En el quicio de La Merced: mercado sexual y regulación del espacio público

 

Por Luz Jiménez

11 de junio de 2019

En el quicio de La Merced: mercado sexual y regulación del espacio público

 

En días pasados la I Legislatura del Congreso de la Ciudad de México votó para suprimir las sanciones al ejercicio y la solicitud de servicios sexuales en las calles de la ciudad. Estas sanciones apenas habían sido propuestas en el artículo 27 de la nueva Ley de Cultura Cívica, publicada el pasado ocho de junio de 2019. Los debates abiertos sobre este nuevo intento de sancionar el comercio sexual en la ciudad, en los que favorablemente participaron los grupos de trabajadoras sexuales organizadas, enmarcan mi reflexión en torno a la regulación sexual del espacio público.

Para localizar mi análisis, retomo el caso del barrio de La Merced ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde se sitúa uno de los mercados sexuales callejeros más antiguos de la ciudad. En este espacio, altamente politizado y disputado, se han operado diversas normativas —administrativas y penales— de la mano de un conjunto de intereses económicos que se hicieron más evidentes a finales del siglo XX y principios del XXI, cuando el gobierno de la Ciudad de México inició el proyecto de “rescate integral” del Centro Histórico. Una de las acciones impulsadas para apoyar este proyecto económico fue el reforzamiento de la seguridad pública en la zona, que contribuyó a construir al Centro Histórico como un espacio “seguro” para la gentrificación y turistificación, es decir para la obtención de beneficios comerciales y financieros mediante la apropiación de los escenarios urbanos.

En este sentido, no fue casual que el desarrollo del proyecto de recuperación del Centro Histórico sucediera de manera paralela a la publicación, en 2004, de la antigua Ley de Cultura Cívica, en la cual se sancionaba administrativamente el acto de “invitar a la prostitución o ejercerla” con el objetivo explícito de vigilar el orden público y la convivencia urbana. Si bien el ordenamiento legal intervino en la creación y modificación del ordenamiento espacial, en tanto delimitó las áreas para la realización de transacciones sexo-económicas, éste se transmutó en un ordenamiento moral y sexual del espacio que contribuyó a expulsar a las trabajadoras sexuales de las zonas comprometidas con el proyecto de rescate urbano.

Ilustración: Patricio Betteo

Al igual que la recién publicada, la anterior Ley de Cultura Cívica fue criticada porque introdujo políticas represivas dirigidas a las trabajadoras sexuales de la calle, quienes viven de manera directa los efectos del capitalismo neoliberal, como la pobreza, el desempleo, la falta de acceso a servicios sociales y la flexibilización laboral. Pareciera que la normativa creada para regular el espacio público ha funcionado también como estrategia para justificar la inexistencia de políticas estatales de justicia social dirigidas a las personas que se dedican al comercio sexual callejero.

No obstante, la Ley de Cultura Cívica no es la única legislación cuyo efecto colateral ha sido la criminalización y discriminación de las trabajadoras sexuales de la calle. Esto también ha sucedido con la legislación relativa a la trata de personas y sus mecanismos de operación, que si bien tienen el objetivo de “rescatar, proteger y atender a las víctimas o posibles víctimas del delito”, han tenido efectos concretos en la organización espacial del mercado sexual de La Merced.

Durante los primeros años del siglo XXI, el barrio de La Merced transitó de ser considerado el corazón de la prostitución a ser construido discursivamente como uno de los focos rojos de la trata de personas, específicamente de la trata sexual de mujeres. Tanto en notas periodísticas como en declaraciones oficiales, La Merced fue representada ante la sociedad mexicana —y alrededor de todo el mundo— como el prostíbulo de América Latinael centro de la trata infantil y de mujeres de México o el mayor corredor de prostitución y trata de personas de América Latina.

Para atender la demanda de atención de la trata de personas, en el 2000 se elaboró el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, especialmente Mujeres y Niños, conocido como Protocolo de Palermo, que forma parte de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional. Este es el instrumento legal más importante a nivel internacional para combatir la trata alrededor del mundo en el que se establecieron los lineamientos para la elaboración de políticas institucionales dirigidas a su prevención, atención, sanción y erradicación.

En México, la legislación sobre trata de personas fue elaborada por primera vez en 2007, y desde su creación planteó una ambigüedad sobre lo que debe ser considerado prostitución forzada y otras formas de explotación sexual, ya que ninguna de éstas es definida en el Protocolo. No obstante, las disputas alrededor del comercio sexual como una forma de esclavitud sexual o como un trabajo que debe ser reconocido como tal, han enmarcado la producción de una narrativa dominante que subraya la no distinción entre comercio sexual y trata de personas, lo que ha contribuido a una mayor criminalización de las trabajadoras sexuales.

En el caso mexicano, la operación de la ley antitrata en el espacio de comercio sexual callejero de La Merced comenzó en 2007 con los primeros operativos realizados en los hoteles y cuartos acondicionados para la realización de las transacciones sexoeconómicas. El cierre de hoteles y otros establecimientos donde se realizaba comercio sexual en nombre del combate a la trata sexual de mujeres ha sido interpretado como una “cacería de brujas” para expulsar a las trabajadoras sexuales de zonas comprometidas con el rescate del Centro Histórico de la Ciudad de México, pues a partir de las acciones impulsadas por el gobierno local se han cerrado y procesado una cantidad significativa de inmuebles que podrían ser vendidos a particulares para obtener el dinero que supuestamente estaría destinado para resarcir el daño a las víctimas.

Esto se suma a que en 2012 la legislación anti trata en México se modificó para eliminar la noción de consentimiento, lo que trajo como efecto que todas las personas que se dedican al comercio sexual —así fuera de manera autónoma— fueran consideradas víctimas de trata. Estos cambios fortalecieron la mezcla discursiva entre el comercio de servicios sexuales autónomo y la trata sexual, convirtiendo a la organización del comercio sexual en un delito y a las personas que se dedican a éste automáticamente en víctimas.

En lo que va del siglo XXI, los efectos de las viejas regulaciones alrededor del comercio sexual en las calles de la Ciudad de México, junto con estas nuevas políticas anti trata creadas con el objetivo de proteger a las personas víctimas de este delito, han vulnerado el ejercicio de derechos de las mujeres que comercian servicios sexuales en el espacio público. Estas normativas han traído consigo una mayor clandestinización de los mercados sexuales que ha favorecido la ausencia de condiciones laborales adecuadas y justas; la obstaculización o imposibilidad de constituir sindicatos de trabajadoras sexuales o la organización política y social informal para exigir derechos del gremio; y el aumento de la criminalización del trabajo sexual.

Sin embargo, las trabajadoras sexuales organizadas también han desplegado diversas formas la apropiación, ocupación y uso de los espacios públicos donde se realiza comercio sexual callejero. Una muestra de esta resistencia frente a su criminalización y victimización fue la obtención en 2014, vía un litigio jurídico, de las licencias de trabajadoras no asalariadas para las mujeres que se dedican al comercio sexual callejero por parte de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo del Gobierno de la Ciudad de México. Estas licencias certifican a las mujeres como personas que realizan su actividad laboral en la vía pública sin necesidad de que exista una relación formal obrero-patronal o que reciban un salario fijo, como los lustrabotas, los cuidacoches, los músicos callejeros.

En un contexto en el que se privilegia el aumento del número de mujeres situadas en los márgenes del sistema económico neoliberal, resulta necesario que el proyecto intelectual y político del feminismo se cuestione los efectos que tienen las normativas para regular el espacio público y la legislación antitrata —que promueve la confusión entre comercio sexual y trata—, en el ejercicio de derechos de las personas que comercian servicios sexuales en las calles. Estas estrategias represivas no solo buscan sacar del espacio público al comercio sexual, sino encapsularlo o incluso volverlo cada vez más clandestino, mas no abolirlo como supuestamente argumentan las feministas abolicionistas-prohibicionistas.

