trata en el contexto de esclavitud, trabajo forzado o la servidumbre, los gobiernos pueden omitir los términos “la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual“ de sus leyes domesticas. Sin embargo, cualquier gobierno que decida incluir estos términos indefinidos en su legislación doméstica tendrá que definirlos claramente. Las definiciones recomendadas se enfocarían en el empleo de fuerza o la coacción (la inclusión de la coacción psicológica) para tener en cuenta la voluntad de la persona. Ponemos a consideración las siguientes definiciones:

“La explotación sexual” significa “la participación de una persona en la prostitución, la servidumbre sexual, o la producción de materiales pornográficos como consecuencia de estar sujeto a una amenaza, la coacción, el rapto, la fuerza, el abuso de autoridad, servidumbre por deuda o fraude”.

“La explotación de la prostitución ajena” podría ser definida como: “la obtención por una persona de cualquier ventaja financiera u otro beneficio procedente de la explotación sexual de otra persona”.

http://www.oas.org/atip/reports/annot_prot_spanish.pdf