“Las putas también tienen que comer”: el drama de la prostitución durante la pandemia

Por Alba Cabañero

24 de mayo de 2020

https://www.madridiario.es/putas-tambien-tienen-comer-drama-prostitucion-durante-pandemia

Este sábado en la capital, se dieron cita dos manifestaciones: la gran caravana que recorrió el centro de Madrid de la mano de Vox, con banderas de España y gritos de “libertad” y “Gobierno dimisión”, y la sencilla protesta del Partido Comunista, que congregó en la Puerta del Sol a poco más de una veintena de manifestantes que salieron a la calle por ‘Por el trabajo, por nuestros derechos y por un plan de emergencia social’.

Por la Puerta del Sol pasó Andrea, prostituta que, al ver que se mencionaba el tema de la prostitución en la concentración del PCPE, decidió dar su opinión e iniciar su propia protesta.

“Estaba paseando por allí y vi que se manifestaban e incluso hablaron del tema (prostitución), por lo que me uní a la conversación y se armó una trifulca porque no pensaban lo mismo que yo, así que hice un show de desnudo en el momento. Los periodistas se pusieron de mi lado. Lo que les dije fue: las putas también tienen que comer”, confiesa a Madridiario.


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Andrea y muchas de sus compañeras forman parte de la cara B de esta pandemia. Sin derecho a ERTE, paro o ayudas sociales, muchas mujeres que ejercen la prostitución se han visto abocadas a vivir de ahorros –si los tienen– o a dormir en albergues e incluso en la calle.

“Muchas personas trabajan en la prostitución permanente o esporádica y no tienen derechos al no ser un trabajo legalizado. Sin ayudas, la única solución es darse de alta como autónoma en la Seguridad Social como masajista, por ejemplo, pero yo no soy masajista”, señala Andrea.

Según la web Escort Advisor, alrededor de 600.000 trabajadoras sexuales ejercen la prostitución en España, de las que alrededor de 100.000 son independientes y anuncian sus servicios a través de internet, igual que Andrea.

“Nosotras nos publicitamos por anuncios en internet, y seguimos pagando lo mismo por ello a pesar de no poder realizar los mismos servicios”, apunta.

Ante las restricciones de movilidad que ha traído consigo el decreto del estado de alarma, comenta que muchas compañeras se han planteado llevar a cabo sus servicios a través de videocámaras, pero asegura que no es un buen negocio.

“Existe mucha hipocresía porque muchos clientes, padres de familia, están confinados con sus mujeres y sus hijos, y no se van a esconder para hacer una videocámara, al igual que muchos no quieren pagar ni los 20 euros que ofrecemos por algo que puede durar como mucho cuatro minutos. El cibersexo no es viable”, indica.

Expuestas al coronavirus

Además del drama económico al que se han visto expuestas estas mujeres, su profesión hace imposible mantener las medidas de seguridad pertinentes para no contagiarse de COVID-19.

“Somos vulnerables al tener un trabajo que exige contacto físico con los clientes”, subraya Andrea. A ello se suma que los clientes no quieren desplazarse por miedo al contagio.

“Los clientes buenos, los respetuosos y prudentes, los que son padres de familia, no se van a arriesgar a contagiarse ni a dar explicaciones a su mujer de por qué sale de casa. A menos que encuentren una cura, los clientes responsables no vendrán”, lamenta.

Denuncia además la posición en la que se encuentran muchas compañeras, que reciben aproximadamente un cliente cada tres días, pero ninguno cumple las medidas de seguridad. “Son clientes que pasan del tema y de cuidarse de contagiarse de enfermedades de transmisión sexual o del propio coronavirus. Ellas se la juegan para poder pagar las facturas”, critica.

Ayudas básicas

Es por ello que Andrea hace un llamamiento para pedir ayuda para todas estas mujeres que desde la llegada del coronavirus, como otros muchos trabajadores, se han visto desamparadas.

“Exijo que se nos habilite una vivienda para trabajar y una paga para comer”, demanda. Cuenta que las asociaciones a las que pueden acudir para pedir ayuda están limitadas, y para conseguirlo se ha de pasar por un largo proceso al que solo puede acceder un pequeño número de personas.

No hay opción a ayudas por ser un trabajo clandestino, completamente en la economía sumergida”, censura Andrea, partidaria de legalizar la prostitución.

La incertidumbre con la que están viviendo estas trabajadoras la pandemia, sin saber cómo será su ‘nueva normalidad’, tanto en términos económicos como sanitarios, hizo que Andrea, que solo pasaba por Sol este sábado, alzase la voz. “No vemos nada claro, nos están tomando el pelo”, sentencia.

Confía en que su pequeña protesta ante la Puerta del Sol sirva para algo, al menos para visibilizar la situación de las prostitutas en Madrid y en el resto del país, y que puedan contar con el apoyo de las instituciones para salir adelante.

 

“Si volviéramos a nacer, seríamos trans y prostitutas”

Victoria y Alma son dos cordobesas que llegaron a Río Gallegos para ejercer la prostitución, tres días antes de la cuarentena. Confinadas en un departamento, contaron sus historias, levantando la bandera de su propia independencia. Unas trans con movimiento de cadera y lenguas filosas.

 

Por Sara Delgado 

13 de mayo de 2020

https://laopinionaustral.com.ar/edicion-impresa/si-volvieramos-a-nacer-seriamos-trans-y-prostitutas-186216.html

 

 

El complejo de departamentos está sobre calle Maipú y su puerta, “derecho al fondo”. Afuera, una vecina limpia el auto con una nena y nos da una mirada punzante y socarrona, “¿creerá que venimos a hacer un trío?”, pienso.

Vicky abre la puerta. Está de entrecasa, bastante diferente a la foto de su perfil de WhatsApp, donde las tetas le desbordan el escote. Eso sí, la boca sigue con un rojo granadina.

El lugar es diminuto. Cocina, la mesa con tres sillas, un sillón de dos cuerpos con un preservativo y un gato, una escalera hacia la habitación.

La llegada de las chicas a Río Gallegos se produjo en un mal momento.

Son trabajadoras sexuales para quienes la gira por fuera de sus provincias significa mucha plata, o al menos una diferencia importante. Antes estuvieron por Comodoro Rivadavia y con lo que consiguieron comieron todo este tiempo, aunque también se sumaron bolsones de alimentos gestionados por el área de Diversidad que conduce Roxana Rodríguez.

En el lugar donde está junto con una amiga, Patricia, una encargada del dueño les retuvo los documentos porque sabía que si no podían trabajar, tampoco iban a poder pagar los $ 1.300 diarios del departamento.

VICKY HIZO LA TRANSICIÓN A LOS 15 Y A LOS 16 YA SE PROSTITUÍA.

Esto derivó en una nota de La Opinión Austral, allá por fines de marzo, y en una denuncia ante el INADI que evitó que las quisieran desalojar cuando tal cosa estaba prohibida por un decreto presidencial.

El aislamiento les impide tener sexo con hombres, pero las habilita a otros servicios en plataformas virtuales. Sin embargo, cuando empezó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, dieron de baja sus anuncios en Locanto y tiraron la toalla con el sexo por videollamada, donde les da fiaca repetir las frases una y otra vez entre cliente y cliente.

En el último tiempo, con la excusa de violaciones a la cuarentena, se registraron varios hechos de violencia institucional con ataques a mujeres trans por parte de las fuerzas de seguridad.


El aislamiento les impide tener sexo con hombres, pero las habilita a otros servicios en plataformas virtuales


Esto es un drama para el cual el Estado todavía no tiene respuestas, porque quienes ejercen la prostitución a la intemperie y deben cumplir el aislamiento, no tienen modo de subsistir. Para la mayoría, las condiciones de vida, vivienda, servicios y demás son precarias, como consecuencia de la marginalidad.

Vicky nació en Misiones, pero de muy chiquita se fue a vivir a Córdoba, y cuando tenía ocho años, su mamá dejó la casa y a ella con sus tres hermanos a cargo de su papá.

A los quince hizo la transición y a los dieciséis ya se prostituía en una whiskería.

“Me crié con mi papá, divina”, cuenta, sabiéndose afortunada porque él la hubiera entendido y apoyado en su elección.


Estoy brindando un servicio como cualquier otro y se me paga


“Se lo conté a los quince, pero él ya sabía porque desde chiquita siempre fui muy amanerada. Cuando le dije, me acuerdo que me abrazó y me dijo que siempre me iba a querer”, se acuerda.

ALMA VIVIÓ SIETE AÑOS EN PARÍS.

Vicky habla con orgullo del trabajo sexual, ese que algunos feminismos ponen en tensión y como punta de lanza de la trata, pero ademas lo hace desde una mirada trans, esa que también algunos feminismos intentan borrar en una pulsión que las quiere mujeres.

“Yo estoy brindando un servicio como cualquier otro y por eso se me paga. Nunca lo sufrí, hay chicas que sí, pero no es mi caso”, aclara Vicky, que a los veinte años dejó de prostituirse en la calle y migró para trabajar en departamentos VIP, sin intermediarios, ni fiolos, ni madamas.

Ella, su cuerpo, su dinero, su elección.

—¿Si te dieran a elegir otra forma de vida, cuál elegirías?—, le pregunto.

—Esto me gusta, estudié peluquería, ejercí, me fue bien, pero no. Yo siempre vuelvo al ruedo, me encanta. Me gusta lo que se gana trabajando. En peluquería puchereaba y asimismo, si me pongo ahora a comparar, no tengo mucho, vivo el día a día, a pesar de que se gana muy bien. Tengo mi casa, me operé toda y si hubiese tenido que trabajar de peluquera, hubiese tenido que ahorrar para montar un negocio, naah—, dice y resopla. La plata que hace Vicky en un mes normal es alrededor de $ 40 mil pesos y si está de gira, en un lugar donde es nueva, a esa plata la hace en una semana.

Llevamos ya varios minutos de charla cuando cruje la escalera con los pasos de Alma, la otra piba trans, que baja hecha una diva con un enterito corto de tiritas. Tuerce la cadera hacia un lado, coloca un brazo en forma de jarra y con el que le queda libre, se tira el pelo recién lavado hacia un costado. “No aguanto más, ¡me quiero ir!”, dice y nos mira a mí y al fotógrafo.

—¿Quieren tomar algo, chicos?, ¿un té?, ¿café?—, pregunta Vicky, casi anunciando que ahora hay que ponerse cómodos.

Alma, que habla tres idiomas, invade la escena con sus historias de prostitución en París, donde vive desde hace siete años, y de caminatas en el Bosque de Bulogne, donde consigue a sus clientes.

EL GATO DUERME SOBRE UN PRESERVATIVO EN EL SILLÓN.

“Nosotras no hacemos plata fácil. Vicky tiene un poco más de buche, pero si a mí no me gustó el tipo, le cierro la puerta en la cara, porque yo a mi cuerpo le pongo precio y me acuesto con quien quiera, porque hay personas que vienen con olor”, larga y su explicación es como un cachetazo porque, siendo honestos, quién alguna vez no se hizo esta pregunta: ¿cómo hacen si lo que ven les parece feo o fea?

“Ademas, hay mucho loco dando vuelta, que te quieren romper el condón, personas resentidas. A muchas compañeras las han asesinado, les sacaron prótesis, las golpean. Viví miles de veces situaciones violentas. Yo vivo en Francia, vine a ver a mi mamá y me agarró esta mierda, pero allá también te discriminan, ¿creés que no?”, dice Alma, que sigue parada y se sigue acomodando el pelo.

Claro, una imagina que la prostitución en Europa es un camino allanado por una cultura open mind, siempre y cuando la trabajadora no sea transexual y latina.

“Un gay, una lesbiana en Europa la pasan piola, pero a una chica como yo, nueve de diez la van a juzgar, los policías te llevan presa, te pegan, te violan”, aclara.

—¿Y por qué te quedás?