Este encapsulamiento y clandestinización impide que las trabajadoras sexuales sean reconocidas como sujetos de derecho e interlocutoras políticas, capaces de dialogar y definir estrategias que atiendan sus necesidades concretas y respeten su derecho a transitar y trabajar en el espacio público. En este sentido, comparto el llamado elaborado por el Grupo Latinoamericano de Análisis/Acción sobre los Mercados Sexuales (GLAMSex), a apoyar una petición en la plataforma Change.com  para que las y los diputados de la I Legislatura del Congreso de la Ciudad de México y la Jefa de Gobierno tomen en cuenta las voces de las trabajadoras sexuales organizadas en la discusión sobre sus necesidades y demandas y en la definición de la legislación y las políticas orientadas al reconocimiento del trabajo sexual con total respecto a sus derechos humanos.

 

Luz Jiménez
Feminista. Doctorante en Ciencias Políticas y Sociales, orientación en Sociología, de la UNAM. Integrante del Grupo Latinoamericano de Análisis/Acción sobre Mercados Sexuales (GLAMSex).

 

Anuncios

Trabajo sexual, derechos laborales y sindicación

Inscripción obligatoria: otras@sindicatootras.org

Declaración de la Asociación CATS ante el 1º de Mayo

 

Asociación CATS

1 de mayo de 2019

https://bit.ly/2J4trPC

 

 

Hoy, 1° de mayo, el Día Internacional de las y los trabajadoras/es, no podemos pasar por alto a las personas que se dedican al ejercicio del Trabajo Sexual.

Provienen de muchos países y contextos diferentes, pero en todas partes se enfrentan a los mismos problemas en el trabajo y en la vida privada: La hipocresía de la sociedad que hace uso de sus servicios pero considera ilegal su trabajo, la hipocresía de la sociedad que las victimiza y criminaliza sin pararse a escucharlas, la hipocresía de la sociedad que las culpa de ser malas mujeres por no cumplir los cánones establecidos por un sistema heteropatriarcal mientras que dice luchar contra él, la hipocresía de una sociedad que grita “Nosotras decidimos” pero a ellas se lo prohíbe, la hipocresía de una sociedad que no considera que tengan capacidad para decidir por ellas mismas pero sí que la sociedad puede decidir por las trabajadoras del sexo…

Mientras la sociedad nos victimiza y criminaliza, queremos recordar que con la moral no se come, pero con el trabajo sexual se come bien.

Este maltrato consciente condena a lxs Trabajadorxs del Sexo al ocultismo, a no denunciar la violencia contra nosotras a la carencia de derechos, a un desigual trato ante la ley, al acoso y abuso de poder por parte de los agentes de la autoridad… Todo mientras la sociedad mira para otro lado o lo justifica diciendo que ellas no quieren este trabajo, que son esclavas, mujeres tratadas, mujeres sumisas…, pero sin escucharlas. Nosotras sí queremos escucharlas, por eso traemos algunas de las reivindicaciones realizadas por trabajadoras del sexo procedentes de 26 países durante la Conferencia Europea sobre Trabajo Sexual, Derechos Humanos, Trabajo y Migración:

“La primera aclaración que realizan y que todas deberíamos grabarnos a fuego: el trabajo sexual es por definición sexo consentido. El sexo no consentido no es trabajo sexual, sino violencia sexual o esclavitud”

Hoy, nuestras demandas son:

– Exigimos que dejen de excluir a lxs Trabajadorxs Sexuales de la sociedad.
– Exigimos que todas las decisiones acerca del trabajo sexual se tomen consultando con nosotrxs.
– Reivindicamos nuestro derecho a sindicarnos.
– Reivindicamos nuestro derecho a manifestarnos públicamente.
– Reivindicamos nuestro derecho a estar presentes en cualquier espacio público.
– Exigimos que el sistema judicial se tome en serio los delitos de los que somos víctimas y nuestras declaraciones sin que esto tenga las malas consecuencias para nosotras.
– Es inaceptable que se sacrifique a lxs trabajadorxs del sexo debido a la moral religiosa o sexual. Todo el mundo tiene derecho a vivir sus propios principios morales o religiosos pero esos principios no se deben imponer a terceros ni influir en las decisiones políticas.

 

¡EL TRABAJO SEXUAL ES TRABAJO, POR UN PRIMERO DE MAYO DE TODXS LXS TRABAJADORXS!

 

Feminismo antifeminista

 

 

 

No hay problema con el término feminismo para quienes saben lo que es. Pero, al intentar definirlo, nos encontramos con el problema de que, para unas feministas, otras feministas son enemigas de las mujeres, es decir, antifeministas, y viceversa.

Así que podemos decir que un feminismo es el antifeminismo del otro y el único término que puede denominar a ambos conjuntamente, es decir, a la totalidad del feminismo, es el de feminismo antifeminista, cuya definición sería doble:

1.- Feminismo es la defensa del derecho de las mujeres a prostituirnos

2.- Feminismo es la negación del derecho de las mujeres a prostituirnos

En esta contradicción reside la fuerza renovadora del feminismo. Esta es la cuestión crucial.

 

En respuesta a @CitereaAnadiome

Son ideologías con intereses muy diferentes: Feminismo original/1ra ola, se basa en un sentido de justicia. Feminismo radical, se basa en relaciones de poder que buscan resolver a toda costa pasando por encima de la misma libertad, por lo que ni debería denominarse feminismo.

 

Ambas ideologías comparten el nombre de feminismo y son secundadas como tal por dos conjuntos de mujeres que mutuamente se excluyen como antifeministas. La corriente mayoritaria en España es la que tú y yo consideramos antifeminismo y que, a su vez, nos considera antifeministas.

La cuestión es: ¿tenemos o no las mujeres derecho a prostituirnos? Y esa cuestión hay que contestarla en un marco más amplio que el del feminismo antifeminista: en el marco de los derechos humanos, que no hace distinción de sexos. Y una vez resuelta ahí, volver al feminismo.

Actualmente, como parte del modelo abolicionista seguido por el Estado español, la ley nos reconoce ese derecho, en concordancia con el respeto a la dignidad humana (y la consecuente libertad sexual) que proclama la Constitución. Sin embargo, el antifeminismo radical nos lo quiere quitar, en nombre de una moral dogmática “feminista” antifeminista. El sector mayoritario del feminismo quiere desposeer mediante la violencia del Estado al sector minoritario de su derecho fundamental a la autodeterminación personal, a la dignidad.

Por eso, el sector de mujeres más marginado, más oprimido, más explotado, más escarnecido por el sistema antifeminista, las putas, deben liberarse de la red que les ha tendido la rama antifeminista del feminismo con su “ideología de genero” que las sacrifica en aras de su ansia de poder político y económico y, tomando conciencia de su absoluta dignidad humana, venciendo el estigma, organizarse para hacer frente al zarpazo prohibicionista que se nos viene encima y encabezar la resistencia de las oprimidas, liberando el feminismo de antifeministas.

Demandas y Reivindicaciones Feministas sobre el Trabajo Sexual en España

 

Aliadas TransFeministas

25 de abril de 2019

https://aliadastransfeministas.wordpress.com/2019/04/25/demandas-y-reivindicaciones-feministas-sobre-el-trabajo-sexual-en-espana/

 

 

La situación actual de la prostitución en España resulta incongruente: Nos encontramos ante una actividad que no posee ningún tipo de reconocimiento legal ni de derechos, pero se contabiliza a la hora de calcular el PIB nacional como cualquier otro sector. A su vez, los y las trabajadoras sexuales somos perseguidas y acosadas a través de las ordenanzas municipales y de la Ley Mordaza (Ley Orgánica de protección de Seguridad Ciudadana). Somos un colectivo atravesado por todo tipo de discriminaciones e injusticias y, sin embargo, se nos ha mantenido al margen de toda consideración, participación y análisis. Sobre las putas se mantienen diversas atribuciones peyorativas y desvalorizantes que hasta hace poco se extendían a todas las mujeres. En ámbitos en los que las mujeres como grupo han batallado durante años para la consecución de los derechos, las putas continúan siendo discriminadas 1. Aún siendo el nuevo sujeto político de este país, ningún partido aborda en profundidad la cuestión del trabajo sexual en sus programas electorales ni de gobierno, ningún partido ha escuchado y tenido en cuenta nuestras reivindicaciones y necesidades. Deciden su posicionamiento sin contar con nosotras. Algunos pretenden una abolición y/o prohibición imposible que nos estigmatiza aún más, criminaliza nuestro entorno de trabajo y nos condena a la precariedad. Otros evitan posicionarse y hay quien pretende instrumentalizarnos. Todos estos posicionamientos tienen como resultado más beneficios para los empresarios mientras se nos siguen negando derechos básicos como trabajadoras.

Las trabajadoras sexuales, existimos, tenemos voz y demandamos derechos. NO estamos de acuerdo con el Modelo Regulacionista cuyos fines exclusivamente recaudatorios y de contención social, derivados de concepciones sexófobas, racistas y machistas perpetúan la discriminación y el estigma. Ejemplos de ello son el modelo Alemán u Holandés. Ciertos sectores del feminismo institucional y salvacionista identifican nuestras demandas con dichos modelos, con el objetivo de silenciarnos y mantener puestos y subvenciones a nuestra costa. Este tipo de regulación prima el “apartarnos” a lugares controlados, que gestionan empresarios que explotan a las trabajadoras, sobretodo a las migrantes en situación irregular. Lo que queremos y necesitamos es un modelo basado  en el reconocimiento de derechos y la plena participación en el diseño de las políticas que nos afectan. Sólo los derechos garantizarán que podamos defendernos de los abusos. A pesar del estigma, del abandono y de las políticas bienpensantes que nos violentan, tenemos capacidad de decisión y agencia, y somos las protagonistas de nuestras vidas. Reclamamos la despenalización completa del trabajo sexual, lo cual supone el acceso inmediato a los derechos fundamentales, y la derogación de todas las leyes y normativas que nos criminalizan. Exigimos que las políticas que se implementen sobre la prostitución se diseñen con nuestra participación y desde una perspectiva de derechos humanos y de reducción del daño. Para ello, es necesario tener en cuenta los siguientes puntos, que consideramos mínimos e imprescindibles, y que nos parecen debieran ser de consenso si realmente interesan nuestras vidas y nuestra dignidad.

El reconocimiento de derechos pasa necesariamente por la distinción entre prostitución y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.

En un contexto político marcado por la utilización del debate de la prostitución dentro del feminismo, así como la utilización con fines electorales de asesinatos y casos de víctimas de trata, violencia de género y/o institucional, se tiende a eliminar la distinción entre prostitución y trata con el objetivo de silenciar e impedir la participación de aquellas personas que hemos decidido ejercer este trabajo. Incluso se ha llegado a difamar y comprometer la seguridad e intimidad de algunas de nosotras. Esta tergiversación forma parte del discurso que provoca un doble efecto negativo sobre las mujeres. Por un lado, no se llega a combatir la trata de manera real y no se protege a las víctimas de la misma. Por el otro, se criminaliza y se vulneran los derechos de quienes, independientemente de lo que nos haya llevado a ello, decidimos dedicarnos a la prostitución.

Es por ello que exigimos que cualquier intervención vaya acompañada de un marco legal que no confunda trata y prostitución y que sea capaz de dar respuestas reales a las diferentes situaciones de las personas que ejercen el trabajo sexual . Dentro de este marco legal entendemos que deben existir medidas específicas sobre prostitución y medidas específicas para combatir la trata. Las administraciones públicas necesariamente deben tener en cuenta la diferencia a la hora de intervenir, ya que las respuestas a cada situación no son en absoluto las mismas.

Medidas sobre trabajo sexual

 Alternativas laborales reales y no precarizadas ni feminizadas para las mujeres que quieren abandonar la prostitución. El acceso a las mismas no debe implicar el visibilizarse como prostituta, a fin de evitar los efectos del estigma a nivel laboral, social y personal.

– Necesitamos cursos de formación becados y de calidad, que permitan un progreso social y económico y que no condenen a las mujeres a empleos precarios, feminizados, donde van a ser explotadas y empobrecidas. Proponemos rescatar el perfil de Mediadora Social y de Salud que durante un tiempo se implementó en Andalucía, donde las ex prostitutas realizaban la intervención social en los contextos de trabajo de sus compañeras, y que posteriormente  fue tomada por organizaciones institucionales de corte abolicionista.

– Garantizar el efectivo empadronamiento y el acceso al sistema de salud de las migrantes, porque este es un derecho universal, al margen de que su situación administrativa esté o no regularizada. Establecer mecanismos que posibiliten el efectivo empadronamiento de las personas migrantes trabajadoras sexuales que residen en nuestro país.  Garantizar el acceso al sistema sanitario público de todas las personas migrantes, independientemente a su situación administrativa, en todo el estado español y con todas las garantías y derechos.

– Cese de las ordenanzas municipales que multan a prostitutas y/o clientes, y de la Ley Mordaza.Ésta suele implementarse para multar allí donde no hay ordenanza municipal. Estas prácticas criminalizan y empobrecen más a las mujeres y las condena a mayor vulnerabilidad (como ya lo ha demostrado en su reciente investigación el Grupo Antígona de la UAB*2) al tener que ir a lugares más aislados, con menos tiempo y capacidad de negociación, para evitar las multas. La criminalización y la precariedad a la que nos aboca, además, contribuye a que terminemos trabajando para terceros, ya sea en clubes o pisos, donde la explotación económica y laboral es mayor por carecer de derechos frente a los empresarios. En dicho orden, exigimos que se anulen todas las multas a trabajadoras sexuales no pagadas hasta hoy como acto de reparación.

– Sentar bases y criterios para que el debate sobre prostitución se produzca realmente, podamos escucharnos y llegar a acuerdos. Para ello, resulta necesario que se tengan en cuenta y respeten todas las voces y es imprescindible la participación activa de las prostitutas.

– Acceso a los servicios sociales: Las mujeres que ejercen la prostitución, especialmente si son madres, se enfrentan a una institución que, si no se asumen como víctimas dispuestas a ser salvadas, las estigmatiza, criminaliza y, les quita la custodia de sus hijes. Necesitamos poder acceder a los servicios sociales y sus recursos de forma segura, en pie de igualdad al resto de las personas con algún tipo de vulnerabilidad social. Necesitamos que las y los trabajadores sean sensibles frente al estigma que sufrimos, no que nos juzguen en base a una determinada moral *3.

– Derechos y protecciones laborales para las personas que han escogido ejercer la prostitución.Carecer de derechos laborales dificulta, y a veces incluso impide, el acceso a derechos civiles y sociales, abocándonos a una situación de indefensión social y jurídica. Como ha demostrado la experiencia neozelandesa en sus ulteriores revisiones por entidades de derechos humanos, academia y magistratura, esta es la única vía para reducir la vulnerabilidad de nuestro colectivo y aumentar nuestra autonomía en el trabajo *4.

 Trabajo a terceros:  En espacios de trabajo a terceros, la ausencia de cualquier tipo de derecho se traduce en un poder ilimitado por parte del empresariado, con los consecuentes abusos que eso acarrea. Muchas prostitutas no tienen la posibilidad de trabajar de manera autónoma por diversas razones, ya sea por su situación irregular u otros motivos personales y de preferencia. Necesitamos medidas que nos permitan organizarnos en espacios autogestionados y derechos para protegernos de los abusos del sector patronal y empresarial en todas sus modalidades.

– El Trabajo Sexual (TS) es diverso al igual que las personas que se dedican a ello,  y no solamente comprende un tipo determinado de prostitución: TS callejero , TS online/telefónico, TS independiente, TS a terceros, TS indoor, TS outdoor, y TS audiovisual, así como el TS masculino. Necesitamos medidas específicas para cada sector, pactadas y negociadas con sus agentes protagonistas, según sus necesidades y demandas.