—Me quedo por la plata, son euros, nena. Aparte me acostumbré al ritmo de vida de Europa, me salta el hombrecito de adentro y si tengo que cagarte a trompadas, lo hago. La calle me enseñó a ser fría. No dudaría si tengo un cuchillo en la mano. Antes que llore mi madre, lo hago—, asegura.

—¿Y si te dieran a elegir?

—La prostitución te lleva a ser ambiciosa. Yo también soy peluquera como Vicky, también tuve mi novio, Diego, que me daba todo. En Córdoba hay un cantante, la Mona Giménez, que nos dio mucha libertad, la travesti se respeta, somos locas de la calle, entonces el cordobés es mente abierta. Mi novio trabajaba y ganaba muy bien, pero me gusta que mi billetera esté llena, me gusta irme de shopping, me gusta mi libertad—, responde Alma, que nunca se sienta, sino hasta que, cuando ya nos vamos, Pato les saca fotos en el sillón.

Por si no quedó claro: “Elegiría seguir siendo prostituta, elegiría mi dinero”.

Porque “además, me gusta jugar con los hombres”, dice y bebotea con la mano sobre la boca y el pelo que le cae, ya seco, sobre la mitad de la cara sin maquillaje.

Las dos tienen discurso político, político pero no partidario, y aunque vienen de una provincia que durante la era macrista estuvo mayoritariamente alineada con Cambiemos, dicen que hoy la realidad es bien diferente.

—Nosotras levantamos nuestra bandera, porque nadie nos viene a traer un plato de comida. Lo que conseguimos, lo conseguimos en la lucha, en las marchas. En Córdoba la gente estaba con Macri, pero hoy en día se está dando cuenta—, dicen.

Alma incluso cuenta que “digan lo que digan de los kirchneristas, que a mí ni me van ni me vienen, cuando me fui a París, en Argentina se podía comer, cuando volví había gente en la calle y en el supermercado contaban las monedas para pagar un paquete de fideos”.

Decí que te gusta

Con Vicky comparten esa idea de varones con masculinidades que se ponen en duda por la orientación sexual, de aquellos que aparecen para sacarlas de la oscuridad de la noche y confesiones de cama que dicen mentiras.

“El hombre nos ve como algo bonito pero con pene, y a la vez quiere y se hace el que no. Pero el que pasó por una travesti, va a volver siempre. El que dice es la primera vez miente, ese ya viene corridísimo de locas”, dice una y se matan de risa.

“Tenemos miles de oportunidades de tener novio y siempre que salimos viene el que te dice que te va a ayudar, pero ¿quien sos? ¿Robin Hood? ¡raja!”, y de nuevo se descostillan.

—¿Son feministas?

Vicky pone una cara fruncida y los labios superiores se le tensan hacia arriba, dejando ver la encía.

—No—, dice Alma, segurísima, mientras relojea el pañuelo verde atado a mi bolso. Lo señala y dice que no comparte muchas cosas, como que se mezcle a las putas con el trabajo sexual.

“Nosotras ganamos nuestro dinero. Es un trabajo. Más vale que no vamos a ser toda la vida prostitutas, porque no vamos a ser toda la vida jóvenes y bonitas. En mi caso, voy a ser activista. Me gusta luchar. Pero a veces no se entiende que nosotras no somos mujeres, somos trans. Respetamos toda decisión, pero la mujer tiene útero, vagina y menstrúa, nosotras quizás representamos la feminidad de la mujer. Por eso Flor de la V no nos representa. Vive en su propio mundo. Nosotras, si pudiéramos volver a nacer, seríamos trans y prostitutas de nuevo”, insiste.

Ailyn y Ailen

Victoria y Alma se conocieron años atrás en el departamento de una amiga, que también trabajaba alquilando el cuerpo.

Hoy fantasean con la idea de irse a Europa juntas. Comparten, además de su provincia mediterránea, el bautizo de nombres que no eligieron, pero que hasta suenan igual.


No se entiende que nosotras no somos mujeres, somos trans


A Vicky le elijó el nombre una amiga, que ademas le puso de segundo Ailen, mientras que a Alma, que en verdad quería llamarse Carolina, se los eligió su abuela, que de segundo nombre le puso Ailyn.

“Acá son mente cerrada, ¿no?”, me pregunta Alma, que dice que en Río Gallegos la gente pareciera no estar muy acostumbrada a ver chicas trans de día circulando por el espacio público.

“Cuando fuimos a hacer la denuncia porque nos retuvieron los documentos, entramos a la comisaría y en al puerta había un oficial. Cuando nos fuimos, había como veinte y todos se daban codazos. Igual nos gustó que salieran a vernos”, reconoció.

Después contó que “el otro día tenía que ir a la farmacia y no sabía dónde quedaba. Vi a un pibe y fui toda Victoria Secret para preguntarle dónde y se quedó duro, ni que vieran a Mister ET”.

“Claro —dice Vicky—, en Córdoba agarramos la avenida San Martín, donde están todos los puestos de feria, y la Coca Sarli es un poroto”

 

Flower’s: Trabajo activa una inspección en uno de los mayores burdeles de Madrid

El órgano inicia el proceso, pero paraliza la medida a la espera de una decisión firme del Supremo sobre la relación laboral de una prostituta con el club

 

J. GÁLVEZ

Madrid, 6 de diciembre de 2019

https://elpais.com/ccaa/2019/12/04/madrid/1575486646_675126.html

 

La fachada del club de alterne Flower’s, junto a la autovía A-6, a la altura de Las Rozas, en una imagen tomada este diciembre. KIKE PARA

 

A la victoria de la prostituta Evelyn Rochel le queda un escalón para ser definitiva. Tras conseguir en febrero que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) le reconociera una relación laboral con el Flower’s, uno de los históricos y mayores burdeles de la Comunidad, el Tribunal Supremo debe ahora resolver los recursos que se presentaron contra el fallo. Pero, mientras los magistrados se pronuncian, la batalla que emprendió la mujer ya ha tenido sus primeros efectos. A raíz de dicha sentencia, Trabajo ha activado una nueva inspección laboral en el club de alterne, aunque la paralizó a la espera de la resolución firme del alto tribunal.

“Mediante la presente notificación se comunica formalmente el inicio de actuaciones inspectoras tendentes a comprobar el cumplimiento por la empresa de sus obligaciones en materia de Seguridad Social”. Con estas palabras, la Inspección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, dependiente del Ministerio, informó el pasado abril al Grupo Empresarial La Florida, que gestiona el Flower’s, sobre la puesta en marcha de la iniciativa. Según explica el propio órgano inspector, adoptó esta medida a raíz de la victoria de Evelyn Rochel en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que el pasado 18 de febrero dictó una trascendente sentencia para la Comunidad. Ese día, le reconoció a la prostituta una relación laboral con el club de alterne.

Aunque los magistrados no vincularon a la mujer con el burdel por su actividad sexual, que no tiene una regulación legal en España, sí consideraron probado que su trabajo de alterne en el local era fundamental para el negocio del establecimiento. “Siendo esencial la presencia de estas [mujeres] para atraer a los clientes que, sin duda, acuden buscando su compañía, que es la que determina que consuman copas”, subrayan los jueces del tribunal superior en su resolución, donde apostillan a continuación: “Y es el titular del negocio el que se lucra de ello”.

Este fallo judicial, que se encuentra recurrido, implica reconocer una relación laboral y, por tanto, obligaría a la empresa a pagar las correspondientes cotizaciones, según explica Juan Jiménez-Piernas, abogado laboralista y letrado de Rochel. Pero “la trabajadora no fue dada de alta en la seguridad social por la empresa, según consta en la base de datos”, advierte la Inspección Provincial en uno de los oficios enviados al Grupo Empresarial La Florida, que ha rechazado ofrecer su versión de los hechos a este periódico, más allá de comentar que la sentencia del Superior se encuentra recurrida al más alto tribunal.

“Hasta que el Supremo decida si existió o no relación laboral, la Inspección no va a hacer nada, pero está avisando ya a la empresa”, apostilla Jiménez-Piernas. De hecho, en otro oficio emitido el pasado 12 de julio por Trabajo, al que tuvo acceso EL PAÍS, el órgano comunica al club de alterne que ha aceptado su solicitud de paralizar la inspección a la espera de que se resuelvan los recursos judiciales —posibilidad prevista en la ley—. Eso sí, avisa también de que considera interrumpido el plazo de cuatro años previsto en la normativa para que prescriba el pago de estas cuotas.

La batalla judicial

La batalla de Evelyn Rochel arrancó en 2017, cuando se atrincheró en una de las habitaciones del Flower’s, ubicado junto a la autovía A-6 —a la altura de Las Rozas— y un habitual en las redadas policiales. Según afirmó entonces la mujer, el club de alterne le comunicó que debía marcharse y dejar de ejercer allí. “Me quieren echar de aquí como a un perro, pero no lo voy a consentir. Este no es solo mi trabajo. Vivo aquí. Este club es mi casa. Y por eso me he atrincherado en mi habitación, la 113”, declaró a El Español. Según cuenta, llevaba 15 años prostituyéndose en España y siempre bajo el mando de los mismos jefes.

La pelea se trasladó posteriormente a los tribunales. En primera instancia, el Juzgado de lo Social número 24 de Madrid rechazó sus pretensiones. Pero Rochel recurrió y el TSJM admitió parte de sus argumentos. Los magistrados inciden en que existía una relación de “dependencia” entre la trabajadora y el burdel: “Su actividad iba dirigida a conseguir que los clientes consumieran bebidas, lucrándose [el Flower’s] y no redundando en el propio beneficio de la [prostituta]”. Además, inciden en que es “evidente” la “inserción” de Rochel en la organización empresarial: “Sus servicios se realizaban en el local del negocio, en el horario fijado por la empresa y sometida a sus instrucciones”. “Considerar que se trataba de un trabajo sin derecho a contraprestación, sería tanto como admitir la esclavitud”, añade el fallo.

El Supremo debe pronunciarse ahora. En una sentencia de 2016, el alto tribunal ya estableció una frontera entre la actividad de alterne y la prostitución. Si existe sexo, no puede considerarse relación laboral. Pero ese punto, en cierta manera, también lo aborda el tribunal superior, que explica que Rochel ejercía por una parte el alterne en el Flower’s y, después, en el hotel contiguo —”también propiedad de la empresa demandada”—, la prostitución: “Dos actividades bien diferenciadas”. “Si el Supremo confirma la sentencia del TSJM, todos los clubes de alterne deberían dar de alta a sus trabajadoras. Y la inspección podría actuar y reclamar las cuotas a la Seguridad Social de todas las prostitutas del país de los últimos cuatro años”, apostilla Jiménez-Piernas.


REGISTROS DE HABITACIONES Y SORTEOS DE NOCHES GRATIS

Evelyn Rochel, de origen colombiano, aterrizó en España hace casi dos décadas. Según consideran probados los tribunales, desde 2007 a 2017 prestó de forma voluntaria “servicios de carácter sexual a cambio de dinero” en el ApartaHotel La Florida, adjunto al Flower’s, donde también realizaba labores de alterne. Entre otros detalles, los jueces explican en sus escritos cómo la mujer pagaba al Grupo Empresarial La Florida, propietaria de ambos establecimientos, un total de 85 euros al día por la habitación con baño donde “ejercía la prostitución”, más otros dos euros por el cambio de ropa de cama y toallas. Todo ello, en unos locales donde los dueños ponían las normas.

Según añaden las resoluciones del juzgado de lo Social y del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la empresa exigía a Rochel y a sus compañeras “que no se acercaran a los clientes hasta que no hubieran efectuado una primera consumición”. Además, a las cinco de la tarde de cada día —hora a la que abre el Flower’s—, se realizaba un sorteo entre los “usuarios” del hotel, donde se les premiaba con no pagar la habitación esa noche: “La finalidad de dicho sorteo que las chicascomenzaran a esa hora a prestar sus servicios”, destaca también el fallo de los magistrados, que añaden que la empresa prohibía incluso a las prostitutas y los clientes que subieran bebidas alcohólicas a las habitaciones: “Alegando motivos de seguridad para ellas y llegando a realizar registros en las habitaciones delante de sus usuarias para comprobar que esa norma se cumplía”, desvelan los jueces

 

La pandemia deja abandonadas a su suerte a las prostitutas en España

9 de mayo de 2020

https://www.swissinfo.ch/spa/la-pandemia-deja-abandonadas-a-su-suerte-a-las-prostitutas-en-espa%C3%B1a/45748740

 

Evelyn Rochel posa con mascarilla en una calle de Chozas de Canales, un pueblo a 60 km de Madrid, el 22 de abril de 2020
(afp_tickers)

 

Evelyn, Alenca y Beyoncé se prostituían en un club, en un apartamento y en la calle en España cuando la epidemia del coronavirus agravó todavía más la precariedad de un colectivo laboral desamparado por la ley española.

“Los dueños de todos los clubes en España, los que han podido, han echado a las chicas a la calle” desde el inicio del confinamiento a mediados de marzo, dice con amargura Evelyn Rochel, una colombiana de 35 años, la única entrevistada que da su nombre real.

En España, la prostitución está en un vacío legal, ni prohibida ni permitida. Aun así, cuenta con numerosos burdeles, donde se prostituyen extranjeras, a menudo bajo presión de redes criminales.

Alojada en un club de alterne de Madrid, Evelyn pagaba 2.100 euros al mes para poder trabajar allí como prostituta, explica.

“El argumento de la patronal es que pagábamos esos 2.100 euros por la habitación, dicen que es como un alquiler. Esto es mentira, es el derecho a trabajar lo que pago yo” habitualmente, protesta.

El local contaba con 15 mujeres, en su mayoría suramericanas, explica Evelyn. Casi todas marcharon. Las que procedían de Rumanía volvieron a su país.

A ella no la echaron a la calle, pero denuncia que la dejaron quedarse como “un favor humanitario, no como empleada de un local que se merece un sitio donde vivir”.

Aunque suela terminar sus frases con “mi amor”, Evelyn es una militante aguerrida. El año pasado consiguió que la justicia reconociera que mantenía “una relación laboral” con uno de los burdeles más conocidos de la región.

Es miembro de la organización de trabajadoras sexuales Otras, un sindicato nacido en 2018 pero no reconocido en este país, cuyo gobierno de izquierdas defiende la abolición de la prostitución.

Evelyn denuncia la “alucinante” paradoja: “los dueños de los clubes grandes pueden hacer legalmente un ERTE (plan de suspensión de empleo temporal) a las camareras, a las limpiadoras, a todas las que tienen un contrato; y echan a la calle a las prostitutas”.

Y ellas “no pueden acogerse a ningún tipo de ayuda por no estar reconocidas como trabajadoras”, insiste.

– Servicios clandestinos o por webcam –

Durante el confinamiento, con los locales cerrados y la movilidad restringida, “las chicas que pueden trabajar con anuncios en páginas de internet lo están haciendo de forma clandestina” en su habitación o la del cliente, bajo riesgo de contagiarse, explica Evelyn. Ella misma se plantea hacerlo así, dado que tiene “una persona a cargo”.

En el caso de Alenca, llegada en octubre huyendo de la violencia contra las transexuales en México, no le quedó otra que trabajar por webcam.

En abril no pudo pagar el alquiler por primera vez desde su llegada y la agencia inmobiliaria amenazó con desahuciarla. Recibió entonces apoyo jurídico de Otras y una ayuda alimentaria.

En esa casa en Madrid había empezado a recibir clientes cuando estalló la pandemia. Ahora debe hacerlo por videollamada, aunque no antes de maquillarse cuidadosamente y ponerse una peluca.

“A mí no me gusta, porque me siento muy expuesta (…) Hay personas que pueden grabar estas sesiones y yo no quisiera que esto pudiera salir, porque aspiro a cambiar de vida”, explica.

– No somos reconocidas “como putas siquiera” –

Beyoncé, una transexual ecuatoriana de 34 años, trabaja habitualmente en una calle de la zona industrial de Villaverde, un epicentro de la prostitución en Madrid. Allí atiende directamente en sus coches a los clientes que se paran.

“Paré de trabajar el viernes (13 de marzo) antes del confinamiento. Nos quedamos allí las que nos vimos un poco obligadas a salir para pagar la comida, los gastos. Pero unas tres o cuatro semanas antes, casi ya no había clientes”, afirma.

“Somos reconocidas como víctimas, pero no como trabajadoras, ni como putas siquiera” en España, protesta esta militante de la asociación feminista de trabajadoras sexuales Afemtras.

Incluso antes de la epidemia, desde esta organización reclamaban la instalación en esa zona industrial de un local para las trabajadoras que incluyera baños, duchas y papeleras.

Cuando pueda volver a la calle, Beyoncé asegura que tomará medidas de precaución contra el virus. “Aunque todavía no sé de qué manera lo haré”, reconoce.

 

El insoportable confinamiento de la prostitución

Samantha Milán ha ejercido la prostitución durante años, “en un club de alterne no es posible el distanciamiento social, si suena la puerta, tienes que ponerte a disposición del cliente para que te mire y te elija, eres un objeto, eres su objeto”, explica en Hoy por Hoy Lanzarote

 

JAVI RODRÍGUEZ

Canarias

5 de mayo de 2020

https://cadenaser.com/emisora/2020/05/05/ser_lanzarote/1588700092_180480.html

 

La prostitución no entiende de confinamientos ni de pandemias, se sigue ejerciendo con mayor crudeza en los clubes de alterne. Los clientes se las arreglan para llegar sin ser detenidos por la policía. Según el testimonio de Samantha Milás, allí no hay medidas de protección ni horas en el día, “no tienes hora para dormir ni hora para levantarte. Si suena la puerta o el teléfono tienes que ponerte a disposición del cliente para que te miren y te elijan, con la persona dentro de una habitación. Eres un objeto, eres su objeto. No puedes decir que no, porque se quejan con los dueños de la casa, y si se quejan, no cobras”, explica Milás, que ha ejercido la prostitución durante años en Canarias.

“En la prostitución no es posible el distanciamiento social. La palabra que más se repite en las páginas de contactos es precisamente esa, ‘contacto’, besos y abrazos, etcétera”, explica. Samantha ejerció ‘el trabajo sexual’, —como ella lo llama—, en Lanzarote entre 2012 y 2015 y previamente en Italia y en Barcelona. De hecho, todavía hoy lo ejerce y considera que ha “conquistado su libertad”, afirma Samantha. Distingue entre la prostitución y lo que ella hace y critica que las posturas abolicionistas “no tienen en cuenta que se puede ejercer este ‘trabajo’ desde la independencia”, dice literalmente, pero para eso es necesario “empoderarse”.

“Para mi la prostitución es el trabajo sexual bajo coacción, las compañeras humilladas en las calles, maltratadas psicológicamente en locales de ocio nocturno, en bares, discotecas, clubes de alterne y pisos particulares“, explica Samantha. Sin embargo, tolera el “trabajo sexual” cuando se ejerce “por voluntad propia, de forma independiente y en condiciones higiénicas, con unos horarios flexibles que permitan compaginar trabajo, descanso, vida social y familiar”, explica. Esta percepción del trabajo sexual es muy discutida por buena parte del movimiento feminista, que considera que la prostitución siempre es coactiva y por lo tantoson partidarias de la abolición y en ningún caso de la regulación. Escucha la entrevista completa a Samantha en Hoy por Hoy Lanzarote.

https://play.cadenaser.com/widget/audio/1588704998_510145/270/

“NO ES JUSTO QUE YO TENGA UNA VIDA CÓMODA Y ME CALLE ANTE LO QUE ESTÁN PASANDO MUCHÍSIMAS COMPAÑERAS”, DENUNCIA SAMANTHA

“Cuando una persona ejerce este ‘trabajo’ bajo la coacción primero la intentan manipular, te vuelves dependiente, te maltratan psicológicamente para que tu autoestima caiga por los suelos“, explica Samantha. “La prostitución va de la mano del consumo de alcohol y drogas, a mi me dijeron que si no consumía drogas no servía para este trabajo, porque la mayoría de los hombres que venían eran personas de mucho dinero que venían buscando la diversión desenfrenada”, explica. “Para eso tienes que drogarte y estar a su nivel, por lo tanto, acabas dependiendo y gastando en drogas todo el dinero que ganas, mientras pierdes tu vida“, denuncia.

“Como soy independiente tengo una franja horaria, hago vida social y descanso. Además, no lo hago diariamente, sino de forma muy esporádica. Si yo estuviera de interna en una casa de citas o en un club de alterne estaría sufriendo. Siempre tienes una compañera a la que maltratan psicológicamente, a la que humillan y vejan, por muy bien que te vaya económicamente te quedas afectada psicológicamente”, explica Samantha. “Hay que trabajar para que las personas en esta situación se empoderen y sepan exigir su independencia y expresarse para salir de esta situación”, pide Samantha.

 

Núñez: “Algunas no trabajan por miedo a que por su culpa muera un cliente muy mayor”

Líder sindical de las trabajadoras sexuales repasa una vida signada por el meretricio. Hoy “cortó cadenas” y tiene una hija universitaria.

 

 

Por César Bianchi
@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López 

1 de mayo de 2020 

https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Nunez–Algunas-no-trabajan-por-miedo-a-que-por-su-culpa-muera-un-cliente-muy-mayor–uc751590

 

La bisabuela de Karina Núñez fue prostituta, su abuela fue prostituta y su madre también lo fue. Ella, Karina, siguió el oficio heredado entre Fray Bentos y Young, donde trabajó durante 22 años. Fue meretriz y hoy se reivindica trabajadora sexual, con todos los derechos que le garantizó una ley que no la satisface del todo, aunque le da garantías jurídicas y laborales que sus antepasados no tuvieron. Lo curioso es que la bisabuela no quería eso para su hija, su abuela no quiso eso para su hija (la mamá de Karina) y su madre no quiso eso para ella. Pero ninguna pudo escaparle al sino que, al parecer, tenían marcado. Como si fuera un camino sin escapatoria o una herencia de vida maldita.

La que sí rompió con el traspaso de esa posta fue Karina. Su hija Valeska hoy está estudiando primer año de facultad (quiere seguir Relaciones Laborales) y su otra hija, Soledad, trabaja en atención al cliente de una empresa. Ninguna de las dos fue explotada sexualmente ni ejerció por voluntad propia. Y son, recién, las dos primeras mujeres de la familia en escaparle al designio de la Pompayira.

Karina tiene 46 años, pero a los clientes les dice que tiene 56 porque en la calle tener más edad y más arrugas le dan otro estatus de mujer experimentada y solvente. Ella, que no terminó el liceo, dice cosas como: “el proceso que yo había deconstruido”, “el empoderamiento de las compañeras”, “hacemos del sexo erotizado nuestra forma de ganarnos el salario” u “opresiones culturales que van generando estigmatización”. En su formación teórica, dice, mucho tuvo que ver Diana González, quien le dio un basamento teórico a su lucha.

Esta activista social y feminista, celebra precisamente hoy dos años con su colectivo OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), pero dice que todavía falta mucho por hacer. Para empezar, quitarle poder a los hombres que manejan el negocio, permitir que ellas puedan mandar sobre su cuerpo y su negocio, y seguir combatiendo la trata. Se anota en su CV haber sacado 27 chicas de ese infierno y haber desarticulado cuatro redes de trata de personas.