Medidas contra la trata

El situarnos en un marco legal que establezca de manera clara y real la distinción entre trata y prostitución permitirá articular medidas concretas contra este gravísimo delito. También es necesario distinguir trata de las redes de tráfico de personas. Éstas últimas se aprovechan de las políticas de fronteras de la Europa fortaleza para lucrarse a costa de las personas migrantes. Ni todas las mujeres extranjeras vienen a través de una red de tráfico ni todas las que vienen a través de una red de tráfico han sido tratadas, sino que deciden dentro de las escasas opciones laborales que les quedan, prefiriendo gastar sus ahorros para venir a Europa a ejercer la prostitución que quedarse en sus países a merced de la violencia, el hambre o la guerra.

Es urgente y necesario cambiar el enfoque que se da a la trata. Es decir, la trata debería dejar de ser un instrumento de control migratorio para, en cambio, darle prioridad a los derechos humanos de las víctimas. Con ello, apostamos por que la víctima pueda acceder a derechos y a una protección independientemente de si denuncia o no al tratante. Además de esto, son necesarias otras actuaciones como:

– Que se tengan en cuenta todas las modalidades de trata que existen. De acuerdo con el último informe del Consejo de Europa, España vulnera sistemáticamente los derechos de las víctimas de trata laboral, que no se detectan, encontrándose infra representada. Los datos que proporcionó el Gobierno para este mismo Informe muestran que la trata laboral en España tiene las mismas proporciones que la trata con fines de prostitución forzada.

– Cese de las redadas dirigidas a las migrantes en situación irregular que ejercen la prostitución. Son la mayoría y (a pesar de que para ciertos sectores feministas prohibicionistas todas son tratadas) se les aplica la ley de extranjería, sufriendo continuamente controles llevados a cabo por motivos de discriminación racial y de país de origen. Como la prostitución no tiene estatus legal, no pueden cumplir con las restricciones que impone la ley y, por lo tanto, se ven obligadas a permanecer en un círculo de clandestinidad del que no pueden salir, ni tampoco acceder a otros trabajos si así lo desearan. Si cabe la posibilidad de que sean víctimas de trata: ¿por qué son expulsadas en lugar de ser protegidas?

– Cese de deportaciones y órdenes de expulsión: apoyo real sin límite de tiempo con garantías sociales y jurídicas para que las víctimas puedan denunciar. Actualmente tienen 90 días para reflexionar, sin ningún tipo de atención. Si no denuncian (lo cual es muy probable debido al miedo y las amenazas de los tratantes a sus familias) son trasladadas a los CIEs.

– Garantizar el asilo político a las víctimas de trata: en los 10 últimos años sólo se han concedido 25 asilos para las víctimas de trata de todos los sectores (agricultura, servicio doméstico, textil, explotación sexual).

– Que se garantice la indemnización a las víctimas por parte del Estado. En la mayoría de los sistemas legales, incluido el español, se reconoce el derecho de las víctimas a reclamar ante la justicia una compensación por los daños materiales y morales sufridos. Sin embargo, en la práctica, persisten muchos obstáculos para que lleguen a obtener una reparación efectiva. En el caso de las víctimas de trata de personas las posibilidades reales de que lleguen a obtener una indemnización es muy baja *5.

– Cierre inmediato de los CIEs: El funcionamiento del sistema carcelario de  los CIES incide de manera diferente entre mujeres y hombres. Las mujeres son también usadas como mano de obra en estos centros de internamiento y pueden permanecer arrestadas durante un tiempo ilimitado si las necesidades de mantenimiento de estos centros así lo requieren.

– Modificación de la actual Ley de Extranjería. Esta ley es responsable de las situaciones de abuso que viven las prostitutas migrantes de países extracomunitarios. Es necesario tener en cuenta que una política migratoria restrictiva como la que tenemos favorece la proliferación y el recrudecimiento de las redes de trata y sus métodos. Las dificultades de acceso a una regularización documental por parte de las personas migrantes en España, también afecta a las trabajadoras sexuales migrantes limitando sus opciones y poniendo obstáculos a sus proyectos migratorios.

Nuestras demandas no perjudican a nadie, no hay que elegir entre nuestros intereses y los de otro sector de la sociedad. Nos situamos de lleno en el feminismo, un feminismo que tiene en cuenta los diferentes ejes de opresión de las mujeres reales, y por tanto se ocupa también de fronteras y de horarios y de bajas por enfermedad. Consideramos que son compatibles con cualquier posición sobre lo que debería ocurrir con la prostitución en la sociedad futura a la que cada una aspiramos, son demandas para poner en marcha ahora mismo, en la sociedad y realidades que vivimos en el presente. El debate no consiste en decidir entre prostitución sí o no, la realidad es: trabajo sexual con derechos y protección, o trabajo sexual clandestino , con todas las consecuencias que eso conlleva.


*1 Palabras de Dolores Juliano
*2 “Las ordenanzas municipales: entre la regulación y la sanción de la prostitución en España”http://revistes.ub.edu/index.php/CriticaPenalPoder/article/view/26785
*3 Linda Porn “El hombre del saco”: https://www.pikaramagazine.com/2019/03/el-hombre-del-saco/ 
*4 United Nations Office on Drugs and Crime: “Global Report on Trafficking in Persons 2018”https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/glotip/2018/GLOTiP_2018_BOOK_web_small.pdf
*5 Informe “Valoración del Nuevo Marco Jurídico contra la Trata de Seres Humanos. Análisis de Casos Reales y Recomendaciones”, Proyecto ESPERANZA:  http://www.proyectoesperanza.org/materiales/Informe_Nuevo_Marco_Juridico_Documento.pdf

CLIC AQUÍ PARA DESCARGAR EN PDF

COLECTIVOS FIRMANTES:

AFEMTRAS – Agrupación Feminista de Trabajadoras Sexuales

APROSEX – Asociación de Profesionales del Sexo

Colectivo Caye

CPS – Colectivo de Prostitutas de Sevilla

IAC-FAA Secció Sindical Treballadores Sexuals

Putes Llibertaries del Raval

Sindicato OTRAS

ADHESIONES DE COLECTIVOS

Acciónenred Andalucía

Acciónenred Madrid

APDHA – Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía

Asamblea de mujeres de Granada “Mariana Pineda”

Asamblea Transmaricabollo de Sol, Madrid

Asociación Genera

CAMPA (Colectivo de apoyo a mujeres presas de Aragón)

Colectivo #NuncaSinNosotras Zaragoza

C.A.T.S. – Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo

Fundación de Los Comunes

Mujeres Progresistas por la Diversidad en Granada

Nociones Comunes Zaragoza.

(N)O.M.A.D.A.S – Oficina de Migración y Atención a la Diversidad Afectivo Sexual, Valencia

Synusia

 

Evelin contra Goliat

 

La sentencia que da la razón a una trabajadora de un local de alterne muestra que regular la prostitución no es equiparable a las posturas proderechos

 

Por Paula Sánchez Perera (Colectivo Hetaira)

3 de Abril de 2019

https://ctxt.es/es/20190403/Politica/25377/Paula-Sanchez-Perera-prostitucion-alterne-sentencia-tribunal-superior-de-Madrid-Evelin-Rochel.htm?utm_campaign=lecturas-de-fin-de-semana-115-5-de-marzo&utm_medium=email&utm_source=acumbamail

 

Salón de la Rue des Moulins (1894).
Henri de Toulouse-Lautrec

 

A principios de mayo del pasado año, en un Juzgado de lo social de Madrid, un juez espetaba: “Si quieren ustedes hacer activismo, váyanse a la calle con pancartas, pero no en los juzgados, hombre”. Ahora el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dado la razón a Evelin Rochel: entre ella y el club de alterne Flowers sí había una relación laboral.