Y cuenta que en tiempos de coronavirus, su sindicato pasó de 64 trabajadoras a 127 y las más perjudicadas son las que viven en grandes urbes. Por otra parte, muchas tuvieron que reinventarse y se pasaron al sexo virtual, hoy de moda. Otras, aunque sea por culpa, debieron desistir de atender a clientes mayores de 60 años por no querer ser las culpables de cargar con esa cruz.

 

-Comenzaste a ejercer la prostitución a los 18 años. Pero antes tu madre, tu abuela y tu bisabuela también fueron trabajadoras sexuales. ¿Por qué pensás que fueron heredando este oficio? ¿A qué atribuís que ninguna mujer en tu familia haya tenido éxito en los estudios?

-Creo que tiene muchísimo que ver con la influencia de mi padre. Él nos sacó del círculo en que mi bisabuela, mi abuela y mi madre nos habían criado. Eso de naturalizar que eso era lo que tenías que hacer.

-¿Y por qué “eso era lo que tenías que hacer”? ¿Por qué no estudiar, ir al liceo, después seguir una carrera u otro oficio?

-Y no sé… no se me ocurre ahora por qué no. Pensando en ellas no sé. Igual mi madre siempre tuvo clarito que no era lo que quería para nosotras. Y nos hizo estudiar, a mango, ¿no? Siempre buscó otra cosa para nosotras, como lo buscó su madre para ella. A los 9 años mi bisabuela se la dio a una familia de plata de Montevideo para que la criaran bien (a mi madre). Mi abuela parió 11 gurises en proceso de trabajo sexual, pero no se quedó con ninguno. Mi bisabuela crió a mi madre y a otro hijo de ella.


“Yo no sabía la tabla del 9, pero sabía cómo desvestir a un cliente, porque veía a mi cuidadora desvestir a los tipos. Y yo nunca había visto a un varón desnudo. Me explotaron sexualmente a los 12, por una moneda de 10 pesos”


Entonces, cuando mi bisabuela estaba muy viejita, la dio a una familia donde ella trabajaba para que fuera la gurisa de compañía de la señora mayor de la casa. Y al final de cuentas mi madre terminó siendo la dama de compañía del hijo de la señora. Ya con 11 años. Cansada de las cosas que pasaba, mi madre se escapó una tarde, se fue, alguien la levantó, con esa persona se quedó, paró en una pensión y a la semana la paró en una esquina a laburar. Pero ya mi bisabuela no quería eso para mi madre. Para mi bisabuela, el mejor camino era que mi madre fuera empleada doméstica de una familia “de bien”. Y al final, terminó siendo carne de cañón para los hombres de esa familia “de bien”, porque primero fue el hijo de la vieja y después el nieto de la vieja los que tenían relaciones con ella.

-¿Quién te convenció de que vos también tenías que ser trabajadora sexual? ¿Tu propia madre?

-No, no, no. Ella nunca quiso eso para mí. Se me fue dando por normal. Nosotras quedamos a cargo de otras personas en el barrio cuando mamá salía a laburar. Ella le pagaba a alguien para que supuestamente nos cuidara (lo que nunca hizo). Y esas mujeres recibían clientes en casa donde nos quedábamos… Yo no sabía la tabla del 9, pero sabía cómo desvestir a un cliente, porque veía a mi cuidadora desvestir a los tipos. Y yo nunca había visto a un varón desnudo, pero ya sabía cómo se los desnudaba.

-Tú empezaste como trabajadora sexual a los 18 años, con la mayoría de edad…

-Sí, con la mayoría de edad. Pero anteriormente a esa edad era explotación sexual.

-¿Y a qué edad te explotaron sexualmente por primera vez?

-A los 12 años, por una moneda de 10 pesos, aquellas grandes que tenía un ceibo. Continué siendo explotada hasta los 18. Siempre me explotaba gente del contexto cercano. Lo único que cambió con el pasar de los años fue que ya no era que fuera por comida, sino que las compañeras me avivaron y me decían que tenía que ser por plata. Y a los 18 arranqué en la etapa del meretricio. Pero no era trabajadora sexual. Según la ley en Uruguay trabajadora sexual soy cuando tengo la libreta sanitaria.

-Cuando cumpliste 18 o incluso algún año antes, ¿no te lo cuestionaste, siendo que además tu madre no quería que repitieras su camino?

-No, porque en realidad era la forma de la independencia económica, y en ese ámbito era la forma de la libertad, porque en el ejercicio que hice fue a través de la salida del país. Lo tomaba como salir del entorno que me apremiaba y me dolía, que era estar en mi casa. Me iba con camioneros a Bolivia, Paraguay, Brasil, Chile, Argentina, a trabajar. Me contactaban en el puerto de Fray Bentos y de ahí me iba, pero yo trabajaba para mí.

-¿A tus hijos le hicieron bullying por ser hijos de una meretriz?

-Sí. A mi hijo grande y ya más crecida a mi hija mayor. El gurí mío arrancó el jardín de infantes en el centro de Fray Bentos, y en las primeras llevadas estaba con él en la vereda y vino una compañerita y le mostró un molinete que tenía. Y vino la madre, la manotea a la gurisita y le dice: “¡No te dije que no te juntes con este gurí, que la madre changa en el puerto!”. Así, a bocajarro. El gurí mío, con 5 años, no entendía nada. La mujer entró a llevar a su niña y yo la esperé a la salida, para que me dijera eso nuevamente. Y salió la maestra a decirme que cómo iba a hacer escándalo en la escuela y blabla… Y la madre esta dijo: “¿Qué podés esperar de las putas estas?”. Cuando dijo “putas” voló maestra, voló la madre, voló todo a la mierda… Y ta, me detuvieron y me llevaron a la seccional a una cuadra y no me metieron presa por lesiones porque las otras madres salieron en defensa mía, de que ella había dicho eso. Pero el que la llevó peor fue el gurí mío, porque hacían cumpleaños, fiestitas, excursiones y al negro no me lo invitaban a ningún lado.


“Si estamos en una instancia de visibilización con personas que se dicen progre, siempre te van a decir puta, porque lo toman de las compañeras argentinas y lo toman como que es algo muy pro. En mi vida ‘puta’ está asociada a sufrimiento”


El gurí mío, Durbal, cumple el 4 de diciembre, el mismo día que la Valeska, una de mis hijas, Entonces les hice un cumple a los dos y no fue ninguno de los compañeritos de él… Entonces ahí dije: “Les va a pasar lo mismo que a mí con mamá, que como mi madre trabajaba en la noche, se creían que podían gritarme lo que se les cantara”. Yo sabía lo que eso dolía, y no quería que pasaran con lo mismo. Entonces le dije a mi madre: “Mamá, todo lo que tenga que ver con el negro, andá vos con él, acompañalo vos”. Y no me presenté más ni en la escuela, ni en nada.

Después pasó lo mismo con Valeska. Ella iba a la escuela con las gurisas del barrio y todo el mundo sabía en qué laburaba yo. Ella tuvo una pelea con las compañeritas y arrancaron a decirle al resto a qué me dedicaba yo. La cambié de escuela. Y con la Sole, la más grande, no porque sea mi hija pero es hermosa, y cuando nos tocaba a hacer las compras, una vuelta me para un cliente mío y me dice: “¿Cuánto me cobrás por la nena?”. Y ya después de ahí nunca más salí a caminar junto con ella… porque yo ya sabía qué era lo que venía…

-¿Quién es María Lina Fontoura? Contame.

-María Lina Fontoura es la “mamá” de Valeska. Es como si fuera la mamá. María Lina es un ser de luz, ella y su esposo Miguel, son quienes cuidan y aman a Valeska desde que ella tenía un año. Se quedaban a cuidado de ella cuando yo trabajaba. Pero no solo a cuidado de Valeska, sino también me cuidaban a mí y a mis gurises cuando lo precisamos. Eso es en el barrio El Arroyito, a media cuadra de donde yo vivía con mis padres y mi abuela en Fray Bentos. Y después, cuando quedé embarazada de los mellizos, les dejé una moto en garantía, para pagarles cuando pudiera volver a laburar y nunca quisieron agarrar la moto, y no quisieron cobrarme nada. Más de una vez no pude laburar y me dieron de comer a mí y a mis gurises.

-¿Te ofendés si te dicen…?

-…¿prostituta? Sí, me ofendo, porque la prostitución es meramente una calificación de un acto impúdico. Tiene mucha moral. Tiene más moral que percepción humana.

-No quiero saber entonces cómo te ponés si te dicen “puta”.

-Dependiendo de la forma en que me lo digan. Si estamos en una discusión acalorada, el puta tiene una connotación. Pero si estamos en una instancia de visibilización con personas que se dicen progre, siempre te van a decir puta, porque lo toman de las compañeras argentinas y lo toman como que es algo muy pro.

-¿Y para vos es “pro”?

-A mí todavía me duele la palabra puta, porque tiene una connotación… en mi vida está asociada a muchísimo sufrimiento, pero valoro muchísimo que las nuevas generaciones puedan tomar la rabia y transformarla en lucha.

-El periodista Antonio Álvarez escribió en el prólogo de mi libroMujere$ Bonita$ (Sudamericana, 2008) que el origen de la palabra puta viene del griego budza, un vocablo griego que significa “sabiduría”. “Las esposas ignoradas por sus maridos designaban así a aquellas congéneres conocedoras de los placeres de la carne. El habla popular sustituyó la suavidad de la B por la más vigorosa P, transformándose en pudza. Durante el Imperio Romano, puta intentó retomar su senda de dignidad sin demasiada suerte”, escribió él. ¿A qué va todo esto? A que en febrero ustedes un taller que se llamó “Preguntale a la puta”. Que ustedes mismas se digan putas, ¿es una forma de luchar contra lo políticamente correcto? ¿O una forma de luchar contra el estigma?

-Hicimos una instancia en la calle que se llamaba “Preguntale a la puta”, sí. Es que las compañeras jóvenes toman esa palabra para empoderarse, como que nombrarse a sí mismas con la palabra que para el otro es grosero o denigrante, apropiártelo y usarlo como herramienta política de lucha. A mí me parece genial por ellas, pero a mí me duele todavía la palabra… Tiene que ver con una construcción personal, porque vengo de una década dolorosa.

-“En segundos, una de mis hijas pasará a ser estudiante universitaria. Detrás de ella lloramos cuatro generaciones anteriores de mujeres trabajadoras sexuales que en ella rompimos cadenas”. Eso publicaste en febrero en Twitter cuando tu hija Valeska comenzó la universidad. ¿Qué sentiste ese día?

-Rompimos cadenas con respecto al sistema educativo, ¿no? Mi bisabuela y mi abuela eran analfabetas, mi madre hizo hasta cuarto de escuela, y yo llegué hasta cuarto de liceo, no hice bachillerato. Hice quinto, pero no lo aprobé. Ese tuit lo escribí cuando Valeska se anotó en la Facultad de Derecho para hacer Relaciones Laborales.


“Tengo 72 diplomas o reconocimientos, desde talleres sobre VIH o sexualidad hasta exposiciones en Congresos de Sexología. Pero para el cliente soy ‘la gorda Karina que changa en la rotonda’. Yo soy lo que decido ser, no lo que me etiqueten”


Ese día tuve muchas ganas de llorar… muchísimas ganas de llorar porque cualquiera de nosotras anteriormente lo hubiéramos deseado, pero no se materializó y que ella pudiera ir a la universidad… es hermoso. Yo sé la diferencia que hace la educación en la vida de las mujeres, cuando todavía están en proceso de empoderamiento y aprendizaje. Pero me aguanté el llanto, porque para ella era un momento que no daba para lágrimas, de mucha alegría. Ella solo había ido cuatro veces a Montevideo y se maravillaba con los edificios. Era muy lindo lo que estaba viviendo.

-¿En qué momento te convertiste en activista y defensora de los derechos sindicales de las trabajadoras sexuales?