Evelin, trabajadora sexual del alterne por cuenta ajena y de la prostitución por cuenta propia, mujer migrante colombiana e integrante del sindicato OTRAS, comenzó su andadura sindicalista ya a finales de 2016. Entonces el club quiso endurecer las condiciones laborales y Evelin lideró una protesta, organizando a unas cincuenta compañeras para finalmente negociar con el jefe que aquellas condiciones no se les aplicarían a las trabajadoras antiguas. Pero Evelin ya estaba en el punto de mira. A mediados de febrero de 2017 una discusión con un cliente se convirtió en la excusa perfecta para despedirla. El empresario la citó en su despacho, junto a una persona de cada departamento –trabajadoras de alterne, limpieza, seguridad, etc.– para dar ejemplo, y le dijo que tenía hasta esa misma tarde para abandonar el club. Sin embargo, Evelin no cedió y se atrincheró en su habitación durante una semana, pero le negaron el cobro de la habitación porque sabían que no pagar la estancia en un “hotel-discoteca” es motivo de sobra para echarla. Si era una huésped, como dicen los empresarios, ¿por qué tenía que trabajar 12 horas seguidas en el local? Si no era una asalariada, ¿cómo se puede despedir a alguien que no trabaja para ti? Finalmente, abandonó el club escoltada por la Guardia Civil. El despido es también un desahucio porque, como es habitual para todo el colectivo de trabajadoras sexuales, sin contrato laboral no pueden alquilar y terminan viviendo en su habitación de trabajo. Despido sin finiquito ni indemnización ni derecho a paro después de quince años trabajando para el mismo grupo, eso sí, habiendo cotizado pagándose su seguridad social como falsa autónoma.

En 1995 la reforma del Código Penal despenalizó el proxenetismo no coactivo, pero desde 2003 la presión del movimiento abolicionista consiguió de nuevo tipificarlo. Así, si en aquellos años la inspección de trabajo comprobaba que las mujeres brindaban servicios laborales de alterne bajo la dirección del empresario –remunerados a través de las comisiones por el consumo de copas–, se multaba a la empresa y se le obligaba a darles de alta en la seguridad social. A partir de 2007 se va generalizando la estrategia maestra: sustituir el sistema de la retribución del 50% de las copas por el de las “plazas de hotel”, pasando a pagarles ellas a los empresarios por el alquiler de la habitación. Así, si no existe remuneración, tampoco relación laboral, las mujeres seguirían trabajando bajo sus condiciones y encima gratis. Brillante. La misma jurisprudencia les avalaba en su actuación porque los tribunales de manera recurrente concluían que la ilicitud del contrato de prostitución lastraba la validez del contrato del alterne. Así las cosas, como se prostituyen en el mismo espacio en el que alternan no pueden darlas de alta y cumplen la ley porque en España el alquiler de habitaciones no se considera proxenetismo. (En Francia y en Suecia, por ejemplo, sí, por eso a las prostitutas se las desahucia y desaloja de sus propias casas).

Sin embargo, la novedosa sentencia del TSJ de Madrid recoge varios hechos probados que certifican que Evelin, como sus compañeras, trabajaban bajo las directrices de la empresa, sujetas a un horario y a una jornada laboral: no se podían acercar a un cliente hasta que este consumiera; se hacían sorteos a las cinco de la tarde con la habitación gratis como premio para incitarlas a iniciar la jornada laboral; y se realizaban registros en las habitaciones para que no guardasen alcohol. Primero, los beneficios de la empresa, pues, como reconoce la sentencia, los empresarios que se dedican a la venta de alcohol, se lucraban del trabajo de las prostitutas. Así, concluye la sentencia sobre este punto: “y es que considerar que se trataba de un trabajo sin derecho a contraprestación, sería tanto como admitir la esclavitud”.

La sentencia, estimatoria en parte, reconoce la relación laboral aun cuando se ejerza la prostitución en el mismo local y aun cuando no se produzca remuneración, pues entiende que la falta de remuneración, más que invalidar la relación laboral, constituye una vulneración más. Además, esta sentencia abre la veda para el encuadre en un convenio laboral, como podría ser la categoría profesional de auxiliar de servicios del convenio colectivo de hospedaje de la Comunidad de Madrid, según la propuesta de Juan Jiménez-Piernas, abogado laboralista de Evelin y activista del Colectivo Hetaira. Esta sentencia, de sentar jurisprudencia, ampararía a las trabajadoras bajo la cobertura de la Seguridad Social y favorecería la regularización de muchas migrantes. También implicaría que pudieran contar con una prestación y unos derechos laborales básicos (salario, nocturnidad, descansos, etc.), ayudaría a reducir la vulnerabilidad del colectivo y facilitaría, en el caso de que así lo deseen, poder abandonarla. En otras palabras, les posibilitaría la salida del círculo vicioso de la indefensión social y jurídica y la clandestinidad. Sin embargo, todos estos beneficios acabarán en papel mojado si el Supremo no ratifica la sentencia. Hay varias razones para pensar que tenemos las de perder porque no nos enfrentamos a cualquiera. El dueño del local implicado, el Flowers, Antonio Herrero Lázaro, ya fue absuelto en el 2015 por el Supremo de un supuesto delito –entre otros– de soborno a policías para que le avisaran de las redadas. En vez de la posible pena de 8 años de cárcel se le impuso una multa que no llegaba a los 1.000 euros.

Gracias a la identificación habitual de la postura proderechos con el regulacionismo –posturas no solo diferentes, sino antagónicas– en lugar de que el foco de atención esté situado en los empresarios y en el genuino regulacionismo, recae en cambio sobre las trabajadoras que se organizan. Solo así se explica que en 2004, cuando se legalizó la patronal del alterne, ningún colectivo abolicionista llevase ante la Audiencia Nacional a esa patronal –Mesalina–. En cambio, cuando el Ministerio de Trabajo aprobó los estatutos del sindicato OTRAS sí se intentó ilegalizar por esta vía. Mientras se cree a pies juntillas que estos señores esperan con ansia la regularización, no se advierte que la situación actual les resulta muchísimo más beneficiosa: un limbo jurídico con una mayoría migrante sin acceso a derechos civiles y sociales sale muy, muy rentable. Por eso el estribillo recurrente que escuchábamos en aquellos juicios laborales incidía en que el club solo era una discoteca independiente y las trabajadoras, meras huéspedes del hotel. Por otro lado, esa insistencia invisibiliza que España ya presenta de facto ingredientes definitorios de una regulación, como la zonificación del ejercicio. Como denuncia Evelin, existe una conexión perversa entre sancionar la prostitución callejera mientras se dan licencias a los clubes de alterne, de modo que se obliga a las mujeres a trabajar para terceros, bajo sus condiciones, pero sin reconocimiento de la relación laboral. Esta es justo la fórmula perfecta que tantos años lleva reclamando la patronal del alterne ANELA: prohibir la prostitución callejera y tener a las mujeres en sus clubes como falsas autónomas. Si se regulase a la alemana por y para los empresarios, mejor para ellos, pero descriminalizar, otorgar derechos y trabajar por incrementar las alternativas laborales es otra cosa bien distinta. Esta es la diferencia básica entre las posturas regulacionistas y las proderechos. Es decir, las regulaciones son leyes específicas del comercio sexual pensadas desde una mentalidad de orden y salud públicas con el objetivo de beneficiarse de los ingresos de la prostitución, mientras las posiciones proderechos buscan la despenalización de todo su universo –a excepción de la trata de personas y la prostitución de menores–, y el reconocimiento de derechos, cuyo modelo definitivo ha de ser diseñado por sus protagonistas. La diferencia estriba en dónde se pone el foco, si en beneficiar a los empresarios y a la población bienpensante o a las mujeres que la ejercen.