-¡Todo el mundo me pregunta lo mismo y yo no tengo ni idea! Eso es por la maldita costumbre de ponerle etiquetas a todo. Esto de “sos feminista de avanzada de la primera ola”, “sos tal o cual cosa”, entonces dependiendo de la etiqueta, con quién vos te relacionás. A mí me gusta relacionarme con todo lo que me haga bien. Ahora, si del otro lado no tengo receptividad -porque una cosa que me enseñó el trabajo sexual es que la única que no me traiciona es mi piel-, entonces eso de encajar… Yo no quiero encajar en ningún lado. Solo quiero compartir todo lo que sé en la mayor cantidad de lugares posibles. Los que ponen “activista” son ustedes. Yo soy Karina.

-Tenés 72 diplomas o reconocimientos, siete de ellos son de la Udelar. ¿Diplomas en qué?

-Acá están (abre una carpeta y busca). Son diplomas de cursos y capacitaciones, de reconocimientos de juntas departamentales, de cursos en conserjería para personas con VIH, los primeros que tengo son de motosierrista, de ITF/Sida, déjame ver (sigue buscando en la carpeta), de entrevista motivacional, sobre violencia basada en género, sobre sexualidad, sobre derechos para poblaciones LGTBIQ, sobre sífilis, sobre derechos sexuales y reproductivos, discriminación, familia LGTB, sobre sexología. Este (muestra) es cuando expuse en el Congreso de Sexología sobre el rol de los consumidores de sexo en el desarrollo de la sexualidad en niñas y niños explotados sexualmente. Este (muestra otro diploma) es de la Universidad de la República, el último que me dieron, que tiene el loguito brillante…

-Pero sin embargo, paras la gente —pienso en los lugareños de Young, donde trabajaste durante 22 años—, ¿quién eras?

-“La gorda Karina que changa en la rotonda de la ruta”.

-¿Y qué moraleja sacás de eso?

-Que yo soy lo que yo decido ser, no lo que ellos me etiquetan.

-Me da la impresión que por tu personalidad, ese estigma nunca te pesó. Lo supiste sobrellevar con tu carácter y tu militancia. ¿Pero cómo lo lleva la mayoría de las trabajadoras sexuales?

-Pah… a muchas de las compañeras eso las hunde, a tal punto de que ni siquiera se permiten participar en espacios entre pares, para que no se sepa que son trabajadoras sexuales.

-En las últimas elecciones nacionales fuiste candidata a diputada por el Frente Amplio en Young. Estuviste en el quinto lugar de la lista 42020 que lideraban Oscar Andrade y Carolina Cosse, y en el puesto 11 al Senado. ¿Qué te dejó la campaña y tu paso por la política partidaria? ¿Qué aprendiste?

-Fui la primera trabajadora sexual en toda Latinoamérica en estar postulada a dos cámaras del Parlamento. ¿Qué aprendí? Yo de ellos nada. Y estar en política me dejó mucha amargura. Viste que no los podés putear… Si supuestamente la política está hecha para ayudar a que los más desfavorecidos lleguemos a nivelar la vara, yo no puedo ser obsecuente cuando me estás pisando la cabeza.

-¿Y eso te pasó con alguien de tu propio sector, del Partido Comunista?

-Sí… La gente de Montevideo se cree que es el ombligo del mundo. Ellos piensan que porque están atrás de un mostrador y tienen en Google Maps se saben todo de todos los territorios. Vos no me podés discutir a mí, que trillé las calles de los pueblos, diciéndome que acá hay tal o cual cosa, ¡si yo sé que no! Yo lo tomo como avasallar mi conocimiento del territorio. Yo con la pata en el piso, y me decían: “Pero acá el Google Maps me dice que hay tal cosa”, si yo te digo que fui, golpee, hablé y la gente no está, es porque no está. Era como ningunear mi conocimiento. Pero pelearme a piñas por política, no, no… Me peleaba por mi esquina, me peleaba a las trompadas por mi lugar en la calle. ¿Por política? No.

-Como activista participaste de campañas por la legalización del aborto, contra la baja de la edad imputabilidad, promoviste la ley trans, además de ser una connotada activista feminista. Si hubieras llegado al Parlamento, ¿por dónde habrían pasado tus inquietudes, tus prioridades como legisladora?

-Por la niñez y la adolescencia. Hubiera instaurado la castración de los violadores. Incrementaría los procesos de empoderamiento de la niñez, generaría espacios de escucha activa, real, cuyo centro fueran los gurises.

-Lacalle Pou propuso en campaña y ahora creará un registro de violadores y abusadores sexuales.

-Sí, pero ¿cómo resarcís la vida de las personas que ya violó? Porque por cada víctima que identificás y lo sancionás, ya violó a siete u ocho antes. ¿Cómo reparás los casos que quedaron debajo de la alfombra? La única forma es empoderar a los gurises desde la vivencia, de su corporalidad, y desde la percepción del riesgo.

-Recién decía que sos feminista. Pero en la marcha por el Día de la Mujer del año pasado unas chiquilinas te rompieron un cartel que decía “Las trabajadoras sexuales también tenemos derechos laborales”. ¿A qué lo atribuís?

-Lo atribuyo a la euforia esta que se genera con el abolicionismo del trabajo sexual, importado desde la Argentina. Cuando hablamos de abolicionismo (del trabajo sexual) lo que se trae como muestra es lo que pasa en Argentina, donde el trabajo sexual tiene una prohibición total. No se puede comparar con Uruguay, donde nunca estuvo prohibido. Vos no podés comparar un contexto de Argentina donde la trata manda y transversaliza todos los ámbitos y nadie hace nada, con Uruguay…

-“Soy la mujer que más gente presa ha metido en cuanto a redes de tratas y las que más víctimas de trata ha rescatado en este país”, dijiste en Desayunos Informales. ¿Cómo es esto?

-Es así, gracias a la confianza que las compañeras me han tenido. Si ellas no te lo cuentan y te llevan a las situaciones, vos no tenés cómo denunciar, porque nuestro sistema jurídico es contra prueba. En números totales, desde el 2008 he realizado más de 600 denuncias contra la trata. Logré meter gente presa de cuatro redes de trata de personas. Y saqué 27 mujeres de ese tormento.

-Hoy -1° de mayo de 2020- se cumplen dos años del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) que reúne más de 120 trabajadoras sexuales de varios departamentos…

-Yo el 1° de mayo de 2018 hice una convocatoria en mis redes invitando a trabajadoras sexuales que quisieran sumarse a la idea de modificar la ley de trabajo sexual. Tuve que ponerle un nombre para la instancia que hicimos el 26 de junio, cuando en la Sala Zitarrosa lanzamos la campaña por la modificación de la ley de trabajo sexual.


“Cuando hablamos de abolicionismo del trabajo sexual lo que se trae como muestra de Argentina, donde el trabajo sexual tiene una prohibición total. No se puede comparar con Uruguay, donde nunca estuvo prohibido”


Hasta este pasado 1° de marzo éramos solo 64 trabajadoras sexuales de tres departamentos (Soriano, Rivera y Flores). Con esto de la pandemia llenaron el formulario de ingreso al sindicato unas 127 trabajadoras sexuales de Rivera, Salto, Paysandú, Florida, Soriano, Flores, Colonia, Tacuarembó y Canelones.

La finalidad fue rebatir la presentación que hizo el delegado del BPS ante la Comisión Nacional de Trabajo Sexual, la que integro desde el 2010. El representante del BPS presentó una modificación (a la ley), donde a mi entender lo que hacía era validar la figura del proxeneta como patrón. Entonces, cuando lo plantee, se me dijo que era inviable cambiar eso, que se iba a presentar tal como estaba en el Parlamento, entonces por eso salí a las redes y formé OTRAS.

-¿Cuáles han sido los principales logros del sindicato en dos años? ¿Qué has logrado como defensora de los derechos de las meretrices uruguayas?

-De las trabajadoras. Yo no defiendo meretrices. No defiendo a mujeres que no pertenezcan al rango jurídico que nos da la ley. Tengo la convicción de que para llegar a ser trabajadora sexual una tiene que hacer una autopercepción personal de que hay que llevarlo de forma digna y profesional.

¿Logros? Visibilizar un núcleo de personas que estamos al margen de todo lo que tiene que ver con el derecho real, estamos visibilizadas en el papel, pero invisibilizadas en la práctica. Y visibilizar que formamos parte de la sociedad.

-En Uruguay la prostitución está regulada como trabajo sexual desde 2002, pero tú dijiste en nota con Página 12 de Argentina que la actual ley “favorece a los grandes traficantes que manejan el negocio”. ¿Por qué?

-Sí, porque ellos ponen las reglas del mercado dependiendo de la cantidad de mujeres que tengan. Es como todo comercio: el que tiene mayor cantidad de stock, maneja el mercado. Tiene la misma lógica que las leyes del mercado, la oferta y la demanda.

-¿Qué cambios te gustaría hacerle a la ley 17.515 que regula el trabajo sexual?

-Hay que ponerle una bomba… Habría que adecuarla a todas las normativas internacionales de derechos humanos como se han reconocido respecto a los demás colectivos. Porque casi todos los otros colectivos han logrado ponerse a tiro con las cosas que tiene que ver con la toma de decisiones basadas en derechos humanos. A nosotras no nos pasa. Me refiero, por ejemplo, a que la autonomía sobre los cuerpos la lograron las mujeres que lucharon por el aborto seguro y gratuito. La autonomía sobre los cuerpos la lograron las compañeras trans al ser reconocidas con el cambio de nombre y sexo registral. Entonces, la autonomía sobre nuestros cuerpos, que en el ejercicio del trabajo sexual, tiene que ser administrado solo por nosotras se nos tiene que ser dado. No como la ley actual que dice que para ejercer tenés que estar en lugares que dependen de otros.

-¿Cómo ha cambiado el trabajo sexual con el Covid-19 y cómo ha afectado la pandemia a las trabajadoras sexuales?

-Para analizar el Covid-19 en clave de trabajo sexual primero tenemos que saber que el coronavirus no es lo mismo para una trabajadora virtual de la capital que para una trabajadora sexual de una whiskería en un pueblo donde ni el ómnibus entra. Se viven de diferentes formas. Hoy en día las trabajadoras que trabajan en los pueblos más alejados son las que más trabajan. Sí les afecta muchísimo a las compañeras que están en las grandes urbes o capitales departamentales. A ellas sí, y muchas tuvieron que adaptarse a esta realidad y reinventarse. Por eso muchas compañeras tuvieron que recurrir a las tecnologías, al Whatsapp, Zoom, trabajar con sexo virtual. ¡Hay muchísima gente que paga por sexo virtual!

Exposición fotográfica en la UCU


“El coronavirus les afecta muchísimo a las compañeras que están en las grandes urbes. Por eso muchas tuvieron que recurrir al Whatsapp, al Zoom, a trabajar con sexo virtual. ¡Hay muchísima gente que paga por sexo virtual!”


-Pero en el sexo presencial y nada virtual, hay un riesgo grande de contagio…

-Sí, corremos riesgo las que vamos a espacios abiertos. Y las compañeras que tienen clientes muy mayores son las que están en el horno, porque son población de riesgo. Muchas prefieren no trabajar por miedo a que por su culpa muera su cliente.

-Sos autora del libro El ser detrás de una vagina productiva para el cual te entrevistaste con casi 300 trabajadoras sexuales que contaron su experiencia en primerra persona. ¿Cuáles son los denominadores comunes, el hilo conductor, que reúne a todas esas historias de vida?

-Entrevisté a 2.000. Unas 313 llenaron un formulario con 30 preguntas. Los denominadores comunes son la explotación sexual comercial por parte de otra persona o su círculo cercano, el mercado de consumo (querer tener los últimos championes, los últimos zapatos, siendo pobre), y la invisibilización. Y el factor educativo, que transversaliza todo: bajo nivel educativo, en general.

-Tus dos hijas son las primeras mujeres de tu familia que no son prostitutas.