En los juicios de Evelin nosotras éramos retratadas por la patronal como abolicionistas. Así, las testigos insistían en que habían decidido ejercer la prostitución y el pleito giraba en torno a esta discusión bizantina, la de la libertad, mientras la vulneración de derechos y el abuso de poder quedaban en segundo plano. Este es el resultado de simplificar los discursos hasta reducirlos a un par dicotómico, abolición o regulación, que viene muy bien para hacer campaña electoral, pero no para realizar análisis políticos a la altura de la complejidad de las circunstancias. La cooptación de nuestros discursos alcanzó tal punto, que el abogado de la defensa llegó a citar a una de las nuestras, a Lucía Fernández, para revalidar su posición, al tiempo que afirmaba que “no están desamparadas, ganan hasta 15.000 euros al mes, ¿qué tipo de explotación es esa?”. Los derechos laborales no cuentan en prostitución, porque en este terreno de blancos y negros del debate mediático –de libres o esclavas– solo aquella que no la escogió, la víctima de trata –que tiene su reputación sexual intacta–, puede ser una buena víctima. El resto, aunque sean víctimas de explotación laboral, no cuentan. Si se piensa que la solución estriba en prohibir definitivamente el alterne, háganse cargo de las mujeres que retornarán a las colas del hambre, de los servicios sociales, o peor, a espacios todavía más clandestinos a merced de proxenetas.

Se puede reconocer la capacidad de decisión de la Otra, como un ser humano pleno, vulnerable pero agente activo a la vez, y eso es distinto a convertir esa libertad en un argumento político como hace Ciudadanos. Porque una cosa es despenalizar y dotar de derechos a un colectivo, acabar con la criminalización y la estigmatización del sector, y otra diferente es defender una regulación específica del mercado con sus impuestos, también especiales, y tan altos que en la práctica solo puedan asumirla los empresarios, como en Alemania. Porque una cosa es una ley hecha y evaluada por las putas desde una perspectiva de derechos humanos y reducción del daño como en Nueva Zelanda, y otra blindar la prostitución a terceros, como en Holanda. El feminismo blanco fue desde su cuna liberal y burgués, pero un feminismo interseccional, que reconozca las múltiples opresiones que nos atraviesan, entiende que a menudo pesa más el racismo institucional y el miedo a la deportación que el lastre de tener que trabajar para un tercero. Un feminismo con conciencia de clase entiende que decir que algo es un trabajo no significa decir que sea maravilloso, porque cierta izquierda curiosamente solo romantiza el trabajo y obvia la explotación inherente al capital cuando habla de prostitución. A quienes se les acusa de estar financiadas por proxenetas –como a Hetaira o a integrantes del sindicato OTRAS– son paradójicamente las que llevan a los empresarios a juicio. Cuando la gente deje de escuchar el ruido de lo que las putas feministas “son” para oír lo que dicen, entonces comprenderemos que las vidas de las mujeres mejoran a fuerza de conquistar derechos.

——————–

Paula Sánchez Perera es activista del Colectivo Hetaira.

 

 

Manifestación Feminista del #8M por los derechos laborales de las trabajadoras sexuales

 

http://www.tiffotos.com/trabajo-sexual/?fbclid=IwAR352snDwziZBkdIHvd7zqMF8OXq0zplJY2Len7TXATcodUVjw46DtcCD38

Trabajadoras sexuales en lucha por el reconocimiento de sus derechos

 

Durante la manifestación por el 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora, en Madrid, la Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales AFEMTRAS y la Organización de Trabajadores Sexuales, el sindicato OTRAS, acudieron con sus pancartas a reivindicar su derecho a la dignidad y sus derechos como trabajadores. Tienen que arriesgarse a dar la cara ellas mismas, ya que el movimiento feminista les da la espalda y les niega cualquier reconocimiento. Les acusa de promover la violación y el proxenetismo. Las líderes abolicionistas pretenden criminalizar aun más la prostitución.

Según antropólogos, el origen de la explotación de las mujeres se situaría en las raíces de nuestro desarrollo evolutivo. Las antiguas tribus de cazadores recolectores, de pocos indivíduos, recurrirían al intercambio de mujeres con otras tribus. De este modo evitarían la endogamia en los pequeños clanes al introducir nuevos genes en las descendencias. También se cree que se procuraba la compañía de las mujeres de la tribu a los viajeros como signo de hospitalidad, que también aportaría nuevos genes al clan. Esta hospitalidad se agradecería con regalos para el clan por parte de los viajeros, lo que marcaría el origen del proxenetismo, más que de la prostitución.

 

Mariano Tudela sitúa el origen de la prostitución en los rituales religiosos de Caldea:

“(…)Vayamos por partes. Indiquemos que hospitalidad y prostitución van muy unidas en los primeros tiempos; casi se puede decir que se complementan. Pero no nos precipitemos, empero, y digamos que las dos partes de Caldea, al unirse por mandato de Nemrod, exhiben, como característica más acusada, la recién inventada y descubierta prostitución. Y, además, la prostitución primitiva con sus dos vertientes perfectamente diferenciadas: la hospitalaria y la religiosa. “

La evolución al neolítico incorporó a la cultura el concepto de propiedad en los asentamientos estables. Se empezó a practicar la apropiación de las mujeres por parte de los hombres, y su sometimiento a los trabajos domésticos, evidencias de esto se encuentran en los hayazgos arquológicos. En las escavaciones de los asentamientos más antiguos aparecen restos femeninos con las articulaciones deformadas, lesiones relacionadas con actividades concretas, señal de una vida de trabajo intenso e ininterrumpido, que no se aprecian en los restos masculinos. Es el origen del patriarcado y la represión sexual (los hombres ya no desean criar herederos descendientes de terceros e impiden a sus mujeres relacionarse con otros varones), una forma de organización social que implica el abuso que se ha ido perpetuando hasta la actualidad. Este sistema se asimila como un valor cultural inspirado en los modelos de comportamiento difundidos entre la mitología local.

 

Bien entrados en el siglo XXI, aun tenemos que convivir con legislaciones influenciadas por las antiguas tradiciones y las supersticiones nacidas de los primeros ejercicios de propaganda política, como la que contempla nuestro universo sexual, que nos define como especie, como espiritualmente nocivo para poder justificar la represión sexual hacia el colectivo femenino y su sometimiento a los caprichos de los hombres. Arabia Saudí es un ejemplo conocido por todos.

El movimiento abolicionista, compuesto por colectivos que se oponen a la descriminalización y normalización de los servicios sexuales, está arraigado en el poso del abrahamismo original. Se entiende desde un prisma moralista que ignora todos los estudios sobre biología, anatomía humana, psicología, sociología, e incluso la Historia. Las investigaciones sólo corroboran lo positivo que es mantener relaciones sexuales con naturalidad, bueno para el indivíduo y, consecuentemente, para toda la comunidad. En una sociedad heterogénea, que abraza el enriquecimiento de la diversidad cultural, es ridículo insistir en que las relaciones entre adultos deban ceñirse al modelo tradicional propuesto desde los colectivos más supersticiosos.

En las sociedades civilizadas, la tolerancia a la diversidad sexual es un hecho. En las sociedades más primitivas, la represión sexual todavía se practica con extrema crueldad, y siempre contra las mujeres. Son las mujeres que reivindican su libertad, su sexualidad y su derecho a disfrutarla quienes son objeto de ataques y vejaciones.

En España no estamos alejados de las culturas menos desarrolladas. Aun se estigmatiza a las personas que disfrutan abiertamente de su libertad sexual (recién adquirida hace apenas 40 años, con la caída del régimen católico franquista, tras un período de transición cultural revolucionaria). Y en este contexto, las personas que ofrecen servicios sexuales, además de estar estigmatizadas, se ven condenadas a la marginalidad, a la indefensión legal y el desamparo al no recibir protección por parte de las autoridades. Sin sus derechos reconocidos, las trabajadoras sexuales son vulnerables ante los malos tratos, las estafas, los abusos policiales y las redes de trata de las mafias del sector. Miles de trabajadoras sexuales son violadas, asesinadas, torturadas o simplemente desaparecen cada año en todo el mundo sin que se investiguen sus casos.