-Así es. Ni fueron explotadas. Primero que nada, fueron las primeras que no fueron explotadas sexualmente: no tuvieron que permitir que su cuerpo fuera tocado por necesidad económica o alimenticia.

-¿Y eso qué significa para vos?

-Uff… Nunca hubiera pensado que sería realidad. Es más que un orgullo, es una mezcla de muchas cosas lindas. Pero es más que orgullo, es como un sueño…

-¿Sos feliz?

-Sí, por ellas. Y la verdad que valió la pena todo el sacrificio y todas las puteadas que recibí.

 

 

“No tienes que luchar por unos céntimos”: la red de seguridad de Nueva Zelanda ayuda a las trabajadoras sexuales en el confinamiento

Las trabajadoras sexuales llevan décadas trabajando con el gobierno. Esto ha demostrado salvar vidas durante la crisis de Covid-19

 

En Nueva Zelanda, el trabajo sexual es visto como cualquier otra forma de trabajo bajo el modelo de despenalización del país Fotografía: AFP vía Getty Images

 

Por Anna Louie Sussman

Martes 28 de abril de 2020

https://www.theguardian.com/world/2020/apr/28/dont-have-to-fight-for-pennies-new-zealand-safety-net-helps-sex-workers-in-lockdown

 

La semana antes de que Nueva Zelanda se confinara por completo el 26 de marzo, Lana *, de 28 años, se había tomado un descanso del trabajo en el burdel de lujo de Wellington donde, desde septiembre, había ganado alrededor de NZ $ 2.200 al mes viendo a dos o tres clientes a la semana.

El 23 de marzo, su universidad anunció que los cursos pasarían a ser por internet. Al día siguiente, decidió quedarse con sus padres en Auckland y solicitó el subsidio salarial de emergencia establecido en Nueva Zelanda para todos los trabajadores cuyos ingresos hayan caído al menos un 30% debido al coronavirus.

Solo dos días después, el dinero —una suma total de NZ $ 4.200 que cubría 12 semanas de ganancias a tiempo parcial perdidas— estaba en su cuenta. Los trabajadores a tiempo completo, que promedian más de 20 horas a la semana, reciben una suma total de $ 7.029.

“Rellenar el formulario solo me llevó unos tres minutos y no tuve que revelar que soy una trabajadora sexual”, dijo Lana. “Solo necesitaba revelar que soy autónoma”.

Los burdeles en Nueva Zelanda se han vaciado desde que comenzó el confinamiento de Nueva Zelanda a fines de marzo. Fotografía: Mary Brennan

En Nueva Zelanda, el trabajo sexual es visto como cualquier otra forma de trabajo bajo el modelo de despenalización del país, que se desarrolló con el aporte de las propias trabajadoras sexuales y se convirtió en ley en 2003. A medida que el coronavirus golpea país tras país, exponiendo las desigualdades y marginando aún más a los trabajadores vulnerables, el marco legal de Nueva Zelanda ha ayudado a las trabajadoras sexuales, en cambio, a encontrar seguridad financiera durante este tiempo de crisis.

“Debido a que [el trabajo sexual] no está penalizado, creo que eso crea un ambiente en el que eres respetada, en mi experiencia”, dice Lana, que estudia políticas e idiomas. “Te sientes muy respaldada”.

Ella está usando el tiempo para concentrarse en sus estudios y ser voluntaria en una organización de justicia comunitaria, escribiendo sobre temas sociales y de derechos humanos.


El hecho de que la industria del sexo en Nueva Zelanda haya sido despenalizada tiene muchas ventajas

Joep Rottier


“Tienen que vivir, tienen que pagar el alquiler”

Quizás no haya ningún país en el mundo en el que el gobierno y la comunidad de trabajadoras sexuales, que en Nueva Zelanda cuenta con unas 3.500 personas, tengan una relación tan sólida y productiva.

“El hecho de que la industria del sexo en Nueva Zelanda haya sido despenalizada tiene muchas ventajas, y ahora se demuestra con este problema del virus, en el sentido de que todas las trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda tienen acceso a prestaciones”, dice Joep Rottier, investigador de criminología en la Universidad de Utrecht, cuya tesis examinó el modelo de Nueva Zelanda.

Además del subsidio salarial de emergencia, que está disponible para todos los trabajadores de Nueva Zelanda con solo proporcionar un número de identificación nacional e información personal básica, las trabajadoras sexuales también son inmediatamente elegibles para prestaciones de solicitantes de empleo, un pago semanal que para otros trabajadores generalmente requiere un período de espera (la exención, parte de la legislación de 2003 que despenalizó por completo la prostitución, tenía por objeto garantizar que las trabajadoras sexuales pudieran abandonar la industria en cualquier momento y no se vieran obligadas a trabajar por razones financieras).

La Dama Catherine Healy, activista, ex trabajadora sexual y miembro fundador del Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC), dice que ha visto solicitudes de subsidio salarial de emergencia y prestaciones para solicitantes de empleo procesadas ​​en cuestión de días, gracias a la ayuda de trabajadores de apoyo del gobierno que, hasta que llegó la crisis del coronavirus, realizaban visitas en persona a un centro comunitario de trabajadoras sexuales en Auckland.

“Tuvimos un grupo de nueve solicitudes presentadas el miércoles y resueltas el viernes”, dice Healy. “Tuvimos que obtener DNIs y, en un caso, no había una cuenta bancaria para pagar la prestación y esto también se resolvió, con la ayuda de los funcionarios”.

Rottier dice que gracias a la sólida relación de la comunidad de trabajo sexual de Nueva Zelanda con las fuerzas del orden público, los agentes de policía se han hecho cargo de las actividades de apoyo del NZPC, localizando a las trabajadoras sexuales que trabajan en la calle y dirigiéndolas a grupos como NZPC que pueden ayudarlas a obtener asistencia financiera. .

Por el contrario, en la vecina Australia, una declaración de una alianza de grupos de trabajadoras sexuales condenó a la policía por multar a las trabajadoras sexuales que continuaron trabajando en Nueva Gales del Sur. “Esto no hace nada para promover las medidas de salud pública que están actualmente vigentes, y en su lugar sirve para castigar a aquellas que ya se han quedado atrás en las medidas federales de alivio de ingresos”, escribieron.

Los informes de los EE. UU. sugieren que las trabajadoras sexuales, si bien pueden ganar algo de dinero con el trabajo sin contacto, como los peep shows y la transmisión de cámaras web, están recurriendo a las campañas de GoFundMe porque su trabajo en negro las hace no elegibles para las prestaciones de desempleo del gobierno.

En los Países Bajos, a Rottier le preocupa que a algunas trabajadoras sexuales les resulte difícil observar medidas de distanciamiento social diseñadas para prevenir la propagación del virus. “Tienen que vivir, tienen que pagar el alquiler, tienen que comer, por lo que se ven obligadas a seguir trabajando”, dice.

Funhouse es un servicio de escorts con sede en Wellington. Fotografía: Mary Brennan

Lo mismo también puede ser cierto en Nueva Zelanda. Mary Brennan, quien ha dirigido Funhouse, un burdel de lujo de Wellington, durante 15 años, dijo que también puede haber trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda que todavía están trabajando para sobrevivir, “como cualquier otro ser humano en esta tragedia internacional masiva en la que nos encontramos”.

Si bien el trabajo en la calle se ha reducido drásticamente desde la despenalización de 2003 (y gracias a que las trabajadoras sexuales pueden anunciarse en línea y contactar con los clientes a través de sus teléfonos), todavía hay una pequeña población de trabajadoras callejeras, así como trabajadoras sexuales migrantes que se mudan de ciudad a ciudad. Healy señaló que los montos de las prestaciones no son suficientes para vivir en un país donde hay una crisis de vivienda y el costo de vida se encuentra entre los más caros del mundo. Recientemente ayudó a una trabajadora sexual a localizar un lugar para hacerse la prueba del coronavirus, y luego la mujer le dijo que no tenía papel higiénico ni comida, así que NZPC la ayudó.

Healy dice que algunas ya estaban recibiendo su asistencia antes de la crisis y que no había sido suficiente por menos de NZ $ 250 por semana, por lo que también se trasladaron al trabajo sexual.

Liberada para ayudar

Gracias a las prestaciones del gobierno, varias de las mujeres altamente remuneradas que trabajaban en Funhouse están utilizando la pausa para ser voluntarias y hacer obras de caridad. Una ofreció fotos sexys en Twitter a cualquiera que done una noche en el refugio de mujeres para alguien que lo necesite.

“Tenemos mujeres en las redes sociales que no tienen que luchar por unos céntimos que están usando sus habilidades y sus cuerpos para recaudar dinero para las más vulnerables”, dice Brennan, que se hace llamar “Madame Mary”.

Healy dice que es poco probable que las trabajadoras sexuales puedan volver al trabajo normal hasta que Nueva Zelanda alcance las restricciones de nivel uno: el martes pasó del nivel 4 al nivel 3.

Alice *, de 23 años, ganaba alrededor de $ 1.200 por semana en Funhouse en enero y febrero, antes de regresar a Auckland, donde trabaja a través de otra agencia los viernes y sábados, mientras estudia ciencias durante la semana. Solicitó la subvención a tiempo parcial el 30 de marzo y la recibió el 6 de abril. Aunque no ha trabajado desde mediados de marzo, se siente financieramente segura y está pasando su tiempo libre estudiando, viendo películas y haciendo un curso de psicología en línea.

Aunque solía tener un contacto mínimo con clientes fuera del burdel, ha permitido que algunos la contacten a través de Twitter.

“Estoy feliz de pasar un poco más de tiempo enviando mensajes a las personas y manteniéndome en contacto”, dice. También creó un conjunto de fotos para vender a los clientes, cuya compañía física e intelectual echa de menos.

“Creo que es algo que di por sentado; simplemente se convierte en una parte tan normal de nuestras vidas pasar tanto tiempo con personas en un entorno íntimo, y ahora es un poco impactante para el sistema no tener ese tipo de cercanía con las personas “, dice ella. “Pasé mucho tiempo con personas que no veo en mi vida cotidiana. Solía ​​tener muchas discusiones interesantes, obtener muchas opiniones diferentes sobre las cosas. Ahora estoy limitada a este pequeño grupo de personas con las que vivo “.

 

* Los nombres han sido cambiados

Un plan solo para víctimas

El Ministerio de Igualdad ha ampliado el Plan de Contingencia contra la violencia de género para amparar a las víctimas de trata, explotación sexual y “mujeres en contextos de prostitución”, y lo ha hecho sin ponerse en contacto con ninguna organización ni colectivo de trabajadoras sexuales.

 

Por BELÉN DRAKE

LIGA FEMINISTA PRO DERECHOS

24 de abril de 2020

https://www.elsaltodiario.com/opinion/plan-solo-victimas-ampliacion-plan-contingencia-igualdad-violencia-genero-trata-prostitucion

 

 

Han pasado ya 40 días desde que se decretase el estado de alarma y comenzara el confinamiento. Para muchas trabajadoras, también para las del sexo, este encierro ha significado el cese de nuestra actividad laboral y, por tanto, la ausencia de ingresos.

Llevamos 40 días recaudando dinero de donaciones particulares, de personas que creen en el apoyo mutuo y la solidaridad. En este tiempo, no solo hemos recaudado dinero, sino también fortalecido una red de apoyo entre nosotras que ha tratado de dar soluciones a los múltiples problemas que nos han ido surgiendo. Lo más inmediato fue asesorarnos y asesorar al resto de compañeras que nos llamaban porque les habían amenazado con echarlas de sus viviendas —pisos, habitaciones, clubs, etc.—. En poco tiempo, conseguimos que el mensaje fuese claro: “Nadie puede echarte mientras dure el estado de alarma, denuncia. Si persiste la amenaza, ofrecemos nuestros recursos para la mediación y/o denuncia”.

Inmediatamente después, hubo que gestionar la comida. La mayoría de nosotras vivimos al día, lo poco que teníamos ahorrado desaparecía. Nuestro siguiente paso fue contactar con las entidades locales de nuestros respectivos territorios para saber qué iniciativas y recursos tenían y así poder asesorar a las compañeras que nos contactaron. Entidades con las que hemos trabajado codo con codo durante estos 40 días. Muchas llamadas, gestiones, contactos por uno y otro medio. Muchas horas de videollamadas y de escritos para conseguir que el manido lema del Gobierno se hiciera real: que no se quede nadie atrás. Que no se quede ninguna compañera atrás. Conviene recordar en este punto que ninguna de las asociaciones, colectivos o sindicatos de trabajadoras sexuales de este país vive de subvenciones públicas ni cuenta con infraestructuras propias suficientes. Agradecemos y valoramos el trabajo de los equipos técnicos de estas entidades locales, pero aún así nos parece importante destacar que todas estas personas reciben un sueldo por ese trabajo y nosotras lo hemos hecho como parte de nuestro activismo, sin descansos de fin de semana y a costa de desatender nuestra propia situación económica y laboral.

Ya en la primera semana de confinamiento, desde diferentes colectivos y diferentes medios y plataformas, comenzamos a explicar, difundir y denunciar lo que estábamos viviendo las trabajadoras sexuales a causa de la crisis del covid-19. Hemos utilizado todos los cauces a nuestro alcance, desde lo más formales —dirigiéndonos directamente a las autoridades competentes— hasta medios de comunicación y redes sociales.


La Liga Feminista Proderechos, junto a Afemtras y el sindicato OTRAS, exigíamos el 2 de abril que se regulase la situación de las mujeres sin papeles y que se ofreciese una renta básica universal 


La Liga Feminista Proderechos, junto a Afemtras y el sindicato OTRAS, exigíamos el 2 de abril, tanto al Gobierno como a las administraciones locales y municipales, que se habilitasen los recursos públicos necesarios, que se regulase la situación de las mujeres sin papeles y que se ofreciese una renta básica universal, entre otras reclamaciones. Se puso sobre la mesa la necesidad y la urgencia de ser escuchadas y tenidas en cuenta para cualquier decisión que afectase a nuestras vidas. Esto, que parece una regla básica de la democracia, adquiere más importancia, si cabe, cuando nuestra experiencia es que las medidas habitualmente propuestas y decididas por administraciones y ONG con la supuesta intención de proteger nuestros derechos nunca han servido, hasta el momento, para mejorar nuestras condiciones de vida.

Sin embargo, el martes 21 de abril, el Ministerio de Igualdad ha publicado un documento de ampliación del Plan de Contingencia contra la violencia de género ante el covid-19, dirigido a las víctimas de trata, explotación sexual y “mujeres en contextos de prostitución”. Una ampliación que se hace, de nuevo, sin ponerse en contacto con ninguna organización ni colectivo de prostitutas. Se nos invisiviliza y se aprovecha esa ausencia para, una vez más, confundir trata, explotación sexual y trabajo sexual.

Se podría decir que escribimos sobre un texto invisible. Un texto que se ha hecho llegar a las comunidades autónomas, a la prensa, a las ONG pero que, sin embargo, no ha recibido ninguna de las organizaciones de trabajadoras sexuales del Estado. Ni tampoco ninguna de las organizaciones de derechos humanos que trabajan con ellas.

Llama la atención, no obstante, que en el texto sí se aluda a entidades que, según el documento, se especializan en la detección, atención e intervención con mujeres víctimas de trata o explotación sexual. Son las mismas entidades que han tardado casi un mes en detectar y denunciar la situación de desprotección y las necesidades que se derivan de dicha situación. Una situación que, desde el mismo día 14 de marzo, las organizaciones de trabajadoras sexuales estamos tratando de paliar y que no hemos dejado de denunciar.

Entre las medidas a adoptar, se habla de garantizar el derecho a la información para las víctimas de trata y explotación sexual, y de otras mujeres en contextos de prostitución; de garantizar la detección e identificación de las víctimas de trata y explotación sexual y de casos de extrema vulnerabilidad en contextos de prostitución, además de garantizar la asistencia integral y protección de las víctimas de trata y explotación sexual, así como la atención a casos de especial vulnerabilidad.


El plan del Gobierno está orientado exclusivamente a las víctimas de trata y explotación sexual desde una postura abolicionista y sus medidas son apenas unas migajas


Se trata de un plan orientado exclusivamente a las víctimas de trata y explotación sexual. Un plan que, bajo el prisma de una postura abolicionista, considera implícitamente a toda trabajadora sexual como una víctima, como demuestra la tímida alusión a las “mujeres en contextos de prostitución”. Ha pesado más el sesgo ideológico de las personas al frente del Ministerio de Igualdad que el compromiso con los derechos humanos materializado en políticas que protejan y garanticen los derechos de todas las personas, incluidas las trabajadoras sexuales.

La cosa empeora cuando entramos a analizar las medidas concretas que se plantean. Son apenas unas migajas de las medidas sociales que no se han tomado anteriormente. Unas medidas que se focalizan en asegurar una alternativa habitacional y facilitar el Ingreso Mínimo Vital. No vamos a ocultar que nos parecen unas medidas del todo justas a la par que ambiciosas y que sin duda creemos que han sido fruto del trabajo y la presión social de los colectivos de trabajadoras sexuales y aliadas. Sin embargo, nos parecen también un brindis al sol por parte del Ministerio, que refuerza aquello de “hecha la ley, hecha la trampa”. Basta una lectura atenta del Plan para darse cuenta de que ambas medidas llegarán a muy pocas trabajadoras sexuales en el caso de concurrir circunstancias muy específicas.

¿Cuáles son los requisitos reales para el acceso a una alternativa habitacional? ¿Podrán acogerse a esa alternativa las trabajadoras sexuales que se encuentran arrendando habitación en alguno de los clubs en los que antes trabajaban para poder dejar de acumular deuda? ¿Serán consideradas en “extrema vulnerabilidad” aquellas mujeres que malviven en habitaciones subarrendadas y que ahora no pueden pagar? ¿Cómo será el acceso al Ingreso Vital Mínimo? ¿Será necesario “dejar” la prostitución? ¿Se exigirá el empadronamiento previo, tan imposible para muchas de nosotras como conseguir un cuerno de unicornio?

Son muchas las incógnitas que suscita este Plan. Quizás porque ni siquiera se trata de un documento con disposiciones legislativas claras, o porque no hay o no hemos tenido acceso a ningún otro documento que lo complemente, o porque tampoco se conoce el presupuesto asignado para aplicarlas.

Lo que sí parece quedar claro es que todas las medidas contempladas en la ampliación del plan serán implementadas y fiscalizadas por las ONG “de rescate” y por los servicios sociales, que son, precisamente, quienes más daño nos hacen en nuestro día a día. Son las denominadas ONG especializadas las que, trabajando estrechamente con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) y los servicios sociales, deberán elaborar un informe sobre la situación de la persona indicando si se cumplen o no los requisitos para la concesión de la renta mínima (Ingreso Vital Mínimo) o la solución habitacional. Esos mismos servicios sociales a los que tantas trabajadoras sexuales temen acudir por miedo a perder la custodia de sus hijes. Lo que se está proponiendo aquí es un gran listado pormenorizado de putas, un gran listado de muchas compañeras en situación irregular. Perdonen si tenemos serias dudas sobre qué se planea hacer con toda esa información, ¿deportaciones masivas, tal vez?

Y, por si esto fuera poco, se establecen una serie de requisitos para las ONG que puedan realizar estos informes y, por lo tanto, entendemos que para optar a las subvenciones, que acotan el listado de una manera muy significativa. ¿Quiénes serán las grandes beneficiadas de estas medidas, las putas o las entidades?


No basta con nombrar a las mujeres en situación administrativa irregular para solucionar mágicamente las barreras que cierran el paso a los derechos


También se menciona, hasta en un par de ocasiones, a las mujeres en situación administrativa irregular. Pero no basta con nombrarlas para solucionar mágicamente las barreras que cierran el paso a los derechos. Para ello es necesario ir más allá e implementar políticas antirracistas que pongan efectivamente la vida en el centro y sigan la estela de las propuestas realizadas de una regularización urgente y con derechos. Porque de nuevo parece que las mujeres migrantes importan, pero solo cuando se las puede rescatar o cuando sirven para colgarse, literalmente, medallas. La protección de las víctimas de trata nunca ha sido una prioridad, sino una cuestión más de seguridad nacional.

No somos víctimas. No necesitamos ni rescates, ni tutelas. Somos sujetos políticos y exigimos derechos en tanto trabajadoras, pero también en tanto personas. Exigimos ser consultadas y escuchadas, porque nunca más una política sobre nosotras sin nosotras.

 

Arte e industria del sexo en tiempo de coronavirus

La ‘performer’ Linda Porn organiza talleres de teletrabajo sexual para ayudar a un sector desprotegido

 

‘Puta mestiza’, una de las ‘performances’ de Linda Porn que se pudo ver en la exposición ‘Feminismos’ del CCCB.

 

Por ROBERTA BOSCO

Barcelona,  20 de abril de 2020

https://elpais.com/espana/catalunya/2020-04-20/arte-e-industria-del-sexo-en-tiempo-de-coronavirus.html

 

“En tiempo de guerra en la industria del sexo se trabaja mucho más, pero esta es una pandemia. Todos tienen miedo, los empresarios de los clubs, las prostitutas, los clientes. El parón ha sido general”. Lo explica Linda Porn, artista visual, performer, jefa de familia, madre y también trabajadora del sexo. La artista, que desde hace años compagina el trabajo en la industria del sexo con su actividad creativa en el marco de la pospornografía y el activismo antirracista y anticolonial, ha decidido aprovechar la crisis sanitaria para compartir sus conocimientos y ayudar a muchas personas que de un día para otro se han encontrado sin su medio de subsistencia.

“Este gobierno autoproclamado feminista no nos reconoce como trabajadoras, no existe relación laboral con los empresarios de los clubes y no podemos acceder a una ayuda del Estado”, explica y pone como ejemplo uno de los clubes más grandes de Europa, el Paradise de La Jonquera, que ha solicitado un ERTE para 69 trabajadores, ninguno sexual, es decir ninguno de los que generan el capital. “El teletrabajo sexual se desarrolla desde hace años con las webcams, pero últimamente han surgido plataformas para que las trabajadoras sexuales puedan colgar sus contenidos, sin tener que esperar el contrato de una productora, que solo admite perfiles blancos, jóvenes, flacos y normativos”, explica Linda Porn, que ya ha organizado dos charlas a través de Zoom, junto con Anneke Necro y Paul Purple y ya está trabajando en nuevas fechas. Además, han redactado una “putiguía” donde comparten sus saberes sobre cómo gestionar el teletrabajo sexual tanto desde una perspectiva práctica y operativa (plataformas, fórmulas de cobro, seguridad…) como psicológica (cómo gestionar tanta exposición, cómo proteger a tu familia del estigma y la vergüenza).

‘Baby Bambi’, ‘performance’ de Linda Porn, realizada junto al Prado.LUIZO VEGA

No es un secreto que la gran mayoría de artistas no llega a vivir de su trabajo y menos cuando debe mantener a una familia y ayudar a su gente en su país de origen, México, en el caso de Linda Porn. Ella lo tuvo claro desde joven, cuando empezó a estudiar y trabajar en el Teatro Campesino Indígena de México. “Mi madre era soltera y no había forma de que pudiera costearme la universidad y mis estudios de teatro así que empecé a trabajar en un table dance y me dí cuenta de que trabajando en la industria del sexo podría independizarme y tener la vida que quería”, cuenta.