El estigma de la prostitución es acusado. En el sector del trabajo sexual es extraño encontrar trabajadores que se atrevan a reconocer su actividad públicamente, por las graves repercusiones que pueda tener, y muy raro encontrar valientes que levanten la cara para defender su dignidad y sus derechos básicos como personas. Luchar para filtrar el poso cultural del patriarcado, encostrado en nuestras más profundas raíces evolutivas, no está siendo fácil ni agradecido. Es un combate doloso y lleno de sacrificios, pero se van consiguiendo avances por todo el mundo. Los trabajadores sexuales están aprendiendo a organizarse para defender su derecho a la dignidad y el reconocimiento de su actividad como un aporte importante y necesario para la sociedad.

El sindicato OTRAS nace en España ante la necesidad de las trabajadores sexuales de una organización capaz de representarles con poder para negociar convenios colectivos, así mejorar las condiciones de los trabajadores sexuales que trabajan por cuenta propia o ajena en hoteles o clubs, garantizar el respeto por sus derechos laborales, protección y amparo por parte de las instituciones responsables de la seguridad.

Citando a Conxa Borrell, Secretaria General de OTRAS:

-“Nuestros derechos los conseguimos a través del sindicalismo, como se han conseguido los derechos de todos los trabajadores y todas las trabajadoras a nivel global. Sin sindicatos no habría una jornada de 8 horas, sin sindicatos no habría fines de semana, sin sindicatos no habría pagas dobles, sin sindicatos no habría vacaciones. Por lo tanto, la importancia de crear un sindicato en este sector era muy fuerte, y era una demanda que las trabajadoras del sector nos venían haciendo desde hace mucho tiempo. No es fácil crear un sindicato, no es fácil crear algo desde la nada, y crear un sindicato de trabajo sexual no ha sido fácil. No está siendo fácil. Pero estamos seguras de una cosa, y es de que la fuerza de la razón nos acompaña (…)”-

 

Web del sindicato OTRAS:

http://sindicatootras.org/

 

Contacto con AFEMTRAS en Facebook:

https://www.facebook.com/Afemtras-1073000382756369/

Sindicato OTRAS en el B.O.E.

https://www.boe.es/boe/dias/2018/08/04/pdfs/BOE-B-2018-40130.pdf

 

by T.I.F Fotos the Ibán – TIFFotos.com

 

El “HASTA SIEMPRE” de las HETAIRAS

  

Con inmenso dolor tengo que compartir hoy el mensaje de despedida del Colectivo Hetaira. ¿Cómo podríamos haber imaginado que no estarían con nosotras para siempre, inspirándonos con su ejemplo, guiándonos con su sabiduría, hasta el día del pleno reconocimiento de los derechos de las trabajadoras sexuales? Hoy ceden el paso a las nacientes organizaciones y sindicatos de las trabajadoras sexuales, que no habrían visto la luz sin su lucha tenaz y generosa de tantos años. Este blog, que acaba de cumplir siete años, no habría existido tampoco sin su inspiración: la que transmitieron a ésta su más humilde socia, Citi; de Citerea, amiga de sonrisas. Aunque hoy llora.

 

https://colectivohetaira.org/

 

INTERIOR AEROPUERTO.

 

—Caye: Mi amiga, que se va porque quiere.

—Policía: ¿Perdón?

—Caye: Que se va porque quiere, que no la echa nadie. Se va ella, a ver a su hijo.

—Policía: Estupendo.

—Caye: Nada más que eso.

(Princesas, de Fernando León de Aranoa).

 

 

Hace justo hoy 24 años, el 12 de marzo de 1995, nacía en Madrid Hetaira, colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas. Hoy, 24 años después, decidimos colectivamente que Hetaira llega a su fin. Ésta es, sin duda, la comunicación más difícil que hemos tenido que realizar en todos estos años de andadura.

Hetaira nace de las ganas de un grupo de mujeres (unas prostitutas y otras no) que, tras reunirse durante dos años antes pensando sobre las estrategias y necesidades de quienes ejercían la prostitución, decide dar el paso de alquilar un espacio en una calle de nombre hermoso, la calle del Desengaño (la misma que le producía “Malegría” a Manu Chao en su canción y, con parecido sentimiento, nos asentamos). Los últimos años nos trasladamos —obligadas por la gentrificación— a la calle Fuencarral, porque decidimos estar cerca de las mujeres más vulnerables entre quienes ejercen la prostitución: aquellas que captan a su clientela en la calle.

Hetaira creció y se hizo fuerte, gracias a las ganas y al impulso de un grupo de mujeres que tuvimos por bandera la generosidad; la generosidad por apoyarnos siempre, por aprender unas de otras y por estar dispuestas a compartir tristezas y alegrías, éxitos y fracasos. También supimos enfrentarnos a los conflictos internos y salir reforzadas de ellos, porque siempre supimos poner por delante lo único importante: la defensa de los derechos de las prostitutas desde nuestro pensamiento feminista.

Hetaira creció y se hizo fuerte, gracias a que había mujeres que tenían los pies en la tierra, que sabían qué necesidades materiales había que trabajar para mantener el local, para mantener el equipo, para buscar financiación, para crecer como asociación, para adentrarse en las instituciones.

Creció y se hizo fuerte, gracias a que había mujeres que echaban a volar la imaginación (no teníamos referentes, excepto alguna iniciativa en contextos distintos al nuestro) para cambiar la política tradicional e integrar la lucha de las prostitutas en los discursos sociales, políticos, culturales y económicos. Las prostitutas, por fin, son ya hoy sujet@s polític@s, le pese a quien le pese y están organizadas. Y estamos orgullosas en lo poco o mucho que hayamos podido influir para generar esta autoorganización en distintos puntos del país. Porque comenzamos solas, pero conseguimos generar alianzas indestructibles.

Creció y se hizo fuerte, gracias a que formamos parte de plataformas pro derechos internacionales, donde dejamos alguna pequeña huella y donde aprendimos de nuevas realidades y de otras posibles formas de actuar. También en la trata de personas y no solo en el trabajo sexual.

Creció y se hizo fuerte, gracias a que nos formamos, estudiamos y empapamos de realidad. Escribimos cientos de artículos, narramos nuestra experiencia en incontables charlas y mesas redondas y difundimos nuestras ideas a través de los medios de comunicación, del mundo de la cultura. Recordaremos siempre la primera vez que una puta puso el pie en una facultad no para ser “diseccionada” sino para impartir “saber”: explicar en qué consistía su trabajo y cuáles eran los derechos que reclamaban.

Creció y se hizo fuerte, gracias al contacto permanente con las prostitutas, algunas formando parte del colectivo y otras no, que nos recordaban cada día que era lo importante y que era accesorio. Porque había que estar en los polígonos, en los parques, en la Casa de Campo, en las esquinas, en los clubes, de noche y de día, con frío y con calor.

Creció y se hizo fuerte, relacionándose con cientos de mujeres que ejercen el trabajo sexual y estudiamos, junto a ellas, medidas y alternativas reales a sus diversas situaciones. Nos enriquecimos al encontrar una realidad diversa: mujeres de todas las edades, mujeres de diversas nacionalidades, mujeres racializadas, mujeres trans, mujeres lesbianas, mujeres bisexuales. Mujeres alucinantes.

Creció y se hizo fuerte, gracias a que animó a la autoorganización de las prostitutas en plataformas autónomas, en donde ellas tuvieran la palabra: la ya desaparecida Agrupación Montera y AFEMTRAS (en buenísimo estado de salud) por ejemplo. Y porque, en la medida de nuestras posibilidades, siempre estuvimos apoyando a las nuevas asociaciones que surgían en otras ciudades del país.

Creció y se hizo fuerte, gracias al empuje definitivo de las primeras líderes de entre las chicas de la calle, que arriesgaron todo porque nada tenían que perder. Que dieron la cara ante los medios de comunicación, que se plantaron ante los problemas e injusticias. Mujeres que sufrieron, en ocasiones, un estigma injusto y una persecución difícilmente soportable.

Creció y se hizo fuerte, gracias al activismo de todas; porque a lo largo de todos estos años, entraron y salieron a lo largo de todos estos años un buen puñado de mujeres que supieron dejar huella en quienes continuaron en el proyecto y que dejaron en Hetaira lo mejor de sí mismas. Lo hemos pasado en grande -el sentido del humor siempre fue nuestro gran aliado- organizando en todos estos años manifestaciones, concentraciones, conciertos, festivales, pasarelas de moda fashion, fiestas, aniversarios. Cualquier formato era bueno para llevar la realidad de las prostitutas a la agenda política y social.

No es fácil mantener un proyecto como Hetaira que necesita de muchas, muchísimas, horas de activismo: hay que salir cada semana a la calle, acudir a todas las reuniones precisas, atender a investigadoras y/o becarias, a artistas que llaman a nuestra puerta con su proyecto bajo el brazo (un documental, un proyecto fotográfico, una obra de teatro, un guión de cine), para atender a los medios de comunicación, para escribir artículos, para preparar ponencias y viajar a donde nos llamaran, para atender a las redes sociales, y, además, continuar formándonos ante las nuevas realidades que se presentan…

Así quisimos que fuera, no deseamos nunca ni un proyecto asistencial dirigido a las prostitutas ni mucho menos una asociación que se redujera a contratar personal que las atendiera. Y la apuesta significa horas de activismo en los tiempos libres de cada una  de nosotras en el mejor de los casos, y en horas de sueño en el peor y más realista de los casos.

No sabríamos por dónde empezar a agradecer, tampoco tendríamos espacio suficiente para hacerlo.

Habéis sido tantas las personas que nos habéis acompañado a lo largo de todos estos años, haciendo que los momentos difíciles siempre se dulcificaran. Gracias a quienes nos ayudasteis a levantar cuando desesperábamos (y no solo económicamente). Gracias a quienes empujasteis siempre a nuestro lado. Gracias queridas y queridos socios. Gracias a quienes defendisteis nuestro trabajo en lugares no demasiado “amables”, Gracias a la vida por ponernos delante a tantísima gente inteligente y luchadora con quienes hemos trabajado en alianza durante todos estos años.Gracias en definitiva a todas las personas que en algún momento gritasteis a nuestro lado: YoSoyHetaira. Gracias, gente valiente.

Quienes nos conocéis bien sabéis que quienes conformamos Hetaira continuaremos trabajando en la defensa de los derechos humanos y por un feminismo que escuche y esté al lado de las necesidades de nuestras queridas chicas de la calle, de quienes tanto continuamos aprendiendo y de todas las trabajadoras del sexo. Lo sabéis y es lo único que hoy -que escribimos este “hasta siempre” tan difícil- nos hace felices: siempre estaremos ahí. Con vosotras. Y, aunque parezca el final de una historia es al contrario, esta lucha no ha hecho más que comenzar.

¡Qué viva la lucha de las prostitutas!

¡Hasta siempre y seguimos!

¡Nos vemos en las calles!

 

Un abrazo enorme de

“Las hetairas” (como cariñosamente, acabasteis llamándonos).

Madrid, 19 de marzo de 2019

  1. Podéis localizarnos hasta mediados de diciembre de 2019 en nuestro local y en nuestro email: hetaira@colectivohetaira.org.

Mantendremos la página web, que reforzaremos, recogiendo lo que hicimos en estos 24 años de activismo.

 

¡YA ESTÁ AQUI LA FANZINE PRODERECHOS! 

 

 

 

Este símbolo se va hacer visible durante #8M en muchas ciudades donde el movimiento feminista inclusivo hará visible su apoyo a la lucha #TransMaricaBolloPuteril SIN LAS PUTAS, LAS TRANS, LAS RACIALIZADAS, LAS INDÍGENAS, LAS GITANAS, LAS MORAS… NO HAY FEMINISMO. FORMAMOS PARTE DE ÉL, NO PEDIMOS PERMISO, NO PEDIMOS PASO, EXIGIMOS OKUPAR NUESTRO ESPACIO LEGÍTIMO DENTRO DEL FEMINISMO. Estamos en un momento histórico en el movimiento feminista donde las alianzas tienen la responsabilidad de visibilizar a estos colectivos. Nos avalan años de lucha, defendiendo nuestro derechos y apoyando hasta a quien no nos consideran feministas. Este #8M las putas volverán a las calles como siempre, pero este año será diferente porque muchas ciudades no necesitarán putas organizadas para alzar la voz por nuestros derechos, estaremos presentes a través de nuestras #aliadas #SinPutasNoHayFeminismo

Marijose Barrera Marquez

Cofundadora del Colectivo de Prostitutas de Sevilla

 

 

https://aliadastransfeministas.wordpress.com/2019/03/05/descarga-fanzine/

 

En esta primera edición llena de zorroridad, hemos recopilado textos y materiales de compañeras trabajadoras sexuales y aliadas en la lucha proderechos de todas las mujeres, todos los días. Puedes descargar la versión para imprimir aquí. Esta es una fanzine colaborativa de libre reproducción, distribución y venta para cubrir costes de impresión.

¡IMPRIME Y DIFUNDE!

 

CLIC – Descarga archivo portada y contraportada

CLIC – Descarga archivo páginas interna

@AliadasTransFem

 

¿Qué significa en España “despenalización total del trabajo sexual”?

 

 

 

Las trabajadoras sexuales en lucha por sus derechos en todo el mundo exigen la plena despenalización de la prostitución como el único modelo legal respetuoso con sus derechos humanos. Despenalización no debe confundirse con legalización/regulación:

“La legalización significaría la regulación de la prostitución con leyes sobre dónde, cuándo y cómo puede tener lugar la prostitución. La despenalización elimina todas esas leyes y prohibe al Estado y a la policía intervenir en cualesquiera actividades o transacciones relacionadas con la prostitución, a menos que sean de aplicación otras leyes”.

Decir en España “despenalización total del trabajo sexual” es decir algo muy preciso: es decir “derogación de los artículos abolicionistas del actual Código Penal” y “derogación de los artículos regulacionistas de la Ley Mordaza.”

En concreto:

—Supresión del párrafo b) del artículo 177 bis (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con el párrafo “a) La imposición de trabajo o de servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, a la servidumbre o a la mendicidad.”

—Supresión del art. 187 (“prostitución forzada” y “proxenetismo”).

Basta con los artículos del Código Penal que penalizan el secuestro y la violación.

En ambos casos, el desprecio al consentimiento de la persona (la prostituta) expresado en los mismos atenta contra la libertad sexual protegida por el mismo Código Penal.

—Y eliminación del párrafo 11 del art. 36 de la Ley Mordaza: “La solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público…)”

Porque viola los derechos constitucionales a la libre circulación y a la intimidad, se penaliza una conversación privada protegida por las leyes de protección de la intimidad y se viola la igualdad de todas las personas ante la ley al penalizar por el solo hecho de estar en la calle a aquellas mujeres que la policía supone que realizan la actividad legal de venta de sexo.

Habría que añadir también la derogación de la Ley de Extranjería. Aunque esta Ley no se refiere expresamente a la prostitución, si afecta al gran número de trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas que, bajo la amenaza constante de detención, ingreso en CIE y deportación, deben esconderse de la policía y quedan indefensas en manos de los explotadores laborales.

Esta despenalización debería completarse —al modo de Nueva Zelanda, primer país en el que se ha despenalizado totalmente el trabajo sexual— con una regulación estricta de los propietarios de burdeles y del funcionamiento de éstos, con el objetivo, como dice el preámbulo de la Ley de Reforma de la Prostitución de Nueva Zelanda, de:

“salvaguardar los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y protegerlas de la explotación, promover el bienestar y la salud y seguridad ocupacional de las trabajadoras sexuales y propiciar la salud pública.”