Así empieza una historia de lucha y creación que la ha llevado a pisar las tablas de teatros alternativos e importantes museos de Europa y Estados Unidos, incluido el MoMA de Nueva York. “Llegué a España en busca del sueño colonial europeo, directamente para trabajar en la industria del sexo, lo cual me permitía desarrollar mis proyectos relacionados con mi vida”, explica Linda Porn, cuyas obras mezclan la herencia cultural mexicana, el activismo antirracista y anticolonial, la migración y la lucha en contra de la discriminación. “El arte me sirvió para salir del armario. La estética pospornográfica es muy poderosa y me ha permitido hablar del estigma de la prostitución, las estrategias de control de las mujeres y la hipocresía que lo envuelve todo”, indica.

Así surgieron obras de gran poder visual y conceptual como el vídeo Puta mestiza que se pudo ver en la exposición ¡Feminismos! del CCCB, una denuncia de la explotación de las mujeres del sur global y el fracaso de la Ley de Extranjería o la obra de teatro Oluz con la compañía murciana Los Menos, en la que participa también la hija de la artista, que en un monólogo desgarrador interpreta al personaje de su madre de niña. Entre los peligros que debe sortear una madre soltera que vive de la industria del sexo, probablemente el peor es el miedo a que te quiten a tus hijos que en este tiempo de pandemia se multiplica. Esta problemática se pone de manifiesto en la obra La Llorona, que forma parte de una serie en la que Porn revisa los mitos femeninos mexicanos. “La criminalización de las madres prostitutas sirve para castigar a las mujeres pero también para alinearlas a modelos de feminidad eurocéntricos, capitalistas, patriarcales y coloniales, así como suspender la transmisión de valores distintos”, concluye.

 

FONDO DE EMERGENCIA para Trabajadoras Sexuales (España)

DONACIONES AQUÍ: 

https://www.gofundme.com/f/tqv3h8?utm_source=customer&utm_medium=copy_link&utm_campaign=m_pd+share-sheet

 

CAMPAÑA DE RECAUDACIÓN DE FONDOS EN EQUIPO 

Coalición Estatal De Trabajadoras Sexuales CETS y Lara Santaella organizan esta campaña en nombre de Asociacion Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo.

  • Fecha de creación: 16 de marzo de 2020

 

Durante el brote actual de COVID-19 en España, muchas trabajadoras sexuales están sufriendo una pérdida de ingresos que, en los próximos días, puede incrementarse de manera dramática.

Al igual que otros trabajadores, como los autónomos, las trabajadoras sexuales no disponen de un salario. Al carecer de derechos laborales mínimos, tampoco pueden acogerse a la baja laboral ni a la prestación por desempleo. Muchas trabajadoras viven en su habitación de trabajo, ya sean independientes o en clubes. Si no trabajan, directamente pierden su vivienda. Os necesitamos.

Nuestra comunidad enfrenta una crisis.

Desde la Coalición Estatal de Trabajadoras Sexuales, formada por AFEMTRAS, el Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Putas Libertarias del Raval, Putas Indignadas, Sindicato OTRAS, APROSEX, (N)O.M.A.D.A.S – Oficina de Migración y Atención a la Diversidad Afectivo-Sexual y la Sección Sindical de Trabajadoras Sexuales de la IAC, estamos lanzando esta campaña para reunir un fondo de emergencia para ayudar a las trabajadoras sexuales que más lo necesiten. Todas las donaciones realizadas a la Coalición Estatal de Trabajadoras Sexuales desde el 14 de marzo hasta el 30 de abril irán destinadas directamente a este fondo y proporcionarán ayuda mutua a trabajadoras sexuales que ejercen en España y que se encuentran en graves dificultades financieras.

Esta campaña fue iniciada por iniciativa de diferentes colectivos de trabajadoras sexuales, basados en diferentes ciudades españolas: Barcelona, Madrid, Murcia, Sevilla y Valencia. Los colectivos involucrados a nivel de base somos: Afemtras, Aprosex, Colectivo de Prostitutas de Sevilla, (N).o.m.a.d.a.s, Sindicato OTRAS y el Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS), quien fue designada por todos los colectivos, como la organización que recibiría los fondos recaudados en esta campaña y se encargará de entregarlos, según los criterios que cada colectivo a nivel local, determinó internamente.

El Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS) es una asociación sin ánimo de lucro, creada en 2002 en Murcia, y declarada de Utilidad Pública desde el 2011, que defiende los derechos de las personas que ejercen la prostitución, desde el respeto a su decisión individual de permanecer o cambiar de actividad.

Entre los objetivos de CATS destacamos la lucha por el reconocimiento de los derechos de quienes se dedican al trabajo sexual y la lucha contra la trata y la explotación laboral.

CATS trabaja a partir de las demandas planteadas por el colectivo de personas que ejercen la prostitución, promoviendo que éstas sean los «motores» de los cambios que les afectan. Para ello trabajamos a tres niveles: desde nuestra sede, visitando los lugares de trabajo (calle/carretera, pisos y clubes de alterne) y telefónicamente las 24 horas.

Las áreas de atención son las siguientes: Acogida y recepción, salud, legal, social, laboral-formación, extranjería, salidas a los lugares de trabajo, investigación sociológica, sensibilización social y voluntariado.

Los datos fiscales de CATS son los siguientes:

CIF: G73168460
Calle Alfande, 1, bajo. Murcia. 30004.

Para más información, os dejamos el enlace de su página web; y en el apartado de “Quienes somos”, en el subapartado de “Transparencia y Calidad” encontraréis los documentos sobre las Auditorías realizadas y los documentos donde expone que es una ONG declarada de Utilidad Pública, como hemos mencionado anteriormente.

http://www.asociacioncats.es/

Afemtras o Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales. Es un colectivo auto-organizado por las trabajadoras que ejercen en la zona del polígono de Villaverde, en Madrid. A raíz de los abusos de poder cometidos contra nosotras, al amparo de la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, fue que decidimos organizarnos, para intentar poner fin a los abusos que se han visto incrementados, desde 2015, producto de la aprobación de dicha ley en el Reino de España.

A partir de ese momento, nuestras condiciones de trabajo empeoraron, sumándose a las condiciones previas de nulos derechos reconocidos y criminalización previas.

En estos cinco años de existencia, hemos logrado el empoderamiento colectivo de quienes trabajamos en esta zona de Madrid, a donde las políticas prohibicionistas, han expulsado el ejercicio de nuestra actividad.

Aprosex es la Asociación de Profesionales del Sexo. Esta asociación se encuentra basada en Barcelona y lleva trabajando desde hace ocho años con las trabajadoras sexuales “indoor”, principalmente. Realiza cursos de empoderamiento para mujeres que ejercen el trabajo sexual, así como asesorías sobre prevención de riesgos, aspectos legales y administrativos. así como tampoco hemos descuidado el tejido de redes con colectivos de migrantes, personas racializadas y personas LGTBIQ+.

El Colectivo de Prostitutas de Sevilla, tiene como objetivo central la incidencia política para la mejora de las condiciones de vida y trabajo de quienes ejercen la prostitución, especialmente en la zona de Andalucía y con mayor énfasis en la provincia de Sevilla. Así, trabajamos denunciando el conjunto de violencias tanto institucionales como sociales que sufrimos y construyendo vías asociativas, políticas y mediáticas para que se garanticen los derechos humanos de quienes ejercen la prostitución. De acuerdo con Amnistía Internacional, Human Rights Watch y ONUSIDA las vulneraciones de nuestros derechos se derivan de las políticas criminalizadoras, la ausencia de derechos civiles y sociales y la promoción estructural del estigma social.

Parte de nuestra actividad consiste en acercarnos a estos grupos para trasladarles nuestras necesidades y demandas, por lo que desde nuestro nacimiento hemos trabajado en diversos ámbitos como el académico, el asociativo y el tercer sector. Para ello, además, llevamos a cabo diferentes campañas de sensibilización, en multitud de medios y sectores, que aumenten el apoyo social hacia nuestro colectivo.

Nuestras actividades también se encuentran orientadas hacia la visibilización interna, de modo que otras mujeres que ejerzan la prostitución al margen del debate político puedan encontrarnos como red de apoyo e información. Al mismo tiempo, tenemos en cuenta la información que nos transmiten, generando un mayor conocimiento de las realidades que nos atraviesan y de las necesidades específicas que otras circunstancias requieren. También trabajamos para la derogación de las políticas que criminalizan el trabajo sexual y en el reconocimiento laboral de la actividad.

Asociación (N).o.m.a.d.a.s, Oficina de atención a la migración y a la diversidad afectivo-sexual 

Nace en Valencia en 2017 con el objetivo de desarrollar actividades solidarias con personas migrantes, poniendo un especial foco en el trabajo con las personas más vulnerabilizadas: mujeres que migran solas, personas LGTBIQ+, profesionales del sexo, trabajadorxs del hogar y de los cuidados, familias monoparentales.

Desde el 2019 tenemos un espacio propio en el cual se realizan diferentes actividades: orientar e informar las personas migrantes sobre recursos sociales y servicios públicos e brindar informaciones útiles para el desarrollo de su vida en Valencia, acompañamiento administrativo, organizar actividades culturales y lúdicas para promover la lucha antirracista y la difusión de saberes decoloniales, ofrecer un lugar para promover las iniciativas propias de personas migrantes, realizar cursos gratuitos de idiomas, participar en el tejido asociativo valenciano y estatal de colectivos y entidades que comparten nuestros principios y  ofrecer un espacio de descanso donde poder conectarse gratuitamente a internet, tomar una bebida caliente, leer un libro o acceder ropa y enseres de vestimenta a personas migrantes;

También impulsamos, fomentamos y promovemos actividades, campañas informativas y actos públicos por el reconocimiento, la defensa y la afirmación de derechos básicos relativos a todos los ámbitos de desarrollo de la vida para todas las personas y específicamente personas migrantes, LGTBIQ+, profesionales del sexo, profesionales del hogar y de los cuidados.

Organización sindical de Trabajadoras Sexuales. Nace en 2018 en España, de la necesidad de garantías sociales, judiciales y políticas de un grupo amplio de personas involucradas en un cambio social profundo y necesario.

Nuestra organización, persigue la decriminalización del trabajo sexual consensuado entre adultos. así como el reconocimiento de los derechos laborales de quienes lo ejercen, tanto para terceras personas, como de manera independiente.

Quienes formamos parte de esta coalición, compartimos objetivos comunes con GoFundMe, como es: Intentar ayudar en la mayor manera posible a nuestras comunidades, por lo que ofrecemos total transparencia en todo momento, tanto a nuestras donantes, como a GoFundMe.

Los fondos recaudados, serán dedicados a cubrir las necesidades básicas que las trabajadoras sexuales de los sectores más precarios no han podido cubrir, debido a que han dejado de trabajar por el confinamiento. En concreto son: alimentación, vivienda, cargas familiares, medicamentos y otros gastos, como la bombona de butano.

Más concretamente, la repartición será la siguiente:

VALENCIA (N.O.M.A.D.A.S): 846 euros

MURCIA (CATS): 1950 euros

BARCELONA (OTRAS): 2500 euros

MADRID (OTRAS): 1000 euros

MADRID (AFEMTRAS): 5220 euros

SEVILLA (COLECTIVO DE PROSTITUTAS DE SEVILLA): 600 euros

Dinero destinado a mujeres que se han acercado individualmente a la campaña y que no están en contacto con ninguna asociación: 1219,12 euros

La comisión de Gofundme ha sido un total de 488,88 euros

El total recaudado fueron 13.824 euros

En total, hemos llegado a unas 100 personas aproximadamente

Solicitamos donaciones de personas aliadas, organizaciones y otras trabajadoras sexuales que se sienten en condiciones de ayudar.

Por favor, apoya a la comunidad de trabajadoras sexuales durante este tiempo incierto. Sabemos que los tiempos son difíciles para todes en este momento, por los que agradecemos donaciones de todos los tamaños. Ninguna cantidad es pequeña.